La sustitución de la fiesta de Cristo Rey

por Atanasio

El tema

Hace 100 años, el 11 de diciembre de 1925, el papa Pío XI, en el n.º 30 de la encíclica Quas Primas afirmaba: “con nuestra autoridad apostólica, instituimos la Fiesta de Nuestro Señor Jesucristo Rey, y decretamos que se celebre en todas las partes de la tierra el último domingo de octubre, esto es, el domingo que inmediatamente antecede a la festividad de Todos los Santos».

La reforma litúrgica de 1969 cambia esta fiesta y ubica en el último domingo del año litúrgico otra fiesta. “El último domingo del año se celebra la solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo, en sustitución de la festividad instituida por el Papa Pío XI en 1925 y asignada al último domingo de octubre. Por esta razón, se resalta aún más el significado escatológico de este domingo.” (Calendarium Romanum Generale, 1969, 2. Sollemnitates mobiles «per annum»).

Parece que el texto es bastante claro. La reforma cambia la fiesta y su sentido: “loco festivitatis institutae a Pio Papa XI” (“en sustitución de la fiesta instituida por el Papa Pío XI”). La fuerza está en “loco” que se traduce como “en lugar de”, “en sustitución de”.

No se trata simplemente de un cambio de día en la celebración de una festividad, como puede ser el caso de San Ignacio de Antioquía que, del 1º de febrero en el calendario tradicional, se pasa al 17 de octubre en el calendario reformado. Lo que llama la atención es el cambio del sentido de la fiesta y esto se lee de modo explicito en el texto del nuevo calendario: “Hae ratione, momentum quoque eschatologicum huius dominicae meliore in luce ponitur” (De este modo se pone también mejor de relieve el significado escatológico de este domingo). Los textos litúrgicos hacia el final del año litúrgico adquieren un cariz escatológico. Esta es la razón que se aduce en la reforma para trasladar el día. En la Quas Primas, Pío XI había introducido la Fiesta de Cristo Rey con otra significación. Y así, muestra la antigua costumbre de llamar Rey a Jesucristo apoyándose en el Antiguo y el Nuevo Testamentos y en la liturgia. Expone que esta dignidad regia se funda en la Unión Hipostática y en la Redención. Aborda luego el carácter de esta realeza mostrando la triple potestad de Cristo: Redentor, Legislador y Juez. Finalmente, muestra que el campo de esta realeza abarca lo espiritual y lo temporal, en los individuos y en la sociedad.

Se trata de dos fiestas. Cada una con su específica formalidad, cada una con su sentido propio. Una y otra nos llevan a reflexionar en un aspecto de este Rey tan glorioso. No se repulsan una con la otra. De hecho, a lo largo del año litúrgico hay otras fiestas dedicadas a Nuestro Señor Jesucristo (por ejemplo, la Encarnación, el Nacimiento, la Circuncisión, Presentación en el Templo, el Bautismo). Y entonces surge la pregunta: ¿por qué no introducir una nueva fiesta en vez de sustituir una por otra?

Buscando razones

Al tratar de entender el porqué del cambio, presentaré algunas reflexiones que, tal vez, podrían ayudar a aclarar la cuestión. Una de ellas está relacionada con un viraje en la concepción de la teología de la historia. Cuando por fuerza de la revelación se rompe la concepción circular de la historia propia del mundo antiguo, la concepción católica entiende a la historia orientada a un final metahistórico. Más tarde y fuera del ámbito católico, fueron apareciendo filosofías de la historia que reflexionaron sobre el derrotero de la historia y su fin. Estas filosofías toman la concepción católica de la historia en el sentido de su orientación a un fin, pero al mismo tiempo exponen este recorrido y el fin de la historia de manera diferente. Y en el campo teológico, la concepción luterana presenta diferencias marcadas con la católica ya que los principios antropológicos y metafísicos de Lutero difieren de la concepción católica.

En el caso de Lutero, como cabeza de todo este movimiento, encontramos algunas ideas que tienen una gravitación particular en sus seguidores. En un lugar central hay que ubicar su concepción exagerada de las consecuencias del pecado original: para Lutero la naturaleza humana está destruida. De todo lo que de esto se sigue, tomaré algunos aspectos. En primer lugar, niega al hombre el libre arbitrio: «Liberum arbitrium post peccatum est res de solo titulo; et dum facit quod in se est, peccat mortaliter» (El libre albedrío después del pecado es una cuestión de título solamente; y mientras hace lo que está en él, peca mortalmente.) (Tesis XIII, WA, t. I, pp. 359-360). En nuestra naturaleza, destruida por el pecado original, no sólo se ve afectada la voluntad en la cual su arbitrio de libre se vuelve siervo, sino también la inteligencia que se ve imposibilitada de conocer la verdad. Además de esta razón teológica, el pensamiento de Lutero se ve influenciado por el nominalismo de Ockham por lo que, desprovista la inteligencia de su capacidad de penetrar en la naturaleza de las cosas torna imposible una tarea metafísica. Otra idea importante en Lutero es su concepción de un Dios lejano, acentuando tanto su trascendencia que se vuelve inasequible para el hombre. Lutero, de este modo, tampoco puede conciliar la omnipotencia de Dios con el libre arbitrio y de allí su tesis del “arbitrio siervo”. O sea, para Lutero, si Dios es todopoderoso, el hombre no puede ser libre porque si lo fuese habría algo que escapa a esa omnipotencia; por tanto, si Dios es omnipotente, el hombre no puede ser libre.

A consecuencia de este nominalismo de base, la teología luterana no cuenta con un pensamiento filosófico sólido sobre el cual apoyarse. Históricamente puede verse que en su recorrido la teología luterana que fue valiéndose de los sistemas filosóficos vigentes en distintas épocas como base de sus reflexiones teológicas. Y así en un momento fue racionalista, en otro idealista. La teología liberal de Schleiermacher, la teología dialéctica de Barth, el existencialismo y así según la filosofía de turno.

Este recurso, común en la historia de la teología luterana también se inicia en la teología católica de fines del siglo XIX: la búsqueda de filosofías que no resultan un soporte adecuado para reflexionar sobre la fe (el por qué de esta búsqueda merece otro análisis que no corresponde aquí). Hay que agregar también que la teología católica comienza a verse influenciada por la teología luterana lo cual va realizándose de modo más marcado a lo largo del siglo XX. Me parece que recorrido ya un cuarto del siglo XXI no puede negarse esa influencia. Y dicho como al pasar, esta influencia no estaría muy lejana del pensamiento de los padres que participaron en el último Concilio si atendemos a algunos documentos pero sobre todo al omnipresente “espíritu del concilio” en nombre del cual vemos en la práctica en qué se ha convertido el ecumenismo y la degradación de la liturgia.

El cambio

Para la cosmovisión luterana, por lo que venimos diciendo, la historia se mueve en este horizonte: el hombre no obra de modo libre, Dios está alejado del hombre, y las consecuencias del pecado original conforman un mundo en el cual no es posible obrar el bien. En ese contexto el desarrollo de la historia se mueve siempre hacia lo peor. Sólo al final, en una perspectiva escatológica, aparece el triunfo de Dios.

El giro al que me refería más arriba (como intento de explicar la sustitución de la Fiesta de Cristo Rey) – no puedo afirmar categóricamente que haya sido conscientemente – es un dirigirse hacia una concepción luterana de la historia. En este contexto el Cristo Rey al que se refiere Pío XI en la Quas primas no tiene lugar. Sólo queda la espera escatológica.

Entre Lutero y nosotros ha pasado tiempo y la teología luterana ha hecho su propio recorrido. Así que tomo como referencia algunos pequeños fragmentos de teólogos luteranos contemporáneos de la época conciliar.

Jurgen Moltmann, en “Conversión al futuro” (cito por la coedición de Marova-Fontanella, Madrid, 1974), dice:

“Por consiguiente, el «futuro» tiene que ser pensado como la manera de ser de Dios entre nosotros y con nosotros.” (pp. 201-202)

Las reflexiones de Moltmann vienen de la mano de la obra de Ernst Bloch, El Principio-Esperanza. Bloch, importante filósofo neomarxista, tiene una concepción inmanentista donde el fin de la historia no es trascendente ni tiene lugar por la manifestación última del triunfo de Dios. La filosofía de Bloch es incompatible no sólo con una concepción católica, sino también con una luterana. Sin embargo, Moltmann se esfuerza en explicar en esa perspectiva su fe. ¿Y con qué nos encontramos? Con que el futuro es la manera de ser de Dios. Si el futuro es la forma de ser de Dios, no queda muy claro el lugar que tendría la trascendencia de Dios ya que “futuro” supone temporalidad. Pero el Dios católico es trascendente, distinto del mundo, eterno. Y en esa eternidad de Dios no hay ni presente, ni pasado ni futuro. Dios está más allá del tiempo. En una perspectiva en la que Dios está fuera del tiempo, cada época, cada hombre, está “a la misma distancia”, de Dios. Frente a la eternidad de Dios no están más cerca de Dios los últimos que los primeros. Todos están presentes. Afirmar lo contrario es concebir a la historia como un recorrido en el cual los últimos gozarán de lo que construyeron los anteriores (y ese es el ideal de las filosofías de la historia de corte iluminista en cualquiera de sus versiones). O como un recorrido hacia lo peor, como en la concepción luterana, en la cual sólo cabe el ser rescatados en la Parusía.

«Por tanto, la divinidad de Dios empieza a manifestarse y a ser real con la venida de su señorío ilimitado. Creer que Dios es Dios lleva consigo el esperar necesariamente que el futuro de su Reino y de su total identidad llega al mundo». (p.202)

Sabemos por la revelación que la plenitud de la divinidad no se nos hace patente en este mundo. Vemos aquí como en un espejo, según enseña San Pablo. Esa plenitud se hará manifiesta en la Parusía. Sin embargo, Dios se hace manifiesto a través de sus obras y es a través de ellas que llegamos a conocerlo (Sab 13,5 y Rom 1, 19-20). Pero también sabemos que como creador, Él se encuentra presente a sus creaturas sosteniéndolas en el ser, gobernando por su providencia. Y por la fe tenemos la certeza de que se encuentra presente de un modo particular en el Santísimo Sacramento. Entonces, hay que distinguir la presencia de Dios de la manifestación visible en la historia. La divinidad no empieza a ser real con la venida del reino: la Parusía no hace a Dios ser real. Así entonces, si la divinidad comienza a manifestarse con la venida del reino, es comprensible que en esta concepción el mundo esté huérfano de Dios y sólo quede esperar su reinado al final de la historia. En esta línea del Dios futuro me resulta curiosa la expresión introducida en la liturgia renovada cuando inmediatamente a la consagración el pueblo aclama: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. Ven Señor Jesús”. Si está presente en el altar ¿por qué se le pide que venga?

Determinar de modo más preciso qué teológos luteranos están detrás exige un estudio y exposición que superan la publicación en un blog: ¿la teología dialéctica de Barth que rechaza explícitamente la analogía y proclama la absoluta trascendencia de Dios frente a la miseria de pecado en la historia del hombre? ¿el cristianismo como causa de la secularización en Gogarten? Y así podríamos continuar con las preguntas.

Para terminar vale la observación que hace el P. Castellani en “Domingueras prédicas” al comentar el texto correspondiente a la Fiesta de Cristo Rey: “regnum meum non est hinc” (“Mi reino no es de aquí”, Jn 18,36). Y se vale de los tres significados de “hinc” para decir que “Mi reino no procede de este mundo, está en este mundo, va de este mundo al otro”. Por tanto, no es necesario recurrir a un Cristo cosmológico. El reino de Cristo, aunque no procede de acá, sin embargo está acá (y por eso Pío XI le dedica una fiesta) y se dirige hacia el otro mundo.

28 comentarios en “La sustitución de la fiesta de Cristo Rey

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Por supuesto que no es la sola sustitución de la Solemnidad, hay algo más profundo: en la tradición la Solemnidad lleva el Evangelio de San Juan (18:28-37), en donde está contenida la maravillosa respuesta de Jesús a Pilatos: «Tú lo dices, yo soy Rey, para esto he nacido, para esto he venido al mundo»; allí pone de manifiesto, de manera inequívoca su Realeza además de reafirmar que «Mi Reino no es de este mundo…».

    En el Novus Ordo, esa festividad se conmemoró el 23 de noviembre y el Evangelio del día fue tomado de San Lucas (23:35-43) en el que se relata, consumada ya la Crucifixión, la burla de los magistrados, los soldados y uno de los ladrones, quienes desafían a Jesús a que se salve a sí mimo de los tormentos que padece. Culmina el pasaje bíblico con la promesa de Jesús al Buen Ladrón de su entrada al Paraíso.
    Lo llamativo es que se tome este tramo del Evangelio para conmemorar a Cristo Rey, en el que la única mención a ello es la del cartel colocado en la Cruz que anuncia que el que está allí es el rey de los judíos.

    Mientras que la Tradición católica señala la Realeza de Jesús citando sus propias palabras con relación a ello; en el Novus Ordo, para el mismo hecho, se usa como referencia un cartel que establece algo que ni siquiera ocurrió, pues Jesús nunca fue el rey de ese pueblo.
    Queda claro, entonces qué importancia le dan unos y otros al mismo y trascendental hecho…

  2. Pingback: Por que mudaram a data da Festa de Cristo Rei? | Salve Maria

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Jerónimo Savorarola, en su «Tratado cerca del régimen y gobierno de la ciudad de Florencia», refirma esta condición de Jesucristo como rey de reyes y señor de señores. Cristo sería proclamado, en consecuencia, «Rey de los Florentinos». Esto sería la transformación de Florencia en Sión, siendo la base de la renovatio esperada por el fraile para Italia y el mundo. El mensaje tenía esta consecuencia: si Cristo es rey. nadie podía aspirar a su lugar, lo que permitía que el monarquismo teórico proclamado en el Tratado se convirtiese en republicanismo práctico. Años más tarde de la ejecución de Savonarola, en 1537, se colocó en la Piazza della Signoria una placa «Jesus Christus Rex Florentini Populi«, con el fin de renovar el espíritu republicano. Consecuencias inesperadas de la proclamación de la realeza de Jesús.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Firenze, se tu vuoi vivere bene, credi che Cristo è el tuo re

      Firenze, questo è el re
       dello universo: questo è voluto ora diventare speziale tuo re
      . Firenze, noi vuoi tu per tuo re
      ? El popolo tutto rispose sí.

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    CARTA ENCÍCLICA “QUAS PRIMAS”DEL SUMO PONTÍFICE PÍO XI SOBRE LA FIESTA DE CRISTO REY

    23. Y si ahora mandamos que Cristo Rey sea honrado por todos los católicos del mundo, con ello proveeremos también a las necesidades de los tiempos presentes, y pondremos un remedio eficacísimo a la peste que hoy inficiona a la humana sociedad. Juzgamos peste de nuestros tiempos al llamado laicismo con sus errores y abominables intentos; y vosotros sabéis, venerables hermanos, que tal impiedad no maduró en un solo día, sino que se incubaba desde mucho antes en las entrañas de la sociedad. Se comenzó por negar el imperio de Cristo sobre todas las gentes; se negó a la Iglesia el derecho, fundado en el derecho del mismo Cristo, de enseñar al género humano, esto es, de dar leyes y de dirigir los pueblos para conducirlos a la eterna felicidad. Después, poco a poco, la religión cristiana fue igualada con las demás religiones falsas y rebajada indecorosamente al nivel de éstas. Se la sometió luego al poder civil y a la arbitraria permisión de los gobernantes y magistrados. Y se avanzó más: hubo algunos de éstos que imaginaron sustituir la religión de Cristo con cierta religión natural, con ciertos sentimientos puramente humanos. No faltaron Estados que creyeron poder pasarse sin Dios, y pusieron su religión en la impiedad y en el desprecio de Dios.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Hay una tercera fórmula, que me parece la más adecuada, pero que casi todos desconocen: «Salvator mundi, salva nos, qui per crucem et resurrectionem tuam liberasti nos.» Yo la rezo en silencio tras el «Mysterium Fidei».

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    El actual card. Victor Fernández, alias Tucho, siempre ha sido reconocido como un polígrafo. Es cierto que su inmensa producción bibliográfica es de menor importancia, de escasa densidad teológica. En algunos casos de incomprensible iniciativa por su temática erótico-amatoria. Vale poco, desconcierta, pero es abundante. Así lo señalaba su promotor, el fallecido papa. Esa capacidad de producción redaccional se notó en la Asamblea de Aparecida y fue decisiva para que Francisco lo llamara desde el comienzo de su pontificado a colaborar con él. Eso se notó incluso por la inconveniente autocita en «Evangelii Gaudium». Los biógrafos de Su Eminencia dicen que desde sus oficios en Buenos Aires (UCA) y luego en La Plata (arzobispado) lo que más hacía era trabajar en textos para el papa. Por ello finalmente se blanqueó la cosa y fue «llamado» a Roma. Aquí también con el expreso encargo de producir textos llamados «pastorales» que no tanto teológico-doctrinales. La productividad del Dicasterio está alcanzando un nivel nunca superado. Con las características que estamos viendo. El próximo documento, «Una caro» sobre la monogamia, se presentará en la semana próxima. Ahí estaremos

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    El autor de la nota, ¿Pseudo?-Atanasio, basa su crítica en una interpretación que consiste en atribuir a los autores de la modificación del calendario una teología no-católica para nada traslucida en la modificación (ni consciente ni inconsciente). La ubicación al fin del calendario litúrgico señala el carácter escatológico del Reino que ya comienza en la historia, le da a ésta su sentido y pone el criterio del juicio temporal y el escatológico. En esa ubicación celebra litúrgicamente la segunda venida. Luego, el domingo siguiente, comienza a preparar para la celebración de la primera venida.

    En cuanto a la exclamación del: «ven, Señor Jesús», ya se ha dicho su raíz bíblica y de la liturgia primitiva. Me basta señalar que su ubicación en ese momento de la Misa marca la unión de la celebración eucarística y la escatología, donde la actualización del santo Sacrificio, la presencia real y la comunión van introduciendo a los fieles en la vida eterna y asumiendo la historia humana (así consagrada y redimida) en la plenitud del Reino. Juan el Gris

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    El pasado domingo, la Fundación EUK Mamie estrenó en YouTube: «Cristo Rey y su Sagrado Corazón», docudrama producido con ocasión del centenario de la proclamación de la Solemnidad de Cristo Rey.

    Esta fiesta fue instituida por el Papa Pío XI, con la publicación de su encíclica Quas Primas, en la que el Papa urgía a la humanidad a aceptar a Jesucristo como Rey de nuestras vidas.

    A lo largo del documental descubriremos, entre otras muchas cosas: el misterio de la realeza de Cristo en sus raíces bíblicas y sus fundamentos teológicos; conoceremos la estrecha unión entre Cristo Rey y el Corazón de Jesús; veremos cómo podemos dejar que Cristo gobierne en nuestra vida; cuáles son los obstáculos que impiden su señorío sobre nuestra alma.

    Además, a través de escenas dramatizadas, conoceremos la historia de Sor María del Divino Corazón, una emisaria de Cristo Rey.

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Wanderer

    Muy bueno su artículo que nos permite profundizar hasta que punto la herejía ha calado hondo en la  Iglesia Católica, desde hace más de 60 años.  

    Al leer el libro de Mons. Athanasius Schneider “CREDO, compendio de la Fe Católica”, dice con respecto a la Fiesta de Cristo Rey en el punto III, 937

    “¿Qué es la fiesta de la Realeza de Cristo? Fiesta instituida para reconocer públicamente a Jesucristo como nuestro Soberano universal en el tiempo y en la eternidad, y para recordar a todas las naciones que el orden cívico debe reconocer y ajustarse a Su ley y gobierno para disfrutar de verdadera paz y prosperidad”

    La aclamación que debe decir al pueblo después de la Consagración incluye una nueva ambigüedad sobre la Presencia Real, en el formato de un “escatologismo”, en el mismo momento en que se halla Presente y Real y Substancialmente sobre el altar, como si la verdadera venida fuera aquella y no esta. Desde que me percate, de esto, pues la Misa de Siempre dice solo “Misterium Fidei”, este aditamento es a todas luces “cosecha protestante”, o más evidente en la otra fórmula: «Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor, hasta que vuelva» (1 Co 11, 26). Y en mi interior lo siento como una negación de la Presencia Real, -Todo tiene que ver con todo-

  10. Avatar de crafty1d43ad715e crafty1d43ad715e

    Coincido. A mí también «me resulta curiosa la expresión introducida en la liturgia renovada cuando inmediatamente a la consagración el pueblo aclama: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. Ven Señor Jesús”. Si está presente en el altar ¿por qué se le pide que venga?». Gracias.

  11. Avatar de Desconocido Anónimo

    Sobre la «curiosa expresión», cuya observación, en tono más o menos crítico, es un lugar común entre algunos sedicentes «tradicionalistas», noto lo siguiente:

    1. El texto latino, «…donec venias», no tiene en sí nada de criticable. Se inspira en 1 Cor. 11, 26: «Quotiescumque enim manducabitis panem hunc et calicem bibetis, mortem Domini annuntiatis, donec veniat» (NVg.). Y si alguno dice que la NVg. está contaminada de modernismo (pues de todo se escucha), la Vg. trae lo mismo.
    2. La traducción española «…Ven, Señor Jesús«, por más que esté lejos de ser literal y, en ese sentido, no sea muy fiel al texto latino, por lo dicho, tampoco tiene en sí nada de criticable. Y, hasta donde veo, se inspira en la Διδαχή [Didaché] o por lo menos va en la misma línea: «Ἐλθέτω χάρις καὶ παρελθέτω ὁ κόσμος οὗτος. Ὡσαννὰ τῷ θεῷ Δαυίδ. Εἴ τις ἅγιός ἐστιν, ἐρχέσθω· εἴ τις οὐκ ἐστι, μετανοείτω· μαραναθά· Ἀμήν» (X, 6). [«Venga tu gracia y pase este mundo. Hosanna al Dios de David. Si uno es santo, se acerque. Si no lo es, conviértase. Marana tha. Amén].
    3. «Marana tha» parece estar tomado de 1 Cor. 16, 22 y tiene resonancias apocalípticas (Ap. 22, 17.20).
    4. De modo que los textos se refieren, claramente, a la Parusía. Por lo cual carece de fundamento la crítica: «Si está presente en el altar ¿por qué se le pide que venga?«, que, por la misma razón por la que se esgrime, se podría también argüir contra el pasaje de 1 Cor. 11, 26 y contra la Διδαχή. Alguno hasta podría quizá hasta pensar que el texto del Novus Ordo Missae o su traducción implican la negación de la presencia real de N. S. Jesucristo en la Eucaristía…, pero ello carece de todo serio fundamento.

    Federico Ma.

      1. Avatar de alwaysarcadedc449760c7 alwaysarcadedc449760c7

        Un ejemplo bien claro de cómo se puede usar la Palabra de Dios torticeramente contra la fe se daba en cierto seminario menor español. En la puerta del Sagrario de la capilla había la siguiente leyenda: «No está aquí, ha resucitado».

      2. Avatar de Dandy Dandy

        Es decir que si la Parusía lo agarra a vd. postrado en el Sagrario, se va a limitar a decir «no sé por qué tanto revuelo si aquí ya se encontraba Ese que ustedes dicen que volvió».

        Le recomiendo la lectura del artículo 5 de la cuestión 76 de la tercera parte de la Suma Teológica. La distinción entre la presencial local y sacramental (ambas reales) conduce a que no sea ridículo decir «Ven, Señor» frente al Santísimo Sacramento. Más aún, el momento de esta respuesta es sumamente adecuado: le pedimos que, así como ahora, en cada Misa, se hace realmente presente bajo las especies sacramentales, también de nuevo venga con gloria a juzgar a vivos y muertos. Esto de que «de nuevo venga con gloria…» no es invención mía: está tomado de algún documento protestantizante del Concilio Vaticano II que subrepticiamente pretende horadar la fe en la Presencia Real o, bien, del Credo niceno-constantinopolitano. Ahora no recuerdo cuál de los dos.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Este cuento ya nos lo conocemos, pero hay expresiones que, sin ser intrínsecamente malas, pueden resultar inadecuadas según el contexto. La celebración de un sacramento implica una obligación tanto positiva como negativa de hacer una profesión de fe, y con razón o sin ella este énfasis en la parusía a expensas de la presencia real en el altar se ha interpretado como una ambigüedad deliberada para satisfacer a los «hermanos separados», lo que la hace motivo de escándalo.

      Por lo demás, independientemente de estas consideraciones, la «aclamación memorial» merecería ser eliminada por el mero hecho de ser un injerto completamente ajeno a la tradición litúrgica romana.

    2. Avatar de Desconocido Messerschmidt

      Precisamente ya en la profesión de fe decimos:

      sedet ad dexteram Patris et iterum venturus est cum gloria iudicare vivos et mortuos.

      La primera de estas frases está en presente. Alguien podría sostener que ese sedet ad dexteram Patris implica una ausencia actual del mundo y por lo tanto del Sacramento Eucarístico; lo cual, argumentando en consecuencia, sería confirmado por el tiempo futuro de et iterum venturus est, pues si ya estuviera aquí o si faltaran minutos para que se hiciera presente en el Sacramento Eucarístico, no tendría sentido afirmar que vendrá al fin de los tiempos.

      No parece que sea así. Más bien hay, por decirlo de algún modo, dos venidas de Cristo: una presente y sacramental y otra futura y escatológica. La aparente contradicción podría explicarse por la diferente relación con el tiempo y el espacio que tienen el hombre, sumido en ellos, y Dios, situado fuera y por encima de ellos. Por decirlo metafóricamente: la vida humana es como una melodía en la que cada tono existe cuando el anterior ha cesado y el siguiente aún no ha empezado, mientras Dios, en cambio, vive «armónicamente», en un acorde en el que todas las notas suenan al unísono, en el que no hay sucesión, sino simultaneidad, no hay tiempo, sino eternidad. Cristo está sentado a la diestra del Padre y sin dejar de estarlo también se hace presente en el Sacramento, viene ahora y vendrá en el futuro. ¿No podemos pedir al Dios que está presente en la Eucaristía que venga también en la Parusía?

      Desde luego, no puede descartarse que en las palabras “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección. Ven Señor Jesús” pueda existir una latente intención “protestantizante”, pero ¿no pueden las mismas palabras interpretarse correctamente sin salirse de la doctrina católica? Que la aclamación memorial sea un injerto, como se argumenta en un comentario, es otro asunto. A veces la búsqueda de una pureza extrema puede conducir a una especie de paranoia y en algunos casos hasta a una herejía de signo contrario. A nadie, espero, se le ocurrirá volverse pelagiano para evitar ser protestante…

    3. Avatar de Desconocido Anónimo

      Todos esos cambios absolutamente innecesarios en el canon de la Misa atentan contra la conciencia de la presencia real. No la eliminan, pero atentan contra ella, ciertamente.

      Así como querer postergar el Reino de Cristo exclusivamente a partir de la Parusía atentan contra el reinado social de Cristo del que habla la Quas primas. No la niegan, pero atentan contra ella.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      León XIV ha realizado otro gesto inequívoco de continuidad con Francisco: ha emitido un Motu Proprio que deroga la ley por la que sólo los cardenales podían formar parte y presidir la Comisión Pontifica de la Ciudad del Vaticano, lo que permitirá legalmente que siga en su cargo la religiosa Sor Raffaella Petrini, elegida por el papa Francisco.

      1. Hay que reconocer que la Petrini hace muy bien su trabajo. No veo el problema es que sea una mujer que gobierne el SCV. Isabel la Católica gobernó España y durante la vigencia de los Estados Pontificios los laicos tenían funciones de gobierno

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