En algunos ambientes tradicionales suele afirmarse que sería suficiente con que el Papa liberara la misa tradicional e impidiera que los obispos persiguieran a sacerdotes y fieles. Y que después, haga lo que mejor la plazca en cuestiones doctrinales y disciplinares. Que establezca la pax liturgica; y después se ve el resto. La opinión puede parecer irracional e incluso egoísta. Sin embargo, en el fondo, lo que esta proposición afirma es que la crisis de la Iglesia se resolverá cuando se resuelva la cuestión litúrgica.O, dicho de otro modo, la crisis de la Iglesia es una crisis de fe, y la fe no se recuperará mientras no se recupere la liturgia. Yo estoy de acuerdo con esta postura e intentaré argumentarlo.
Un sacerdote argentino ya mayor, y que gastó toda su vida en la formación de sacerdotes como profesor de seminarios, y de seglares a través de sus libros, explicaba hace algunos años que, cuando comenzó junto a otros amigos su tarea de formación en la década de 1970, en medio de la gélida primavera conciliar, creyó que lo fundamental era formar en la verdadera doctrina y dejar para más adelante, en todo caso y si era necesario, el combate por la liturgia. Y confesaba que, pasado el tiempo, se daba cuenta que se habían equivocado. Y algo similar comenzó a ver el venerado padre Alberto Ezcurra un año antes de su prematura muerte. La formación intelectual en la “sana doctrina”, concretamente en la filosofía y la teología de Santo Tomás, no garantiza que se conservará la fe apostólica. Ayuda y mucho, sin duda alguna, pero no es suficiente y no es lo más importante. Esa fue la conclusión de estos dos sabios maestros.
Pero más allá de la opinión de estos sacerdotes, tenemos un ejemplo histórico bastante cercano. Cuando a fines del siglo XIX comenzaron las tímidas asonadas del modernismo, las que se hicieron más violentas a comienzos del XX, San Pío X decidió aplicar el remedio que se había aplicado siempre en la Iglesia: hachazos, prohibiciones e incluso persecuciones contra los modernistas. La medicina tuvo una eficacia efímera. Los modernistas se agazaparon en guaridas más o menos ocultas y permanecieron en silencio durante algunas décadas. Cincuenta años más tarde, se hacían con el poder de la Iglesia, poder que conservan hasta hoy, con más o menos tropiezos. No se trata de juzgar a un santo pontífice; se trata de aceptar la evidencia: la pureza doctrinal imprescindible para una fe ortho-doxa (doctrina correcta), en los tiempos actuales no se sostiene a base de excomuniones y, más importante aún, no garantiza su permanencia en el tiempo. La ortho-doxia (culto correcto), en cambio, es prioritario y antecedente a cualquier pretensión de restauración doctrinal. Y en esto, guste más o menos, hay que darle la razón a Mons. Marcel Lafebvre. [En su uso originario, δόξα significa ante todo “opinión” o “creencia”, evolucionó también a «doctrina». Más tarde, en la traducción griega de la Biblia (Septuaginta) y en el cristianismo primitivo, dóxa asumirá un sentido nuevo: “gloria”, “esplendor”, “majestad”, especialmente aplicado a Dios y, de ese modo, se lo asocia a «culto»]
La objeción más inmediata y obvia que surge es que aquellos modernistas que cooptaron el Vaticano II y decretaron la primavera celebraban la misa tradicional, es decir, era ortho-doxos, en tanto ofrecían el culto verdadero. Pero es aquí donde es fundamental recordar el misterio del fariseísmo, contra el que luchó Nuestro Señor, y que denunciaron en nuestros días Louis Bouyer y Leonardo Castellani, entre otros. Si se lee La descomposición del catolicismo, por ejemplo, queda claro que buena parte de los ministros de la Iglesia, al menos en la primer mitad del siglo XX, celebraban la ortho-doxia, el culto verdadero, como una mera ceremonia exterior, que solía pesarles, y por la que no guardaban ningún apego. Es sintomática la anécdota de aquel sacerdote que decía que tenían que terminar rápido de recitar el oficio divino para ir a rezar. La liturgia —Santa Misa y oficio— eran obligaciones más o menos gravosas y aburridas, que venían añadidas a la tarea de ser sacerdote, la cual consistía en otra cosa. Por eso se entiende que haya sido muy escasa la resistencia a la reforma litúrgica; la mayor parte de los religiosos se plegó a ella no solamente sin chistar, sino de lo más alegres y aliviados.
Lo mismo dígase de la recta doctrina que se enseñaba en los seminarios. Y sobre esto no necesitamos entretenernos porque ya lo hemos hablado mucho en este blog. Basta leer, nuevamente, a Castellani, a Bouyer y a muchos otros para concoer en qué consistía y qué calidad tenía la formación en los seminarios preconciliares. Ni siquiera era tomista; era apenas una aproximación seca a la escolástica silogística memorizada en manuales escritos por jesuitas, que simplificaban la tarea a fin de memorizar fórmulas con las que se aprobaban fácilmente los exámenes. Y estoy ocurría tanto en un seminario de provincia de Hispanoamérica como en las universidades romanas. Me contento con reproducir un párrafo de Castellani:
El régimen del seminario iba en mi tiempo [se refiere al seminario de Devoto en la década del ’30, regenteado por los jesuitas] -y estimo que no ha cambiado mucho- a contrapelo del sentido común y la honradez natural: no se cumplían los mandatos y avisos de la Santa Sede, mientras se hacían grandes homenajes al “Día del Pontífice”. No se aprendía con seriedad ni se enseñaba con competencia; y el rector de entonces profesaba públicamente porque así le convenía a él -contra lo declarado por S.S. Pío XI en su encíclica Studiorum duce– que el “sacerdote no necesitaba ciencia sino piedad” -y había que ver lo que entendía él por piedad-; de modo que en su juicio los estudios eran como una manera de pasar el tiempo, hasta que llegara la ansiada hora de meter barba en cáliz… y ejercer el “ministerio”: el ministerio de la impartición de la Verdad, reducida así por él a la venta intensiva de ceremonias mágicas a cargo de una manga de empleados servilmente sometidos a la llamada “Jerarquía”, es decir, a la Gerencia. Una prueba de esto es que los exámenes eran una verdadera farsa, y los alumnos que allí se aplazaban por ignorantes eran promovidos muchas veces después por él sin más control ni trámite que el capricho de sus preferencias y sin más méritos que ser “confidentes del Rector”, y así en lo demás (Seis ensayos y tres cartas, Dictio, Buenos Aires, 1978, p. 194).
No se trata, por cierto, de plantear una dicotomía entre las dos acepciones de orthodoxia, ya que una lleva a la otra. Pero la que tiene prioridad, la que arrastra, es la entendida como culto correcto. En este sentido, es acertada la crítica que hacen muchos progresistas que se oponen al retorno de la misa tradicional, aduciendo que ese culto, esa doxa implica una teología distinta a la sancionada por el Vaticano II. Evidentemente, un sacerdote que celebra la misa tradicional difícilmente adherirá a la “iglesia sinodal” entendida en el sentido extremo que habitualmente tiene, o a Fiducia supplicans y demás yerbas de Tucho.
En los últimos tiempos estamos viendo ya de un modo irrefutable lo que sabíamos: Europa se suicidó, y lo que alcanzó Don Juan de Austria en Lepanto a precio de sangre cristiana, los europeos contemporáneos lo entregaron gratuita y alegremente en pocas décadas. Creo yo que es tarde para revertir la situación, sobre todo en algunos países como el Reino Unido, Alemania, Francia o Bélgica. Sin embargo, también creo que la única posibilidad de conservar focos de cristianismo sincero en el futuro que se avecina surgirá de los grupos tradicionales. La permanencia de la fe cristiana en Occidente no dependerá tanto de las facultades de teología y filosofía tomista que puedan existir y que puedan fundarse —lo cual es muy importante—, sino del retorno al culto centenario de la Iglesia, a la orthodoxia. Y se ve precisamente que ese es el fenómeno inocultable: los grupos de jóvenes que más crecen son los relacionados con la misa tradicional. Lo reconoció públicamente hace pocos días Mons. Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española. Sin embargo, tengo por seguro que ni él ni sus colegas harán nada al respecto. ¿Qué puede esperarse de un obispo, al que muchos peninsulares consideran el faro de la orthodoxia doctrinal de España, Mons. José Munilla, publicaba en su cuenta de X el saludo de Navidad con una cutre imagen creada con inteligencia artificial de sí mismo, vistiendo una especie de casulla guitarra, y sosteniendo en sus brazos al Niño Jesús que parecía que había arrebatado del pesebre. En resumidas cuentas, mientras lo boomers y los X no pasen a mejor vida, o a una residencia de ancianos, no debemos esperar mucho de la jerarquía. Esos focos nacerán como iniciativas de sacerdotes y de seglares convencidos y enamorados de la Verdad.
En resumen, la restauración de la fe cristiana, aún al estilo “profetizado” por Benedicto XVI como pequeñas fogatas encendidas en medio de la oscuridad de los tiempos que nos tocan vivir, se dará en torno a la ortho-doxia, al culto correcto y adecuado a Dios, el que se formó enriqueciéndose a lo largo de los dos mil años de historia cristiana.
Nota bene: estoy seguro que serán varios los lectores pensarán que si yo considero que la misa tradicional es el culto correcto u ortho-doxo, entonces el NO es un culto incorrecto, o hetero-doxo. No es eso lo que digo; y una vez más repito que la misa reformada por Pablo VI, celebrada según los libros litúrgicos aprobados por la Iglesia, es válida y rinde culto a Dios. Lo que sí digo también, es que es un culto simplificado, disminuido, empobrecido, fabricado artificialmente con poliester por un grupo de científicos en sus escritorios de eruditos. Ciertamente, puede enriqueceserse, dignificarse y sobrenaturalizarse. Es lo que quería hacer Benedicto XVI y no pudo, y tengo mis dudas de que esa empresa la retome León.

Estimado Wanderer, Dios le dé muchos años para seguir escribiendo. Se ha tratado ya en este blog, sobre el tema de la concelebración? Porque la doctrina del NO trajo consigo ese tema, en el vetus ordo no se planteaba el asunto. Podría exponer algo al respecto?
Estimado, en febrero del año pasado se realizó en Roma el coloquio del CIEL sobre el tema justamente de la concelebración. Una conclusión rápidisima, es que, en los ritos latinos, siempre fue más bien una cuestión ceremonial, y no resulta claro que los concelebrantes efectivamente consagraran.
Creo que lo mejor es dar libertad en este asunto y seguir el consejo de Gamaliel en los Hechos de los Apóstoles. La Misa que mas agrade a Dios se fortalecerá. El culto tiene mucha importancia, solo una lectura sesgada «progresista» del Nuevo Testamento puede llevar a alguien a despreciar la cuestión. Basta con dar una lectura al Antiguo Testamento (y creo que se trataba del mismo Dios la ultima vez que revisé) para advertir la importancia tremenda del ofrecer el culto apropiado.
Jorge
En este caso, no estoy de acuerdo con don Wanderer. Lex credendi, lex orandi: de nada servirá la Misa tradicional si el sermón versa sobre el cuidado del medio ambiente o el aire fresco que significó el CVII. Es decir, la Misa tradicional debe ir, inexorablemente, de la mano con la sana doctrina, con la ortodoxia, pues necesariamente una alimenta a la otra y una necesita de la otra. Será imposible el resurgir católico sin una Misa tradicional fundada en la sana doctrina. Y será un mamarracho una doctrina que no abreve en el manantial santo de la Misa tradicional.
Quienes vienen, como yo, del Novus Ordo y hoy tienen la gracia de asistir a Misa tradicional fundada en la ortodoxia católica, me entenderán perfectamente.
Guillermo A.
Guillermo, no digo otra cosa a lo usted, mi buen amigo, dice.
Yo por gracia de Dios voy y asisto sólo a misa Novus Ordo celebrada con piedad, como manda el misal, con el canon romano, canto gregoriano, con varias partes en latín y con comulgatorios. E asistido a misas tridentinas, ya sea de la Fraternidad o diocesana (y de hecho mañana iré a la Fraternidad por la fiesta de la Epifanía), y la diferencia entre los fieles es imperceptible, tanto en el Novus Ordo como en el Vetus Ordo hay numerosas familias con niños y mujeres con velo.
Por tal motivo, cuando el Novus Ordo se celebra conforme a lo que realmente planteó el Concilio en los documentos y en el mismo misal, da frutos, y muchos.
Comparto la opinión del Wanderer, el Novus Ordo es un rito simplificado, pero cuando se celebra como corresponde, no hay problemas.
Al menos en estos lados del mundo (hablo de Hispanoamérica) un cura de mala doctrina escucha Misa tridentina y se pone como vampiro ante la cruz. Quizás en Alemania, Austria y algunos de los paises del Rin, un cura de mala doctrina no tendría problema en celebrarla aunque no crea en ella, o crea mal en Dios.
Los curas de mala doctrina que celebraban la Misa buena fueron los que inventaron el «espíritu del Concilio», y esos hace mucho que han muerto, o apenas si pueden caminar hoy dia.
Irónicamente si pueden haber curas de buena doctrina y Misa Nueva. Pero muy raramente al revés.
Hace tiempo que no se habla de Gabriel Barba, al respecto de esto, hace pocos meses después de eliminado el seminario que fundó Mons Laise, y luego de haber enviado lejos a quien era el rector, redactó dos decretos y cartas exigiendo a los ministros de la comunión a comulgar en la mano y otro decreto sobre el uso de la guitarra en la liturgia, por supuesto incentivando.. creo que merece ser tratado este tema aquí. Sabe algo usted?
es el problema de diócesis como la de San Luis, SAN Rafael, se generaron en algunos casos ideólogos de doctrina, e ignorantes en liturgia.
ego, viene el culto. Un culto agradable a Dios, pues no es solo exterioridad. Y ahí es donde viene la tradición, la misa de siempre, el culto recibido y no inventado. La liturgia según Dios ha ido disponiendo y no inventada para adaptarla a los gustos humanos de un tiempo concreto.
En cuanto a la disposición interior a ayudado grandemente la persecución. Una buena persecución purifica mucho (por poco que nos guste), porque al final cuando el Mundo nos rechaza es imposible ser creyente para lograr prebendas y escalar posiciones. Pero repito, no hay que olvidarla como si fuera algo ya ganado, la batalla por las almas siempre continúa.
Con respecto al crecimiento de los grupos de jóvenes tradicionales. Pongo un planteo, por si sirve para reflexionar. No tengo datos, pero me pregunto qué porcentaje viene de otros grupos o parroquias novus ordo católicas, y cuál directamente del Mundo. Lo digo porque, aunque el tradicionalismo no es un movimiento, hay movimientos conservadores que crecieron mucho «pescando» en las parroquias, pero ahora están estancados y dependen de la propia dinámica de cada grupo (de si hay matrimonios y si estos tienen muchos hijos). No creo que fuera malo para nada que los jóvenes católicos se estuvieran haciendo más tradicionales, pero me preocupa que el rápido crecimiento lleve a triunfalismos.
No sé cómo me quedo el comentario a medias:
Lo que quedó empieza por «Luego viene el culto». Y lo que iba antes hablaba de que los primeros es la fe, que es experiencia real de Cristo (por tanto es racional). La conversión del corazón.
Por tanto, discrepo con la idea de que va primero el culto. Pues el culto sin un corazón de carne no es agradable a Dios, es mero fariseísmo.
En fin, que ha quedado el comentario de aquella manera y creo que antes había expresado todo mejor, pero quedé.
Apreciado Wanderer:
Supongo que una vez más me tildará usted de “insaciable”. En tres cosas estoy absolutamente de acuerdo con usted. En primer lugar, es necesario que la misa pueda celebrarse según el vetus ordo sin limitaciones ni represalias. En segundo es cierto que la Iglesia preconciliar estaba lejos de ser ideal. Es más, yo diría que el obsesivo estrechamiento doctrinal que prácticamente identificaba cristianismo con tomismo y éste con neoescolástica fue muy perjudicial y empobrecedor. En tercero que las cazas de brujas sirven de muy poco y acaban siempre por ser contraproducentes, sean contra modernistas o contra cualquier otro. Ahora bien ¿es verosímil que sólo la libertad de celebrar la misa según el rito tridentino vaya a encaminar a la Iglesia por la vía correcta? Me encantaría creerlo, pero, sinceramente, no puedo. Imagino, en cambio, otros escenarios menos halagüeños, como que el rito tradicional se quede en un puro formalismo sin mayor entidad teológica, convertido simplemente una variante pintoresca del novus ordo para uso y disfrute de unos cuantos “extravagantes” inocuos y sin influencia real en la Iglesia. Otra posibilidad sería la de un alejamiento cada vez mayor entre los adeptos a uno y otro rito, lo que a largo plazo conduciría inevitablemente a un cisma. Por otra parte ¿podemos quedarnos tan contentos con tal que nos dejen celebrar la misa tridentina mientras la Iglesia se viene abajo? ¿No le parece demsiado conformista, incluso pecaminoso, y a largo plazo catastrófico? No es insaciabilidad, es necesidad: ni se puede abandonar el culto a su suerte ni se puede descuidar la doctrina, son inseparables. Seguramente el error del padre Ezcurra no fue el no haber dado prioridad al rito por encima de la doctrina, sino el no haber reconocido que ambos son inseparables. Un carro construido para ser tirado por dos caballos necesita a los dos por igual, no puede prescindir de ninguno.
Me parece que la tesis del artículo debe entenderse en el sentido de que «por algún lado hay que partir». Y ese punto de arranque es la Liturgia.
Dar libertad al antiguo rito romano ¿No le parece que es un impulso en la dirección correcta?
Aun reconociendo que la cuestión no depende sólo de ello, liberar la Misa Tradicional abre espacios excelentes de Fe,.piedad y doctrina a muchísimos fieles sedientos y de buena voluntad. Asimismo, a muchos sacerdotes de verdadero celo pastoral y bien formados.
Reductos sectarios los habrá siempre. Eso es inevitable. Será así hasta el fin de los tiempos. Este hecho constituye un aspecto de lo que ya previó el Señor en la parábola del trigo y la cizaña.
La cuestión es que no se impida el camino tradicional, como desgraciadamente ocurre hoy.
Fraternalmente
Sin ninguna duda estoy de acuerdo en que la normalización del rito tradicional sería un punto de partida excelente y de que podría convertirse en el fundamento de una transformación más honda en todos los ámbitos. Ahora bien, hay que asegurarse de que sea eso, un punto de partida y no de llegada, de que no se nos haga una concesión para que nos calmemos, dejemos de «molestar» y todo se quede en eso. Me inquieta el título del artículo, que me suena un poco a capitulación, como si quisiera decir que con la liturgia nos basta y que con ella nos conformamos. Un afectuoso saludo.
Noticias frescas:
https://dianemontagna.substack.com/p/exclusive-letter-to-cardinals-offers
Estimado Wanderer: Coincido totalmente con usted. Por fin alguien dice la verdad acerca de la Iglesia «preconciliar». No todo era maravilloso. Los seminarios, como muy bien atestigua Castellani, dejaban bastante que desear. Muchos obispos, muy «tradicionales» ellos, miraban con recelo todo lo que fuera estudio. Conozco el caso de sacerdotes eruditos y sabios perseguidos o ninguneados. En cuanto a la liturgia, conocí personalmente sacerdotes que decían la misa tradicional en 15 minutos. Otro, que tenía por costumbre subirse al púlpito a pedir plata y vociferar contra los judíos, mientras otro cura celebraba la misa. Una brevísima genuflexión en el momento de la consagración y luego seguía la perorata. Era imposible seguir la misa. Y el cura del que hablo (al que prefiero no nombrar) era un campeón de la ortodoxia (entendida en términos de doctrina).
Si vuelve la lex orandi volverá la lex credendi.
El gran problema es que las soluciones no han servido de nada, pero de forma obstinada se sigue insistiendo en ellas.
Contra las misas de 15 min ya habían reclamos desde 1600 de parte de obispos y santos.
El movimiento litúrgico quedó relegado poco más que a la clandestinidad luego de la creación del nuevo rito.
Un pequeño detalle.
Luis Argüello, presidente de la CEE, reconoció la pujanza de los grupos más tradicionales.
El obispo que se hizo la foto con el niño Jesús es Mons. Munilla, obispo de Orihuela-Alicante. Hombre de fe, pero represente del neoconservadurismo, más apegado a la autoridad que a la verdad.
Coincido con lo que dice Vd sobre Mons. Munilla que últimamente multiplica intervenciones desdichadas sobre temas de actualidad. El caso de Arguello es aún más complicado. Con pasado comunista reconocido por él mismo y capaz de pasar de defender la continuidad del proceso de beatificación de Isabel la Católica a la defensa de la inmigración masiva y descontrolada. En fin, un sujeto que no merece confianza alguna y que, elegido por los obispos presidente de la conferencia episcopal, es claro indicativo del estado de postración de los obispos españoles.
Gastón
No lo hace tradicional en lo más mínimo. Aunque veo con simpatía a cualquier liberal coherente que no experimente rechazo al rito tradicional.
Ellos carecen de ese insano espíritu de oposición, tan renuente a la Gracia.
Fraternalmente.
A los que entiendan inglés, les recomiendo Mysticism, magic, and monasteries del profesor inglés Sebastian Morello, donde trata abundantemente este tema de tratar nuestra Fe como una lista de dogmas a asentir y de mandamientos a cumplir divorciadas de una práctica devocional y litúrgica tradicional. También hay varios videos y podcast del autor sobre este asunto clave.
Es cierto que profundizar tanto en la liturgia tradicional como en el Novus Ordo produce mentalidades contrapuestas, ya que, como dice Wanderer en esta misma publicación, la liturgia tradicional implica una teología distinta a la sancionada por el Vaticano II, que es una teología influida por el modernismo.
¿Es realmente tan así?
Si.
Sin ir más lejos, la misa tradicional reza todos los días 3 oraciones a la santísima trinidad. Las 3 se quitaron en el novus ordo.
El prefacio de Cuaresma de la Misa antigua hablan de penitencia y ayuno.
Hay mas prefacios y solo el IV habla de ayuno.
En el Ordinario de la Misa antigua se menciona el infierno.
En el Ordinario de la Nueva Misa solo se menciona si se usa el Canon Romano.
La Misa antigua puede celebrarse con o sin feligreses.
La Nueva parece que no tiene sentido sin feligreses.
La Misa antigua de difuntos es una larga oración por el alma del difunto, pidiendo a Dios su perdón y su misericordia para que no se condene su alma.
La Misa nueva de difuntos y todo el ritual de exequias parece que da a entender que ya goza de los premios del Cielo, o al menos que esta cerca cerca.
Hay mas ejemplos, pero no vienen al caso.
deben volver a los pedidos de Benedicto XVI
Precisamente por todo aquello que expresa en el artículo es que la antigua Misa es vigilada, restringida, perseguida y cancelada.
Si fuese algo estéril e insignificante, o si su importancia fuese secundaria y relativa, a nadie molestaría.
No hace falta convertirse en «conspiranoico» para darse cuenta razonada de que, en el seno mismo de la Iglesia, hay personas que no quieren el bien de ella.
Por eso una petición tan lógica, sencilla y razonable como es la libertad para un rito de antigüedad venerable se convierte en una guerra casi imposible. Por ello, lo que no debería ser difícil se vuelve innecesariamente arduo.
La Fe viva y vibrante está donde hay una buena Liturgia, sea en ordo vetus o novus (siendo obviamente mejor el primero). Por el contrario, sin buena liturgia la Fe falta o declina aunque exista la teología o la filosofía más brillante.
Y es que la profundidad del Misterio -el alimento del alma-no puede hallarse jamás fresca ni en los mejores libros ni en la mejor apologética. Sólo en el vivo Santo Sacrificio del Altar.
Fraternalmente
Después de Dios, todo depende de la profundidad del sentido sobrenatural que tengan las autoridades eclesiásticas, partiendo por el Papa.
La comprensión del problema está en relación directamente proporcional al grado de profundidad del sentido sobrenatural.
Benedicto XVI tenía este sentido profundamente desarrollado. Y por ello entendió el problema. Si no me equivoco, ha sido Ganswein quien afirmó que Traditiones Custodes le había «roto el corazón» a Benedicto. Lo creo. Porque el Papa emérito sabía lo que estaba en juego.
Francisco no tenía sentido sobrenatural ni siquiera en grado germinal. Por ello no trepidó al interrumpir con brusquedad el proceso lento y fructífero que Benedicto había iniciado.
A mi entender, en este punto León XIV está a medio camino entre Francisco y Benedicto XVI. Los hechos que tenemos hablan de una mayor devoción y sensibilidad litúrgica que su predecesor, pero todavía no han dicho mucho acerca del grado y profundidad de ello.
Oremus
Don Wanderer, con todo respeto, pero su artículo no es claro: ¿es primero la Misa Tradicional o la conservación de la sana doctrina? Parece que su artículo «barcoleggia». Sin embargo, estoy de acuerdo con usted en el sentido que habría que comenzar con la Misa Tradicional y luego se abriría la puerta para la rectificar el caos doctrinal. Creo que no estamos frente al dilema si primero el huevo o la gallina. No quiero decir esto y creo que usted tampoco lo sostiene: primero la conservación del depositum fidei pero los tiempos no dan para más. Lo saludo fraternalmente. Fabio.
Estimado Fabio, creo haberlo expresado claramente. No se trata de qué es primero o qué es segundo, sino de qué es lo más importante, lo central, lo urgente. En mi opinión, es la misa, la cual, necesariamente, va acompañada de la doctrina católica.
La liturgia es central y la fe no se sostiene sin una forma de culto que la encarne. Pero de allí no se sigue que una forma histórica concreta, y menos la misa tridentina, deba ser absolutizada. La llamada misa “tradicional” no es un rito originario ni premoderno, sino una forma barroca, producto de la modernidad temprana, que uniformó y desplazó ritos locales vivos. Fue eficaz en su tiempo (a un costo alto), pero convertirla en criterio perenne supone confundir tradición con atavismo.
Si la liturgia forma, también forma un tipo humano, y la experiencia muestra que la misa tridentina suele generar comunidades cerradas y autorreferenciales, más preocupadas por la identidad que por la comunión eclesial. El culto no está destinado a una élite estético-intelectual ni a producir “restos puros”, sino a que el pueblo real de Dios rece. La liturgia debe ser forma común de la fe, no un marcador identitario.
Si el Papa es realmente Pedro, debería advertir que no es sostenible la coexistencia de dos cultos estables que producen mentalidades contrapuestas. Eso es insólito. O se abre el juego bajo condiciones serias que no dañen la comunión eclesial, o se avanza hacia una unificación real del culto. De lo contrario, algunos deberán asumir el riesgo de quedar por fuera de la Iglesia, como ya hacen los grupos cismáticos que no aceptan que Roma los gobierne.
Hay tres clases de comentarios que nunca publico: los que hablan de lo que no saben; los que insultan o descalifican sin brindar argumentos y los que tienen algún tinte antisemita o conspiranoico. El suyo cae en el primer caso, pero hago una excepción.
1. La así llamada misa tradicional no es un rito barroco. Es el rito que se celebraba en la ciudad de Roma en el siglo XVI, y que es muy similar a lo que se llamó el «rito romano-germánico», de origen carolingio: siglo VIII. Además, fue convenientemente «desbarroquizado» por San Pío V, quien eliminó, por ejemplo, innumerables secuencias que se habían ido añadiendo con el paso de los siglos.
2. San Pío V no uniformó ni desplazó ritos. Dejó que siguieran existiendo todos aquellos que tenían más de 200 años de antigüedad. Y muchos de ellos continuaron existiendo hasta el Vaticano II: los propios de las órdenes religiosas, y los de diócesis importantes como Milán o Lyón. Otros desaparecieron lentamente pero no por imposición del Vaticano -que otros casos sí había impuesto, como ocurrió con el exterminio del rito mozárabe- sino por una cuestión práctica de los obispos.
3. La misa tridentina «suele generar comunidades cerradas y autorreferenciales». Es verdad en muchos casos, tan cerradas y autorreferenciales como las comunidades de rito bizantino o de rito maronita que usted puede encontrar en cualquier país del mundo occidental. Y tan cerradas y autorreferenciales como podían ser las comunidades que celebraban el rito de Orleans para con sus vecinos que celebraban el rito de Angers (estoy poniendo ejemplos simplemente), sin contar con las innumerables parroquias que eran enclaves en diócesis pero dependían de obispos o abades distantes y conservaban sus ritos propios. No sé de dónde les viene ahora a muchos la pretensión de unificar, cuando nunca fue así en la Iglesia.
4. Las «mentalidades contrapuestas» que producen los dos «cultos estables» son mucho menos contrapuestas que las que produce el rito romano y el rito bizantino, y la historia y la experiencia nos dice que pueden convivir perfectamente. Más aún, la semana pasada publiqué un artículo donde se hablaba de que es exactamente eso lo que está ocurriendo en Francia, y reconocido nada menos que por La Croix, el periódico semioficial de la Conferencia Espiscopal Francesa. Y lo ven como positivo.
Estimado Sr. Wanderer:
Usted escribe:
«Otros desaparecieron lentamente pero no por imposición del Vaticano -que otros casos sí había impuesto, como ocurrió con el exterminio del rito mozárabe»
Pero aquí en Madrid, se celebra hace bastantes años el rito mozarabe:
«En Madrid, el Rito Hispano-Mozárabe se celebra principalmente los martes a las 19:00 en la Basílica de la Concepción (C/ Goya, 26), a cargo de la Fraternidad Sacerdotal «S. Isidoro/ Gothia». Esta tradición litúrgica antigua de la península ibérica también tiene eventos especiales, como misas en la Ermita de San Isidro o en la parroquia de San Manuel y San Benito, organizadas por la asociación Gothia»
y los martes a las 19.00 la iglesia siempre está abarrotada.
No sé si celebra en otras ciudades de España, ni en otros paises. ¿Podría matizar más este tema del rito mozárabe, si fuera posible?
Estimado, ese tema lo tratamos en el blog en un excelente artículo de Eck. Lo remito a él: https://caminante-wanderer.blogspot.com/search?q=hispano
Este comentario ya ha sido suficientemente despachado. Es una pena que haya alguien que piense realmente así, si acaso piensa y no es meramente una cámara de eco de otras voces. ¿Vd. es clérigo? ¿Quién le enseñó esas ideas? ¿Se permitió al menos estudiarlas convenientemente? ¿Acaso los santos estaban tan cándidamente sesgados por lo que Vd. desprecia ligeramente con esa relativización? ¿No ve cómo está dañando directamente con ello la comunión con sus hermanos católicos que queremos ser gobernados por Roma y encontramos en el rito tridentino nuestro alimento? Su preocupación por la comunión es correcta, pero su visión es torpe y contradictoria. Está mal informado de historia y cae en un error que mejor le explica Lewis que yo.
Escribe el diablo a su sobrino:
Cambie eruditos por fieles católicos y afirmaciones por celebración del rito antiguo. Tiene ahí su receta infernal.
G. Marivs
Gracias por el excelente artículo que pone las cosas en su lugar. Muchas veces se acusa a los tradis de fariseos por su apego a la liturgia y (aunque siempre hay que luchar contra ese peligro) lo cierto es que difícilmente se reproduzca el formalismo pre-conciliar que atacaba Castellani y bien sintetiza el artículo. Después de décadas de persecución, la liturgia es un tesoro apreciado y cuidado, es como la perla de gran valor de la parábola y como toda cosa que se estima en gran valor merece ser cuidada, conservada, protegida. El N.O. evidentemente no es apreciado ni por sus valedores, que se permiten manosearlo y convertirlo en algo totalmente antojadizo a gusto de cada celebrante. Ese defecto le es connatural pues es percibido como obra del hombre. Creo que eso no tiene arreglo, ni siquiera con las mejores intenciones de un Benedicto XVI. Por eso no tengo grandes expectativas en la reforma de la reforma, es más de la misma lógica de la liturgia como obra humana.
Hilbert
No estoy tan seguro, estimado Hilbert, de que la lógica de una Liturgia como creación del hombre sea lo que subyace en la «reforma de la reforma». Entre otras cosas, porque el concepto lo acuñó Benedicto XVI quien, estimo, está lejos de ver la liturgia como obra humana. A menos que yo esté mal comprendiendo a Ratzinger, cosa bastante posible si se toma en cuenta la desigualdad de luces existente entre el Papa emérito y este servidor.
La reforma de la reforma debe entenderse dentro de la lógica de las «dos formas del Rito Romano». Implicaba un enriquecimiento mutuo entre ellas, entendidas ambas como igualmente lícitas, válidas e inspiradas por el Espíritu Santo.
El enriquecimiento posible desde el vetus al novus creo que nadie lo pondrá en duda. Más discutible es la posibilidad de enriquecimiento desde el novus al vetus. Me parece que imposible del todo no es, sólo en tanto y en cuanto el novus rescató algunos elementos antiquísimos que no habían sido recogidos en el vetus.
Lo que he expresado es un intento de acercarme a lo que Ratzinger pudo tener en mente cuando hablaba de la reforma de la reforma. Harina de otro costal es si acaso toda esta jerga fueron o no inteligentes malabares de Benedicto a fin de rescatar la Misa Tradicional, sin desmerecer el Novus Ordo, el que indubitablemente había llegado para quedarse.
Opino que Benedicto XVI fue un hombre honesto que creía en lo que propuso. Él no buscó la simple coexistencia pacífica de dos ritos. Para ello habría bastado dar un mero permiso general para celebrar la antigua Misa. Él buscó algo más: que nadie se volviera sectario dentro del vetus ordo, negando el Novus. Y, conforme a ello, hizo honestamente lo que pudo.
Como reza el cliché: «la historia lo juzgará». Dios ya lo hizo.
Fraternalmente
Estimado Hilbert.
«…difícilmente se reproduzca el formalismo pre-conciliar que atacaba Castellani y bien sintetiza el artículo.»
De veras quisiera creer eso. Pero no puedo. Más bien me parece ver que ese formalismo ya se ha reproducido y hasta en una forma más truculenta.
Y eso alimenta la -por otro lado injusta- reacción de los «novusorditas» contra los «tradicionalistas».
El tradicionalismo tiene una lucha interna en este asunto. Interiorizar la fe, y no remitirse meramente a unas formas exteriores por estética o mero espíritu reaccionario.
Un buen artículo sobre el tema: «No es (solo) la liturgia«.
https://www.infocatolica.com/blog/espadadedoblefilo.php/2406261210-no-es-solo-la-liturgia
¿La primera generación de modernistas celebraba según el Novus Ordo Missae…?
Gracias por recordar el artículo del buen amigo Bruno Moreno.
Wanderer, Bruno Moreno defiende la tesis opuesta a la suya: «A veces se dice que el verdadero problema es litúrgico y todos los demás problemas son consecuencias de ese “pecado original” de nuestra época que fue la reforma litúrgica. Ese enfoque es evidentemente erróneo…»
Que una persona honesta, inteligente y buen amigo defienda tesis opuestas ayuda a la discusión sana y necesaria. Es, en definitiva, lo que hacían los medievales en la universidades.
Creo que la buena liturgia por sí sola no hace milagros. Ahí tenemos, por ejemplo, al Cardenal Zuppi, quien en diversas ocasiones ha celebrado la liturgia tradicional y no por eso ha dejado de ser un notorio modernista.
¿Lo dice en serio? Zuppi no es un obispo de misa tradicional. La celebró muy ocasionalmente cuando fue obispo auxiliar de Roma, y lo hizo como resultado de una mentalidad liberal coherente.
Si usted entiende que la celebrar o asistir a la misa tradicional es una cuestión de magia, que produce ipso facto un efecto inmediato, debo decirle que no entendió nada.
Zuppi también ha presidido la celebración de vísperas solemnes tradicionales, tanto en el seminario del Instituto de Cristo Rey en Griciliano como en la peregrinación «Summorum Pontificum».
Así es: dos veces el la peregrinación, en las que estuve. No sabía que también en Gricigliano. ¿Eso lo hace tradicional?