
Todos los lectores del blog seguramente ya han leído la carta pública eviada ayer por el P. Davide Pagliarani, superior de la FSSPX, al cardenal Víctor Fernández, en la que, rechazando el diálogo con Roma, comunica que las consagraciones episcopales se realizarán indefectiblemente el próximo 1 de julio. Resulta cuanto menos curioso que en la misiva se sostenga que el Vaticano no aceptó la sugerencia de mantener un diálogo teológico en 2019, y cuando el Vaticano finalmente acepta ese diálogo, se rechaza el ofrecimiento porque se considera que es imposible llegar a un acuerdo. Es decir, en 2019 se podía dialogar y llegar a un acuerdo, pero en 2026 no se pueden hacer ninguna de las dos cosas. El motivo es, por supuesto, la presión por las excomuniones; Roma, por su parte, podría aducir la presión por las consagraciones.
Alia jacta est? Pareciera que sí, pero hasta julio falta tiempo, y el Espíritu Santo, alentado por las oraciones de todos nosotros, y de decenas de miles de fieles de la Iglesia -sean de la FSSPX o no-, puede depararnos alguna sorpresa, como le gustaba decir al Difunto.
No voy a ponerme yo a adivinar las sorpresas del Espíritu, pero veo tres posibilidades, al menos:
- El Papa León recibe en audiencia privada al Padre Pagliarani y llegan a algún tipo de acuerdo que satisfaga a ambas partes. Sería a mi entender la mejor solución, pero me parece la más difícil: por parte de Roma, porque mostraría debilidad; por parte de la FSSPX, porque se enfrentaría a una segura fragmentación, pues ya tienen a su tropa mucho más que dividida.
- Los obispos de la Fraternidad consagran nuevos obispos y el Papa León y el Vaticano se quedan callados. Sería la opción que habría tomado seguramente el Papa Francisco. Se levantaría por supuesto un ejército de neocones a decir que no hace falta que digan nada pues al tratarse de excomuniones latae sententiae, no es necesaria su promulgación oficial, y añadirían, además, el mote de cismáticos. Los sacerdotes y fieles de la Fraternidad seguirían como hasta ahora, con alguna baja aquí y allá, pero no mucho más que eso. El tiempo haría su trabajo y la Santísima Virgen el suyo, y en algunos años todo podría solucionarse pacíficamente. No me parece improbable, pues no creo que al Papá le interese comenzar su pontificado excomulgando a siete obispos.
- Los obispos de la FSSPX consagran nuevos obispos y el Vaticano emite un documento ratificando las excomuniones y hablando explícitamente de cisma. Y, a la vez, favorece a la celebración de la misa tradicional dejando sin efecto por algún artificio jurídico a Traditionis custodes. Sería la opción de Juan Pablo II y dolorosa para la Fraternidad, porque seguramente se produciría una fuerte división interna y separación de un grupo más o menos importante de sacerdotes y fieles (los distritos de Alemania y de Estados Unidos están muy descontentos con la decisión tomada por el Consejo). Y dolorosa también para Iglesia, porque vería abierta nuevamente una herida entre sus hijos. Además, creo que sería un punto de no retorno para la FSSPX, ya que sería vista definitivamente como un grupo separado del cuerpo de la Iglesia. Y experiencias hay muchas de cómo terminan estos grupos. En lo personal, no sería doloroso sino desgarrador; tengo muchos y muy buenos amigos en la Fraternidad, a los que amo con el amor que Nuestro Señor nos enseñó a profesar por nuestros prójimos, y no se trata sólo de que esa amistad en algunos casos podría dañarse, sino que ellos serán tratados como perros como ocurrió en 1988. Para buena parte del mundo, en la Iglesia en la que entran todos, serán ellos los únicos que quedarán afuera, y su dolor será mi dolor.
- Alguno podrá decir que podría aparecer una variante de la tercera posibilidad, en la cual no hubiese ningún tipo de relajación con respecto a la celebración de la liturgia tradicional. Es posible, pero me parece difícil; la misa tradicional Ecclesia Dei, para simplificar, está mucho más fortalecida que en los ’80, y me animo a decir que en muchas partes del mundo, mucho más fortalecida que antes de Traditionis custodes. No la pueden borrar de un plumazo a no ser que León optara por una solución final al estilo hitleriano, lo cual me parece más que improbable.
Hay una 5° opción: que haya sanciones, sin que haya división interna de la FSSPX, o que sea de muy pocos sacerdotes (lo que no le podría dar entidad de «división interna».
Me la juego por esta última, porque sanciones habrá.
De por aquí, apuesto que no se va un sólo sacerdote y laicos poquitísimos. Mis hijos ya están exhultantes con lo de ayer; y así todo el piberío. Y a los viejos esto no nos importa.
Es probable que sea como esté dice. Lo que me parece terrible y muy peligroso es que «el piberío» esté exultante. Ningún católico puede exultar por algo tan grave; y si lo hace, una vez, es signo de algo muy serio.
Voy a proponer una opción más (completamente disparatada):
Que el Papa consagre los Obispos para la Fraternidad pero por el rito Novus Ordo…
Se vería realmente la cuestión de fondo: la negativa a aceptar la validez y legitimidad del nuevo rito,
lo de tucho resulta obvio: ahora que requieren algo de mí, puedo obligarlos a aceptar lo que en otras condiciones sería imposible. La Fsspx no actúa bajo la premisa de transar aspectos de Fé por prebendas, por lo que sabe que entrar en ese fango sería perder el tiempo, debilitarse y terminar quedando como los rígidos , sin obtener nada a cambio. con un vaticano débil, lo mejor es negociar desde posiciones de fuerza. La Fsspx ha gozado de respeto, precisamente, por no andarse con medias tintas, sin que se los pueda chantajear de ninguna forma.
Se remata la carta con chascarrillo de buen gusto:
«Rezo especialmente por usted al Espíritu Santo y —no lo tome como una provocación— a su santísima esposa, la Mediadora de todas las gracias«.
¡Qué nivel!
Otros lo llamaría sarcasmo.