Almas de mil años

En la audiencia pública del Miércoles de Ceniza [de 2013], el papa Benedicto XVI –Dios nos lo guarde por muchos años- hizo referencia a una mujer desconocida para muchos: Etty Hillesum (pueden ver aquí la catequesis pontificia). Se trata de una escritora o mística o indefinible mujer judeo-holandesa muerta en Auschwitz durante la Segunda Guerra Mundial.

Comencé a leer sus escritos –-que no son muchos, y el más importante de todos es su diario-— y resulta sorprendente su riqueza y las etapas de su camino de conocimiento de Dios: de atea a creyente. Y es justamente en su Diario donde afirma que: “La edad del estado civil no es la misma que la del alma. Creo que cuando nacemos el alma ya ha alcanzado una determinada edad que después no cambia. Se puede nacer con un alma de doce años. Pero se puede nacer también con un alma de mil años; a veces hay niños de doce años en los que se ve muy claro que su alma tiene mil años”. Ella se ubicaba dentro de las primeras. Y yo también.

¿Qué entiendo yo por “almas de mil años”? Somos todos aquellos que nos consideramos, de un modo constitutivo –-es de decir, desde lo más profundo de la personalidad— como partes de una historia que comenzó hace miles de años. Mi alma tiene mucho más de mil años porque es parte íntima de la historia de Abraham, de Isaac y de Jacob; del Redentor nacido del pueblo elegido y de la Iglesia por él fundada hace casi dos mil años. Para mí, como para la mayoría de nosotros, son tan cercanos San Basilio, San Ignacio de Antioquía, San Benito José Labre o  San Antonino de Florencia como lo son Mons. Poli, el cardenal Sodano o Mons. Mauleón, a pesar de las oceánicas diferencias entre ellos. Las almas católicas son también católicas en el tiempo, y no solamente en el espacio. 

[Publicada originalmente en octubre de 2013]

4 comentarios en “Almas de mil años

    1. Estimado, lo cierto es que no conozco lo suficiente al extinto instituto Miles Christi. Nunca me crucé con ninguno de sus sacerdotes y, en cuanto a los testimonios recibidos de amigos en los que confío, son disímiles: algunos positivos y otros negativos.
      Y sobre lo que no puedo hablar, mejor callar.

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Recuerdo que está idea la he leído per vez primera en Adán Buenosaires, de Leopoldo Marechal. Es un libro que leí hace muchos años atrás y me quedé reflexionando esa escena en la cual un cierto filósofo o pensador (no recuerdo los particulares) respondía a uno que le preguntaba cuántos años tuviese, a lo que este le dijo que tenía tantos años cuantos tiene el mundo. Es decir, se enlazaba al pensamiento de los grandes hombres d la historia.

    Si algún participante conoce la obra le agradecería su intervención para corregir o aclarar.

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