Un caballo de Troya en la Iglesia

por Eck

“Et quoniam Sanctitas tua spiritus Dei erudita, qui, vt inquit Augustinus, loquitur in cordibus nullo verborum strepitu, probe noverat principium horum malorum inde fuisse, quod nonnulli Pontifices tui praedecessores prurientes auribus, vt inquit apostolus Paulus, coacervaverunt sibi magistros ad desideria sua non vt ab eis discerent, quod facere deberent, sed vt eorum studio et calliditate inveniretur ratio, qua liceret id quod liberer, inde effectum est, praeter qua quod principatum omnem sequitur adulatio, vt umbra corpus, dificilimusque semper fuit aditus veritatis ad aures Principum, quod confestim prodirent Doctores, qui docerent Pontificem esse dominum beneficiorum omnium, ac ideo cum dominus jure vendat id quod suum est nessario sequi, in Pontificem non posse cadere Simoniam: Ita que voluntas Pontificis qualiscumque ea fuerit, sit regula qua ejus operationes ac actiones dirigatur, ex quo procul dubio effici, vtquicquid liberat, id etiam liceat. Ex hoc fonte, Sancte Pater, tamquam ex equo Trojano irrupere in Eclesiam Dei tot abusus et tam gravissimi morbi, quibus nunc conspicimus eam ad desperationem fere salutis laborasse, vel manasse harum rerum famam ad infideles…”

Consilium delectorum Cardinalium et aliorum Praelatorum: De emenda Ecclesia S.D.N.D. Paulo III Ipso jubente conscriptum et exhibitum, Imp. apud Antonium Bladum, Roma, 1538,  pg. 1-2

Fue un fracaso total. A pesar de las peticiones de toda la cristiandad para la reforma de la Iglesia in capita et in membris que diluviaban a cantaros sobre Roma hasta anegarla, los pontífices se resistían como gatos panza arriba y fulminaban con la mirada cualquier alusión al tema. La pesadilla del conciliarismo del siglo anterior no había sido suficientemente exorcizada todavía y los sustos del Cisma de Occidente estaban muy frescos en la memoria para que los Papas convocaran de buen grado otro Concilio Ecuménico. Así que cuando el Papa Julio II, el de la espada empuñada, convocó en 1512 el Concilio Ecuménico XVIII, lo hizo a rastras, en su propio palacio de Letrán y bajo su soberanía temporal, cárcel incluida, para que no se le desmadrase la asamblea como en otras ocasiones anteriores. Y decimos a regañadientes por que así lo juró al subir al trono y tardó lo suyo en cumplirlo y, sobre todo, para contrarrestar el Anticoncilio de Pisa que le montaron los franceses por su afán pontificio de liberar a Italia de los bárbaros galos, motivo piadoso donde los haya…Vamos, que el Papa Julio II jugó al mismo juego que su predecesor Eugenio IV con el Concilio de Ferrara (o Basilea-Ferrara-Florencia para ratones glotones de bibliotecas). Una vez anulada la reunión enemiga, su continuación era más un fastidio (y un peligro) que otra cosa. Por lo que el sucesor de Julio II, León dio carpetazo al incordio con algunas condenitas por aquí y unas mediditas por allá y se puso a disfrutar del pontificado que Dios le había dado.

Pero poco pudo disfrutar de las mieles papales, pues fue clausurarse el concilio y comenzar la revuelta luterana en Alemania unos pocos meses después. Con media Europa en llamas, perdida media Germania y toda Escandinavia, el cancer calvinista en el corazón de Europa en Suiza, Austria y Hungría, Inglaterra jugando a un califato cristiano con Enrique VIII, Francia en plena guerra civil y España dando la vara con su reforma eclesiástica, a Roma no le quedó  más remedio que abordar el asunto de una vez por todas. Así que el Papa Paulo III con napoleónico criterio, decidió montar una comisión  en 1536 y la llamó Consilium de emendanda Ecclesia. Como se puede ver, nuestros progresistas son más tradicionales de lo que se creen en nombres y temas…

Papa paradójico este Paulo III. Con este papa nepotista hasta el fondo, inmoral en su vida privada (con varios bellos pecados en frase feliz de Isabel la Católica), mundano a más no poder, amante de la pompa y el lujo, comienza la reforma verdadera de la Iglesia. En contra de la atinada frase del gran Corso de que las comisiones se hacen para demorar eternamente cualquier asunto, la de emendanda Ecclesia concluyó su informe en 1537. Claro está que mucho se debió a sus miembros: los cardenales Contarini, Pole, Caraffa y Sadoleto, bragados en sus encuentros con los protestantes, los obispos Giberti, Aleandro y Fregoso, virtuosos, honrados y celosos de la cura animarum, iniciadores de la reforma en sus diócesis, y los religiosos Cortese y Badía, grandes intelectuales. Todos ellos cultos, experimentados, partidarios de la reforma integral de la Iglesia que la sacase del marasmo en que se encontraba. Esta vez no caerían en saco roto sus propuestas como el Libellus ad Leonem X de Justiniani y Querini, tan moderno, y de otros meritorios reformadores como el gran Cisneros en España. La calidad de sus autores, la libertad de sus denuncias, que contrasta grandemente con nuestros tan sinodálicos y parrésicos tiempos; la verdad de sus afirmaciones y la cabezonería sin desaliento de Paulo III en convocar un concilio de verdad,  pues convocó uno en Mantua en 1536, otro en Vicenza en 1538, hasta que, a la tercera fue la vencida, convocando el definitivo en Trento en 1545, se llevó a cabo gran parte de la reforma prometida.

Aunque no del todo pues siempre quedan flecos sueltos que por pasar inadvertidos ante los problemas graves y urgentes, o por un criterio utilitario, o por verse muy peligroso el tratarlos en un momento dado o por poco interés (o mucho, según se mire) de los cargos y personas afectadas; no se solucionan sino que se agravan hasta su estallido.

La matriosca troyana

Uno de esos problemas graves es la inflación del Pontificado Romano como damos en su traducción romance del texto que encabeza el artículo:

“Y puesto que su Santidad, conocedor del espíritu de Dios, que, como dice S. Agustín, habla a los corazones sin ningún estrépito de palabras, bien sabía que el principio de estos males procedía de algunos de sus predecesores pontífices que querían ser halagados en los oídos, como dice el apóstol Pablo, acopiaron a maestros según sus deseos, no para aprender de ellos, lo que debían hacer, sino para que con su diligencia y astucia encontrasen la justificación por la cual les permitieran hacer lo que quisieran, he aquí su efecto, ademas de estas cosas, puesto que la adulación sigue a todo  principado, como la sombra al cuerpo, y el acercamiento a la verdad a los oídos de los príncipes siempre fue muy difícil, porque surgieron al momento doctores, que enseñaban al pontífice que era señor de todos los beneficios y, por tanto, como tal señor de derecho podía vender lo que era suyo, es necesario concluir que, como pontífice no podía caer en simonía: Así que la voluntad del Pontifice, sea cual sea esta, es la regla por la cual estas operaciones y acciones se dirigen, de lo cual no hay duda de lo que se haga, todo lo que libera, es también lícito. De esta fuente, Santo Padre, como del caballo de Troya brotaron en la Iglesia de Dios tanto abuso y tan graves enfermedades, que ahora la vemos sufrir hasta la desesperación de su salvación, o llegar la fama de todas estas cosas hasta a los infieles…”

Bonita descripción del ultramontanismo… pero no nos desviemos del tema. A primera vista podría parecer que el problema para esta comisión estaba en la actitud patrimonial de los Papas sobre la Iglesia, vista como una finca o una vaca lechera a la que explotar, unos pontífices que vendía cargos, cargitos y carguetes para llenar sus siempre exhaustas arcas y alimentar a su siempre hambrienta corte, problemón que data de los tiempos de Judas hasta tiempos hodiernos. En resumen, en el cáncer de la simonía. Pero si se fija el paciente lector en el texto, la fuente de los males no era este pecado sino su consecuencia más palpable. Astuta y ladinamente los comisionados, tras las alabanzas de rigor al pontífice (felizmente, off course!) reinante, sopapean a sus antecesores entre citas paulinas y agustinianas y so capa de atacar a la simonía, revelan la verdadera fuente del mal:

-El doctrinal: “acopiaron a maestros según sus deseos, no para aprender de ellos, lo que debían hacer, sino para que con su diligiencia y astucia encontrasen la justificación por la cual les permitieran hacer lo que quisieran”. El uso utilitario del saber al servicio de la voluntad y no el saber y la voluntad al servicio de la verdad y el bien. 

-¿Qué se buscaba con estos maestros y doctores? Justificar el poder absoluto papal, que era el que les daba de comer: “Así que la voluntad del Pontífice, sea cual sea esta, es la regla por la cual estas operaciones y acciones se dirigen, de lo cual no hay duda  de lo que se haga, todo lo que libera, es también lícito”.

  • -Hay un pequeñito detalle en el texto, minúsculo, que no se nos debe escapar de entre las manos aunque sus redactores lo asumiesen sin darse cuenta y que, si se presta atención, chirría un poco. Es este: La adulación sigue a todo  principado, como la sombra al cuerpo, y el acercamiento a la verdad a los oídos de los príncipes siempre fue muy difícil ¿Un lenguaje un poco mundano, bastante político, en el mal sentido de la palabra, no? Y es aquí donde reside el caballo de Troya en la Iglesia: La concepción de la Iglesia y del Papado como poderes mundanos, es decir, estatalistas modernos. Así, hemos pasado del “esclavo” al “amo”, de “servus servorum Dei” al Soberano Pontifice. 
  • Se me podrá argumentar que la Iglesia, realidad visible, necesita de organización política, entendida al aristotélico modo. Es decir, es necesario hablar de potestades, jurisdicciones, mandatos, de tribunales, leyes, y demás cosas que nos llevan martizando desde que a Caín se le ocurrió inventar la polis. Bien está siempre que se vea a la Iglesia como realidad corporal y social sui géneris y se tenga claros cuales son sus fines y fundamentos. Si no es así, entonces correrá la suerte de los regímenes terrenales, una infinita búsqueda del poder, cada vez mayor, en sus portadores y en el eclipse de su verdadera vida. Como Cristo y los hombres, la Iglesia para llegar a lo que tiene que ser debe realizar una suerte de kenosis: convertir en servidora de las personas para salvarlas. Si no, ocurrirá lo que denuncian los comisionados:  sufrir hasta la desesperación de su salvación, o llegar la fama de todas estas cosas hasta a los infieles

Hacia Trento y mas allá

Una ironía es que uno de sus miembros fuera el cardenal Caraffa, futuro Papa Paulo IV, pontífice celoso pero despótico donde los haya. El peligro protestante, negador de la Iglesia visible, y la utilidad de un organismo centralizador, mucho más rápido y eficaz en apagar los incendios locales, reforzaron el papel de un pontificado, ya demasiado engrandecido para su propio bien desde la Reforma Gregoriana, en el Concilio Tridentino. El hundimiento de las monarquías católicas, el vaciamiento de las autonomías eclesiásticas sufridas por el absolutismo regio del XVI al XVIII, y la emergencia de fuerzas universales revolucionarias, hicieron que toda la Iglesia viera en el papado  como la tabla de salvación durante el XIX y XX. Casi nadie pensó en la caída de los pontífices, blasfema para muchos, llevaría los desastres hasta el punto en que los vemos hoy. Se hipostasió la Iglesia en el Papa y se le aplicaron las promesas de Cristo de prevalencia contra el Hades y se olvidaron de que el propio Salvador llamó Adversario a S. Pedro por pensar y juzgar como hombre y no como lo hace Dios. Cuando se concibe al pontificado y a la Iglesia como realidad de poder y no de servicio, se piensa como los hombres.

Este Caballo de Troya y los males que portaba ya lo vieron claramente la comisión De emendanda Ecclesia, más nos vale pensarlos de nuevo y devolver al papado la función asignada por Cristo; Siervo de los siervos de Dios, colaborador de la Verdad, el que preside en la caridad a la Iglesia.

24 comentarios en “Un caballo de Troya en la Iglesia

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Breve pero bello artículo sobre Sir Roger Scruton. Ser verdaderamente libre es construir verdaderamente belleza en el hacer material y moral.

    Un ráfaga de aire fresco en los portales web de massmedia argentinos. Congratulaciones Prof. Dr. W

    Huntington

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Dom Wander, ¿qué me sugiere para encontrar los antiguos tratamientos sobre el barroco? He visitado el Blogspot, mas no me fue posible hallar más que algunas entradas.

    Fino servicio sería que aquese material (con intervenciones inclusas) fuese compilado y estuviera disponible. Con sus respectivos vides, cónfers y la mar en coche.

    G. Marivs

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Estimado, usted o alguien con conocimientos de latin podría decir si tiene importancia o no que Leon XIV canta el Regina Coeli pronunciando «Deium» en lugar de Deum? En «Ora pro novia Deum». Desde ya gracias.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Quisiera felicitar tanto a Eck como a la mayoría de comentaristas del blog.

    Cambio radicalmente de tema en este comentario: a esos obispos que andan cotilleando lo que se dice en estas páginas,(los hay, a uno y otro lado del charco) ¿pero no ven que hay un espíritu general de sincera reforma entre nosotros? ¿No ven que lo que queremos la mayoría nace de un deseo de corazón de centrar la Iglesia en Cristo para que testimonie su amor y su verdad?

    ¿Quién podría decir que lo que se está comentando en este artículo es «rigorista»? ¡Todo lo contrario! Los fieles con sensibilidad o conciencia tradicional hemos asumido demasiado tiempo el rol de «los malos de la peli».

    No propongo abandonar el espíritu crítico, de eso nada porque esto no es una secta, pero si digo que a partir de ahora debemos estar a la reconstrucción de veras y dejar ya de pensar como en la trinchera. Jugar a ser los últimos de Filipinas nos ha hecho mucho daño a todos.

  4. Avatar de Ottaviani Alfredo Ottaviani Alfredo

    Por lo pronto se me ocurre: Retomar el concepto de SINODO, desde Pablo VI y tener en manos todas las exhortaciones apostolicas. Hacer un examen de el concepto sinodo en tiempo del reciente difunto y unirlo, unificarlo o como sea, pero «poner orden» a esta cuestiòn. Y que los conceptos relacionados con viris probatis, ordenacion pastoral de diaconisas, bendicion de hombres del mismo sexo y cosa por el estilo, pase al lugar donde siempre ha estado.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    No a ultramontanismo, y supongo no a un “primus inter pares” de la Orthodoxia.  ¿Entonces un Gregorio Magno o Leon Magno?  ¿Un ejemplo de un Papa colaborador de la Verdad y que preside en la caridad a la Iglesia?

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Todas las jefaturas son por su naturaleza «expresión de poder», no de servicio.

      El jefe está para mandar y ser obedecido.

      Para ello tendrá que «servir» los intereses de la organización que preside y los de los miembros que la integran.

      Tanto más una organización como la Iglesia Católica que es una monarquía absoluta y tiene las llaves de abrir y cerrar.

      Cundo eso no pasa, como pasó con el manso Benedicto XVI, vienen los problemas, de los cuales Bergoglio no fue ni el único ni el peor.

      Ser Pontífice Máximo no es una obligación, por lo que el que acepta el cargo sabe muy bien a lo que se obliga.

      Para cumplir mejor sus fines están las vestimentas, los honores, los palacios…

      Pero uno va con lo otro.

      ¿es esto legitimar el capricho?; ¿imponer el nepotismo? ¿Sojuzgar con Bastillas y lettres de cachets?.

      Se trata de ser profesional, saber que los actos y omisiones siempre traen consecuencias y que de los talentos recibidos tarde o temprano tendremos que dar cuentas al amo.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Quizás Benedicto XVI no haya sido un gran político, parece que hubiera querido ejercer la aquí llamada «jefatura» más con la ejemplaridad y la enseñanza. Veremos en un tiempo si los frutos de esa actitud no serán mejores que otros modos de ejercer el pontificado.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Los problemas que tenemos los ha creado Benedicto XVI por no hacer lo que sabía muy bien que había que hacer, porque idiota no era.

        No es de recibo que un jefe supremo diga (reconozca) que «mi poder termina al pasar la puerta » (de mi despacho ).

        Una persona así no es efectiva, no cumple con el oficio de su cargo y destruye el sistema.

        No para que los fieles seamos «libres», sino, como siempre pasa en la sociedad civil, los osados y los inmorales se hagan con el poder en su beneficio.

        No existen vacíos de poder. Cuando hay un vacío de poder, automáticamente aparece otro que toma su lugar.

        No se trata de ejercer el poder como un déspota tipo Stalin o Bergoglio.

        Hay que ejercer el poder con profesionalidad, con caridad cristiana y con justicia. Siempre con el bien común (en este caso, de la Iglesia) en mente.

        Benedicto XVI será juzgado, como serán juzgados los «progresistas» y seremos juzgados todos. No sólo en el Juicio de Dios, sino con la opinión de la posteridad.

        Y en este caso concreto ha sido un fracaso total y un ejemplo para no imitar.

        Esto no significa que un jefe deba saber todo, tener un entrenamiento en todo, tener todas las fortalezas y ninguna debilidad. Esto es del todo imposible.

        Lo que hay que hacer es, sabiendo bien lo que uno es, utilizar los puntos fuertes y compensar los débiles con los fuertes de otras personas (de los que responde personalmente el que les nombra)

        Un Papa, como un estadista o el Presidente de una empresa, no es un teólogo o un teórico. Es un práctico que tiene que tener resultados.

        Aunque necesite de los servicios de teólogos/teóricos para cumplir día a día la función para la que ha sido nombrado.

      3. Avatar de Desconocido Anónimo

        Para el anónimo de las 11:34: por eso renunció, macho. No le dió el cuero, se dio cuenta y se hizo cargo. Eso lo pone varios escalones por encima nuestro.

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    Esa característica errada del papado como una expresión de poder y no de servicio parece un tiro por elevación para León XIV, a ver si de una vez por todas se anima a derrotar al Caballo de Troya que desde hace siglos ha venido obstruyendo la verdadera misión de la Iglesia de salvar almas para la vida eterna como si fuera una marcha en reversa que ha llegado a su clímax en el pontificado de Francisco.

    Por lo visto hasta ahora, el Papa León ha puesto el acento en la unidad más que en la sinodalidad y eso parece bueno, vamos a ver cómo lo logra cuando más pronto que tarde tenga que tomar el toro por las astas y enfrentar el camino cismático en el que parecen haberse embarcado los obispos alemanes y todos los obispos que en el mundo piensan como ellos, o en la papa caliente del vergonzoso acuerdo de Francisco con el Partido Comunista chino que abandonó a los fieles, muchos de ellos encarcelados y desaparecidos, o al lobby gay infiltrado en las altas cumbres de la Iglesia y que hasta ayer nomás estuvo escondido bajo el ala poderosa del Papa argentino de triste memoria.

    León XIV lo sabe y sabe que lo estamos mirando a ver qué hace. ¿Lo hará…?

    Fuenteovejuna

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    ¡Bravo, Eck! (y gracias, Wanderer). Gran hallazgo ese texto del Consilium de emenda Ecclesia. Y otro detallito, como el de la adulación de «los príncipes», es el tratamiento que se da al papa reinante: S.D.N.D., que interpreto como Sanctíssimo Dómino Nostro Dómino Paulo tertio. Mucho dóminus y nada de páter.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    Bueno, no a ultramontanismo y no a «primus inter pares» de la orthodoxia pero uno que es collaborador de la verdad y preside en la caridad. ¿Me suena bien pero como un papa asi en la práctica ejercería su autoridad?

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Le reconozco que no es fácil pues también varia con el tiempo y las necesidades. Y es que en esto, como en casi todo, juega un gran papel la prudencia en el ejercicio de la potestad papal. Si creo que debería ser más de vigilancia, arbitrio y sostén de las diócesis más que de gobierno como si fueran sus lugartenientes. Sigo con palabras que bien suenan sin aportar soluciones prácticas pero hasta que no tengamos claras las «teóricas» sólo daremos palos de ciego. Ya lo decía Pascal, para hacer bien hay que pensar bien.

      Además, tenemos la crisis de las demás instituciones de la Iglesia como ya han apuntado algunos comentadores aquí y cuyo prestigio hubieran sido un dique de contención: el episcopado, las órdenes religiosas y el clero. De hecho, una de las causas de la hidrocefalia papal está aquí: no tienen autoridad ninguna, solo una potestad cada día más gastada por el desprestigio y que, si no fuera por su origen divino, hace mucho que se hubiera perdido como la nobleza hereditaria, la monarquía absoluta, etc. Si hubiéramos tenido gentes de autoridad como los S. Cipriano, Julián, Ambrosio, Hincmaro o Cisneros, la mayoría de las medidas tiránicas bergoglianas no habrían sido posible. Claro está, hay que tener espiritu de martirio y jugarse el puesto, aunque hoy no se pierda la vida sino el cargo.

      De hecho, sólo una vez tuvimos un enfrentamiento entre autoridad real y potestad papal. Fue la intervención de Benedicto XVI contra el celibato opcional del clero latino. Bastó unas cuartillas de una persona retirada, sin poder de gobierno alguno, sólo por su prestigio reconocido por todos para desbaratar todo el poder omnímodo de Francisco y hundirle en la miseria. Golpe del que no se recuperó nunca (y del que se vengó cayendo en más desprestigio en el funeral). Lo malo es que la autoridad no se puede exigir ni otorgar ni conceder, sólo Dios la puede dar y esta enraizada en la verdadera naturaleza de las cosas. Y en la Iglesia solo la santidad con el cumplimiento íntegro de los deberes de estado la puede aportar.

      Eck

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    Hubo un comentarista que citó a este texto capital del pasado en mi anterior artículo, justamente este párrafo. Le quiero agradecer su perspicacia y sus dotes casi de adivinación porque estos dos artículos se escribieron a la vez.

    Eck

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Soy el comentarista que le citó este texto. Lo conocía por estudios de historia de la teología desde hace más de veinte años. Me llamó la atención también la importancia que le daba el P. Mir en su historia de la Compañía, pues contraponía ese texto a la aprobación de la sj, que vino a exacerbar el caballo de Troya en cuestión. Me permito añadir otra cita que puede contribuir al debate sobre la misión del sucesor de Pedro, es la de santo Tomás I-II, 107, 4, cuando se pregunta si la ley nueva es más gravosa que la antigua. En la explicación recurre a un texto de san Agustín ad Ianuarium donde el santo de Hipona advierte del peligro de los que recargan con muchas leyes lo que Cristo ha establecido, y al final la situación de los cristianos puede ser peor que la de los judíos, por dar más importancia a la letra que al Espíritu, y encima con una serie de preceptos que no provienen de Dios. Es una advertencia muy seria a no multiplicar, a menos que sea estrictamente necesario, las intervenciones del legislador. En realidad para el mismo santo Tomás, si hay una tradición asentada sólo por muy graves motivos puede cambiarla quien legisla (I-II, 97, 2), y eso vale igualmente para la Iglesia.

  10. Avatar de Desconocido Anónimo

    Excelente. Muchas gracias. Me quedo con esto:

    Cuando se concibe al pontificado y a la Iglesia como realidad de poder y no de servicio, se piensa como los hombres.

    Devolver al papado la función asignada por Cristo: Siervo de los siervos de Dios, colaborador de la Verdad, el que preside en la caridad a la Iglesia.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Los tiempos que vienen han de estar informados por el COMPROMISO personal de cada fiel de seguir a Cristo.

      Es más, la tendencia de las sociedades occidentales hacia la individualidad lo exige.

      Esto en realidad es LAICISMO del bueno (es decir, que la responsabilidad no será de los clérigos, sino de cada individuo con independencia de su estado)

      Ya verá cómo, en cuanto haya más exigencia de santidad, promovida naturalmente por el ejemplo personal de los fieles, los obispos serán menos mundanos, menos políticos y menos lgtbhijk.

      No solamente porque no se atreverán a presentarse ante sus fieles, sino porque habrá una cantera mucho mayor y de mejor calidad para escoger sacerdotes y obispos santos.

      Mientras tanto sólo nos queda rezar, dar ejemplo y pagar el diezmo («lo que no cuesta, no se aprecia»)

      y a ver si nos olvidamos un poco de Trento y del medievo.

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