Una de los reproches más frecuentes que suelen hacer los grupos progresistas a los conservadores y tradicionalistas es que éstos no le dan suficiente importancia al Espíritu Santo y al día de Pentecostés. “Nombran más a San Pío X o a San Alfonso Ligorio que al Paráclito”, dicen. Y en buena medida tienen razón. Por algo el P. Royo Marín escribió el libro El gran desconocido: El Espíritu Santo y sus dones (1972). A diferencia de las iglesias orientales, donde la invocación al Paráclito es permanente, en Occidente su figura se fue desvaneciendo con los siglos. Es verdad también que, durante lel siglo XX, muchos teólogos sobre todo franceses, comenzaron a estudiar al Espíritu Santo. Yves Congar escribió, en tres volúmenes, su conocida obra Creo en el Espíritu Santo y Louis Bouyer El Consolador. El Espíritu Santo y la vida de la gracia. Pero justamente aquí está el problema: como los autores no son seguros, como tampoco son seguros los estudiosos de los Padres de la Iglesia, influidos ambos por la Nouvelle théologie, lo mejor y más seguros es evitar a esos autores y a los temas que tratan… Nuevamente, un silogismo en bárbara.
Sin embargo, este descuido por el Espíritu Santo no puede ser achacado al mundo tradiconservador, aunque éstos tengan también su parte de culpa. Es que fueron precisamente los progresistas más rabiosos, autores de la reforma litúrgica tanto de Pío XII como de Pablo VI (fueron los mismos personajes) los que despojaron al calendario litúrgico de toda la pompa y solemnidad con que los siglos, desde los primeros tiempos de la Iglesia, habían rodeado al día de Pentecostés. La imagen que ilustra este artículo —acta de las reuniones del Coetus, encargado de la reforma litúrgica de los años ’60— muestra claramente la total falta de argumentos y la liviandad con la que barrieron la octava de Pentecostés. La leyenda dice que el lunes después de esa fiesta en 1970, Pablo VI fue a revestirse para celebrar la misa y encontró ornamentos verdes. Preguntó por qué no eran rojos, pues correspondía a la octava. Le dijeron que la octava de Pentecostés había sido eliminada. Furioso, preguntó quién había sido. Y le respondieron: “Usted Santidad”. Y él lloró. Por supuesto, lágrimas inútiles y de incompetente, pues debería haber echado una ojeada a lo que Bugnini le presentaba para la firma. Lo cierto es que la fiesta de Pentecostés se quedó sin octava.
Pero seamos sinceros: ya antes Pío XII la había dejado sin vigilia, otra ceremonia que se remontaba a los primeros siglos del cristianismo. Y es curioso que desde hace ya varios años, parroquias e incluso el mismo Vaticano han comenzado a celebrar una vigilia de Pentecostés en la que los sacerdotes y maestros de ceremonias hacen lo que pueden, para bien y para mal, dando rienda suelta a su imaginación. Daría la impresión de que el sensus fidelium les dice que debe existir una preparación inmediata a la venida del Espíritu Santo pero, como la Iglesia les robó esa posibilidad —y recordemos que fue en 1955— no queda otra que inventar.
La Vigilia de Pentecostés tiene -y utilizo el presente porque nadie, ni siquiera Pío XII puede manosear la Tradición- una estructura comparable a la del Sábado Santo; mejor dicho, es idéntica a la Vigilia Pascual con excepción de la bendición del fuego y del cirio. Comienza entrada ya la noche con la lectura de seis profecías, tres de las cuales son seguidas por un tracto, y cada una de ellas con una oración del celebrante. Es el esquema más antiguo de las ceremonias cristianas, el que observaban los fieles que se reunían los sábados a esperar, con lecturas bíblicas y el canto de los salmos, la llegada de la aurora y, con ella, de Cristo.
Luego hay una procesión al baptisterio donde se bendice el agua. La procesión, que es imponente, se acompaña por el canto de un tracto compuesto con los versos del salmo 41 (Sicut cervus ad fontes aquarum, “Así como el el ciervo se acerca a la fuente de las aguas”). Después de una oración, el celebrante bendice el agua con la misma larga y bellísima oración utilizada en la Vigilia Pascual. La procesión regresa al altar cantando la letanía de los santos y luego, el celebrante y los ministros van a la sacristía para revestirse para la misa. El color de los ornamentos utilizado en la vigilia es el violeta. Las rúbricas especifican que el sacerdote usa capa pluvial para la procesión a la pila bautismal. El diácono y el subdiácono visten casullas plegadas. El rojo, el color de Pentecostés, se usa para la misa.
Hasta ese momento, la iglesia ha estado a oscuras. Una vez terminado el canto de las letanías, se encienden las velas, los ministros van al altar y mientras el coro canta el Kyrie, recitan las oraciones al pie del altar. Luego, el sacerdote realiza la incensación e inicia el Gloria, durante la cual suenan las campanas. Y la misa sigue de la forma acostumbrada.
En suma, una ceremonia bellísima y antiquísima y, sobre todo, apropiada y necesaria para recibir a la Tercera Persona de la Santísima Trinidad que es quien obra la santificación en nuestras almas. Él, “el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, él os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho”. (Jn 14,26).
Y desaparecieron también las témporas de Pentecostés. Las Témporas (Quattuor Tempora , «cuatro tiempos») son días de ayuno y oración que se observaban tradicionalmente en la Iglesia cuatro veces al año: en Adviento (Témporas de Invierno), Cuaresma (Témporas de Primavera), después de Pentecostés (Témporas de Verano) y en septiembre (Témporas de Otoño). Su origen se remonta a prácticas judías y paganas adaptadas por el cristianismo, donde se ofrecían oraciones y sacrificios al inicio de las estaciones o en momentos clave del ciclo agrícola. En la Iglesia, se convirtieron en momentos de acción de gracias por las cosechas, penitencia por los pecados y oración por necesidades espirituales y temporales.
Las Témporas de Pentecostés, también llamadas Témporas de Verano, se celebran en la semana siguiente a la fiesta de Pentecostés, que marca el fin del tiempo pascual (50 días después de la Pascua). En el rito romano estas Témporas ocurren en la Octava de Pentecostés, generalmente en la primera semana completa después de la fiesta. Los días específicos son: Miércoles: día de ayuno y oración, con lecturas litúrgicas centradas en la acción del Espíritu Santo. Viernes: Continúa el ayuno, con énfasis en la penitencia y la renovación espiritual. Y Sábado: Día de ordenaciones sacerdotales en muchas diócesis, con una misa solemne que incluye oraciones por los nuevos ministros y la Iglesia.
Estas Témporas están dedicadas a dar gracias por el don del Espíritu Santo, pedir su guía para la Iglesia y los fieles, y orar por la santificación de los nuevos sacerdotes (ya que Pentecostés era un momento tradicional para ordenaciones).
Y todavía hay gente que habla de los beneficios de la reforma litúrgica…

Estimado Wanderer:
Si se dice que la vigilia de Pentecostés pertenece a la Tradición divina, eso significa que ha sido revelada por Dios. ¿Acaso Ud. sostiene que pertenece al depósito de la fe?
Estimado, ¿quién dice eso? Por supuesto, es un disparate.
Gracias. Ocurre que esta expresión suya: «La Vigilia de Pentecostés tiene -y utilizo el presente porque nadie, ni siquiera Pío XII puede manosear la Tradición-«, podría dar fundamento a ese disparate. Porque se habla de «Tradición» con mayúscula y se dice que la Vigilia sigue presente por pertenecer a ella.
Estimado, usted sobre interpreta lo que este servidor puede escribir. Si saca tamaña conclusión por una mayúscula…
Primer comisariamiento bajo León XIV, en la línea de los comisariamientos «francisquistas»:
https://secretum-meum-mihi.blogspot.com/2025/06/il-mio-primo-commissariamento-en-poco.html
Así es. Veremos qué sucede, pero es importante destacar que no se trata de un comisariamiento sino de una visita apostólica. Son cosas muy distintas, digan lo que digan los de Secretum meum.
Una visita apostólica fue lo que tuvo la diócesis de Frejús-Toulon y ya sabemos cómo terminó.
También la tuvo la diócesis de Puerto Iguazú y no pasó nada.
El empobrecimiento de la liturgia de la misa, y la supresión o acortamiento del resto de liturgias, con el tiempo se ve todavía más claro, responde a un deseo ridículo de intentar contentar o acercarse a los protestantes. Es absurdo, porque aparte de la repulsa que lo herejes tienen hacia toda adoración externa a Dios o lo que ellos llaman las «pompas papistas» o las «tradiciones humanas», es obvio que la diferencia con los católicos es profundamente teológica y muy radical. Por empobrecer tu divina liturgia, tus ritos de adoración ya alabanza amorosa a Dios no vas a atraer ni a un solo protestante.
Parece difícil de creer que los fautores de la reforma litúrgica no lo viesen tan evidente. Estoy en la duda de hasta que punto fue infiltración modernista y hasta que punto ingenuidad rayante en la idiocia (o directamente complicidad) de muchos teólogos, liturgistas y obispos.
Es de lógica que los nuevos movimientos católicos busquen recuperar aquel esplendor en las formas, porque lex orandi lex credendi, y es algo que sin saber latín se entiende perfectamente. Demasiado tarde se ha empezado esa reforma, y hay que agradecerle a monseñor Lefevbre que preservara esa forma en activo, para que esto no sea arqueología, sino continuidad.
nachet
¿Qué decir sobre el cardenal Rossi y la Legión de Cristo Rey?
La vigilia de Pentecostés tiene base incluso en el Antiguo Testamento. El primer Pentecostés, en el Sinaí a los dos meses de haber salido de Egipto, fue precedido por una vigilia unipersonal de Moisés, durante la cual éste escribió (Ex 24,4a) las palabras que había oido del Señor en la montaña el día anterior (Ex 20,22-23,33).
El paralelo de los sucesos de la mañana siguiente con la de Pentecostés de 30 AD es evidente:
En Ex 24,7-8 Moisés leyó el documento que había escrito al pueblo, éste respondió «Haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos», y Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo: «Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras».
En la mañana de Pentecostés de 30 AD Pedro anuncia el kerygma a una multitud, los 3.000 que creen en su testimonio preguntan a Pedro y los otros apóstoles «¿Qué tenemos que hacer, hermanos?», y ellos los bautizan, por lo cual se les aplican los méritos de la pasión de Jesucristo, esto es son lavados por su sangre.
¿No será 33 AD?
Depende de en qué año murió Herodes «el Grande». Si murió en 4 a.C., como es la posición de consenso académico, entonces debe ser 30 AD. Si murió en 1 a.C., entonces puede ser 30 o 33 AD.
El factor clave es que la llegada de los Magos a Jerusalén y la subsecuente orden de Herodes de matar a los niños de hasta 2 años de edad de la zona de Belén tienen que haber sucedido antes del inicio de la enfermedad terminal de Herodes, lo cual ocurrió 6 meses antes de su muerte. Porque a él le interesaba solamente su propia continuidad en el trono, no la de sus descendientes.
«Veni, Sanctificator, Omnipotens aeterne Deus. Et benedic hoc sacrificium Tuo Sancto nomini praeparatum.»
(Ven, Santificador – es decir, Espíritu Santo-, omnipotente y eterno Dios. Y bendice este sacrificio preparado para tu santo nombre – es decir, para honrar tu santo nombre, para adorar, agradecer, satisfacer tu santo nombre, etc.
-Señor Bugnini, ¿usted piensa quitar esta oración del Misal donde directamente se invoca al Espíritu Santo para que bendiga este santo sacrificio que Él hace posible, pues Él obra la Transubstanciación, y donde se declara que la Misa se ofrece para honrar su Santo Nombre, a su misma Persona Divina?
-¿Y usted Santidad, Pablo VI, dejará que este hombre haga esto y que luego de suprimir esta oración no elija ninguna siquiera para honrar al Espíritu Santo y quede el nuevo rito sin ninguna referencia directa, mas allá de las referencias a la Trinidad, para que sea honrado el Espíritu Santo?
¿Por qué hacer esto?
Algunas veces me da la sensación, espero que W. no se enoje, que tanto hacer columpio entre dejar en claro que antes del Concilio (mucho antes!!!!) estábamos mal….se le está haciendo un gran favor a los progresistas y esto de la liturgia actual se alarga cada día más. No sé, es una impresión. Dejando en claro que soy antisistema, es lo mismo que le hacen algunos ex libertarios a lo que hace Milei: tienen razón, desde ya, pero debilitan….Hay que dejar de estar atacando a los que, desde la primera hora, tuvieron los cojones (se me permita la zafiedad) para plantarse y hacer lo que hizo Mons. Lefevbre y el resto de los que denunciaron el «abuso» de Pablo VI como el dominico francés que no me viene el nombre ahora. Bien, aclaro algo: no conozco a ninguno de la Fraternidad San Pío X ni a ninguno de los otros de San Pedro y compañía. Soy sacerdote crecido neocon que terminé estudiando el tema y me sumergí y lo sigo haciendo. No veo para nada claro cómo salvar el rito Montini – Bugnini haciendo la misa en latín y ad orientem cuando el gusano sigue estando adentro. Fin.
Otro sacerdote neocon está de acuerdo con usted.
«No veo para nada claro cómo salvar el rito Montini – Bugnini haciendo la misa en latín y ad orientem cuando el gusano sigue estando adentro. Fin.»
Así mismo es, aunque la mona se vista de seda, mona se queda.
Porque los protestantes no tienen nada de esto.
¿Le parece poco?
Eso se llama «ECUMENISMO».
Sería un error simplemente lamentarse de lo que nos han robado y esperar pasivamente una restauración. Que el Novus Ordo permite originalidades como esas extrañas vigilias que se hacen? Muy bien, pues celebremos dentro de ese amplio margen del Novus Ordo vigilas lo más similares posibles a las tradicionales.
Acaso no puede celebrar un sacerdote diocesano una misa en vigilia de Pentecostés con aspersión, con canto del Veni Creator, ad orientem, incensando, en latín etc? Por supuesto que puede si otros hacen lo que quieren. No es una situación positiva y es lamentable que cada uno haga lo que quiera, pero sinceramente, tonto el último. Si yo fuera uno de tantos sacerdotes jóvenes diocesanos con sensibilidad tradicional y aprecio por la misa tradicional, que apoya su libertad y convivencia con el Novus Ordo, tengo clarísimo lo que haría. Y no nos engañemos, tal vez en Argentina sea distinto, pero en España a los obispos se la bufa como celebres en la parroquia del pueblo.
Así que el descubrimiento de lo que hemos perdido tiene que movernos a recuperarlo en los márgenes ya digo que muy amplios que permite el Novus Ordo. Es que en una misa Novus Ordo en lengua vernácula no puede entrar el sacerdote cantando la antífona del día? Es que no puede hacer aspersión? Es que no puede cantar el Kyrie eleison?
Pues eso, la restauración comienza con la conservación, promoción y reivindicación de lo tradicional dentro de los márgenes del Novus Ordo. Lo considero mucho más efectivo. La pelota está sobre el tejado de los buenos sacerdotes que aprecian la tradición sin ser formalmente tradicionalistas. Y los fieles se lo tenemos que pedir
¡Excelente!
Está bien lo que usted dice mientras no se haga algo permanente dado que como puedo dar testimonio en esos sacerdotes que tienen la pelota en el tejado…es que, finalmente, cuando leen blogs o, peor aún, libros que se dedican en profundidad a denunciar la caja de «pandora» (por decirlo benevolamente) la reforma piana (de la cual ignoran y ridiculizan aun más) y la de Montini – Bugnini, los tratan de exagerados y otros epítetos. El tema de la formación en estos temas es imperioso para los clérigos.
Es cierto que hay interpretaciones de la desastrosa reforma litúrgica que son muy exageradas y apocalípticas y que echan para atrás. Pero si alguien es inteligente y tiene recta conciencia, sabe distinguir el grano de la paja y se podrá hacer una idea correcta de los errores de la reforma.
De todos modos, la recuperación de la tradición no tiene que buscarse tanto a partir de la erudición litúrgica. Lo que convencerá al mundo católico es una recuperación litúrgica a partir del amor a Dios y la coherente reverencia que se le debe.
A un sacerdote dubitativo creo que no se le convencerá explicandole que la reforma fue un timo, y que Bugnininera masón. A ese cura se le convencerá explicando que las formas tradicionales son una forma muy perfeccionada de glorificar a Dios, habrá que hablarle del necesario silencio contemplativo, del sobrecogimiento, de la dignidad debida, de la venerable tradición de tantos santos etc.
Yo intento comulgar de rodillas después de años comulgando en la boca en pie y cuando he comenzado a hacerlo no ha sido porque el indulto era tal o cual y Pablo VI esto o aquello, etc. También hace tiempo que he empezado a arrodillarme en el ecce agnus dei y ambas cosas no han sido simplemente porque la liturgia tradicional incluye estos gestos, lo he hecho porque me sobrecoge la presencia real, y como me cuesta creer realmente tan gran misterio, solo puedo hacer ese gesto corporal de arrodillarme como adoración, por qué la cabeza no me puede dar para más ante algo tan milagroso.
Pues eso, que la liturgia tradicional se recuperará, creo yo si conseguimos trasladar eso en lugar de insistir machaconamente en la dudosa legitimidad de la reforma.
¡Muy bien expresado!
De acuerdo . Pero…pero han perdido el norte y el valor.
Eva Agria
Lleva razón usted. En la parroquia (soy sacerdote) celebramos ad orientem, Misa de Angelis, y al menos una vez en latín por semana. No es mucho, pero algo es… Hay que formar el gusto de la gente. Lleva su tiempo y paciencia…
Gracias! Tomo conciencia de lo que dice W. Nos han desfigurado el rito y, en este caso, al Espíritu Santo y a su debida Fiesta. Es tristísimo
Desde Lutero, la Iglesia Católica camina hacia una Religión de la Razón. Y la razón indica y postula un Dios acogedor, y sobre todo perdonador.
Ya no hay necesidad ni del Espíritu Santo, ni mucho menos de confesión. Para el alma entenebrecida por la razón, no tiene ningún sentido la gracia de Dios como requisito indispensable para la comunión sacramental.
En una Religión de la Razón, todo es Gaudete y es diversión. Y claro está que la Liturgia debe doblegarse al Dogma Racional, de ahí la profunda necesidad de mutilarla de cuanto concepto escape a la Razón, entronizada como Diosa, en la francesa revolución.
Vivimos en la post revolución.
Al anónimo que dijo «Lo que convencerá al mundo católico es una recuperación litúrgica a partir del amor a Dios»: totalmente de acuerdo. Pero debe venir de la autoridad, no de las «bases». Habrá algún día en que la Iglesia recuperará la liturgia, ese tiempo de paz que pareciera fuera breve. Fátima. Pero desde el orden natural, imposible. Debería haber una intervención divina sobre la autoridad de la Iglesia, no lo sé…
Una cosa que hayan sido (casi) los mismos personajes los que intervinieron en ambas reformas, y otro distinta es que dichas reformas sea iguales, es cosa de compararlas.
Una cosa es evitar a autores que no son seguros, como los cómplices de la devastación citados en el artículo, pero otra muy distinta es evitar los temas que tratan, solo por que sean tratados por ellos.
Además, me sigue sorprendiendo el culto que aquí le rinden a esos Ivanes Karamazov, ya que por mucho ingenio e inteligencia que se les atribuya, fue su genio maligno y orgulloso el que colaboró en la deformación y deforestación de la Religión.
Pues como «cosa de compararlas», ya se han encargado y bien, los liturgistas nada sospechosos del New Liturgical Movement, como P. Kwasniewski.
La reforma piana es la punta de lanza del Novus Ordo, le guste a quien le guste.
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Saludos al gran Gabriel. Un placer leerte y escucharte…
Esto se puede leer en el portal de la delegación de medios de comunicación de la Diócesis de Sevilla:
«Hasta el año 1969 existía también la octava de pentecostés, octava que se suprimió del Calendario Romano para no quitarle protagonismo a la cincuentena pascual o evidenciar aún más su unidad.»
https://www.archisevillasiempreadelante.org/que-es-una-octava-en-la-iglesia-catolica/
No conocía toda esta liturgia de Pentecostés, pero es evidente que su supresión a coadyuvado al desconocimiento de la presencia e importancia del Espirítu Santo en nuestras vidas y en la vida de la Iglesia. Siempre es bueno recordarlo, porque siendo nuestro Paráclito, más vale no olvidarse de Él.
Pablo Casaubon
Igual hay que aclarar Don Wander, que en el misal actual hay algo así como la vigilia que usted menciona.
https://curas.com.ar/Misal3/Misas3/Mpascua3.htm#DOMINGO_DE_PENTECOST%C3%89S_V
Igualmente no he visto lugar en el que se celebre la vigilia así como sale en el misal. Las vigilias de Pentecostés que hacen son literalmente cultos protestantes. Y eso hasta en parroquias consideradas «tradicionales». Es como si en la cabeza de muchos católicos el Paráclito estuviera ocultamente relacionado con una cierta «libertad de espíritu» que es más bien pura parafernalia protestante.
en San Benito de Lujan y en Santo Domingo de BsAs la celebran.
seguramente algún curita ignoto tb lo haga.
Algunos lamentablemente tenemos la desgracia de vivir en diócesis pastoreadas por obispos con demasiado olor a oveja.
Alguien tiene alguna noticia de la mudanza al Palacio Apostólico, ¿para cuando?. Ya pasamos, como es obvio un mes, y ni se habla del tema.
En su momento leí que la obra duraría unas siete semanas, por lo que hasta finales de junio no estaría terminada.
Nos han expoliado.
Hilbert
Honor a ese Van Doren que se opuso a la supresión de la Octava de Pentecostés.
Y vergüenza para los otros, mentes mezquinas (pusilánimes) que se atrevieron a dar ninguna razón buena (ni siquiera mala, algunos).
Lo de Nocent es abominable, y además un wishful thinking digno de Disneyland, creer que por «insistir en los 50 días y nada más», se comprendería mejor el Misterio Pascual.
Lo de Schmidt tampoco se queda atrás en ridiculez. «No estamos destruyendo Pentecostés, lo estamos condensando»… cómo se puede ser tan idiota o malvado para argumentar de ese modo. Propio de «expertos» que se han creído su propia genialidad.
El trabajo que están haciendo los periodistas de desempolvar estas actas va a echar con tierra al mito de que la misa nueva sea:
No fue más que «destruir por destruir», sin ningún argumento fuera de «ya que podemos, destruyamos».
Don Antonio Royo Marín Parera. Palabras mayores. Para mi, venerable. El último dominico.