Ayer se realizó en Argentina una «marcha federal en defensa de la universidad pública», es decir, un intento del peronismo, del radicalismo y otros sectores progresistas de forzar el quiebre del superavit fiscal, provocar una debacle económica y forzar la salida del gobierno. Es así de sencillo. Pero el problema es más profundo que la coyuntura política, sobre lo cual no me interesa discutir, y tiene que ver con preguntarse si vale la pena defender la universidad pública, o la universidad a secas tal como se encuentra en la actualidad.
En Argentina, la universidad pública es gratuita para los estudiantes. La gratuidad engañosa se ha convertido en un dogma sagrado que nadie osa siquiera cuestionar. El problema es que la universidad no es gratuita: la pagan los ciudadanos argentinos, ricos y pobres, y la pagan los profesores con sus sueldos bajos. Hay que reconocer que con el gobierno de Milei, si bien los salarios en medidos en dólares se duplicaron, en términos relativos a la economía local, perdieron al menos un 30%. Sin embargo, como la universidad es autónoma, es ella la que distribuye las partidas presupuestarias. Si en verdad quisiera mejorar los salarios de sus profesores, podría eliminar las secretarías de género que pueblan sus facultades, dejar de repartir gratuitamente preservativos y anticonceptivos a los estudiantes, dar de baja a los cursos obligatorios anti-patriarcado y eliminar el 50% de los empleados administrativos que están demás. Jamás lo hará porque es una cuestión ideológica.
Por otro lado, la cacareada universidad pública arroja cifras espeluznantes. El promedio de egreso es del 20%. Es decir, de 10 estudiantes que ingresan sólo se graduan 2. Y para peor, el promedio de permanencia es de entre 7 y 10 años, el doble de la duración de cada carrera que, en la mayoría de los casos, es de 4 años. Estos números básicos indican que el costo promedio de cada egresado de las universidades argentinas es de U$50.000, bastante más caro que cualquier universidad privada. Esta es la gratuidad que se defiende.
La realidad es ya inocultable, y las autoridades universitarias saben que, sea con el gobierno de Milei o sea con cualquier otro gobierno, no podrán sostener lo que viene ocurriendo. La universidad como bolsa de empleo para amigos y entenados tiene los días contados. Por eso mismo, es que ya se están implementando medidas muy concretas para aumentar el egreso, lo cual bajaría las cifras escandalosas que reportamos más arriba. La primera es que los profesores deberán hacer todo lo posible, y aún lo imposible, para que los estudiantes aprueben las materias. Se aprueba a como dé lugar; esa es la consigna. En segundo lugar, es que a partir del año próximo, cada carrera universitaria, al menos las de ciencias sociales y humanas, deberá disminuir en un 30% sus espacios curriculares -es decir, los estudiantes tendrán un 30% menos de materias-, y solamente un 20% de las clases serán presenciales; el resto será on line. De esta manera, se busca, por un lado, aumentar el egreso y, por otro, disminuir considerablemente la planta docente. Cualquier persona sensata se dará cuenta que con estas medidas, la universidad se convertirá, en el mejor de los casos, en una academia Pitman con un poco más de relumbrón. Y nada más que eso.
Sin embargo, lo cierto es que la universidad hace varias décadas que dejó de existir. En todo caso, pueden encontrarse pequeños reductos aquí y allá que intentan mantener vivo el espíritu con que la universidad nació pero que tienen los días contados. La universidad dejó de existir cuando determinó que lo que a grandes rasgos podemos denominar «civilización occidental» era una rémora del pasado y debía dejar de enseñarse en las curriculas de todas las carreras. Sí; como decía Edmund Burke, el progresismo fue capaz de destruir en diez años lo que la civilización tardó siglos en construir.
La revuelta contra la Civilización Occidental que se vivó en los últimos cuarenta años en todos los países que integran ese occidente, barrió alegremente una tradición que, en realidad, era siglos más antigua de lo que la mayoría de la gente en ese momento reconocía. Nadie en el rebaño académico se detuvo a preguntar cuál podría ser el resultado de unirse a la estampida progresista que determinaba, por ejemplo, que nuestra civilización era patriarcal y heteronormativa; que España había sido el peor enemigo de América y que el cristianismo era un monstruo que había que erradicar (y rehabilitar las religiones de los «pueblos originarios»). Sin embargo, ahora, cuarenta años después, el lado negativo de nuestra inmersión voluntaria en la ignorancia del pasado occidental se ha hecho demasiado visible.
No es necesario tener una cultura privilegiada para constatar que Occidente es superior, y muy superior, cuando se compara con otras civilizaciones mundiales. Mientras Miguel Ángel pintaba los frescos de la Sixtina, los araucanos modelaban cacharros de arcilla; mientras los medievales contruían la catedral del Notre Dame, los habitantes de buena parte de África amontonaban ramas para guarcerse del clima. Esto, que es de lo más obvio, es muy difícil que sea aceptado por académicos y estudiantes porque la ideología les ha bloqueado la capacidad de leer justamente lo que es obvio.
Los estudiantes de hoy también saben casi nada sobre los logros positivos de Occidente. La pérdida de aprendizaje no es trivial. Sin entender la lucha en Occidente durante milenios para preservar la libertad y del cristianismo para erradicar la barbarie de las religiones paganas que no trepidaban en ofrecer incluso sacrificios humanos; sin entender el desarrollo excepcionalmente rico de la tradición del derecho romano; sin apreciar los roles que la argumentación, la hipótesis, el modelado matemático y el experimento replicable han tenido en la ciencia occidental desde los griegos, los jóvenes son más propensos a adquirir el estado de mente frívolo, ahora común, que piensa que los grandes logros civilizatorios pueden ser desechados sin pérdida, una vez encontrados los culpables de la “supremacía blanca”, en nuestro caso, los españoles católicos.
Nosotros, que vivimos ahora en países occidentales, independientemente de la parte del mundo de la que provengan nuestros padres y abuelos, hemos recibido la herencia extraordinaria —y sí, única— de la tradición occidental. Si queremos que nuestros hijos y nietos entiendan y se enriquezcan leyendo literatura y filosofía occidental, si queremos que entiendan los lenguajes arquitectónicos de los edificios que los rodean, si queremos que amen el gran arte y la música ofrecidos en nuestros museos y salas de concierto, construidos a gran costo por generaciones pasadas, debemos levantar el velo de negatividad que ahora cuelga sobre la civilización occidental en las mentes de los jóvenes. Y la mejor manera de hacerlo es estudiándola realmente. Y el lugar para ese estudio es la universidad, pero la universidad ha muerto.
El panorama que presento, y que conozco desde dentro, es tenebroso, y lo es sobre todo para los padres que tiene hijos que el algún momento deberán comenzar sus estudios universitarios. ¿Cuál es el futuro que les espera? ¿No hay soluciones? La pregunta es vieja y muchos se la hicieron antes que nosotros. Y la respondieron mirando a lo que hacían los medievales, con sus estudios universitarios: los estudiantes, al ingresar, tenían dos años de formación en «artes», es decir, de formación general en humanidades y, luego, se orientabann a las carreras que cada uno elegía. Es el sistema que se conservó en las universidades inglesas tradicionales como Oxford, Cambridge y Durham hasta no hace demasiado, y que muchos estadounidenses han reflotado desde hace algunas décadas con sus colleges en los que, a lo largo de dos años, y antes de ir a la universidad, los jóvenes se dedican a estudiar los grandes logros de la civilización occidental.
¿Puede replicarse ese modelo en nuestras tierras hispánicas? No es una tarea sencilla por varios motivos. En primer lugar, porque no es parte de nuestra tradición; es algo que perdimos en algún momento y, para recuperarla, hay que comenzar de nuevo. Por otro lado, es necesario tener voluntad de hacerlo y, además, tener mucho, pero mucho dinero, y ambas condiciones son más bien difíciles de conseguir. Finalmente, sería muy difícil convencer a los jóvenes que egresan de sus colegios, y más difícil aún convencer a sus padres, de la importancia de atravesar este ciclo previo. En muchos casos lo verían como una pérdida de tiempo y la inversión que implicaría dos años extras de formación para muchos sería imposible de afrontar.
No soy optimista sobre este tema. En todo caso, deberemos conformarnos e incrementar las iniciativas que están surgiendo en muchos ámbitos que buscan generar instancias de formación humanista paralelas a la formación habitual de las universidades. Mucho más, me parece a mi, no se puede hacer.

Me parece incorrecto culpar a los colleges estadounidenses por la «degeneración» moderna. El progresismo moderno que infectó al sistema universitario estadounidense y lo transformó en uno de sus principales reproductores, no es nativo de ese país, sino que es el resultado de una infección generada en Europa por franceses, alemanes y judíos. El que lo dude que recuerde la solicitada a favor de la pedofilia firmada por más de 80 intelectuales franceses como Foucault y Sartre, o lo que sucedió en Alemania en la República de Weimar, o en el Mayo Francés.
La otra cuestión es más empírica. Si los yankees pusieron a un hombre en la luna, y crearon Microsoft, Apple, Amazon, Google, Tesla etc evidentemente su sistema funciona bien, y Argentina debería ser capaz de formar universitarios en 4 años con títulos equivalentes al de Major en EEUU. La UBA sinceramente me parece demasiado difícil de reformar, pero reformar a la UTN no debería ser tan complicado.
Estimado Wanderer
Me sorprende la falta de referencia de los dos proyectos fallidos de universidades católicas. Fue un anhelo centenario del laicado que terminó de la peor manera y con un vaciamiento nunca aclarado en una de ellas. Además el responsable principal es el después papa Francisco. Sería interesante completar su análisis con una opinión en este tema. Saludos y gracias por su esfuerzo en pro de la verdad.
Para mì es muy grave q en la UBA dònde el 50% por lo menos de los alumnos proviene de colegios privados (el màs rasca y siome ronda las 100 lucrecias al mes) no se les pueda cobrar 20 o 30 mil pesos mensuales. Y q una vez egresados de la universidad, con 2 o 3 años de gracia por pago del derecho de piso, no se les exija q devuelvan mìnimamente en $ lo q el paìs invirtiò en ellos, verbigracia que durante 10 años x ej. abonen 1.000 usd anuales, q serìa una bicoca pagable para cualquier profesional.
Es interesante cómo critican la universidad pública con un discurso aparentemente “realista”, pero lo que se trasluce es otra cosa: una defensa de privilegios y un desprecio por todo lo que signifique acceso democrático a la educación.
Hablan de que “la gratuidad es un mito” cuando en realidad la gratuidad universitaria en Argentina permitió que hijos de trabajadores y sectores populares pudieran formarse, algo que en países donde todo es pago está vedado a quien no tiene plata. ¿Eso es un problema o un logro social?
Dicen que los egresos son bajos y los costos altos, pero nunca mencionan que la universidad pública argentina sigue produciendo ciencia, profesionales y conocimiento que se exporta y que sostiene al país. ¿Qué universidad privada en Argentina podría sostener el CONICET, el desarrollo nuclear, o los satélites de la CONAE?
Se quejan de las “secretarías de género”, de repartir preservativos o de materias críticas con el patriarcado. Es decir, no les preocupa la calidad educativa, sino que haya políticas que incomoden su visión conservadora. Lo económico es apenas la excusa para censurar lo que no les gusta ideológicamente.
También es hipócrita criticar que los jóvenes “tardan 7 a 10 años en recibirse” sin mencionar que la mayoría trabaja para sostenerse mientras estudia, justamente porque las condiciones sociales no son las mismas que las de Oxford o Cambridge, a las que ponen como ejemplo. Comparar Argentina con Inglaterra o EE.UU. sin reconocer desigualdades históricas es, como mínimo, deshonesto.
En definitiva, disfrazan de preocupación por la “crisis universitaria” lo que en realidad es un rechazo ideológico a la universidad pública, gratuita y plural. Lo suyo no es una defensa de la tradición occidental, sino la repetición del viejo discurso de las élites que siempre quisieron que la universidad sea un privilegio de pocos.
Efectivamente, considero que la universidad es para una elite, para unos pocos. Pero esos pocos no deben ser seleccionados por su capacidad económica sino por su capacidad intelectual. Y para eso estaban en Argentina los exámenes de ingresos, que la democracia de Alfonsín eliminó en nombre de la igualdad y otras especies progresistas.
Pero la progredumbre, se está encargando, con aquellas prohibiciones contra literatos y músicos de darles ese algo que está en la naturaleza humana, el gusto por lo prohibido, es cierto que han deshecho muchas obras, con sus intervenciones, pero no han acabado con el saber original.
la selección por examen de ingreso supone que previamente hay igualdad de oportunidades. Nego suppositum. Hace falta políticas de promoción previas y de mejora del sistema de la enseñanza media.
Notablemente, esa era exactamente la política de admisión a las universidades de la URSS. Con algun «toque» como la discriminación contra los judíos
https://en.wikipedia.org/wiki/Antisemitism_in_Soviet_mathematics
Graduados en necedad
Lo aprobado y ahora ratificado en relación al financiamiento universitario mediante la cual se propone una actualización de partidas presupuestarias para el próximo año. Allí se establece una recomposición salarial para docentes y no docente desde diciembre de 2023 hasta la sanción de esta ley por inflación acumulada, para luego actualizarse de manera mensual por IPC.
De acuerdo con algunos analistas los recursos asignados en 2025 para el Programa de Desarrollo de la Educación Superior se ubican en su nivel más bajo de los últimos años. El presupuesto para 2025 es un 9% inferior al del año pasado y acumula una caída del 32% desde 2023. Este recorte compromete el funcionamiento de las universidades y limita su capacidad para garantizar el acceso a una educación superior gratuita y de calidad según las expresiones de los senadores que promovieron y aprobaron la nueva norma.
Educativamente hablando, estamos fundidos segun el estado de la universidad pública y el evidente fracaso de las políticas del sector como así también la gestión de las mismas.
El problema del sistema universitario argentino “no es de caja”, o mejor expresado diremos que se convirtieron multimillonarios presupuestos educativos “en cajas políticas”, desde donde se financia el esnobismo ideológico de turno, a sus cultores y militantes. Ciencia, poco y de escasa calidad.
Según la información oficial del área en 2024 se destinaron $2,94 billones a las universidades, equivalentes al 1,04 % del PIB. Más del 90 % de los fondos se aplicó al pago de salarios docentes y no docentes, quedando un margen ínfimo para funcionamiento.
El costo por alumno ascendió a $1,5 millones al año, mientras que el costo promedio por graduado trepó a $34,7 millones.
En Tucumán, por ejemplo, cada egresado de universidad pública le costó a los argentinos $63 millones, en la Universidad Pedagógica Nacional la cifra llegó a $267 millones.
El informe también da cuenta que el ciclo académico 2023 tuvo el récord de 84.871 graduados. Cifra baja frente a los 1,9 millones de estudiantes activos. Desde 2013, la matrícula creció 39 %, pero los egresados apenas un 10 %.
En la comparación internacional, la Argentina queda rezagada: 20 egresados cada 100 ingresantes, contra 27 en Brasil y 82 en Chile. Además, solo el 19 % de los jóvenes de entre 25 y 34 años tiene un título terciario o universitario, mientras que el promedio de la OCDE es del 48 %.
La baja productividad académica es otra característica: el 55 % de los estudiantes no aprueba más de una materia por año, y solo el 13 % logra cursar seis o más para avanzar en tiempo teórico.
Las diferencias entre universidades son marcadas. Mientras en Lomas de Zamora se gradúan 11 cada 100 alumnos, en la Universidad Nacional de Rosario apenas 3,8 en la Universidad Nacional de General Sarmiento o la Universidad de las Artes, la tasa se derrumba a menos del 1 %.
Deberíamos preguntarnos honestamente ¿Qué universidad estamos financiando?; ¿Quiénes se benefician realmente con ello? y si no es el momento de sincerar las cosas.
Tanto el artículo como el debate que ha generado me parecen muy interesantes y se me ocurren muchos comentarios y respuestas. Me tomo la libertad de incluirlos todos en un solo texto.
La expresión «teoría queer» es introducida en 1990 por Teresa de Lauretis, y es adoptada rápidamente por otros y otras referentes como Gloria Anzaldúa, Eve Kosofsky Sedgwick, Judith Butler, Michael Warner, José Esteban Muñoz y Paul B. Preciado.
Pues bien, resulta que casi todos estos personajes han sido profesores de universidades como Cornell, Yale, Amherst, Nueva York, John Hopkins, Boston, etc.
Gracias, perdón por la extensión del comentario y un cordial saludo a todos.
Muchas gracias por su mensaje. Clarísimo y no puedo estar más de acuerdo con él.
Sólo un detalle porque creo que fue mal interpretado. Cuando me refiero. Los colleges americanos. No me refería por cierto a las universidades de élite que usted menciona. Me refería a iniciativas como el Aquinas o el Thomas More o el Magdalen college, o tantos otros como el estilo.
¿Y qué dice de la antaño gloriosa Universidad de Salamanca…?
De gloriosa nada. El escolasticismo español barroco e intolerable adoleció de una fuga de la realidad concreta. La cual, ni siquiera tuvo el tino de sublimar por vía de poesía, mística o alegoría como los buenos medievales. En cambio, degeneró en distinciones infinitas y un conceptualismo estéril para gusto de los logicistas. Entiendo que hay que amar la Madre Patria y todo lo que quieran, pero evitemos hacerlo sin mirar los hechos positivos. En este caso, el hecho positivo es que el more deuteroescolástico le parece insufrible a cualquiera que haya gustado del perfume de la sobriedad clásica.
Sumamente gloriosa, como lo muestra la Escolástica tomista que allí floreció: por citar algunos, Cano, Vitoria, Báñez, Soto…
Muy bueno. Una mínima precisión, la universidad pública (estatal sería lo correcto) no era gratuita hasta 1983 (excepto algunos períodos experimentales muy breves).
Mi opinión personal es que esa educación debe empezar antes de la universidad. Ese páramo inútil por el que son obligados a pasar nuestros adolescente llamado escuela secundaria debería empezar con esa educación. Porque son los adolescentes aquellos que las fuerzas nihilistas salen a pescar, ahí ya hay que dar erramientas para el buen pensar.
NICO
Lo realmente terrible es que, lo que hubiera tenido que ser la verdadera universidad, que tantos comprometidos católicos soñaron y que tras mucho y prolongado esfuerzo lograron finalmente fundar y poner en marcha, no está mucho mejor, con el agravante de llevar el adjetivo de «católica» en su nombre. Que una persona del nivel intelectual y moral de Tucho haya llegado a ser decano y rector de la misma, con complicidad del claustro docente y de Roma, es claro síntoma del pavoroso estado de una institución que ha traicionado los ideales de sus fundadores y el fin de la universidad católica.
NICO
Digamos en defensa de Roma, que el nombramiento de Tucho como rector fue muy resistido, y sólo se logró por la insistencia y bravuconadas de Bergoglio.
La UCA maldijo su destino cuando dio el visto bueno para construir como capilla universitaria ese adefesio que llaman «iglesia del sagrado corazón».
Estimado Wanderer: Muy oportuna y necesaria su entrada.
El Congreso Pedagógico y el Ciclo Básico Común, que en cierta forma podrían haber servido para algo, fueron totalmente frustrados por el supuesto padre de la democracia, que prefirió imponer su perversa ideología masónica antes que realizar algo realmente significativo. Ya sabemos que fue un desastre en todo ese lamentable personaje.
Como padre de un adolescente de 15 años, me alarma la situación de la universidad argentina, por su falta absoluta de universalidad, su positivismo y su progresismo. Por eso, mientras no se implemente una propuesta como la suya, la única solución que veo es el trabajo personal y artesanal de formar nosotros mismos a nuestros hijos en la tradición del occidente cristiano y católico, además de enviarlos a un buen colegio antiprogresista. Mi hijo está leyendo en estos momentos La Nave y las tempestades, Leyendas negras de la Iglesia, Volver a matar y algún otro que le voy dando. Hay que animarse a hacerlo porque es sorprendente el interés y el entusiasmo que muestra por ese tipo de lecturas. Espero poder hacer lo mismo con mi hija de 13 años cuando crezca un poco más.
Don Wander: muy buen artículo… Su frase «Civilización occidental es la cristiandad. El resto, es una falsificación» es exacta. Un pequeño aporte acerca de eso está en este post del blog «Decíamos ayer»: https://blogdeciamosayer.blogspot.com/2025/09/tres-siglos-de-cristiandad-fragmento.html
Pienso que no es occidente sino la cristiandad. Hispanoamerica no es occidental, es la cristianda, eso es lo que hay que restaurar. Que europa tenga catedrales mientras aquí alfarería es por un tema de tiempo y geografía, cuando llegó la civilización cristiana también sw hacían catedrales y se cristianizó lo que ya había. Lo que somos es la Cristiandad, no occidente
Es que Occidente, o Europa, es la Cristiandad.
Considere, por favor, que el nombre «occidente» o «civilización occidental» es equívoco. La escuela de Gustavo Bueno ha trabajado mucho al respecto, bajo consignas como «España contra Europa» o «Hispanoamérica contra occidente». Independientemente de los esoterismos de escuela, las ideas de fondo pueden ser esclarecedoras, siempre que se entienda que las voces que más peroran sobre «occidente» son las anglosajonas y protestantes. De hecho, buena parte de la insistencia en favor del vocablo procede del anticatólico siglo XIX y como una estrategia precisamente de secularización de los «valores culturales» en tanto independientes de la religión. Cuidado.
Tiene razón. Hablar de Occidente se ha vuelto equívoco.
Somos «otro» Occidente. Los eurocentristas no lo entienden. Los USA menos. Sus colonizados locales tampoco. Pero lo somos. Juan el Gris
Pasa que los de la Fundación G. Bueno son como una especie de círculo cuadrado: materialistas, no sé si hasta marxistas, ateos… y se la quieren dar de humanistas. Son un atropello a la razón, como dice el tango.
Irenaeus
Se supone que la formación general en humanidades se hace durante el bachillerato, aunque es verdad que las humanidades casa vez tienen menos peso en esta etapa formativa.
Pues no. Las humanidades no tienen ningún peso en el bachilerato, salvo en algunos pocos países. Por eso mismo, nes necesario hacerla en otra etapa.
Pero el secularismo es una de las aportaciones más notables y persistentes de la civilización occidental. Serán nececesario un «politburó» cultural que nos indique qué fragmentos de la civilización occidental conservar. Por cierto, ningún fenómeno más secularizador que el capitalismo. Permanecer abrazados a Milei me resulta muy disonante en esta defensa de la civilización occidental y la tradición. Podríamos dejar de nombrarlo. Ya es un lastre.
Sobre cuestiones políticas, con Milei o contra Milei, aquí no discutiremos.
Y su afirmación de que «el secularismo es una de las aportaciones más notables y persistentes de la civilización occidental» indica que usted tiene un concepto muy equivocado y moderno de esa civilización. Civilización occidental es la cristiandad. El resto, es una falsificación.
Exactamente. Estoy de acuerdo en que mantengamos el consenso de no usar palabrotas en esta página. De his ne nominetur in nobis
El posteo es una mezcla de verdades a medias, afirmaciones sin respaldo y una visión simplista de un sistema complejo. El texto utiliza argumentos ideológicos y anacrónicos para proponer soluciones simplistas a problemas complejos y por otro lado ignora el contexto socioeconómico y político de la educación superior en Argentina, presenta una visión sesgada de los problemas y ofrece soluciones que no tienen en cuenta la realidad de las instituciones universitarias. Confunde los efectos con las causas, utiliza falacias para justificar una agenda política y simplifica de forma irresponsable un problema estructural que requiere un debate serio y soluciones a largo plazo.
Es correcto que la universidad pública la pagan los ciudadanos con sus impuestos, y por lo tanto, no es «gratuita» en el sentido literal. Sin embargo, la gratuidad del acceso a la educación es un principio fundamental en Argentina, consagrado por ley. El término «gratuidad» se refiere a que los estudiantes no pagan una matrícula o arancel. Usted Wanderer, utiliza la palabra «engañoso» para cuestionar un derecho y un consenso social, en lugar de reconocer que es una política de Estado con un costo que asume la sociedad. El costo de la universidad, como el de la salud pública o la seguridad, se considera una inversión social.
La afirmación de que los profesores «pagan la universidad con sus sueldos bajos» es una simplificación extrema. La realidad es que los salarios docentes son un problema real y crónico en Argentina, pero atribuirlo a la «autonomía» universitaria y a la distribución interna del presupuesto es desviar la atención del problema principal: el presupuesto universitario es, en gran medida, definido y asignado por el Poder Ejecutivo nacional. Aunque las universidades tienen autonomía para distribuir ese presupuesto, su capacidad para aumentar salarios de forma significativa es limitada si la partida presupuestaria general no crece en línea con la inflación y las necesidades.
La afirmación de que «con el gobierno de Milei… los salarios en medidos en dólares se duplicaron» es, en el mejor de los casos, una falacia. Si bien es posible que en un momento puntual de devaluación el tipo de cambio haya hecho parecer que los salarios subieron en dólares, la realidad económica del país muestra que el poder adquisitivo de los salarios, en pesos, ha disminuido drásticamente debido a la altísima inflación. La afirmación de que «perdieron al menos un 30% en términos relativos» es una contradicción que invalida la primera parte de la frase y confirma la pérdida de poder de compra.
La afirmación de que el 50% de los empleados administrativos están de más es una generalización sin ningún tipo de evidencia. Las universidades son instituciones enormes y complejas que requieren una estructura administrativa para funcionar, gestionar inscripciones, expedientes, becas, investigación, extensión y servicios a la comunidad, también aspirarle la alfombra de su despacho. Reducir la mitad del personal paralizaría completamente a las instituciones. Usted, Wanderer, utiliza este argumento para justificar un recorte, sin entender el funcionamiento real de una universidad.
El texto que la universidad «jamás» resolverá los problemas salariales «porque es una cuestión ideológica» es ideológico y maniqueo. Esta afirmación es una simplificación extrema que busca culpar a un enemigo ideológico («la universidad») en lugar de abordar la complejidad de las políticas de Estado, la inflación y la financiación educativa. Es una visión maniquea que no ofrece soluciones reales y que polariza el debate.
El texto presenta una crítica a la universidad pública argentina que, si bien aborda problemáticas reales como el bajo egreso y la extensión de las carreras, las mezcla con datos dudosos, una visión parcializada y, finalmente, desvía el foco hacia una crítica de tinte ideológico sobre la «civilización occidental». La argumentación, en vez de ser un análisis riguroso, se convierte en un manifiesto que combina datos (a veces cuestionables) con juicios de valor y afirmaciones sin respaldo, lo que debilita su validez.
Por otro lado, se construye una crítica a la universidad pública a partir de varios puntos que se deben analizar de manera independiente para entender las falacias y sesgos que contiene.
Usted, Wanderer, comienza con datos sobre el bajo porcentaje de egreso (20%) y la extensión de las carreras (7-10 años). Estas cifras, si bien son reales en algunos casos y reflejan una problemática, son generalizadas y no contextualizadas. No todas las carreras tienen el mismo rendimiento. Por ejemplo, las carreras de ciencias de la salud o ingenierías suelen tener un mayor nivel de exigencia que Filosofía y, en algunos casos, una menor tasa de egreso que otras áreas. Generalizar la cifra del 20% para «la universidad pública» sin diferenciar disciplinas o instituciones es una simplificación extrema.
El cálculo de que «cada egresado… es de U$S 50.000, bastante más caro que cualquier universidad privada» es una afirmación sin un método de cálculo claro. Los costos de una universidad pública son complejos y no pueden ser comparados directamente con una matrícula privada, que no contempla la inversión en investigación, extensión, becas, desarrollo de infraestructura y mantenimiento que sí realiza el Estado. Además, el costo para un estudiante en una universidad privada es la suma de los años de matrícula, mientras que el costo para el Estado en la pública incluye la inversión en el sistema, no solo en el estudiante que se gradúa. La comparación es, por lo tanto, falaz.
El texto sugiere que la universidad es una «bolsa de empleo para amigos y entenados» y que se están implementando medidas como aprobar «a como dé lugar» y reducir materias para aumentar el egreso y «disminuir la planta docente». Estas afirmaciones carecen de respaldo y se presentan como hechos consumados.
La idea de que los profesores están siendo instruidos para aprobar a los estudiantes sin importar qué, con el objetivo de bajar costos, es una acusación grave y sin pruebas. Si bien puede haber presiones o cambios en los métodos de evaluación, presentar esto como una «consigna» generalizada es una generalización alarmista y deshonesta.
El texto afirma que las carreras de ciencias sociales y humanas reducirán sus materias en un 30% y que las clases serán en su mayoría online. Esta información, presentada como un hecho, no corresponde con ninguna política educativa o resolución de los órganos de gobierno universitarios. Al momento de redactar esto, no existe ninguna medida oficial que ordene semejante modificación. Wanderer las presenta como un hecho consumado para reforzar su crítica de que la universidad se convertirá en una «academia Pitman», desacreditando cualquier cambio o adaptación al contexto actual.
El punto más débil y problemático del texto es su abrupto cambio de tema. Después de hablar de datos y eficiencia, se abandona ese camino para centrarse en una crítica nostálgica y profundamente sesgada de la universidad por haber «dejado de existir» al no enseñar la «civilización occidental».
El principal problema que se plantea no es la crítica a la universidad “per se”, que tiene todo por mejorar, sino el método de la crítica. Se basa en prejuicios, afirmaciones no verificables y una visión simplista que ignora la complejidad de los problemas.
Un consejo: Quizás su mayor potencial se encuentre en el análisis de temas religiosos. He notado que su verdadera vocación parece estar en los asuntos del espíritu.
CEFK
No cabe duda que es usted es CEFK, Cristina Elizabeth Fernández de Kirchner, con sus peroratas eternas e insoportables.
Simplemente le recuerdo que soy un simple bloggero, que escribe artículos más o menos periodísticos para un blog. No pretenda entonces verificaciones científicas para todas las afrmaciones que hago. No voy a escribir un artículo científico, ni un libro. Apenas escribo un post destinado al público en general.
Todas sus argumentaciones, sin embargo, dejan ver la cola de la sota, cuando afirma que al cuestionar la gratuidad cuestiono «un derecho y un consenso social, en lugar de reconocer que es una política de Estado con un costo que asume la sociedad». Me importa un bledo el consenso social y las políticas de Estado que puedan surgir de la Reforma Universitaria de 1917 y del populismo peronista de 1949. La universidad gratuita garantiza un derecho para todos, y allí está el problema: la universidad no es para todos, es para una elite. Y cuando se pretende que sea para todos, surgen los problemas que venimos sufriendo desde hace un siglo.
Y por favor, no me haga reír con los fondos que destinan las universidades nacionales a investigación…. No cuestiono los fondos, cuestiono la calidad de esas investigaciones.
Estimado W, estoy de acuerdo con la universidad pública y su gratuidad. Lo que está mal es el ingreso irrestricto sin exámenes exigentes, también está mal que si un alumno no rinde lo que corresponde durante la carrera lo dejen continuar, y por supuesto que no cumpla los plazos estipulados de duración de la carrera. La lista de exigencia podría seguir, como le eliminación de centros de estudiantes y militantes varios, la reducción de personal no docente innecesario, etc.
En Argentina es una especie de tradición la universidad pública y gratuita y, humildemente, creo que hay que conservarla, pero limando lo que no vaya en línea con la auténtica vida universitaria.
Voy a decir algo antipático. No es un «defecto» que sólo el 20% de los que ingresan a la UBA se gradúen, ya que el «ingreso» es considerado el CBC, que es más un examen de ingreso que dura un año que un ingreso a la universidad real (tengo entendido que el porcentaje es mucho más alto entre los que aprueban el CBC) , y porque el nivel con el que salen los chicos del secundario es paupérrimo. 20% es exactamente lo esperable. Que ese porcentaje se eleve es más responsabilidad de la escuela primaria y secundaria (y del desempeño de la economía argentina y nivel general de prosperidad de la nación, es mucho más difícil recibirte si tenés que tener un trabajo tiempo completo desde los 18 años porque no te mantienen tus padres.) que de la UBA.
Yo creo que lo mejor sería eliminar el CBC y reemplazarlo por un simple examen de ingreso. El material a estudiar puede subirse gratis a una página de la UBA como pdf, y las clases pueden subirse a youtube. Los argentinos tardan mucho en recibirse, y perder un año en el CBC es gran parte del problema.
Quiero aclarar que no culpo a los docentes por la situación de la escuela secundaria. Los principales responsables son los pedagogos (generalmente pedagogas), su fanatismo por la inclusión, y su aplicación de teorías pedagógicas catastróficas como las de Freire, o el abandono de lo fónico en la alfabetización de niños. Los padres también tienen gran parte de la responsabilidad. Cada docente que se propone hacer su trabajo bien se arriesga a ser trompeado por un padre.
Voy a quebrar una lanza por Freire: el hombre estaba hablando de que no se le puede enseñar a adultos analfabetos a leer y a escribir como se le enseña a los niños, y proponía una manera de hacerlo. Que otros pícaros sinvergüenzas lo hayan querido aplicar para todo es otra cosa.
La solución más probada es la de los colleges, pero si no hay un cambio de mentalidad y mucho dinero, es dificilísimo. Y los católicos argentinos estamos muy acostumbrados al gratis date.
Yo me dedico a las humanidades. Solía dar charlas (una charlita, como le dicen), también guiaba grupos de estudios e incluso llegué a dar clases, y todo sin cobrar un peso. Me cansé mental y físicamente. Tengo una familia que mantener y estoy en un país donde vivir de las humanidades es muy difícil.
Además, un dato no menor: con el tiempo he aprendido que lo que se da gratis no se valora. Así es la psicología humana.
Estimado Wanderer
Por esas “coincidencias” días pasados estaba leyendo la conferencia del P. Julio Meinvielle en la Ciudad de Córdoba el 12 de diciembre de 1972, sobre la “Desintegración de la Argentina”.
Extraigo algunos párrafos:
“La universidad es lo que se encuentra más desquiciado en el país. No costaría mucho rastrear la causa de este desquiciamiento total, que, a su vez, produce el desquiciamiento cultural de nuestra juventud. La cultura moderna que se prodiga en nuestras universidades, cuando se da con atuendo académico de presunta jerarquía, es intrínsecamente perversa y desquiciadora. La universidad cada vez alcanza a dar con menor eficiencia el “saber profesional”. Hablamos de las Universidades clásicas en el país: las de Buenos Aires, La Plata, Bahía Blanca y Córdoba… Porque referirnos a las universidades menores que se multiplican cada día sería caer en el anecdotario fácil” ……Hablar de ciertas universidades como la del Salvador, universidades sectarias, ganadas por el freudismo y el marxismo….el asunto aparece claro, por ejemplo, en economía y en derecho, en que los planteos son liberales y marxistas y no pueden acomodarse a la realidad social; por lo tanto, chocan con el realismo propio de la clase laboral y del país”
“Insistamos un poco en este punto, que consideramos de primera Importancia La universidad no dispensa en la formación de la inteligencia argentina las ideas mínimas para una recta orientación humana. Al haberse dejado ganar por las ideas agnósticas y subjetivistas, de la cultura moderna, ha perdido el recto sentido de la vida; y al perder el sentido de la vida, ha perdido consiguientemente el sentido de la política y de la economía. Nuestras clases presuntivamente dirigentes han pervertido su inteligencia en la Universidad y se han convertido en focos de corrupción para toda la vida argentina. El proceso de corrupción ha comenzado como el liberalismo del siglo pasado y ha continuado agravado con el socialismo y el comunismo del siglo presente”.
“No digamos ya que ha habido una ignorancia absoluta de la única doctrina que podía todavía salvar a los pueblos: la doctrina social de la Iglesia, que, en lo que se refiere a política, enseñaba el bien común como ley suprema de la ciudad, y en lo que se refiere a economía preconizaba la justicia social como ley de las relaciones del sector laboral y del empresarial; por lo contrario, ha habido una positiva inculcación de los errores liberales, socialistas y comunistas. Al fracasar nuestra universidad como dispensadora de saber profesional y cultural se ha de producir el fracaso y desquiciamiento de toda la cultura popular. En lugar de estar nuestra cultura popular orbitada por la cultura universitaria, más bien lo está ésta por aquella. El hecho es que nuestro pueblo decae sensiblemente en el gusto artístico, en la recta apreciación de las cosas y en las buenas costumbres”.
Me cuestiono por qué es necesario esperar tanto, hasta después de los 18 años, para leer literatura que debería ser formativa. Muchos medievales empezaban la universidad a los 14, 15, 16 años; y es mucho más apropiado leer los clásicos en ese momento. Yo leí por mi cuenta las dos épicas homéricas y una buena dosis del teatro clásico cuando tenía esa edad, y no quedé traumado.
Si vamos a los anglosajones (y alemanes, no olvidemos que todo esto lo copiaron de Alemania a fines del XVIII) ellos terminaban la escuela secundaria con un nivel de lectura fluido en latín y griego, habiendo ya leído varias obras en idioma original. No es lo mismo entrar así a un college, que hablando a duras penas castellano, como ahora.
Y el otro mito es que esta educación sea para todos, o para muchos. Gran parte de la deserción o larga permanencia universitaria surge del engaño comunista de que «todos pueden estudiar». Es una estrategia para frustrar a los jóvenes y que, amargados, hagan la revolución. Cuántos sueños rotos y años perdidos para gente que nunca debió haber iniciado una carrera.
Pregunto….¿ es un divague pensar en volver a las raíces de la universidad, en los salones de la parroquia, en el garaje de un hombre universal…al modo de «micro universidad» que nutra las micro cristiandades que cimenten las buenas familias… ?Algo así como un entorno de formación paralela, de formar «anticuerpos» en nuestros hijos contra la hecatombe ideológica… No sé…, pienso en voz alta…pues en algunos ámbitos se está dando esto…. y es un consuelo saber que hay un caminito para no desesperar… Oremos.
Yo soy optimista de largo plazo. Se puede hacer mucho con poca plata si hay voluntad y generosidad. Recomiendo leer la novelita Farenheit 451 de Ray Bradbury y reflexionar sobre la tercera parte.
Estimado Wanderer , me pregunto si está usted al tanto de la educación en Artes Liberales que propone el colegio San José de las Fuentes en Buenos Aires y , de ser así , si lo considera como una alternativa a esa formación esencial de la cual carece nuestra universidad.
Claro que conozco esa propuesta, y no es el único caso en Argentina. Hay varios más. Pero todos ellos son colegios secundarios, cono colleges en el sentido anglosajón, es decir, instancias que que se cursan luego de los estudios secundarios y antes de los universitarioos propiamente dichos.
De todos modos, tanto el San José, como el Sedes Sapientiae, Jauja y varios más, son excelentes y es lo mejor que puede alcanzarse en nuestro país.
La Academia San Isidoro de Sevilla, naciente pero ya en funcionamiento en Bella Vista (Prov de Buenos Aires) es una de estas muy loables iniciativas.
Sin dudas son propuestas muy loables. El único detalle es que no están ni por cerca de ser accesibles para la gran mayoría de la gente. Y ahí vamos a otro tema y es que no hay propuestas de este tipo de amplio alcance. Es evidente que tienen el alcance que tienen que tener. Sin embargo, mientras a la gran mayoría de las clases media-baja y baja no les lleguen propuestas de este estilo, poco lograrán en su empeño de transmitir algo de cultura, y la decadencia continuará y continuará.
Comparto su pesimismo, Wanderer. Me consta que padres de alumnos han escrito correos electrónicos a docentes para increparlos y exigirles que los aprueben. Por su parte, los docentes deben ser terriblemente escrupulosos al responder, pues si dicen cualquier minúscula cosa «demás» ponen en riesgo su trabajo.
La universidad está llena de un puñadito de maricones y enfermos; otro poco es el de los burócratas bien pagos. Ahora bien, el número de los indolentes compite con el de los granos de arena. La estupidez es una forma del mal muy terrible. Hablar no tiene caso, se requiere palabra y elocuencia. No basta el estrépito de voces irracionales, incluso si cada tanto emulan vagamente algún concepto conocido por la ecúmene a la que no pertenecen. En suma, se requiere civilización, lo que al día de hoy es un término contrapuesto al de la universidad. Está poblada por bárbaros: torpes, feos, ignaros, sin urbanidad, chillones, afeminados, reactivos, &c. A veces pareciera que la mejor manera de combatirlos es no intervenir y dejar que se joroben solos. Son muy poca cosa como para darles el peso de oponentes.
G. Marivs
Así como Wanderer añora una Iglesia Católica que nunca existió (salvo en su imaginación), ahora nos trae su panegírico de una «civilización occidental» que me temo también ha existido únicamente en su imaginación. No parece que estuviera refiriéndose a la «civilización occidental» que nos dio la esclavitud, la Inquisición, el liberalismo, el socialismo, el comunismo, el fascismo, el nazismo y, en la Argentina de hoy, el «anarcocapitalismo» del apóstata Milei. Baje de la nube, Wanderer.
Estimado, si usted opina honestamente lo que dice en su comentario, no me queda más que lamentar su tendencia masoquista al acercarse a la vecidad de este blog.
Este comentarista me recuerda a un compañero de seminario, psicólogo el muchacho, que cuando te escuchaba decir algo que no le gustaba te decía «eso está en tu imaginación», «eso no existe fuera de tu cabeza».. Serás vos muchacho? Es mucha casualidad, porque no sé si por lo chismoso o simplemente curioso, le encantaba meterse en todos los circulos tradicionales que encontraba.
Nada bueno encuentra en las artes? Nada bueno en las ciencias exactas? Me da que es un egresado de la última década de alguna universidad argentina, ya se la culpa la tiene el hetero-patriarcado ¿Verdad?
También hay que comentar la entrevista del Papa!!!! Creo que ha dado un par de aldabonazos muy bien dados.
Respecto a lo del final del post, recomiendo como alimento para la reflexión, la conferencia de D.L. Sayers titulada «the lost tools of learning».