
Quien orondamente preside este post es Su Eminencia Reverendísima el cardenal Ángel Sixto Rossi, S.J., arzobispo de Córdoba y Viuda Madre de todas las viudas del Papa Francisco. Podemos verlo en el momento de distribuir la comunión durante la celebración de la Santa Misa que él mismo ha presidido. No usa casulla ni amito, aunque el palio no se lo saca ni para ducharse, no sea que alguien cuestione su autoridad. Ha utilizado vasos sagrados de cerámica, no ha usado atril o almohadón para el misal y el sacerdote que se ve al fondo no ha dudado en vestir su alba sobre un suéter negro de cuello de tortuga obesa que ni Michel Foucault se animaría a lucir. Es pocas palabras, en esta misa el cardenal arzobispo ha infringido un buen número de normas litúrgicas perfectamente establecidas en el misal romano promulgado por Pablo VI.
Sin embargo, cuando los fieles de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de Villa Allende, Córdoba, desean con la libertad que les brinda ese mismo misal comulgar de rodillas, son maltratados por el párroco, Andrés Rousseu Salet, hecho sobre la cual el cardenal Rossi guarda silencio.
La situación se repite desde hace varios años: destrato por parte del párroco y silencio por parte del arzobispado, cuando los fieles reclaman sinodalmente.
El hecho más grave ocurrió el pasado 8 de diciembre, cuando se negó la comunión a una niña con autismo que se arrodilló para recibir la eucaristía. Para ella, arrodillarse constituye un pilar fundamental de su fe y la situación por la que debió atravesar la afectó profundamente. Curioso que el sacerdote don Andrés, que es médico y se presenta como experto en bioética, no caiga en la cuenta de estos detalles. Él, además, que habla de la compasión como ejercicio sinodal de sanación.
Uno de los presentes acudió a hablar con el párroco y obtuvo como única respuesta “No me molestes con tonteras”. La madre de la niña, que es una buena católica y una buena madre, preguntó también al sacerdote las razones de su conducta y no obtuvo respuesta. Insistió a través de las redes sociales;, pero el buen párroco la bloqueó. Escribió al dicasterio de Culto Divino, al arzobispo de Córdoba y a la Nunciatura Apostólica. Nadie respondió a su pedido.
Lo mismo había ocurrido hace un año con otro feligrés de esa misma parroquia y oveja de ese mismo señor párroco: maltrato, y silencio por parte del arzobispo cuando se recurre a él. La sinodalidad y la parresía funcionan solamente cuando conviene al tiranuelo de turno.
Resulta cuanto menos curioso, que personajes como el cardenal Rossi, tan campechano él y descuidado en la cuestiones litúrgicas como vemos en la foto, sea tan injusto y hasta cruel cuando sus fieles le suplican solamente la posibilidad de recibir el Cuerpo del Señor de rodillas (Ah, había olvidado que está en comunión. No hay nada malo entonces…)
Creo que puede ser algo más grave que simple desaprensión el empeño que tienen los obispos argentinos en impedir que los fieles comulguen de rodillas o incluso en la boca. ¿Por qué ese tozudez? ¿Por qué provocar inútilmente conflictos cuando podrían evitarlos siendo compasivos y sinodales?