Miércoles Santo

La inmaculada Cordera, viendo al Cordero siendo llevado al sacrificio, salió de prisa seguida por las otras ovejas lamentándose y exclamando: ¿Adónde vas, Hijo mío? ¿Por qué cumples tan velozmente esta carrera? ¿Acaso hay otra boda en Caná, y Tú corres allá para convertir el agua en vino? ¿Iré contigo, Hijo mío, o esperaré hasta que Tú regreses? Di me una palabra, oh Verbo; no pases en silencio ante mí, que Te preservé en mi pureza: Tú eres mi Dios y mi Señor.

Himno bizantino de la Madre de Dios ante la Cruz

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