Somos como ellos

El viernes de la semana pasada publiqué en el blog un post de Natalia Sanmartín Fenollera aparecido originalmente en 2016. Y creo que lo que se trata allí, puede ser observado desde dos perspectivas distintas. 

La primera es la que aparece con evidencia en el artículo. Nos separa de ellos nuestra debilidad, una debilidad casi monstruosa, impensable hace un par de siglos, y que atañe no sólo al cuerpo sino también al alma, es decir, una debilidad emocional. Somos débiles de cuerpo y de alma. Los habitantes de Argentina, tierra de inmigración, podemos verlo si volvemos la vista atrás y consideramos el modo en el que llegaron los inmigrantes a nuestro país hace cien o doscientos años: hacinados en barcos durante un mes, para llegar a Buenos Aires y pasar por esperas y humillaciones; tomar un tren que, durante días, atravesaba la polvorienta pampa y arribar a destinos tropicales, o áridos y secos, o helados. Y allí no terminaban las penurias, sino que allí comenzaban. Y yo tengo buenos amigos europeos que me dicen: “Yo iría con mucho gusto a Argentina, pero es un viaje muy largo”.

En cuanto a la debilidad emocional, creo que es todavía más profunda. Nadie puede negar lo doloroso que es perder un familiar cercano, sobre todo cuando esa muerte es del todo inesperada por la juventud del difunto: perder un hijo, perder a los padres, hermanos, etc. Pero ellos —los ellos del artículo— perdían hijos al nacer, y con frecuencia en su primera y segunda infancia. Y con frecuencia también perdían a sus cónyuges y a sus padres cuando éstos atravesaban los 40 o los 50 años. O bien, las jóvenes se casaban con un tal al que apenas conocían porque esa era la voluntad más o menos manifiesta de sus padres, o porque eso es lo que se suponía que debía hacer. Y nadie hacía grandes alharacas por estas heridas emocionales: apretaban los dientes, hacían de tripa corazón, y seguían adelante con la vida. 

Nosotros, aunque nos lo propusiéramos, seríamos incapaces de soportarlo. Somos demasiado débiles. Recuerdo que en los años ’90 existía en Francia una fundación de capuchinos tradicionalistas que, entusiasmados, adoptaron la regla original de la orden. Por supuesto, duraron poco tiempo en el empeño, y tuvieron que adoptar una regla más mitigada. Y el problema no es que fueran flojos, sino que adolecían de una debilidad (por ejemplo al frío) que los religioso de hace dos siglos superaban con facilidad. Y con las debilidades emocionales ocurre lo mismo; y los ejemplos sobran.

La constatación de esta realidad podría ser descorazonadora para todos nosotros. Somos tan débiles que jamás seres capaces de alcanzar los ideales que nos hemos propuesto, por los que luchamos y por los que dejamos la vida. O, en el mejor de los casos, apenas si recorreremos breves distancias, mientras que ellos recorrieron largos caminos. Y sin embargo, no es así, porque somos como ellos. Y esta es la otra perspectiva desde la cual puede ser leído el artículo.En primer lugar, por una profunda razón metafísica: compartimos la misma naturaleza humana; somos tan humanos unos como otros y esa naturaleza común nos identifica. Y en segundo lugar, porque nuestra naturaleza humana está caída como estaba la de ellos. El pecado original nos atraviesa a ambos. Tendremos, ciertamente, más debilidades fruto de la vida muelle que nos ha traído el avance de la ciencia, pero la herida es la misma en unos y en otros.

Y aporto evidencia. Ya he declarado en este blog en varias ocasiones mi predilección por la literatura española de la segunda mitad del XIX. Es verdad que muchos de esos autores eran liberales y anticlericales, pero nada les quita el genio de su pluma y me resulta difícil que todo lo que narran fueran exageraciones. Y en referencia a Pérez Galdós o Leopoldo Alas, por ejemplo, podríamos citar muchos ejemplos de una sociedad católica como la española tan corrupta como la nuestra, y un clero que no se le quedaba atrás. Pero miremos a José María de Pereda, novelista también de esa generación pero católico y tradicionalista. En Pedro Sánchez, por ejemplo y, sobre todo en La Montalvez, retrata a los largo de cientos de páginas la profunda corrupción de la sociedad urbana española. 

Y no es sólo en España. Algo similar se encuentra en las novelas de Balzac en Francia, o de Dickens en Inglaterra. Y menciono una italiana: El gatopardo, de Giuseppe Tomasi de Lampedusa, en el que muestra la caída del católico reino borbónico de las Dos Sicilias, junto a la corrupción de costumbres de todos los muy católicos sicilianos (y es esta buena ocasión para recomendar la miniserie estrenada hace pocas semanas en Netflix. No soy muy dado a las series y ésta tiene los defectos que tiene cualquier adaptación cinematográfica de una obra literaria y alguna que otra escena inconveniente, pero el resultado, en cuando a producción, fotografía, escenografía, música… es una obra de arte propia del genio italiano). 

Y aporto un último ejemplo. Jorge Fernández Díaz es un periodista y escritor argentino. No sé cómo es en cuanto periodista; como escritor no es malo; es pésimo, aunque haya ganado este año el premio Nadal. Sin embargo, hice el esfuerzo de leer Mamá, una historia íntima, en la que narra la vida de su madre, una inmigrante asturiana. Me parece deleznable la falta de pudor, y de piedad, de mostrar ante las miradas del mundo los defectos de toda su familia, pero resulta interesante ver cómo era la vida y las costumbres de campesinos españoles de la primera mitad del siglo XX: para nada edificante por cierto, aunque todos fueran puntualmente a la iglesia y cumplieran con el precepto pascual. No puede generalizarse un caso particular, pero sospecho que era mucho más que un caso y que lo retratado por los novelistas tenía buena parte de verdad.

En resumen, como dice con verdad Natalia Sanmartín, no somos como ellos. Pero hay que ser cuidadosos de no idealizar a los ellos. Eran más fuertes que nosotros; no cabe duda de eso; vivían una vida más sana en tanto una relación más directa con lo natural; arrastraba un fe más compenetrada en la carne y la sangre pero, como nosotros, eran hijos de Adán y Eva y, en cuanto tales, caídos. 

A ellos les costó remontar la cuesta lo que nos cuesta a nosotros. A no quejarse, y a seguir subiendo.

25 comentarios en “Somos como ellos

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Mientras leía el artículo, pensaba en Santa Teresita, que menciona FM en uno de sus comentarios. Y también en dos padres del desierto, a quienes también menciona FM. Transcribo los dos, que creo que puede aportar algo al tema:

    Abba Iscurión, refiriéndose a los últimos tiempos (si es que no entendí mal): “Los hombres de esa generación no cumplirán ningún trabajo, la tentación caerá sobre ellos. Pero aquellos que fueran probados en ese tiempo serán más grandes que nosotros y que nuestros Padres”.

    Abba Romano, no copio textual para no ser largo, pero en concreto, este Abba muy santo vivía, al contrario del resto de los monjes, con ciertas comodidades que llegaron a escandalizar a otro. Sin embargo, el Abba Romano le explicó como las comodidades en que había vivido (entre riquezas) lo habían vuelto débil, y por eso, aunque a simple vista parecía no sacrificarse mucho, en verdad sí vivía entre mortificaciones. Por el contrario, quien no se había visto edificado, antes de entrar en religión, vivía en peores condiciones. El otro recapacitó, y dijo: “Desgraciado de mí, ya que, después de una gran aflicción en el mundo, alcancé el descanso; y lo que no tenía entonces, ahora lo poseo. En tanto que tú, después de una gran confort, caíste en la aflicción; y después de mucha gloria y riqueza, llegaste a la humildad y la pobreza”.

    Comentario: en el mundo de comodidades en que vivimos, puede resultar muy duro un cambio radical. Y además, si no me enseñaron mal, el mérito de buena acción está en la caridad, y no en el esfuerzo en sí (aunque tal esfuerzo pueda ser signo de la caridad que se tiene). Alfonso Jesús Vivar

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    …»muchos ejemplos de una sociedad católica como la española tan corrupta como la nuestra»…

    Bueno, yo diría que efectivamente el hombre es un ser imperfecto y que la libertad que tiene para cumplir a voluntad de Dios o pecar no siempre la utiliza en su mejor interés.

    Partiendo de que evidentemente es mejor y más cómodo para un católico vivir en una sociedad católica (aunque superficial) que en otra que no lo es -cualquier musulmana- (aunque el interesado viva la santidad)…

    …no hay que olvidar que efectivamente esos son ejemplos de escritores anticatólicos; tal vez porque reaccionen frente al cinismo que cualquier cosa produce en la sociedad cuando esta muy de moda (ej, ir a la palestra para desarrollar músculos, pero tomar anabolizantes (haciendo trampa) para no tener que hacer el esfuerzo de levantar pesas.

    Esto es inevitable y también sucede con religiones, ideologías y creencias. Idem comprar y vestir una remera de marca falsificada porque no quiere/puede comprar una auténtica, más cara…

    Estos escritores fueron anticatólicos porque se han tragado la propaganda de la masonería de que la (presunta) decadencia española se debe al catolicismo («se equivocaron de Dios en Trento» dicen hoy).

    Además estan muy influenciados por los autores franceses, que no son muy católicos precisamente.

    Cualquier escritor va a seleccionar unos temas, unos personajes y unas situaciones muy determinadas en función de lo que quiera comunicar. Normalmente son además vivencias propias (lo que garantiza que tengan vida) y seran también una proyección de si mismos. A veces con racionalizaciones psicológicas.

    También hay ejemplos reales (no inventados, como en las novelas) de lo contrario.

    A mi me viene a la cabeza el poeta sudafricano de lengua inglesa Roy Campbell, que se convirtió al catolicismo en los años 30 por el ejemplo de vida de campesinos españoles (creo que de Denia). Salvó de ser quemados durante la persecución católica de los republicanos los manuscritos de San Juan de la Cruz.

    También el ejemplo del santo obispo Irurita, martirizado en la misma época, que se pagó el viaje al seminario cantando por la voluntad…

    En sentido contrario, me acuerdo también de haber leído a norteamericanos que han vivido en Rusia tras la caída del comunismo, que dicen que la sociedad rusa es de gente «mala» (simplemente porque esa fue la cultura del comunismo, donde hubo también mucha corrupción).

    Hoy no sé si la sociedad española es más corrupta (seguro que sí, porque hoy admiten a sus políticos unos niveles enormes de corrupción y de maldad que nunca lo hubieran admitido sus antepasados de hace 100 años a sus políticos).

    Lo que sí sé es que es mucho menos católica (aunque precisamente sean las costumbres católicas, el folclore y la gastronomía lo que conserva la fé católica en la nación).

    Creo de todos modos que el problema viene de la burguesía (y la novela, junto con el retrato realista, es el arte propio de la burguesía), cuya situación en la vida no viene heredada, como sucedía a la gran mayoría de la población del Antiguo Régimen, sino de su esfuerzo (desde niños).

    Entonces para subir o, por lo menos, no bajar de la propia estación en la vida (y con ellos recibir el respeto o la admiración de sus conciudadanos) harán lo que puedan. Muchos no dudarán en robar; incluso a sus propios hermanos o a pobres de solemnidad.

    Volviendo a esos ilustrados de la pluma, para que algo funcione bien, ha de funcionar inconscientemente. Como el piloto automático de un avión. Solo así se tiene la seguridad de alcanzar el objetivo o dedicarse a la actividad elegida.

    En el caso de la religión esto lo condenan como «supersticiones» obviando que eso es natural y necesario pero que no es importante; lo importante son las ideas que transmiten y los comportamientos que generan.

    En el caso del catolicismo, lo que enseñaba la Santa Romana Iglesia.

  3. Avatar de cinissum G. MARIVS

    Añado, a la virtud moral, las virtudes intelectuales. A mí me parece insólito que la Suma teológica se haya escrito para jovencitos de cerca de 13 o 14 años. ¡Como una mera introducción! Esto es: a aquella edad (la edad del Bar Mitzvá), esos… ¿adolescentes? ya podían entrar a esos textos. A los 20 años, en el XIX, algunos ya eran abogados y doctores. ¿Y qué decir de las artes? A nosotros nos educan con la maestría de Mozart de niño, pero era común que los niños a temprana edad ya supieran tocar los instrumentos muy bien. No digamos nada sobre las operaciones matemáticas o el dominio de lenguas distintas a la materna.

    Uno siente verecundia de sí al contemplar el ejemplo de quienes nos precedieron. Aquellos músicos del siglo pasado, ¡Santo Dios!, no hay hoy quién les haga par. Puede ser que en nuestros días el saber acumulado y las técnicas artísticas sean ciertamente superiores y cualitativamente más refinados que el de toda época pasada. Pero eso es como una nube flotando en la nada. Individualmente no hay quién haga carne en sí de esas etéreas formas y gane hábitos operativos. Escucho a los músicos coreanos hacer gala de técnicas vocales e instrumentales occidentales que han alcanzado un grado de refinamiento soberbio, pero parece como si no tuvieran alma.

    Spengler no estaba lejos de la verdad. No se ha estudiado suficientemente el mito de Cronos y Zeus de Platón. Los conceptos de entropía e inercia (o bien de la materia como principio de disolución) podrían ser muy útiles para explicar la necesidad de una Causa que empuje en beneficio de nuestra perfección. Temo que al alejarnos de tal Causa, también nos alejamos de la plenitud de los tiempos y nos ponemos peligrosamente cercanos a la «terrible región de la desemejanza». ¿Han visto cómo en Génesis desde que el pecado entró en el mundo se percibe un incremento del caos? Sin intervención divina, degeneramos.

    U.I.O.G.D.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      El sistema actual educativo es un timo. No puede haber educación de calidad cuando el profesor tiene que atender a más de 200 alumnos repartidos a unos 25 por clase, de los cuales más de la mitad no hacen sino estorbar y vaguear.

      Lo que Vd. comenta, no es una cuestión solo de humanidades. Hace 100 años los ingenieros diseñaban rascacielos, aviones, presas y cosas semejantes con un lápiz y papel. La mayoría de ellos hoy no saben ni hacer un puente de madera si no es con un software ad hoc. La tecnología es un enorme vestido que tapa una, cada vez más, mayor desnudez.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Estimado:

      Sería interesante saber en qué funda su aserto de que la Summa Theologiae, que es una obra ciertamente compleja, «se haya escrito para jovencitos de cerca de 13 o 14 años».

      Dice santo Tomás: «Ad cognitionem enim eorum quae de Deo ratio investigare potest, multa praecognoscere oportet: cum fere totius philosophiae consideratio ad Dei cognitionem ordinetur; propter quod metaphysica, quae circa divina versatur, inter philosophiae partes ultima remanet addiscenda». «…tempore iuventutis, dum diversis motibus passionum anima fluctuat, non est apta ad tam altae veritatis cognitionem» (C. G., I, cap. 4).

      Y pueden verse los lugares paralelos, v. gr., Sup. De Trin., II, q. 3, a. 1: «…scientia quae est de causis altissimis, scilicet metaphysica, ultimo occurrit homini ad cognoscendum». «…propter multa praeambula, quae exiguntur ad habendam cognitionem de Deo secundum viam rationis. Requiritur enim ad hoc fere omnium scientiarum cognitio, cum omnium finis sit cognitio divinorum; quae quidem praeambula paucissimi consequuntur. Unde ne multitudo hominum a divina cognitione vacua remaneret, provisa est ei divinitus via fidei».

      Mutatis mutandis, esto parece que se aplica al estudio de la sacra Doctrina (y, en cierto sentido, hasta a fortiori).

      Dios lo bendiga.

      FM

      1. Hasta donde sé, la Summa no fue esctita para adolescentes de 13 o 14 años, sino para jóvenes de entre 18 y 25 años. En efecto, los que accedían a ella eran bachilleres en teología, es decir, estudiantes avanzados que ya habían estudiado el Trivium (gramática, lógica y retórica) y el Quadrivium (aritmética, geometría, música y astronomía). Y las edades aproximadas eran las que indico.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        La Summa Theologiae está destinada a los que inician el estudio de la Sacra Doctrina, es decir Teología, habiendo ya realizado su bachillerato en Artes, donde se vio principalmente, pero no únicamente, filosofía. O sea alrededor de 21 años al menos

      3. Avatar de cinissum G. MARIVS

        FM:

        Observe que mi intervención ha sido relativamente extensa. Ud., una vez más, ha preferido tomar apenas una minúscula cláusula y bombardearla con citas. Preciosas, por cierto, pero que podremos multiplicar hasta el infinito sin ningún provecho para nadie. El oficio de censor se me antoja una cosa despreciable cuando uno se lo atribuye a sí mismo.

        No sólo es esa minucia que distrae del asunto en cuestión, sino también una especie de rigor terminológico insoportable, al igual que la vez pasada. Las palabras son polisémicas, qué le voy a enseñar yo a Ud. sobre ello. Sin embargo, encuentro que no admite expresiones de amplio sentido y las hace estamparse contra todavía más palabras en un juego dialéctico que no tiene razón de ser. ¿Qué es lo que espera de ello? ¿Acaso que salga un tomista a tributarle loas al Santo de Aquino? Quizás que me calle. Bueno, esto último sería propicio para no buscarme fastidios como este.

        En ninguno de los hermosos pasajes que Ud. citó se determina nada sobre la edad, sino que son constataciones (completamente sensatas, por cierto) que hablan de la necesidad de haber transitado estudios anteriores (casualmente vinculados al lenguaje, entre otras cosas) previo a entregarse al cultivo de las ciencias supremas. Sabemos por fuentes externas que las currículas en las facultades de artes abordaban diversidad de materias y podemos hipotetizar con bastante seguridad los años en los que formalmente cursaban cada una. Quizás crea Ud. que la Summa era una vaca sagrada a la que no podían acceder los revoltosos muchachitos hasta los 20 años. También sabemos con bastante seguridad que los escolares gustaban saltarse las normas con frecuencia y hacer lo que les pintaba. Si va a exigir precisión, le borro con liquid paper lo dicho, i.e. «escrito para», y se lo cambio por «que leían igualmente, escuchaban en las disputas públicas o que algún profesor listillo citaba e incluía en sus clases a favor o en contra», y así Ud. se queda con su escrúpulo tranquilo y ya no necesita marcar nada más. Ahora yo le pregunto, ¿realmente hacía falta?

        Me siento tentado de hacer clínica. No se preocupe, no lo haré; aunque da qué pensar esa obsesión por el chiquitaje y el rigor en el lenguaje dentro de un contexto que no lo exige. El rigor nos aleja del habla natural y la torna un artificio, vicio común en ambientes a los que sólo me referiré diciendo que al inteligente le basta poco. Ud., como interlocutor, se muestra incapaz de tomar lo que recibe de modo amistoso y largo, a fin de resaltar únicamente el sentido recto de los términos. Por favor, ubíquese, mi estimado, y admita un poco de juego suelto. Ignoro cómo se comporte en el cotidiano y fuera de este teatro de sombras. En lo personal, rehúyo el trato con gente que no sabe tomar con una graciosa libertad las cosas que se dicen. Quizás piense que está haciendo honor a la verdad y no sé qué. Tenga por cosa segura que contestarle sobre una cláusula despreciable a un nadie anónimo por internet en un blog no es precisamente un honorable servicio a la verdad. Aunque debería agradecerle la dedicación de tiempo inmerecida que podría destinar a sabe Dios qué otras cosas.

        Espero que mi borrón y cuenta nueva lo dejen ahora contento. Hemos mejorado seguramente la civilización y ahora sí somos un poco más como ellos gracias a Ud.

        Suyo.

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Si cambiamos perspectivas o según qué y con quién comparemos podremos decir una cosa o la contraria. Sin embargo, el artículo anterior estaba totalmente acertado y este menos. No lo está porque se apoya en algo evidente, pero que no es la cuestión, que todos somos humanos y todos nacimos con el pecado original.

    La cuestión es que somo mucho más débiles en cuerpo y en alma. Que si, que en otros tiempos también había pecadores, pero ese no es el tema. El tema es que en otros tiempos, en occidente, no solo había gente más dura, había santos. Grandes santos. Algunos conocidos y otros ocultos. Hoy no los hay conocidos y quiera Dios los haya ocultos.

    Ni siquiera es una cuestión de comparar generaciones. Los ancianos de hoy, en su mayoría, eran mejores cuando eran jóvenes. Con el paso del tiempo han hecho suyos los cambios sociales que ni remotamente hubieran tolerado en su juventud.

    Y digo esto porque en la Iglesia nos encanta la propaganda. No encanta vendernos y comprar nuestro propio producto. Nos encantan las JMJ, los Hakuna y presumir de esa familia con 12 hijos. De los colegios católicos, de la labor social y de muchas cosas más. Estamos totalmente con el pie cambiado. Es tiempo de Nínive, de penitencia y vestirnos de saco.

  5. En bastantes novelas exageran la nota Clarín y Galdós(excelentes escritores),siempre son muy malos los católicos y sin dejar de reconocer que había mucha hipocresía y corrupción de lo mejor, quedaba un sustrato de pueblo fiel que fue capaz de reaccionar en 1936, con tanto trigo y cizaña mezclada. Ese pueblo también está en «Paz en la Guerra» , de Unamuno novela centrada en el fracaso sitio de Bilbao por los carlistas. Las series televisivas se han recreado- y ahora con más medios-,con lo peor de esa época.

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    Los hombres del medioevo… Sí que suele haber una idealización del pasado. Es interesante notar cómo en la Regla de S. Benito, dirigida a monjes, se prescribe «no matar», «no cometer adulterio», «no robar»… (y, por otra parte, es una Regla austera en cuanto a las prácticas, como la alimentación: y eso que en su tiempo era, se supone, de las más discretas). Al mismo S. Benito quisieron matarlo nada menos que ¡unos monjes! Recuérdese también las que le armó el presbítero Forencio, según cuenta S. Gregorio Magno. Si se va algo más atrás, en S. Juan Casiano hay algunas historias de monjes de vida austera que, por otro lado, desbarraron (lo cual no parece que fuera tan infrecuente entre los Padres del desierto: por eso aconseja Casiano al monje huir de las mujeres [y también de los obispos]). La cuestión está en que la moralidad y, sobre todo, la santidad son realidades de otro orden que la fortaleza física o psicológico-emocional. Se puede ser muy débil físicamente (por una enfermedad, por ejemplo) y abundar en virtudes y en santidad. Se puede ser también emocionalmente frágil, o a lo menos no muy fuerte, y ser un santo de altar. (Sta. Teresa del Niño Jesús no parecía tener una psicología muy robusta, por ejemplo). «Virtus in infirmitate perficitur«. Deo gratias, no seremos juzgados sino por nuestras obras, hechas o no en gracia, en y por caridad, y no por nuestra mayor o menor fortaleza física o emocional. La santidad es de orden sobrenatural.

    FM

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      A propósito de su comentario, muy acertado… ¿conoce el libro «El Juglar de Nuestra Señora»? Es una recopilación de cuentos cortos medievales (sobre todo franceses), donde está plasmada esa realidad.

      Yo tuve la gracia de dar con ellos hace ya más de una década, y ojalá hubiera sabido sacar más lecciones entonces (no que no sacara ninguna), que sólo ahora termino de entender.

  7. Avatar de brisklykrispyf6a777944c brisklykrispyf6a777944c

    No hay duda que por el pecado original los «ellos» de Natalia Sanmartín eran tan pecadores como nosotros, tal vez su gran virtud fue que nunca perdieron la brújula de saber lo que estaba bien y lo que estaba mal. De ahí las colas esperando ante los confesionarios como bien lo prueba la foto que encabeza esta nota. Hoy el mundo ha invertido los tantos, a tal punto, que lo que antes era bueno ahora es malo y lo que era malo ahora es bueno.

    Prueba de lo dicho son los confesionarios vacíos ante el rotundo triunfo de la ideología de género que se ha impuesto con leyes inicuas y en la persecución y hasta el encarcelamiento de algunos católicos valientes por el tremendo delito de ponerse a rezar ante una clínica de abortos.

    Tan diferentes somos de los ellos de Natalia Sanmartín que nuestra debilidad ha llegado hasta las altas cumbres de la Iglesia que se ha puesto de rodillas ante el mundo arrepentida de haber sido su implacable fiscal.

    ¿Qué podemos esperar entonces? Sin duda lo peor hasta que vuelva el Dueño de la viña a castigar a los que mataron hasta a su propio Hijo buscando quedarse con todo. El que persevere hasta el fin se salvará. Después lo mejor está por venir. De Dios no se burla nadie.

    Fuenteovejuna

  8. Avatar de GASTÓN GASTÓN

    Recuerdo que un sabio dominico francés, fundador de una comunidad actualmente en discreta expansión, me decía hace unos 30 años que la diferencia entre el antes y el hoy no radicaba en que el antes -él se refería a la Iglesia preconciliar- no tuviera defectos sino que aquello «estaba vivo» Recuerdo sus palabras textuales en español aprendido en Madrid adonde huyó con su padre a raiz de los tumultos de Argelia. Mientras que el hoy es un caminar a la extinción. No la presencia o ausencia de defectos sino el estar vivo o muerto. Por ahí van los tiros.

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    Recuerdo a un profesor de Cristología que una vez mencionó la trampa roussoniana en la que caemos muchos urbanitas, donde nos advertía de caer en el peligro de pensar que las personas que viven en los pueblos son seres maravillosas. Y es cierto que caemos con mucha frecuencia pensando que son personas más puras, más fuertes y más sabias. Ni que decir tiene que esa ilusión se desvanece al convivir con ellos unos meses. Pronto aprenderás que entre ellos se odian, trasladando ese odio de generación en generación y que muchos de sus vicios son iguales a los urbanitas pero desarrollados de formas menos tecnológicas.

  10. Avatar de thoroughlytastemakera7a393aee5 thoroughlytastemakera7a393aee5

    Don Wander

    Es verdad que nuestros antepasados eran más recios. También es verdad que los que somos de la llamada generación X son más fuertes que la actual generación de cristal. Estoy de acuerdo con esa afirmación respecto de la vida en general, por llamarla de alguna manera, pero respecto de la vida de fe yo pondría alguna objeción a la mayor fortaleza de «ellos» comparados con nosotros. «Ellos» vivían en una sociedad y una Iglesia que, con toda su decadencia y sus miserias, hacía presente a Dios en sus vidas. Por ejemplo, fueran creyentes o no se tenían que bancar una semana santa donde no se trabajaba, donde todo tendía al silencio, a una especie de «luto», que, les gustara o no, les hablaba de Dios.

    Nosotros vivimos en una sociedad y en una Iglesia que nos aleja de Dios, que no nos habla de Dios, que nos impide la vida de fe. Por tanto, tener fe hoy es un acto mucho más fuerte que antes. No digo que seamos mejores en nada. Digo que para vivir la fe seriamente en el mundo de hoy tenemos muchos obstáculos y casi ninguna ayuda, ni de la sociedad ni de la Iglesia. Las misas dominicales son anodinas. Las homilías no dicen nada o muy poco al alma. Y la liturgia… bueno, no nos metamos ahí porque no salimos más.

    En fin, digo que mantener la fe en el mundo de hoy es un milagro. Y como los milagros los hace Dios, no tenemos de qué gloriarnos, sino sólo debemos agradecer a Dios el regalo de la fe.

    El sanjua

  11. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

    En efecto, muy necesario contrapunto.

    Claro que el «no somos como ellos» queda más referido a los hombres del medievo, y este «somos como ellos» a los de fines del siglo XIX y comienzos del XX. Es decir, la diferencia se nota más a más distancia, lo cual es obvio por otro lado.

    Pero la línea que nos une es la misma, el Pecado Original, y algo ha de haber de continuidad, según el dicho «de aquellos polvos estos lodos» (o cualquier otro similar que pueda citarse).

    Ciertamente que, hombres modernos o posmodernos como somos, hemos nacido no sólo endeudados (literalmente, como ciudadanos de un país nacemos con una carga de deuda encima), sino anatómicamente debilitados, psicológicamente enfermos y espiritualmente casi huérfanos. Lo que sí, no nacemos de un repollo, y si hemos llegado al estado actual de cosas, es porque los hombres de antes fueron como fueron.

    Y no se trata de desligarse de la responsabilidad de cada uno frente a su propia vida, sino de entender, porque a ningún lado vamos si no partimos de la verdad sobre nosotros mismos. Tal como dice, hemos de evitar esas idealizaciones (que dan lugar luego a ideologías).

  12. Avatar de Luis Jeme adventurousdutifullycbe2c0db68

    El pasado se idealiza en el ambiente tradicional. Como dice el post, antes tampoco eran ángeles.En cuanto a la fuerza, sin duda eran más recios. Ahora bien, teniendo en cuenta que la más nuclear y esencial de las necesidades de toda persona es el amor, tanto para la vida natural como la sobrenatural, tampoco podemos auto descalificarnos en exceso. Las costuras que pobremente contenían el egoísmo, la impiedad y el orgullo han saltado por los aires y hoy nacemos y vivimos más solos que nunca. Antes, bien o mal, se aprendía que son la vida y la Fe en una familia con ideas claras sobre el deber. Lo mismo cuando se daba el salto a la vida en sociedad y existía vida comunitaria. Hoy, la mitad de las familias están rotas y desintegradas, la sociedad te impone el Mal como bien, no existen apenas vínculos de amistad, la Iglesia en vez de iluminar confunde las conciencias y si el matrimonio siempre fue difícil, ahora es una guerra sin cuartel contaminada por toda suerte de ideologías y el individualismo.Actualmente, es más difícil que nunca mantener la inocencia porque estamos empantanados en una ciénaga y con los ojos vendados.

    Luis Jeme

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Suscribo.

      «Las costuras que pobremente contenían el egoísmo, la impiedad y el orgullo han saltado por los aires y hoy nacemos y vivimos más solos que nunca.» Antes había hipocresía, pero ahora hay algo aún peor: CINISMO, cinismo descarado y cruel. El fariseísmo que antes ocultaba bajo la alfombra, cada vez más se muestra a plena luz, y hasta con orgullo, se pavonea y se reviste con las pompas de la Caridad y la Fe (o sea, la Ramera ebria de la sangre de los mártires).

      Ya lo decía Castellani citando a Belloc, que lo que asombra de estos tiempos no es «la indisciplina de las costumbres», que eso hubo siempre, sino la CRUELDAD. Y esa crueldad no es sólo la de los abortos, guerras, eutanasias y demás, que ya es mucho, sino la crueldad del cinismo en el trato entre «los buenos», el narcisismo, la insolencia, la envidia, la vanidad… potenciadas por las redes (anti)sociales… y la estupidez encumbrada, los necios con poder.

      Todo esto lo sé porque lo veo, pero también porque lo sufrí.

      Pero si me lavara las manos, mentiría.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      «Hoy, la mitad de las familias están rotas y desintegradas» Y no solo eso, están vueltas a armar con los pedazos de varias combinados. No es extraño la que tiene hijo de uno, luego se junta con otro y tiene mas, y luego otro y mas. O el hombre que tiene pollos por varios gallineros. Pero ¿No es el mismo caso de aquella mujer con la que habló Jesús en el Pozo de agua?

      Una cosa buena rescato de estos tiempos presentes, no existe la hipocresía de la primera mitad del siglo XX, donde una madre soltera estaba condenada y los hijos estigmatizados.

      Somos pecadores, es cierto, pero juzgamos menos al prójimo. O si lo juzgamos es por pavadas y a través de las redes como que esta gorda o se pone tal ropa, aqui ya no apedreamos a nadie.

      Jorge

    3. Avatar de Desconocido Anónimo

      Soy tradi y no idealizo el pasado, conozco algo de Historia. Pero sí coincido con usted en que en estos momentos que vivimos tenemos todo en contra. Y justamente por esto es que pienso que aquellas familias que aún permanecen unidas, que guardan las costumbres de siempre, que tienen los hijos que Dios les mandó, que buscan cómo educarlos contra la corriente, incluso en home schooling, que guardan la fe y la liturgia tradicionales, no pueden ser tildados de débiles. Son familias que tienen en contra no sólo el mundo, la economía sino también toda la Iglesia oficial con el Papa incluido. Y que, encima, tienen que soportar que algunos conservadores los tilden de luteranos. Ni luteranos ni débiles. Pecadores, sí, como todos.

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