Mons. Marcelo Mazzitelli, entre imprudencia y caprichos

La diócesis de San Rafael, en Argentina, es pequeña y periférica. Sin embargo, por esas cosas de los hombres y de Dios, desde hace décadas es una diócesis con cierta gravitación en el país; una suerte de grano doloroso en salva sea la parte del benemérito episcopado argentino que le impide sentare con tranquilidad en su poltrona decadente y progresista. Y todo comenzó en los años ’70, con un hombre santo que se les escapó del radar y terminó ocupado esa sede. Mons. León Kruk, hijo de inmigrantes de la Galitzia del Imperio austro-húngaro, que simplemente tenía fe, y fe intrépida, y sabía cuál era su función como obispo. Se tomó las cosas en serio y sus hermanos en el episcopado siempre lo despreciaron con a un bruto campesino entrometido —estimo que Mons. Justo Laguna y todos los obispos nuevosrico sanisidrenses lo evitarían cuidadosamente—, y cuando a este eslavo grandote como un toro se le ocurrió fundar un seminario conservador, que relevara al deshecho seminario de Paraná —tarea de la que se había encargado el ahora casi centenario cardenal Karlic—, los obispos argentinos comenzaron una guerra sistemática contra él en todos los planos: el mismo episcopado, las congregaciones romanas y los medios de comunicación. Su muerte trágica e inesperada, entregó la diócesis a una serie de obispos cuya misión era siempre la misma: desactivar el seminario. Éste, sin embargo, con sus fluctuaciones, sus luces y sus sombras, continuó siendo el lugar más importante de formación sacerdotal conservador de toda Argentina, e incluso de otros países de la región. 

Sin embargo, cuando en 2004 llegó a la sede Mons. Eduardo Taussig, a quienes todos creían un amigo cercano —en su juventud se había formado nada menos que con el mártir Carlos Sacheri y poseía sólida formación teológica en Santo Tomás—, el pato resultó gallareta. Además de ser un enconado perseguidor de los sacerdotes que osaban discutir el mínimo de sus caprichos, se obsesionó con las bondades de la comunión en la mano (hasta llegó ordenarle a su omnipresente lacayo que redactara un tratado físico-teológico demostrando que Nuestro Señor no está presente en las partículas de la Eucaristía) y con el uso del “ustedes” en la liturgia. Lo peor fue que, como servil ejecutor del Papa Francisco y de la vengativa troupe de obispos argentinos, decidió cerrar el seminario pretextando desobediencia. Treinta y seis años después, se clausuraba la obra de un obispo santo y que había producido numerosos frutos: más de ciento cincuenta sacerdotes. Mons. Taussig, por cierto, se ganó rápidamente el odium plebis, a punto tal que no volvió a celebrar misa en su catedral pues nadie asistía cuando él se hacía presente. El pueblo que lo odiaba no era solamente el católico práctico; era un rechazo generalizado. El muy iluso apostaba a que, como premio a su hazaña, Francisco lo nombraría arzobispo de La Plata en reemplazo de Mons. Héctor Aguer. Aún no conocía a Bergoglio. Y fue lo que ocurrió. Lo eyectó de su sede y el obispo Taussig, desde 2022, habita en su pisito de Recoleta, entreteniéndose en labores de punto, macramé y telenovelas turcas y mostrándose entre los mitrados porteños, que lo miran mal y de reojo, cuando tiene alguna oportunidad, cosa de no olvidar sus pasados oropeles. 

No era fácil encontrar sucesor a Mons. Taussig en San Rafael. El clero que es numerosos y bien formado considerada la media del país, es conservador y aguerrido. Quien fuera sabía que su labor no consistiría en tratar con un enjambre de mariposones que revolotean en torno al nuevo obispo, sea éste quien sea, a fin de complacerlo en todos sus caprichos. Y así fue que terminó siendo elegido, y aceptado, Mons. Carlos Domínguez, que no estaba haciendo una mala labor y todos estaban más o menos conformes. Este agustino recoleto había entendido —eso parecía— el ethos de sus sacerdotes y de sus grey, y la pastoreaba. Hasta que se conoció una de sus “debilidades”, totalmente inaceptable y vergonzosa, y sobre la que ya hablamos suficientemente en este blog y no volveremos a ella. Total, que debió salir escapando de la diócesis rodeado de un mayúsculo escándalo. 

Hay que decir que no era tarea fácil hacerse cargo de la diócesis en tal situación, y hay que decir en justicia que el administrador apostólico sede plena que fue elegido, Mons. Marcelo Mazzitelli, hasta entonces obispo auxiliar de Mendoza, demostró valentía y generosidad en aceptar. Sin embargo, lo que no ha demostrado hasta el momento es inteligencia. Todo lo contrario, sus decisiones no son más que torpezas tras torpezas. Porque, ¿qué es ser inteligente? Intus legere, leer dentro, en este caso de una situación concreta, y de acuerdo a esa lectura, ordenar a la voluntad obrar en consecuencia. Pues Mons. Mazzitelli ha demostrado que es incapaz de leer siquiera la borra del café. 

Eligió para comenzar su ministerio episcopal, el 25 de febrero de 2025, una capilla — ni siquiera parroquia— ubicada en el barrio más pobre de toda la ciudad. Una medida que hasta en diócesis progresista habría resultado risible por su evidente demagogia y, peor aún, con un Bergoglio ya agonizando. Ni siquiera por ese lado sacaría ventaja ni quedaría patentado como “padre obispo” de los pobres. Pero sus correrías continuaron. En las visitas que realizó a las parroquias ordenó, sin tener en cuenta ningún tipo de actitud de escucha ni espíritu sinodal, que los sacerdotes sacaran los reclinatorios que ubican en torno al presbiterio para que los fieles que lo desean puedan comulgar de rodillas, que no se cantara en latín y que se incorporaran mujeres como “monaguillas”. 

A esto es a lo que yo llamo falta de inteligencia: Mazzitelli es incapaz de entender la idiosincracia no sólo de sus sacerdotes, que son todos conservadores, sino de los mismos fieles que también lo son. ¿Qué sentido tiene pretender imponerse con esas bravuconadas que de antemano sabe que despertarán fuerte rechazo, conflictos permanentes y desobediencias? ¿Es que no ha percibido todavía el sutil cambio de viento que ha comenzado a soplar en la Iglesia? Hay que reconocer que el Papa Francisco tuvo un agudo ojo para elegir obispos a los sacerdotes con más escasez neuronal que pululan la clericatura argentina. 

Pero la cuestión no es solamente la falta de prudencia básica en el gobierno de la diócesis que está mostrando Mons. Mazzitelli y que podría llevarlo a un final parecido al de Taussig, aunque dudo que él tenga un cómodo piso en Recoleta donde refugiarse, sino la falta de argumentos para pretender imponer lo que quiere imponer y, por tanto, la no necesidad de obediencia de sus sacerdotes, quienes hacen promesa de obedecer lo que es materia de obediencia y no los caprichos episcopales.

Con respecto a los reclinatorios, no es necesario volver aquí con el tema sabido y resabido: los fieles tienen libertad para comulgar en la boca y en la mano; de pie o de rodillas. Eso es lo que está establecido por la Iglesia, y ningún obispo puede establecer otra cosa. El argumento que esgrime Mons. Mazzitelli es que al colocar reclinatorios, se “violenta la voluntad de los laicos”. ¡Qué delicadeza la de Monseñor! Pero ¿qué entenderá por violentar? ¿Es que colocar un reclinatorio implicar hacer violencia sobre la voluntad del comulgante para que se arrodille? Es como si alguien dijera que colocar ascensores junto a las escaleras de los edificios es “violentar” la voluntad de las personas que pueden subir los escalones. O que colocar un dispositivo que regule automáticamente la velocidad de un automóvil es violentar la voluntad del conductor. Facilitar una conducta opcional (arrodillarse para comulgar, subir un edificio o conducir un coche) no es “violentar voluntades”. Todo lo contrario, es facilitar que las personas puedan ejercer su elección o preferencia, es decir, su libertad, más fácilmente. Es decir, es ayudarlos a ser más libres. E incluso, podríamos dar vuelta el argumento del obispo y decir que, eliminar los reclinatorios es violentar la voluntad de los fieles que quieren comulgar de rodillas, porque convengamos que es mucho más difícil arrodillarse en el piso que sobre un adminículo colocado para tal fin.

Prohibir cantos en latín durante las celebraciones litúrgicas es un extralimitación del obispo y entiendo que los fieles tendrían el derecho de plantear un recurso en Roma denunciado al obispo. Sabemos que no es capricho exclusivo de Mons. Mazzitelli; éste lo aprendió de su arzobispo, Marcelo Colombo, presidente de la CEA, que tomó la misma disposición en Mendoza. Podemos argüir muy fácilmente diciendo que el Papa León canta habitualmente en latín varias partes de la misa: Padrenuestro, Credo, Gloria, etc. Pero es que mucho más fácil demostrar la invalidez de esta orden recurriendo simplemente a los documentos de la Iglesia. Veamos:

1. La constitución Sacrosanctum Concilium (1963) del Concilio Vaticano II establece en el n. 116, que “la Iglesia reconoce el canto gregoriano como el canto propio de la liturgia romana; por tanto, en igualdad de condiciones, debe ocupar el primer lugar en las acciones litúrgicas”. Y, en el n. 36, se manda que “el uso de la lengua latina, salvo derecho particular, se conserve en los ritos latinos”. Y más claramente aún, en el n. 54, se señala que se debe procurar que los fieles puedan cantar o rezar en latín las partes del Ordinario de la Misa que les corresponden. ¿Será que Mons. Mazzittelli (y Mons. Colombo) se niega a aplicar el Concilio Vaticano II?

2. La instrucción Musicam Sacram (1967), refuerza la importancia del canto gregoriano, afirmando en el n. 50 que “se fomente con esmero el canto gregoriano, ya que es un elemento de gran valor en la liturgia”. Y en el n. 47, anima a los fieles a conocer las partes de la Misa en latín, especialmente el Ordinario (Kyrie, Gloria, Credo, Sanctus, Agnus Dei), para participar activamente.

3. La carta Voluntatis Obsequens (1974) recomienda que todas las iglesias tengan un repertorio mínimo de cantos gregorianos para facilitar la participación de los fieles en latín, y subraya que el canto gregoriano tiene un lugar privilegiado en la liturgia y debe ser promovido.

4. El Catecismo de la Iglesia Católica (1992), en el n. 1157 menciona que “el canto gregoriano, en cuanto propio de la liturgia romana, ocupa un lugar principal entre otros cantos de igual calidad”.  

5. La instrucción Liturgiam Authenticam (2001), en el n. 28, reafirma que el latín sigue siendo la lengua de referencia para los textos litúrgicos y que su uso debe ser respetado, especialmente en celebraciones internacionales o en contextos donde sea apropiado. Y yo entiendo que, desde una perspectiva sinodal, la diócesis de San Rafael, o algunas parroquias mendocinas, son “contextos apropiados” porque así lo quieren los fieles y sacerdotes.

6. La Introducción al misal romano actualmente vigente, edición argentina, dice: en el nº. 41:⁠ ⁠En igualdad de circunstancias, dése el primer lugar al canto gregoriano, ya que es propio de la Liturgia romana . De ninguna manera se excluyan otros géneros de música sacra, especialmente la polifonía, con tal que sean conformes con el espíritu de la acción litúrgica y favorezcan la participación de todos los fieles. Como cada día es más frecuente que se reúnan fieles de diversas naciones, conviene que esos mismos fieles sepan cantar juntos en lengua latina , por lo menos algunas partes del Ordinario de la Misa, especialmente el símbolo de la fe y la Oración del Señor, usando las melodías más fáciles.

Insisto, ¿será que Mons. Mazzitelli se resiste a aplicar las disposiciones del Concilio Vaticano II y del magisterio reciente? ¿Qué validez pueden tener las órdenes de Mazzitelli y Colombo cuando están violando flagrantemente lo dispuesto por el misal

En cuanto a la presión ejercida por el administrador apostólico de San Rafael para que los sacerdotes incorporen niñas en el servicio del altar, una vez más hay que decir que está contraviniendo explícitamente lo dispuesto por la Iglesia. Recordemos que la posibilidad de existencia de “monaguillas” es un regalito que nos dejó Juan Pablo II, a través de una circular de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos de 1994, en la que confirma que las niñas pueden servir como monaguillas en la Misa, siempre que: el obispo diocesano lo autorice, considerando las necesidades pastorales y la tradición local; se garantice una formación adecuada para que los niños y niñas comprendan la importancia de su servicio, y no se genere división en la comunidad parroquial. Pues bien, en San Rafael esa práctica, que lleva ya más de treinta años en la Iglesia, no es parte de una tradición local y, mucho menos, es una necesidad pastoral. Y, más aún, hacerlo generaría una gran división en la comunidad, en todos los niveles y colores que nos podamos imaginar. 

En fin, esperemos que el buen Papa León XIV devuelva pronto a Mons. Marcelo Mazzitelli a sus labores de auxiliar de Mendoza y que, mientras continúe en su cargo provisorio, no genere división ni malestar entre su clero y sus fieles, y comience un camino de escucha a todos, todos, todos para alcanzar una iglesia diocesana más sinodal, en la que se respeten las tradiciones y la idiosincracia locales, evitando el clericalismo tan propio de los caprichos del obispo de turno. 

36 comentarios en “Mons. Marcelo Mazzitelli, entre imprudencia y caprichos

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    A este informe debiera agregarse los dichos del administrador apostólico a un párroco, en el departamento de General Alvear, territorio de la diócesis de S. Rafael: «Me da náuseas ver a la gente comulgar de rodillas y en la boca».

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Si el hombre de veras ha dicho eso, es imposible entonces salvar su buena intención. Es lisa y llanamente diabólico, no hay criterio práctico, preferencia estética o pastoral a la que pueda apelar. Lo peor de todo es que, con pesar, ese mismo sentimiento posee buena parte del episcopado argentino.

      Que Dios tenga piedad de su pueblo, porque los pastores ciertamente lo odian.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Solo hay dos palabras para definir un comentario así viniendo de un prelado: esta endemoniado.

      El párroco habrá tenido que callar, nosotros los laicos tranquilamente podríamos decirle: asco da usted, anticristo.

      Kyrie eleison

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Así es. En 1985 los que de Paraná se fueron a San Rafael lo hicieron sin que nadie los echara y en buena parte más por prejuicio contra Karlic que otra cosa. Y treinta años después unos cuantos pegaron la vuelta sin que los llamaran. De Karlic hay que hablar con mucho respeto. Hablar a la ligera, Don Wander, no ayuda. Gracias por el espacio.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Creo que lo están desafiando a qué escriba un artículo sobre el bienaventurado Karlic y su trabajo como obispo en Paraná, así como su función en el mantenimiento del seminario. Mister Wanderer

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Mons. Karlic, un santo varón. Muy querido por su feligresía y un teólogo muy espiritual y profundo. Acá hablan mal del clero San Rafael/IVE, pero le hechan en cara al obispo que se los tivo que bancar.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Segnor Wanderer, le puedo pedir que escriba, un poco para olvidarse de estos temas lacerantes, un ensayo introductorio o algo sobre el cardenal Newmann: aunque yo lo había leído, la verdadera curiosidad y amor por su obra, la despertó usted en los pequeños commentarios y recomendaciones que pueblan su blog (este y el antiguo). Le pido, como si fuese un verdadero deber pastoral, un texto suyo celebrando precisamente el anuncio como Doctor De la Iglesia. Gracias de antemano un lector curioso pero sobretodo agradecido.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Lo que tienen que hacer los fieles y sacerdotes de San Rafael es apelar a Roma. Los obispos argentinos de la línea de Mazzitelli han perdido al gran valedor que tenían en Roma. Y así en Roma se dan cuenta de que no todos los católicos argentinos quieren obispos bergoglianos.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Y cómo se debería de hacer para apelar a Roma? Creo que es muy buena idea. Al menos mostrar resistencia por parte de los laicos para defender también nuestros derechos de tener libertad tanto en la elección de un rito u otro, cómo también el de cumplir con nuestra obligación de dar máxima veneración a Nuestro Señor en la Eucaristía.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        No se si lo conoce de antes pero coincidieron en Pastoral Universitaria de Buenos Aires cuando hace 25 años Taussig estaba encargado de ella. En esa época cursaba en la universidad y fui a varias Misas de la Parroquia San Lucas, recuerdo que me impresionó lo que sabía Taussig y la calidez de Cambiasso.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado, no puedo comentar el artículo por eso le escribo por aquí. Soy de la Diócesis de San Rafael, a pesar de que no resido allí desde hace algunos años. Sólo me gustaría mencionar 2 cosas. Primero, me parece que el término «conservador» no es el adecuado para referirse a los clérigos y, en segundo lugar, NO todos los sacerdotes siguen siendo fieles a la tradición y eseñanza de la Iglesia. No puedo hablar de sus conciencias sino de sus actos públicos.

        Por otro lado, considero más que lamentable que los párrocos acaten los caprichos del administrador. Sinceramente no entiendo por qué lo hacen, ¿qué temen? La amenaza era el seminario, pero ahora, ¿por qué toleran tamaña incensatez? Porque la realidad es que cuando el administrador visita una parroquia o capilla tanto los reclinatorios como el latín desaparecen

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Y no solo monaguillos niñas. Algún que otro sacerdote parece ser obediente al administrador apostólico …En una parroquia el sacerdote celebró acompañado de un monaguillo y de una señora( bastante mayor) que oficiaba de monaguillo( aunque le daba ordenes al niño que la acompañaba) y ministro de la Eucaristía. Retirando y guardando la reserva en el Sagrario, con pomposas genuflexiones… Un gran dolor…

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Mazzitelli miente más que habla.

    Él tiene una ideología política que va a imponer sí o sí y caiga quien caiga.

    De hecho el malvado jesuita le puso ahí para ello.

    Pero yo, pobre pecador, le diría:

    ¿No te gusta el catolicismo?

    ¡Pues hazte luterano!, que seguro que te respetan tus ínfulas y tu salario.

    Pero deja al Pueblo de Cristo Jesús en paz de una p.t. vez, que no te ha hecho nada.

    QUEREMOS OBISPOS SANTOS, no luchadores sociales ni políticos con mitra.

    1. Avatar de loving396e8e0693 loving396e8e0693

      «No pedimos a los obispos que sean todos varones santos; les pedimos solamente que parezcan varones.

      No pedimos a los curiales que tengan la santidad; les pedimos que perciban y no persigan la santidad.

      No pedimos a los sacerdotes que crean en el Evangelio; les pedimos solamente que enseñen el Evangelio: todo el Evangelio». (P. Leonardo Castellani)

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estoy viviendo en una diócesis con características similares; de modernismo rampante. Cada vez que uno asiste a misa es un ejercicio de paciencia, y sobre todo los domingos uno sale en desolación, con el “consuelo” que ha recibido la comunión, pues estima que la consagración fue valida, pero donde se despedazo el Canon, con glosas introducidas por celebrante en los momentos mas importantes de la liturgia, desde la moda que ya nadie usa los atriles para el misal sino que lo colocan sobre el corporal (la ortodoxia griega llaman al corporal “mortaja”, y al altar “sacrificadero”), donde casi no hay espacio para la patena, y el cáliz, lo cual ya hace ilusorio cualquier “purificación”, donde el celebrante va a consumir su hostia luego que dar la comunión a los fieles, donde las homilías son “sub preparadas”, donde siempre hay alguna razón para aplaudir durante o al final de la misa por algún cumpleaños u onomástico, donde las “saranatas” musicales, no dejan lugar ni al “silencio  eucarístico” o post comunión. Donde te tratan de meter la sinodalidad a través de las asambleas parroquiales y donde no hace falta ser teólogo para no darse cuenta de la catarata de herejías que intentas asimiles.

    La homilía de Monseñor Robert Sarah en Bretaña parece haber sido dedicada a las sufridas diócesis de Argentina.

    “Cosas veredes Sancho que non crederes”

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    Este artículo es una exquisitez, además de audaz y JUSTO. Amo espiritualmente cuando se busca la Justicia y el orden de Dios. Y el detalle final del «todos, todos, todos» le da un remate impecable. No deseo, ni resulta necesario, agregar más nada a tan certera entrada, solo encomendarnos al Señor para que el nuevo Papa no nos defraude y comience a enderezar toda esta situación.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    Es muy curioso (por la coincidencia) que mucho de lo que cuenta Wanderer de Mazzitelli es lo que ha hecho G. Cuerva en Bs. As. desde que asumió.
    Pero, lo bueno es que, aunque sea por otros motivos, muchos de los sacerdotes de la arquidiócesis, especialmente los párrocos, ya no lo aguantan.
    La última idiotés de Cuerva es que todas las parroquias «mediten en comunidad» con los «agentes pastorales» sobre el párrafo 4 de *su* carta pastoral 2025 y respondan «en comunidad» 3 preguntas (que les enviaron a los párrocos por WhatsApp en tipografía para niños o minusválidos), antes de fines de septiembre (mes que ya de por sí suele ser muy ajetreado para las parroquias). Lo gracioso es que la mayoría de los párrocos reenviaron el mensaje así tal cual vino a alguna catequista adolescente o a alguna «vieja de Cáritas» para sacárselo de encima.

  9. Avatar de Anónimo Anónimo

    Sobre el cantar o no cantar en latín, recordando los textos por usted sabiamente indicados, recuerdo que un lamebotas (quizás la indumentaria no sería la correcta…) de Laguna que llegó luego de muchos años a una diócesis sin obispo hacía mucho tiempo, al enterarse de un feligrés que había alabado que cantase el ordinario en latín, este floripondio me hizo un pequeño «concilium» y levantando la voz cuando le dije quién se lo había dicho (feligrés que había venido a la sacristía luego de la susodicha Misa a felicitarme con mucho sentido común por la belleza de la liturgia que a muchos acercó a la fe verdadera) ya había derramado la última gota que rebasó el vaso de la mínima decencia para el clero apenas recibido en su nueva diócesis desamparada por largos años desde la caída del pastor redentorista. Justamente ahí al lado había un hijo del seminario de San Rafael que ha llegado muy alto hoy en día y le agradezco a Dios que así sea. Esperemos que no sea como esos nacionalistas que perdieron la razón entre los libertarios del gobierno actual. Sin más, lo saludo y agradezco sus artículos.

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