de un comentarista anónimo del blog.
Entre los arquetípicos guerreros de la antigüedad existe uno cuyo nombre tal vez resulte extraño a la mayoría de nosotros hoy en día, pero que despertó durante siglos el interés de historiadores y poetas. Es el caso de Cayo Marcio Coriolano, general romano a quien Tito Livio, el gran historiador de la Ciudad Eterna, dedicó un buen fragmento de su Ab Urbe condita y a quien Plutarco puso entre sus Vidas Paralelas. El mismo Cayo Marcio Coriolano a quien el propio Shakespeare tributó una de sus mayores tragedias.
El personaje vivió durante los turbulentos inicios de la República, allá por el siglo V antes de Cristo. Era un soldado verdaderamente ejemplar, según nos lo pintan sus biógrafos: arrojado en el combate, austero en la campaña, severo con sus hombres y doblemente severo consigo mismo. Pero no solo era el mejor en la guerra, pues por sus venas corría la sangre patricia de la gens Marcia, que se reflejaba en la elegancia de sus gestos, en la cuidada cultura de su educación, en la espléndida oratoria de su palabra. Había ganado el nombre de “Coriolano” en medio de la conquista de la ciudad volsca de Corioles, ocasión en la que se destacó como ninguno por su coraje y valentía.
No obstante, nuestro Coriolano llevaba con molestia las prerrogativas que el patriciado había concedido algunos años antes a los clanes plebeyos, a las que consideraba una concesión humillante, prueba clara de la corruptela que paulatinamente iba invadiendo a Roma. Los tribunos, ambiciosos representantes de la plebe, supieron explotar al máximo la ojeriza de Coriolano y, al presentarse este como candidato al consulado, le exigieron que se arrastrara ante el pueblo para mendigar sus votos. Coriolano, sugestionado para hacerlo por sus partidarios, empero terminó reaccionando tal y como lo exigía su conciencia: abjuró del pueblo y maldijo por siempre la corrupción de los tribunos. El resultado no se hizo esperar y el héroe acabó injustamente desterrado de la ciudad. “¡Yo os destierro a vosotros!” dijo antes de partir. “Roma se viene conmigo”.
Profundamente resentido, Coriolano se encaminó hacia el territorio de los volscos, eternos enemigos de su patria. Allí se presentó ante Tulo Aufidio, su caudillo. Todos lo reconocieron inmediatamente, famosas eran sus hazañas, y quedaron completamente sorprendidos cuando escucharon de boca del mayor de sus enemigos una promesa de lealtad absoluta: Coriolano se ofrecía a luchar junto a ellos contra Roma, hasta reducirla cenizas o morir en el intento. Y así fue como Roma debió enfrentar una de las más duras campañas de su historia, en la que sus tropas fueron sistemáticamente derrotadas por el empuje y la decisión de Coriolano.
Pues bien, pensaba al recordarla que la vida de este lejano personaje guarda, quizás, ciertas paradójicas similitudes con la situación eclesiástica actual y todo el ruido generado en torno a las futuras consagraciones episcopales de la FSSPX. Mucho se ha dicho ya en torno a una y otra postura, pero resulta duro constatar el desarrollo que gradualmente va tomando la división producida —para no usar la palabra “cisma”— entre las filas del tradicionalismo. Si se me permite, creo que la FSSPX se asemeja un poco a Coriolano.
En efecto, me atrevería a afirmar que son nuestros “mejores”, aquellos que durante mucho tiempo resistieron a pie firme junto a la misa de siempre los embates de la “primavera” posconciliar. Aquellos que, desde un principio y cuando nadie lo hacía, no tuvieron temor de criticar al CVII y de señalarlo como un hito dramáticamente esencial en la actual carrera decadente de la Iglesia visible. Como el soldado romano, se destacaron entre todos por la austera severidad con la que sirvieron a la Iglesia.
Por otro lado, las bajezas y engaños de los tribunos de la plebe, tan bien representados en la obra shakesperiana, se parecen bastante a las arbitrariedades y persecuciones de una jerarquía que se gozó internamente con su destierro. Hoy en día, la mayor de las arbitrariedades posibles es aquella que hace dignos de aprobación los obispos consagrados por la Iglesia Patriótica China y detestables los candidatos de la FSSPX. Maxime cuando el canon que se esgrime contra la Fraternidad fuera escrito específicamente para rechazar los atropellos del Partido Comunista Chino.
Sin embargo, por mucho que le pesase a Coriolano y por muy injusto que hubiese sido su destierro, Roma siguió siendo Roma. En la mente de los antiguos, la corrupción de una Roma asaltada por las bajezas demagógicas de los inescrupulosos no era bastante motivo para justificar la respuesta del guerrero, que pasó a la historia como paradigma negativo de quien ha empuñado la espada contra su propia patria. De la misma manera, cabría preguntarse si la crisis presente de la Iglesia, que todos aquí sufrimos en la propia piel, justifica el actuar de la Fraternidad.
Entre quienes, como yo, admiramos la firmeza y resolución de la FSSPX pero no nos contamos entre sus filas, va surgiendo un sentimiento peculiar, que también me atrevo a asemejar con la historia de Coriolano: en este caso no se trata de quien sufre una traición, pero sí de una especie de orfandad, una clara conciencia de debilidad extrema, como si el mejor de los nuestros se nos hubiese ido. Pareciera que nos fuéramos quedando solos, de este lado de la trinchera, con los lobos acechando cerca. Y es que, aunque la FSSPX porfíe, como Coriolano, que Roma se fue con ellos, Roma sigue estando donde está. Roma está donde está Pedro y donde está Pedro está la Iglesia.
Aquí es importante recordar que la historia de Coriolano no terminó con la Ciudad Eterna reducida a cenizas. Luego de varias embajadas infructuosas, Cayo Marcio acabó rindiéndose ante la reprimenda terrible y rigurosa de una anciana, su propia madre. Veturia era el nombre de la mujer, un nombre que se asemeja bastante a la palabra “tradición”. Así pues, a Dios ruego para que haga surgir a la Veturia de nuestro tiempo que evite, parafraseando al cardenal Sarah, que esta herida profunda del Cuerpo Místico acabe por volverse irreversible.

Se entiende el sentido del post pero si vamos a ser estrictos, la comparación es inconducente.
La FSSPX no tiene odio a Roma, jamás ha querido destruirla y muchos menos se ha aliado con los enemigos de la Iglesia para hacerlo.
» Os conjuro a qué permanezcais unidos a la Sede de Pedro, a la Iglesia Romana, Madre y Maestra de todas las Iglesias, en la Fe católica integra expresada en los Simbolos de la Fe, en el Catecismo del Concilio de Trento conforme a lo que ha sido enseñado en vuestro seminario» Mons. Lefebvre
Por último, la FSSPX no ha traicionado a Roma.
Me parecio muy hermosa la historia del bravo Coriliano y la admiracion que sucito la primera parte de la historia se, convirtió en decepcion en la segunda. sin embargo provoco en mi emocion y sentimientos, podría haber premiado la narración con un pulgar hacia arriba.
Pero no se trata de sentimientos y tampoco de una historia de unos hombres que estan vinculados a la Roma del emperador. La FSSPX no surge como guerreros ejemplares, sino como resistencia a las consecuencias de las malas artes de los modernistas en el gbno de la Roma que no es una ciudad sino la catedra de San Pedro.
La FSSPX esta frente al mismo dilema que provoco su fundacion, peor aún hoy que fco se ocupo de llevar a las mas impensadas consecuencias y el Leon XIV no parece querer solucionar. Fue San Carlos Borromeo quien despues del Concilio de Trento ordeno la Iglesia, lo hizo enfrentando a los corruptos como los Humilliati y arrancando de raíz todo lo podrido que encontró, fue valiente puso en peligro su vida y resolvio y sano la Iglesia.
Es trivial en mi parecer considerar el problema desde la optica de una motivacion que va del orgullo de pertenecer a las rabietas de un niño malcriado. Aqui hay otra motivacion, Dios revelado, la Tradicion y Los Sacramentos, el dolor de estar unidos por el Amor y el respeto y la obligacion de ser fieles a la Iglesia fundada por Jesús corrigiendo a la que con en la época de Arrio tiene los templos y luchando para subsistir en esa lucha. el estado de necesidad no es de la FSSPX es de la Iglesia, ella es la que necesita hoy no un Coriliano sino un Santo como Carlos Borromeo.
La Verdad ya venció, un sacudón que ponga las cosas en orden, dejando de lado la «politica correcta» puede hacer que quienes hoy estan en los templos se conviertan y sean otra vez Católicos o nutran las filas en las que quieren poner a la heroica FSSPX. Leon XIV debería dejar su sonrisa paacifica de lado y ver que los liderazgos han cambiado Milei, Trump y Meloni enfrentan no negocian no es igual pero sería bueno intentarlo confiando en que quien maneja el timón tiene exito garantizado
Bien escrito, pero la analogía tiene sus limites, no creo que la FSSPX se alíe con algún poder externo a Roma y jure destruirla hasta las cenizas, mas bien se quedará mas o menos donde está, esperando que un giro del péndulo de la historia vuelva a traer a Roma hacia el lado tradicional. Quizás surja dentro de unos años otro Benedicto XVI o, si Dios quiere, algún Papa con el temperamento necesario para alejarse de las elites globalistas que instrumentalizan la Iglesia y se produzca una regeneración.
Es interesante la historia, realmente. Aunque es desproporcionada la comparación como dijeron algunos comentaristas con respecto a este recurso utilizado anteriormente.
Diferencia sustancial diría yo. La FSSPX no tiene odio hacia Roma y jamás ha recurrido ( no recurrirá, si mantiene su cordura) a los enemigos de la iglesia para atacarla. Es más, me consta , de parte de sus fieles y sacerdotes, que cuándo alguien de afuera ( no católico) ataca al Papa o a cualquier estructura de la iglesia, por más que en parte tengan razón, ellos defienden la investidura de la Iglesia. Me ha tocado vivirlo personalmente.
La primer parte puede estar proporcionada ( a gusto de los estrictos oradores del blog) pero la segunda es totalmente imprecisa
Interesante analogía. No conocía la historia.
Pero no es muy justa esta comparación. La FSSPX no se está uniendo a los enemigos de Roma para tomar venganza contra Roma, sólo se está manteniendo firme en no aceptar aquello en lo que considera que el CVII rompe con la Tradición. Por otro lado, me pregunto: ¿Qué pasará con la FSSPX si se mueren los dos Obispos que tiene y se queda sin ninguno? Es un tema muy serio.
Buen artículo. Pero me sorprende que no señale el trágico final de Coriolano: tras renunciar a atacar la Ciudad Eterna, lo matan los propios volscos que comandaba. Cabe preguntarse si los líderes de la Fraternidad no están también en una situación así. No creo que sea así, pero imaginemos que tienen dudas. Si dan un paso atrás con las consagraciones, ¿qué harán los fieles a los que tantas décadas llevan diciéndoles que no puede haber ni paz ni tregua con la Roma modernista?
se me hace que toda esa tragedia que pinta ocurrirá sólo en su imaginación, como cuando creyó que ese librito que destapaba las bajezas del clero iba a provocar un nuevo 1517.
yo creo la cosa está muy distinta que el 88: la feligresía ya está muy decantada en sus convicciones, hay mucho apoyo a la causa tradicional y la propia Fsspx es mucho más fuerte. Por contrapartida “Roma” hoy es casi una caricatura, vilipendiada por moros y cristianos, casi un sello de mal vivir.
En definitiva, creo que el drama lo es sólo para el neoconismo -aunque puede que reciban un bono, como la vez pasada- y todo va a seguir tal cual.
Muy interesante. Aunque con respecto al remanido Ubi Petrus, ibi Ecclesia, sería interesante recordar que esta expresión originalmente no tenía el sentido que todos le dan habitualmente. Permítaseme citar el libro del P. Federico Highton “El Error Lefebvrista”, más precisamente el anexo VIII de esa obra, escrito por P. Rodrigo Menéndez Piñar. Allí se dice que esta frase está tomada de “unas palabras de san Ambrosio al comentar el versículo 10 del salmo 40: Incluso mi amigo, de quien yo me fiaba, que compartía mi pan, es el primero en traicionarme. Todo este salmo es interpretado por el santo obispo de Milán como una profecía de la Pasión de Jesucristo. En su bellísima exposición, recogida en la obra Explanatio psalmorum XII, Ambrosio argumenta que Judas, figura del pueblo judío que rechaza a Cristo, participa de la profecía del anticristo en Dan, el hijo de Jacob, que es una serpiente que se aposta en el camino y el sendero, para morder el calcañar del caballo, cuya consecuencia es que caerá hacia atrás el jinete que espera la salvación del Señor (Gn 49, 17). Judas, con su beso, muerde como una serpiente al caballo ─la carne de Cristo, sometida a la Pasión─ y el jinete ─Cristo─, eligiendo voluntariamente tal descenso, cae hacia los que están detrás de él para dominarlos y santificarlos. Así, los judíos, al intentar caer sobre el Señor, retroceden y caen a tierra (cf. Jn 18, 6) ─que es muerte e infierno─ ante su encuentro; mientras que el Señor cae sobre Pedro, y con Pedro ─pues aquí es figura de ella─ sobre la Iglesia, ya que Pedro había sido puesto detrás de su Maestro (cf. Mt 16, 23; Mc 8, 33) y a éste seguía por detrás en su Pasión (cf. Mt 26, 58). Este doble movimiento, uno de salvación y otro de condenación, lo ve Ambrosio profetizado en otras palabras de nuestro Señor: todo aquel que caiga sobre esta piedra se estrellará; pero aquel sobre quien caiga ella, será purificado/pulverizado (Lc 20, 18; Mt 21, 44). Al justificar cómo Cristo cae sobre la Iglesia para santificarla, es cuando introduce sus célebres palabras: Ubi ergo Petrus, ibi Ecclesia: ubi Ecclesia, ibi nulla mors, sed vita æterna, esto es, pues donde Pedro, allí la Iglesia: donde la Iglesia, allí no hay muerte, sino vida eterna”.
Ese es entonces su sentido primigenio, aunque por supuesto, los ultramontanos deformaron su significado original para adaptarlo a sus pretensiones hiperpapalistas.
Ahora sí, vengan en malón los papólatras de siempre…
Muy bien escrito, pero el error es creer, suponer o sospechar que por parte de la FSSPX habrá una postura diferente a la que hubo luego de 1988, cuando estando allí «los mejores», no se pasaron de rosca, ni devinieron cismáticos en su ánimo y su prédica, ni lucharon contra Roma (a diferencia de Coriolano).
Los que se pasaban de rosca, se iban, como cada tanto hoy alguno se va «fuera» de la FSSPX.
Estas historias parelelas entre Coriolano y la FSSPX, son similares en sus comienzos, pero bien diferentes al final.
Está en las manos de Roma ser Veturia. Si ella quiere no se abrirá más la herida. Y el escribe esa comparación de Cayo Marcio, bien lo confiesa: no pertenezco a las filas de la fsspx. Entonces lo ve desde afuera y por lo tanto concluye mal.