por Ramón Ruavieja
Saavedra Fajardo, una de las más preclaras cumbres del pensamiento político español del XVII, utiliza en su historia de los reyes godos, Corona Gótica, un interesante ejemplo para denunciar ciertas injerencias del poder político en ámbito eclesiástico. Relata el milagro sucedido cuando el rey Alarico, contrariado porque una iglesia le estorbaba las vistas de su palacio, recibió de su ministro León el consejo de derribarla. El ministro se encargó personalmente de facilitar los trámites y supervisar la destrucción del templo, pero apenas empezaron los oficiales a derribar la iglesia, quedó ciego León; «pena bien merecida en quien, lisonjero, respetó más los antojos del rey que la casa de Dios».
Creo que la tradición hispana, y en general la cristiana, son constantes en la advertencia sobre los males derivados del maltrato a los templos, males espirituales y materiales que refuerzan como castigo nuestra fe sobrenatural en el valor real, no simbólico, de los lugares sagrados. No es sino desde un profundo pesar, y buscando propiciar una rectificación en los miembros de la Iglesia involucrados, que se redacta este escrito.
Hace unos meses conocimos por exclusiva de El Debate la noticia de que, a espaldas de los trámites canónicos ordinarios, el Arzobispo de Madrid firmaba con el Gobierno español un “acuerdo” por el que, en el proceso de la resignificación del Valle de los Caídos y de su Basílica y Abadía benedictina, «en el interior de la Basílica se conservará como espacio destinado al culto la zona que ocupa el Altar y las bancadas adyacentes»; mientras que «El resto de los espacios del interior de la Basílica (vestíbulo, atrio, nave desocupada y cúpula) no están destinados al culto y podrán ser objeto de intervenciones de naturaleza artística y museográfica para la resignificación del lugar. Dichas intervenciones serán compatibles con la celebración de actos de culto en el espacio previsto del Altar y las bancadas adyacentes».
El efecto de este acuerdo es muy grave. Si el Cardenal tuviera competencia, un gobernante temporal y secular de un Estado aconfesional tendría vía libre para entrar en un templo católico activo, en una basílica pontificia por título, en una iglesia abacial como lugar de culto de una comunidad monástica; y realizar los ajustes, rediseños y resignificaciones que ideológicamente considerara oportunos. Deseando que tal firma haya sido inconsciente, se nos plantea la obligación de exhortar al Cardenal, y a los católicos españoles, con una serie de preguntas: ¿Qué constituye un lugar sagrado? ¿Qué implica su inviolabilidad? ¿Con qué límites puede la jerarquía católica resignificarlo? Dividiremos la reflexión en tres entradas, respondiendo a cada pregunta.
Lugares de culto
El Código de Derecho Canónico actual define en su canon 1205 que «son lugares sagrados aquellos que se destinan al culto divino o a la sepultura de los fieles mediante la dedicación o bendición prescrita por los libros litúrgicos». El Código vigente entonces, de 1917, establecía lo mismo en el canon 1154, con casi idéntica literalidad. Es evidente que una iglesia abacial, declarada como tal por Pío XII en su carta apostólica Stat Crux, y Basílica pontificia, elevada a tal rango por san Juan XXIII en su Breve pontificio Salutiferae Crucis, coincide en abstracto con esta definición de lugar sagrado.
Sin embargo, por si hubiera dudas respecto de su uso real e histórico, el Decreto-ley de fundación, de 23 de agosto de 1957, declaraba que la finalidad de su construcción no era crear un monumento o «una simple construcción material», sino «un lugar de oración y de estudio donde (…) se ofrezcan sufragios por las almas de los que dieron su vida por su Fe y por su Patria». Para ello, el decreto apuntaba directamente a «la Gloriosa Orden de San Benito» como aquella que ofrecía «la más plena garantía de que serán dignamente cumplidos los fines que se persiguen». Estipulaba como primera obligación de aquella comunidad monástica «mantener el culto con todo el esplendor que la Iglesia recomienda», cumpliendo el fin de rogar a Dios por las almas de todos los caídos.
A su vez, no solo adquirió la condición de lugar sagrado por su dedicación al culto de la comunidad monástica, sino por su condición de camposanto. Sin estar explícitamente planeado en el decreto, que no planteaba como función la de lugar de inhumación (la Basílica fue consagrada antes de que en sus capillas hubiera columbarios de ningún tipo), rápidamente se convirtió en lugar de sepultura de decenas de miles de caídos en la guerra. Entre ellos, más de un centenar de mártires beatificados por la Iglesia durante los últimos años.
Ahora bien, el canon 1214 establece que «por iglesia se entiende un edificio sagrado destinado al culto divino», no diciendo nada de una supuesta división de las partes internas de la misma. El ritual de consagración, por el contrario, es explícitamente antagónico a esta posibilidad de división. En el caso de esta Basílica, el responsable de celebrarlo, el 4 de junio de 1960, fue el cardenal Gaetano Cicognani, que había sido nuncio en España entre 1938 y 1953, y que ahora oficiaba como Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos (aunque responsable de la comisión para la reforma de la Semana Santa, podemos presumir que el rito de aquel 4 de junio estuvo exento de excesiva creatividad litúrgica). Del estudio de aquel ceremonial se pueden entresacar muchos actos que demuestran la conciencia de sacralidad del espacio más allá del altar y presbiterio.
Conforme al Pontificale Romanum vigente en aquella fecha, desde las primeras rúbricas de la ceremonia ya se hacía evidente la sacralidad de todo el espacio. Por lo pronto, existían prácticas preparatorias, como pintar doce cruces en las paredes interiores de la Iglesia, que apuntaban a prácticas rituales más allá del altar. La ceremonia comenzaba en el exterior de la iglesia, en que se postraba el obispo y se entonaban las letanías. El primer exorcismo de sal y agua, así como la primera aspersión de las paredes con esta agua, se realizaba en el perímetro exterior de la iglesia. Relatan las crónicas que el cardenal Cicognani realizó esta primera aspersión ritual de la Basílica rodeando el Risco de la Nava en coche, de tal modo que todo el conjunto comprendido en la montaña quedó bendecido. Especialmente relevante a aquel día es el responso que el Pontifical dictaba para ese momento: «La casa del Señor está fundada sobre el vértice de los montes, y está elevada sobre todas las colinas, y todas las naciones vendrán a ella» («Fundata est domud Domini super verticem montium, et exaltata est super omnes colles, et venient ad eam omnes gentes»). ¿Cómo negar la condición sagrada de aquel espacio excavado en la montaña?
La oración de la primera procesión de aspersión sellaba la respuesta: «Atiéndenos en nuestras súplicas, y de esta casa, de la cual eres el fundador, sé el protector» («adesto supplicationibus nostris, et hujus domus, cujus es fundator, esto protector»). Esta procesión, rodeando la iglesia, se realizaba otras dos veces más, bendiciendo sus muros, y golpeando después de cada una el obispo la puerta del templo con el báculo, entonando la antífona del salmo 23, Atollite portas. En la segunda bendición, el responso también hacía referencia a la condición sagrada de todo el recinto, cantando «Bendice, Señor, esta casa que edifiqué para tu nombre» («Benedic, Domine, domum istam, quam aedificavi nomini tuo»). A quien pensara que tales repeticiones y aspersiones eran meros símbolos, la oración final del rito le sacaba de dudas: «Omnipotente y misericordioso Dios, que has concedido a tus sacerdotes semejante gracia por encima de los demás, que todo cuanto en tu nombre realizan digna y perfectamente, se cree que lo haces tú mismo: te suplicamos por tu inmensa clemencia que visites lo que ahora vamos a visitar, y que bendigas lo que vamos a bendecir» («Omnipotens, et misericors Deus, qui Sacerdotibus tuis tantam prae ceteris gratiam contulisti, ut quidquid in tuo nomine digne perfecteque ab eis agitur, a te fieri credatur: quaesumus immensam clementiam tuam, ut quidquid modo visitaturi sumus, visites; et quidquid benedicturi sumus, benedicas»).
Sin embargo, no solo estos ritos en el exterior realzan el carácter sacro de todo el recinto de la Basílica. También los ritos que seguían a la entrada del obispo en la iglesia entrañaban este profundo significado: podemos citar, sin ánimo de exhaustividad, la oración del Veni Creator en el centro de la iglesia, ad medium Ecclesiae; cómo, durante el mismo, uno de los ministros esparcía ceniza por el suelo de la iglesia, formando una cruz en aspa entre las cuatro esquinas del edificio, y cómo el obispo tras la bendición de la iglesia escribiría sobre ellas los alfabetos latino y griego; cómo se rezaban las letanías en el centro de la iglesia, no en el presbiterio, y al acabar el obispo invocaba «Para que te dignes visitar este lugar» («Ut locum istum visitare digneris») y « Para que te dignes a atribuirle la custodia a los ángeles» («Ut in eo Angelorum custodiam deputare digneris») para todo el recinto; cómo la triple bendición y consagración de la iglesia, momento central de la ceremonia, se hacía desde el centro, «Ut ecclesiam, et altare hoc (…) consecranda bene + dicere digneris», incluyendo toda la planta de la iglesia, y el altar como el centro hacia el que converge todo.
Tenemos también cómo tras la conmixtión de sal y agua exorcizadas, cenizas y vino benditos (mezcla que se denominada “agua gregoriana”), se invocaba la protección de Dios sobre la totalidad de aquella casa, domum, y más tarde habitaculum, y se expresaba esta completud asperjando la totalidad del edificio por dentro, después de haber bendecido específicamente el altar. Esta aspersión procesional del templo se realizaba tres veces, con tres vueltas a la iglesia, cantando en la primera el salmo 121, en la segunda el 67 y en la tercera el 90. Tras ello se asperjaba el suelo de la iglesia (no únicamente el del presbiterio), cantando el pasaje evangélico «Domus mea, domus orationis vocabitur» (Mateo 21, 13; originalmente Isaías 56, 7).
Al terminar aquellas aspersiones, el obispo entonaba dos oraciones. En la primera, se pide a Dios una bendición que no hace distinción entre los espacios del tempo: «Oh Dios, que santificas los lugares destinados a tu nombre, derrama tu gracia sobre esta casa de oración, para que todos los que aquí invoquen tu nombre experimenten el auxilio de tu misericordia» («Deus, qui loca nomini tuo dicanda sanctificas, effunde super hanc orationis domum gratiam tuam; ut ab omnibus hic nomen tuum invocantibus, auxilium tuae misericordiae sentiatur»). La segunda, sin embargo, debió de sonar en aquella Basílica especialmente escrita en el Pontifical para aquella ocasión: «También esta basílica, en honor de la santa y victoriosísima Cruz (…) dedícala, siendo clemente; ilumínala, siendo misericorde; esclarécela con tu propio resplandor» («Hanc quoque basilicam in honore sanctae et victoriosissimae Crucis (…) clementissimus dedi + ca; miseratus illu + stra, proprio splendore clari + fica»).
Cierto es que la bendición e introducción de las reliquias en el altar, su consagración tanto con santo Crisma como con óleo de los catecúmenos, sus incensaciones, etc., constituían el centro de la ceremonia. No obstante, distintas partes de la iglesia recibían también especiales bendiciones. La puerta era signada con santo Crisma, y «bendita, santificada, consagrada, sellada y encomendada al Señor Dios». Tras la unción del altar, el obispo ungía con crisma cada una de las doce cruces pintadas en las paredes de la iglesia, con su pulgar derecho, diciendo «Sancti + ficetur et conse + cretur hoc templum», e incensando el perímetro de la iglesia. Se consagraban especialmente los vasos sagrados y ornamentos de la iglesia, y existe incluso una bendición en el Pontifical para las campanas.
Finalmente, en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos no se consagró solamente el altar mayor. También se consagraron, como prevén las rúbricas, todos los altares de las capillas laterales, ocho en total, siendo responsables de cada uno los obispos de Salamanca y Guadix, el obispo auxiliar de Madrid-Alcalá, y los abades mitrados de Silos, Samos, Viaceli (Cóbreces), San Pedro de Cardeña y Santa María de la Oliva.
Parece, como conclusión a esta primera entrada, que el ritual que se usó para la consagración de aquella Basílica no deja lugar a dudas: la totalidad del recinto fue elevada a la condición de lugar sagrado. Queda ilustrar al Cardenal, primero, en si una comprensión litúrgica y teológica emanada de los libros vigentes permite excluir la planta del templo, salvo el altar, de la condición de sacro; y segundo, si en cualquier caso él tiene autoridad para hacerlo.

La Iglesia española ha sido furibundamente pepera. Todavía me acuerdo cuando se empezó a hablar de Vox allá por 2012-13, la Iglesia hizo una campaña sistemática contra dicho partido. La Iglesia española tiene a personajes a su cabeza como Monseñor Argüeyo que fue antifranquista y miembro del PCE. No saben ni por donde les sopla el aire. La Iglesia no ha movido un dedo por el Valle de los Caídos como tampoco lo ha hecho la monarquía. Luego está el sector neocon con gente como Munilla o el antiguo cardenal de Madrid Rouco Varela.
Como dice el adagio con amigos así quién necesita enemigos. Recordemos a titulo de ejemplo como Carlos Osoro suprimió la misa de las familias.
Los carlistas que se partieron los cuernos durante casi 5 guerras carlistas (una en 1830, otra en la década de los 40, otra más en los 70, una algarada a principios de 1900 y la última durante la guerra civil española) no han recibido más que indiferencia y hasta una cierta animadversión por parte de la jerarquía católica. Normal que se hayan hechos todos lefebvristas.
Los sectores tradis en la Iglesia soltaron amarras con la deriva de la Iglesia actual y dijeron “aquí os quedáis”. Después de toda la sangre vertida por los mártires de la tradición tenemos que seguir aguantando con carros y carretas.
De parte de un católico tradicional.
La Iglesia Católica española es furibundamente SOCIALISTA, porque a eso es lo que equivale la «justicia social» (parasitar del fruto del trabajo del vecino ).
Todos olvidamos que Pablo VI era un progresista de familia progresista y que durante su largo pontificado muchos creían que la Unión Soviética había tenido éxito y que, influyendo directa o indirectamente en un tercio de los países del mundo, acabaría dominando a todos, por lo que había que transigir con los comunistas y aceptar a tiempo para poder sobrevivir.
Desgraciadamente el socialismo y el comunismo políticos se hicieron desde el principio en contra de la Iglesia
(en parte porque son productos filosóficos, de la razón, y las religiones, «especialmente» el cristianismo, son el «opio del Pueblo» (esto es, atonta para impedir que hagan la revolución y los políticos del partido impongan a todos su dictadura ilustrada); en parte porque están diseñados para que una minoría muy pequeña manipule a una mayoría con la envidia, el resentimiento y el odio y los utilice como un armamento para dominar la sociedad, a la que considera su enemiga, en su egoísta beneficio).
Bien, ya hemos visto todos cómo ha acabado esa ideología tan inhumana, cruel y mortífera, que mantiene a las personas en la más férrea opresión y miseria.
El problema está en que si promueves un socialismo, aunque sea light, estás fomentando también los verdaderos partidos que, una vez en el poder, no querrán compartirlo. Es más, como socialismo, comunismo, y anarquismo realmente funcionan como religiones y una persona no puede creer al mismo tiempo en dos religiones, una por necesidad tiene que expulsar a la otra, que es su competidora.
Ahora, lo mismo ha hecho el PP español (posiblemente porque es el partido de las familias de la oligarquía española y que tienen cómo único interés salvar sus paquetes accionariales en el IBEX 35 principalmente; lo que pasa es que estas familias son muy pocas y solas nunca ganarían una elección -es imposible-, de ahí que tengan que engañar a más gente para hacer bulto. De ahí que el actual líder del PP, el nacionalista portugués que se jacta de no querer hablar español en público, Alberto Núñez Feijoo, diga públicamente que (está en youtube) hay un espacio de «izquierda moderada» a la derecha del Partido Socialista, a ver si pica algún votante socialista despechado.
Mire, en una democracia, los ciudadanos, con su voto, tienen cierta influencia en las políticas a ejecutar en la legislativa que están votando.
Y en los países occidentales el progreso lo trae exclusivamente la economía (más precisamente la industria)
Por tanto es su interés que la economía funcione en beneficio del votante y no en contra.
Es decir, que el ciudadano tiene que vivir bien de su trabajo, no de robar legalmente al vecino; porque a parte de que eso es realmente un pecado (y da al dinero una importancia que nunca debe tener, porque la persona es algo mucho más importante), promueve socialmente la envidia, la codicia de los bienes ajenos y la mediocridad -todo realmente nocivo en cualquier sociedad y por eso mismo desde que el hombre es hombre han sido comportamientos condenados y prohibidos )
Desgraciadamente todos los partidos de izquierda, una vez en el poder y para atornillarse en la poltrona, intentan destruir la económica para poder comprar el voto con ofertas de ayudas sociales para que el votante y su familia puedan sobrevivir.
Además es intolerable que una persona joven y sana a quién la ciudadanía le ha pagado un bachiller tenga que hacer trabajos de poca cualificación y por tanto mal pagados. Ídem con un egresado universitario: él tiene que ayudar a los que no han tenido su suerte y no al contrario.
España lleva 45 años seguidos de socialismo (laicista anticatólico) creando muchos problemas que antes no tenía. La Iglesia no debe colaborar con este crimen, aunque dolo sea porque se está poniendo la soga al cuello.
Por cierto, qué esto me recuerda un video que he visto hoy en youtube:
Se llama: Psicóloga analiza: el cerebro sin fe y el vacío total.
Es de lo más instructivo.
No soy profeta, pero creo que Dios no dejará sin «castigo» en vida al que profanare aquel santo lugar. Cobo, si tienes fe, estás jugando con fuego, no lo hagas.
Cobo ya lo ha hecho.
Y desde luego no demuestra vergüenza, contrición o arrepentimiento.
Posiblemente como su benefactor.
Los católicos aguantan todo, malos gobiernos, malos obispos, malos Papas. Nunca han logrado defender sus intereses en las democracias, en parte por su idiosincrasia borreguil, en parte porque la «representacion» de lo católico se la apropió el clero que ha transado con el mundo liberal.
El problema con la Iglesia Católica española es que depende sus presupuestos con los que mantiene su función apostólica de la recaudación de dinero que hace por ella el gobierno nacional en el Impuesto de la Renta de las Personas Físicas. Es decir, que es un asunto privado pero que se beneficia 100% del poder recaudatorio y ejecutivo del gobierno para hacerse efectiva.
Esto es un gran beneficio, porque no necesita hacerlo ella, se ahorra los gastos de recaudación y porque de otra manera dependería de la buena voluntad de los donantes, lo que no siempre funciona.
Se llama popularmente la «X de la Iglesia» porque en el impreso de recaudación y pago de dicho impuesto, cada sujeto pasivo del impuesto tiene la opción de marcar una casilla especial que permite (no sé realmente en qué términos ) que una parte de su dinero, que de otra parte tampoco conservaría, sería destinada al culto católico (a través de la Conferencia Episcopal Española).
Otras confesiones religiosas tienen el mismo privilegio previo acuerdo con el ministerio del ramo correspondiente.
Se llama algo así como sistema «Bismarck» porque está copiado del sistema con que ese estadista alemán estableció para el mantenimiento de las iglesias luterana y católica alemanas; creo que se usa también en Italia.
Pero ¿de dónde viene esto?
Pues de las «desamortizaciones» (falso nombre por «incautación y robo de propiedad privada sin indemnización», porque «desamortizar no significa eso, sino dar libertad para que una propiedad pueda ser disponible libremente a pesar de los designios expresos del donante o fundador en contrario)
Están copiando lo que antes hicieron los franceses de la revolución y antes que estos los ingleses con Enrique VIII: robar las propiedades de la Iglesia…convirtiendo a cambio a los sacerdotes en una especie de funcionarios pagados por el Estado. Y esto es lo que se acaba firmando con el convenio con la Santa Sede, que tiene que aceptar los hechos consumados, levantar la excomunión por robar bienes eclesiásticos y salvar lo que pueda para normalizar la situación.
Bien, esto, que es la típica obligación del Estado con un particular o con un país, llega a la Segunda República Masónica Bananera, que lo quita y a Franco, que lo repone.
Con este sistema el Estado mantiene a los sacerdotes y a los obispos con un salario (y posiblemente sus seminarios ), pero no los monjes, monjas ni los religiosos.
Bien, pues esto llega hasta la farsa de democracia en que la Iglesia renuncia a sus derechos legales a cambio de recaudar a través del Estado una cantidad (lo que los católicos deseen tachando la casilla con una «X»)
Todo esto es para indicar dónde está el problema con la Conferencia Episcopal Española, que está sometida siempre al chantaje de perder este derecho y con ello su financiación.
Y por eso mismo los obispos españoles no se opusieron a la Ley del Aborto Socialista (los corruptos líderes socialistas, como el vicepresidente del gobierno Alfonso Guerra, les leyeron a tiempo la cartilla)
La gracia del chiste está en que, por una parte, los socialistas multiplican los impuestos por cuatro (con lo que los ciudadanos tienen menos dinero para mantener sus intereses, como donar lo que quieran a la Iglesia) y por otra los partidos políticos y los sindicatos están fuertemente subvencionados por el Estado, las regiones y los municipios, contra el mandato constitucional que establece la libertad de asociación política y sindical y a sensu contrario la libertad de los que no quieran asociarse a no asociarse y por tanto a no pagar la cuota: la tienen que pagar de todas formas obligatoriamente con sus impuestos.
Esto hace también que los jefes de los partidos y sindicatos no dependan para nada de sus asociados (porque no les paga ellos, sino el Estado -los ciudadanos-), es decir, que no hay democracia ninguna en sus organizaciones ni en el Congreso o en el Senado: son todos puestos a dedo por el amo y no dependen para nada de los votantes.
Pero para los progresistas desde la invasión napoleónica, el «problema» es siempre la religión católica», porque es «medieval», «oscurantista», «atrasa»….y era muy rica en golosas propiedades rústicas y urbanas.
¿No decía Bergoglio algo así «Iglesia con olor a oveja»?
¡Nunca con la «X» de la Iglesia Católica Española!, porque no es tonta.
Pues los socialistas lo saben y obran en consecuencia.
Creo que no está permitido la desacralización parcial de un templo.
Su «El pueblo unido jamás será vencido» es una frase inspirada por un discurso del caudillo liberal colombiano Jorge Eliécer Gaitán en la década de 1940. Pero fue popularizada por el grupo comunista chileno Quilapayún en los 1973. Desde entonces es entonada por las izquierdas en sus movilizaciones golpistas y, fuera de ese universo, por militantes amateurs y metidos a política. En cuanto al supuesto voto católico en España, como en cualquier país de occidente, es cierto que no tiene representación en cuanto tal. Pero eso no parece preocuparle a los católicos, pues no activan la abstención y, cuando lo hacen pasivamente, su peso es insignificante. ¿Qué hacen entonces? Como usted sabe, votan cualquier cosa, incluso socialistas, comunistas o engañifas progres. El asunto no es para nada simple y hace parte de la mayoría de los temas tratados en el blog.
6/abril 11.58.Lamento no compartir ese optimismo respecto del pueblo español. A la inmensa mayoría de los «católicos» españoles no sólo es que no les importa el Valle de los Caídos, es que tienen su representación política en el P. Popular que es el P.Socialista en su versión azul, ya sabe dos pasos para delante y uno para atrás,..Y esto es aplicable a más del 80% del clero. No van a mover un dedo unos y otros.- Otro error de Franco fue nombrar al Presidente de Gobierno como presidente del patronato que representa a Patrimonio Nacional y ya sabemos quienes han venido y vendrán como » «Presidentes de Gobierno». A seguir disfrutando del «diálogo» tan cacareado desde hace más de 70 años.
zuma
pregunto ¿castigara Dios a los responsables de esto igual que en al edad media? ¿Dios no castiga mas? o ¿la iglesia actual oculta o no toma como castigo ciertos fenómenos que pueden suceder? que difícil es todo
tendra un castigo el obispo y las personas responsables de esto? o ya Dios no castiga mas? o si castiga está iglesia no lo interpreta?
Puede que los católicos de hoy en día carezcamos de la valentía y el carácter para poner en su sitio al grandísimo asno del cardenal meteorito. Pero, como el artículo reivindica, la Providencia no espera a la acción de la justicia humana, deficiente o corrupta casi siempre, para actuar por su cuenta. Recemos para que Su Insignificancia o Su Menudencia -cualquiera de los dos tratamientos vale para el personajillo en cuestión- se convierta antes de que sea demasiado tarde.
En realidad lo que sucede es que desde 1978 (yo diría desde 1975), los católicos españoles, que son la mayoría de la población no tienen representación política (nadie defiende sus legítimos intereses políticos ), lo cual significa que España no es una democracia.
(La democracia es la ley del número: como cada ciudadano es igual al resto, su voto vale exactamente igual al de los demás, por lo que si hay mayoría de ciudadanos católicos, sus votos, que son mayoría, deberían defender sus intereses, que siguen siendo los de la mayoría. Esto no sucede, por lo que están fuera del sistema.
En realidad es mucho peor, porque desde 1982 en que gana el Partido Socialista (sí, el mismo partido tan corrupto y ladrón de siempre causante del golpe de Estado fracasado de 1934, del pucherazo electoral de 1936, de la guerra civil española y del genocidio católico de 1936 puesto por los americanos durante la Transacción para que pudiera haber un partido de izquierdas «moderado» que hiciese sombra al temido Partido Comunista), los «progresistas» y masones se han dedicado con ahínco a descatolizar España desde el poder, mientras destruyen la estructura económica creada por Franco para des-crecer la economía y re-proletarizar las clases medias franquistas.
El problema con la abadía de la Santa Cruz es que tiene la cruz más alta del mundo que se puede ver a kilómetros a la redonda y esto es anatema para la masonería afrancesada.
La cruz debe desaparecer, pero ¿cómo ?
Pues poco a poco, empezando por «resignificar el espacio» como prueba de que «Franco se levantó en armas contra el régimen «legítimo» de la Segunda República masónica» (que por lo visto y, contra toda evidencia pública, que hay de todo tipo como para dar y tomar, era «democrática» (sic) )
Hoy es esto, mañana será la falta de mantenimiento, pasado la expulsión de los monjes…hasta llegar a la destrucción con dinamita de un símbolo de «odio» (y estos por los mismos marxistas cuyo objetivo es hacer la revolución azuzando con la envidia, el resentimiento y el odio). Mientras un monumento que se erigió para la conciliación nacional se reconvierte en un monumento guerracivilista fabricando 70 años más tarde «buenos» y «malos» (los «opresores» y «oprimidos» de la praxis revolucionaria o técnica marxista para hacer la revolución de una manera «científica»)
Lo más curioso del caso es que Franco, el católico de misa y rosario diarios que salvó a la Iglesia Católica del exterminio total por martirio, le devolvió todos los bienes robados por el régimen masónico-marxista y le reconstruyó los miles de iglesias y monasterios quemados por estos y le dio un trato especial al declarar España régimen confesional católico, crea en esa misma abadía de la Santa Cruz un centro de estudios sociales de nivel universitario en el que se juntaban catedráticos y políticos para intentar aplicar en España la doctrina social de la Iglesia.
Sin embargo la postura en este tema del Cardenal Arzobispo de Madrid José Cobo Cano y del Secretario de Estado Cardenal Pietro Parolin, ambos elevados al cardenalato por Bergoglio y enchufados por la autoridad suprema («por mis c.jones») de éste en sus respectivos beneficios, son las mismas que las de Bergoglio y que las de los jesuitas españoles. En esto son consecuentes.
¿Cómo se puede comer un elefante?
Pues bocado a bocado.
Desde 1975 los políticos, los masones y los obispos llevan descatolizando el país «bocado a bocado». Aunque parece que este último se les puede atragantar en la boca de grande que es.
Por otra parte los españoles se están despertando a la realidad y no quieren volver a ser proletarios, como es natural: quieren volver al Estado del bienestar que les dio Franco.
Es decir que socialmente los políticos y la Iglesia, que hicieron la Transición y montaron el corruptísimo Régimen del 78, se han deslegitimado solos y serán presa del desprecio del Pueblo español.
Y en estas estamos.
Veremos quién gana con esto de la abadía, si los españoles o los políticos y los obispos.
Recordemos:
«El Pueblo, unido, jamás será vencido»
(con la ayuda de Cristo y su santa Madre Inmaculada)
Muy exacto su comentario aunque el proceso destructor del catolicismo español (sería muy interesante ver cómo se ha producido en otros países y supongo que haya muchos paralelismos) no se hubiera dado sin la colaboración de la conferencia episcopal que habría intervenido para paralizar la oposición de la entonces derecha del PP ante una ampliación de la ley del aborto. Ahí nació la frase del dirigente del PP Manuel Fraga que había dicho que no dejaba la Iglesia «porque mi madre era de esta cofradía». Es sólo un ejemplo pero seguro que hay más casos similares. La influencia nefasta de las conferencias episcopales en la crisis de la Iglesia es difícil de exagerar. Nacidas del Vaticano II con carácter permanente, sin competencia magisterial pero con gran peso mediático, basadas en la determinación socio política de cada país y regidas por la ley del número y no de la excelencia… en fin.
Anónimo:
La ley del número no está en contra de la excelencia, porque todos, que no somos idiotas, queremos lo mejor. Esa es la ley general.
Pero ¿por qué entonces puede haber gente que prefiera la mediocridad, la basura, el deshecho?
Pues porque no sufre o se beneficia de las consecuencias de su opción.
Si es cierto que la mayoría de nosotros somos mediocres, envidiosos, vagos…y queremos justificar que somos unos perdedores -antes que cambiar de comportamientos nocivos- ensalzando lo que son como nosotros.
Aun así la realidad se impone: es mejor ser tratado por un buen médico que por un mal matasanos, aunque sea exactamente como nosotros y nos dé mucho jabón.
La única manera de que el sistema funcione bien entonces está en que el votante reciba los beneficios y los perjuicios de su voto. Se podrá equivocar una vez; tal vez dos («el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra», decían los antiguos griegos); pero te aseguro que tarde o temprano reacciona.
De hecho esto existe y es lo que en política se llama «voto flotante» y es el voto que siempre corona vencedor al menos malo (el sistema no da para más )
Tal vez el problema está en que todos, empezando por los líderes políticos hemos perdido el temor de Dios; y contra eso no hay remedio efectivo.
Volviendo a España (y Gran Bretaña, Estados Unidos…) si el partido de la oposición, cuando llega al poder, sigue haciendo exactamente las mismas medidas «progresistas» del partido al que los ciudadanos, con su voto, han echado del poder…pues a parte de ser un engaño mayúsculo a la ciudadanía y de que así el sistema nunca puede funcionar, efectivamente los ciudadanos nunca podrán experimentar los beneficios y siempre estarán sumidos en la m.erda.
En este caso nunca podrán votar excelencia porque no la conocen.