Hace algunos días publique un post en el que, al pasar, decía que no era partidario de multiplicar los títulos a la Santísima Virgen, en referencia al documento Mater populi fidelis y la Corredención mariana. Varios lectores se mostraron molestos, e incluso alguno violento. Se trata de actitudes difíciles de comprender; pareciera que los católicos no podemos tener opiniones personales sobre temas que no están definidos, sino que debemos acatar una suerte de doxa establecida e indiscutible. Ciertamente, no me refería a títulos que tradicionalmente se le atribuyen a María Santísima como los expresados en las Letanías lauretanas. Por ejemplo, «María, reina de la paz»; en la nave izquierda de la basílica de Santa María la Mayor de Roma hay una bellísima escultura de este título, frente a la que siempre hay devotos rezando. Y probablemente en otros templos hayan imágenes dedicadas a «María consoladora de los afligidos» o «María, casa de oro». Y provocarán la devoción de los fieles. Pero en esta cuestión es fundamental recordar la distinción que hace San John Henry Newman entre «devoción» y «doctrina». La primera está muy bien, y varía según los tiempos y lugares. La doctrina, en cambio, es universal y se establece según el consenso de la Iglesia, a través de los obispos, siguiendo la Tradición enseñada por los apóstoles y los doctores, y las prácticas seculares del pueblo fiel. No sería sensato, por ejemplo, pedir la proclamación del dogma de «María reina de la paz» o de «María casa de oro», aunque se puedan promover esas devociones. Este artículo de Eck, a través de un caso histórico, muestra la situación.
por Eck
Nihil novum sub sole (Eclesiástés, I, 9).
“Nada hay nuevo bajo el sol” reza la archiconocidísima y archirrepetidísima sentencia del Eclesiastés. Luego Carlos Marx la redondeó con otra suya que se encuentra en su obra El 18 de Brumario: “la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa”. En nuestro caso la tragedia y la farsa no está en los hechos en sí: nada hay aquí de revoluciones, golpes de Estado y demás politequerías, sino en dos personajes protagónicos y antágónicos en sus vidas y compañeros en opiniones semejantes, la esencia pura de la caricatura. Uno es un padre y otro un payaso; uno tenía una autoridad inmensa, el otro el desprestigio más absoluto; ante el uno todos se inclinaban y sus palabras movían montañas, el otro sus palabras movían a la rechifla y escarnio; el uno hablaba con el lenguaje del amor para reflejar lo inefable, el otro usaba la mística para encubrir lo escabroso; el uno encarnaba la gloria y la tragedia de su época, el otro era el mayor bufón de una Corte de los Milagros chabacana, cutre y mediocre. Vidas paralelas y antitéticas, se tenían que encontrar en un punto intermedio del gran teatro del mundo para confundir a sabios y zonzos, y traer motivos de meditación profunda en este escenario de sombras chinescas y trampatojos que es nuestra vida. Nada nuevo bajo el sol pero cómo cambia el cuento si lo hace el protagonista…y los lectores.
San Bernardo y su reprimenda epistolar
Presentamos, pues, ante el público lector un extracto de una carta muy actual e interesante del Doctor Melifluo, del trovador de la Virgen, inspirador del Temple y creador del Cister, San Bernado de Claraval. Es la Carta 174, que se encuentra dentro de las Obras Completas de San Bernardo, edición bilingüe de la BAC, en el tomo VII (BAC Normal, nº 505, pg. 582-591). Aquí usaremos la traducción más antigua de la BAC en dos tomos y que se halla en el tomo II (BAC Normal, nº 130, pg.. 1177-1181) del año de 1955. Son ediciones seguras y fiables.
La carta está fechada hacia el año 1140 y se dirige a los canónigos de Lyon. Antes de entrar en el tema, hemos de dar una pincelada sobre quiénes eran los destinatarios de la carta de San Bernardo. Hasta muy acabada la Edad Media, la sede de Lyon era la más prestigiosa e influyente en toda Francia, metrópoli y cabeza de todas las Galias, testigo de los más antiguos mártires galos, refugio de su liturgia y silla de grandes doctores y santos como San Ireneo. Por este motivo el santo monje la denomina la noble y famosa iglesia de la que soy especialmente hijo (pg. 1181).
A pesar de esta confesión filial, llena de reconocimiento y de amor, el santo muestra su fuerte y recio carácter en defensa de lo que creía justo y verdadero, sin tener miedo a nadie como lo pudieron comprobar el mejor filósofo y dialéctico de su tiempo, Abelardo; el más poderoso e influyente abad del Cluny, Pedro el Venerable, y el cargo más alto y prestigioso de la Cristiandad, el papa Eugenio III, al cual amonesta para que sea un pontífice digno de tal función en una famosa carta que debería ser leída en cada elección papal. Las testas coronadas y nobles revoltosos, frente a los anteriormente citados, no dejaban de ser unos chiquillos llorones y traviesos a los cuales ponía en cintura con el chasquido de su lengua. Y estas cosas increíbles las hizo un monje que renunció completamente al mundo y cuyos dominios eran un monasterio en el desierto de Citeaux. Tal era su autoridad, el mayor poder y el más noble que existe. Sólo hubo una persona que se le resistió, hecha de la misma madera y cuya personalidad sólo podía parangonarse con la suya: la gran abadesa Eloisa.
San Bernardo, tradicionalista litúrgico
Pero volvamos al tema. El motivo de la carta del monje santo es la introducción de una nueva festividad litúrgica en el calendario de Lyon, solemnidad a la que se opone enérgicamente por tres motivos:
Por lo cual nos admiramos de una manera extraña de que en este tiempo algunos de vosotros hayan querido deslucir vuestra fama esplendorosa introduciendo una nueva solemnidad, que desconoce el rito de la Iglesia, que no prueba la razón ni recomienda la tradición antigua. ¿Acaso somos más sabios y más devotos que nuestros padres? Peligrosamente presumimos lo que dejó pasar su prudencia. De haber sido cosa de consideración, ¿podría haberse escondido a su diligencia? (pg. 1177)
Nos suena la música ¿verdad? ¿A qué sí? Desconocimiento del rito de la Iglesia, contraria a la razón y que no recomienda la tradición antigua. No era muy amigo de innovaciones San Bernardo aunque, si las veía positivas, las acogía con entusiasmo como las órdenes militares o su concepción de una orden monástica centralizada como el Cister. Otra faceta casi desconocida que nos muestra su carta es que, frente a la imagen dada por su enfrentamiento con Pedro Abelardo, San Bernardo era firme partidario de la razón: la fe es razonable e ilumina a la razón con su luz. Por eso, cuando ve una innovación que no justifica la fe ni prueba la razón, se opone con toda su fuerza aunque se equivoque.
Sí, digo aunque se equivoque porque en esta carta se equivocó. El Doctor Melifluo metió la pata hasta el corvejón. ¿Qué hay de extraño? El que tiene boca, se equivoca. ¿Por qué su oposición a esta festividad era errónea o, más bien, cuales eran las razones erradas para ir en contra de ella? ¿Cuál es la solemnidad, cual es la fiesta litúrgica a la que se opuso el Trovador de la Virgen María?
La Inmaculada Concepción de la Virgen….
Las razones equivocadas de San Bernardo
Se equivocó el santo doctor negando un dogma pero es que las razones que se le daban eran las equivocadas. Un dogma nunca esta aislado sino depende esencialmente de los otros. Unas verdades dependen de otras y hasta que no se ve claramente el vinculo que las liga entre sí y se iluminen mutuamente, la verdad que ahora cobra protagonismo debe ser meditada, pensada, contemplada pero no asumida completamente mientras no sea confirmada por la autoridad de la Iglesia, se demuestre su pertinencia a la Fe y se den razones de peso para su confirmación. He aquí un resumen que da el propio santo de sus razones por las que no acepta ni la fiesta ni la creencia:
Si, pues, no pudo ser santificada antes de su concepción porque aún no existía, si tampoco en su misma concepción por el pecado que concurría, resta creer que estando en el vientre después de su concepción, recibiese la santificación; la cual, excluido el pecado, hizo santo su nacimiento, más no su concepción (pg. 1180)
Y ante estos argumentos, se pregunta
¿Qué razón puede justificar la fiesta de la Concepción? ¿Cómo es posible, repito, afirmar que es santa una concepción que no es del Espíritu Santo, por no decir que procede del pecado, o cómo podremos celebrar como fiesta lo que no es santo?”.
Durante siglos la teología de los santos, la devoción del pueblo y la prudencia de la Iglesia han trabajado para responder estas cuestiones y resolverlas con éxito hasta la proclamación del dogma en 1854.
San Bernardo tuchero
Así que el Doctor Melifluo, el Cantor de la Virgen María, en este tema de los título marianos estaba de acuerdo con el cardenal Fernández. Es más, mientras que este último no recomienda, sobre todo, el de Corredentora, el santo carga en contra del de Inmaculada Concepción. Y desde sus escritos centenarios responde a muchos críticos actuales.
Ante la acusación de que se le quitan los títulos, de que se la destrona, afirma el santo con buen criterio:
Pero, dirás, la Madre de Dios debe ser muy honrada. Aconsejas bien; pero el honor de la Reina ama el juicio. La Virgen regia no necesita un falso honor, cargada, como está, de títulos verdaderos y de ínfulas de dignidades. (pg. 1177)
Y ante la acusación de algunos que padecen una preocupación que parece casi patológica, una especie de paranoia espiritual, inexplicable en un católico, así habla el santo:
Estas cosas [su santidad, su integridad, su elección, etc.] me canta de ella la Iglesia y las mismas me manda que la cante. Por tanto, mantengo y transmito seguro lo que he recibido de ella; lo que no, confieso que lo admitiría con grandes escrúpulos. (pg. 1177)
Y para acabar, rubrica el santo con una frase de oro del buen sentido católico:
Poco me mueven a mi los escritos que la razón no aprueba ni la autoridad favorece (pg. 1179)
Epílogo
Por otra parte, no la agradaría en absoluto el presumirse, contra el rito de la Iglesia, tal novedad, que es madre de la temeridad, hermana de la superstición, hija de la ligereza. Pero, si se juzga de otro modo, se debería antes consultar la autoridad de la Sede Apostólica y no seguir precipitadamente la ingenuidad de algunos ignorantes. Ya antes había notado en varios el error; pero disimulaba, perdonando la devoción que viene de la sencillez del corazón y del amor a la Virgen. Mas, descubierta la superstición entre los sabios y en la noble y famosa iglesia de la que soy especialmente hijo, no sé si podré disimular sin haceros a todos vosotros una grave ofensa…(pg. 1181)
No iba a escribir de este tema, que he de reconocer que no me interesa. Siempre he visto en la Corredención el típico caso erróneo de búsqueda de la dogmatización como el premio gordo de una devoción particular, con el añadido de la creencia supersticiosa de que convirtiéndolo en dogma, se resolverán todos los problemas de la Iglesia por arte de magia cual nuevo Pentecostés . Y con el inri de ser esta una devoción moderna, sin arraigo, tan artificiosa y artificial que ni siquiera tiene representación iconográfica, un hecho importantísimo pues sin su reflejo en las imágenes, no tiene encarnación en la Fe. La Asunción, la Medianería y hasta ese concepto tan abstracto, casi puro, la Inmaculada, tienen su reflejo propio. Tampoco tiene raíces en el Oriente, cuando los demás son objeto de devoción, y hasta el más polémico de todos, la Inmaculada Concepcion, encuentra defensores entre los más acérrimos enemigos de los latinos como Focio; en sus maestros espirituales más queridos, como Palamas o en los más celosos defensores de la pureza del rito como los Viejos Creyentes. En defintiva, la Corredención es una devoción modernísima, con pocos testimonios más allá de alguna cita de San Alfonso de Ligorio, artificiosa en su explicación y poco clara por las vueltas y matizaciones que le dan.
¿Que hemos visto? Histerismos por doquier, ataques ad hominem al Tucho y al Papa, golpes de pecho y rasgamiento de vestiduras para demostrar lo católicos y devotos de la Virgen que somos, no como esos publicanos… digo, modernistas. Poca Escritura, pocos Padres, pocos Doctores, poca liturgia, poca historia, poca razón. Mucho ruido y pocas nueces. Violencia simbólica para imponer a la Iglesia unas opiniones teológicas, vestiditas de tradición, cohesionar la propia tropa, crear un enemigo bajo la falsa creencia de pureza y justificar muchas cosas complicadas de matute. Con otros temas, corremos tupido velo…
Y ahora, tras mostrar esta carta, ¿qué diremos? ¿San Bernardo blasfemaba?¿Destronaba a la Virgen, la insultaba, le robaba los títulos su mayor trovador? ¿Era protestante, modernista y ecumaníaco el heraldo de las Cruzadas? ¿Hería el alma católica uno de sus más grandes místicos? Seamos valientes y atrevámonos a afirmarlo y sostenerlo del santo. Seamos coherentes, porque San Bernardo fue más tajante y duro que el Tucho y fue mucho más allá en sus crítica que el “siempre inoportuno” de ahora.
Finalmente hago mías las sabias palabras que puso el Santo Doctor al final de su carta:
Cuanto he dicho, lo sea sin oposición a un dictamen más sabio. Principalmente reservo esto, como todas las demás cosas, a la autoridad y examen de la Iglesia romana, dispuesto a enmendar cuanto no esté conforme con su juicio (pg. 1181)

Estimado Wanderer: ¿podría facilitarme el artículo anterior al que hace referencia en el comienzo del posteo? No lo puedo encontrar…
Muchas gracias.
Un artículo muy sensato. No es un título en el que esté empeñado, y confieso que el Tucho ha sido su más «fiel difusor», pues el personaje mueve a oponérsele, en una suerte de pulsión natural que como bien señalas puede acabar trayendo males (no lo nieto).
En el canal del padre Javier Olivera hay un vídeo titulado «María: ¿Corredentora o no? Un biblista responde», a mí me gustó mucho. Creo que ligaba el título a ser la Nueva Eva, lo cual es bíblico y asentado, y que lo explicaba muy bien.
Ante este tipo de post yo sinceramente me pregunto:
2. Si esa Redención de Ntro. Señor fue universal, ¿No es lógico pensar que su Corredención también lo es? Aunque los «orientales no conocen este título» como dice Eck. ¿Acaso no sería bueno que lo conozcan?
3. Y si Cristo nos dejó a su Madre en la Cruz, ¿Acaso no es lógico pensar que TODO pasa por su mediación? Pienso en el mensaje de la Virgen de la medalla milagrosa a Santa Catalina Labouré, ¿Acaso no es clarísimo que la Virgen media entre Dios y los hombres?
4. Si el autor considera «innecesario» la declaración del dogma, las constantes declaraciones oscurecedoras oficiales y no oficiales de Tucho y compañía en contra de los títulos y apariciones de María, ¿Acaso no constituye un motivo suficiente para aclarar las cosas habiéndose sembrado la confusión? ¿No se vuelve necesario aclarar cuando se oscurece desde arriba?
5. Si san Bernardo se equivocó, incluso habiendo «reflejo» en los íconos de la Inmaculada, ¿No podríamos afirmar en concordancia con San Bernardo que no es necesario ese «reflejo» en los íconos para la declaración de un dogma o la veneración de una devoción?
6. Si el autor hace suyas las declaraciones de San Bernardo, ¿No podría decirse que así como san Bernardo estaba errado en su visión, no lo estará también el autor con respecto a la Corredención?
7. Finalmente, si los dogmas marianos siempre han servido a la devoción que distingue Newman, ¿No sé acrecentaría y se renovaría aún más fuerte dicha devoción? Si la Virgen es quien le pisa la cabeza a la serpiente, ¿No será cosa de mandinga el andar quitándole títulos a Ntra. Madre?
Para pensar…
“Puesto que ella ya había recibido el Espíritu para sí misma, y por tanto estaba llena de gracia por sí misma, el mismo Espíritu debía venir ahora sobre ella para nosotros también, para que ella rebosara y desbordara de gracia. De tal plenitud hemos recibido todos. Al fin y al cabo, es nuestra Medianera”. San Bernardo. Sermo 2 in Assumptione BMV
Pingback: El pastor que maldice a la oveja perdida. Mi respuesta a Mons. Marcelo Colombo – Wanderer
A buen entendedor, pocas palabras. Comprendo que algunos lectores hayan criticado su opinión, pero no era necesario citar tanta doctrina y jurisprudencia respecto a este tema para justificar algo que es más claro que el agua. Se entiende que la Stisima. Virgen María, al ser la Madre de Dios, engloba todos los títulos per sé que uno pueda darle, y que hasta resultaría redundante conferirle siquiera uno solo porque los tiene todos. Es la Madre del mismísimo Verbo hecho carne, y por lo tanto, lo es absolutamente todo. Bendecida solemnidad de Maria, Auxilio de los Cristianos y de Mater Ecclesiae.
Wanderer, el arzobispo Marcelo Colombo ha emitido un comunicado en el que afirma que no ha sido sancionado por la Santa Sede y parece referirse a este blog. Pero usted no dijo que él hubiera sido sancionado, sino reconvenido:
https://www.vidanuevadigital.com/2026/05/19/el-presidente-del-episcopado-argentino-desmintio-una-fake-news/amp/
Sobre eso hablaremos mañana.
Estoy a favor del título y de la doctrina, pero entiendo que despierta pasiones, incluso entre los tradicionales y conservadores: por eso creo que conviene cambiar la terminología, como hizo el Papa León el 8 de mayo en la homilía en Pompeya.
Llamó a la Virgen «cooperadora en la Redención», «Madre del Cuerpo de Cristo» y «Omnipotencia suplicante».
Yo sé que una homilía no es dogma, pero es una bocanada de aire fresco después de Francisco.
Sobre si hay que declararlo dogma o no, no sabría decirlo… Cuando yo sea Papa voy a convocar a un Concilio Vaticano III para condenar una por una todas las herejías de los modernistas (y del mundo moderno, como quería Castellani).
No le quiten más tiempo a Wanderer con la moderación, que tiene que escribir una respuesta…
Desilusión total y absoluta con su artículo, Don Wanderer. Me uno al comentario de alesolap y de paso le recomiendo leer la magnífica obra de Monseñor Alberto José González Chaves, recientemente publicada, «María Medianera y Corredentora».
De verdad te desilusiona esto?
El que no se desilusiona es porque no quiere.
Señor Eck, ¿cómo se explica entonces que, en los vota enviados por los obispos de todo el mundo durante la fase antepreparatoria del Concilio Vaticano II, entre los dos pedidos más insistentes y reiterados apareciera uno de particular fuerza: la proclamación más explícita de María como Mediadora y Corredentora, llegando incluso algunos a solicitar una definición dogmática? Esta información, por si le interesa, la tomo del conocido libro de Roberto de Mattei sobre el Vaticano II. Fraternalmente, Fabio.
Podría ser que esos Obispos estaban en babia pensando más en títulos para la Virgen a fin de favorecer la devoción privada de gentes con ínfulas, en lugar de ocuparse de los problemas reales en sus diócesis que luego dieron fruto en el progresismo rampante del posconcilio… digo, ¿no? Podría ser.
El vano triunfalismo preconciliar ocultaba la mugre bajo la alfombra. Por eso sucedió lo que sucedió en el CVII.
Fabio, esos mismos obispos aprobaron «Unitatis redintegratio» por 2137 vota; «Nostra aetate» por 2221 vota; «Dignitatis humanae» por 2308 vota; «Sacrocanctum concilium» por 2147; «Gaudium et spes» por 2309; etc. ¿Por qué me tienen que valer más esas peticiones, cuando no se proclamó el dogma ni se definió, que los votos de todo un Concilio Ecuménico legitimamente convocado por el Santo Padre?
Y como ya he repetido muchas veces soy partidario y creo firmemente en la participación mediada y en grado superlativo de la Virgen Maria en la redención de Cristo tal como explica S. Pablo en Colosenses I, 24. Me opongo a la palabra, que confunde más que aclara y a los motivos y actitudes de muchos para tan consagración de la palabra.
Eck
scusate vorrei sapere come si chiama l autore con nome e cognome di questo articolo interessante grazie
Wanderer
Es muy triste que se quiera justificar en San Bernardo.
El título Corredentora no solo tiene fuerza en sí mismo y una carta de ciudadanía en los últimos siglos sino también y creo el argumento más fuerte que es el de la aprobación de los Santos más recientes. Prefiero seguirlos. Qué pena que JP2 se dejó llevar finalmente por B16 que a mi juicio fue un teólogo alemán de este siglo con una mariologia pobre influenciada por el fuerte impacto de la teología protestante en la católica del siglo XX.
Da pena incluso que tenga esa actitud perdóneme que le diga que me suena hasta de mal espíritu hacia el título y de respeto hacia una inmensa mayoría de fieles y de santos canonizados que invocaron a María con ese dignisimo título de gloria que expande la gloria de la Theotokos.
Sacerdote argentino
Disculpe, padre, pero no exagere.
La gloria de María Santísima no se expande con ningún título que nosotros podamos darle.
No hay mayor gloria que ser, precisamente, la Theotokos, todo lo demás proviene de eso y se reduce a eso, y tiene en esa realidad (que no mero título) su sentido.
Nosotros no podemos añadir nada a la gloria que Dios le da a su Madre.
Antes de empezar, quiero aclarar que me expresaré de modo directo y sin ambajes, pero también sin ánimo de ofender ni de herir. Creo que debemos discutir abiertamente considerando que quien difiere de nosotros tiene excelentes razones para ello y la mejor voluntad e intención posibles. Así pues, en este debate considero a todos de modo amistoso, incluso a los que tienen posiciones diametralmente opuestas a la mía.
Battistella en su comentario lo ha dicho todo:
La gloria de María Santísima no se expande con ningún título que nosotros podamos darle.
No hay mayor gloria que ser, precisamente, la Theotokos, todo lo demás proviene de eso y se reduce a eso, y tiene en esa realidad (que no mero título) su sentido.
Nosotros no podemos añadir nada a la gloria que Dios le da a su Madre.
Es posibilísimo que yo sea muy tonto, tontísimo (cosa que muchos de Uds. con toda razón sabrán), pero por mucho que me esfuerzo en entenderlo, sigo sin saber muy bien qué hacemos cuando nos empeñamos en crear títulos, proclamar dogmas, hacer definiciones, etc., etc. Tampoco estoy seguro de por qué lo hacemos. ¿Sentimos una especie de horror vacui ante nuestra propia ignorancia sobre Dios y, a falta de una revelación más exhaustiva y explícita, queremos llenarlo con nuestras convicciones (falibles por humanas), hipótesis y hasta fantasías? ¿Es nuestra fe tan débil que necesitamos apuntalarla recurriendo a mitologías? ¿Somos tal vez tan soberbios que creemos poder llegar a conocer todo sobre Dios, incluso lo que no nos ha revelado? ¿O aún peor, nos sentimos lo bastante sabios y poderosos para otorgar títulos a la Virgen? ¿Nosotros otorgarle algo a ella? No me hagan reír… En el NT tenemos materia de sobras para meditar sobre María y honrarla sin necesidad de ir más lejos y menos aún de convertir en dogmas epítetos absolutamente lícitos dentro los límites de la devoción personal e incluso colectiva, pero que poco mejoran nuestra comprensión de Dios y Su Madre, resultan a veces redundantes y hasta pueden inducir a error. Hay momentos en los que estas especulaciones me recuerdan a los mitos gnósticos sobre la venida de la luz, los eones, el demiurgo y toda esa parafernalia.
En otro comentario Eck decía:
Es mejor no meternos en el tema de «la invención de la Tradición» como denominó el historiador marxista británico Hobsbawm a las pseudotradiciones medievalizantes romanticas de la época victoriana , ya está muy caliente la gente…
La verdad es que yo no pensaba en Hobsbawm, pero bienvenido sea si puede ayudarnos a dilucidar algo. Opino que precisamente el asunto de las pseudotradiciones es central, es la médula de muchos problemas. ¿Qué es sino tradición ficticia el invento de esos ritos litúrgicos exóticos que se amparan en el concepto de inculturación? Pero también en el tradicionalismo pretendidamente ortodoxo se cae a veces en pseudotradiciones y en fariseísmos. La gente no debería estar “tan caliente”, el calor debería estar sólo en el corazón, pero la cabeza debería mantenerse siempre helada. Un afectuoso saludo a todos
M
Mucha miga en su comentario, estimado.
Hace algunos días, se mencionó en estos comentarios la existencia de las Letanías, como prueba a favor de los títulos.
Pero si lo pensamos detenidamente, las Letanías no son «títulos» que le damos a la Virgen Santísima (o a Nuestro Señor, o a San José, vamos, que hay muchísimas Letanías) para «expandir su gloria». Eso sería reductivo, creo yo, de la idea de las Letanías. ¿No son más bien nombres amorosos, poéticos, con que llamamos a Nuestra Madre, como un niño cuando dice «mi mamá es la más hermosa»?
Estoy seguro que los «títulos» al principio significaban eso mismo… pero ahora parece que se les ha cambiado el sentido, asemejándolos a las titulaciones del mundo… ¡cuánto tiempo más vamos a seguir confundiendo el Reino de Dios con los reinos de los hombres!
Creo que nadie le impide tener dicha devoción, el mismo Tucho aclaró que para la devoción personal el término bien entendido, no ha sido prohibido.
Ya llegará el tiempo propicio y con los argumentos suficientes para que la Iglesia reconozca el dogma.
Por qué que la insistencia en reclamarselo a este señor, del que tanto hemos hablado por su falta de aptitud para el cargo. Por qué no se reclamaron a Benedicto, a Müller, o Pio X, XI, XII?
Mal vamos cuando sale en danza lo de «mal espiritu». ¿No merece respeto Benedicto XVI, León XIV o los que se oponen a tal definición? Hay que dar razones escriturísticas, teológicas, litúrgicas, rezar mucho e intentar comprender el misterio, no decir que nos parece mal y que es de mal espíritu. ¿No es más irrespetuoso con la Santísima Virgen usar esta cuestión como una manifestación del modernismo de Roma y como una de las justificaciones del cisma?¿No se ha llegado al punto de celebrar misas y acciones de reparación por una negación de algo que no es dogmático ni supone un insulto a la Virgen (nadie ha negado la participación de Santa Maria en la redención) de una manera hipócrita porque la corredención ni es universal (el Oriente católico la desconoce) ni mayoritaria (solo unos cenáculos teológicos concretos) ni popular ni tradicional (por mucho que se diga es del XIX y XX)?
Eck
Voy a ser polémico diciendo que apliquemos la navaja de Ockham y no multipliquemos los títulos sin necesidad
El cristiano es «discípulo de Cristo».
Creo que hay que concentrarse más bien en eso; el resto son ayudas para un fin.
Felicito a Eck y a Wanderer por la sensata tesis de este artículo y de su prólogo. Cuando leo alguno de los comentarios, me llaman la atención varias cosas. En primer lugar la crispación a la que llegan. Me pregunto por qué no se puede discutir sobre este asunto sin acalorarse y si tal acaloramiento es muy cristiano. En segundo lugar, tengo la impresión de que bastantes católicos tienen la tendencia a convertir sus fantasías en devoción, la devoción en teología, la teología en dogma y éste en mitología o, como decía Borges, en “una rama de la literatura fantástica”. El fenómeno es digno de estudio.
Ciertamente una parte nada desdeñable del tradicionalismo es pseudotradición, tradición recreada más o menos fantasiosamente e incluso inventada. Esto en cierto modo recuerda al historicismo arquitectónico del siglo XIX y a Luis II de Baviera, que construía palacios imitando a Versalles (https://www.herrenchiemsee.de/span/index.htm) y se inventaba castillos “medievales” que parecían decorados de una ópera de Wagner (https://www.neuschwanstein.de/spanisch/visitante/index.htm). Al final, lo que tenemos cuando vamos por este camino no es tradición, sino una farisea Disneylandia teológica que hace tanto daño como el progresismo a ultranza.
La especulación teológica debería ser siempre muy, pero que muy prudente. Es posible que incluso se hayan proclamado dogmas superfluos y que buena parte de la teología deba ser considerada con bastante precaución. En teología lo que no es imprescindible suele sobrar. Los dogmas, cuanto más sólidos, mejor, lo que obliga a que su número sea muy limitado. ¿Cree alguien de verdad que a Dios le importan los títulos que nosotros le otorgamos a Él, a Su Madre, a los santos, a los ángeles, etc.? ¿No son nuestras pretensiones de saber tantísimo sobre Dios actos de ridícula soberbia? Necesitaríamos un poco más de teología negativa y un poco menos de especulativa. Es decir, más modestia y menos ínfulas.
A propósito de esto, últimamente vengo pensando que hay una «épica» que es peligrosa, por fantasiosa y ajena a la realidad. Muchos que leen a Tolkien evidentemente no lo entienden, y la trilogía cinematográfica creo que ha hecho más daño que provecho, para ponerlo gráficamente.
Como dices, algo más parecido a Disneylandia… cada vez que veo esos perfiles de «templarios» y «neorreaccionarios», no sé por qué (o tal vez sí), me salta la alarma.
«¿Cree alguien de verdad que a Dios le importan los títulos que nosotros le otorgamos a Él, a Su Madre, a los santos, a los ángeles, etc.?»
Qué estupidez. En ese sentido, ¿para qué nos ha revelado Dios lo que nos reveló? Venga, la Revelación sobra, el culto a los santos no importa, los teólogos que se pelaron las cejas estudiando son unos ridículos soberbios…
Se olvidó de que algunos convierten fantasías en comentarios en un post.
100%👌
Y como se supone que este comentario articula una respuesta al comentario al que se refiere? Tanto miedo y rigidez buscan una “paz” que suena a la Paz de Cristo.
Dios no nos revela títulos dignos, nos ha revelado Verdades eternas.
Es el artículo más importante y diría que mejor que te he leído, amigo. Absoluto 10/10.
Francamente, yo como decían los soldados de Don Jaime el Conquistador contra los sarracenos, para mí lo mejor y que me más me satisface es gritar: SANCTA MARÍA! SANTA MARÍA!
Qué a algunos iluminados les parece poco si no le añado algún adjetivo y peco contra la Madre? Pues como dijo Maradona…
Cisneros.
A Dios le importa los títulos en tanto en cuanto nos ayuden a alcanzarle, ver la verdad y nos permitan contemplar el misterio. Si más que traer luz, traen confusión o necesitan enciclopedias para explicarlos porque parecen decir otra cosa, han de ser rechazados o dejados de lado. Así el título «Madre de Cristo» es verdad y es legítimo, María era madre de Cristo, pero parecía que podría negar y contraponerse al de Madre de Dios, como si hubiera dos personan en Jesucristo. Por eso se dejo de lado tras la polémica de Nestorio.
El de Corredención parece fuertemente igualar el papel de la Sma. Virgen en la redención al del propio Jesucristo y se tiene que exponer con mil matices y distinciones para que la gente no lo entienda así sino como cooperadora necesaria y colaboradora de Cristo, pero ¿para que usar esta palabra si ya se usan y son claras estas¿¿Qué necesidad hay más allá de demostrar lo católicos y amadores de la Virgen frente a la morralla modernista, protestante y demás?
Porque, frente a S. Bernardo y Sto. Tomás, nuestro caso es muy diferente al suyo, aquí nadie niega que la Virgen María cooperó en grando eminente y con colaboración necesaria en la Redencion de Cristo a través de su Si libérrimo a Dios durante la Anunciación, a través de su unión al sacrificio de Cristo en la Cruz y su nuevo papel de Madre de la nueva humanidad redimida (lógico, si somos parte de Cristo, su cuerpo, y ella es su madre, es nuestra madre) y a través de su Asunción gloriosa al Cielo participa de la primera glorificación del ser humano. Primicia del género humano redimido y en un grado casi incomparable, es el modelo al cual todos debemos aspirar y, si somos santificados, participaremos. Nadie discute esto, creo, pero si la palabreja confusa que parece crear un segundo Cristo en contra de la Fe.
Eck
Es mejor no meternos en el tema de «la invención de la Tradición» como denominó el historiador marxista británico Hobsbawm a las pseudotradiciones medievalizantes romanticas de la época victoriana , ya está muy caliente la gente…
Eck
Espero fervientemente una serie de posts sobre este tema. Quiero aprender más sobre algo que por ahora meramente intuyo.
¡Qué comparación tan desatinada de eck Dios mío!
La teología flaqueaba al explicar la Inmaculada Concepción, afirmaban los padres la no relación de María con el pecado pero la explicación teológica de que cómo era esto posible, de que fuera directamente concebida Inamcualda Nuestra Señora no era sólida, antes bien, la necesidad de la Redención Universal de Cristo de la que no podía estar exenta la Santísima Virgen, era mejor probada. Es lo que se llamó sabiamente una crisis teológica en la explicación del misterio. Se lo sostenía al misterio por Tradición, por tener templos levantados en su honor y fiestas desde la antiguedad, no por poderlo explicar racionalmente como decía San Bernardo. Y aunque con el corazón quisiera aprobarlo si la teología no lo veía no era prudente hacerlo ni seguir avanzando en su culto, podría pensarse, desde la mente del santo Doctor. Dios luego fue allanando el camino y la teología pudo explicar con soltura el misterio, por eso llegó la definición en el momento justo, cuando no quedaba ya ninguna duda. Podríamos decir incluso que la definición de la doctrina en el siglo XIX es un respeto a la teología que mientras la cosa fue disputada y por gente de talla, Bernarndo, Tomas de Aquino, no hubo definición.
Ahora bien, tal vez eck no conozca bien el tema, pero serenamente campea la doctrina de la corredención en el siglo XX, y con fuerzas desde el XVI, y vinculante a toda la literatura patrística con perfecto desarrollo. El consenso es casí unánime en el siglo XX, más aun el contenido es de Fe sostienen casi todos, y temerario negarlo, el título es mas reciente pero fue recibido por los teologos y hasta los papas, al punto que San Pio X concedió indulgencias a oraciones que llamaban a María Corredentora (creanme que eso no pasaba en los días de San Bernardo, ya que si así fuera el pío San Bernardo diría muy distinto y reflejaría eso que el estado era otro, en cambio Roma estaba lejos de sancionar la doctrina de la Inmaculada Conccepción). San Bernardo daba cuenta de que no era posible asimilar el misterio teologícamente, Tucho da cuenta de que no quiere honrar a Nuestra Señora donde el misterio está asimilado y honrado con título y todo. Dios mío, agua y aceite…
De todas maneras si un caso termina como el otro quien no ve que es mejor estar de este lado, pues el que estuvo del lado de la Inmaculada, termino confesando doctrina de Fe definida necesaria para alcanzar la salvación del alma misma.
PD: No se puede separar devoción y doctrina… Casa de Oro deviene de que María es Madre de Dios, es extensión de aquello ya definido, es doctrina… no se definirá porque lo que quiere decir ya está definido.
Lamentablemente obtuvimos de los comentarios u objeciones una defensa cerrada por parte de usted Rubén, que es un poco entendible, pues cuando debatimos solemos hacer así, pero esperaba alguna conceción porque el reparo hecho al comentario suyo tenía lugar si bien lo puede mirar; sea hoy o mas adelante.
Paz en Cristo y María.
Yo siento decirle que cada vez creo que la comparación es más pertinente. Mi crítica, más que a los argumentos teólogicos, es a las actitudes de los defensores de la corredención. Para ello le es contrapuesto a S. Bernardo y su famosa carta porque al Tucho y a León XIV se les puede dar leña pero al doctor melífluo a ver quien es el guapo que se atreve a llamarle blasfemo, destronador de la Virgen, protestante, ecumaníaco y modernista, como he podido leer en muchos sitios. Y S. Bernardo fue mucho más tajante que el documento vaticano a su oposición a la Inmaculada.
Eso de que campea serenamente la corredención en la teología del XIX, bueno, entonces ¿Por qué no se definió entonces? Si tan pacífica era esa enseñanza ¿Por que no se hizo? Por que no era tanto sino producto de una cenáculos teológicos, sin vida popular ni devota. Y a mi que le concediera indulgencias Pio X no me dice nada. Se han dado por los motivos más estrafalarios. Ya Cisneros prohibió en su época la proclamación de indulgencias romanas en España. Y tan Papa eran Pio X y Juan Pablo II que Benedicto XVI y León XIV. Como repito, mi oposición esta en la palabra y en cómo se esta defendiendo, más que en concepto.
Respecto a las motivaciones del Tucho, ni entro ni salgo, ya que las mías no dependen de las presuntamentes suyas. Y si hablamos de motivaciones, ¿se puede afirmar sin casi ninguna duda, que la de muchos de esos teólogos y defensores de la palabreja tenían motivaciones también tan poco elevadas como decir lo devotos que somos a la Virgen, arrear un sopapo innecesario a los protestantes e, incluso, como uno de los justificantes al cisma, más que una contemplación del misterio mariano?.
Y, último, se debe observan la devoción y el dogma sin confusión puesto que ambas están relacionadas pero no hablan el mismo lenguaje ni usan del mismo género literario (los padres lo tenían muy en cuenta, dignos herederos de los antiguos). Lo que en una son legítimos excesos retóricos, en otra son verdaderos disparates. En España se da un título especial a Cristo y de bastante solera y antigüedad, recibido serena y pacíficamente y es el de Jesucristo, Nuestro Padre ( e, incluso, se le dio, creo recordar, en alguno ocasión, el de Nuestra Madre). ¿Se puede hablar seriamente del dogma de la paternidad de Jesucristo?
Eck
La enseñanza de la doctrina de la corredención de María en el siglo XX fue según usted Eck «producto de unos cenáculos teológicos, sin vida popular ni devota»… ¿qué le dire mi amigo? ¿por qué llegar a decir semejante cosa?Imagine a Reginald Garrigou-Lagrange, al padre Antonio Royo Marín, a Gabriel Roschini frente a usted, que lo miran a los ojos y le preguntan: «¿es verdad eck que no éramos devotos? y dígales como a mí «ustedes produjeron la doctrina de la Corredención porque no eran devotos»… no eck no, se ha excedido mi hermano. Fueron estos que les nombré, que son los que yo leí sobre el tema al menos, grandes varones de Dios y campeones de la Fe en un siglo oscurecido por la impiedad, fueron devotos y aparecerán como devotos delante de Dios. Usted también lo es, es evidente, nadie dice que no, pero conviene que nos moderemos. Sé que el celo o el ardor al escribir puede llevarlo a hablar así, pero mejor dejar de lado la discusión y no excedernos.
…las cosas en su lugar, eso es todo. Distinguir cuando corresponde, opinar en lo opinable. Asentir en la Fe…
ya veo a los «tradistas» calificando de antropocentrista modernista la primera encíclica de León xiv antes de leerla, sólo porque se llama Magnifica Humanitas…
… y… bueno… como que podría haberla llamado «catholica fides» o algo así, ¿no?
Muy buen artículo. Sobre la Corredención, creo que hay que distinguir entre la cooperación y colaboración en la Redención y la materialidad del título de Corredentora. Hay un consenso amplio sobre el hecho de que la Virgen Santísima colaboró de un modo singularísimo en la obra de la Redención. Esto lo reconoce, para empezar, Mater populi fidelis. Sobre el modo y grado concreto en el que esa colaboración se dio, no existe el mismo consenso. Y luego, además de la disputa sobre las realidades en sí mismas, está la cuestión de la formulación de esta doctrina en un título concreto. Esta es una cuestión de prudencia y en sí misma no dogmática. Como poco, no se puede acusar de hereje ni de blasfemo a quien se inclina a uno u otro lado.
Loretar
Con su permiso, y sin ánimo de crear polémica, permítame decir que la falsedad contenida en Mater Populi Fidelis acerca de la inconveniencia de aplicar a María Santísima los títulos de Corredentora y Mediadora es total. Intentaré explicar sucintamente los motivos por los que esos títulos son legítimamente aplicados a la Madre de Dios en la teología católica.
En efecto, es algo perfectamente establecido en el magisterio y en la tradición de la Iglesia que María, la nueva Eva, fue asociada a la redención de Cristo, el nuevo Adán, de modo análogo al que desempeñó Eva respecto de Adán en la caída original.
Eva fue indisolublemente asociada al pecado del padre del género humano pues, sin su intervención, éste no se hubiese producido. Del mismo modo, Dios quiso asociar a María a la redención operada por su Hijo al encarnarse en su seno sagrado, requisito indispensable dispuesto por la Divina Providencia para que pudiera efectuarse la redención del género humano, a través del sacrificio redentor de Jesucristo en el altar de la Cruz.
Igualmente, así como Eva fue la “mediadora” de las desgraciadas consecuencias penales resultantes del pecado de Adán respecto a su posteridad -mediante el acto generativo que transmite la falta-, de manera análoga María fue libremente constituida medianera de las gracias redentoras que fluyen de la Cruz, a través de su maternidad espiritual (“He ahí a tu madre”, Jn. 19, 27), puesto que fue por su mediación que la humanidad de Nuestro Señor llegó hasta nosotros para entregarse como víctima propiciatoria por nuestros pecados y abrirnos las puertas del Cielo.
Su misión de mediadora entre Jesús y los hombres está claramente simbolizada en el papel que tuvo María respecto al inicio de la vida pública de Jesús -narrado en el episodio de las bodas de Caná-, cuando Nuestro Señor realizó su primer milagro a instancias de su madre.
Entonces, dado que la redención es fruto de la oblación de la humanidad de Jesús en el Calvario -hipostáticamente unida al Verbo de Dios-, y que dicha humanidad la recibimos de María, se desprende de ello que Dios dispuso en su sabiduría infinita que María fuera el canal destinado a distribuir las gracias que fluyen del Sacrificio Redentor de Nuestro Señor Jesucristo.
Hay muchos papas que han sostenido la corredención de la Santísima Virgen María. En aras de la brevedad, suministraré sólo una cita, tomada del magisterio extraordinario de la Iglesia. En la bula Ineffabilis Deus, que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854, Pío IX escribió:
“En consecuencia de eso, así como Cristo, Mediador entre Dios y los hombres, asumiendo la naturaleza humana, destruyó el decreto de condenación que había contra nosotros, clavándolo triunfalmente en la Cruz, así también la Santísima Virgen, unida a Él por un enlace estrechísimo e indisoluble, fue, juntamente con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente, y le aplastó la cabeza con su pie virginal.”
Como se puede apreciar, la idea de la corredención está claramente expresada en el texto pontificio, aunque no aparezca la palabra “corredentora”.
Para quien deseara ahondar en el tema, recomiendo vivamente la siguiente lectura: La Virgen María. Teología y Espiritualidad Mariana, R. P. Antonio Royo Marín O.P., BAC, p. 140 a 203. La primera edición de es del año 1955, lo cual prueba que la doctrina de la corredención y la mediación universal mariana está firmemente establecida en la teología católica desde hace por lo menos 70 años.
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/La_Virgen_Mar%C3%ADa,_Teolog%C3%ADa_y_espiritualidad_marianas.pdf
El R. P. Merkelbach, en su Mariología, del año 1939, también expone brillantemente la doctrina católica sobre el tema. Ver extractos escogidos en el siguiente artículo:
https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2511080605-title
O bien leer directamente en el texto de la obra, p. 414 a 512, edición española Desclée de Brower, 1954:
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Merkelbach/Mariologia,_Fr_Benedictus_Henricus_Merkelbach_OP.pdf
Alejandro Sosa Laprida
Sin ánimo de crear polémica, la falsedad contenida en Mater Populi Fidelis acerca de la inconveniencia de aplicar a María Santísima los títulos de Corredentora y Mediadora es total. Intentaré explicar muy sucintamente los motivos por los que esos títulos son legítimamente aplicados a la Madre de Dios en la teología católica, contrariamente a lo que se pretende en este sofístico y malicioso panfleto, pergeñado en las oficinas del Vaticano conciliar, modernista, ecuménico e interreligioso.
En efecto, es algo perfectamente establecido en el magisterio y en la tradición de la Iglesia que María, la nueva Eva, fue asociada a la redención de Cristo, el nuevo Adán, de modo análogo al que desempeñó Eva respecto de Adán en la caída original.
Eva fue indisolublemente asociada al pecado del padre del género humano pues, sin su intervención, éste no se hubiese producido. Del mismo modo, Dios quiso asociar a María a la redención operada por su Hijo al encarnarse en su seno sagrado, requisito indispensable dispuesto por la Divina Providencia para que pudiera efectuarse la redención del género humano, a través del sacrificio redentor de Jesucristo en el altar de la Cruz.
Igualmente, así como Eva fue la “mediadora” de las desgraciadas consecuencias penales resultantes del pecado de Adán respecto a su posteridad -mediante el acto generativo que transmite la falta-, de manera análoga María fue libremente constituida medianera de las gracias redentoras que fluyen de la Cruz, a través de su maternidad espiritual (“He ahí a tu madre”, Jn. 19, 27), puesto que fue por su mediación que la humanidad de Nuestro Señor llegó hasta nosotros para entregarse como víctima propiciatoria por nuestros pecados y abrirnos las puertas del Cielo.
Su misión de mediadora entre Jesús y los hombres está claramente simbolizada en el papel que tuvo María respecto al inicio de la vida pública de Jesús -narrado en el episodio de las bodas de Caná-, cuando Nuestro Señor realizó su primer milagro a instancias de su madre.
Entonces, dado que la redención es fruto de la oblación de la humanidad de Jesús en el Calvario -hipostáticamente unida al Verbo de Dios-, y que dicha humanidad la recibimos de María, se desprende de ello que Dios dispuso en su sabiduría infinita que María fuera el canal destinado a distribuir las gracias que fluyen del Sacrificio Redentor de Nuestro Señor Jesucristo.
Esto es lo que enseña el magisterio de la Iglesia, lo que está contenido en la Sagrada Escritura y lo que cree el pueblo fiel, por más que Bergoglio, Prevost y el “Tucho” Fernández se empeñen impíamente en negarlo…
Hay muchos papas que han sostenido la corredención de la Santísima Virgen María. En aras de la brevedad, suministraré sólo una cita, tomada del magisterio extraordinario de la Iglesia. En la bula Ineffabilis Deus, que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854, Pío IX escribió:
“En consecuencia de eso, así como Cristo, Mediador entre Dios y los hombres, asumiendo la naturaleza humana, destruyó el decreto de condenación que había contra nosotros, clavándolo triunfalmente en la Cruz, así también la Santísima Virgen, unida a Él por un enlace estrechísimo e indisoluble, fue, juntamente con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente, y le aplastó la cabeza con su pie virginal.”
Como se puede apreciar, la idea de la corredención está claramente expresada en el texto pontificio, aunque no aparezca la palabra “corredentora”.
Mientras el Vaticano recorre el “camino sinodal”, lucha contra el “cambio climático”, implementa la “fraternidad universal”, promueve el cuidado de la “casa común” y se hermana con todas las “tradiciones religiosas”, los católicos nos volvemos hacia nuestra bendita Madre del Cielo, implorando su protección y pidiéndole la gracia de la fidelidad a la fe católica en estos tiempos de apostasía…
Para quien deseara ahondar en el tema, recomiendo vivamente la siguiente lectura: La Virgen María. Teología y Espiritualidad Mariana, R. P. Antonio Royo Marín O.P., BAC, p. 140 a 203. La primera edición de es del año 1955, lo cual prueba de modo irrefutable que la doctrina de la corredención y la mediación universal mariana está firmemente establecida en la teología católica desde hace por lo menos 70 años. Esto explica también el hecho de que durante el CVII varios obispos hayan pedido la declaración de un nuevo dogma al respecto. Como es bien sabido, esta propuesta no prosperó a causa del modernista giro “ecuménico” decidido por Juan XXIII, puesto bajo la dirección del cardenal Bea, que en 1960 fue designado primer presidente del Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos.
El R. P. Merkelbach, en su Mariología, del año 1939, también expone brillantemente la doctrina católica sobre el tema. Ver extractos escogidos en el siguiente artículo: https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2511080605-title – O bien leer directamente en el texto de la obra, p. 414 a 512, edición española Desclée de Brower, 1954:
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Merkelbach/Mariologia,_Fr_Benedictus_Henricus_Merkelbach_OP.pdf
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/La_Virgen_Mar%C3%ADa,_Teolog%C3%ADa_y_espiritualidad_marianas.pdf
Alejandro Sosa Laprida.
Es mucho más complejo que decir «Maria es la anti Eva» como regla absoluta y dogma revelado. Hay muchas instancias de Padres y Doctores, y de la Liturgia, donde es Cristo el «antitipo» de Eva.
Primero: Ireneo de Lyon sintetiza dos fuentes y no una como dicen los Mariologos, por un lado si San Justino (eso lo dice Royo Marín) y por otro la Homilía Asiática In Sanctum Pascha atribuida a San Hipólito de Roma puntos 49, 50 y 53 (esto Royo Marín lo omite. Este texto fue editado por Visoná y Cantalamessa pero todavía no fue traducido al español). Esta segunda fuente de San Ireneo trata explícitamente a Cristo como antitipo de Eva (y no a María), e Ireneo también se hace claramente eco de esto. En Adversos Haereses V 19.1 Ireneo dice que Cristo recapitula a Eva ¿Por qué lo omiten? También San Juan Crisóstomo y muchos otros citan ese pasaje de In Sanctum Pascha. Y ya que estamos: el verbo «recapitular» San Ireneo lo aplica exclusivamente a Cristo de Eva, en ningún momento dice que María sea la que recapitula a Eva
Lo mismo aparece en el Prefacio de la Santa Cruz usando el mismo paralelismo solo que «εν τῷ ξύλῳ» se transforma en «in ligno» (qui salutem humani generis in ligno crucis constituisti ut unde mors oriebatur inde vita resurgeret, et qui in ligno vincebat in ligno quoque vinceretur) y lo mismo en el Pange Lingua de Venancio Fortunato, etc.
Por lo tanto: no es universal que María sea la anti Eva, incluso habría motivos para afirmar que esa es una posición inicialmente minoritaria. Desde el punto de vista litúrgico sería interesante investigar qué fue primero.
Andrés
Si bien no ha habido hasta ahora una declaración dogmática del magisterio al respecto, la corredención de María forma parte de la revelación divina. Su fundamento escriturístico es innegable. Éste consiste en el paralelo y en la analogía existente entre Eva y la Santísima Virgen. Paralelo y analogía que se manifiestan en el papel desempeñado por ellas en relación, por un lado, con Adán en la caída original y, por el otro, con Jesucristo, nuevo Adán (Rm. 5, 14 – I Cor. 15, 22), en la reparación de la misma.
En efecto, del mismo modo que Eva participó en la caída de Adán, por su falta de fe y su desobediencia, María lo hizo en la redención, a través de su fe y su obediencia. Con su “fiat” y su consentimiento al sacrificio salvador de Jesús, María hizo posible la Redención, así como Eva, tentando a Adán a instancias de la Serpiente, había hecho posible la falta original. Es Adán quien la comete, pero Eva está íntimamente vinculada a ella, no como artífice, sino como partícipe necesaria y a modo de causa instrumental.
De manera análoga, María, nueva Eva, participa en el acto redentor realizado por Jesucristo, nuevo Adán, no como autora, sino como partícipe necesaria -Dios así lo dispuso en su Divina Providencia-, y como causa instrumental -con su “fiat” libremente otorgado, María suministró la “materia” del sacrificio redentor, es decir, el cuerpo de la víctima expiatoria-.
Es en este sentido que debe entenderse el término “corredención” aplicado a María, como expresión de su íntima participación en la obra redentora consumada por su divino Hijo -autor exclusivo de la misma-, y no como si la redención hubiera sido realizada por ambos, en el mismo sentido y en un pie de igualdad, como si fuesen coautores del hecho.
Así pues, a semejanza de Eva, que interviene de manera decisiva en la caída del género humano provocada por la falta de Adán, la Santísima Virgen María, Eva de la Nueva Alianza, está estrechamente involucrada en la redención operada por el nuevo Adán, Jesucristo.
Veamos lo que dice al respecto San Ireneo, Padre y Doctor de la Iglesia, discípulo de San Policarpo, quien, a su vez, lo había sido del apóstol San Juan, en su obra “Contra los herejes”:
“En correspondencia encontramos también obediente a María la Virgen, cuando dice: «He aquí tu sierva, Señor: hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38); a Eva en cambio indócil, pues desobedeció siendo aún virgen. Porque como aquélla, (…) habiendo desobedecido, se hizo causa de muerte para sí y para toda la humanidad; así también María, teniendo a un varón como marido pero siendo virgen como aquélla, habiendo obedecido se hizo causa de salvación para sí misma y para toda la humanidad (Heb 5, 9). (…) Así también el nudo de la desobediencia de Eva se desató por la obediencia de María; pues lo que la virgen Eva ató por su incredulidad, la Virgen María lo desató por su fe.”
Citemos ahora al gran doctor mariano San Luis María Grignon de Montfort:
“Lo que Lucifer perdió por orgullo lo ganó María con la humildad. Lo que Eva condenó y perdió por desobediencia lo salvó María con la obediencia. Eva, al obedecer a la serpiente, se hizo causa de perdición para sí y para todos sus hijos, entregándolos a Satanás; María, al permanecer perfectamente fiel a Dios, se convirtió en causa de salvación para sí y para todos sus hijos y servidores, consagrándolos al Señor. 53 (…) Lo que digo en términos absolutos de Jesucristo, lo digo, proporcionalmente, de la Santísima Virgen. Habiéndola escogido Jesucristo por compañera inseparable de su vida, muerte, gloria y poder en el cielo y en la tierra, le otorgó, gratuitamente – respecto de su Majestad- todos los derechos y privilegios que Él posee por naturaleza: “Todo lo que conviene a Dios por naturaleza, conviene a María por gracia”, dicen los santos. 74.”
Cito ahora por partida doble a Pío XII, primero en una alocución dirigida a los peregrinos de Génova del 22 de abril de 1940:
“De hecho, ¿no son Jesús y María los dos amores sublimes del pueblo Cristiano? ¿No son acaso el nuevo Adán y la nueva Eva a quienes el Árbol de la cruz une en el dolor y el amor para redimir el pecado de nuestros primeros padres en el Edén?”
Y luego, en su constitución apostólica Munificentissimus Deus, en la que definió solemnemente el dogma de la Asunción de María al Cielo en cuerpo y alma:
“Pero ya se ha recordado especialmente que desde el siglo II María Virgen es presentada por los Santos Padres como nueva Eva estrechamente unida al nuevo Adán, si bien sujeta a él, en aquella lucha contra el enemigo infernal que, como fue preanunciado en el protoevangelio (Gn 3, 15), habría terminado con la plenísima victoria sobre el pecado y sobre la muerte, siempre unidos en los escritos del Apóstol de las Gentes (cfr. Rom cap. 5 et 6; 1 Cor 15, 21-26; 54-57). Por lo cual, como la gloriosa resurrección de Cristo fue parte esencial y signo final de esta victoria, así también para María la común lucha debía concluir con la glorificación de su cuerpo virginal (n. 39).”
Transcribo seguidamente otras citas pontificias sobre esta cuestión:
León XIII: “Cuando María se ofreció a si misma completamente a Dios junto con su Hijo en el templo, ya estaba compartiendo con Él la dolorosa expiación a favor de la raza humana. Es seguro, por tanto, que sufrió en lo más profundo de su alma con los sufrimientos más amargos y los tormentos de Él. Finalmente, fue precisamente frente a los ojos de María que el sacrificio divino, por el cual Ella había nacido y alimentado a la víctima, tuvo que ser consumado; vemos que estuvo Su Madre frente a la Cruz de Jesús (…) voluntariamente ofreciendo a su Hijo a la divina justicia, muriendo con Él en su corazón, atravesada con la espada de dolor”. Encíclica Jucunda Semper, 1894.
San Pío X: “A todo esto hay que añadir, en alabanza de la santísima Madre de Dios, no solamente el haber proporcionado al Dios Unigénito que iba a nacer con miembros humanos la materia de su carne con la que se lograría una hostia admirable para la salvación de los hombres; sino también el papel de custodiar y alimentar esa hostia e incluso, en el momento oportuno, colocarla ante el ara. De ahí que nunca son separables el tenor de la vida y de los trabajos de la Madre y del Hijo.” Encíclica Ad diem illum, 1904.
Benedicto XV: “El hecho de que Ella estuvo con su Hijo, crucificado y agonizante, fue de acuerdo al plan divino. Hasta tal punto entregó sus derechos maternales sobre su Hijo para la salvación del hombre, y lo inmoló -hasta donde le fue posible- para calmar la justicia de Dios, que podemos correctamente decir que redimió a la raza humana junto con Cristo.” Carta Apostólica Inter Sodalicia, 1918.
Pío XI: “O Madre del amor y de la misericordia quien, cuando vuestro dulcísimo Hijo estaba consumiendo la Redención de la raza humana en el altar de la cruz, permanecisteis de pie junto a Él, sufriendo con Él como la Corredentora. (…) Conserva en nosotros, os lo suplicamos, e incrementa día a día, los frutos preciosos de Su Redención y la compasión de su Madre.” Oración en la clausura del Jubileo de la Redención, 1933.
Pío XII: “Fue Ella quien, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado; de tal suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros. (51)” Encíclica Mystici Corporis, 1943.
Fuente: https://gloria.tv/post/BQBmbvf7hzNa6xpitoGcE9zML
Alejandro Sosa Laprida – Mi blog «Miles Christi»:
https://gloria.tv/user/PsqnxVeozUAb11SRjPVhdKjWu
Oración de Reparación a la Santísima Virgen María Corredentora, indulgenciada por San Pío X en 1914 [1] :
“Santísima Virgen, Madre de Dios, mira con bondad desde el cielo, donde reinas, a este miserable pecador, tu siervo. Consciente de su indignidad, en reparación por las ofensas cometidas contra ti por lenguas impías y blasfemas, desde lo más profundo de su corazón te bendice y exalta como la más pura, la más bella y la más santa de todas las criaturas. Bendice tu santo nombre, bendice tus sublimes prerrogativas como verdadera Madre de Dios, siempre Virgen, concebida sin mancha de pecado, como corredentora del género humano. Bendice al Padre eterno, que te eligió de manera especial como su Hija; bendice al Verbo Encarnado, que, al asumir la naturaleza humana en tu purísimo seno, te hizo su Madre; bendice al Espíritu Santo, que te eligió como su Esposa. Bendice, exalta y da gracias a la augusta Trinidad que te eligió y te favoreció tanto que te elevó por encima de todas las criaturas a las más sublimes alturas. Oh santa y misericordiosa Virgen, implora el arrepentimiento de tus ofensores y acepta este pequeño homenaje de tu siervo, obteniendo también para él, de tu divino Hijo, el perdón de sus pecados. Amén.”
[1] https://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-06-1914-ocr.pdf , p. 108 y 109. El 22 de enero de 1914 San Pío X concedió que los fieles que recen esta oración con corazón contrito y devoto obtengan una indulgencia de cien días, aplicable también a los difuntos. La indulgencia es válida a perpetuidad.
Brindo a continuación tres citas de San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, tomadas de su obra Las glorias de María:
“Dice san Bernardo que, conforme un hombre y una mujer cooperaron a nuestra ruina, así un hombre y una mujer debían cooperar a nuestra reparación, y éstos fueron Jesús y su Madre María. ‘No hay duda -dice el santo- de que Jesucristo él sólo se basta para redimirnos, pero fue más congruente que a la hora de nuestra reparación estuvieran presentes los dos sexos que lo habían estado cuando la caída’. Por eso san Alberto Magno llama con razón a María colaboradora en la redención. Y ella misma reveló a santa Brígida que como Adán y Eva por la fruta prohibida vendieron al mundo, ella con su Hijo con un solo corazón rescataron al mundo. ‘Bien pudo Dios crear el mundo de la nada’, dice san Anselmo; ‘pero, habiéndose perdido el mundo por la culpa, no ha querido Dios repararlo sin la cooperación de María. El que pudo hacerlo todo de la nada no quiso repararlo sin María’.” P. 63.
“María es llamada la cooperadora de nuestra justificación porque a ella le ha confiado Dios todas las gracias que se nos dispensan. Por lo que, afirma san Bernardo, ‘todos los hombres, pasados, presentes y por venir, deben ver en María como el medio de lograr la salvación y la negociadora de la misma durante todos los siglos’.” P. 64.
“Al morir Jesús, María unió su voluntad con la de su Hijo de tal manera que ambos ofrecieron un mismo sacrificio, y por eso dice el mismo santo abad que así es como el Hijo y la Madre realizando la redención humana obtuvieron la salvación de los hombres; Jesús, satisfaciendo por nuestros pecados; María, impetrando que se nos aplicara semejante satisfacción. (…) Siendo María por los méritos de sus sufrimientos y del ofrecimiento de su Hijo madre de todos los remedios, se ha de creer que sólo por ella se otorga la leche de las divinas gracias, que son los méritos de Jesucristo, y los medios para conseguir la vida eterna. A esto se refiere san Bernardo al decir que Dios ha puesto en manos de María el precio de nuestra redención. Con lo que el santo nos da a entender que por la intercesión de la Virgen santísima se aplican a las almas los méritos del Redentor y que por sus manos se dispensan las gracias, que son precisamente el precio de los méritos de Jesús.” P. 151.
https://www.corazones.org/espiritualidad/espiritualidad/lasgloriasdeMaria.pdf
Concluyo con una cita de «Francisco»:
“Fiel a su Maestro, que es su Hijo, el único Redentor, jamás quiso para sí tomar algo de su Hijo. Jamás se presentó como corredentora. (…) Nunca robó para sí nada de su Hijo (…) María mujer, María madre, sin otro título esencial. (…) Y tercer adjetivo que yo le diría mirándola, se nos quiso mestiza, se mestizó. (…) Se mestizó para ser Madre de todos, se mestizó con la humanidad. ¿Por qué? Porque ella mestizó a Dios. Y ese es el gran misterio: María Madre ‘mestiza’ a Dios, verdadero Dios y verdadero hombre, en su Hijo. Cuando nos vengan con historias de que habría que declararla esto, o hacer este otro dogma, no nos perdamos en tonteras: María es mujer, (…) mujer de nuestros pueblos, pero que ‘mestizó’ a Dios.”
http://www.vatican.va/content/francesco/es/homilies/2019/documents/papa-francesco_20191212_omelia-guadalupe.html
El video: https://gloria.tv/post/BQBmbvf7hzNa6xpitoGcE9zML
¿Por qué me censura este comentario? No veo que contenga nada reprensible. Este es el tercer intento que hago…
Un comentario final, que me parece decisivo para clarificar el debate. El Dicasterio para la Doctrina de la fe afirma que “el Concilio Vaticano II evitó utilizar el título de Corredentora por razones dogmáticas, pastorales y ecuménicas” (MPF, 18). Sin embargo, es falso decir que haya habido razones dogmáticas o doctrinales para prescindir del título mariano en cuestión, ya que, en el documento al cual se hace referencia, se afirma claramente la veracidad y la justeza del término. En efecto, en la “praenotanda” del esquema de 1962 sobre la Santísima Virgen, se nos dice que:
“Se han omitido ciertos términos y expresiones utilizados por los pontífices romanos que, aunque son muy verdaderas en sí mismas (“in se verissima”), pueden resultar difíciles de entender para los hermanos separados (como los protestantes). Entre tales palabras se pueden enumerar las siguientes: «Corredentora de la raza humana», [San Pío X, Pío XI], «Reparadora del mundo entero» [León XIII]; (…) «Con razón se puede decir que redimió al género humano con Cristo» [Benedicto XV], etc.”
Es decir que el título de “Corredentora” fue omitido del esquema de 1962 porque se consideró que era “difícil de entender para los hermanos separados”, lo que implica que no se omitió por razones dogmáticas, sino exclusivamente «ecuménicas», puesto que se dice claramente que el título “Corredentora” forma parte de expresiones que son “muy verdaderas en sí mismas”.
El texto original latino: «Omissae sunt expressiones et vocabula quaedam a Summis Pontificibus adhibita, quae, licet in se verissima, possent difficilius intelligi a fratribus separatis (in casu a protestantibus). Inter alia vocabula adnumerari queunt sequentia: « Corredemptrix humani generis » [S. Pius X, Pius XI]; « Reparatrix totius orbis » [Leo XIII]; « materna in Filium iura pro hominum salute abdicavit » [Benedictus XV, Pius XII], « merito dici queat Ipsam cum Christo humanum genus redemisse » [Benedictus XV], etc» – Fuente: https://archive.org/details/ASI.4/page/n95/mode/2up, P. 95, IV, 3, a.
Concluyo con un hermoso texto de Pío XII:
“Ella, la que, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su materno amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado; de tal suerte que la que era Madre corporal de nuestra Cabeza, fuera, por un nuevo título de dolor y de gloria, Madre espiritual de todos sus miembros.” Mystici Corporis, n. 51.
Estimado, se lo censuraba porque usted aprovechaba su mensaje para publicitar su blog.
Había hecho eso solamente en mi primer mensaje, no en el segundo, justamente, a fin de no seguir dándole un argumento para vetar la publicación del mismo. Pero no importa, prefiero pasar página, lo esencial es que, finalmente, ha publicado el mensaje, que me parece importante, ya que revela el engaño de la infame nota vaticana acerca de la inconveniencia «dogmática» que supondría el título «corredentora» aplicado a Nuestra Señora…
Alejandro Sosa Laprida
Estimado, el florilegio de citas de los siglos XVIII a XX no invalida la siguiente frase:
Esta es una opinión teológica nacida de la pidedad medieval, una idea pensada por un autor humano y entonces (por buena que sea) no puede ser dogma.
Además hay múltiples problemas que usted seguramente tampoco va contestar, como por ejemplo:
Usted plantea que María es corredentora por ser causa instrumental de la redención (aquí usted se planta en contra de Royo Marín, a favor de Merkelbach). Bien, hay otras causas instrumentales de la redención como es la Santa Cruz, los Clavos, y aún Judas y los soldados romanos que fueron puestos al mando de los Sumos Sacerdotes. Todos comparten la condicón de causa instrumental, pues entonces, todos deberían ser igualmente corredentores. Pero esto es absudo. Por lo tanto ser causa instrumental no puede ser el origen de la condición de corredención.
Usted dice que la corredención es algo «evidente» en la Escritura. Pues bien, ningún Doctor de la Iglesia ni Padre ni nadie describe los «méritos de maría» o que «se aplican a todos los hombres». En esto los partidarios de la corredención suelen ser bastante mentirositos: no hay ningún Doctor que en la misma frase describoa «méritos de maría» y «aplicados a los hombres». Hay loas a la Madre de Dios, versos poéticos, etc. Pero ningún tratado De Gratia menciona estos conceptos. Santo Tomás de Aquino nunca trata el tema (ni a favor, ni en contra) pues todavía nadie había inventado el concepto de Corredención, ni de mediación universal. Entonces no lo trata ni como doctrina católica ni como herejía pues a nadie se le había ocurrido todavía.
Si es tan evidente que esto está en la Biblia, tenemos por fuerza que concluir que todos los Doctores y Teólogos anteriores al siglo XIV son unos imbéciles analfabetos que no saben leer.
Si es tan evidente que esto está en la Biblia, estamos forzados a decir que el imbécil de San Jerónimo tradujo la biblia y redactó un libro en defensa de un dogma mariano, pero fue suficientemente bobo para no enseñar estas doctrinas.
San Agustín tiene varios libros sobre la Gracia. Pero como era un reverendo boludazo, nunca dijo que María tenga algo que ver con distribuirla.
Toda la doctrina católica acerca de la Gracia está mal, hasta el siglo XIV.
Pero esto es absurdo, por lo tanto…
Andrés
No es absurdo. La cooperación de María a la obra redentora no es comparable a la de Judas o a la de los soldados romanos porque, en el caso de María, a diferencia de ellos, Cristo quiso que su madre estuviese asociada a la obra de la salvación de una manera íntima, consciente y libre, de modo que ella fuese la nueva Eva, acompañando indisociablemente la obra redentora efectuada por el nuevo Adán. Ésa ha sido su voluntad, y negar esto es despojar a María de uno de sus principales títulos de gloria. Si Eva ha sido partícipe necesaria en la caída de Adán, de un modo análogo también lo ha sido María en la redención operada por el nuevo Adán. No es muy complicado de entender. Brindo seguidamente un pasaje del esquema conciliar original de la Constitución Dogmática sobre la Virgen María, tal cual había sido redactado por la Comisión Preparatoria antes de la apertura del concilio. En ella figura claramente tanto la corredención como la mdiación universal de todas las gracias de María Santísima. Es cierto que no figuran las palabras «corredención» ni «corredentora», pero lo esencial es que está presente el concepto:
“Quo consensu, Maria, filia Adae, facta est non tantummodo mater Iesu, unici divini Mediatoris ac Redemptoris, verum etiam cum eo et sub eo, operam suam consociavit in humani generis redemptione peragenda. (…) Cum itaque beatissima Virgo ab aeterno praedestinata ut esset Dei hominumque mater, divina Providentia sic disponente hisce in terris Christi passibilis fuerit generosa socia in gratia pro hominibus acquirenda, caelestium quoque gratiarum administra et dispensatrix iure meritoque salutatur.”
Líneas 5 a 8 y 22 a 26: https://archive.org/details/ASI.4/page/n89/mode/2up
Alejandro Sosa Laprida – Mi blog «Miles Christi»:
https://gloria.tv/user/PsqnxVeozUAb11SRjPVhdKjWu
Se cumplió lo que preveía: usted no ha respondido a ninguna de las dos cosas.
Con respecto al uso de la analogía, eso también está mal. Cuando hay analogía es porque no hay igualdad. Si dos cosas son análogas significa que en varios aspectos son semejantes y en otros son distintos. No se puede aplicar la propiedad transitiva (propia de la igualdad) a situaciones de analogía.
Dios es Fortaleza y Baluarte, entonces «por analogía» Dios está hecho de roca y cemento?
María es Escala de Jacob, entonces «por analogía» María mide kilómetros de alto ?
La Iglesia es una novia, entonces «por analogía» somos todos mujeres ?
Los cristianos somos sal de la tierra, entonces «por analogía» somos un mineral ?
Vea qué mal luce la propiedad transitiva cuando intentamos usarla entre análogos. Santo Tomás hace un buen resumen de esto cuando explica los predicados y nombres divinos.
Andrés
Pero si ya le he respondido en lo esencial. El paralelo teológico entre lo acaecido, por un lado, con Adán y Eva en la caída original, y Jesús y María en la redención, es un lugar común en Padres, Doctores, Teólogos y Actas del Magisterio. He suministrado varias citas en los comentarios preedentes. Eva es parte integrante de la falta cometida en los orígenes, como partícipe necesaria, sin la cual la caída no habría tenido lugar. Del mismo modo, María, la Eva de la Nueva Alianza, se halla unida de manera indisociable con el sacrificio redentor llevado a cabo por su divino hijo, Jesucristo, el nuevo Adán, en el altar de la Cruz. El pecado original compete a Adán, por ser la cabeza del género humano, así como la redención es realizada por Cristo, el nuevo Adán. Pero eso no obsta para que, en el plan de Dios, Eva y María hayan intervenido de modo esencial, como partícipes necesarios y causas instrumentales, en las acciones realizadas por Adán y Jesús. Ésa es la forma en que se han desarrollado ambos momentos cruciale de la historia de la humanidad. Esto es doctrina católica cierta, fundada en la Sagrada Escritura, en la tradición y el magisterio eclesiástico. Si así no fuera, ¿sería posible que esta doctrina figure en los manuales teológicos preconciliares? He mencionado a Merkelbach y a Royo Marín, reconocidísimos y respetados autores, pero hay varios más. Si esto no fuera doctrina segura, ¿piensa usted que se habría podido exponer esta posición en el esquema conciliar preparatorio, como lo refleja la cita que suministré anteriormente? Le sugiero informarse con mayor precisión y rever su postura. Por ejemplo, acá:
https://brujulacotidiana.com/es/maria-corredentora-todos-los-errores-de-la-nota-vaticana – https://gloria.tv/post/Td9KiqLvfphy131LRBv2qJQ6n
Desde que Dios es Dios y se puso a crear estuvo en su mente que su hija,esposa y madre nacería inmaculada.
Para afirmar con tal rotundidad y certeza, estabas alla? Tienes algun canal directo? Como alguien puede hablar asi y quedarse tan tranquilo… smh😱
Tal como dice uno de los comentaristas, lo que busca el autor es desdramatizar y dejar en claro que la Iglesia siempre va avanzando así, con paso seguro.
Y agrego que, a pesar de lo inoportuno del documento, ha dejado a la luz una gran falta de formación de los fieles en general: en los comentarios de varios sitios se han afirmado cosas increíbles y se han negado otras…
Por ejemplo, había uno que consideraba que decir que Cristo es el único mediador ante Dios, es rebajarlo, contradiciendo al mismo San Pablo.
Otro afirmaba que la Santísima Virgen no precisó de la redención obrada por Cristo.
Uno decía que negarle es título implicaba negar sus demás titulos, sobre todo el de ser Madre de Dios.
Y por supuesto, no faltaron los anatemas contra todo aquel que no lo reconozca.
En fin, vivimos en una época en la que la obediencia no es una virtud.
Y en la que reina la confusión.
Todos sabemos a quien conviene tal cosa.
Fraternalmente.
En ralidad, san Bernardo no se equivocó, opinó de lo oen ese moment opinable.
«El título de Corredentora aparece en el siglo XV como corrección a la invocación de Redentora (abreviación de Madre del Redentor) que María venía recibiendo desde el siglo X» (Mater populi fidelis, n. 17).
Anda, qué devoción tan moderna y sin arraigo…
Para la Iglesia, cinco siglos es muy poco tiempo. Y como bien dice y usted destaca, en el siglo X se la llama «Madre del Redentor», aunque se la abrevie como Redentora.
Eso que usted dice es relativo, para las definiciones concernientes a la Santisima Trinidad y a la persona de Cristo bastaron menos que 5 siglos.
No hay que buscarle el pelo al huevo y la respuesta a cada cosilla.
Dije aparece en el siglo XV pero es tan minoritaria y tan escasa que buscarla en los innumerables libros de devoción mariana de la época es similar a buscar una aguja en un pajar.
Nada que ver con la Asunción o con la Inmaculada (vg. Solo en España hay muchísimas parroquias dedicadas a la Asunción como en la diócesis de Toledo o por no hablar de los votos inmaculistas que, salvo los dominicos y aún con excepciones, era práctica universal)
Eck
Personalmente creo que esa descripción psicológica, digamos, y/o también espiritual, es acertada. Yo lo pongo como parte de la mentalidad vanamente triunfalista del tradismo (hace poco leía justamente a un tradi que decía que sí, que los católicos debemos ser triunfalistas porque la Iglesia Triunfante en el cielo y patatas…), que hace eco también a un igualmente vano afán de vana épica (no replico los adjetivos por error) que, en definitiva, los hace vivir fuera de la realidad.
Y mirar por dónde, me da que es ésta una actitud profundamente modernista, una especie de búsqueda de dopamina por vía religiosa, transformada la Religión en droga psicológica… igual que los pentecostalistas, por ejemplo. A lo mejor eso explica en parte el fenómeno (mayormente francés) de los «tradismáticos» (tradis carismáticos).
¿Cuántos de nosotros le caímos encima a Juan Pablo II por imponer a la Iglesia sus devociones personales? No digamos nada de «la Divina Misericordia» de la extraña monja polaca, pero incluso con su introducción de los «Misterios Luminosos» del Santo Rosario, que destrozan la lógica interna de dicha oración e incluso implican una comprensión nueva, y diversa, de los «misterios».
Extraña monja polaca que está canonizada. Creo que merece respeto. Y la devoción de la Divina Misericordia, se piense lo que se piense de ella, es extremadamente popular y se ha extendido por toda la Iglesia universal no sólo por una imposición unilateral de JPII. Hay por ahí hasta capillas lefebvristas y sedevacantistas con alguna imagen de la Divina Misericordia.
No se preocupe ni se esponje. Hay peores canonizaciones que la de Sor Faustina. No vamos a ir por ese lado ahora.
Así es. Es santa. Y la devoción no fue invento de S. Juan Pablo II, sino una revelación a esa santa. Puede leer su Diario. ¡»Extraña monja polaca»! Lo que hay que escuchar…
¿Se refiere al Diario que fue puesto en el Index bajo Pío XII?
¿Se refiere al Diario que contiene afirmaciones escandalosas y hasta heréticas, donde Faustina toma la Hostia con sus manos, por ejemplo, o es alabada por «Cristo» como la más perfecta de todas sus creaturas?
Venga, para revelacionistas y aparicionistas tenemos para rato…
Me llama la atención que lefes y sedes tengan la «Divina Misericordia», toda vez que las críticas más acerbas a esa devoción han venido de lefes y sedes.. pero en fin, habas se cuecen en todos lados.
Battistella, esas graves acusaciones debería probarlas. Y no lo ha hecho. Que en una visión se tome la hostia en las manos no tiene nada de censurable en sí. Y que un libro sea puesto en el Index por ser deficiente la traducción, tampoco respecto del original. Calculo que lo leyó todo, si habla tan suelto de lengua. Pues quiero las afirmaciones que usted dice que son heréticas. Y en polaco. De lo contrario, llámese al silencio. Y pida perdón a Dios por hablar así de una de sus santas, pues lo que dijo es grave.
Hay un texto del A.T. que se citaba hablando del “Discernimiento de Espiritus”: “Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?” Jos 5:13 Creo que la cuestión con el Cardenal Fernandez, y “Mater populos fidelis” (MPF)va mas allá de vuestro acertado texto sobre de San Bernardo de Claraval; es el contexto, la intencionalidad y el momento. La semana anterior lei en el blog de Marcos Tosatti, el siguiente articulo: “Mater Populi Fidelis, San Tommaso e la Grazia: Falsità in Linea Ereticale”. Don Tullio Rotondo, Mater Populi Fidelis, San Tommaso e la Grazia: Falsità in Linea Ereticale. Don Tullio Rotondo. – STILUM CURIAE Y comparto algunos párrafos: “En este número 65, el MPF difunde falsedades verdaderas y graves con respecto a la doctrina tomista, pero también con respecto a la doctrina católica. Claramente, al citar a Santo Tomás, el MPF quiere hacer creer a la gente que, según la doctrina católica, ninguna criatura puede dar gracia, y en particular, María no puede dar gracia”. “En el n. En el capítulo 53 leemos: «Ningún ser humano, ni siquiera los Apóstoles ni la Santísima Virgen, puede actuar como dispensador universal de la gracia. Solo Dios puede dar la gracia[6] y lo hace a través de la humanidad de Cristo,[7] puesto que “Cristo-Hombre posee la plenitud de la gracia como Hijo unigénito del Padre” [8]». Ahora bien, todo esto es radicalmente falso y herético, porque la Tradición y la Biblia afirman lo contrario, y el Magisterio, con diversos pronunciamientos solemnes, ha definido la doctrina tradicional y ha condenado como herejías lo que enseña la MPF, como veremos más adelante”.
¿Cuál es el error en eso?
Usted dice que es «radicalmente falso y herético, porque la Tradición y la Biblia afirman lo contrario», pero no provee ninguna contra cita para apoyar su afirmación, ni explica en qué modo funciona la cosa «según la Tradición (!) y la Biblia».
El error es que el documento confunde «dispensar» con «crear». Por supuesto que solo Dios crea la gracia y la da, pero eso no quita que otros (especialmente la Virgen María) puedan distribuirla. Eso quiere decir «dispensadora» y también «medianera».
¿De dónde surge que el documento confunda «dispensar» con «crear»? ¿A poco pretende usted que cada documento aclare absolutamente todos los términos técnicos que usa? Es irracional, cada documento tendría 5000 páginas de notas al pie y aclaraciones.
Usted supone que el documento hace algo que no hace, y luego dice que eso es un error… pero eso no está en el documento, al menos no en la cita que estamos discutiendo.
Es como si yo le dijera a usted que es un hereje por decir que la Virgen Santísima puede distribuir la gracia por sí misma y no por gracia de Dios. ¿Entiende? Usted no dijo eso, pero yo podría suponerlo porque no lo aclaró tampoco… es lo que usted hace con la cita de marras.
La Santísima Virgen, y cualquier otro Santo, distribuye, dispensa, media, en tanto y en cuanto Dios les da el hacerlo, ni más ni menos. De modo que se puede decir que, en un sentido, es Dios el que lo hace; y en otro sentido, es la Virgen o el Santo el que lo hace… y ambas son verdades, en su sentido propio.
Afirmar lo primero sin explicitar lo segundo no es negar lo segundo, así como afirmar lo segundo sin aclarar lo primero (que es lo principal, como que Dios es la Causa Primera) no significa necesariamente negarlo (aunque visto lo visto, muchos se terminan «pasando 3 pueblos» como dicen en España, y se olvidan de la Causa Primera).
por eso cite la fuente, ya que el artículo es largo y vale la pena su lectura
De Maria numquam satis
Según esa lógica, habría que decir también que la Santísima Virgen es Dios, como han dicho algunas sectas y como pretenden los protestantes que nosotros pensamos. Cualquier cosa menos que eso sería «insuficiente».
La definición dogmática no tiene efecto constitutivo, sino declarativo. El dogma de la Inmaculada, materialmente, ya existía en tiempos de San Bernardo. Pero no su definición formal.
En tal sentido, puede decirse que San Bernado se equivocó «a las finales». Con juicio a posteriori.
En este sentido va, según entiendo, lo escrito por Eck.
Fraternalmente.
Es intrínseca al dogma la definición por parte de la Iglesia. El dogma expresa una verdad revelada o, si se quiere, un misterio. Pero, por ser esencial al dogma la definición eclesiástica, ni S. Bernardo ni S. Anselmo ni Sto. Tomás propiamente negaron el dogma de la inmaculada concepción de la Santísima Virgen, por más que hayan negado esa verdad o ese misterio.
No pretendo hacer distinciones que superan mi capacidad, pero ,salvando mi propia devoción a la Virgen María Mediadora de todas las gracias, no me parece que la declaración de un dogma tal en este momento agregue ni quite nada. Sin embargo, llamar a este título «modernísimo» me parece demasiado teniendo en cuenta que en el año 333 San Efrén el Sirio escribió esto: «Señora Nuestra Santísima, Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios. Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno. Haz que nuestra alma llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. Amén!!»
Fernando
El artículo se refiere más bien al título de «Corredentora».
Fraternalmente.
Ademas, mire la sutil mentira: en ningún lugar Efrén dice que María medie todas las gracias.
Después de hablar con mucha de esta gente, concluyo que en el 95% de los casos es mala fe, ganas de mentir, hacerle decir a los Santos lo que claramente NO dijeron.
Estimado Abelardo
Los títulos de Mediadora y Corredentora siempre han ido de la mano, uno está implicado en el otro. Pero sería largo de exponer aquí. Sin embargo para que no piense que es invento mío (ni intentar mentir o hacer decir a los santos cosas que no dijeron, como deduce un comentarista que responde a este comentario) lo remito al P. Royo Marín en su «Teología de la Perfección Cristiana» y al P. Garrigou Lagrange en su libro «La Madre del Salvador».
Estimado: No se preocupe, pues no he pensado eso. Le agradezco sus referencias. Conozco el tratamiento que hace el P. Royo Marín. De hecho, él afirma que,. respecto de la Virgen, existe una devoción escrupulosa: la que no ensalza suficiente y justamente a Nuestra Señora por miedo de rebajar a Jesucristo.
Pero se discurre bajo el entendido de que no estamos en terreno dogmático, sino en el de la devoción. En tal terreno, podemos deplorar que se critique o no se adopte tal o cual título. Podríamos incluso afirmar que quien los critica o rechaza no es muy devoto en ese punto. Pero ello no es reprensible, siempre y cuando no merme el asentimiento y fervor debidos a los dogmas definidos.
En cuanto a los títulos «Mediadora» y «Corredentora», entiendo que se implican. Pero no estoy seguro de si lo hacen en forma necesaria. Carezco de la suficiente luz teológica.
Fraternalmente.
Es cierto que aquello que no se encuentra en el articulo de la fe y en los dogmas no estamos obligados a creer. Como es el caso de las revelaciones privadas, por ejemplo.
De todas formas me parece que la comparacion que hace el artuculo no es la correcta.
Una cosa es cuestionar una novedad sin precedente y que no ha tenido el suficiente tiempo de discusion, discernimiento , o bien, de consenso entre los fieles cristianos; como es el caso de San Bernardo , quien prudentemente luego se somete a un juicio posterior de la iglesia.
Otra cosa es deshechar una devocion que ya esta instalada en los fieles hace ya algunos siglos. Por mas modernista que le parezca al autor (esta es su opinion personal, tampoco estamos obligados a estar de acuerdo con él), ya tiene sus años de aceptacion y sostenimiento entre los fieles de aquí y allá.
Si bien estoy de acuerdo en que seria un disparate llevarla a dogma (cosa que nadie ha pedido seriamente, no se porque el autor insite con esto), tampoco corresponde (sea quien sea que lo haga), en un documentito echarlo por tierra sin ningun tipo de discernimento previo y con total rechazo de gran parte del clero y de la feligresia catolica.
Hasta el mismo Newman tiene sus referencias a la correndención. Cuestion que ya estaba instalada.
Por otro lado, tampoco las ciscuntancias (la situacion de la iglesia por ejemplo) son las misas, y estas , determinan y condicionan los hechos.
Estimado, tan seria e insistentemente han dado la matraca con esto, que hasta tiene epíteto, «el quinto dogma mariano». Cada dos-tres años sale un grupo de mariólogos a pedirlo. En cuanto a lo que respecta al rechazo o aprobación general, tengo que seguir insistiendo que fuera del mundillo de la frate y los círculos alrededor de las supuestas apariciones de «nuestra señora de todos los pueblos» y el tradicionalismo de internet, es una cosa prácticamente ignota. Y no se trata simplemente de achacarlo al «postconciliarismo». Creo que todos podemos contar a montones las abuelas devotas de María Auxiliadora, de la Virgen del Perpetuo Socorro, la Inmaculada, Lourdes, Fátima, Guadalupe, la Milagrosa… Ahora en mi vida he conocido u oído de devotos de María Corredentora o Medianera de todas las Gracias como algo en la generación de mis abuelos o bisabuelos.
exveteranova
No sea insolente. «Creo que todos podemos contar a montones las abuelas devotas de María Auxiliadora, de la Virgen del Perpetuo Socorro, la Inmaculada, Lourdes, Fátima, Guadalupe, la Milagrosa» …esas son todas advocaciones legítimas que derivan de apariciones marianas o títulos. Corredentora es un título que deriva del hecho teológico de que la Virgen María aceptó voluntariamente que el Verbo se encarne en Ella y llegado el tiempo se asoció a la Pasión de Cristo como reza el Stabat Mater. No es algo nuevo, es algo de siempre.
Es muy raro que ahora sea un problema para algunos católicos.
Al anónimo de las 19:44:
Hay que ponerse de acuerdo:
por eso respondí como respondí. El argumento no era uno de conveniencia o necesidad teológica, sino de devoción del pueblo fiel.
Que «la Virgen María aceptó voluntariamente que el Verbo se encarne en Ella y llegado el tiempo se asoció a la Pasión de Cristo» es ciertamente doctrina recibida e incontroversial. Que participa de la redención al modo de las criaturas redimidas, en grado superlativo, tampoco está en disputa. Lo que está en disputa es la conveniencia del término «corredentora» para expresar dichas doctrinas.
exveteranova
No era novedosa la Inmaculada en tiempos de S. Bernardo sino cuestión viejísima tanto en Occidente como en Oriente. De hecho, si no se aceptaba pacíficamente era porque no se sabía como encajarla con otros dogmas y creencias:
-El de la Redención universal de Cristo. Si no tenía pecado ni estaba manchada por el pecado original ¿De qué tenía que salvarla Cristo?
-De la creencia de regusto platónico de que el acto sexual o era instrísecamente malo (y Dios concedía una dispensa o que, a pesar de ser legítimo (en el matrimonio) estaba irremediablemente contaminado por el pecado a través de la conscupiscencia.
Es gracioso que muchos ortodoxos critiquen el dogma católico de la Inmaculada creyendo que es la dogmatización de la leyenda de la Concepción de la Virgen en la Puerta Dorada, como le escuchamos a todo un obispo…y cuendo es defendido por lo más granado de sus santos y jerarcas, incluidos los mas feroces antilatinos como Focio.
Y es que como en casos anteriores (como Orígenes, que en sus tratados era subordicionista cuando teologizaba pero cuando rezaba afirmaba la igual dignidad de las tres personas divinas) por un lado iba el corazón y por otro lado la cabeza. Si a S. Bernardo se le dijese que él afirmaba que la Santísima Virgen María habia estado durante solo un instante bajo potestad del Diablo, le hubiese fulminado sabe Dios con qué.
Eck
«Y ahora, tras mostrar esta carta, ¿qué diremos? ¿San Bernardo blasfemaba?¿Destronaba a la Virgen, la insultaba, le robaba los títulos su mayor trovador? ¿Era protestante, modernista y ecumaníaco el heraldo de las Cruzadas?» Por supuesto que NO.
Pero qué tiene que ver eso con el Tucho??? El caso es totalmente distinto. San Bernardo pretendía ser honesto intelectualmente. Y resulta que NO lo veía pero aceptaba la autoridad de la Iglesia en caso de que se definiera contrario a su parecer. En cambio este otro necio con poder, lo único que hace es aprovechar ese poder para exigir que nadie le llame a Virgen Corredentora porque él NO lo ve. No manda a que se estudie el tema sino que lo cuasi define: «es siempre inoportuno».
Andrea
Las primeras líneas (del artículo, no de la introducción que hace el Wanderer) permiten responder esa inquietud.
Fraternalmente.
San Bernardo se sometía a la autoridad de la Iglesia; Tucho en cambio ES la autoridad de la Iglesia, en la medida en la que León XIV actúe a través de él. Definir e imponer es parte de su tarea. Otra cosa es que sea como particular bastante inadecuado para ocupar su cargo. Creo que lo es, y espero que se vaya pronto. Pero no es legítimo resistir a la autoridad de la Iglesia con un argumentario liberal.
Eck….ahora te calo. Había algo que no me gustaba de ud. Ahora lo confirmo. Qué necio!! Decir que : » Y con el inri de ser esta una devoción moderna, sin arraigo, tan artificiosa y artificial que ni siquiera tiene representación iconográfica, un hecho importantísimo pues sin su reflejo en las imágenes, no tiene encarnación en la Fe.» Así que no tiene representación iconográfica??? Y qué es si no la catarata de imágenes de Stabat Mater? Como le parece a ud que debe representarse la corredención de María??
Te alabo Dios padre porque revelaste estas cosas a los sencillos de corazón y no a los inflados de soberbia intelectual y diletancia.
Comienzo por congratularme con usted por ser uno de los pequeños y humildes que tanto ama el Señor. Usted mismo nos lo aclara. Nosotros no somos más que petulantes intelectuales y diletantes. Disfrute su título de humildad.
Me permito hacerle una pregunta: ¿En cuál de las cataratas de imágenes de la Dolorosa, o Stabat Mater aparece la titulación «Corredentora»? Una cosa es decir «Nuestra Señora de los Dolores» y otra decir «Nuestra Señora Corredentora». Ilústrenos dónde y de qué fecha son las imágenes que poseen fehacientemente ese título.
Eso, justamente ,es lo que quiere ilustrar un poco el comentarista, me parece. Sin ánimos de denostar al articulista y el administrador del blog , a quienes sigo y aprecio su docencia.
Estas exigencias de datos y evidencias parecen reducir la vida Cristiana a una cuestión erudita o de amplia argumentación.
Es cierto que no hay ser necios ni sensibleros. Si alguien apunta algo con tino y sapiencia , hay que considerarlo.
Pero en este caso, no hace falta demostrar el siglo , la hora y la fecha de la ilustración o del icono que lo demuestren . Esto no es condición excluyente para descartar una devocion.
Como varios comentarios arriba y abajo apuntan, lo de la Corredencion no es un invento pacato más. Tiene sus siglos de acatamiento.
No gustará más o menos , no debemos dogmatizarlo, ciertamente, pero tampoco vanalizarlo y hacerlo desde un lugar puramente erudito.
En este y otros temas parece ser que se enriedan en argumentos, datos , etc., cuándo la fe del carbonero y el sensus fidei, si se quiere, va por otro lado.
Querido anónimo, el Stabat Mater, que es una secuencia y una composición musical, es lo que de toda la vida se ha conocido como la Virgen de los (siete) Dolores, la Dolorosa, de las Angustias o de la Soledad, que se suele diferenciar en Castilla por la posición de las manos (abiertas o cerradas).
Me he criado con ella, viéndola todos los días de mi vida, es la patrona del pueblo de mis abuelos, la devoción de toda mi familia materna cuyo orgullo era decir que eran vecinos de la Virgen por vivir pared con pared con su ermita , nos ha acompañado en las agonías y las muertes de mis abuelos y tíos. Jamás he oído que sea la Virgen Corredentora ni ninguna alusión a él, ni mínima.
No, no tiene ninguna representación iconográfica que yo sepa más allá de la IA vampirizando la de la Medalla Milagrosa. Nada que ver con la Inmaculada, toda una hazaña de la Fe, pues es la representación de un concepto abstractísimo. Y esto, la aniconología de la corredencion, que puede parecer menor, a mi me parece capital. Hacen visible lo invisible, son revelación y manisfestación del misterio divino a traves de representaciones y símbolos, analogados de la Encarnación. Sin representación iconográfica, no hay verdadera visión de la verdad por parte de la Iglesia, no hay encarnación en su vida, sino que es un constructo intelectual e ideológico, fruto de la razón intelectualista y no total. No cumple el primer mandamiento «con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente»
Eck
Lamento decirle que en el Satabat Mater se le pide a la Virgen que nos asocie a la Pasión.
Que San Pablo diga que él completa la Pasión de Cristo en sí mismo y no se pueda decir de la Virgen lo mismo, es un despropósito.
Desde el momento en que la Virgen aceptó la Encarnación, comenzó a participar de la Redención en grado superior a cualquier otro persona humana. Tal es así que merece el título que dicha participación le da. Redentora?? No. Corredentora, sí.
Gracias Eck,
Creo que tiene razón al señalar a Alfonso María de Ligorio como el punto de inflección porque antes de él las tesis de la Corredentora y la Mediadora de todas las Gracias (o más en general: la tesis de que es posible para una mujer ofrecer un sacrificio) era extremadamente minoritaria y desconocida por casi todos. Ligorio en el prólogo a la siguiente edición de Las Glorias de María se defiende del revuelo que causó su novedad teológica.
También le agradezco el foco en hacer uso de la razón. Entre mariólogos se puede hallar frecuentemente cierto desdén por la razón, surgido, creo, de la veneración al versito de Duns Scoto «Potuit, decuit, ergo fecit». (Que es un insulto a la inteligencia por más que pretenda defender el dogma católico). Tiene el mismo peso intelectual que un canto de barrabravas, pero como es «de los nuestros» y está en latín, entonces adoptémoslo como método principal: de ahí surge «ecumaníacos» y los demás piropos.
Esto no justifica el Papelucho del Tucho, que volvió a poner este tema sobre la mesa para causar discusiones inútiles. La vindicatividad, el rencor, y el resentimiento propios de su condición afloraron de la peor manera.
– El amigo de Agustín
Luisella Scrosati viene publicando una serie de artículos interesantes sobre la corredención mariana en la Bussola Quotidiana. Hoy mismo Specola ha enlazado uno: https://lanuovabq.it/it/maria-mediatrice-come-si-blocco-il-dogma-i-casi-billot-e-lepidi.
Véase lo que decía un gran teólogo tomista, el P. Reginald Maria Schultes, O.P., sobre la conveniencia y utilidad de las fórmulas dogmáticas:
https://www.academia.edu/152434108/_Son_convenientes_y_%C3%BAtiles_las_f%C3%B3rmulas_dogm%C3%A1ticas_Reginald_Ma_Schultes_O_P_
Tanto S. Bernardo como Sto. Tomás y otros eminentes teólogos no veían cómo compatibilizar la inmaculada concepción de la Virgen Santísima con la verdad de fe. ¿Es esto lo que mueve al Card. Fernández? No consta. Si así fuera, también debería haber rechazado el uso devocional privado, cosa que no hizo. ¿No hay acaso una sólida fundamentación teológica de la corredención mariana? Sí, la hay.
Además, yendo a lo de la razón, el escrito mismo del Card. Fernández no parece muy racional. Porque mientras habla de co-operación y la substancia de la corredención está más o menos expresada, rechaza el título en cuanto tal.
Augustinus
Tiene razón. Pero el punto de todo el artículo es que no deberíamos escandalizarnos demasiado ante la divergencia de opiniones en terrenos que no son dogmáticos.
Fraternalmente.
Sabe el Señor lo atravesado que me cae el Tucho, pero el punto no es juzgar o absolver las intenciones del Tucho, sino entender lo que el texto dice y responder a ello, en lugar de usar las palabras y las doctrinas como instrumentos para las querellas partidistas personales (que es a lo que entiendo se refiere Eck con la imagen de los barrabravas). Efectivamente el texto admite que la doctrina en sí misma, en tanto que expresa una participación superlativa en la cooperación que todos los cristianos hacen a la redención es justa y correcta. Lo que señala como problemático es que el término usado para expresarlo no es particularmente claro o unívoco, y puede llevar a la idea de que la Virgen obra en la Redención del mismo modo que Cristo, o de una manera que sea diferente no solo en grado sino en naturaleza a la del resto de los redimidos. Todos los miembros de Cristo somos «corredentores» en diferente grado, pero ninguno de nosotros es madre de Dios, o madre virgen, o inmaculadamente concebido; y la Asunción, que sí tiene referencia a nosotros, en tanto que esperamos también llegar a vivir en cuerpo y alma con Dios, está precisamente delineada para marcar su diferencia con Cristo (Cristo asciende a los Cielos, María es asunta a los Cielos). Me parece obtuso pretender lo contrario. Nadie llama co-autor de una obra al prologuista, aunque en sentido lato lo sea, porque entendemos que su contribución es esencialmente distinta a la del autor que ha escrito la obra en sí misma. No hay nada de irracional en decir que un cierto signo o término no se adecua a la realidad que quiere representar. Si un niño pequeño llama papá a su tío, la persona que lo corrige no tiene por necesidad que negar la existencia del tío.
exveteranova
Excelente comentario.
El magisterio está para explicar, no para descartar lo que requiere explicación. Si fuera esto último, no tendríamos ni Trinidad, ni unión hipostática, ni doble naturaleza de Jesucristo, ni presencia real en la Eucaristía, ni un largo etcétera. Y sí importa la motivación: el fin tiene siempre importancia. Ya LG había aclarado el otro punto, de la subordinación de la Virgen a Jesucristo. Y en cuanto a lo de asunta, vea a Royo Marín: ella ascendió por sí misma. Y el ejemplo del papá y del tío es bastante impertinente.
Al anónimo de las 21:38:
La función del DDF no es la de enseñar como lo hace el colegio apostólico, sino más bien la de juzgar, dirimir, orientar. Visto que el documento de la DDF se publicó por voluntad del papa y con su visto bueno, hay que ver en él esa intención transmitida, que solo puede hallarse a través de la interpretación del texto.
En cuanto a lo que dice de LG, las definiciones teológicas tienen que tener rigor y exactitud en sí mismas. No se puede chapucear simplemente porque «en otro lado en algún momento se dijo».
En cuanto a lo de Royo Marín, lo que yo tengo es lo que dice la bula de proclamación del dogma:
Nuestra Señora fue asunta al Cielo, voz pasiva, no ascendió o «asundió» al Cielo. De Cristo decimos en el Credo et ascendit in Coelum, voz activa. Se me hace difícil creer que Royo Marín haya querido decir otra cosa.
En cuanto al ejemplo, fue buscado en función de su claridad, no con la intención de insultar a nadie.
exveteranova
El DDF es un órgano magisterial. Y dije que está para explicar, no para descartar lo que requiere explicación por motivos presuntamente ecuménicos. En cuanto a lo de Royo Marín, pues dice eso, y lo fundamenta. Si tiene algún problema, dígale a él.
«Se equivocó el santo doctor negando un dogma».
Incorrecto. No era entonces dogma.
«se establece según el consenso de la Iglesia» suena fatal.
Tiene razón. Suena fatal, pero no por eso es menos verdadero. Fíjese como se definieron los dogmas centrales de la fe, es decir, los que se refiere a la Trinidad y a la persona de Cristo: por consenso entre los obispos que asistían a los concilios ecuménicos. Ciertamente, iluminados por el Espíritu Santo, pero las definiciones surgían por consenso.
sin duda somos dignos pecadores. Así como el documento de tucho fernandez sobre el título de la Virgen como corredentora fue totalmente innecesario, así también lo es el Eck y wanderer q a su vez generaron una caterva de comentarios y una melange de temas en el medio. Me pregunto q pasaría si el título en algún momento se convierte en dogma. ¡Con razón el mundo vive en guerra!
Pues con el mismo criterio debería Wanderer directamente aniquilar el blog entero, ¿no cree?
Al fin y al cabo, nada de lo que se hable aquí tiene la capacidad de detener ninguna de las guerras del mundo, y siempre se hará «una melange de temas», pues cada lector relaciona lo que lee con lo que él mismo sabe y con los asuntos que le son más queridos y/o cercanos en su mente.
Lo realmente innecesario aquí, son los comentarios como el suyo (incluida la falsa humildad).
Muy buen y cuestionante artículo