Hace algunos días publique un post en el que, al pasar, decía que no era partidario de multiplicar los títulos a la Santísima Virgen, en referencia al documento Mater populi fidelis y la Corredención mariana. Varios lectores se mostraron molestos, e incluso alguno violento. Se trata de actitudes difíciles de comprender; pareciera que los católicos no podemos tener opiniones personales sobre temas que no están definidos, sino que debemos acatar una suerte de doxa establecida e indiscutible. Ciertamente, no me refería a títulos que tradicionalmente se le atribuyen a María Santísima como los expresados en las Letanías lauretanas. Por ejemplo, «María, reina de la paz»; en la nave izquierda de la basílica de Santa María la Mayor de Roma hay una bellísima escultura de este título, frente a la que siempre hay devotos rezando. Y probablemente en otros templos hayan imágenes dedicadas a «María consoladora de los afligidos» o «María, casa de oro». Y provocarán la devoción de los fieles. Pero en esta cuestión es fundamental recordar la distinción que hace San John Henry Newman entre «devoción» y «doctrina». La primera está muy bien, y varía según los tiempos y lugares. La doctrina, en cambio, es universal y se establece según el consenso de la Iglesia, a través de los obispos, siguiendo la Tradición enseñada por los apóstoles y los doctores, y las prácticas seculares del pueblo fiel. No sería sensato, por ejemplo, pedir la proclamación del dogma de «María reina de la paz» o de «María casa de oro», aunque se puedan promover esas devociones. Este artículo de Eck, a través de un caso histórico, muestra la situación.
por Eck
Nihil novum sub sole (Eclesiástés, I, 9).
“Nada hay nuevo bajo el sol” reza la archiconocidísima y archirrepetidísima sentencia del Eclesiastés. Luego Carlos Marx la redondeó con otra suya que se encuentra en su obra El 18 de Brumario: “la historia se repite dos veces, la primera como tragedia y la segunda como farsa”. En nuestro caso la tragedia y la farsa no está en los hechos en sí: nada hay aquí de revoluciones, golpes de Estado y demás politequerías, sino en dos personajes protagónicos y antágónicos en sus vidas y compañeros en opiniones semejantes, la esencia pura de la caricatura. Uno es un padre y otro un payaso; uno tenía una autoridad inmensa, el otro el desprestigio más absoluto; ante el uno todos se inclinaban y sus palabras movían montañas, el otro sus palabras movían a la rechifla y escarnio; el uno hablaba con el lenguaje del amor para reflejar lo inefable, el otro usaba la mística para encubrir lo escabroso; el uno encarnaba la gloria y la tragedia de su época, el otro era el mayor bufón de una Corte de los Milagros chabacana, cutre y mediocre. Vidas paralelas y antitéticas, se tenían que encontrar en un punto intermedio del gran teatro del mundo para confundir a sabios y zonzos, y traer motivos de meditación profunda en este escenario de sombras chinescas y trampatojos que es nuestra vida. Nada nuevo bajo el sol pero cómo cambia el cuento si lo hace el protagonista…y los lectores.
San Bernardo y su reprimenda epistolar
Presentamos, pues, ante el público lector un extracto de una carta muy actual e interesante del Doctor Melifluo, del trovador de la Virgen, inspirador del Temple y creador del Cister, San Bernado de Claraval. Es la Carta 174, que se encuentra dentro de las Obras Completas de San Bernardo, edición bilingüe de la BAC, en el tomo VII (BAC Normal, nº 505, pg. 582-591). Aquí usaremos la traducción más antigua de la BAC en dos tomos y que se halla en el tomo II (BAC Normal, nº 130, pg.. 1177-1181) del año de 1955. Son ediciones seguras y fiables.
La carta está fechada hacia el año 1140 y se dirige a los canónigos de Lyon. Antes de entrar en el tema, hemos de dar una pincelada sobre quiénes eran los destinatarios de la carta de San Bernardo. Hasta muy acabada la Edad Media, la sede de Lyon era la más prestigiosa e influyente en toda Francia, metrópoli y cabeza de todas las Galias, testigo de los más antiguos mártires galos, refugio de su liturgia y silla de grandes doctores y santos como San Ireneo. Por este motivo el santo monje la denomina la noble y famosa iglesia de la que soy especialmente hijo (pg. 1181).
A pesar de esta confesión filial, llena de reconocimiento y de amor, el santo muestra su fuerte y recio carácter en defensa de lo que creía justo y verdadero, sin tener miedo a nadie como lo pudieron comprobar el mejor filósofo y dialéctico de su tiempo, Abelardo; el más poderoso e influyente abad del Cluny, Pedro el Venerable, y el cargo más alto y prestigioso de la Cristiandad, el papa Eugenio III, al cual amonesta para que sea un pontífice digno de tal función en una famosa carta que debería ser leída en cada elección papal. Las testas coronadas y nobles revoltosos, frente a los anteriormente citados, no dejaban de ser unos chiquillos llorones y traviesos a los cuales ponía en cintura con el chasquido de su lengua. Y estas cosas increíbles las hizo un monje que renunció completamente al mundo y cuyos dominios eran un monasterio en el desierto de Citeaux. Tal era su autoridad, el mayor poder y el más noble que existe. Sólo hubo una persona que se le resistió, hecha de la misma madera y cuya personalidad sólo podía parangonarse con la suya: la gran abadesa Eloisa.
San Bernardo, tradicionalista litúrgico
Pero volvamos al tema. El motivo de la carta del monje santo es la introducción de una nueva festividad litúrgica en el calendario de Lyon, solemnidad a la que se opone enérgicamente por tres motivos:
Por lo cual nos admiramos de una manera extraña de que en este tiempo algunos de vosotros hayan querido deslucir vuestra fama esplendorosa introduciendo una nueva solemnidad, que desconoce el rito de la Iglesia, que no prueba la razón ni recomienda la tradición antigua. ¿Acaso somos más sabios y más devotos que nuestros padres? Peligrosamente presumimos lo que dejó pasar su prudencia. De haber sido cosa de consideración, ¿podría haberse escondido a su diligencia? (pg. 1177)
Nos suena la música ¿verdad? ¿A qué sí? Desconocimiento del rito de la Iglesia, contraria a la razón y que no recomienda la tradición antigua. No era muy amigo de innovaciones San Bernardo aunque, si las veía positivas, las acogía con entusiasmo como las órdenes militares o su concepción de una orden monástica centralizada como el Cister. Otra faceta casi desconocida que nos muestra su carta es que, frente a la imagen dada por su enfrentamiento con Pedro Abelardo, San Bernardo era firme partidario de la razón: la fe es razonable e ilumina a la razón con su luz. Por eso, cuando ve una innovación que no justifica la fe ni prueba la razón, se opone con toda su fuerza aunque se equivoque.
Sí, digo aunque se equivoque porque en esta carta se equivocó. El Doctor Melifluo metió la pata hasta el corvejón. ¿Qué hay de extraño? El que tiene boca, se equivoca. ¿Por qué su oposición a esta festividad era errónea o, más bien, cuales eran las razones erradas para ir en contra de ella? ¿Cuál es la solemnidad, cual es la fiesta litúrgica a la que se opuso el Trovador de la Virgen María?
La Inmaculada Concepción de la Virgen….
Las razones equivocadas de San Bernardo
Se equivocó el santo doctor negando un dogma pero es que las razones que se le daban eran las equivocadas. Un dogma nunca esta aislado sino depende esencialmente de los otros. Unas verdades dependen de otras y hasta que no se ve claramente el vinculo que las liga entre sí y se iluminen mutuamente, la verdad que ahora cobra protagonismo debe ser meditada, pensada, contemplada pero no asumida completamente mientras no sea confirmada por la autoridad de la Iglesia, se demuestre su pertinencia a la Fe y se den razones de peso para su confirmación. He aquí un resumen que da el propio santo de sus razones por las que no acepta ni la fiesta ni la creencia:
Si, pues, no pudo ser santificada antes de su concepción porque aún no existía, si tampoco en su misma concepción por el pecado que concurría, resta creer que estando en el vientre después de su concepción, recibiese la santificación; la cual, excluido el pecado, hizo santo su nacimiento, más no su concepción (pg. 1180)
Y ante estos argumentos, se pregunta
¿Qué razón puede justificar la fiesta de la Concepción? ¿Cómo es posible, repito, afirmar que es santa una concepción que no es del Espíritu Santo, por no decir que procede del pecado, o cómo podremos celebrar como fiesta lo que no es santo?”.
Durante siglos la teología de los santos, la devoción del pueblo y la prudencia de la Iglesia han trabajado para responder estas cuestiones y resolverlas con éxito hasta la proclamación del dogma en 1854.
San Bernardo tuchero
Así que el Doctor Melifluo, el Cantor de la Virgen María, en este tema de los título marianos estaba de acuerdo con el cardenal Fernández. Es más, mientras que este último no recomienda, sobre todo, el de Corredentora, el santo carga en contra del de Inmaculada Concepción. Y desde sus escritos centenarios responde a muchos críticos actuales.
Ante la acusación de que se le quitan los títulos, de que se la destrona, afirma el santo con buen criterio:
Pero, dirás, la Madre de Dios debe ser muy honrada. Aconsejas bien; pero el honor de la Reina ama el juicio. La Virgen regia no necesita un falso honor, cargada, como está, de títulos verdaderos y de ínfulas de dignidades. (pg. 1177)
Y ante la acusación de algunos que padecen una preocupación que parece casi patológica, una especie de paranoia espiritual, inexplicable en un católico, así habla el santo:
Estas cosas [su santidad, su integridad, su elección, etc.] me canta de ella la Iglesia y las mismas me manda que la cante. Por tanto, mantengo y transmito seguro lo que he recibido de ella; lo que no, confieso que lo admitiría con grandes escrúpulos. (pg. 1177)
Y para acabar, rubrica el santo con una frase de oro del buen sentido católico:
Poco me mueven a mi los escritos que la razón no aprueba ni la autoridad favorece (pg. 1179)
Epílogo
Por otra parte, no la agradaría en absoluto el presumirse, contra el rito de la Iglesia, tal novedad, que es madre de la temeridad, hermana de la superstición, hija de la ligereza. Pero, si se juzga de otro modo, se debería antes consultar la autoridad de la Sede Apostólica y no seguir precipitadamente la ingenuidad de algunos ignorantes. Ya antes había notado en varios el error; pero disimulaba, perdonando la devoción que viene de la sencillez del corazón y del amor a la Virgen. Mas, descubierta la superstición entre los sabios y en la noble y famosa iglesia de la que soy especialmente hijo, no sé si podré disimular sin haceros a todos vosotros una grave ofensa…(pg. 1181)
No iba a escribir de este tema, que he de reconocer que no me interesa. Siempre he visto en la Corredención el típico caso erróneo de búsqueda de la dogmatización como el premio gordo de una devoción particular, con el añadido de la creencia supersticiosa de que convirtiéndolo en dogma, se resolverán todos los problemas de la Iglesia por arte de magia cual nuevo Pentecostés . Y con el inri de ser esta una devoción moderna, sin arraigo, tan artificiosa y artificial que ni siquiera tiene representación iconográfica, un hecho importantísimo pues sin su reflejo en las imágenes, no tiene encarnación en la Fe. La Asunción, la Medianería y hasta ese concepto tan abstracto, casi puro, la Inmaculada, tienen su reflejo propio. Tampoco tiene raíces en el Oriente, cuando los demás son objeto de devoción, y hasta el más polémico de todos, la Inmaculada Concepcion, encuentra defensores entre los más acérrimos enemigos de los latinos como Focio; en sus maestros espirituales más queridos, como Palamas o en los más celosos defensores de la pureza del rito como los Viejos Creyentes. En defintiva, la Corredención es una devoción modernísima, con pocos testimonios más allá de alguna cita de San Alfonso de Ligorio, artificiosa en su explicación y poco clara por las vueltas y matizaciones que le dan.
¿Que hemos visto? Histerismos por doquier, ataques ad hominem al Tucho y al Papa, golpes de pecho y rasgamiento de vestiduras para demostrar lo católicos y devotos de la Virgen que somos, no como esos publicanos… digo, modernistas. Poca Escritura, pocos Padres, pocos Doctores, poca liturgia, poca historia, poca razón. Mucho ruido y pocas nueces. Violencia simbólica para imponer a la Iglesia unas opiniones teológicas, vestiditas de tradición, cohesionar la propia tropa, crear un enemigo bajo la falsa creencia de pureza y justificar muchas cosas complicadas de matute. Con otros temas, corremos tupido velo…
Y ahora, tras mostrar esta carta, ¿qué diremos? ¿San Bernardo blasfemaba?¿Destronaba a la Virgen, la insultaba, le robaba los títulos su mayor trovador? ¿Era protestante, modernista y ecumaníaco el heraldo de las Cruzadas? ¿Hería el alma católica uno de sus más grandes místicos? Seamos valientes y atrevámonos a afirmarlo y sostenerlo del santo. Seamos coherentes, porque San Bernardo fue más tajante y duro que el Tucho y fue mucho más allá en sus crítica que el “siempre inoportuno” de ahora.
Finalmente hago mías las sabias palabras que puso el Santo Doctor al final de su carta:
Cuanto he dicho, lo sea sin oposición a un dictamen más sabio. Principalmente reservo esto, como todas las demás cosas, a la autoridad y examen de la Iglesia romana, dispuesto a enmendar cuanto no esté conforme con su juicio (pg. 1181)

Voy a ser polémico diciendo que apliquemos la navaja de Ockham y no multipliquemos los títulos sin necesidad
Felicito a Eck y a Wanderer por la sensata tesis de este artículo y de su prólogo. Cuando leo alguno de los comentarios, me llaman la atención varias cosas. En primer lugar la crispación a la que llegan. Me pregunto por qué no se puede discutir sobre este asunto sin acalorarse y si tal acaloramiento es muy cristiano. En segundo lugar, tengo la impresión de que bastantes católicos tienen la tendencia a convertir sus fantasías en devoción, la devoción en teología, la teología en dogma y éste en mitología o, como decía Borges, en “una rama de la literatura fantástica”. El fenómeno es digno de estudio.
Ciertamente una parte nada desdeñable del tradicionalismo es pseudotradición, tradición recreada más o menos fantasiosamente e incluso inventada. Esto en cierto modo recuerda al historicismo arquitectónico del siglo XIX y a Luis II de Baviera, que construía palacios imitando a Versalles (https://www.herrenchiemsee.de/span/index.htm) y se inventaba castillos “medievales” que parecían decorados de una ópera de Wagner (https://www.neuschwanstein.de/spanisch/visitante/index.htm). Al final, lo que tenemos cuando vamos por este camino no es tradición, sino una farisea Disneylandia teológica que hace tanto daño como el progresismo a ultranza.
La especulación teológica debería ser siempre muy, pero que muy prudente. Es posible que incluso se hayan proclamado dogmas superfluos y que buena parte de la teología deba ser considerada con bastante precaución. En teología lo que no es imprescindible suele sobrar. Los dogmas, cuanto más sólidos, mejor, lo que obliga a que su número sea muy limitado. ¿Cree alguien de verdad que a Dios le importan los títulos que nosotros le otorgamos a Él, a Su Madre, a los santos, a los ángeles, etc.? ¿No son nuestras pretensiones de saber tantísimo sobre Dios actos de ridícula soberbia? Necesitaríamos un poco más de teología negativa y un poco menos de especulativa. Es decir, más modestia y menos ínfulas.
A propósito de esto, últimamente vengo pensando que hay una «épica» que es peligrosa, por fantasiosa y ajena a la realidad. Muchos que leen a Tolkien evidentemente no lo entienden, y la trilogía cinematográfica creo que ha hecho más daño que provecho, para ponerlo gráficamente.
Como dices, algo más parecido a Disneylandia… cada vez que veo esos perfiles de «templarios» y «neorreaccionarios», no sé por qué (o tal vez sí), me salta la alarma.
«¿Cree alguien de verdad que a Dios le importan los títulos que nosotros le otorgamos a Él, a Su Madre, a los santos, a los ángeles, etc.?»
Qué estupidez. En ese sentido, ¿para qué nos ha revelado Dios lo que nos reveló? Venga, la Revelación sobra, el culto a los santos no importa, los teólogos que se pelaron las cejas estudiando son unos ridículos soberbios…
Se olvidó de que algunos convierten fantasías en comentarios en un post.
¡Qué comparación tan desatinada de eck Dios mío!
La teología flaqueaba al explicar la Inmaculada Concepción, afirmaban los padres la no relación de María con el pecado pero la explicación teológica de que cómo era esto posible, de que fuera directamente concebida Inamcualda Nuestra Señora no era sólida, antes bien, la necesidad de la Redención Universal de Cristo de la que no podía estar exenta la Santísima Virgen, era mejor probada. Es lo que se llamó sabiamente una crisis teológica en la explicación del misterio. Se lo sostenía al misterio por Tradición, por tener templos levantados en su honor y fiestas desde la antiguedad, no por poderlo explicar racionalmente como decía San Bernardo. Y aunque con el corazón quisiera aprobarlo si la teología no lo veía no era prudente hacerlo ni seguir avanzando en su culto, podría pensarse, desde la mente del santo Doctor. Dios luego fue allanando el camino y la teología pudo explicar con soltura el misterio, por eso llegó la definición en el momento justo, cuando no quedaba ya ninguna duda. Podríamos decir incluso que la definición de la doctrina en el siglo XIX es un respeto a la teología que mientras la cosa fue disputada y por gente de talla, Bernarndo, Tomas de Aquino, no hubo definición.
Ahora bien, tal vez eck no conozca bien el tema, pero serenamente campea la doctrina de la corredención en el siglo XX, y con fuerzas desde el XVI, y vinculante a toda la literatura patrística con perfecto desarrollo. El consenso es casí unánime en el siglo XX, más aun el contenido es de Fe sostienen casi todos, y temerario negarlo, el título es mas reciente pero fue recibido por los teologos y hasta los papas, al punto que San Pio X concedió indulgencias a oraciones que llamaban a María Corredentora (creanme que eso no pasaba en los días de San Bernardo, ya que si así fuera el pío San Bernardo diría muy distinto y reflejaría eso que el estado era otro, en cambio Roma estaba lejos de sancionar la doctrina de la Inmaculada Conccepción). San Bernardo daba cuenta de que no era posible asimilar el misterio teologícamente, Tucho da cuenta de que no quiere honrar a Nuestra Señora donde el misterio está asimilado y honrado con título y todo. Dios mío, agua y aceite…
De todas maneras si un caso termina como el otro quien no ve que es mejor estar de este lado, pues el que estuvo del lado de la Inmaculada, termino confesando doctrina de Fe definida necesaria para alcanzar la salvación del alma misma.
PD: No se puede separar devoción y doctrina… Casa de Oro deviene de que María es Madre de Dios, es extensión de aquello ya definido, es doctrina… no se definirá porque lo que quiere decir ya está definido.
Lamentablemente obtuvimos de los comentarios u objeciones una defensa cerrada por parte de usted Rubén, que es un poco entendible, pues cuando debatimos solemos hacer así, pero esperaba alguna conceción porque el reparo hecho al comentario suyo tenía lugar si bien lo puede mirar; sea hoy o mas adelante.
Paz en Cristo y María.
…las cosas en su lugar, eso es todo. Distinguir cuando corresponde, opinar en lo opinable. Asentir en la Fe…
ya veo a los «tradistas» calificando de antropocentrista modernista la primera encíclica de León xiv antes de leerla, sólo porque se llama Magnifica Humanitas…
Muy buen artículo. Sobre la Corredención, creo que hay que distinguir entre la cooperación y colaboración en la Redención y la materialidad del título de Corredentora. Hay un consenso amplio sobre el hecho de que la Virgen Santísima colaboró de un modo singularísimo en la obra de la Redención. Esto lo reconoce, para empezar, Mater populi fidelis. Sobre el modo y grado concreto en el que esa colaboración se dio, no existe el mismo consenso. Y luego, además de la disputa sobre las realidades en sí mismas, está la cuestión de la formulación de esta doctrina en un título concreto. Esta es una cuestión de prudencia y en sí misma no dogmática. Como poco, no se puede acusar de hereje ni de blasfemo a quien se inclina a uno u otro lado.
Loretar
Con su permiso, y sin ánimo de crear polémica, permítame decir que la falsedad contenida en Mater Populi Fidelis acerca de la inconveniencia de aplicar a María Santísima los títulos de Corredentora y Mediadora es total. Intentaré explicar sucintamente los motivos por los que esos títulos son legítimamente aplicados a la Madre de Dios en la teología católica.
En efecto, es algo perfectamente establecido en el magisterio y en la tradición de la Iglesia que María, la nueva Eva, fue asociada a la redención de Cristo, el nuevo Adán, de modo análogo al que desempeñó Eva respecto de Adán en la caída original.
Eva fue indisolublemente asociada al pecado del padre del género humano pues, sin su intervención, éste no se hubiese producido. Del mismo modo, Dios quiso asociar a María a la redención operada por su Hijo al encarnarse en su seno sagrado, requisito indispensable dispuesto por la Divina Providencia para que pudiera efectuarse la redención del género humano, a través del sacrificio redentor de Jesucristo en el altar de la Cruz.
Igualmente, así como Eva fue la “mediadora” de las desgraciadas consecuencias penales resultantes del pecado de Adán respecto a su posteridad -mediante el acto generativo que transmite la falta-, de manera análoga María fue libremente constituida medianera de las gracias redentoras que fluyen de la Cruz, a través de su maternidad espiritual (“He ahí a tu madre”, Jn. 19, 27), puesto que fue por su mediación que la humanidad de Nuestro Señor llegó hasta nosotros para entregarse como víctima propiciatoria por nuestros pecados y abrirnos las puertas del Cielo.
Su misión de mediadora entre Jesús y los hombres está claramente simbolizada en el papel que tuvo María respecto al inicio de la vida pública de Jesús -narrado en el episodio de las bodas de Caná-, cuando Nuestro Señor realizó su primer milagro a instancias de su madre.
Entonces, dado que la redención es fruto de la oblación de la humanidad de Jesús en el Calvario -hipostáticamente unida al Verbo de Dios-, y que dicha humanidad la recibimos de María, se desprende de ello que Dios dispuso en su sabiduría infinita que María fuera el canal destinado a distribuir las gracias que fluyen del Sacrificio Redentor de Nuestro Señor Jesucristo.
Hay muchos papas que han sostenido la corredención de la Santísima Virgen María. En aras de la brevedad, suministraré sólo una cita, tomada del magisterio extraordinario de la Iglesia. En la bula Ineffabilis Deus, que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854, Pío IX escribió:
“En consecuencia de eso, así como Cristo, Mediador entre Dios y los hombres, asumiendo la naturaleza humana, destruyó el decreto de condenación que había contra nosotros, clavándolo triunfalmente en la Cruz, así también la Santísima Virgen, unida a Él por un enlace estrechísimo e indisoluble, fue, juntamente con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente, y le aplastó la cabeza con su pie virginal.”
Como se puede apreciar, la idea de la corredención está claramente expresada en el texto pontificio, aunque no aparezca la palabra “corredentora”.
Para quien deseara ahondar en el tema, recomiendo vivamente la siguiente lectura: La Virgen María. Teología y Espiritualidad Mariana, R. P. Antonio Royo Marín O.P., BAC, p. 140 a 203. La primera edición de es del año 1955, lo cual prueba que la doctrina de la corredención y la mediación universal mariana está firmemente establecida en la teología católica desde hace por lo menos 70 años.
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/La_Virgen_Mar%C3%ADa,_Teolog%C3%ADa_y_espiritualidad_marianas.pdf
El R. P. Merkelbach, en su Mariología, del año 1939, también expone brillantemente la doctrina católica sobre el tema. Ver extractos escogidos en el siguiente artículo:
https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2511080605-title
O bien leer directamente en el texto de la obra, p. 414 a 512, edición española Desclée de Brower, 1954:
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Merkelbach/Mariologia,_Fr_Benedictus_Henricus_Merkelbach_OP.pdf
Alejandro Sosa Laprida
Sin ánimo de crear polémica, la falsedad contenida en Mater Populi Fidelis acerca de la inconveniencia de aplicar a María Santísima los títulos de Corredentora y Mediadora es total. Intentaré explicar muy sucintamente los motivos por los que esos títulos son legítimamente aplicados a la Madre de Dios en la teología católica, contrariamente a lo que se pretende en este sofístico y malicioso panfleto, pergeñado en las oficinas del Vaticano conciliar, modernista, ecuménico e interreligioso.
En efecto, es algo perfectamente establecido en el magisterio y en la tradición de la Iglesia que María, la nueva Eva, fue asociada a la redención de Cristo, el nuevo Adán, de modo análogo al que desempeñó Eva respecto de Adán en la caída original.
Eva fue indisolublemente asociada al pecado del padre del género humano pues, sin su intervención, éste no se hubiese producido. Del mismo modo, Dios quiso asociar a María a la redención operada por su Hijo al encarnarse en su seno sagrado, requisito indispensable dispuesto por la Divina Providencia para que pudiera efectuarse la redención del género humano, a través del sacrificio redentor de Jesucristo en el altar de la Cruz.
Igualmente, así como Eva fue la “mediadora” de las desgraciadas consecuencias penales resultantes del pecado de Adán respecto a su posteridad -mediante el acto generativo que transmite la falta-, de manera análoga María fue libremente constituida medianera de las gracias redentoras que fluyen de la Cruz, a través de su maternidad espiritual (“He ahí a tu madre”, Jn. 19, 27), puesto que fue por su mediación que la humanidad de Nuestro Señor llegó hasta nosotros para entregarse como víctima propiciatoria por nuestros pecados y abrirnos las puertas del Cielo.
Su misión de mediadora entre Jesús y los hombres está claramente simbolizada en el papel que tuvo María respecto al inicio de la vida pública de Jesús -narrado en el episodio de las bodas de Caná-, cuando Nuestro Señor realizó su primer milagro a instancias de su madre.
Entonces, dado que la redención es fruto de la oblación de la humanidad de Jesús en el Calvario -hipostáticamente unida al Verbo de Dios-, y que dicha humanidad la recibimos de María, se desprende de ello que Dios dispuso en su sabiduría infinita que María fuera el canal destinado a distribuir las gracias que fluyen del Sacrificio Redentor de Nuestro Señor Jesucristo.
Esto es lo que enseña el magisterio de la Iglesia, lo que está contenido en la Sagrada Escritura y lo que cree el pueblo fiel, por más que Bergoglio, Prevost y el “Tucho” Fernández se empeñen impíamente en negarlo…
Hay muchos papas que han sostenido la corredención de la Santísima Virgen María. En aras de la brevedad, suministraré sólo una cita, tomada del magisterio extraordinario de la Iglesia. En la bula Ineffabilis Deus, que proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción en 1854, Pío IX escribió:
“En consecuencia de eso, así como Cristo, Mediador entre Dios y los hombres, asumiendo la naturaleza humana, destruyó el decreto de condenación que había contra nosotros, clavándolo triunfalmente en la Cruz, así también la Santísima Virgen, unida a Él por un enlace estrechísimo e indisoluble, fue, juntamente con Él y por medio de Él, la eterna enemiga de la venenosa serpiente, y le aplastó la cabeza con su pie virginal.”
Como se puede apreciar, la idea de la corredención está claramente expresada en el texto pontificio, aunque no aparezca la palabra “corredentora”.
Mientras el Vaticano recorre el “camino sinodal”, lucha contra el “cambio climático”, implementa la “fraternidad universal”, promueve el cuidado de la “casa común” y se hermana con todas las “tradiciones religiosas”, los católicos nos volvemos hacia nuestra bendita Madre del Cielo, implorando su protección y pidiéndole la gracia de la fidelidad a la fe católica en estos tiempos de apostasía…
Para quien deseara ahondar en el tema, recomiendo vivamente la siguiente lectura: La Virgen María. Teología y Espiritualidad Mariana, R. P. Antonio Royo Marín O.P., BAC, p. 140 a 203. La primera edición de es del año 1955, lo cual prueba de modo irrefutable que la doctrina de la corredención y la mediación universal mariana está firmemente establecida en la teología católica desde hace por lo menos 70 años. Esto explica también el hecho de que durante el CVII varios obispos hayan pedido la declaración de un nuevo dogma al respecto. Como es bien sabido, esta propuesta no prosperó a causa del modernista giro “ecuménico” decidido por Juan XXIII, puesto bajo la dirección del cardenal Bea, que en 1960 fue designado primer presidente del Secretariado para la promoción de la unidad de los cristianos.
El R. P. Merkelbach, en su Mariología, del año 1939, también expone brillantemente la doctrina católica sobre el tema. Ver extractos escogidos en el siguiente artículo: https://www.infocatolica.com/blog/praeclara.php/2511080605-title – O bien leer directamente en el texto de la obra, p. 414 a 512, edición española Desclée de Brower, 1954:
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Merkelbach/Mariologia,_Fr_Benedictus_Henricus_Merkelbach_OP.pdf
https://www.traditio-op.org/biblioteca/Royo-marin/La_Virgen_Mar%C3%ADa,_Teolog%C3%ADa_y_espiritualidad_marianas.pdf
Alejandro Sosa Laprida.
Es mucho más complejo que decir «Maria es la anti Eva» como regla absoluta y dogma revelado. Hay muchas instancias de Padres y Doctores, y de la Liturgia, donde es Cristo el «antitipo» de Eva.
Primero: Ireneo de Lyon sintetiza dos fuentes y no una como dicen los Mariologos, por un lado si San Justino (eso lo dice Royo Marín) y por otro la Homilía Asiática In Sanctum Pascha atribuida a San Hipólito de Roma puntos 49, 50 y 53 (esto Royo Marín lo omite. Este texto fue editado por Visoná y Cantalamessa pero todavía no fue traducido al español). Esta segunda fuente de San Ireneo trata explícitamente a Cristo como antitipo de Eva (y no a María), e Ireneo también se hace claramente eco de esto. En Adversos Haereses V 19.1 Ireneo dice que Cristo recapitula a Eva ¿Por qué lo omiten? También San Juan Crisóstomo y muchos otros citan ese pasaje de In Sanctum Pascha. Y ya que estamos: el verbo «recapitular» San Ireneo lo aplica exclusivamente a Cristo de Eva, en ningún momento dice que María sea la que recapitula a Eva
Lo mismo aparece en el Prefacio de la Santa Cruz usando el mismo paralelismo solo que «εν τῷ ξύλῳ» se transforma en «in ligno» (qui salutem humani generis in ligno crucis constituisti ut unde mors oriebatur inde vita resurgeret, et qui in ligno vincebat in ligno quoque vinceretur) y lo mismo en el Pange Lingua de Venancio Fortunato, etc.
Por lo tanto: no es universal que María sea la anti Eva, incluso habría motivos para afirmar que esa es una posición inicialmente minoritaria. Desde el punto de vista litúrgico sería interesante investigar qué fue primero.
Andrés
Desde que Dios es Dios y se puso a crear estuvo en su mente que su hija,esposa y madre nacería inmaculada.
Tal como dice uno de los comentaristas, lo que busca el autor es desdramatizar y dejar en claro que la Iglesia siempre va avanzando así, con paso seguro.
Y agrego que, a pesar de lo inoportuno del documento, ha dejado a la luz una gran falta de formación de los fieles en general: en los comentarios de varios sitios se han afirmado cosas increíbles y se han negado otras…
Por ejemplo, había uno que consideraba que decir que Cristo es el único mediador ante Dios, es rebajarlo, contradiciendo al mismo San Pablo.
Otro afirmaba que la Santísima Virgen no precisó de la redención obrada por Cristo.
Uno decía que negarle es título implicaba negar sus demás titulos, sobre todo el de ser Madre de Dios.
Y por supuesto, no faltaron los anatemas contra todo aquel que no lo reconozca.
En fin, vivimos en una época en la que la obediencia no es una virtud.
Y en la que reina la confusión.
Todos sabemos a quien conviene tal cosa.
Fraternalmente.
En ralidad, san Bernardo no se equivocó, opinó de lo oen ese moment opinable.
«El título de Corredentora aparece en el siglo XV como corrección a la invocación de Redentora (abreviación de Madre del Redentor) que María venía recibiendo desde el siglo X» (Mater populi fidelis, n. 17).
Anda, qué devoción tan moderna y sin arraigo…
Para la Iglesia, cinco siglos es muy poco tiempo. Y como bien dice y usted destaca, en el siglo X se la llama «Madre del Redentor», aunque se la abrevie como Redentora.
Eso que usted dice es relativo, para las definiciones concernientes a la Santisima Trinidad y a la persona de Cristo bastaron menos que 5 siglos.
No hay que buscarle el pelo al huevo y la respuesta a cada cosilla.
Dije aparece en el siglo XV pero es tan minoritaria y tan escasa que buscarla en los innumerables libros de devoción mariana de la época es similar a buscar una aguja en un pajar.
Nada que ver con la Asunción o con la Inmaculada (vg. Solo en España hay muchísimas parroquias dedicadas a la Asunción como en la diócesis de Toledo o por no hablar de los votos inmaculistas que, salvo los dominicos y aún con excepciones, era práctica universal)
Eck
Personalmente creo que esa descripción psicológica, digamos, y/o también espiritual, es acertada. Yo lo pongo como parte de la mentalidad vanamente triunfalista del tradismo (hace poco leía justamente a un tradi que decía que sí, que los católicos debemos ser triunfalistas porque la Iglesia Triunfante en el cielo y patatas…), que hace eco también a un igualmente vano afán de vana épica (no replico los adjetivos por error) que, en definitiva, los hace vivir fuera de la realidad.
Y mirar por dónde, me da que es ésta una actitud profundamente modernista, una especie de búsqueda de dopamina por vía religiosa, transformada la Religión en droga psicológica… igual que los pentecostalistas, por ejemplo. A lo mejor eso explica en parte el fenómeno (mayormente francés) de los «tradismáticos» (tradis carismáticos).
¿Cuántos de nosotros le caímos encima a Juan Pablo II por imponer a la Iglesia sus devociones personales? No digamos nada de «la Divina Misericordia» de la extraña monja polaca, pero incluso con su introducción de los «Misterios Luminosos» del Santo Rosario, que destrozan la lógica interna de dicha oración e incluso implican una comprensión nueva, y diversa, de los «misterios».
Extraña monja polaca que está canonizada. Creo que merece respeto. Y la devoción de la Divina Misericordia, se piense lo que se piense de ella, es extremadamente popular y se ha extendido por toda la Iglesia universal no sólo por una imposición unilateral de JPII. Hay por ahí hasta capillas lefebvristas y sedevacantistas con alguna imagen de la Divina Misericordia.
No se preocupe ni se esponje. Hay peores canonizaciones que la de Sor Faustina. No vamos a ir por ese lado ahora.
Así es. Es santa. Y la devoción no fue invento de S. Juan Pablo II, sino una revelación a esa santa. Puede leer su Diario. ¡»Extraña monja polaca»! Lo que hay que escuchar…
Hay un texto del A.T. que se citaba hablando del “Discernimiento de Espiritus”: “Y estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos, y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué yéndose hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de nuestros enemigos?” Jos 5:13 Creo que la cuestión con el Cardenal Fernandez, y “Mater populos fidelis” (MPF)va mas allá de vuestro acertado texto sobre de San Bernardo de Claraval; es el contexto, la intencionalidad y el momento. La semana anterior lei en el blog de Marcos Tosatti, el siguiente articulo: “Mater Populi Fidelis, San Tommaso e la Grazia: Falsità in Linea Ereticale”. Don Tullio Rotondo, Mater Populi Fidelis, San Tommaso e la Grazia: Falsità in Linea Ereticale. Don Tullio Rotondo. – STILUM CURIAE Y comparto algunos párrafos: “En este número 65, el MPF difunde falsedades verdaderas y graves con respecto a la doctrina tomista, pero también con respecto a la doctrina católica. Claramente, al citar a Santo Tomás, el MPF quiere hacer creer a la gente que, según la doctrina católica, ninguna criatura puede dar gracia, y en particular, María no puede dar gracia”. “En el n. En el capítulo 53 leemos: «Ningún ser humano, ni siquiera los Apóstoles ni la Santísima Virgen, puede actuar como dispensador universal de la gracia. Solo Dios puede dar la gracia[6] y lo hace a través de la humanidad de Cristo,[7] puesto que “Cristo-Hombre posee la plenitud de la gracia como Hijo unigénito del Padre” [8]». Ahora bien, todo esto es radicalmente falso y herético, porque la Tradición y la Biblia afirman lo contrario, y el Magisterio, con diversos pronunciamientos solemnes, ha definido la doctrina tradicional y ha condenado como herejías lo que enseña la MPF, como veremos más adelante”.
¿Cuál es el error en eso?
Usted dice que es «radicalmente falso y herético, porque la Tradición y la Biblia afirman lo contrario», pero no provee ninguna contra cita para apoyar su afirmación, ni explica en qué modo funciona la cosa «según la Tradición (!) y la Biblia».
El error es que el documento confunde «dispensar» con «crear». Por supuesto que solo Dios crea la gracia y la da, pero eso no quita que otros (especialmente la Virgen María) puedan distribuirla. Eso quiere decir «dispensadora» y también «medianera».
¿De dónde surge que el documento confunda «dispensar» con «crear»? ¿A poco pretende usted que cada documento aclare absolutamente todos los términos técnicos que usa? Es irracional, cada documento tendría 5000 páginas de notas al pie y aclaraciones.
Usted supone que el documento hace algo que no hace, y luego dice que eso es un error… pero eso no está en el documento, al menos no en la cita que estamos discutiendo.
Es como si yo le dijera a usted que es un hereje por decir que la Virgen Santísima puede distribuir la gracia por sí misma y no por gracia de Dios. ¿Entiende? Usted no dijo eso, pero yo podría suponerlo porque no lo aclaró tampoco… es lo que usted hace con la cita de marras.
La Santísima Virgen, y cualquier otro Santo, distribuye, dispensa, media, en tanto y en cuanto Dios les da el hacerlo, ni más ni menos. De modo que se puede decir que, en un sentido, es Dios el que lo hace; y en otro sentido, es la Virgen o el Santo el que lo hace… y ambas son verdades, en su sentido propio.
Afirmar lo primero sin explicitar lo segundo no es negar lo segundo, así como afirmar lo segundo sin aclarar lo primero (que es lo principal, como que Dios es la Causa Primera) no significa necesariamente negarlo (aunque visto lo visto, muchos se terminan «pasando 3 pueblos» como dicen en España, y se olvidan de la Causa Primera).
por eso cite la fuente, ya que el artículo es largo y vale la pena su lectura
De Maria numquam satis
Según esa lógica, habría que decir también que la Santísima Virgen es Dios, como han dicho algunas sectas y como pretenden los protestantes que nosotros pensamos. Cualquier cosa menos que eso sería «insuficiente».
La definición dogmática no tiene efecto constitutivo, sino declarativo. El dogma de la Inmaculada, materialmente, ya existía en tiempos de San Bernardo. Pero no su definición formal.
En tal sentido, puede decirse que San Bernado se equivocó «a las finales». Con juicio a posteriori.
En este sentido va, según entiendo, lo escrito por Eck.
Fraternalmente.
Es intrínseca al dogma la definición por parte de la Iglesia. El dogma expresa una verdad revelada o, si se quiere, un misterio. Pero, por ser esencial al dogma la definición eclesiástica, ni S. Bernardo ni S. Anselmo ni Sto. Tomás propiamente negaron el dogma de la inmaculada concepción de la Santísima Virgen, por más que hayan negado esa verdad o ese misterio.
No pretendo hacer distinciones que superan mi capacidad, pero ,salvando mi propia devoción a la Virgen María Mediadora de todas las gracias, no me parece que la declaración de un dogma tal en este momento agregue ni quite nada. Sin embargo, llamar a este título «modernísimo» me parece demasiado teniendo en cuenta que en el año 333 San Efrén el Sirio escribió esto: «Señora Nuestra Santísima, Madre de Dios, llena de gracia: Tú eres la gloria de nuestra naturaleza humana, por donde nos llegan los regalos de Dios. Eres el ser más poderoso que existe, después de la Santísima Trinidad; la Mediadora de todos nosotros ante el mediador que es Cristo; Tú eres el puente misterioso que une la tierra con el cielo, eres la llave que nos abre las puertas del Paraíso; nuestra Abogada, nuestra Intercesora. Tú eres la Madre de Aquel que es el ser más misericordioso y más bueno. Haz que nuestra alma llegue a ser digna de estar un día a la derecha de tu Único Hijo, Jesucristo. Amén!!»
Fernando
El artículo se refiere más bien al título de «Corredentora».
Fraternalmente.
Ademas, mire la sutil mentira: en ningún lugar Efrén dice que María medie todas las gracias.
Después de hablar con mucha de esta gente, concluyo que en el 95% de los casos es mala fe, ganas de mentir, hacerle decir a los Santos lo que claramente NO dijeron.
Estimado Abelardo
Los títulos de Mediadora y Corredentora siempre han ido de la mano, uno está implicado en el otro. Pero sería largo de exponer aquí. Sin embargo para que no piense que es invento mío (ni intentar mentir o hacer decir a los santos cosas que no dijeron, como deduce un comentarista que responde a este comentario) lo remito al P. Royo Marín en su «Teología de la Perfección Cristiana» y al P. Garrigou Lagrange en su libro «La Madre del Salvador».
Estimado: No se preocupe, pues no he pensado eso. Le agradezco sus referencias. Conozco el tratamiento que hace el P. Royo Marín. De hecho, él afirma que,. respecto de la Virgen, existe una devoción escrupulosa: la que no ensalza suficiente y justamente a Nuestra Señora por miedo de rebajar a Jesucristo.
Pero se discurre bajo el entendido de que no estamos en terreno dogmático, sino en el de la devoción. En tal terreno, podemos deplorar que se critique o no se adopte tal o cual título. Podríamos incluso afirmar que quien los critica o rechaza no es muy devoto en ese punto. Pero ello no es reprensible, siempre y cuando no merme el asentimiento y fervor debidos a los dogmas definidos.
En cuanto a los títulos «Mediadora» y «Corredentora», entiendo que se implican. Pero no estoy seguro de si lo hacen en forma necesaria. Carezco de la suficiente luz teológica.
Fraternalmente.
Es cierto que aquello que no se encuentra en el articulo de la fe y en los dogmas no estamos obligados a creer. Como es el caso de las revelaciones privadas, por ejemplo.
De todas formas me parece que la comparacion que hace el artuculo no es la correcta.
Una cosa es cuestionar una novedad sin precedente y que no ha tenido el suficiente tiempo de discusion, discernimiento , o bien, de consenso entre los fieles cristianos; como es el caso de San Bernardo , quien prudentemente luego se somete a un juicio posterior de la iglesia.
Otra cosa es deshechar una devocion que ya esta instalada en los fieles hace ya algunos siglos. Por mas modernista que le parezca al autor (esta es su opinion personal, tampoco estamos obligados a estar de acuerdo con él), ya tiene sus años de aceptacion y sostenimiento entre los fieles de aquí y allá.
Si bien estoy de acuerdo en que seria un disparate llevarla a dogma (cosa que nadie ha pedido seriamente, no se porque el autor insite con esto), tampoco corresponde (sea quien sea que lo haga), en un documentito echarlo por tierra sin ningun tipo de discernimento previo y con total rechazo de gran parte del clero y de la feligresia catolica.
Hasta el mismo Newman tiene sus referencias a la correndención. Cuestion que ya estaba instalada.
Por otro lado, tampoco las ciscuntancias (la situacion de la iglesia por ejemplo) son las misas, y estas , determinan y condicionan los hechos.
Estimado, tan seria e insistentemente han dado la matraca con esto, que hasta tiene epíteto, «el quinto dogma mariano». Cada dos-tres años sale un grupo de mariólogos a pedirlo. En cuanto a lo que respecta al rechazo o aprobación general, tengo que seguir insistiendo que fuera del mundillo de la frate y los círculos alrededor de las supuestas apariciones de «nuestra señora de todos los pueblos» y el tradicionalismo de internet, es una cosa prácticamente ignota. Y no se trata simplemente de achacarlo al «postconciliarismo». Creo que todos podemos contar a montones las abuelas devotas de María Auxiliadora, de la Virgen del Perpetuo Socorro, la Inmaculada, Lourdes, Fátima, Guadalupe, la Milagrosa… Ahora en mi vida he conocido u oído de devotos de María Corredentora o Medianera de todas las Gracias como algo en la generación de mis abuelos o bisabuelos.
exveteranova
No sea insolente. «Creo que todos podemos contar a montones las abuelas devotas de María Auxiliadora, de la Virgen del Perpetuo Socorro, la Inmaculada, Lourdes, Fátima, Guadalupe, la Milagrosa» …esas son todas advocaciones legítimas que derivan de apariciones marianas o títulos. Corredentora es un título que deriva del hecho teológico de que la Virgen María aceptó voluntariamente que el Verbo se encarne en Ella y llegado el tiempo se asoció a la Pasión de Cristo como reza el Stabat Mater. No es algo nuevo, es algo de siempre.
Es muy raro que ahora sea un problema para algunos católicos.
«Y ahora, tras mostrar esta carta, ¿qué diremos? ¿San Bernardo blasfemaba?¿Destronaba a la Virgen, la insultaba, le robaba los títulos su mayor trovador? ¿Era protestante, modernista y ecumaníaco el heraldo de las Cruzadas?» Por supuesto que NO.
Pero qué tiene que ver eso con el Tucho??? El caso es totalmente distinto. San Bernardo pretendía ser honesto intelectualmente. Y resulta que NO lo veía pero aceptaba la autoridad de la Iglesia en caso de que se definiera contrario a su parecer. En cambio este otro necio con poder, lo único que hace es aprovechar ese poder para exigir que nadie le llame a Virgen Corredentora porque él NO lo ve. No manda a que se estudie el tema sino que lo cuasi define: «es siempre inoportuno».
Andrea
Las primeras líneas (del artículo, no de la introducción que hace el Wanderer) permiten responder esa inquietud.
Fraternalmente.
San Bernardo se sometía a la autoridad de la Iglesia; Tucho en cambio ES la autoridad de la Iglesia, en la medida en la que León XIV actúe a través de él. Definir e imponer es parte de su tarea. Otra cosa es que sea como particular bastante inadecuado para ocupar su cargo. Creo que lo es, y espero que se vaya pronto. Pero no es legítimo resistir a la autoridad de la Iglesia con un argumentario liberal.
Eck….ahora te calo. Había algo que no me gustaba de ud. Ahora lo confirmo. Qué necio!! Decir que : » Y con el inri de ser esta una devoción moderna, sin arraigo, tan artificiosa y artificial que ni siquiera tiene representación iconográfica, un hecho importantísimo pues sin su reflejo en las imágenes, no tiene encarnación en la Fe.» Así que no tiene representación iconográfica??? Y qué es si no la catarata de imágenes de Stabat Mater? Como le parece a ud que debe representarse la corredención de María??
Te alabo Dios padre porque revelaste estas cosas a los sencillos de corazón y no a los inflados de soberbia intelectual y diletancia.
Comienzo por congratularme con usted por ser uno de los pequeños y humildes que tanto ama el Señor. Usted mismo nos lo aclara. Nosotros no somos más que petulantes intelectuales y diletantes. Disfrute su título de humildad.
Me permito hacerle una pregunta: ¿En cuál de las cataratas de imágenes de la Dolorosa, o Stabat Mater aparece la titulación «Corredentora»? Una cosa es decir «Nuestra Señora de los Dolores» y otra decir «Nuestra Señora Corredentora». Ilústrenos dónde y de qué fecha son las imágenes que poseen fehacientemente ese título.
Eso, justamente ,es lo que quiere ilustrar un poco el comentarista, me parece. Sin ánimos de denostar al articulista y el administrador del blog , a quienes sigo y aprecio su docencia.
Estas exigencias de datos y evidencias parecen reducir la vida Cristiana a una cuestión erudita o de amplia argumentación.
Es cierto que no hay ser necios ni sensibleros. Si alguien apunta algo con tino y sapiencia , hay que considerarlo.
Pero en este caso, no hace falta demostrar el siglo , la hora y la fecha de la ilustración o del icono que lo demuestren . Esto no es condición excluyente para descartar una devocion.
Como varios comentarios arriba y abajo apuntan, lo de la Corredencion no es un invento pacato más. Tiene sus siglos de acatamiento.
No gustará más o menos , no debemos dogmatizarlo, ciertamente, pero tampoco vanalizarlo y hacerlo desde un lugar puramente erudito.
En este y otros temas parece ser que se enriedan en argumentos, datos , etc., cuándo la fe del carbonero y el sensus fidei, si se quiere, va por otro lado.
Gracias Eck,
Creo que tiene razón al señalar a Alfonso María de Ligorio como el punto de inflección porque antes de él las tesis de la Corredentora y la Mediadora de todas las Gracias (o más en general: la tesis de que es posible para una mujer ofrecer un sacrificio) era extremadamente minoritaria y desconocida por casi todos. Ligorio en el prólogo a la siguiente edición de Las Glorias de María se defiende del revuelo que causó su novedad teológica.
También le agradezco el foco en hacer uso de la razón. Entre mariólogos se puede hallar frecuentemente cierto desdén por la razón, surgido, creo, de la veneración al versito de Duns Scoto «Potuit, decuit, ergo fecit». (Que es un insulto a la inteligencia por más que pretenda defender el dogma católico). Tiene el mismo peso intelectual que un canto de barrabravas, pero como es «de los nuestros» y está en latín, entonces adoptémoslo como método principal: de ahí surge «ecumaníacos» y los demás piropos.
Esto no justifica el Papelucho del Tucho, que volvió a poner este tema sobre la mesa para causar discusiones inútiles. La vindicatividad, el rencor, y el resentimiento propios de su condición afloraron de la peor manera.
– El amigo de Agustín
Luisella Scrosati viene publicando una serie de artículos interesantes sobre la corredención mariana en la Bussola Quotidiana. Hoy mismo Specola ha enlazado uno: https://lanuovabq.it/it/maria-mediatrice-come-si-blocco-il-dogma-i-casi-billot-e-lepidi.
Véase lo que decía un gran teólogo tomista, el P. Reginald Maria Schultes, O.P., sobre la conveniencia y utilidad de las fórmulas dogmáticas:
https://www.academia.edu/152434108/_Son_convenientes_y_%C3%BAtiles_las_f%C3%B3rmulas_dogm%C3%A1ticas_Reginald_Ma_Schultes_O_P_
Tanto S. Bernardo como Sto. Tomás y otros eminentes teólogos no veían cómo compatibilizar la inmaculada concepción de la Virgen Santísima con la verdad de fe. ¿Es esto lo que mueve al Card. Fernández? No consta. Si así fuera, también debería haber rechazado el uso devocional privado, cosa que no hizo. ¿No hay acaso una sólida fundamentación teológica de la corredención mariana? Sí, la hay.
Además, yendo a lo de la razón, el escrito mismo del Card. Fernández no parece muy racional. Porque mientras habla de co-operación y la substancia de la corredención está más o menos expresada, rechaza el título en cuanto tal.
Augustinus
Tiene razón. Pero el punto de todo el artículo es que no deberíamos escandalizarnos demasiado ante la divergencia de opiniones en terrenos que no son dogmáticos.
Fraternalmente.
Sabe el Señor lo atravesado que me cae el Tucho, pero el punto no es juzgar o absolver las intenciones del Tucho, sino entender lo que el texto dice y responder a ello, en lugar de usar las palabras y las doctrinas como instrumentos para las querellas partidistas personales (que es a lo que entiendo se refiere Eck con la imagen de los barrabravas). Efectivamente el texto admite que la doctrina en sí misma, en tanto que expresa una participación superlativa en la cooperación que todos los cristianos hacen a la redención es justa y correcta. Lo que señala como problemático es que el término usado para expresarlo no es particularmente claro o unívoco, y puede llevar a la idea de que la Virgen obra en la Redención del mismo modo que Cristo, o de una manera que sea diferente no solo en grado sino en naturaleza a la del resto de los redimidos. Todos los miembros de Cristo somos «corredentores» en diferente grado, pero ninguno de nosotros es madre de Dios, o madre virgen, o inmaculadamente concebido; y la Asunción, que sí tiene referencia a nosotros, en tanto que esperamos también llegar a vivir en cuerpo y alma con Dios, está precisamente delineada para marcar su diferencia con Cristo (Cristo asciende a los Cielos, María es asunta a los Cielos). Me parece obtuso pretender lo contrario. Nadie llama co-autor de una obra al prologuista, aunque en sentido lato lo sea, porque entendemos que su contribución es esencialmente distinta a la del autor que ha escrito la obra en sí misma. No hay nada de irracional en decir que un cierto signo o término no se adecua a la realidad que quiere representar. Si un niño pequeño llama papá a su tío, la persona que lo corrige no tiene por necesidad que negar la existencia del tío.
exveteranova
Excelente comentario.
El magisterio está para explicar, no para descartar lo que requiere explicación. Si fuera esto último, no tendríamos ni Trinidad, ni unión hipostática, ni doble naturaleza de Jesucristo, ni presencia real en la Eucaristía, ni un largo etcétera. Y sí importa la motivación: el fin tiene siempre importancia. Ya LG había aclarado el otro punto, de la subordinación de la Virgen a Jesucristo. Y en cuanto a lo de asunta, vea a Royo Marín: ella ascendió por sí misma. Y el ejemplo del papá y del tío es bastante impertinente.
«Se equivocó el santo doctor negando un dogma».
Incorrecto. No era entonces dogma.
«se establece según el consenso de la Iglesia» suena fatal.
Tiene razón. Suena fatal, pero no por eso es menos verdadero. Fíjese como se definieron los dogmas centrales de la fe, es decir, los que se refiere a la Trinidad y a la persona de Cristo: por consenso entre los obispos que asistían a los concilios ecuménicos. Ciertamente, iluminados por el Espíritu Santo, pero las definiciones surgían por consenso.
Muy buen y cuestionante artículo