P. Guilherme y el sentido de la música

Ángel Músico. Catedral de Valencia

por Messerschmidt

A propósito de los eventos protagonizados por el P. Guilherme (y otros semejantes), convendría empezar considerando si existe una relación entre religión y estética, en este caso musical, y cuál es. La música, cuando entra en relación con la religión, deja de ser un fin en sí misma y se subordina a esta última. Se convierte en lo que, siguiendo a Hindemith, podríamos llamar “Gebrauchsmusik” o “música utilitaria”. En realidad toda música que no esté destinada exclusivamente a la escucha pura es, en mayor o menor medida, utilitaria. Una sonata de Schubert o una sinfonía de Mozart o Chaikovsky son música pura; un poema sinfónico, en el que la música sigue un programa determinado (p. ej. Así habló Zaratustra de Richrard Strauss, inspirado en el libro de Nietzsche) empieza a dejar de serlo; una ópera o un ballet lo son aún menos, como también la música de baile, la música militar, etc.; la música incidental en el teatro (p.ej. El sueño de una noche de verano de Mendelssohn) o en el cine todavía es menos “pura”, pues está totalmente sometida a un acontecer extramusical al que se limita a dar soporte. En todo caso la música debe ser adecuada al fin que persigue. Un preludio de Scriabin, música “pura” destinada sólo a ser escuchada por sí misma, es poco apto para ser bailado, mientras una partitura cinematográfica debe alcanzar su mayor efectividad unida a las escenas que ilustra, etc. Por supuesto, se puede mezclar géneros y funciones, como cuando un coreógrafo hace un ballet con música de Bach o cuando un concierto para piano de Mozart es empleado como música de película. Ahora bien, aun en estos casos más o menos excepcionales tiene que existir una afinidad entre la partitura y el fin con el que se la programa. Así un vals de Strauss (originariamente una pieza de baile) es apto para ser interpretado como pieza de concierto sinfónico, como ocurre habitualmente, pero un chachachá no lo es en absoluto. Tampoco se le ocurrirá a nadie hacer una fiesta de cumpleaños y poner un disco con madrigales de Gesualdo para alegrar a los invitados…

Con la música sacra sucede lo mismo: debe ser apropiada para alcanzar los fines que persigue. Éstos pueden ser muy diversos: acompañamiento de la liturgia, elevación espiritual del oyente (o, en el caso de ciertos cantos, de todos los feligreses que participan en ellos), expresión de emociones derivadas de la fe (p. ej. alabanza o júbilo), etc. Ello requiere una adecuación a cada uno de estos fines. Y dentro de cada uno existen variadísimas posibilidades estilísticas: p. ej. una misa puramente gregoriana, una de Victoria y una de Haydn, pese a tener la misma estructura y fin y ser expresión del mismo contenido, se diferencian radicalmente en su estilo.

La cuestión que deberíamos dilucidar es si las concentraciones promovidas por personas como el P. Guilherme son religiosas, de qué modo se expresa en ellas la religiosidad y si la música que las acompaña es la adecuada. ¿Es suficiente poner el nombre de “religioso” o “cristiano” a algo para que lo sea? Diríamos que no, pues ejemplos de falso cristianismo sobran (p. ej. en la política), no son nada nuevo y resultan fáciles de desvelar. Con respecto a la expresión, la religiosidad no puede manifestarse de cualquier modo, sino de uno que le sea propio, que sea en sí mismo “religioso”. En consecuencia, la música que acompañe a tal acto debe tener también ciertas características. ¿Qué busca un evento como el celebrado por el P. Guilherme? Presumiblemente el “acercamiento” de los jóvenes a la fe. ¿De qué modo? Ofreciéndoles algo que les guste y atraiga. Si el P. Guilherme tuviera suficiente fortuna ¿estaría dispuesto a ofrecer dinero a sus feligreses para que acudan a misa? ¡A quién no le gusta el dinero! Y la buena comida, los sillones cómodos, los placeres sexuales, el aire acondicionado en verano, en invierno la calefacción, bebidas frescas o calientes según la estación, con o sin alcohol según las preferencias, los elogios simpáticos en vez de los sermones recriminatorios, etc., etc. Si de lo que se trata es simplemente de llenar la iglesia, hay mil modos de lograrlo sobornando a la clientela potencial. En su infancia mi madre de vez en cuando prescindía de ir a jugar con otros niños para acudir a una iglesia evangélica, porque los evangélicos regalaban caramelos y cantaban y a ella le gustaban ambas cosas. Pero cuando llegó a tener uso de razón todo eso se acabó y en la adolescencia se afilió a la Acción Católica. Me temo que al P. Guilherme y a los promotores de Effetá, Hakuna y demás parafernalias por el estilo acabará sucediéndoles lo mismo que a aquellos evangélicos de hace ocho décadas: cuando su clientela madure o se aburra se irá con la música a otra parte.

Ni los actos de masas ni la música electrónica tienen la virtud de despertar ni las emociones ni la consciencia propias de una religiosidad auténtica: sus fines son otros y no tienen la capacidad de amoldarse a las exigencias de la piedad religiosa. En algunas personas pueden crear una ilusión pseudomística, pueden ser sucedáneos de la religión y, sobre todo, pueden causar grandes malentendidos. Y al final son estériles, si no perjudiciales. Creer que cualquier cosa que guste, entusiasme o haga sentir felicidad es buena, y que todo lo bueno es religioso, es evidentemente erróneo. ¿Quién no ha sentido alguna vez satisfacciones ilícitas? Pero aunque la satisfacción no lo sea ¿es necesariamente santa, no puede ser simplemente profana sin ser pecaminosa? No se trata de convertir a la fe en un cilicio, pero tampoco en hedonismo barato.

Por otra parte, la fe no es algo que surja de aquello a lo que estamos habituados y que constituye una rutina, sino más bien algo que nos saca de ella y nos lleva a una dimensión que siempre es extraordinaria. En esto consiste precisamente una de las grandes diferencias entre lo sacro y lo profano, entre el domingo y los demás días de la semana. Por lo tanto recurrir a lo vulgar y manido no es la mejor manera de transmitir un mensaje sobrenatural. De lo que se trata es de elevarse al cielo, así como de reconocer lo que hay de celeste y sublime en toda la creación, pero no de rebajar lo divino al nivel de lo secular. En consecuencia, una música y una puesta en escena profanas no elevan, no rompen la rutina, no interrumpen la cotidianeidad, no nos hacen mirar hacia arriba, sino que nos dejan mirando el suelo, con la cabeza agachada, impidiéndonos hacer el esfuerzo de levantarla para mirar más lejos. Las propias características de la “música” que se ofrece en las concentraciones que comentamos son un obstáculo: la calidad artística no llega ni a baja, es un grosero producto tecnológico que aturde y estupidiza. Escuchar esta “música” es como escuchar el ruido de un lavaplatos amplificado hasta convertirlo en estruendo gigante. En realidad, una música no religiosa pero de alto nivel artístico y eschuchada con recogimiento puede mover más el ánimo hacia las alturas que una mala música con pretensiones religiosas. Basta con asistir a una excelente función de ballet u ópera o a un magnífico concierto clásico para entenderlo.

Algunos sostienen que los participantes en eventos de masas como los que comentamos, se comportan como hombres primitivos o como animales. No sé por qué siempre hablamos tan mal de los animales. No hay ninguno que sea tan bárbaro e insensato para hacer algo como un “concierto” de “tecno”. Todo lo contrario: no hay mejor música que el canto de un mirlo o el arrullo de una paloma. Y de los hombres primitivos podemos decir lo mismo. Los indios cuya confianza San Francisco Solano se ganó tocando el violín, tenían seguramente un grado de sensibilidad y de refinamiento bastante mayores que los “fans” del P. Guilherme, además de que sin ninguna duda la música que tocaba el santo a ellos les resultaba nueva, desconocida y no formaba parte de sus hábitos: era excepcional, no era lo que tenían costumbre de oír.

Las manifestaciones de masas ponen de manifiesto una tendencia que se ha impuesto en la Iglesia de modo casi totalitario y que cercena otras formas de vivir la fe y, en consecuencia, empobrece la experiencia religiosa. Me refiero a la insistencia obsesiva en la comunidad. Ciertamente los cristianos formamos una comunidad, una Iglesia, en el sentido etimológico del término; así como todos los seres vivos, en cuanto criaturas de Dios, estamos inevitablemente ligados por un lazo fraterno. Reconocer estas verdades es inexcusable. Pero las vías para llegar a Dios pueden ser diversas. En algunos la fe crece mejor en sociedad, en otros en soledad, sin que ni una ni otra sean exclusivas. En la vida de Cristo hay dos momentos especialmente dramáticos: los cuarenta días en el desierto y la oración en el huerto. En el desierto Cristo está solo con los ángeles y las bestias, lejos de los hombres y por ello muy cerca del Padre. En el huerto se pone de manifiesto la debilidad de los hombres porecisamente en el acto de dormirse los discípulos en un instante crítico, dejándo solo a su Maestro. Tal soledad es preludio de la Pasión, el momento de máximo abandono del Hijo y el de una soledad profética que anuncia la debilidad y la falibilidad de la Iglesia y de toda comunidad humana, siempre necesitada de la gracia.

Los Padres del Desierto siguen al Cristo solitario, viven en el páramo lejos de los hombres, tentados y atormentados por demonios, pero acompañados por animales silvestres y protegidos por ángeles. Forman parte de la Iglesia, pero no por ello están físicamente entre los demás hombres, no hace falta, ya que la Iglesia es una entidad espiritual, así que la comunión con el prójimo también lo es y por lo tanto la cercanía material no es imprescindible. Seguramente los Padres del Desierto no entenderían la fiebre viajera de los pontífices “para estar cerca de los fieles”, como si la proximidad física fuera tan relevante. Pues bien, en la Iglesia actual la soledad, el silencio, el recogimiento, la reflexión, la aflicción, la introspección se han convertido en actitudes mal vistas, sospechosas, reprobables. Se promueve una religiosidad extrovertida, sensiblera, impulsiva, colectiva, superficial, incluso populista. En estas circunstancias el cristiano supuestamente “ideal” es el que se disuelve en la masa. Así la Iglesia se vuelve espejo una sociedad materialista y dedicada al consumo colectivo y desenfrenado de productos de toda clase, sean automóviles, músicas de moda, zapatillas, artilugios presuntamente “inteligentes” o partidos de fútbol, cada uno según sus posibilidades e inclinaciones, pero todos consumiendo y tragando la escoria que se les vende. Desde luego es más fácil manipular a una masa informe intoxicada de banalidades que al individuo austero y consciente, pues paradójicamente el hombre masificado es quien está más solo y aislado, es el más egoísta y el menos compasivo y solidario; y en consecuencia también el más vulnerable. Hace algún tiempo un diácono permanente intentaba convencerme de que lo más importante para ser cristiano es estar integrado en alguna “comunidad”, sea un movimiento, asociación, grupo parroquial, etc. Como ni logró convencerme ni le oculté mi preferencia por la misa tradicional, a pesar de sus sonrisas me demostró, de modo práctico, que me consideraba algo así como un apóstata que no merecía ni su estima ni su atención.

Esta forma de entender el cristianismo ha sido fomentada desde el Concilio Vaticano II por gran parte del clero y, en primer lugar, por el papado, si exceptuamos a Benedicto XVI, quien sin embargo no pudo substraerse del todo a las exigencias de un hábito impuesto por su predecesor. Los continuos viajes pontificios, los actos de masas, las concesiones a las modas y a los usos profanos, etc. fueron continuas en los pontificados de Juan Pablo II y Francisco I. Los obispos organizan estas concentraciones gigantescas para demostrar el buen estado de sus diócesis, pero en realidad todas estas parafernalias no son más que aldeas de Potemkin. Como decía un gran admirador de Benedicto XVI, el político español José Bono: “Juan Pablo II era capaz de solazarse y de llenar estadios (eso sí, teniendo las iglesias vacías). El Papa Juan Pablo II era un hombre muy teatral, muy viajero, muy esforzado, muy peregrino… Pero muy dado también a llenar, más que las iglesias o los seminarios, las plazas y las manifestaciones”.

No será con la música electrónica del P. Guilherme, ni será con esa cancioncita de Palito Ortega titulada La luz de Francisco (curiosa mezcla de carnavalito y cumbia cuyo mal gusto hipnotiza y fascina), ni con la musiquita blandengue y cursi que tanto gusta a algunos “católicos conservadores” con lo que elevaremos nuestras almas a esferas superiores. Tampoco con masas desaforadas que confunden a Mike Jagger con Cristo, ni dando con el gusto a chicos buenistas que quieren matar dos pájaros de un tiro pasándoselo en grande y  reservando de paso un puesto en el paraíso, como quien reserva una habitación de hotel. Lo que necesitamos son cosas bastante simples, pero que exigen un poco de silencio y a veces algo de fatiga, cosas como recogimiento, sacrificio, modestia o, sin ir tan lejos, un poco más de seridad.

34 comentarios en “P. Guilherme y el sentido de la música

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    El núcleo del argumento no es malo: la distinción entre música funcional y música pura es genuinamente interesante, la crítica al comunitarismo obligatorio en la Iglesia postconciliar tiene peso real, y la idea de que lo sacro requiere una ruptura con lo cotidiano — y que precisamente por eso la música pop no sirve — es defendible. Pero nada de eso se desarrolla: se enuncia y se da por resuelto.

    El problema central es que el autor no argumenta, sino que predica. Asume que la música electrónica es espiritualmente estéril, que los eventos de masas producen pseudomística, que el gusto vulgar no puede elevar — como si fueran axiomas evidentes. Pero eso es exactamente lo que habría que demostrar. Un lector que no comparta la premisa no tiene ningún motivo para seguir leyendo, y uno que ya la comparta no necesitaba el artículo. Es el defecto clásico del ensayo de trinchera: convierte a los propios en más convencidos y no mueve a nadie más.

    Pero tengo otro problema, y es con el estilo, que me parece consecuencia del mismo defecto. Cuando no hay que convencer a nadie, se escribe para los que ya están de acuerdo, y el tono se vuelve irónico hacia adentro, con referencias que funcionan como señas de identidad del grupo. La anécdota de los caramelos evangélicos es el ejemplo perfecto: un argumento emocional disfrazado de anécdota, que supone de antemano que el lector comparte el desdén.

    Para que este tipo de artículo funcione tendría que hacer lo contrario: partir de la experiencia de alguien que fue a un evento del Padre Guilherme y salió conmovido, tomarlo en serio, y mostrar por qué esa emoción no es lo mismo que la elevación espiritual. Básicamente lo que hicieron los santos en la época que les tocó. Pero eso requiere humildad intelectual y conocimiento del adversario. Quizás para cuando China choque con África.

    1. Avatar de Desconocido Messerschmidt

      Muchas gracias por su comentario. Yo diría que no hace falta explicar en qué consiste la diferencia entre elevación espiritual y emoción, me parece que es algo tan evidente que resultaría superfluo entrar en ello. La elevación espiritual puede ir acompañada de emoción, suele hacerlo, pero no es condición inexcusable, ya que puede llevar a una paz y una serenidad que deje atrás toda emoción y también todo raciocinio.

      En consecuencia, para que la música produzca elevación espiritual no basta con que emocione. La elevación requiere un alto grado de introspección y mucho esfuerzo en hallar a Dios mirando hacia dentro de uno mismo, hacia ese interior donde se abre un horizonte que permite salir de la estrechez del mundo. Si hablamos de la experiencia sensorial auditiva, un camino es el silencio. Otro es la música, pero no cualquier música, sino una que induzca y facilite ese mirar hacia dentro, una música que sea vía y guía en ese viaje. En cierto modo, esa música deberá parecerse al silencio o tener en nosotros un efecto como el que tiene el silencio pacífico y sereno. ¿Cree usted que un acto de masas que ofrece un producto idéntico a los que vende una industria del entretenimiento chabacano y banal, una mercancía que se consume y se tira, puede orientar a alguien de verdad hacia Dios, simplemente porque se cubre de un barniz que pretende ser religioso? ¿Cree usted que las botellitas de plástico con la forma de la Virgen que se venden en Lourdes pueden tener el mismo efecto espiritual que la contemplación de la Anunciación de Antonello da Messina, por poner un ejemplo? En general estos eventos no irán más allá de ser un pasatiempo para sensibilidades gruesas. En algún caso podrán provocar una emoción epidérmica, una ilusión de religiosidad, pero poco más. Y confundir con elevación espiritual esa clase de emoción sensiblera es un engaño atroz. El ruido, el fundirse con la masa, el divertirse aturdiéndose ¿puede conducir a la trascendencia? ¿Ha observado usted la diferencia que hay entre una procesión y una manifestación? Es lo mismo. La autosugestión, combinada con el estruendo y con una iluminación psicodélica, puede engañarnos, arrancarnos unas cuantas lágrimas y alguna otra reacción más o menos histérica, pero poco más. Para provocar una experiencia espiritual la música no debe ser necesariamente sacra, un impromptu de Schubert puede ayudarnos a la introspección y la meditación y de ahí podemos saltar a otras esferas. Todo esto me parece tan obvio que no consideré necesario explicarlo.

      Habla usted de la necesidad, entre otras cosas, “de conocer al adversario”. De verdad, no sé a qué adversario se refiere, pues personalmente no considero ni al P. Guilherme ni a su público como adversarios. ¿Por qué había de hacerlo? Con respecto a la humildad intelectual, tiene usted toda la razón, siempre es necesaria. Le devuelvo el consejo, pues me temo que lo necesitamos los dos. Siendo que, como usted dice, ni el que está en desacuerdo conmigo ni el que piensa como yo necesita mi artículo, no deja de sorprenderme que se haya usted tomado la molestia de leerlo hasta el final y hasta de comentarlo. Gracias otra vez. Un cordial saludo

      M.

      1. Avatar de Valentín Juárez Valentín Juárez

        Muchas gracias por su respuesta.

        Debo reconocer que me resulta especialmente interesante porque, sin proponérselo, confirma exactamente la observación que intentaba hacerle. Mi crítica era que el artículo daba por demostradas una serie de premisas cuando en realidad simplemente las asumía. Su respuesta, en esencia, consiste en explicarme que no las argumentó porque le parecen evidentes.

        Ahí está precisamente la cuestión.

        Porque no me refería a la diferencia entre emoción y elevación espiritual. Esa distinción existe y nadie la niega. Lo que no veo tan evidente es que la elevación espiritual exija necesariamente introspección, que la música deba parecerse al silencio para conducir a Dios, que los fenómenos de masas produzcan principalmente autosugestión, o que un impromptu de Schubert posea virtudes espirituales intrínsecas de las que carece cualquier otra forma musical. Son afirmaciones perfectamente respetables. Lo que me cuesta ver es por qué serían autoevidentes.

        Supongo que todos tenemos nuestras evidencias privadas. Un marxista considera evidente que la historia es lucha de clases; un liberal considera evidente que el mercado tiende al equilibrio; un tradicionalista considera evidente que la música electrónica es espiritualmente estéril. El problema aparece cuando uno escribe para quienes no pertenecen ya a su parroquia intelectual.

        Me llamó especialmente la atención que, al aclarar su posición, aparecieran expresiones como “mercancía banal”, “sensibilidades gruesas”, “ilusión de religiosidad” o “autosugestión”. Son juicios bastante severos sobre las personas que participan en esos eventos. Por eso me sorprendió un poco leer, unas líneas antes, que no considera al P. Guilherme ni a su público como adversarios. Celebro esa benevolencia; muchos querrían ser juzgados tan favorablemente.

        En cuanto a la idea de que la verdadera experiencia espiritual exige silencio interior, me permito observar que Dios parece haber tenido criterios algo más amplios a lo largo de la historia sagrada. Entre bailes, trompetas, procesiones, peregrinaciones, salmos cantados por multitudes y Pentecostés, da la impresión de que el Cielo ha tolerado bastante ruido sin que ello impidiera la acción de la Gracia.

        Finalmente, me pregunta usted por qué me tomé la molestia de leer el artículo si pensaba que difícilmente convencería a alguien que no compartiera ya sus premisas. La respuesta es sencilla: por la misma razón por la que uno visita un museo aunque no le gusten todas las obras expuestas. A veces se encuentra algo interesante. Y, en este caso, encontré una tesis potencialmente interesante acompañada por una confianza admirable en la capacidad de ciertas intuiciones para demostrarse solas.

        En cualquier caso, le agradezco el intercambio. No es frecuente encontrar a alguien tan seguro de que sus conclusiones son obvias. Eso, al menos, siempre da que pensar.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Señor: ¿No juzga usted que el sentido de la música «pura» es, en definitiva, reductible al deleite sensible? De ser así, ¿no quedaría anulada su diatriba contra la música del sacerdote Guilherme? Lo pregunto de buena fe y con sincero interés.

    Gracias.

    1. Avatar de Desconocido Messerschmidt

      Gracias por su interesante pregunta. La música pura puede ser simplemente deleite sensorial, desde luego, pero también puede ser estímulo intelectual, o provocar emoción y en algunos casos favorecer un estado de ánimo que permita la reflexión, la meditación y la introspección hasta el punto de facilitar la elevación espiritual. Por supuesto esto depende tanto de la música en sí y de sus virtudes como de la sensibilidad y la disposición del oyente, así como de las circunstancias de la escucha. Esto es lo que yo diría, pero seguramente otros lo verán de otro modo y al final cada uno deberá discernir por sí mismo. Un muy cordial saludo

      M.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Es un artículo bien ilustrado con ejemplos, que busca aclarar la situación sin ambigüedades. Quiero comentar algunos puntos.

    El tema del utilitarismo en la música es parte de su naturaleza. Los instrumentos musicales, desde sus comienzos, se utilizaron para enviar señales (basta ver los cornos alpinos o los tambores). En la antigüedad, había dos usos básicos: acompañar las tareas del día y los fines religiosos. ¿Acaso no se usaban para la diversión? Sí, pero esto también es un fin utilitario. Incluso las danzas, desde el Renacimiento, se utilizaron como medio para demostrar buena salud (capacidad de trabajo) e, incluso, fertilidad y estatus. Shakespeare escribe: «Pienso, por la excelente constitución de tu pierna, que se formó bajo la estrella de una gallarda» (la gallarda es una danza ternaria renacentista de carácter vivo). En síntesis, el uso de la música antiguamente era para acompañar las tareas diarias (tambores africanos o canciones de labor europeas) o rituales (acompañamiento de ceremonias). Dentro del uso ritualístico, los chamanes consumían sustancias de uso reservado para el oficiante, no para el pueblo. De las alucinaciones que padecía el chamán se rescataban imágenes de personajes que luego se asumían como las supuestas deidades que se comunicaban con este mundo. Aquí, la música asumía su carácter espiritual.

    Desde finales de la década del 80, gracias a la investigación se descubrió que el proceso cognitivo de adquisición de un lenguaje hablado y el aprendizaje musical utilizan los mismos mecanismos. Hoy en día, los diseños curriculares en Argentina, con buen criterio, articulan las áreas artísticas como «Lenguajes» (Lenguaje Danza, Lenguaje Música, etc.). Asumir la música como un lenguaje facilita mucho el análisis. El padre Guilherme utiliza un idioma o dialecto musical que no se asimila con la idea de música sacra. Si uno ve algún video del espectáculo en Plaza de Mayo, se observa a un sacerdote en el centro de la escena y videos del Papa Francisco, pero el entorno está desprovisto de símbolos eclesiásticos. El joven asiste a un evento para «pasarla bien», pero la vida de un fiel está muy lejos de una fiesta electrónica. La pregunta es: ¿sirven estos «ganchos» como medio de conversión? Un católico debe ser alegre, pero la música a alto volumen, las luces y la escenografía no son lo que uno buscaría para alcanzar un estado contemplativo. No todos los jóvenes —e incluso adultos que no concurren a la Iglesia— tienen claros los principios de la fe. La Iglesia no es una rave con un video de fondo exclamando «¡Hagan lío!», porque el público puede llegar a pensar: «¡Al fin la Iglesia cambió!», y se corre el riesgo de que, a largo plazo, esta estrategia resulte contraproducente.

    Con respecto al canto de los pájaros: los animales no producen música; tienen la capacidad de generar combinaciones de sonidos agradables al oído humano, pero los nobles bichos carecen de corteza prefrontal. Esos sonidos están predefinidos «de fábrica», carecen de contenido semántico, especulativo o simbólico. Los únicos seres en el reino animal que pueden sincronizar sonidos rítmicamente son los humanos. En una reunión, basta que alguien haga palmas regularmente para que, en breve tiempo, todos estén siguiendo ese pulso. Recomiendo buscar los videos de Bobby McFerrin haciendo increíbles demostraciones de esto con grandes auditorios.

    La música “pura” es un fenómeno relativamente moderno, que comenzó en el barroco cob las sonatas, y tuvo su punto culminante (pasando por el clacisismo), en el romanticismo. Modernamente, la música adquirió además el carácter de bien de consumo. Esto comenzó con la burguesía que buscaba estatus: los nuevos ricos compraban un costoso piano y enviaban a sus hijas a tomar lecciones para lucirse en las veladas ante sus invitados. Así, surgió la música como espectáculo. Niccolò Paganini fue el Jimi Hendrix de la época y. poco después, Franz Liszt, literalmente, el Mick Jagger del romanticismo. Tenía alumnos americanos que tomaban lecciones para pulir su ejecución, y fue en esa época cuando comenzaron a implementarse los derechos de autor en la música. Como nota al margen, el citado Hindemith realmente hizo mucho por elevar el nivel musical académico estadounidense; fue un músico que realizó un aporte muy valioso. Hoy en día, padecemos el oxímoron de la «Industria Musical». El objetivo es vender, y se busca cualquier género que pueda comercializarse rápidamente. La música electrónica es parte de esta tendencia. Para ilustrar la idea, un meme conocido: en los 60, los jóvenes escuchando música pronunciaban el inglés aceptablemente; en los 80, cantaban en un castellano mediocre. Actualmente, apenas balbucean.

    1. Avatar de Desconocido Messerschmidt

      Muchas gracias por su interesante y detallado comentario. Tiene usted toda la razón al decir que la música tiene siempre un fin. En el caso de la música “pura”, reflexiva y autorreferencial, el fin es la propia música. Ciertas obras musicales (p.ej. en Bach) alcanzan un elevadísimo grado de abstracción, hasta el punto de que el factor acústico-sensorial es prácticamente un aspecto secundario: la composición es una entidad abstracta y completa en sí misma, comparable a una ecuación matemática. La manifestación sonora de esta entidad musical es más accidental que substancial.

      Con respecto a las aves, lamentablemente disiento de su opinión. Me sorprende muchísimo su afirmación de que “esos sonidos están predefinidos «de fábrica», carecen de contenido semántico, especulativo o simbólico. Los únicos seres en el reino animal que pueden sincronizar sonidos rítmicamente son los humanos.”  En primer lugar, nuestro nivel de conocimiento sobre las capacidades cognitivas de las casi todas las especies animales es aún muy modesto. Desde hace décadas la zoología, y en especial la etología, no cesan de sorprendernos con descubrimientos insospechados que obligan a replantearse una y otra vez muchas creencias arraigadísimas y a descartar definitivamente la abstrusa visión cartesiana del animal como máquina. El argumento de que las aves carecen de corteza prefrontal me parece tan poco convincente como si pretendiéramos que los animales que carecen de pulmones no pueden respirar. En todo caso, es indudable que el canto de los pájaros sí posee contenido semántico o simbólico (especulativo no lo sabemos, pero que no lo sepamos no quiere decir que no exista), pues es un lenguaje que les permite comunicarse, como consta en relación al marcado de territorios, a llamadas para el apareamiento, avisos de peligro, etc. Es posible que también tenga un sentido “lúdico” en algunos casos. El juego no es exclusivo del ser humano, las aves también juegan y no hace falta ser un etólogo para observarlo. En tal sentido el jugar con el canto ¿no sería hacer música? Que es expresión emocional de las aves me parece indiscutible. En una ocasión hallé un pichón de mirlo caído en una calle. Sus padres intentaban cuidarlo, pero en ese lugar no tenía posibilidades de sobrevivir. Decidí llevármelo para intentar salvarlo. El grito de los padres (incluso de la madre, cuando las hembras de los mirlos suelen ser silenciosas) en el instante en que lo recogí es algo que no esperaba, que jamás habría imaginado y que me heló la sangre: era puro dolor, desesperación y angustia. Afortunadamente di con una veterinaria que lo curó (estaba enfermo) y lo liberó cuando ya estaba sano y crecido. Por otra parte, las diferencias en el canto de grupos de individuos de una misma especie de ave en regiones distintas da lugar a lo que los ornitólogos llaman “dialectos”. También cambian para adaptarse p.ej. a entornos urbanos, todo lo que demuestra que no se trata de sonidos que vengan “de fábrica”.

      Yo recordaría que para uno de los mayores teóricos de la historia de la música, Hugo Riemann (¡un musicólogo positivista!), el canto de las aves es música. En la práctica lo ha demostrado Messiaen, sobre todo en su Catálogo de pájaros, una composición que le debe tanto a su arte como a sus conocimientos ornitológicos y musicológicos. Pero ya antes que él, desde tiempos inmemoriales, el canto de las aves ha sido imitado musicalmente por el hombre, los ejemplos son incontables. Mencionaré sólo uno: las coloraturas que canta el personaje de la Reina de la Noche en La flauta mágica y todas las coloraturas en general desde que existen. El que el canto de los pájaros sea o no sea música es un tema de mucho más fondo de lo que parece. ¿Qué es la música? ¿Es una creación intencional, voluntaria y consciente y por lo tanto humana? ¿O existe también sin tales presupuestos? La música está presente en las Escrituras, los ángeles cantan y tocan trompetas, hablamos de “coros” angélicos… ¿Es la música obra del hombre o de Dios? Si es obra de Dios no tiene por qué ser don exclusivo del hombre.

      Por último, la comparación de Franz Liszt con Mick Jagger etc. es un invento de las últimas décadas (en tiempos de mi infancia y juventud a nadie se le ocurrían tales paralelismos) y me parece un gran error. Ni la calidad musical ni las circunstancias sociológicas e histórico-culturales, por no hablar de los factores técnicos y económicos, son en absoluto comparables. No creo que haga falta decir por qué, es evidente. Simplemente basta con mencionar p.ej. el por Ud. mentado concepto de “industria musical”, típico de ciertos géneros más o menos musicales a partir de la invención de la fonografía y la radio, algo impensable en tiempos de Liszt. Creo que estas comparaciones crean confusión, destruyen la necesaria jerarquía de valores estéticos y sólo sirven para “ennoblecer” a unos pseudoartistas que no son más que fabricantes de productos de consumo de masas.

      Un muy cordial saludo

      Messerschmidt

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado Messerschmidt:

        Gracias por la devolución y créame que coincido con usted en gran medida; su artículo me parece muy enriquecedor. En mi ya largo posteo anterior no agregué la conexión entre ideas porque hubiera resultado un ensayo y esa no era la premisa (veo que tendré que hacerlo ahora).

        Estamos hablando de armonizar la música electrónica con la práctica de la fe en el marco de la Iglesia; por eso busco bucear para descubrir dónde se origina esta «Biblia junto al calefón». El surgimiento de la música «pura» —ergo, instrumental— es un fenómeno moderno que va de la mano de la aparición del tonalismo. Hasta el Renacimiento, los juglares y trovadores ejecutaban música danzable, que es el antecedente directo de las grandes obras instrumentales. John Dowland ya escribía obras tonales y Bach representa la cumbre de la polifonía armonizada tonalmente (hecho que los polifonistas medievales no hacían, pues podían sonar bastante disonantes). ¿Bach escribía música matemáticamente? Esa sería la técnica, pero Bach emociona. Yo no asisto a un concierto para ver cómo tal o cual compositor resuelve el Teorema de Fermat en una sonata. El ser humano es el equilibrio entre emoción y razón.

        Con respecto al canto de las aves: muchos compositores utilizaron el canto de los pájaros como material sonoro para escribir obras magníficas de carácter descriptivo (pienso en Le chant des oiseaux, de Janequin). Hay videos en YouTube con transcripciones exactas a pentagrama del canto de diversas aves que son interesantísimas. Los animales pueden tener facultades cognitivas fascinantes, pero hay una línea que no pueden cruzar: la corteza prefrontal es lo que nos permite el pensamiento abstracto. Los animales usan sonidos para indicar la cercanía de depredadores o comida (las abejas aplican trigonometría al danzar en «8» para mostrar la ubicación de flores melíferas). Las aves aprenden a cantar, pero esa especie de lenguaje sonoro es concreto y funcional. Un zorzal no puede escribir un madrigal. Hay excepciones —cacatúas o leones marinos que han logrado sincronizar ritmos—, pero son eso: excepciones. Tienen un «cableado» cerebral especial que facilita ese proceso, pero carecen de un procesador de última generación como la corteza prefrontal humana. Es cierto que hay especies que logran un manejo simbólico rudimentario, pero no llegan al lenguaje de alto nivel humano (no soy evolucionista; no me resulta simpática la idea de la serie El planeta de los simios). Dejo un concepto abierto: las IA que generan canciones, ¿piensan, sienten o solo procesan información preexistente?

        Justamente, en busca de precisión, planteé la concepción moderna de considerar a la música como un lenguaje (y a los distintos géneros como idiomas y dialectos). El humano tiene la capa adicional de la abstracción; es capaz de especular. Por ejemplo, si no logra un ajuste preciso con el pulso rítmico, puede calcular mentalmente con suma facilidad cuánto debe retrasar o adelantar el golpe. Ni hablar de improvisar o combinar ritmos binarios y ternarios simultáneamente (polirritmia). El humano puede comprender distintos niveles de mensajes. Pero voy al punto: la música, como lenguaje, es capaz de transmitir inefablemente emociones e ideas, sean elevadas o corrientes. Uno puede dejarle un mensaje escrito al sifonero para pedirle que deje seis sodas y un bidón de agua detrás del portón cuando no estemos en casa. Con el mismo lenguaje hablado, uno puede escribir una poesía o afirmar acaloradamente en una reunión de amigos que Colapinto es mejor piloto que Hadjar. Análogamente, la música puede cantar lo más excelso de la Divinidad o ser el fondo ruidoso de jóvenes en un antro, mientras algunos bailan y se intoxican. Es un lenguaje.

        Con respecto a Hugo Riemann, es un teórico de la vieja escuela. La pedagogía musical evolucionó muchísimo, en particular a partir de la segunda mitad del siglo XX. Hubo mucha investigación y recopilación de datos. Argentina se destaca por un alto nivel de pedagogos musicales con mucha investigación (Violeta de Gainza, Silvia Malbrán, Silvia Furnó y un largo etcétera). Usted menciona a Paul Hindemith, que fue, de hecho, quien sentó las bases de la moderna audioperceptiva. Cuando Hindemith empezó a enseñar en universidades norteamericanas, se agarró la cabeza ante el bajo nivel y el marcado enfoque intelectual de los estudiantes de música; de ahí surgió su método Adiestramiento elemental para músicos (Elementary Training for Musicians). Fue un adelantado; la música norteamericana (e internacional), le debe mucho.

        Lamento no haber sido más preciso con respecto a Liszt; intentaré remediarlo. Hay demasiada información sobre él. El gran pianista húngaro vislumbró la posibilidad de la música como espectáculo tal como la conocemos ahora. Concuerdo en que es inadecuado comparar a Liszt con Mick Jagger; la diferencia es estratosférica. Recalculando: Liszt fue el precursor del showman musical, del rockstar (en este aspecto, sí que hay semejanzas con Jagger). Hay que leer las crónicas de cómo reaccionaban las damas ante la ejecución de Liszt; no hay mucha diferencia con las reacciones de las fans en los conciertos de los Stones en los años 60. Décadas atrás, Mozart ofrecía sus conciertos de piano por abono; ahí sí había «música pura», seguramente. O en un concierto de Chopin (quien no ofreció muchos, pues se dedicaba mayormente a enseñar, componer y publicar). Una nota de color. Ya que hablamos del canto de los pájaros, Paganini tenía su caballito de batalla con “La Campanella”, una obra maestra, que imita el canto de esa ave europea. Liszt escuchó eso cuando asistió a un concierto del genial violinista y escribió su propia transcripción al piano, por cierto, muy lograda.

        Insisto: concuerdo con el núcleo de su artículo, el cual contiene mucha información valiosa que releeré. Y dejo esta larga perorata con una pregunta-meme, habitual entre músicos: ¿Los DJs son músicos?

        Saludos cordiales!

      2. Avatar de Desconocido Messerschmidt

        Estimado Anónimo (13-5, 21:41):

        Gracias por su larga e interesantísima respuesta. Igualmente coincido con usted en lo fundamental. Con respecto a las aves, creo que hay factores que permiten sospechar que podrían hacer música. Que no posean corteza prefrontal no excluye que las capacidades de ésta no residan en otra región, en su caso el nipodalio caudolateral, aún poco estudiado, pero con funciones comparables. Por otro lado, la plasticidad neuronal, no exclusivamente humana, hace posible que las facultades de una región sean asumidas por otra. Muchas aves tienen además una enorme capacidad mimética que les permite imitar sonidos que luego incorporan y combinan con su repertorio propio, como hace el pájaro lira, lo que podría ser un modo de jugar y por lo tanto de hacer música. También hay especies que introducen en su canto funcional (territorialidad, alarma, etc.) variaciones y ornamentos sin función reconocible. Otras poseen un sistema tonal basado en terceras quintas y octavas o que son capaces de variaciones rítimcas, etc. Hay que tener en cuenta que estamos ante un campo aún muy poco estudiado.

        La capacidad de abstracción que Ud. menciona es un tema interesantísimo. Los humanos la poseemos (bueno, quizá no todos…) y suponemos que ningún otro ser vivo la tiene porque no hemos podido observarla y confirmarla en otras especies (salvo quizás en algunos mamíferos), pero en realidad tampoco estamos en condiciones de probar que carezcan de ella tal como podemos demostrar que un pez carece de pelo. Un obstáculo tal vez insalvable es la inmensa dificultad de la comunicación entre especies diversas. En todo caso, la capacidad de abstracción podría asumir formas distintas y difíciles de reconocer en cada una de ellas. En este sentido nos encontramos un poco en la misma situación que los eslavos antiguos, que dieron a los forasteros, y en especial a los alemanes, el nombre de “nem” que significa “mudo”, simplemente porque no hablaban en una lengua comprensible para ellos.

        Evidentemente Riemann no es la vanguardia de la musicología. Lo saqué a colación precisamente porque fue un positivista y, pese a ello, consideró “musicales” a las aves. Es claro que en la Argentina la pedagogía musical ya hace muchos años alcanzó posiciones de vanguardia. Yo mismo asistí de niño al primer curso de violín según el método Suzuki en la Argentina, cuando todavía no se aplicaba más que en muy pocos lugares fuera del Japón.

        Las admiraciones desbocadas en el romanticismo musical no se limitaron a Liszt y Paganini. En Roma los admiradores de la gran bailarina de ballet Carolina Rosati lograron introducirse en su habitación, robaron un orinal de porcelana que tenía bajo la cama, lo rompieron y se repartieron los fragmentos como reliquias…

        Mi subjetiva respuesta a sus dos preguntas: 1. La inteligencia artificial ni piensa ni siente. No somos Dios, no podemos crear seres sintientes ni pensantes, sólo máquinas inanimadas con engañosa apariencia de vida. 2. Los DJ no son músicos en cuanto no trabajan con verdadera música (salvo excepciones), sino con productos acústicos industriales. Lo que yo me pregunto es si un simple oyente con suficiente capacidad de comprensión e interiorización de la música no es también un músico. Sin compositor y sin intérprete no hay música. ¿La hay sin oyente? Ah, y pido perdón a Wanderer por habernos alejado tanto de la teología.

        Un muy cordial saludo

        Messerschmidt

      3. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado Messerschmidt:

        Le agradezco su amable respuesta, abundante en información. A continuación iré respondiendo.

        Decidí escribir en este espacio para precisar el fenómeno del sacerdote DJ, no desde lo teológico, sino desde un enfoque técnico-musical, a fin de contextualizar con mayor precisión este fenómeno.

        A modo de resumen, imaginemos un eje en el que a la izquierda ubiquemos los primitivos instrumentos musicales usados para emitir señales sonoras. La aparición de los mismos estuvo motivada por hechos concretos: una caña cortada al lado de un lago suena accidentalmente por acción del viento; el arquero cazador escucha el chasquido de la cuerda al disparar; esos sonidos son agradables y el ingenio humano buscó reproducirlos fuera de sus entornos naturales. Ahí surgieron los aerófonos y los cordófonos.

        Corriendo hacia la derecha en ese eje, ubicaremos las diferentes manifestaciones musicales, ya sean relacionadas con el trabajo, los rituales o el mero placer —y coincidimos en que la música siempre tiene un fin o una utilidad—. Completando la línea, ubicamos a Pitágoras y su descubrimiento de la escala y los armónicos. Con el correr de los siglos, sobre la base de los conceptos pitagóricos, surgió la música tonal, justamente con el Renacimiento. Este es el punto: la música tonal es literalmente un kit para armar, una especie de Lego o Rasti musical (antes de la tonalidad, se utilizaban escalas modales).

        Este es el punto crítico. Las diferentes escalas modales se generaron por el gusto de cada cultura y tienen un origen empírico. Pero la moderna tonalidad es un sistema, porque su sintaxis y su morfología se basan estrictamente en reglas físicas naturales. Esto explica, por ejemplo, por qué hay pájaros que entonan intervalos: es una consecuencia natural (la proporción áurea es otro ejemplo: se encuentra en un girasol, un tornado o la forma de las galaxias). Una consecuencia adicional es que el sistema tonal genera cadencias, muy agradables al oído y fáciles de combinar. Otro tipo de escala basada en principios pitagóricos es la pentatónica, sorprendentemente intuitiva para entonar. Antes del tonalismo no hay registro de niños prodigios: el sistema tonal es lógico e intuitivo, de ahí que los niños a muy temprana edad puedan hacer música. Y este mismo sistema permite componer tanto la Quinta Sinfonía como el material de un reguetón o trap. Con el lenguaje escrito ocurre lo mismo, como ya lo mencioné en otra respuesta. Conclusión: nunca fue tan fácil crear música. Y es este sistema tonal –junto con la tecnología– los que hacen posible que haya DJs.

        Por lo tanto, no debería llamar la atención que haya animales receptivos a la música: no importa qué modelo de “procesador biológico” (cerebro) utilicen, simplemente perciben las manifestaciones de las leyes físicas naturales del sonido. Algo análogo ocurre con el lenguaje: los animales pueden comunicarse mediante lenguajes rudimentarios, y eso también es posible con la música, en un nivel utilitario-gestual y emocional. Hace ya mucho, tuve la suerte de asistir a una conferencia de la musicóloga argentina Olga Fernández Latour de Botas, y recuerdo una idea central de esa charla. Ella hablaba del significado del arte, en particular en el folclore. Decía que un artista es quien, con medios artificiales —como un instrumento de madera y cuerdas, tal como la guitarra—, podía transportar momentáneamente al público a otro tiempo y lugar, de manera que el oyente se sienta como si estuviera en un verdadero fogón (reconstruyo de memoria, pero la idea es ésta).

        El fin del arte es elevar y enriquecer, no devaluar la cultura del público. Los Salmos contienen indicaciones precisas sobre con qué instrumentos, incluido un coro, deberían ser cantados. Después de la Última Cena, antes de ir al Huerto de los Olivos, Jesús y los Apóstoles cantaron Salmos. El rol de la música en la Iglesia no es meramente complementario, son un elemento estructural.

        Si nos ponemos a buscar, encontraremos infinidad de ejemplos de canto animal: delfines, ballenas, lobos cantando en manada, gibones, etc. Pero nunca llegarán al nivel humano. Dios, en el Génesis, establece la dominación del hombre sobre los animales. En la serie El planeta de los simios, el chimpancé César pronuncia la primera palabra de un simio: «¡No!». Con respecto a la neuroplasticidad, es posible que un cerebro lesionado pueda recablear sus redes neuronales para recuperar movimientos, pero que un animal aproveche esa característica para realizar un upgrade de su cerebro no es viable: eso sería macroevolucionismo darwinista, en otras palabras, una posibilidad a la que yo no adscribo. Al respecto, el experimento de Gua y Donald es revelador. El matrimonio de psicólogos Winthrop y Luella Kellogg, en 1931, decidió criar a su hijo Donald —de diez meses— junto a una chimpancé bebé de siete meses y medio llamada Gua.*² Al principio, la chimpancé aventajó a su «hermano» humano en la adquisición de habilidades cognitivas y motrices, pero cuando llegó el momento de aprender a hablar, Gua no pudo hacerlo. Lo más llamativo fue que Donald, en cambio, terminó adquiriendo hábitos de la chimpancé, y fue en ese punto que se decidió concluir el experimento.

        El método Suzuki trata el aprendizaje musical como si fuera la adquisición de la lengua materna. Esto rompe el prejuicio de que el músico lo es por haber recibido un toque de chispa divina. Evidentemente, un concertista de piano de élite debe tener el talento natural suficiente para desarrollarse. Pero eso no quita que cualquier persona con condiciones físico-intelectuales de nivel promedio pueda alcanzar un nivel musical alto. Este enfoque tiene elementos en común con la Audioperceptiva basada en el método de Hindemith.

        Sobre la IA: coincido completamente con usted. Pero aquí hay un peligro: hoy en día hay canciones generadas artificialmente que suenan tan naturales que pueden engañar a un oyente desprevenido. Un músico formado quizás pueda diferenciar un producto sintético de uno artesanal, pero esto no es algo completamente nuevo: desde la implementación del protocolo MIDI y el auge de los sintetizadores a partir de los años 80 (véase el Yamaha DX7), el terreno ya estaba bien preparado.

        El maestro Enrique Belloc repetía a menudo en sus clases (palabras más, palabras menos): «El acto de una interpretación musical es un trípode cuyas patas son el compositor, el intérprete y el público. El compositor puede ser anónimo, pero siempre hay uno. Si falta alguna de esas patas, el trípode se cae». El chiste de los DJs es un clásico entre músicos; personalmente, considero que eso es más bien un collage sonoro que música. ¿El oyente es músico? Podríamos hacer la misma pregunta para un melómano o un crítico. Pero ¿qué instrumento tocan, qué canción cantan, qué discurso musical enuncian? Quizás tengan su oportunidad en una ejecución de la pieza de John Cage 4’33». O en un estadio, cuando el cantante apunta el micrófono al campo y el público corea la canción de moda.

        Como corolario: hay música para todos los gustos y ocasiones. La música se asimila perfectamente a la estructura de un lenguaje hablado. Los animales pueden comunicarse mediante lenguajes rudimentarios, y eso también es posible con la música en un nivel utilitario-gestual y emocional —un animal reconoce gestos—. El maestro Belloc también explicaba el concepto de gesto musical: un sonido o combinación de sonidos (sin intervención del resto de los sentidos) produce determinados efectos en el oyente. Pero la percepción de la música como lenguaje abstracto de alto nivel —la comprensión profunda de una obra musical estructurada— es prerrogativa del ser humano.

        Entonces, quienes organizaron el concierto en Plaza de Mayo: ¿tienen la suficiente cultura musical para elegir la música más adecuada para evangelizar? O probablemente la tienen, y eligen el camino del sincretismo para atraer jóvenes. Pero los templos evangélicos ya están llenos de pastores con micrófono y música a alto volumen. Para ser justo: no puedo saber si algún joven que asistió al homenaje al Papa Francisco se acercó después a la Iglesia. Ojalá que sí.

        Y para cerrar: un momento que me produjo profunda alegría fue cuando el Papa León XIV, a poco de asumir, cantó a cappella el Regina Coeli en latín.

        Saludos cordiales!

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    …»Los indios cuya confianza San Francisco Solano se ganó tocando el violín, tenían seguramente un grado de sensibilidad y de refinamiento bastante mayores que los “fans” del P. Guilherme«…

    Hay en youtube un joven francés que se dedica a tocar una guitarra rosa y cantar en inglés a los animales…

    ¡Y los animales reaccionan!

    ¡Mira que si la leyenda de Orfeo amansando a las fieras con su música fuera verdad!

    Sí; parece que los caballos, las vacas, los leones, los loros, los rinocerontes, los chanchos, los elefantes, lémures…tienen un grado de sensibilidad y refinamiento que «muchos» (se dice el pecado, pero no el pecador)

    De hecho no sólo se amansan y confían…¡pierden todo el respeto debido! y le toman al chico como al pito del sereno…(«la confianza da asco»)

    Entonces tal vez esta sea la verdadera razón de la música del pater: mantener las distancias y evitar que se le suban a las barbas.

    ¿Cómo saberlo?

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    La derecha conservadora cuando quiere mostrarse como fiel siempre dice que no es importante el número porque eran pocos los que seguían a Cristo en la Cruz y reniegan de la democracia política.

    Pero cuando exaltan las misas con ritos anteriores a los del Concilio Vaticano II, dicen que a la Iglesia iba «más gente» o se vanaglorian de «iglesias llenas de gente».

    Entonces el número es importante o sólo cuando me conviene.

    Seguir el Magisterio del Papa era importante antes pero ahora no?

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      No sé de donde saca usted esas ideas, pero no tienen ninguna base real.

      Además usted está mezclando churras con merinas.

      ¿Estará usted intentando manipularnos?

      ¡Dios no lo quiera!

      En fin, dejando a parte sus oscuros e inconfesabkes intereses, le diré que el número indica algo, pero no es dirimente cuando de lo que se trata es defender la fe.

      El magisterio del Papa es importante, pero no cuando va contra el depósito de la fe.

      Usted habla de «democracia política» (¿y por qué no «religiosa»?)

      Cuando la democracia consiste en meter legalmente la mano en el bolsillo del vecino para parasitarle mejor, eso no es democracia. Eso es justicia «socialista».

      Cuando la democracia, que es por definición la ley del número, significa que las minorías gobiernan a las mayorías, no es democracia.

      Parece que usted no es conservador. Es su derecho.

      Pero ¿qué pasará cuando cambien las tornas?

      Entonces el número es importante…¿o sólo cuando le conviene ?

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      No fuimos nosotros quienes argumentamos que era necesario revolucionar la Misa para atraer a más gente, ni que el interés por la Misa antigua se limitaba a unos pocos nostálgicos que tarde o temprano desaparecerían.

    3. Avatar de Desconocido Messerschmidt

      Esto no tiene nada que ver con la izquierda ni con la derecha (ambas me son igualmente ajenas) ni con la democracia. La formación de una masa estupidizada no depende sólo del número, sino también de la actitud de los que la forman y de los que la convocan, sean de la ideología que sean. A las iglesias del pasado, tan llenas de gente, muchos iban sólo porque era una presunta obligación, por el qué dirán, por quedar bien o porque era un modo de ejercer la sociabilidad, de encontrarse con gente, de salir de paseo, etc. Si sólo hubieran acudido a misa quienes sentían verdadera devoción, las iglesias habrían estado menos llenas, pero tampoco tan vacías como hoy. Y por cierto, a ese respecto yo cité a José Bono, que no es un político de la derecha ¡sino un socialista! Un cordial saludo

      Messerschmidt

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    En cuanto a la liturgia nada mejor que el canto gregoriano. La polifonía es bellísima pero necesita más medios y recursos.

    Simple, profundo y eterno, el gregoriano funciona siempre.

    Fines de la música litúrgica:

    1. Gloria de Dios
    2. Edificación de las almas

    Características de la música litúrgica

    1. Universalidad
    2. Bondad de formas
    3. Sacralidad

    S. S. Pio X

    Motu propio sobre música sagrada «Tra le solecitudine».

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    No existen los fans del Padre Guilherme. La mayoría de los concurrentes fueron simplemente a aprovechar un recital gratuito. Tal vez sedientos de espectáculos públicos y gratuitos en esta era de ajuste presupuestario. Lo del Padre pertenece a la misma categoría que la exhibición de Colapinto, la relevancia religiosa es baja.

    Lo que sí noto en redes sociales es cierto neo-nacionalismo católico, con muy bajo grado de religiosidad, de católicos culturales molestos con el filo-judaísmo exacerbado del presidente, y con la avanzada evangélica pentecostal, como lo del ridículo candidato presidencial que el círculo rojo intentó imponer las últimas semanas. Estas personas bienintencionadas parecen creer que recitales como los del Padre Guilherme sirven como muro de contención de nuestra identidad católica nacional.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Aunque el nacionalismo como ideología política es, como todas las ideologías, letal , existe un «nacionalismo sociológico» que es normal y que corresponde a convertir en un solo grupo humano a todos los que habitan en un Estado y que en cierto modo tienen intereses comunes. El mundo intenta ordenarse así desde la Revolución francesa, que es quien lo inventa.

      Por otro lado es natural que en una nación cuya religión mayoritaria sea, digamos para no ofender a nadie, el «budismo», que consideren el budismo como algo propio; aunque el budismo sea una religión internacional (y desde este punto de vista el «budismo» compensa doblemente las tendencias totalitarias que pueda tener el nacionalismo y su conversión en una religión laica)

      El «budismo», como tantas religiones (e ideologías) ofrece diversos grados de libre compromiso a sus secuaces: desde el monje ordenado que se obliga a una vida de pobreza, castidad y obediencia cantando sutras liberadores de la realidad humana y purificadores del karma…hasta la persona que se acuerda de Buda cuando le invitan a los banquetes (vegetarianos) con ocasión de las bodas, bautizos, primeras comuniones, y funerales…y entonces se puede decir que su budismo es «cultural».

      ¿Qué hay de malo en ello?

      Especialmente cuando el que libremente elige puede disfrutar de los beneficios o perjuicios de su elección (ej, reencarnarse en algún ser superior o inferior o incluso «liberarse» del sufrimiento )

      Respecto al «filo-judaísmo exarcerbado» de Milei, eso es cosa suya.

      Lo que no es cosa suya es comprometer gravemente a toda la nación apoyando a un Estado extranjero en su guerra contra los árabes y los iraníes, personas que no han hecho nada a los argentinos.

      Milei no ha sido votado para comportarse como un rey absoluto o sátrapa obrando al capricho, sino para ser Presidente de toda la nación Argentina (sí; también de los judíos y de los católicos culturales) y en concreto para estabilizar la economía argentina arreglando el peso y bajando la hiperinflación peronista.

      Cuando los gobernantes obran al capricho de sus intereses no hay democracia, sino, como su propio nombre indica, autocracia o tiranía.

      Por otra parte, dentro del fenómeno religioso y la liturgia, sus manifestaciones tienen una fuerte carga cultural y emotiva, justamente porque apoyan o complementan a la religión, que es muy importante y que está fuera de la esfera humana. Y eso sucede con la música, entre otras cosas. No espere, pues, «moderación».

  8. Avatar de donutdope35b78100a0 donutdope35b78100a0

    «ALLELUIA. | Laudate Dominum, quoniam bonum est psallere Deo nostro, | quoniam iucundum est celebrare laudem» Salmo 146 EXCELENTE ARTICULO»ALLELUIA. | Laudate Dominum, quoniam bonum est psallere Deo nostro, | quoniam iucundum est celebrare laudem» Salmo 146 EXCELENTE ARTICULO

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Son ángeles músicos que decoran la bóveda gótica del presbiterio de la catedral de Valencia, obra de Francesco Pagano y Paolo da San Leocadio, llevados a Valencia por el cardenal Rodrigo de Borja, futuro Alejandro VI «Borgia».

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Lo curioso del caso es que esas pinturas fueron descubiertas en 2004:

        Habían sido tapadas por la construcción en 1682 de una bóveda barroca, que las ocultó y e hizo que se perdiese su memoria.

        Esas pinturas se hicieron entre 1472 y 1481 y corresponden a la escuela de Padua-Ferrara, con influencias de Cosme Tura y Mantegna.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Me imagino que se habrán dado cuenta que esas figuras tienen los rasgos exagerados. Esto es normal y es un procedimiento común:

        Esos ángeles fueron pintados para ser vistos a muchos metros desde el suelo y si no se pintasen así saldrían con los rasgos borrosos y no se verían bien.

        Por lo mismo serán pintados a un tamaño mayor «del natural» (sic)

Deja un comentario