Por Javier Navascués
Javier Barraycoa Martínez (Barcelona, 1963). Es Doctor en filosofía (1993) y profesor titular en el Departamento de Derecho y ciencias políticas de la Universidad CEU Abat Oliba de Barcelona. Es profesor de sociología y se ha especializado en el análisis de los imaginarios sociales y fundamentos antropológicos de los comportamientos sociales y políticos. Ha publicado una veintena de libros sobre temas sociológicos, históricos y políticos. Algunos de ellos ya son imprescindibles para el pensamiento contrarrevolucionario como Eso no estaba en mi libro de historia del Carlismo, Eso no estaba en mi libro de historia de la revolución Rusa, Protestantismo y ahora un libro que pretende divulgar la gesta de los campesinos vendeanos contra la Revolución francesa: El genocidio de La Vendée y la primera cruzada moderna.
¿Puede decirnos en breves palabras qué ocurrió en la región francesa de la Vendée durante la Revolución francesa?
Aquellos que habían proclamado los Derechos del Hombre y del Ciudadano, y votado la primera república revolucionaria de la modernidad, decretaron el exterminio de toda una región de Francia. La culpabilidad de esas tierras eminentemente de campesinos, era haberse resistido a la implacable persecución religiosa que la revolución estaba llevando a cabo y a la ejecución del rey. La chispa que hizo brotar la revuelta fue una leva masiva para nutrir al ejército republicano que se batía contra las potencias europeas. La revuelta campesina se convirtió en un levantamiento armado contra la República y la Convención nacional, dominada por los jacobinos, decretó entonces el exterminio de la Vendée. Podemos afirmar que estamos ante el primer genocidio moderno que coincide con el nacimiento de la “democracia republicana”.
¿En qué consistió la persecución religiosa?
Fue gradual hasta acabar en sangre. Tras la proclamación de la Asamblea nacional, en 1789, se suprimieron los “privilegios” en Francia. Ello comportaba, de paso, eliminar muchas prebendas eclesiásticas tradicionales que sostenían a la Iglesia. Después empezarían las desamortizaciones de las propiedades de la Iglesia. A ello se seguiría la aprobación de una Constitución civil del clero que sometía a obispos y sacerdotes al Estado y sus nombramientos habrían de ser “democráticos”.
Sólo los sacerdotes que la juraran -los “juramentados”- tendrían sueldo del Estado y parroquias. Los que no juraron -los refractarios- se quedaron sin cargos y sostenimiento económico. La sorpresa fue que la mayoría de católicos sólo quisieron asistir a oficios con los refractarios. Varios decretos obligaban al juramento y si no a multas, prisión o deportaciones. Luego vendrían los asesinatos masivos de sacerdotes refractarios. Ya en pleno terror jacobino, incluso la iglesia juramentada fue denostada y se proclamó una artificial “religión” de Estado: la del Ser Supremo. Pocos meses después caería Robespierre y los suyos. En este proceso, unos 40.000 sacerdotes refractarios fueron asesinados, exiliados, deportados o escondidos por sus feligreses.
¿Por qué La Vendée resistió con más fuerza que otras regiones francesas igualmente católicas?
Una de las claves es la predicación en esos pueblos vendeanos, en el siglo XVI, de San Luis María Grignon de Montfort. Recorrió esas tierras que habían sido “enfriadas” espiritualmente”, como en tantas otras partes de Francia, por el jansenismo. El jansenismo era esa herejía, que al igual que los más duros calvinistas, afirmaban que casi nadie podía salvarse. Los sacerdotes de influencia jansenista negaban la extremaunción a aquellos moribundos que consideraban que no se habían arrepentido perfectamente. O aconsejaban no confesarse y no comulgar porque el hombre era indigno de las cosas divinas.
Ello fue, por un lado alejando a las gentes de la práctica religiosa. Por otro lado, en sentido contrario pero confluyente, la Ilustración fue otro de los factores secularizadores. Grignion de Montfort predicó el amor misericordioso, no cejaba en confesar y administrar los sacramentos, propició las devociones populares y promovió la erección de Calvarios enormes en los caminos, ante los cuales las gentes se conmocionaban. Frente al “predestinacionismo” restrictivo (pocos se salvan) de los jansenistas, predicó la “Omnipotencia Suplicante” de la Virgen María que abría las puertas del cielo. Los lugares de su predicación coincidirán más de un siglo después con la llamada “Vendée militaire”, esto es, los lugares de los levantamientos campesinos que llevaban en su pecho cosido un Sagrado Corazón con el lema “Dieu Le Roi” (Dios El Rey”.
Algunos señalan que la revuelta campesina fue una manipulación de nobles y el clero.
Más bien lo contrario. Los campesinos vendeanos eran plenamente conscientes que sin el apoyo de una nobleza con formación militar, las protestas durarían bien poco. Fueron a buscar a sus castillos a los nobles y ellos se resistieron a liderar un movimiento que sabían que a la postre sería perdedor. Pero la insistencia de los campesinos, su entusiasmo y finalmente su apelación a la conciencia católica, les animó a encabezar lo que podemos considerar la primera cruzada moderna. Nobles como Henri de la Rochejaquelein, de Lescure, de Bonschamps, d´Elbée, o de la Charette, dieron ejemplo encabezando a los campesinos y por ello muriendo o cayendo heridos de gravedad en la primera línea de combate. La guerra empezó a inicios de 1793 y se puede considerar que hubieron varias guerras vendeanas tras terribles derrotas y nuevos levantamientos. Los ejemplos de devoción y caridad cristiana fueron interminables. Los vendeanos no fusilaban prisioneros, sino que les hacían jurar que no se volverían a enfrentar a ellos y les dejaban marchar. Este hecho fue algo insólito que ni los propios blues (soldados republicanos) se podían creer.
¿Y por qué se habla de primer genocidio moderno?
Tras la terrible campaña de 1793, salpicada de victorias y derrotas, el llamado Ejército Católico y Real, estaba agotado y casi exterminado. Entonces, en 1794, París decidió enviar un ejército para simplemente exterminar la región matando hombres, mujeres y niños yarrasando y quemando todo lo que encontraran a su paso. Este ejército se dividió en columnas para entrar en la Vendée. Fueron conocidas como las “columnas infernales” comandadas por el General Turreau. Se puede hablar de primer genocidio por qué se señala una población específica -no combatiente- para ser exterminada, se le da una cobertura legal (los decretos de la Convención) y se proponen medios de exterminio masivo. Así, se propusieron desde contaminar fuentes y ríos con arsénico hasta usar gas tóxico para eliminar a grandes poblaciones. También se propuso usar minas para derribar poblados enteros. Muchas de estas ideas no se llevaron a cabo por falta de capacidad, no por ausencia de ganas. Pero sí tenemos documentados desuello de cadáveres para curtir cuero con las pieles de los vendeanos, quema de cuerpos para conseguir su grasa (especialmente de mujeres), asesinado indiscriminado de mujeres acusadas de ser “surcos reproductores”, fusilamientos a cañonazos o ahogamientos masivos en el Loira.
¿Y por qué no se habla de estos acontecimientos y casi nadie los conoce?
La historiografía académica, especialmente en Francia, está controlada por elementos izquierdistas que son los herederos del jacobinismo de la revolución francesa. Los institutos de historia consagrados para perpetuar la memoria de la Revolución francesa, han estado controlados tradicionalmente por reconocidos militantes comunistas. El silencio sobre los acontecimientos ha sido sepulcral. Con motivo del doscientos aniversario de la revolución francesa, un joven historiador vendeano, Reynald Secher, realizó una tesis doctoral desvelando el genocidio.
Sufrió amenazas, intentos de comprar su silencio e incluso el robo “físico” de su tesis doctoral poco antes de ser defendida. Él siguió para adelante y se le cerraron para siempre las puertas de la carrera académica. Pero su tenacidad y sacrificio han permitido sacar del silencio la epopeya vendeana. A él le debemos haber superado lo que él mismo definió como “memoricidio”: el intentando de volver a matar -con el silencio y ocultación- a las víctimas del genocidio. Se calcula que entre los muertos en combate y las víctimas no combatientes, en la Vendée fallecieron cientos de miles de personas. Y Secher calcula que el 50% de las viviendas fueron derruidas a la par que los campos -el sustento de la población- fueron arrasados.
¿Hubo otras resistencias similares?
Sí, pero sin tanto peso y contundencia. Al norte de la Vendée, en la Bretaña francesa, se produjeron también levantamientos, pero no tanto como un ejército, sino como guerrillas. Fueron los conocidos como Chouanes. También en la Normandía. En Lyon, con motivo de la resistencia de algunos girondinos frente a las depuraciones de Robespierre, se levantaron contra París. Pronto ese movimiento de resistencia fue liderado por los gremios de obreros católicos y monárquicos de Lyon.
La Convención parisina decretó también el aniquilamiento de Lyon y la supresión de su nombre de todos los mapas y documentos oficiales. Se empezó a derruir físicamente la ciudad, pero la caída de los jacobinos impidió semejante salvajada. En el Rosellón francés, los campesinos se sumaron a las tropas españolas que entraban por el sur con motivo de la ejecución del Rey. Tras la derrota de las tropas españolas sufrirían la represión revolucionaria. O también, en el país vasco-francés, muchas poblaciones fueron acusadas de ser fanáticos católicos y pro españoles. Se decretó su traslado masivo a zonas pantanosas. Más de 2.000 murieron por enfermedades en las ciénagas a las que habían sido arrastrados.
¿Se está recuperando la verdadera memoria histórica?
Estamos acostumbrados a sesgadas memorias históricas. En el caso de la Vendée se puede decir que se ha conseguido romper la espiral de silencio. A Secher le han seguido otros valientes historiadores. La región, que durante casi doscientos años quedó subsumida en un silencio que atenazaba su inconsciente colectivo, ahora está orgullosa de sus antepasados. Cada verano miles de jóvenes peregrinan rezando por los caminos que recorrieron las columnas infernales. En las parroquias se conservan vitrales rememorando las gestas militares. Ahí ha nacido el ya conocido parque temático Puy de Fou con la intención de reivindicar la historia cristiana de Francia y preservar la memoria del genocidio vendeano. Fruto de esas iniciativas ha salido la película “Vencer o Morir”, o cómics para niños y jóvenes, estudios, libros, en fin hay un renacer que coincide con la profunda crisis de identidad que sufre Francia. Mi libro es un humilde tributo a esos mártires que pretende, de modo divulgativo, dar a conocer sus gestas y reflexionar sobre lo que nos ha traído la modernidad.
¿Alguna última cosa a añadir? ¿qué podemos hacer?
En una visita del Cardenal Sarah a Puy de Fou, en la homilía de la Santa Misa que celebró, llamaba a no olvidar nunca a esos mártires y los comparaba con el genocidio que están sufriendo los cristianos en África. En eso coinciden el Islam y la modernidad, en el declarado odio al cristianismo. Una manifestación de ese odio se expresa actualmente en los continuos ataques a la familia. Para la modernidad, decía Sarah-, “Las familias son hoy como otras vendées a las que hay que exterminar”. Y culminaba con un llamamiento: “En adelante, en el corazón de cada familia, de cada cristiano, de cada hombre de buena voluntad, debe librarse una `Vendée interior´. ¡Todo cristiano es espiritualmente un vendeano!”. Y eso es lo que podemos hacer: tomando su ejemplo, hemos de forjar un corazón resistente como aquellos vendeanos, frente a las tempestades anticristianas de la modernidad.
Fuente: Infocatólica.

Habiendo visto algunos videos de Javier Barrycoa por youtube debe ser interesantísimo su libro sobre el Protestantismo, que espero conseguir y leer.
Pablo Casaubon
Para la modernidad, decía Sarah-, “Las familias son hoy como otras vendées a las que hay que exterminar”. Y culminaba con un llamamiento: “En adelante, en el corazón de cada familia, de cada cristiano, de cada hombre de buena voluntad, debe librarse una `Vendée interior´. ¡Todo cristiano es espiritualmente un vendeano!”. Y eso es lo que podemos hacer: tomando su ejemplo, hemos de forjar un corazón resistente como aquellos vendeanos, frente a las tempestades anticristianas de la modernidad.
Estas palabras podrían prologar tranquilamente el libro «Una Familia de Bandidos en 1793» de Maria de Sainte-Hermine. Para los que no lo leyeron, se los recomiendo encarecidamente. Está publicado en Argentina por Vórtice. En España lo editaron Gaudete y Homo Legens.
The Seafarer
Respecto a la Revolución Francesa, y su terna de Libertad, Igualdad y Fraternidad, hay un tema que está intrínsecamente relacionado con este artículo y que absolutamente nadie -hasta el día de hoy- ha considerado.
Los hombres vivían anclados a la tierra que les vio nacer, y eso era contrario a la naciente industria de finales del XVIII, luego había que darle «libertad de movimiento», para que ingresaran en el tejido industrial.
Pero como esto no era suficiente, a igualdad de trabajo, debía concurrir igualdad de salario, para poderlos arrancar de su tierra, de su campo.
Y por último, la fraternidad no es otra cosa que el trabajo codo con codo en espacios reducidos que provocaba y promovía la incipiente industria.
En esencia, la Vende es consecuencia de la Revolución Industrial, que se hizo contra el campo, y en última instancia, contra el campesino. El daño a la Iglesia católica en sus almas, fue colateral, por estar el campesinado universalmente incardinado en el ente parroquial del que lo forzaron a salir hacia el régimen industrial.
P.S. Este breve comentario es un dislate, pero hemos de ver y reconocer que no son «Derechos Humanos», sino que esa terna representa el «Derecho Industrial del Obrero Moderno». Los juicios siempre se han de hacer con todas las pruebas sobre la mesa. La masacre de la Vedee, fue promovida por la industria, fue una Revolución Industrial en su ámbito social.
Esto es anterior a la revolución industrial que, en este momento, estaba pasando en Inglaterra, pero no todavía en Francia.
Es cierto que en Francia ya había una estructura preindustrial importante (manufactura y comercio), por ejemplo en Lyon, Burdeos, Marsella, Tolouse…pero no en la Vendée que era una región agrícola.
Creo recordar que fue una región que recibió muy bien la revolución, pero que todo se torció cuando el gobierno revolucionario de París ordenó levas masivas de jóvenes para luchar fuera de la región. Lo segundo fue el problema de los sacerdotes que prestaron juramento a la Constitución y que de hecho les convertía en una especie de sacerdotes protestantes (dependientes del gobierno y no de la Santa Sede)
Respecto a que la política económica (usted dice «revolución industrial») se hizo contra el campo es justamente lo contrario. Fueron los llamados «fisiócratas», que querían fomentar la riqueza de la tierra; en contra de los mercantilistas, que querían fomentar el comercio y la manufactura.
(y el tiempo demostró que los fisiócratas estaban totalmente equivocados: lo que ha enriquecido a los países ha sido el comercio y la industria; esto es, el ser capitalistas)
Una de las medidas más importantes que los revolucionarios hicieron, con la excusa de pagar el papel moneda («assignats») que se había hundido por emitir demasiado, en una grave crisis crediticia del Estado, que ya no podía pagar su deuda pública, fue precisamente el robo a la Iglesia y a los nobles huidos sus tierras, a los municipios las tierras comunales y al Estado sus propiedades. Y luego sacarlas en subasta en bloque para que bajase el precio de adquisición.
En realidad era para que los hombres de la revolución se hiciesen ricos e imitasen a los ociosos nobles.
Esto hizo que los intereses de esta nueva clase política no fueran ni el comercio ni la manufactura, sino la agricultura. El problema es que la agricultura, que quiere protección para sus productos y libre comercio para los productos industriales tiene intereses contrapuestos a la industria que necesita materia prima (como los productos agrícolas) barata, pero protección para lo que fabrica. Esto se tradujo en la práctica en una paralización del incipiente desarrollo industrial. (a parte, el caos que trajo la revolución produjo una paralización económica de 20 años)
Lo que si hizo la revolución es quitar, en nombre de la libertad, todas las barreras legales, sociales, eclesiásticas y gremiales que protegían al individuo, que le dejaron a él y a su familia a merced del rico.
Por otra, la mitificación de la revolución francesa enseñó a los pobres (y el 90% de la población de París era pobre) que juntos podían derribar al gobierno y gobernar a favor de sus intereses. De aquí saldrá la experiencia de la Comuna y posteriormente los regímenes comunistas…en contra de la misma clase política que hizo la revolución, que fue la burguesía, no los proletarios.
Por cierto, que si la revolución se hizo para no pagar la enorme deuda pública francesa (de la que buena parte estaba en manos de banqueros protestantes suizos, holandeses e ingleses) -en concreto para evitar que el Rey se declarase en bancarrota, arruinando completamente a los tenedores-, hay que señalar que cuando terminó todo los banqueros extranjeros recuperaron su dinero e hicieron un negocio redondo. Como siempre pasa.
Hay muchos genocidios (y otras atrocidades) „olvidados“, banalizados o simplemente silenciados. El de La Vendée es uno de ellos. Hasta ahora, que yo sepa, sólo algunos historiadores franceses se habían ocupado del tema. Supongo que éste es elprimer trabajo en español que trata de aquellos hechos. Es muy meritorio investigarlos y divulgarlos. Ahora bien, lo que no es aceptable es la rememoración de hechos históricos por intereses políticos contemporáneos estableciendo paralelismos más o menos forzados y despertando rencores. Las “memorias históricas” suele ser pretextos para sembrar cizaña. Lo hemos visto en España, donde el nefasto movimiento de “memoria democrática” iniciado por Zapatero y sus seguidores ha llevado a una radicalización primero de la izquierda y luego, como respuesta, de la derecha, destrozando la obra que tanto franquistas como republicanos, con el apoyo de la inmensa mayoría de la población, llevaron adelante hace medio siglo para lograr la reconciliación, evitar una nueva guerra civil y alcanzar una convivencia pacífica. Reeditar discordias no es “memoria histórica”, sino todo lo contrario: es no haber aprendido nada de la historia. En este sentido, parece poco recomendable lo que se insinúa en los últimos párrafos. Por mucha admiración que justamente sintamos por los vendeanos de hace más de dos siglos, la comparación con la situación actual es absurda: en Europa no hay crímenes en masa contra católicos ni nada semejante. En los últimos años en Francia hubo algunos atentados contra sacerdotes católicos. Comparar eso o los problemas de las familias tradicionales (por importente que todo esto sea) con las masacres de La Vendée es como comparar la guerra de las Malvinas con la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, es lamentable que haya tantos católicos ciegos, sordos y mudos cuando se trata de los sufrimientos de los cristianos en Tierra Santa: ataque contra la parroquia de Gaza, destrucción sistemática de aldeas cristianas en el sur del Líbano, usurpaciones y ataques repetidos contra la última ciudad cristiana en la Cisjordania (Taybeh), continuas agresiones a religiosos en las calles de Jerusalén, cierre forzoso de la Iglesia del Santo Sepulcro en Semana Santa y toda clase de afrentas. En 1948 los cristianos sumaban el 12,5% de la población total en Palestina, en 2024 apenas eran el 1,8%, lo que significa una reducción de más del 80% en menos de 80 años. Si hoy hay una Vendée, está en Tierra Santa.
La «memoria democrática» de Zapatero fue simplemente copiar como estrategia electoral lo que las izquierdas estaban utilizando en Estados Unidos para evitar que el votante negro (que tiende a ser muy conservador) vote al partido republicano.
Así nació el «movimiento WOKE» y, en este caso concreto, reinterpretar la guerra civil norteamericana como una guerra entre negros buenos y racistas blancos malos (a pesar de que hasta el P. Kennedy, los racistas, segregacionistas, miembros del KKK eran los del partido demócrata; los que estaban en contra de la esclavitud, los abolicionistas, el Partido de Lincoln, que liberó a los esclavos…eran los republicanos. ¡Y eso que la guerra civil norteamericana termino en 1865!
Es decir, que lo que estaban haciendo los ingenieros sociales de SOROS era utilizar la llamada «praxis revolucionaria» para crear opresores y oprimidos (y que estos hagan la revolución a sus órdenes para liberarse). Solo que en vez de utilizarla como siempre con burgueses «opresores» y proletarios «oprimidos» para hacer la revolución comunista (ya no hay proletarios hasta que funcione su de-crecimiento de la economía ) la van a utilizar enfrentando negros con blancos, mujeres contra hombres, homosexuales contra heterosexuales, indígenas contra «europeos»…
Con la misma idea y la técnica para hacer revoluciones -la praxis revolucionaria- los estrategas elecorales de Zapatero inventan un relato todo falso con buenos y malos. Y se inventan toda la historia del «abuelo» de Zapatero.
La guerra civil española fue la reacción natural a un intento del Partido Socialista Obrero Español de, imitando a los bolcheviques rusos, dar un golpe de Estado e implantar su dictadura del «proletariado» (realmente de los burgueses políticos del partido socialista). Fracasaron en el golpe de Estado de 1934 y dieron un pucherazo electoral en 1936 haciéndose con el poder y masacrando a la oposición (empezando por los que restauraron el orden público tras el levantamiento socialista de 1934, que fueron cruelmente asesinados)
Es decir, que Franco no se levantó en armas contra el gobierno legitimo y democrático republicano. Franco (y media España, que le apoyó ) se levantó en armas contra el gobierno ilegítimo e ilegal de la coalición de izquierdas y masonería llamada «Frente Popular» (coalición ordenada por Stalin a los partidos de izquierdas europeos para alcanzar el poder político «democráticamente» y desde ahí hacer la revolución); coalición que ya había destruido el régimen republicano (porque era «burgués»). Y se levantaron en armas para salvar la vida; no porque eran «malos».
El problema no está ahí, sino que el líder del partido de la derecha, José María Aznar, condenó en el parlamento el alzamiento de Franco «contra el régimen democrático y legítimo de la república» y bla, bla, bla.
Y con esa falsedad, que parecía nimia, abrió las puertas del infierno, descalificando de un plumazo todos los triunfos de Franco en el terreno económico, social, cultural…y deslegitimando todo lo que vino de Franco: la monarquía y la Transición.
Peor todavía, porque hoy como en 1931, «la república será de izquierdas o no será» (dicho por Azaña); es decir, que las derechas no tienen derecho a existir.
Sin embargo esta mentira interesada de Aznar (para que no le acusen ¡Oh horror de los horrores ! de «FRANQUISTA» ya lo hizo antes la Conferencia Episcopal de la Iglesia Católica de España, que pidió públicamente perdón por «no haber sabido ser elementos de concordia, fraternidad y reconciliación», a pesar del genocidio católico que cometió el gobierno frentepopulista, con miles de iglesias y conventos incendiados hasta los cimientos y de que Franco les salvó literalmente del exterminio por martirio
(a veces con torturas realmente horrorosas, como lo que le hicieron al seminarista Duarte, que le detienen, le fuerzan a pecar, como no tienen resultados le castran, le abren en canal -estando vivo-, le echan gasolina y le queman vivo. Murió perdonando a sus asesinos. Ese joven no había echo mal a nadie. No fue el único ni mucho menos…
Y todavía esa gentuza interesada gimotea como mujerzuelas con que «no supieron ser elementos de concordia, fraternidad y reconciliación». A sabiendas de que Franco les reconstruye las iglesias, les devuelve sus colegios incautados y les da un régimen privilegiado, empezando por tener un sueldo del Estado y un fuero propio. Y encima declara España oficialmente católica y les da la censura moral sobre todas las obras literarias, artísticas o exhibidas en teatros y cines.
El genocidio católico de los frentepopulistas (coalición principalmente de socialistas, anarquistas y masones) asesinó a unos 12.000 católicos documentados (la mayoría en uno o dos meses)
Entre ellos 283 monjas (124 fueron violadas antes de martirizarlas); 4.184 sacerdotes; 13 obispos y 2.365 religiosos.
(no hubo aparentemente víctimas jesuitas, porque el gobierno republicano les había expulsado antes de España, incautándole sus casas, colegios y Universidad )
Pablo VI prohibió que se abriesen procesos canónicos para declararlos santos.
Estos procesos empezaron con Juan Pablo II y ya han sido declarados santos y beatos varios cientos de ellos.
¿Quién era el Beato Juan Duarte Martín?
Nació en Yunquera (Málaga) el 17 de marzo de 1912. Sus padres se llamaban Juan y Dolores.
Entró en el Seminario de Málaga en el 1924-1925. Se ordenado subdiácono en Granada y diácono en Málaga en el año 1936.
Oculto en su domicilio familar, Calle Adelante 31 de Yunquera, fue delatado por una vecina que lo descubrió, siendo detenido por vecinos del pueblo y milicianos de la F.A.I. Fue conducido con los seminaristas, José Merino Toledo y Miguel Díaz Jiménez, a El Burgo, donde quedaron Merino y Miguel, y a él lo llevaron a Álora, donde fue entregado al Comité, y su presidente, Miguel Cárdenas, lo puso en manos de la patrulla de Antonio Sánchez Portela «El Chato» y de Antonio Ortíz Romero «El Melena».
Estos le hicieron sufrir horribles torturas, como la aplicación de corriente eléctrica en sus genitales y la introducción de pequeñas cañas debajo de sus uñas, pasearlo por las calles del pueblo desnudo con un palo en el ano para diversión de la chusma, e intentando que blasfemase.Tambien era violado analmente a diario por todo aquel que lo desease (se dice que fue penetrado por mas de 200 «hombres».Tambien le obligaban a comer en un cuenco de perro… Finalmente «El Chato» le sego pene y testiculos con una navaja y los entregó a Inés Cuenca Palomo «La nona». Ésta, exhibiéndolos en un plato y decía: «Si va a ser cura ¿para qué los quiere?». Después, se los entregaron a Frasquita, la posadera, para que se los friera, pero ella se tapó la cara, y el miliciano los echó a un perro, que no los quiso. Tras esto, Frasquita mandó a su hijo Pepe: «Toma eso y lo entierras en la cuadra que es de un santo».
Después lo llevaron a un arroyo llamado «Bujía», pero como seguía diciendo ¡Viva Cristo Rey» le cortaron la lengua, le abrieron en canal, le rociaron con gasolina y le quemaron vivo. En la exhumación su cadáver presentaba tres heridas de armas de fuego en la cabeza y una en el pecho, además de la amputación de genitales y apertura del vientre, con mucha sangre, no derramada sino cuajada por el fuego. Su cadáver, enterrado en el lugar del martirio, fue exhumado en el año 1937 y trasladado al cementerio de Yunquera, donde estuvo hasta su traslado al templo parroquial. Fue Beatificado en Roma el 28 de octubre de 2007.
¡Cuánto dolor sufrieron estas naciones!… hasta que finalmente, parece, las quebraron. El triunfo de los malvados resulta no pocas veces insoportable para quien ama la justicia. Una y otra vez nos preguntamos ¿por qué a la gente buena le pasan cosas malas? ( cuestión del libro de Job). No queda otra y entender que, de lo contrario «.. la vida no sería un misterio para vivir sino un problema que resolver, no una historia de amor, sino una novela policial, no una tragicomedia sino una fórmula» ( Peter Keeft). En fin, «fecisti nos ad te e inquietum est cor nostrum, donec requiescat in te» (San Agustín)
«[…] Hemos luchado la larga derrota» – Galadriel
Ahora está de moda hablar de La Vendée, pero la mayor cruzada moderna fue la que tuvo lugar en España entre 1936 y 1939. Y, además, fue la única cruzada moderna que terminó con victoria de los cruzados.
Lo cortés no quita lo valiente.
Aún hoy el gobierno francés, evita el asunto, se trata de un genocidio «franco-frances» involucraria mas de 200.000 asesinados, y la mentira de «Liberte, egalite, fraternite» El Cardenal belga Leo Suenens, en las postrimerias del Vat II, eufórico dijo una frase que sería profetica: «El Concilio es la Revolución Francesa dentro de la Iglesia», y «Libertad, Igualdad, Fraternidad», hoy es un «todos, todos, todos» ….o tal vez un «somos todos iguales pero hay unos mas iguales que otros»
El CV II y la Revolución:
Es que la Revolución Francesa es el mito fundador del sistema político francés y el principio del gobierno secreto de las logias (en nombre de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad ); por eso las logias consideran que ese es el principal acontecimiento de toda la historia de la humanidad (a pesar de que eso no existe en el mundo anglosajón ni en el resto de las culturas del mundo -islámica, china, indú…) y así lo celebran todos los años.
Recuerda que Francia es una república (no tiene un rey hijo de rey), pero no una democracia (la masonería es una organización secreta, muy jerarquizada y que exige obediencia total a sus miembros: su maestre secreto es como un rey absoluto, pero su poder es temporal, no vitalicio, y no se hereda)
Entonces no querrá usted que el mismo gobierno denuncie la estafa de toda esta farsa anticatólica, ¿verdad?. Deslegitimizarían su propia existencia y su derecho a gobernar a la nación.