Algunos comentarios sobre la visita del Papa a Argentina

El lunes pasado se conocieron detalles de la visita del Papa León XIV a la Argentina: logo, lema e himno, y el programa de la visita. Bien vale la pena detenerse, aunque más no sea superficialmente, en estas cuestiones como para tomar la temperatura del estado episcopal.

Sobre el lema y logo, puede leerse el documento preparado por los prelados argentinos. Les ahorro la lectura y se los resumo: «Kerygma con acento porteño”; «Cristo, pero fraterno”; «El Evangelio de la grieta”; “Diversidad como núcleo evangélico”. 

Mis fuentes me confirman que hubo una propuesta previa, al menos del lema, que fue rechazada personalmente por el Papa León. Había salido de una empresa de publicidad que se había ofrecido generosamente a los obispos para manejarles el tema. Se dice que el lema original decía simplemente: «Bienvenidos todos». Podía pasar por el lema publicitario de un bar gay o de una asociación vecinal por la diversidad. El Papa ordenó que le agregaran «Vayan y anuncien». Y así quedó.

Y el logo quedó como quedó; por lo menos se distingue una cruz y no aparecen los colores del arco iris. Pero los logos elegidos por los obispos uruguayos y peruanos son muy superiores, en la gráfica y en el sentido católico de lo que expresan. Llama la atención particularmente el de Perú, donde aparecen Santa Rosa de Lima, santo Toribio de Mogrovejo, san Martín de Porres, san Francisco Solano y san Juan Macías, hombres y mujeres insignes que representan a la Iglesia con su enorme legado de evangelización y servicio a los más necesitados.

En el caso del logo argentino, todo es indefinido: desde los suaves y poco masculinos tonos pastel hasta la cruz desdibujada que, para más inri, la forman “personas de distintos tamaños, formas y tonalidades”. Es decir, no es más que la indefinición propia del cristianismo aguado que nos proponen los obispos sinodales argentinos.

Por otro lado, ayer se presentó la canción oficial, elegida luego de un concurso público. Los autores de letra y música no son ni San Ambrosio, ni Prudencio ni Venancio Fortunato. Son dos cordobeses que poseen en su haber ya varias producciones memorables, por ejemplo «Quédate con el perro«, o esta otra que aún no tiene nombre. Parece una broma; ¿cómo es posible que los clérigos y los obispos no sean capaces de la mínima discretio para elegir algo tan relevante como un himno que resonará machaconamente durante semanas y será oído por millones de argentinos? ¿Cómo confiarle semejante tarea a dos lúmpenes de la música barrial? Es incomprensible.

La letra es pavorosa: lo que se repite una y otra vez es: «¡hay lugar para todos!«. Sí, la Iglesia ha quedado reducida a un resumidero donde se amontona todo, sin exigencias de adherir a la fe, sin propósitos, sin arrepentimiento, sin nada que la caracterice como un grupo cristiano. Su objetivo es amontonarse por el amontonarse mismo.

Y Argentina en su «intento de ser Iglesia» es otro de los lemas de la canción y la insistencia de que «es tiempo de que Argentina se levante.» No «es tiempo de convertirse», no «es tiempo de la santidad»: es tiempo de que se levante un país. La súplica religiosa se resuelve, otra vez, en clave de resurgimiento nacional. «Bienvenido todo el mundo, en esta mesa hay lugar para todos» completa el cuadro con la hospitalidad de siempre, cálida y sincera, pero desprovista —también aquí— de cualquier mención al pecado, la conversión, la Eucaristía, la vida eterna: todo lo que, en sentido estricto, hace que valga la pena que venga un Papa y no un embajador de buena voluntad.

Pero hay un verso que a todo católico le suena mal: «Hoy la Iglesia no descansa, testimonio y alabanza; el que sufre es la piedra angular para edificar nuestra Iglesia«. «Piedra angular» no es una metáfora libre que cualquiera pueda aplicar a lo que más le conmueva: es un título mesiánico preciso, acuñado en el Salmo 117,22 —»la piedra que desecharon los edificadores se ha convertido en piedra angular»— y el propio Cristo se lo aplica a sí mismo ante los sumos sacerdotes y los fariseos, cerrando la parábola de los viñadores homicidas con una pregunta que no deja margen de interpretación: «¿nunca habéis leído en las Escrituras…?» (Mt 21,42). Pedro lo repite ante el Sanedrín (Hch 4,11), Pablo lo retoma en Efesios (2,20). En las cuatro apariciones del texto, sin excepción, la piedra angular es una sola Persona: el Rechazado que Dios convierte en fundamento. El himno oficial de la visita toma ese título —reservado, en toda la Escritura, exclusivamente a Cristo— y lo entrega a una categoría genérica: «el que sufre». Ya no es Cristo la piedra angular, sino todo el que sufre. Hasta yo mismo, cuando tengo dolor de muelas, soy piedra angular que estoy edificando la Iglesia… No es lo mismo decir que Cristo, Piedra rechazada, es el fundamento de la Iglesia, que decir que el sufrimiento humano en general ocupa ese lugar. Lo primero es cristología; lo segundo, por noble que suene, es otra cosa, y esa sustitución silenciosa retrata mejor que cualquier documento oficial hacia dónde se ha ido desplazando, verso a verso, el centro de gravedad de esta preparación de la visita pontificia.

Con respecto a la música, no vale la pena siquiera comentarla. Les propongo simplemente que la comparen con el himno del Congreso Eucarístico de 1934. La diferencia es brutal y demuestra no solamente la pérdida absoluta del sentido estético y religioso de los obispos argentinos en menos de un siglo sino, en el fondo, que estamos frente a una nueva religión.

En cuanto a la agenda de las actividades que desarrollará el Papa en Argentina, hay varios puntos para destacar. Desde que la noticia de la visita se confirmó, comenzaron las presiones para que el pontífice adoptara una agenda política afín al peronismo, lo que es lo mismo decir, afín a la agenda política de los obispos. No sólo se habló de que se reuniría con los movimientos sociales en una villa de emergencia sino que el lugarteniente de Juan Grabois viajó a Roma a hacer gestiones en este sentido. Pues bien, los movimientos sociales —que no son más que agrupaciones de izquierda teñidas de sociologismo cristiano—, que tanto protagonismo tuvieron durante el pontificado de Francisco (es cuestión de recordar el circo que montaron con motivo de su visita a Bolivia en julio de 2015), serán recibidos junto a empresarios y sindicalistas en el auditorio de la Pontificia Universidad Católica Argentina, sita en el ostentoso barrio de Puerto Madero. Esta decisión ha sido una baldazo de agua fría no sólo para Juan Grabois y los delincuentes que lo secundan, sino para los obispos y curas peronistas que preparaban un espectáculo nacional y popular en la Villa 31.

Otro dato que cayó muy mal entre las testas mitradas, fue que no habrá ningún homenaje a Francisco. El Papa León mencionará a su antecesor como corresponde porque es de bien educado ser agradecido —sin Bergoglio, Prevost seguiría siendo un desconocido fraile agustino del montón—, pero no habrán homenajes ni simulacros de canonizaciones. A lo sumo, antes de las vísperas en la catedral metropolitana, habría un brevísimo recordatorio. Mons. García Cuerva ya se atajó al respecto: «El Papa León XIV es sucesor de Pedro, es el pastor universal; no viene a reemplazar a Francisco ni tampoco la idea es darle la centralidad a Francisco, que por supuesto lo queremos mucho, pero ahora el que viene es el Papa León»

Finalmente, la agenda confirma la vigilia de los jóvenes en el Monumento de los Españoles. Según se comenta, la CEA habría querido suprimirla, no se sabe bien con qué razones. Y, como negociación, habrían propuesto al Vaticano hacerla sin adoración al Santísimo Sacramento, que es como se hace en todo el mundo. En pocas palabras, proponen hacer una pijamada. Veremos cómo termina aunque, con Santísimo o sin Santísimo, si dejan la organización en manos de los “animadores pastorales” adictos, podemos prepararnos para pasar vergüenza ajena y propia.

Veremos qué ocurre con la liturgia. Los obispos ya saben que no pueden hacer ninguna locura: lo han dicho claramente, y la Oficina de las Celebraciones Pontificas tiene la supervisión; algo garantizará, pero yo no me fío.

4 comentarios en “Algunos comentarios sobre la visita del Papa a Argentina”

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    ¿O sea que dejaron el lema en manos de una empresa de publicidad? ¿No podían idear alguno?

    Se le pasó la imagen de la recepción de la sagrada Comunión en la mano, don Wanderer.

    Augustinus

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    ¿Por qué tanta insistencia con el «todos»? Cansan.

    No tienen otro mensaje que la «inclusión», que, correctamente entendida es algo bueno.

    Pero en boca de esta gente eso es sinónimo de «permisividad».

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Querido Wanderer: gracias, como siempre, por otro sublime artículo. No puedo dejar de confesarle una preocupación que me acompaña desde hace tiempo: temo recorrer tantos kilómetros con mi familia para asistir a la Santa Misa en el Monumento a los Españoles y encontrar allí un clima que termine siendo una experiencia dolorosa para nosotros. Después de hacer habitualmente 120 km cada fin de semana para poder participar de una Misa dignamente celebrada, me preocupa especialmente que, al momento de acercarnos a comulgar, mi familia tenga que presenciar gestos de rechazo o incluso que se nos niegue la Sagrada Comunión por arrodillarnos. Más allá de lo que esto pueda significar personalmente para mí, me preocupa el efecto que semejante escena pueda tener en mis hijos. Uno quisiera que la Santa Misa fuese para ellos un lugar de reverencia, belleza y encuentro con Nuestro Señor, y no que terminen asociándola con disputas, gestos de desprecio o situaciones que puedan resultarles escandalosas.

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