por François Savy
En su artículo ¿Para cuándo la paz litúrgica?, publicado en la edición de julio-agosto de 2025 (n.º 382) de La Nef, Christophe Geffroy planteaba una pregunta a la que las ordenaciones sacerdotales recientemente conferidas en el seno de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X dan un relieve especial. En él defendía la igualdad en «valor y santidad» de las dos formas del rito romano, y reprochaba a los «sacerdotes que rechazan toda celebración del novus ordo que cuestionaran ese valor y esa santidad «porque consideran que esta liturgia es “deficiente”». Ahora bien, resulta que el Dicasterio para la Doctrina de la Fe mencionó precisamente la «legitimidad del Novus Ordo Missae» en el preámbulo del procedimiento que permite a los clérigos de la Fraternidad San Pío X volver a la plena comunión tras las ordenaciones (2026-07-02-Prassiriconciliazione.pdf).
Por lo que puedo juzgar, este concepto de legitimidad aplicado a la liturgia es de uso relativamente reciente. Se conocían los conceptos clásicos de validez y licitud. Parece que fue el papa Juan Pablo II quien la introdujo, a través de la Congregación para el Culto Divino, con Quattuor abhinc annos (3 de octubre de 1984), estableciendo como condición para la facultad de hacer uso del indulto
«que quede bien claro que estos sacerdotes y fieles no tienen nada que ver con quienes ponen en duda la legitimidad y la rectitud doctrinal del Misal Romano promulgado por el papa Pablo VI en 1970, y que su postura sea inequívoca y esté públicamente reconocida. »
Parece que estas condiciones no eran tan fáciles de cumplir, ya que monseñor Marcel Lefebvre asumió estos compromisos en el protocolo de acuerdo del 5 de mayo de 1988:
«3. En cuanto a ciertos puntos enseñados por el Concilio Vaticano II o relativos a las reformas posteriores de la liturgia y del derecho, y que nos parecen difícilmente conciliables con la Tradición, nos comprometemos a mantener una actitud positiva de estudio y diálogo con la Sede Apostólica, evitando toda polémica. 4. Declaramos además que reconocemos la validez del Sacrificio de la Misa y de los Sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que quiere la Iglesia y según los ritos indicados en las ediciones típicas del Misal y de los Rituales de los Sacramentos promulgados por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II. »
En estos compromisos no hay rastro alguno de una legitimidad que se deba reconocer al Novus Ordo Missae. Ahora bien, este protocolo de acuerdo es el fundamento sobre el que se estableció desde el principio la relación entre la Fraternidad Sacerdotal San Pedro y Roma.
Estos compromisos asumidos por Monseñor Lefebvre, y aceptados en nombre del Santo Padre por el cardenal Josef Ratzinger, constituyen la base común de las sociedades de vida apostólica o comunidades Ecclesia Dei —al menos de las tres «históricas»: la Fraternidad Sacerdotal San Pedro, la Fraternidad San Vicente Ferrer y la abadía de Santa María Magdalena de Barroux— en su relación con Roma. En justicia, sólo se les debería exigir el reconocimiento de la validez del Sacrificio de la Misa según la nueva liturgia, y aun así, únicamente según las ediciones típicas.
Lo que Josef Ratzinger, cardenal de la Santa Iglesia Romana, había aceptado en 1988, el Santo Padre Benedicto XVI no podía ponerlo en duda. Por lo tanto, no es el motu proprio Summorum Pontificum (7 de julio de 2007) el que volverá a poner sobre la mesa la cuestión de la legitimidad, sino bien la instrucción de aplicación del motu proprio del 30 de abril de 2011, en su artículo 19:
«Los fieles que soliciten la celebración de la forma extraordinaria nunca deben apoyar ni pertenecer a grupos que nieguen la validez o la legitimidad de la Santa Misa o de los sacramentos celebrados según la forma ordinaria […]».
Así, con la instrucción de aplicación del motu proprio Summorum Pontificum, la cuestión de la legitimidad de la nueva liturgia regresaba tras un paréntesis de 23 años. Evidentemente, este artículo 19 no podía dejar de suscitar interrogantes sobre el sentido que debía darse al término «legitimidad» y, por lo tanto, preguntas en forma de dubia dirigidas a la Comisión. La respuesta de la CPED, con fecha del 23 de mayo de 2012 (ref. Prot. 156/2009), consistió en afirmar que la legitimidad debía entenderse como estrictamente equivalente a la licitud. Evidentemente, se trataba de una respuesta minimalista y de la solución más conciliadora, aquella que evitaba rechazar a las tinieblas exteriores a todos los indeseables de mi calaña que, a pesar de todos sus esfuerzos y de toda su buena voluntad, haciendo uso de sus sentidos y de su inteligencia, no podían resignarse a seguir las imposiciones igualitarias.
De manera bastante lógica y sin sorpresa, el motu proprio Traditionis Custodes, al retomar la cuestión de la legitimidad en su artículo 3, remachó el clavo el 16 de julio de 2021:
El obispo, en las diócesis donde hasta ahora existen uno o varios grupos que celebran con el Misal anterior a la reforma de 1970 […] debe velar por que dichos grupos no excluyan la validez y la legitimidad de la reforma litúrgica, de los escritos del Concilio Vaticano II y del Magisterio pontificio;
No es juzgar las intenciones del papa Francisco imaginar que tenía en mente una definición de la legitimidad mucho menos conciliadora que la de la simple licitud, a la que la Comisión había pretendido asimilarla en 2012: el contenido general del documento, su tono, dejan entrever una concepción mucho más restrictiva y, paradójicamente, más tradicional, a pesar de sus graves debilidades —injusticia de la intención que presidió su redacción, inaplicabilidad parcial derivada de sus incoherencias, irracionalidad jurídica (véase El motu proprio Traditionis Custodes a prueba de la racionalidad jurídica — Réginald-Marie Rivoire).
Y, si en ese entonces hubiera afirmado que la legitimidad del Novus Ordo Missae, mucho más allá de la simple licitud, debía juzgarse a la luz de su adecuación al Bien Común objetivo de la Santa Iglesia, pues bien, habríamos estado plenamente de acuerdo con él, especialmente en lo que respecta a la Lex Credendi —tuvo el mérito de recordar ese vínculo entre la ley de la oración y la ley de la fe—. Es igualmente cierto que, con Traditionis Custodes, los rebeldes de mi clase corrían nuevamente, tras años de relativa impunidad, el riesgo de ser puestos al margen.
El protocolo de acuerdo de 1988 nos muestra, si fuera necesario, que los dos signatarios —y, como es de imaginarse, el propio Juan Pablo II— o bien admitían siquiera la posibilidad de una deficiencia en el nuevo rito, o bien no consideraban inapropiado ni absurdo debatirlo. Aparentemente, ninguno de los signatarios veía en ello un ataque al dogma de la indefectibilidad de la Iglesia.
Que el Novus Ordo Missae presente «deficiencias en su esencia litúrgica», por utilizar una fórmula muy querida por cierto padre de Chémeré-le-Roi, es algo que se puede demostrar y es razonable sostenerlo. Otros, mucho más eminentes, comenzando por los cardenales Ottaviani y Bacci (también puede leerse con provecho este texto, tomado de LA PENSÉE CATHOLIQUE N.º 122 del cuarto trimestre de 1969), se han dedicado a ello, y no es necesario volver sobre ello. Destacamos el ofertorio, degradado a una simple presentación de las ofrendas; la sustitución de una plegaria sacrificial (el canon) por numerosas y desiguales plegarias denominadas eucarísticas; y la modificación de las palabras de la consagración (tanto el texto como el contexto ritual). Todos estos elementos contribuyen objetivamente a difuminar nada menos que el dogma de la presencia real de Cristo, la oblación y la inmolación de su sacrificio redentor (propiciatorio) y, finalmente, el poder sacramental ministerial del sacerdote, o incluso a insinuar una interpretación errónea de los mismos. ¿Cuáles son las consecuencias? El Novus Ordo Missae dispone menos adecuadamente a las almas para recibir todos los frutos del sacrificio divino; disminuye el testimonio de la fe y la manifestación de la gloria de Dios que toda acción litúrgica requiere, dejando la puerta abierta a una interpretación protestante. Antropocéntrico y centrado en la presencia de los fieles, expresa en menor medida las dimensiones sacrificial, propiciatoria y cultual de la misa, así como la adoración a Dios, a quien se ofrece el sacrificio, por limitarse al caso del ministro que celebra según las ediciones típicas. Un ejemplo muy concreto de los efectos de esta deficiencia y de esta ambigüedad lo proporcionó un estudio estadounidense sobre la creencia en la Presencia Real.
Así, por decirlo con cautela, se puede sostener que el Novus Ordo contribuye de manera menos poderosa y menos segura que el usus antiquior u otros ritos venerables, como el rito dominicano, al bien común de la Iglesia (ordenado a la gloria de Dios y a la santificación de las almas). Y es igualmente válido afirmar que el Novus Ordo no es el resultado de un desarrollo orgánico, sino más bien el producto del trabajo de académicos y expertos, fruto de un proceso antilitúrgico: si se tomara como criterio de legitimidad la forma en que se elabora un rito, el Novus Ordo no pasaría la prueba. Como escribe el futuro Benedicto XVI,
«el nuevo misal se publicó como una obra revisada por profesores y no como el momento de un crecimiento continuo. Nunca antes había ocurrido algo semejante […]» (en Teología de la liturgia – Palabra y silencio, p. 556).
Llegados a este punto, hay que aceptar esta evidencia: en contra de la opinión de Christophe Geffroy, del abad Spriet o incluso de Dom Pateau, es razonable y defendible sostener la desigualdad en valor y santidad de los dos ritos romanos, el antiguo y el nuevo. Es razonable y defendible considerar que el Novus Ordo es deficiente, e incluso equívoco en su esencia litúrgica, sin cuestionar ni por un segundo su validez, lo cual, llevando el razonamiento hasta el extremo, llevaría a negar la indefectibilidad de la Iglesia. Es razonable y defendible que un sacerdote se niegue rotundamente a celebrarlo —e incluso a concelebrarlo— y a argumentar en ese sentido. Aquellos que gozan de la protección canónica del carisma propio de su sociedad de vida apostólica o del instituto al que pertenecen deben recordar que esta fue obtenida por sus fundadores sobre la base teológica de una crítica a las deficiencias litúrgicas del Novus Ordo; y es razonable y prudente que, cuando sea necesario, argumenten en ese sentido. Es razonable y defendible que un simple fiel evite habitualmente asistir a una misa del Novus Ordo. Esta postura es legítima. Por mi parte, la mantendré.
Fuente: Le salon beige

Cambiando de tema, que opinás del lema de la proxima venida de Su Santidad?
¿»¡Cristus vincit, Cristus regnat, Cristus imperat!»?
Veo que muchos de los comentarios se centran en el Ordinario de la Misa de uno y otro misal. Pero es importante tener en cuenta que no es lo único que cambió en el Misal de Pablo VI. Hay un interesante libro de Lauren Pristas «The Collects of the Roman Missals: A Comparative Study of the Sundays in Proper Seasons before and after the Second Vatican Council«. Ahí se ponen en evidencia las modificaciones que fueron hechas a muchas de las colectas del misal anterior y se discute el modo de composición de muchísimas otras colectas nuevas, como así también la teología que subyace a todos estos cambios. El libro puede conseguirse en Amazon https://www.amazon.com/dp/0567033848?lv=shuf&channelId=500&plpRedirect=mhFallback
Me parece que hay que distinguir varias cosas. Una es la validez, otra la legitimidad, y otra los resultados. Aunque sean distintas cosas, en el fondo van unidas. Por muy legitimo y valido que sea el N.O., la práctica ha sido un desastre: la caída de la práctica religiosa, la perdida de Fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, y la deformación de los asistentes al N.O. es pavorosa y mejor no hablar de los constantes abusos, que es lacerante. Si una ley es válida y legitima, pero su aplicación causa un desastre, entonces es lícito replantearse muchas cosas.
Porque si el punto 1125 de Catecismo dice que es legítimo a la suprema autoridad de la Iglesia cambiar la Liturgia, SÓLO si es al servicio de la Fe, pero el resultado es el contrario, habrá que hacerse muchas preguntas.
Yo asisto regularmente tanto al Vetus como Novus Ordo. Pero cada día con menos ganas al Novus Ordo, por la falta de sacralidad. Y este sentimiento también me lo han manifestado algunos amigos. Soy organista en la única Iglesia de mi diócesis que hay reclinatorios para comulgar, pero el cura está empeñado en que un laico, además del cura, dé la comunión cada día, aunque asistan pocas personas, le da igual si la gente comulga en la boca o en la mano, le molesta que la gente se arrodille fuera de la consagración, sus homilías son buenistas, sin sustancia…. Y es de lo mejor de mi diócesis.
No creo que el N.O. sea intrínsecamente malo como dicen los de la FSPX, pero que es peligroso para la Fe, cada día estoy más convencido. Por sus frutos, lo conocemos.
Estimado wanderer, gracias por sus posts. Luego de leer un comentario donde se dice que «aunque faltase el ofertorio la misa sería un sacrificio igualmente»… podría ilustrarme si existe una relación estrecha entre el ofertorio de la liturgia latina y la proskomidi de la liturgia bizantina? Muchas gracias.
Sobre ese tema se trató el coloquio del CIEL de este año, celebrado en Roma. Dentro de algunas semanas estarán todas las actas del mismo subidas a la web. Una de ellas trata exactamente la cuestión que usted pregunta.
León XIV no ha respondido a la petición de audiencia que le hicieron llegar los organizadores de la peregrinación «ad Petri sedem». La solicitaron hace nueve meses, según informa Edward Pentin en su cuenta de Substack.
Los organizadores solicitaron permiso para celebrar una misa pontificia en el Altar de la Cátedra de la Basílica de San Pedro, tal y como había ocurrido en varias ocasiones en el pasado.
Tras reiteradas peticiones de respuesta, la Secretaría de Estado denegó el 7 de agosto el permiso para celebrar la misa en la Basílica de San Pedro. No se dio ninguna razón para justificar la decisión.
En su lugar, la misa se celebrará en la Basílica de Santa María la Mayor el 24 de octubre.
¿León XIV?
o ¿Louis XIV?
Respuesta a Loretar:
Cuando dice «Pero respondiendo a los comentarios: los protestantes SÍ que admiten en puntos concretos la interpretación de la Iglesia Católica. Por ejemplo, la mayoría de protestantes admiten la Cristología definida en los Concilios del primer milenio: dos naturalezas, dos voluntades, una sola persona divina, etc.». Nunca sostuve semejante disparate; a buen entendedor pocas palabras.
En cuanto a los protestantes que aceptan la nueva liturgia no es sólo Max Thurian, ya lo dije. También está Roger Schutz, está la cita en una revista Itinéraires. Y para más datos, lea Cranmer’s Godly Order y La nueva misa del papa Pablo de Michael Davies. En esos libros queda clarísimo el acercamiento al protestantismo en general de la reforma litúrgica. Y también la entrevista a Jean Guitton de Yves Chiron. Esto es un blog, a esas fuentes me remito.
Para el ofertorio, está brillante presentación de Gabriel Díaz Patri en el Coloquio del CIEL en Roma el 5 de febrero de 2026 (este autor tiene varias artículos en publicaciones del CIEL muy valiosos sobre el tema litúrgico) y Les problemes de la nouvelle messe de Rama Coomaraswamy (ya sé que es sedevacantista, pero su crítica al nuevo ofertorio es acertadísima).
¿Qué es lo que ve de intrínsecamente malo en el Novus Ordo o, más precisamente en el Ofertorio? Si es algo tan claro, según da a entender, podría decirlo en dos líneas.
Los protestantes admiten el bautismo católico (lo cual es algo bueno por su parte) y eso no hace que el bautismo católico sea protestantizante. También admiten la Sagrada Escritura, y eso no la convierte en algo protestante.
Si siguen los pseudo tradis, en su rechazo del Novus Ordo como favens heresim, sin dar argumentos, con ello no harán sino dejar bien probada otra cosa: la inconsistencia de su posición. Y hasta diría más: lo ideológico de la misma, en cuanto apriorística. Aquí Francisco tenía algo de razón y cualquiera que se haya acercado al mundillo tradi lo sabe. Lo cual, de más está decirlo, también se da del otro lado, es obvio, pero eso no está aquí en cuestión.
Además, el carácter sacrificial de la Santa Misa no está constituido por el Ofertorio: este podría faltar y la Misa seguiría siendo un sacrificio.
Roger Schutz hasta donde sé no llegó a convertirse, pero también era un protestante sui generis de Taizé. No creo que se puedan sacar conclusiones generales de ahí. Y, repito, hubo una rama de anglocatólicos que en el siglo XIX celebraban el rito tridentino. Nadie diría que de ahí se demuestra que el rito tridentino sea ambiguo frente al anglicanismo. El resto de referencias no las conozco lo suficiente como para comentar. Sobre el ofertorio, creo que parte del problema es que la mayoría de tradicionalistas no se molestan en leer a los reformadores, para saber al menos cuál era su intención. No creo que ningún cambio en el ofertorio esté dirigido a quitar el sacrificio, sino a separarlo más netamente del canon. Eso puede ser criticable pero no veo cómo podría afectar a la intención sacrificial.
Loretar
El resto de referencias no las conozco lo suficiente como para comentar.
Clarísimo, lea más y después volvemos a hablar. También puede leer sobre el ofertorio «Consideraciones teológicas y morales del Novus Ordo Missae» de Arnaldo Vidigal Xavier sa Silveira; inédito que se consigue en francés publicado como «La Nouvelle messe de Paul VI, qu´en penser»?
Allí se desarrolla muy bien lo del ofertorio también y cómo los luteranos, cita fuentes luteranas (a un tal Reed, profesor de liturgia luterano), donde dice que todo el ofertorio romano es una perfecta síntesis de la teología católica sobre la misa y por qué ellos no lo pueden aceptar. Eso lo dijo en un libro editado en 1955.
Don Pelayo
Lo que está clarísimo, Pelayo, es que no ha dado ningún argumento que pruebe que el Ofertorio del Novus Ordo sea malo.
Sigan repitiendo el mantra lefebvriano y no nos convencerán sino de que toda su posición es un absurdo.
A saber, no lo suficiente como para comentar eso en específico, pero lo suficiente como para saber que no tiene fundamento. Para empezar a priori, porque la Iglesia es infalible al promulgar su liturgia, no podría aprobarse un ofertorio «no sacrificial». Además, el argumento sobre el ofertorio romano es falaz: «El Ofertorio tradicional contiene toda la teología católica sobre la misa, así que, si se quita ese Ofertorio, se quita la teología». ¿Qué sentido tiene eso? Hay otros ritos en la Iglesia Católica con la misma teología, por mucho que sean menos detallados en esa parte.
En segundo lugar, el debate litúrgico mejoraría bastante si se leyeran no sólo tradicionalistas, sino si se escuchara al otro lado, leyendo defensas del Novus Ordo y los textos de los propios reformadores. Los cambios en el Ofertorio los introdujeron no para eliminar el sacrificio de la misa, sino porque querían presentar una distinción más neta entre ofertorio y canon. Eso estará bien o mal pero no tiene nada que ver con eliminar el sacrificio. Así que le digo lo mismo: lea más, y no sólo de un lado.
Loretar
Es muy interesante ver la misma logica de autojustificacion tanto de catolicos progresistas como conservadores como tradicionalistas.
Son maestros en desautorizarse mutuamente sobre el hecho de buscar un camino “propio”, “diferente” al de Roma cuando todos, cada uno en su ambito, hace exactamente lo mismo.
Se obstinan explicando por que su diferencia es la importante cuando lo otro lo cumplen sin problemas. Y todos trabajan por reducirse a sus grupos, visiones cerradas y espacios de proteccion frente a los peligros que trae vivir como el otro. Esto suena a sociologica pura, se puede ver en todos los pueblos de la Tierra. Y esto anula el propio corazon y fundamento del mensaje que nos trajo Cristo de pueblo universal. Un pueblo universal no es la existencia de una diferencia de idiomas o razas. Es algo que integra y trasciende a los mecanismos mentales basicos, primitivos, y de tribu del hombre.
Eso se llama narcicismo de las pequeñas diferencias.
A la luz de la conclusión del artículo la pregunta más bien debería ser si es legítimo o no sustraerse a participar de un rito tan manifiestamente imperfecto y nocivo, creado con una intención nefasta por comparación con el tradicional. Mi conclusión es que por el bien del alma y como testimonio de rechazo, por amor a la Iglesia, esa sustracción es necesaria y por lo tanto debe procurarse no participar en él más que si un deber de caridad lo impone. Pienso eso es perfectamente legítimo. El tema excede la cuestión de validez/invalidez, licitud/ilicitud, como bien señaló Kwasnievski en un artículo que ya tiene sus años.
Hilbert
Cuál artículo, si se puede saber?
Helo aquí:
https://www.newliturgicalmovement.org/2020/11/the-four-qualities-of-liturgy-validity.html?m=1
Hilbert
Gracias. Estoy en desacuerdo con varias conclusiones, pero es interesante. Sobre lo de evitar el Novus Ordo, la verdadera pregunta es si es legítimo evitarlo (incluso celebrado sin abusos) cuando es el único modo de cumplir el precepto dominical. Estoy convencido de que la respuesta es no. Eso también es un deber de caridad. En cualquier caso, sí que es cierto que debemos ir más allá de la validez y la licitud para buscar lo que da más gloria a Dios. Lo que no creo es que se dé gloria a Dios evitando como si fuera pecado un rito lícito de sus sacramentos.
nunca se toca el tema de fondo: es el misterio pascual, la teología que sirve de fundamento al novus ordo, una adulteración de la teología católica de la redención? Altera la noción misma de sacramento? Es un subproducto de la nouvelle teologie, en definitiva, de la herejía modernista?
No basta con hablar de periferias legales del nuevo rito, ciertamente inventado, cuando no se toca la matriz teológica que le da vida, que fue el propósito de esta reforma.
Claro, el misterio pascual es herético. Y, de paso, la Sagrada Escritura, que habla del mismo. Y como el NO supone tal herejía, es intrínsecamente malo. Y los que llegan incluso a aceptar su validez son heretizantes. Y como no queda fuera de ello sino la SSPX, fuera de ella no hay Iglesia ni salvación. Así que mejor que los lefes se nombren un Papa de entre los seis obispos (excomulgados y cismáticos, por cierto: menudo merengue).
Más que periferias, usted se ha pasado unos diez pueblos, cuanto menos.
Después de leer todo, para mi esta claro que si el NO fue promulgado por las autoridades legítimas de la Iglesia y de acuerdo a las leyes de la Iglesia entonces es legítimo. Yo creo que no se puede decir que sea mejor o peor que el VO, si en definitiva hace lo que se espera que haga. El problema es que no se puede medir el grado de sacralidad de un rito con criterios objetivos, p. ej. no se puede decir que VO tiene una tasa de transubstanciación del 98% mientras que el NO tiene una tasa del 55%. Si las autoridades y las formas son legitimas, el rito es legítimo, mas allá de una valoración subjetiva sobre prudencia, belleza u otros parámetros. Si las autoridades no eran legitimas (postura sedevacantista) el rito tampoco. Por eso la FSSPX ha deslizado hacia el sedevacantismo práctico. El sedevacantismo es la postura mas propia de alguien que niegue la licitud o validez del NO.
Estimado Loretar:
Vengo siguiendo sus últimos comentarios con atención. Sin embargo, me parece que algunas de sus afirmaciones chocan con la realidad y con la evidencia que todos podemos observar respecto del NO.
Guste o no, la fe también se aprecia por sus frutos —por más santos que nos quieran obligar a colocar sobre los pedestales—, y creo que esos frutos son precisamente lo que también usted puede ver al considerar los últimos setenta años de la Iglesia.
Y, sinceramente, no me diga que podemos dejar afuera al NO de las causas que explican, al menos en parte, esos resultados.
Sin más, quiero decirle que, a pesar de esta discrepancia, aprecio mucho su erudición.
Es evidente que hay una crisis gravísima en la Iglesia. También es evidente que la reforma de la misa inspiró una revolución litúrgica general absolutamente delirante, y eso tiene una buena parte de culpa de la crisis general. Incluso si nos limitamos a la letra de las ediciones típicas, creo que hay muchas críticas razonables que hacer a la reforma litúrgica. Tampoco creo que pueda achacarse todo a la liturgia, si se atiende al hecho de que los cismáticos orientales tienen muchos problemas análogos sin haber cambiado su liturgia; ero en cualquier caso tiene su parte. En conjunto, es evidente que las cosas están muy mal y hay mucho que discutir. Lo que niego es que los ritos aprobados sean inválidos, dudosos, ilícitos o ilegítimos en sus ediciones típicas.
Loretar
La legitimidad se mide por el origen y por el ejercicio. Prescindiendo del origen, es obvio que el Novus Ordo, en su desarrollo concreto durante las últimas décadas, ha perdido legitimidad de ejercicio.
Cualquier ceremonia que sea una reunión de cristianos en nombre de Cristo, dirigida por una autoridad legítima (descendiente de los Apóstoles ) y dirigida a convertir pan y vino en el cuerpo y la sangre de Cristo es una misa, aunque falte las lecturas del Evangelio y las epístolas, la predicación o falten el resto de las ceremonias del misal romano.
De hecho, en tiempos de persecución, se ha hecho y se sigue haciendo así.
Por tanto, el «banquete eucarístico» de Bugnini, aunque no tenga nada que ver con la santa misa de siempre y repugne a tantas personas buenas, es completamente válido.
Esto no significa ni mucho menos que una ceremonia que se ha realizado prácticamente igual desde parece que tiempos apostólicos se pueda prohibir, se declare cismática o se anule de hecho por falta de iglesias o celebrantes.
Tiene sentido la prohibición de Montini de que no se pueda usar por aquellos que no acepten sus novedades; pero esta prohibición no puede ser de derecho divino, como es natural. Es la reacción necesaria de un pobre iluso SSD que ha hecho más mal que bien y así hay que tomarlo.
En cualquier caso, si es legítimo no querer romper la unidad católica dañada con sus idioteces, también es responsabilidad de cada cristiano su salvación.
La obediencia debida NO exime de responsabilidad.
Como el mismo Cristo enseñó, al final de los tiempos el Señor pedirá cuentas de los talentos confiados. Entonces no valdrá el que si Montini o no Montini.
Disculoe mi ignorancia: ¿el tal Montini es el papa Pablo VI? ¿San Pablo VI?
Este artículo, entre otras cosas, no define lo que entiende por «legítimo» y no hila lo suficientemente fino las diferencias que en su caso pudiera haber entre «lícito» e «ilegítimo». Si el rito nuevo no es sólo relativamente inferior al antiguo en puntos accidentales, sino «deficiente en su esencia litúrgica», «inferior en valor y satidad», «degrada el ofertorio a una simple presentación de ofrendas» y altera de algún modo relevante el «contexto ritual» de la consagración y otros elementos, de suerte que «[difumina] el dogma de la presencia real de Cristo, la oblación y la inmolación de su sacrificio redentor (propiciatorio) y, finalmente, el poder sacramental ministerial del sacerdote» e incluso «[insinúa] una interpretación errónea de los mismos», «dejando la puerta abierta a una interpretación protestante», ¿no se seguiría de ello la consecuencia de que es ilícito, como sostiene la FSSPX? La liturgia es una especie de profesión de fe, de manera que, si se entiende que el rito nuevo tiene alguna ambigüedad intrínseca y objetiva (algo más grave que, en hipótesis, expresar menos bien algún punto concreto), parecería seguirse de ello la conclusión de que es ilícito participar activamente en esa profesión de fe intrínsecamente ambigua. De manera que parece colapsar la distinción que el artículo presenta, según la cual el rito nuevo es válido y lícito pero ilegítimo. A partir de ahí, si por la indefectibilidad de la Iglesia se rechaza la tesis de que el rito nuevo sea ilícito, habría que concluir que también es legítimo. Salvo que acaso se desarrollara alguna distinción más fina, que este texto no articula.
Creo que hay razones legítimas y no meramente subjetivas para preferir el vetus ordo, pero no creo que este sea el planteamiento acertado. El rito nuevo y el antiguo son ritos de la Iglesia que sirven a los fines que le ha puesto su divino fundador, pero creo que puede defenderse que el rito antiguo es superior sin negar de entrada la legitimidad del nuevo.
Artículo erróneo en su tesis central. El Novus Ordo es legítimo. Y hay varias críticas litúrgicas razonables que presentar sobre este rito, pero ninguna que toque su legitimidad.
Para empezar, definamos lo que es legítimo. Si entendemos por legitimidad estricta licitud, como en la respuesta de ED de 2009, no hay dudas al respecto. No es intrínsecamente malo y pertenece a la ley de la Iglesia. Ahora bien, hay un sentido más profundo y auténtico de legitimidad, que creo que es el que se trata aquí y que lamentablemente el autor no procura definir. Yo entiendo por legítimo aquello que es acorde con una ley más fundamental; por ejemplo, un rey es legítimo no sólo si su mando no es intrínsecamente malo en abstracto, sino si es la persona designada por la ley sucesoria; y una orden del rey es legítima no sólo si impera algo que no sea intrínsecamente malo, sino si el dar esa orden está dentro de las prerrogativas que le conceden las leyes fundamentales del Reino.
En ese sentido, el NO será legítimo «a la luz de su adecuación al Bien Común objetivo de la Santa Iglesia» (por usar las palabras del autor), y, por su origen, si la autoridad de la Iglesia abarca su promulgación según la ley que Cristo mismo le ha dado. Ahora bien, respecto al primer punto, para que se pueda afirmar que es ilegítimo no basta con que pueda haber alguna crítica razonable, sino que debería tener algún defecto intrínseco grave en sus ediciones típicas. «Rito legítimo» no significa «el mejor rito posible» o «el rito que mejor sirve a la Iglesia». Significa que no se desvía esencialmente de los fines de la liturgia: el culto de Dios, la santificación de las almas, etc. Es en este punto en el que la crítica tradicionalista se viene abajo y nunca ha logrado ni logrará demostrar lo que pretende, porque pretende demostrar demasiado. No porque no pueda haber problemas, sino porque los problemas que el NO pueda tener son de un carácter totalmente distinto al que pretenden. Su lista de defectos comienza apelando al Breve examen de Guérard des Lauriers, la nunca suficientemente llorada «Intervención Ottaviani». Es un texto plagado de errores al que por virtud de la autoridad de Ottaviani, que no lo escribió y se retractó al poco tiempo, se ha convertido sin motivo en la piedra de toque de la crítica litúrgica tradicionalista. Tampoco es justa la crítica al nuevo ofertorio, que no es «a una simple presentación de las ofrendas», sino una preparación de las ofrendas para el sacrificio. Busca presentar una separación más neta entre el ofertorio y el canon, y de ahí los cambios de énfasis que denuncian los tradicionalistas, pero eso de ninguna manera traiciona el propósito esencial del ofertorio ni hace que la misa deje de ser un sacrificio, lo que se expresa de forma más que suficiente en las plegarias eucarísticas. Se puede criticar la mentalidad racionalista de los reformadores que impulsaba ese prurito de distinguir netamente las partes de la misa, pero no hay nada en el nuevo ofertorio que contradiga su fin esencial. El autor continúa con «la sustitución de una plegaria sacrificial (el canon) por numerosas y desiguales plegarias denominadas eucarísticas», como si las nuevas plegarias no fueran sacrificiales. Indudablemente lo son, aunque pueda haber otras críticas legítimas, sobre todo a su desastrosa aplicación que ha resultado en la imposición general de la plegaria II (respecto a lo que comparto en gran medida la última serie de artículos en este blog). Pero que estas anáforas no sean inequívocamente sacrificiales no se ha demostrado nunca porque no es verdad. Luego se refiere a «la modificación de las palabras de la consagración (tanto el texto como el contexto ritual)». Los cambios en el texto no tocan la validez y no conozco ningún argumento sólido de por qué deberían ser problemáticos por su propio tenor. Por lo que se refiere al «contexto ritual», no sé a qué se refiere en específico, pero si lo que sugiere es que el contexto del rito en general introduce ambigüedades respecto al significado de las palabras de consagración, entonces no es verdad y presume lo que pretende probar. Termina acusando al rito de «difuminar nada menos que el dogma de la presencia real de Cristo, la oblación y la inmolación de su sacrificio redentor (propiciatorio) y, finalmente, el poder sacramental ministerial del sacerdote, o incluso a insinuar una interpretación errónea de los mismos». No presenta una argumentación específica (lo que, por lo demás, sería mucho exigir para el alcance del artículo), pero el error que repite no es más que la típica tesis tradicionalista que nunca probada de que de algún modo las rúbricas del nuevo rito (en sus ediciones típicas) contienen alguna especie de ambigüedad intrínseca y objetiva. Y esto lo niego, porque el tenor literal del nuevo rito en conjunto y en detalle (incluyendo el contexto remoto del Magisterio papal postconciliar, el Catecismo del 92, etc.) sí que es católico en una lectura natural y sin esfuerzo de acuerdo a las reglas católicas ordinarias de interpretación. La misa nueva no enseña ninguna herejía, ni la sugiere, ni presenta nada equívoco que no se entienda naturalmente por el contexto y el conjunto; sino que, por el contrario, enseña la fe católica en todas sus rúbricas. La creación, la caída, la redención, la Iglesia, la Virgen, los santos, el Purgatorio, el Papado y un largo etcétera se muestran naturalmente de sus textos. Es lo contrario lo que requeriría demostración, y todos estos intentos de demostrar errores o ambigüedades objetivas de la nueva misa nunca han alcanzado su objetivo y siempre terminan siendo más forzados que la lectura católica natural. ¿Significa esto que el nuevo rito es perfecto? ¿Ideal? No, pero en cualquier caso es un rito católico. Para pretender lo contrario hay que obcecarse por distorsionarlo todo para entenderlo en el peor sentido posible, pero con esa hermenéutica todo terminaría siendo ambiguo, desde las Sagradas Escrituras hasta el rito romano tradicional. En conjunto, estas críticas son una red de distorsiones y falacias. Y no porque no haya una crítica legítima que hacer.
Por otro lado, sobre la autoridad de la Iglesia para promulgar nuevos ritos, los que niegan la legitimidad del NO nunca han demostrado con fuentes teológicas de suficiente peso que hubiera un defecto de autoridad en la promulgación del NO. Dice que «si se tomara como criterio de legitimidad la forma en que se elabora un rito, el Novus Ordo no pasaría la prueba» porque «no es el resultado de un desarrollo orgánico», pero no demuestra que eso sea un vicio insuperable. Las críticas de Ratzinger como teólogo privado no son prueba de nada. El Colegio Episcopal pidió en Concilio una revisión general centralizada de la liturgia, así que no sé sobre qué autoridad podría pretenderse que eso no sea posible. El Consilium fue en varios puntos más allá de la voluntad de los Padres conciliares, lo cual es problemático y lamentable, pero eso no demuestra que las reformas centralizadas por un grupo de expertos sean ilegítimas por principio y de raíz. Lo cual, por lo demás, afectaría también a las reformas de Pío X y Pío XII. Y esto no quiere decir que fuera prudente, bueno u oportuno. Creo que quizás fue imprudente de entrada, ciertamente imprudente en su realización concreta, y mucho más que imprudente en la revolución litúrgica que de hecho resultó en la Iglesia. Todo eso plantea graves cuestiones sobre el bien común de la Iglesia. Pero nada que toque esencialmente a la legitimidad del Misal, como aquí se plantea. Como mínimo, no se ha demostrado lo contrario.
Por último, sobre los protocolos. Plantear el asunto como cuestión de «justicia» según acuerdos bilaterales entre partes iguales es un error de raíz. Es, entre otras cosas, un recurso típico de los herejes y cismáticos, lo cual digo sin acritud y sin acusar de nada al autor, tan solo para señalar algunas analogías históricas que me parece que ilustran problemas de su planteamiento. Así los anglicanos sacan propuestas de unión del siglo XVII en las que se planteó que pudieran mantener el Book of Common Prayer, los jansenistas se agarraban a la condena de las cinco proposiciones para rechazar condenas posteriores más exhaustivas, los feenytas alegan que a Feenye se le restauró en la comunión sin retractarse expresamente de las proposiciones condenadas por Pío XII… Que en algunas de sus propuestas la Sede Apostólica se reduzca a ciertos mínimos no significa que todo lo demás sea discutible, o que no puedan ponerse nuevas exigencias en el futuro según lo requiera la defensa de la fe. Si en un formulario de unión tan solo se exige profesar expresamente X, siendo X Z-Y, no significa que Y sea (salvo que se indique expresamente lo contrario) una cuestión ajena a la fe que la Sede Apostólica no puede enseñar autoritativamente. Y si en una primera propuesta se presenta Z, siendo Z X+Y, y luego se presenta X, no significa que la Santa Sede reconozca que estaba equivocada y que en el fondo estaba poniendo condiciones (Y) ajenas a la fe. Lo contrario exigiría defender que, negociando con herejes y cismáticos, la Santa Sede está permanentemente vinculada a cada propuesta oficiosa que les haya hecho, y que no puede ir de más a menos ni de menos a más. Cualquiera que conozca de historia sabe que esa regla no existe, ni tiene tampoco sentido en sí misma. ¿Porque en un texto concreto la Santa Sede no exigió o enseñó algo, significa que lo negaba o que a lo menos lo declaraba exigible? ¿Porque en un texto posterior exige o enseña algo que no había formulado antes explícitamente, significa que está negando su propia posición y por tanto actúa sin autoridad? ¿Porque en un texto posterior deja de exigir o enseñar explícitamente lo que antes sí formuló explícitamente, significa que lo ha negado implícitamente? Llevado a sus últimas consecuencias, esto viene a negar entre otras cosas cualquier idea de desarrollo dogmático: ¿Por qué exige Roma profesar el Filioque, cuando hubo un tiempo en el que lo único que se contenía en el Credo explícitamente es que el Espíritu procede del Padre? Como decía, ya estamos jugando con una lógica no católica.
Por todo ello no creo que el artículo se sostenga. Además, que la legitimidad del NO se haya afirmado expresamente en varios actos papales crea a lo menos una fuerte presunción a favor de esa tesis. Las dos posiciones no parten del mismo lugar, es la tesis anti-NO la que debe superar el argumento de autoridad (principal en teología) que tiene a su favor el NO. Y no creo que hayan logrado presentar autoridades superiores o siquiera iguales en sentido contrario. Sobre la cuestión concreta de si los sacerdotes de las comunidades Eclessia Dei deben o no concelebrar, no me meto porque no soy ni cura ni de Eclessia Dei. Si lo fuera, concelebraría sin el más remoto cargo de conciencia. Como mucho, lo único que puedo decir es que creo que sería un error llegar hacer que esa cuestión frustre su labor pastoral, y, por supuesto, sería un error injustificable llegar al cisma por ello. Luego, sobre si es «razonable y defendible que un simple fiel evite habitualmente asistir a una misa del Novus Ordo», yo no lo creo, pero en cualquier caso cada cual es libre de cumplir el precepto como le parezca. Si alguien deja de ir a misa diaria por eso, perdería gracias, pero eso es problema suyo. Si alguien falta al precepto por eso, sería pecado a lo menos material, pero eso es también problema suyo.
En cualquier caso, todo esto es referente a la legitimidad en sentido estricto. No significa que no haya críticas litúrgicas legítimas al NO. Ni siquiera significa que no se pueda desear una reversión de la reforma. Que el NO sirva a los fines divinos de la Iglesia suficientemente según la esencia de esos fines y de acuerdo con sus ediciones típicas y los principios generales de la liturgia católica no significa que sea en concreto lo óptimo para el bien común de la Iglesia. Pero ese es un debate totalmente distinto. Lo que no creo es que haga ningún bien mantener el ámbito del debate en torno a estos términos contenciosos, que a menudo ni siquiera se definen, en lugar de comenzar concediendo el punto clave de que la Iglesia no puede dejar de proveer lo suficiente para sus fines, y a partir de ahí discutir qué es lo que mejor puede servir a la Iglesia en su actual crisis.
Loretar
Loretar, parto por reconocer que no he leído completo su comentario. Dicho esto creo que definir legitimidad o licitud o ambas, con puntillosidad de abogado, no quita lo fundamental del problema, a saber, que hay problemas en el N.O. y que esos problemas no están en el V.O. y para adorar a Dios y para llevar a las almas a Dios, hay que emplear lo mejor y no lo menos mejor.
Puede ser. Pero si lo que estamos discutiendo es en específico si el Novus Ordo es legítimo, como este artículo hace, entonces sí es necesario definir puntillosamente lo que entendemos por legitimidad. Si tan solo se discute en general sobre la conveniencia de volver al usus antiquior, en ese caso sí es conveniente centrarse en otros aspectos. Mi comentario no pretende demostrar que el rito nuevo no tenga crítica posible, sino que mi opinión es negativa respecto a la cuestión que plantea el artículo.
Loretar
Excelente exposición. La razón de no conceder que la Iglesia no puede dejar de proveer lo necesario para sus fines es que entonces el estado de necesidad se va al garete, y la excusa para la licitud de las ordenaciones de Econe, también.
nachet
De acuerdo en todo, PERO volvemos al problema que ya se ha mencionado otras veces en este blog: hay una inmensa mayoría de católicos que han vivido el N.O. desde su nacimiento, que han crecido con él y se han empapado de él y para los que representa, tal cual, la liturgia de la Iglesia. Y no hablo de católicos sociales, hablo de gente comprometida con su fe… Gente que muchas veces ni se plantea las cuestiones que se tratan aquí… ¿Qué hacemos con ellos?
¿Qué hacer con ellos? Yo les haría un monumento. Han sobrevivido a tropelías sin cuento, no se han hecho ni protestantes ni nada peor. Son heroicos.
Yo «me topé» con la fraternidad y me he podido dar cuenta de lo lamentable de la situación y hablo ya de viejo y de haber pasado por curas obreros, otros zurdos y otros de «derecha» guitarrera. En fin un loquero.
Lefe de infantería.
Hay que ver qué se entiende por «legítimo», es la gran pregunta. Si se pregunta desde el punto de vista moral, quiere decir que no peca el sacerdote que la celebra ni el fiel que asiste y comulga en ella. En ese sentido es legítima (cuando se celebra de acuerdo a los libros litúrgicos, lo cual implica muchísimas variantes). En esto la FSPX no va a estar de acuerdo porque dice que no es una misa católica.
Si se entiende ortodoxa, habría que ver: no afirma ninguna herejía y en ese sentido lo es; pero no es una orto-doxa, porque no es una manifestación clara de la fe católica al punto de ser aceptada por protestantes que niegan el valor propiciatorio de la misa y la transubstanciación.
Si se refiere a legal (legítima viene de ley): entonces, más allá de las deficiencias en la promulgación (en realidad nunca fue promulgado, fue aprobado que es otra cosa); el uso por seis papas de ese misal le da, al menos por costumbre, legitimidad.
El problema es que las autoridades de la Iglesia desde el Concilio Vaticano II en adelante son campeones de la ambigüedad en todos los planos. Salvo para obligar a aceptar lo ambiguo… Eso lo explica muy bien Mons. Schneider
El segundo punto es más que discutible. La acusación de que hubiera «protestantes» (en abstracto, en general) que aceptaran la misa nueva es una distorsión sacada de contexto a partir de una sola entrevista de Max Thurian, un liturgista protestante del «movimiento ecuménico», muy próximo al catolicismo, que terminó por convertirse y que incluso se mostró moderadamente crítico con la implementación de la reforma. Se trata, pues, de un protestante absolutamente sui generis cuya teología de la misa era muy próxima a la católica, y que no dio más que su opinión individual una vez en una sola entrevista. No se pueden sacar conclusiones generales de ahí, y los tradicionalistas han distorsionado y sacado de contexto esa anécdota durante décadas. Hasta donde sé, no existe ningún grupo protestante que haya aceptado y celebre la misa nueva según sus ediciones típicas. Además, aunque pudiera encontrarse aquí o allá algún protestante que aceptara el rito nuevo, eso tampoco demostraría nada, porque los protestantes se caracterizan precisamente por estar divididos hasta el extremo y aceptar o negar cada uno en distinto grado unos u otros dogmas católicos. Es más, que eso no demostraría nada puede probarse por el hecho de que históricamente ha habido sacerdotes anglicanos «anglocatólicos» que celebraban el rito tridentino en su integridad. ¿Debemos concluir que el rito tridentino es protestante, o presenta ambigüedades que permiten interpretarlo en sentido protestante? No, antes bien hay que decir o que esos anglicanos no entienden lo que están celebrando (inválidamente, al no tener órdenes), o que en ese punto concreto sí que compartían la doctrina católica de la misa, lo cual no demuestra que fueran ortodoxos en todo sino que los protestantes no se ponen de acuerdo ni consigo mismos.
En resumen, que el rito nuevo pueda ser aceptado por protestantes que niegan el valor propiciatorio de la misa y la transubstanciación es una falsedad fundada en una sola anécdota distorsionada y sacada de contexto.
Loretar
los protestantes se caracterizan porque cada uno cree lo que se le da la gana, aceptan todas las interpretaciones contradictorias entre sí posibles… Salvo la interpretación de la Iglesia Católica. Y en eso coinciden.
Y coinciden en negar el valor propiciatorio de la misa porque niegan el sentido católico de la Redención, en eso coinciden todos. Si usted va a una oración litúrgica o cena anglicana por ejemplo, con ocasión de algún matrimonio al cual deba asistir, verá que es igual al novus ordo.
El novus ordo no niega el carácter propiciatorio de la misa de manera directa, pero alguien que lo niegue, puede perfectamente usar sus textos. De eso se trata la ambigüedad. Y por lo mismo todos niegan la transubstanciación.
No es solo Max Thurian el que admitió la posibilidad de usar los textos para las ceremonias protestantes. Acá no tengo las citas pero son varios más.
Max Thurian era próximo al catolicismo pos conciliar, precisamente por las ambigüedades de este y porque no tenía que abandonar su mentalidad protestante. No era protestante sui generis; más bien se hizo católico sui generis. Católico ambiguo, como casi todo el catolicismo postconciliar.
Hay demasiados libros escritos sobre el tema del ofertorio como para invocar solamente el breve examen crítico.
Loretar, Eck, Higthon : el mismo estilo, los mismos sofismas, la misma costumbre de citar lo que conviene y callar lo que no . Y para colmo de males, la misma insoportable largura.
Lo que no es anécdota distorsionada es que en un concilio que se presentaba como ecuménico no apareciera entre los «observadores» ni un sólo oriental. ¿Por qué será?
¿Por qué en un concilio que se presentaba como ecuménico no aparece -al menos en la foto con Pablo VI- ni un sólo «observador» oriental. Ni uno. (Y luego habrá quien niegue que es una liturgia protestantizada) ¿Por que el novus ordo -de esto no se suele hablar- ha estado desde el principio totalmente desprotegido a la vez que se perseguía el vetus y así ha aparecido la comunión en la mano, el horror de las comuniones distribuidas masivamente con cuencos de plástico en las JMJ, las monaguillas, la fórmula de la consagración mal traducida durante 40 años, la desaparición del Consustancial del Credo y la reducción primero y luego práctica desaparición de la genuflexión de los fieles en la Consgración. El problema no es ni mucho menos la persecución del vetus sino la total desprotección del novus
No creo que yo merezca estar en tan buena compañía como Eck y Highton. Lo de la largura es un defecto como cualquier otro, me gusta tratar las cosas en detalle y pido indulgencia. Pero respondiendo a los comentarios: los protestantes SÍ que admiten en puntos concretos la interpretación de la Iglesia Católica. Por ejemplo, la mayoría de protestantes admiten la Cristología definida en los Concilios del primer milenio: dos naturalezas, dos voluntades, una sola persona divina, etc. Decir que lo niegan todo es absurdo, porque entonces no serían herejes sino infieles. La herejía se caracteriza por afirmar unos artículos de fe y negar otros.
Sobre la cuestión de la misa en particular, lo afirmado sigue en pie: la historia de que los protestantes puedan aceptar el rito nuevo es una falsedad extraída de una sola anécdota de lo que dijo una vez un solo protestante, que a la postre terminó haciéndose católico. No se pueden extraer conclusiones generales de ese caso. Además, ningún grupo protestante ha adoptado el Novus Ordo, y en cambio SÍ que ha habido casos históricos de anglocatólicos que «celebraban» el rito tridentino. Pero a nadie en su sano juicio se le ocurriría deducir de ahí que el rito tridentino sea protestante. Así que la deducción tampoco se sigue respecto al rito nuevo.
Loretar
Anónimo de las 15.02:
Los argumentos que brinda me han tumbado. Se nota que ha hecho más de una tesis doctoral al respecto.
Siga así y hará que toda la FSSPX acepte el Novus Ordo incondicionalmente.
El artículo plantea una cuestión legítima, pero creo que conviene distinguir mejor entre validez sacramental, legitimidad eclesial y conveniencia litúrgica.
Santo Tomás enseña que la Misa es verdadero sacrificio porque representa sacramentalmente la Pasión de Cristo y nos hace participar de sus frutos (ST III, q.83, a.1). También explica que los gestos y ceremonias de la Misa no son accesorios indiferentes: sirven para representar la Pasión y fomentar la devoción y la reverencia debidas al Sacramento (ST III, q.83, a.5). Incluso justifica expresamente el incienso por su relación con la reverencia y con la significación de la gracia.
Por eso me parece perfectamente defendible sostener que el usus antiquior expresa con mayor fuerza sensible ciertas dimensiones del misterio: el sacrificio propiciatorio, la adoración, el sacerdocio ministerial y la trascendencia. A ello contribuyen también sus largos silencios, la orientación ritual, la abundancia de genuflexiones, el incienso y el canto gregoriano. Y esto último no es una preferencia meramente estética: Sacrosanctum Concilium 116 reconoce al gregoriano como canto propio de la liturgia romana y le concede el lugar principal. Benedicto XVI, además, recordó que la belleza pertenece intrínsecamente a la liturgia y no debe reducirse a esteticismo (Sacramentum Caritatis 35).
También es legítimo preguntar si la reforma cumplió plenamente el principio establecido por el propio Concilio: no introducir innovaciones salvo cuando una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia lo exigiera, procurando además que las nuevas formas crecieran orgánicamente de las anteriores (Sacrosanctum Concilium 23). Donde sería más prudente es en hablar de una “deficiencia en la esencia litúrgica” del Novus Ordo. Si la Misa es válida, están realmente presentes el mismo Cristo y el mismo Sacrificio. La crítica más precisa debería referirse a la mayor o menor capacidad de sus textos, gestos y silencios para expresar sensiblemente ese misterio, no a una deficiencia del sacrificio mismo.
Algo parecido ocurre con Ratzinger. Criticó severamente aspectos del modo en que se realizó la reforma, pero como Benedicto XVI afirmó también que lo que fue sagrado para las generaciones anteriores sigue siendo sagrado y grande, y al mismo tiempo sostuvo expresamente el “valor y la santidad” del nuevo rito. Incluso consideró incompatible con ese reconocimiento excluirlo totalmente por principio.
En síntesis: me parece razonable sostener que el rito tradicional posee una mayor riqueza simbólica, mayor silencio y una expresión más explícita de determinadas dimensiones sacrificiales y adorantes. También es perfectamente legítimo criticar aspectos concretos de la reforma y preguntarse por su desarrollo orgánico. Pero eso es distinto de afirmar que el Novus Ordo, siendo un rito válido y promulgado por la Iglesia, sea deficiente en su esencia.
Saludos, @vinodeaquino
Excelente artículo . El NO puede ser válido pero no es legítimo, pues no proviene de la tradición sino que es una obra hecha por un grupo de especialistas e impuesta al orbe católico. Clarísimo.
¿En virtud de qué ley es ilegítimo que un grupo de expertos desarrolle una revisión general del rito romano, a petición de un Concilio Ecuménico, y que posteriormente el Papa lo promulgue? Sin perjuicio de que el Consilium fue en varios puntos más allá de lo que pidió el Concilio, lo cual es un problema serio, pero de materia prudencial. Pero «legítimo» es una palabra muy grande. Para que esa acusación tenga fundamento debe haber alguna ley que prohíba los cambios centralizados a la liturgia de la Iglesia. Y, dado que si fuera una ley meramente canónica el Papa podría dispensarla, debe ser una ley que pertenezca a la constitución divina de la Iglesia. Pues bien, ¿dónde está esa ley? ¿Ha demostrado algún teólogo que exista, en base a los loci teologici debidos? Y si esa ley divina contra los «grupos de especialistas» existe, deberíamos concluir que también prohibía las reformas de San Pío X y Pío XII.
La reforma litúrgica tiene sus problemas, tanto en sí misma como en el modo en que se hizo. Pero esos problemas están en el ámbito de la imprudencia, no de la ilegitimidad. O al menos nadie ha logrado demostrar lo contrario.
Loretar
Estimado Loretar, además de realizar posteos kilométricos (que sabrá perdonar a estos lectores, que saltean mucho de su contenido) tiene Ud. una actitud poco legalista de lo que es legítimo en materia de reformas litúrgicas en la Iglesia.
El Catecismo de Juan Pablo II puso este texto en el número que cito: «1125 Por eso ningún rito sacramental puede ser modificado o manipulado a voluntad del ministro o de la comunidad. Incluso la suprema autoridad de la Iglesia no puede cambiar la liturgia a su arbitrio, sino solamente en virtud del servicio de la fe y en el respeto religioso al misterio de la liturgia.».
Y más allá de lo que afirmen las oficinas vaticanas, ése parece ser, precisamente, el máximo criterio de legitimidad de una reforma litúrgica.
El autor del artículo sostiene, por su lado, que una reforma que pudiera dar lugar a una invalidez sacramental pondría en tela de juicio la indefectibilidad de la Iglesia: error. Pondría en crisis el acierto de las autoridades reformistas, su legitimidad en la realización del acto que fracasa su fin, sobre todo, en vista del texto del número 1125 del Catecismo de la Iglesia Católica, que no debe convertirse en filfa cualquiera. Poco interesa si ese error ha durado 60 años o unas horas; pero mientras subsista un rito «sano» inderogable, la indefectibilidad de la Iglesia está a salvo, aunque se habría deshecho la ilusión de muchos fieles de que el Papa nunca se equivoca, cayendo en una sonora idolatría.
Entonces: ¿es «legítima» una reforma que no respete el «servicio de la fe y en el respeto religioso al misterio de la liturgia«? En todo caso ¿podemos los fieles realizar algún tipo de juicio sobre este prerrequisito…? Por supuesto, teniendo en cuenta que, si la autoridad Suprema de la Iglesia incluyó ese texto en el catecismo, es precisamente para su uso por los fieles.
En fin que, las consideraciones en torno a la legitimidad de una reforma litúrgica no son cosa tan sencilla ni preclara; y vale la objeción puesta de manifiesto por tantos y tantos fieles sobre su preexistencia.
Nada más.
El artículo es sobretodo es problemático, si consideramos que las modificaciones fueron avaladas por las autoridades legítimas de la Iglesia. Que es legítimo? aquellas disposiciones legales (y justas) que devienen de la autoridad legalmente constituída. Salvo que se considere que las autoridades no son legítimas,… En definitiva es el deja vú, o la canción de fondo del artículo. Da a entender, pero no se anima a dar el paso lógico.
Otro punto problemático del artículo es que se arroga el derecho de la definición de legitimidad, cuando esa tarea es exclusiva responsabilidad de la Iglesia y ya se ha expedido claramente sobre el punto… salvo que estemos sin autoridad legítima y tengamos que definir nosotros mismos.
Peter A.
Loretar: el Novus Ordo no es una revisión general del rito romano, sino un sustitución. Como dice Ratzonger, se demolió el viejo rito y se construyó otro nuevo, si bien reutilizando algunos elementos del antiguo.
Al anónimo de las 18:33.
Yo no he dicho que el Papa pueda cambiar la liturgia arbitrariamente. Lo que contradigo es la idea de que por el hecho mismo de que lo haya preparado «un grupo de especialistas» cualquier cambio es necesariamente ilegítimo.
Sobre la idea de que la misa pueda ser ilegítima, ilícita o incluso inválida, eso va notoriamente en contra de la indefectibilidad. Para empezar, por el propio tenor del asunto, porque la Iglesia ha sido instituida para guiar a las almas a la salvación; si la Iglesia estableciera leyes por las que mueve a sus miembros a cometer actos sacrílegos, estaría contradiciendo su naturaleza tal y como Cristo la instituyó, y eso sería defeccionar. Aunque en algún lugar haya alguien celebrando una misa tradicional, la Iglesia se habría apartado corporativamente de su fin. Además, se condenó en el Concilio de Trento (sesión VII canon XIII sobre los sacramentos) y en la bula Auctorem Fidei (proposición LXXVIII) la idea de que la Iglesia pueda establecer una disciplina o liturgia impía. Si alguien sostiene lo contrario, le pediría que cite a alguna autoridad teológica preconciliar que afirmara claramente que la Iglesia podría establecer una liturgia inválida o ilícita.
Loretar
Excelentes sus comentarios, Loretar.
En efecto, véase cualquier tratado de Ecclesia clásico, como el de R. M. Schultes, O.P., De Ecclesia Catholica praelectiones apologeticae: la indefectibilidad de la Iglesia implica la infalibilidad de la misma en sus leyes disciplinares y litúrgicas.
Loretar. Coincido con sus comentarios. Los leo desde hace un tiempo, y me parecen muy acertados y bien planteados. Pero permítame una consulta. Ud dice que:
«Además, se condenó en el Concilio de Trento (sesión VII canon XIII sobre los sacramentos) y en la bula Auctorem Fidei (proposición LXXVIII) la idea de que la Iglesia pueda establecer una disciplina o liturgia impía.».
Leí hace unos días (y lamentablemente no tengo ahora el texto, que recuperaré el lunes), que la FSSPX (o algunos de los suyos, que hay de todo) no niega para nada ese dogma. Al contrario.Lo que ellos plantean es que la Iglesia no estableció el Novus de manera definitiva y en modo infalible (como otras modificaciones anteriores que se hicieron) y que por eso, no sólo no resulta obligatorio celebrarla, sino que además es posible que sea mala (con las consecuencias lógicas que se derivan: no se debe celebrar, se debe mantener la anterior a como dé lugar, etc). El lunes le transcribo exactamente el texto, pero mientras tanto, le dejo el planteo:
Cuál es el modo que debe usar la Iglesia para establecer el rito, la liturgia de la Misa?
Debe cumplir con los mismos requisitos que para la declaración de cualquier dogma?
Y si no, por qué debería afirmarse sin más que no puede tener error (o incluso ser mala) la modificación realizada?
Tirosa Laire
S. Pablo VI promulgó el Novus Ordo Missae en la Constitución Missale Romanum.
Tirosa Laire. No creo que nadie de la FSSPX vaya a decir, si le preguntan directamente, que niega los cánones en cuestión. El problema es más bien que lo que afirman implica negarlos por conclusión directa. A partir de ahí, cada cual buscará un modo más o menos hábil para defender que esos cánones no se aplican al Novus Ordo. Por ejemplo, en su «Pétit Catéchisme de la Nouvelle Messe» se plantean esta objeción, y responde que, como el Novus Ordo es malo y la ley injusta no es ley, el Misal de Pablo VI no tiene la infalibilidad propia de la ley litúrgica general. Otros dicen que esos cánones sólo se refieren a las liturgias tradicionales. Es notorio lo débiles que son esos argumentos, porque la infalibilidad se aplica a lo que la Iglesia aprueba de hecho, no a lo que cada uno consider a posteriori lo suficientemente justo o tradicional. En cualquier caso, el problema no es tanto que lo vayan a negar expresamente, sino que lo que afirman lo niega por implicación, sin que se pueda argumentar con éxito lo contrario.
Loretar
Ni más ni menos que lo que sostiene la FSSPX: en la misa nueva hay sacrificio, pero mejor no ir.
La FSSPX sostiene más que eso: que es de validez dudosa y que debe tratarse como un rito no católico. Esas afirmaciones se encuentran en sus artículos públicos y en su profesión de fe.
No, anónimo de las 10.56. Eso no afirma oficialmente la FSSPX. Y LA FSSPX no tiene una profesión que de fe distinta de la de la Iglesia Católica.
Sí que lo afirma oficialmente. En concreto, en el juramento que toman todos sus clérigos para ordenarse (en el que también juran otras cosas, como reconocer la validez del Papa y sólo celebrar según el misal del 62). A eso me refería con su profesión de fe en el artículo original. Puede leerse entera aquí (en inglés), y sobre la misa nueva dice, entre otras cosas:
«Afirmo que el nuevo rito de la misa no formula ninguna herejía expresamente, pero se aleja de modo impresionante, en conjunto y en detalle, de la teología católica de la misa, y por eso es intrínsecamente malo»
Lo de que sea un rito no católico se puede leer en sus artículos públicos, véase:
«Debemos tratar la cuestión de la asistencia como si se tratase de una liturgia no católica»
https://fsspx.es/es/cual-es-el-problema-con-la-nueva-misa-31605
Exactamente.
Anónimo de las 13.22: instrúyase.