Mons. León Kruk: el Señor le aceptó la renuncia

[Pocos tiempo antes de su muerte, Mons. Kruk había viajado a Roma a presentar su renuncia al gobierno de la diócesis al Papa Juan Pablo II. Éste, sin embargo, no se la había aceptado y le había pedido que continuara en su cargo. Pasados los tristes días que siguieron a su muerte, se encontraron entre sus papeles personales, la carta que había redactado al Santo Padre presentando su renuncia. Estimo que se trataba de un borrador al que luego habrá pulido y dado forma. Sin embargo, el tono del escrito nos deja ver el sufrimiento y la grandeza del alma de un obispo santo. Este es el texto de esa misiva:]

BEATISIMO PADRE

JUAN PABLO II

VATICANO

Humildemente le presento mis más cordiales y afectuosos saludos.

Y para no distraer mucho la atención de su Santidad, y robarle su precioso y valioso tiempo, expongo sencillamente y con brevedad el motivo de esta carta, más que de hermano, esta vez como hijo. Hacen 18 años que vine a esta Diócesis. Desde el primer momento he tenido la oposición de sacerdotes diocesanos y algunos religiosos, porque me consideraron, y me consideran “preconciliar”, «integrista», «lefebvrista»… Al principio veladamente, pero desde los últimos 10 años ya abiertamente y en público. En estos momentos hay un pequeño grupo de laicos y algunos religiosos (Hnos. Maristas, Franciscanos), y algunas religiosas que son adictas a esos sacerdotes.

Esto dio como resultado de que también no pocos hermanos Obispos hayan caído en la «trampa» por la campaña de este grupito y se me considera como un elemento que está dividiendo la Iglesia en mi Patria, particularmente por el Seminario y el Instituto Religioso del VERBO ENCARNADO iniciado con mi aprobación, en esta Diócesis. No obstante mi invitación y ruego para que alguno de los Obispos, o todos, vinieran aquí a conocer, ver, comprobar personalmente no ser verdad todo lo que se dice de nosotros, hasta la fecha no ha venido ni uno solo.

A esta altura me siento muy cansado, ya sin ánimo de continuar «aguantando”. Tengo el alma muy amargada, ya sin ilusión para emprender nada. Son 18 años en que no he tenido un solo día sin problemas o preocupaciones. No se puede vivir sin un poco de alegría alguna vez. Hasta desearía que el Señor abreviara mis días en la tierra.

Sé, reconozco y admito que esto es una falta de virtud. Pero, Santo Padre humanamente NO PUEDO MAS. Pero lo que más me atormenta es que con esta situación se retrasa, o está en gran parte detenida la acción pastoral. Me aflige el deterioro espiritual de las almas. Sinceramente cada vez me da más miedo el pensar sobre mi responsabilidad y el momento del juicio ante el Señor.

Por ello, Santísimo Padre, para que Cristo triunfe, para que no sufran detrimento las almas, le ruego Padre mío, que acepte MI RENUNCIA A LA DIOCESIS. ¡Tenga piedad de las almas, y de la mía en particular. Santo Padre, “es necesario que Cristo crezca y que yo disminuya”, y no obstaculice, involuntariamente, la obra de Dios.

Con una filial confianza le suplico esta gracia. Le pido perdón por este asunto particular. Le agradezco infinitamente su exquisita bondad y caridad. Con mi incondicional adhesión de corazón, me atrevo a expresarle mis saludos más afectuosos en Cristo y María.

+LEON KRUK Obispo de San Rafael

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