Plegaria eucarística II: Historia de una estafa (II)

por Ignacio Gallardo Tampe

III.- CAPÍTULO II: ANÁLISIS CRÍTICO Y COMPARATIVO.

Es de notar, que la anáfora contenida en la Tradición Apostólica es propuesta (ni siquiera impuesta) en el contexto de una consagración episcopal, entonces surge la duda (suponiendo que esta liturgia efectivamente se utilizó alguna vez) si una similar se hubiese utilizado en la Misa ordinaria de los presbíteros o incluso de los obispos fuera de una consagración, sea cual sea la respuesta, con mayor razón la Plegaria Eucarística II tendría un problema de origen [1].

A continuación, y antes de proceder al análisis en concreto, se presenta el texto de la anáfora de “Hipólito” siguiendo la traducción latina [2] (las instrucciones se encuentran en cursiva):

El Señor esté con ustedes.

Levantemos el corazón.

Lo tenemos hacia el Señor.[5]

Demos gracias al Señor.[6]

Es digno y justo.[7]

[II]

Te damos gracias, Señor Dios, por medio de tu amado Hijo Jesucristo, quien en estos últimos tiempos enviaste como Salvador y Redentor y ángel de tu voluntad [8], quien es tu Palabra inseparable, y por medio de quien hiciste todas las cosas y quien, según tu beneplácito, enviaste desde el Cielo hasta el seno de la Virgen, y quien concebido en su vientre fue encarnado y se manifestó como tu Hijo, nacido del Espíritu Santo y de la Virgen;

[III]

Quien, cumpliendo tu voluntad y adquiriendo para ti un pueblo santo, extendió sus manos mientras sufría, para que aquellos que creen en ti puedan ser liberados del sufrimiento. Quien, cuando se entregó voluntariamente a su pasión, para destruir la muerte y romper las cadenas del diablo, aplastar el infierno y así, llevar a los justos a la luz, para establecer un límite [9] y manifestar su resurrección, tomó pan y dándote gracias, dijo «Tomad, comed, esto es mi cuerpo que es partido por vosotros» [10]. Del mismo modo el cáliz, diciendo: «Esta es mi sangre que es derramada por vosotros. Cuando hagáis esto, hacedlo en memoria mía»[11].

[IV]

Recordando, por tanto, su muerte y su resurrección, te ofrecemos este pan y este cáliz, dándote gracias porque nos has hecho dignos de estar en tu presencia y de servirte como sacerdotes.

[V]

Y te pedimos que envíes tu Espíritu Santo sobre la oblación de la santa Iglesia. Congregándolos en la unidad, concede a todos los que participan de las cosas santas que sean llenos del Espíritu Santo para la confirmación de su fe en la verdad.

[VI]

para que te alabemos y glorifiquemos por medio de tu Hijo Jesucristo, por quien a ti sea la gloria y el honor, al Padre y al Hijo, con el Espíritu Santo, en la santa Iglesia, ahora y por los siglos de los siglos. Amén.»

Ahora, proporcionamos el texto de la Plegaria Eucarística II conforme a la traducción dada en la versión del Misal utilizada en Chile [12]:

[I]

V. El Señor esté con ustedes.

R. Y con tu espíritu

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación darte gracias, Padre santo, siempre y en todo lugar, por Jesucristo, tu Hijo amado. Por él, que es tu Palabra, hiciste todas las cosas; tú nos lo enviaste para que, hecho hombre por obra del Espíritu Santo y nacido de María, la Virgen, fuera nuestro Salvador y Redentor.

Él, en cumplimiento de tu voluntad, para destruir la muerte y manifestar la resurrección, extendió sus brazos en la cruz, y así adquirió para ti un pueblo santo.

Por eso, con los ángeles y los santos, proclamamos tu gloria, diciendo [13]:

Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo [14]. 

Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria. Hosanna en el cielo [15]. Bendito el que viene en nombre del Señor. Hosanna en el cielo.

[II]

Santo eres en verdad, Señor, fuente de toda santidad; por eso te pedimos que santifiques estos dones con la efusión de tu Espíritu, de manera que se conviertan para nosotros en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, nuestro Señor.

[III]

Él mismo, cuando iba a ser entregado a su pasión, voluntariamente aceptada, tomó pan, dándote gracias, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:

TOMEN Y COMAN TODOS DE ÉL, PORQUE ESTO ES MI CUERPO, QUE SERÁ ENTREGADO POR USTEDES.

Del mismo modo, acabada la cena, tomó el cáliz y, dándote gracias de nuevo, lo pasó a sus discípulos, diciendo: 

TOMEN Y BEBAN TODOS DE ÉL, PORQUE ÉSTE ES EL CÁLIZ DE MI SANGRE, SANGRE DE LA ALIANZA NUEVA Y ETERNA, QUE SERÁ DERRAMADA POR USTEDES Y POR MUCHOS PARA EL PERDÓN DE LOS PECADOS. HAGAN ESTO EN CONMEMORACIÓN MÍA.

Este es el Sacramento de nuestra fe.

Este es el misterio de la fe.

R/. Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!

[IV]

Así, Padre, al celebrar ahora el memorial de la muerte y resurrección de tu Hijo, te ofrecemos el pan de vida y el cáliz de salvación, y te damos gracias porque nos haces dignos de servirte en tu presencia.

[V]

Te pedimos humildemente que el Espíritu Santo congregue en la unidad a cuantos participamos del Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra; y con el Papa N., con nuestro Obispo N. y todos los pastores que cuidan de tu pueblo, llévala a su perfección por la caridad.

Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron en la esperanza de la resurrección, y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro. Ten misericordia de todos nosotros, y así, con María, la Virgen Madre de Dios, su esposo, san José, los apóstoles y cuantos vivieron en tu amistad a través de los tiempos, merezcamos, por tu Hijo Jesucristo, compartir la vida eterna y cantar tus alabanzas.

[VI]

Por Cristo, con él y en él, a ti, Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

R/. Amén.»

Habiéndose acompañado los textos, procedamos al análisis de estos.

Como se puede observar de manera ostensible, ambos no son idénticos, ¿a qué se debe esta diferencia? A que la Plegaria Eucarística II no es una simple traducción de la anáfora de “Hipólito” como se suele creer, sino que una creación nueva del Consilium ad exsequendam Constitutionem de Sacra Liturgia [17], es más, el de facto mandamás del Consilium, el padre Annibale Bugnini quien fuere el Secretarium y quien tenía autoridad inclusive por sobre el Cardenal Lercaro, el presidente del Consilium, escribibió lo siguiente:

«El objetivo era producir una anáfora que fuera corta y bastante simple en sus ideas. Por lo tanto, se tomó como modelo la anáfora de Hipólito. Pero, aunque muchos pensamientos y expresiones derivan de Hipólito, la Plegaria Eucarística II no es, por así decirlo, una nueva edición de su plegaria. No fue posible conservar la estructura de su anáfora porque carece de un Sanctus o de una epíclesis consecratoria antes del relato de la institución, así como de una conmemoración de los santos o de intercesiones. Todos estos elementos se desarrollaron después de Hipólito y no podían omitirse ahora en una anáfora romana. Además, varias ideas y expresiones de la anáfora de Hipólito son arcaicas o difíciles de entender y no podían ser trasladadas a una anáfora contemporánea [18].»

Por su parte, sabemos que la Plegaria Eucarística II fue redactada por dos eruditos, Dom Bernard Botte y Louis Bouyer, afirmando este último (con la honestidad sin filtro que tanto le caracterizaba) lo siguiente respecto de la composición de dicha plegaria:

«Se podrá tener una idea de las deplorables condiciones en las que se despachó esta apresurada reforma cuando describa cómo se armó la segunda plegaria eucarística. Entre los fanáticos indiscriminadamente arqueologizantes que querían desterrar el Sanctus y las intercesiones de la plegaria eucarística tomando la eucaristía de Hipólito tal cual, y otros a quienes no les importaba en absoluto su supuesta Tradición Apostólica, sino que solo querían una Misa hecha de cualquier manera, Dom Botte y yo tuvimos que encargarnos de recomponer su texto para integrar en él aquellos elementos que eran ciertamente más antiguos ¡para el día siguiente! Por casualidad descubrí en un texto, si no del propio Hipólito definitivamente de su estilo, una frase afortunada sobre el Espíritu Santo que podía servir de transición del tipo Vere Sanctus para la breve epíclesis. Botte, por su parte, inventó una intercesión más digna de Paul Reboux y “a la manera de” que de su propia erudición. ¡Pero no puedo volver a leer esa improbable composición sin pensar de nuevo en la terraza del café del Trastevere donde dimos los últimos retoques a nuestra tarea para poder presentarnos con ella en la Puerta de Bronce a la hora fijada por nuestros maestros! [19]»

Luego agrega el padre Bouyer:

«Después de todo eso, no debería ser demasiado sorprendente si, por sus increíbles debilidades, el espécimen distorsionado que producimos incitara al ridículo o a la indignación… hasta el punto de hacer olvidar una serie de elementos excelentes que, sin embargo, están dispersos en él y que sería una pena no rescatar como perlas perdidas en la revisión que tarde o temprano será inevitable…[20]»

De los textos antes mencionados se puede desprender, no tan solo la falta de seriedad con la cual trabajó el Consilium, (lo cual el mismo Bouyer critica en su libro), sino, además, las profundas diferencias entre ambos textos mencionadas por Bugnini, las cuales no explicaremos en mucho detalle para no alargar aún más este breve escrito.

Pero entre estas destaca la inclusión del Sanctus, oración no incluida en la anáfora de Hipólito pues la introducción del Sanctus a la liturgia corresponde a comienzos del siglo V [21]. 

Por su parte, también se encuentran las conmemoraciones a los santos e intercesiones, los cuales claramente de una forma simple y somera imitan al Canon Romano, alejándose del modelo hipolitano.

Pero más destacable aún es la omisión de menciones a temas como «para destruir la muerte y romper las cadenas del diablo, aplastar el infierno», por ser aparentemente como mencionó Bugnini «arcaicas o difíciles de entender», es decir, a su juicio la teología tradicional de la Iglesia es algo obsoleto. Pero esto no ha de sorprender a nadie pues el mismo había mencionado antes, refiriéndose a las reformas de Semana Santa que «se consideró necesario emprender el trabajo, de modo que nadie experimentara incomodidad espiritual en la oración de la Iglesia [22]», y precisamente es la censura de la teología tradicional por ser incómoda para el hombre moderno uno de los motivos por el cual los ritos reformados reciben cada vez más críticas desde el mundo académico, por ejemplo véase la remoción de 3 salmos completos de la Liturgia de las Horas respecto del Breviarium Romanum, [23] así como la remoción parcial de otros 19 salmos [24], por ser «imprecatorios» [25], por no «ajustarse al espíritu de la caridad evangélica [26]» y por presentar «cierta dificultad psicológica [27]», o en palabras de Annibale Bugnini, por contener «expresiones que son extremadamente duras y ofensivas a las sensibilidades modernas [28]». Todo lo cual es un sinsentido si consideramos que uno de los propósitos de la Liturgia de las Horas es el de rezar los salmos, y familiarizarnos con ellos, además somos nosotros quienes deben adaptarse a la liturgia y no la liturgia a nosotros. Algo similar ocurre en el leccionario, omitiendo el nuevo múltiples versículos contenidos en el tradicional, a modo de ejemplo, en el domingo 25 del tiempo ordinario según el ciclo A se omite la expresión «Muchos son los llamados; mas pocos los escogidos», la cual sí está presente en el leccionario del Missale Romanum de 1962.

Notas

1 En todo caso, la Tradición Apostólica menciona que «El obispo dará gracias conforme a todo lo que se ha dicho anteriormente. No es en absoluto necesario que ore con las mismas palabras exactas dadas anteriormente, como si estuviera dando gracias a Dios haciendo un esfuerzo de memoria. Cada uno rezará según su capacidad. Si alguien tiene la capacidad de hacer una oración larga y solemne, eso está bien. Si otro, al orar, ofrece una oración breve, no se le debe impedir. Esa oración solo debe ser correcta en su ortodoxia.»

2 La versión latina puede encontrarse en Cipriano Vagaggini, The Canon of the Mass and Liturgical Reform (Londres: Geoffrey Champan, 1967) 25-27.

3 El texto latino menciona «Os offerant pacis», es decir, «Ofrecerle la boca de la paz» pero se entiende perfectamente que se refiere al beso de la paz, que existe hasta nuestros días.

4 Es imposible no hacer la asociación con la aclamación que los Católicos de los diversos ritos orientales y los cismáticos orientales (sean miafisitas, griegos o nestorianos) suelen hacer en la ordenación de los diáconos y sacerdotes y la consagración de los obispos incluso a día de hoy; a quienes suelen aclamar en voz alta diciendo «ἄξιος» («es digno»).

5 El latín Habemus ad Dominum, no contiene la expresión «levantado» al igual que los textos latinos aún vigentes, esta palabra fue añadida en la traducción al español del Misal actual.

6 Los textos latinos vigentes dicen Gratias agamus Domino Deo nostro, esto es «Demos gracias al Señor nuestro Dios».

7 El texto en latín dice Dignum et iustum est, al igual que el texto latino vigente, la traducción de «Es justo y necesario» no sería más que una de las varias imprecisiones de la traducción al español del Misal.

8 Es de notar que el texto latino usa la expresión puerum para referirse a «Hijo», palabra la cual deriva de puer y significa tanto hijo como sirviente, haciendo referencia a Los Cantos del Siervo de Isaías (Véase Isaías 52:13 y 53:11), de la misma forma la Didajé contiene menciones similares; otra cosa digna de notar es el hecho de mencionar a Jesús como el «ángel (o mensajero) de tu voluntad», lo cual era común en la cristología primitiva.

9 La expresión terminum que literalmente significa «límite» puede aludir tanto a establecer un límite al infierno separando la vida de la muerte como a establecer una norma para la celebración de la Eucaristía, como menciona Lang citando a Bradshaw en The Roman Mass: From Early Christian Origins to Tridentine Reform. (Cambridge University Press, 29 de septiembre de 2022), capítulo 3, Kindle.

10 El texto latino dice hoc est corpus meum quod pro vobis confringitur (partido), alejándose de los textos actuales los cuales dicen hoc est enim corpus meum, quod pro vobis tradétur(entregado).

11 Del latín Hic est sanguis meus qui pro vobis effunditur. Quando hoc facitis, in meam commemorationem hoc facite, el cual difiere del texto actual el cual dice accípite et bíbite ex eo omnes: hic est enim calix sánguinis mei novi et ætérni testaménti, qui pro vobis et pro multis effundétur in remissiónem peccatórum, hoc fácite in meam commemoratiónem.

12 Intentamos dividir la plegaria de la misma forma que la anáfora precitada, para facilitar el análisis.

Algunas rúbricas fueron omitidas (por ejemplo, la forma de mover las manos) para facilitar la lectura y comprensión del texto.

13 Este es su prefacio propio, el cual puede ser reemplazado por otro de aquellos contenidos en el Missale Romanum, para mayor claridad, el prefacio en este caso consiste en lo contenido desde «En verdad es justo y necesario, es nuestro deber…» hasta «proclamamos tu gloria, diciendo».

14 Una imprecisión de la traducción al español pues el texto latino vigente dice Sanctus, Sanctus, Sanctus Dóminus Deus Sábaoth, esto es «Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos», pues la palabra «Sábaoth» viene del hebreo צְבָאוֹת (Tseva’ot) que significa «ejércitos» y no «universo», además, la expresión es bíblica, se contiene por ejemplo en Santiago 5:4 el cual según la Vulgata dice «et clamor eorum in aures Domini sabaoth introivit», la cual en la traducción Torres Amat es como sigue: «y el clamor de ellos ha penetrado los oídos del Señor de los ejércitos». También en Romanos 9:29, según la Vulgata «Nisi Dominus Sabaoth…» esto es, según la Torres Amat «Si el Señor de los ejércitos…»; también en el antiguo testamento donde se utiliza cerca de 250 veces conforme al texto hebreo masorético y la Septuaginta griega; véase por ejemplo Isaías 6:3 que en el texto masorético dice «וְקָרָ֨א זֶ֤ה אֶל־זֶה֙ וְאָמַ֔ר קָד֧וֹשׁ ׀ קָד֛וֹשׁ קָד֖וֹשׁ יְהֹוָ֣ה צְבָא֑וֹת מְלֹ֥א כׇל־הָאָ֖רֶץ כְּבוֹדֽוֹ׃» (T.A: «Y con voz esforzada cantaban a coro, diciendo: ¡Santo, Santo, Santo, el Señor Dios de los ejércitos, llena está toda la tierra de su gloria!»), exactamente lo mismo dice la Septuaginta griega «καὶ ἐκέκραγον ἕτερος πρὸς τὸν ἕτερον καὶ ἔλεγον ἅγιος ἅγιος ἅγιος κύριος σαβαωθ πλήρης πᾶσα ἡ γῆ τῆς δόξης αὐτοῦ», conservando incluso la expresión Sabaoth (σαβαωθ) y siendo ambas exactamente idénticas a la oración contenida en la versión en latín del Missale Romanum. Una vergüenza cuando consideramos que otras traducciones lo hicieron bien, véase por ejemplo el inglés “Holy, Holy, Holy, Lord God of Hosts.” Aunque este error no es exclusivo del español, sino que es compartido por el portugués e italiano.

15 Esto sería otra imprecisión de la traducción al español, pues el texto latino dice Hosánna in excélsis. Siendo excélsis traducido por «las alturas» y no «en el cielo», está bien traducido por ejemplo al inglés “Hosanna in the highest” o al alemán «Hosanna in der Höhe», esta oración deriva de Mateo 21:9 que conforme al texto griego dice «Εὐλογημένος ὁ ἐρχόμενος ἐν ὀνόματι κυρίου· σαννν τος ψίστοις.» En el mismo sentido la Vulgata, que pese a diferir levemente usa un sinónimo de excélsis, siendo este altissimis diciendo «benedictus, qui venit in nomine Domini: hosanna in altissimis». Véase también Marcos 11:9-10.

16 El «O bien» representa perfectamente uno de los mayores problemas de todos los libros litúrgicos reformados tras el Concilio Vaticano II esto es la obsesión con las opciones, lo que permite a cada sacerdote celebrar los ritos de una forma totalmente diferente, destruyendo la unidad que siempre ha acompañado a la liturgia; a modo de ejemplo compárese el acto penitencial I con el II y el III y cómo influyen en el uso del «Señor ten piedad» o el uso de la aspersión con agua bendita al comienzo de la Misa lo cual suprime el acto penitencial completamente; un despropósito absoluto, especialmente considerando que en el rito romano tradicional ambas cosas coexisten perfectamente.

17 Latín para «Comité para la implementación de la Constitución sobre la Sagrada Liturgia», comisionado por el Papa Pablo VI mediante el Motu Proprio «Sacram Liturgiam» el 25 de enero de 1964.

18 Annibale Bugnini, The Reform of the Liturgy 1948-1975, trad. Matthew J. O’Connell (Collegeville, Minnesota: The Liturgical Press, 1990), 456. (El énfasis es mío).

19 Louis Bouyer Memoirs, trad. Anne Englund Nash (San Francisco: Ignatius Press, 2015), 124. (El énfasis es mío).

20 Louis Bouyer Memoirs, trad. Anne Englund Nash (San Francisco: Ignatius Press, 2015), 125.

21 Véase por ejemplo los dos siguientes textos: Pseudo-Ambrosio, Libellus de Spiritu Sancto, IV, 2, ed. Lucien Chavoutier, “Un Libellus Pseudo-Ambrosien sur le Saint-Esprit,” en Sacris Erudiri 11 (1960): 149: «Unde etiam tractum est per omnes fere orientale Ecclesias et nonnullas occidentales, voce populus utatur, id est:Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Sabaoth. Plena est omnis terra maiestate eius». Y, Pseudo-Atanasio, Expositio fidei catholicae, 63, CCL 9, 145: «perfectam trinitatem adorantes et magnificantes, sicut in mysteriis ore nostro dicimus, ita conscientia teneamus: Sanctus, sanctus, sanctus Dominus Deus omnipotens. Ter dicens sanctus unam omnipotentiam confiteris» (mi énfasis).

22 Annibale Bugnini, en la edición de L’Osservatore Romano del 19 de marzo de 1965, pág. 6.

23 Estos son los salmos 57, 82 y 108.

24 Los salmos mutilados son los siguientes: 5, 21, 28, 31, 35, 40, 54, 55, 56, 59, 63, 69, 79, 110, 137, 139, 140, 141, 143. (Siguiéndose en ambos listados la numeración hebrea).

25 El artículo 131 de la Ordenación General de la Liturgia de las Horas establece que «En el curso del Salterio se omiten los salmos 57, 82 y 108, en los que predomina el carácter imprecatorio. Asimismo se han pasado por alto algunos versos de ciertos salmos, como se indica al comienzo de cada uno de ellos. La omisión de estos textos se debe a cierta dificultad psicológica».

26 Acta et Documenta Concilio Oecumenico Vaticano II Apparando, Series II (Praeparatoria), vol. 2, Acta Pontificiae Commissionis Centralis Praeparatoriae Concilii Oecumenici Vaticani II, pars 3, Sessio quinta (26 Mar–3 Apr 1962), Sessio sexta (3–12 Maii 1962) (Ciudad del Vaticano: Typis Polyglottis Vaticanis, 1968), 331.

27 OGLH, 131.

28 Annibale Bugnini, The Reform of the Liturgy 1948-1975, trad. Matthew J. O’Connell (Collegeville, Minnesota: The Liturgical Press, 1990), 503. (El énfasis es mío).

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