Plegaria Eucarística II. Historia de una estafa (Conclusión)

Hoy completamos la publicación del artículo de Ignacio Gallardo Tampe sobre la historia de la denominada Anáfora de Hipólito y su relación con la Segunda Oración Eucarística. La primera parte se publicó aquí, y la segunda parte, aquí.

IV.- CAPÍTULO III: OBSERVACIONES SOBRE LA PRAXISLITÚRGICA.

En este último capítulo procederé a realizar observaciones en el ars celebrandi y la praxis litúrgica, así como en realizar ciertas propuestas normativas para la regulación del asunto.

Primero, que el Missale Romanum reformado tras el Concilio Vaticano II, posee como base 4 plegarias eucarísticas, a esto se le suman las contenidas en el apéndice de este, siendo algunas bastante ridículas como las plegarias eucarísticas para las misas con niños.

Y segundo, que el uso de estas está regulado en una forma muy escueta en el artículo 365 de la Instrucción General del Misal Romano.

Reza el artículo 365 letra a) de la IGMR que «La Plegaria Eucarística primera o Canon Romano, que puede emplearse siempre, […]; igualmente en los días domingo, a no ser que por motivos pastorales se prefiera la Plegaria Eucarística tercera.»

Por su parte la letra b) señala que «La Plegaria Eucarística segunda, por sus características peculiares, se emplea más oportunamente en los días entre semana, o en circunstancias particulares.»

A su vez la letra c) establece que «La Plegaria Eucarística tercera puede decirse con cualquier prefacio. Prefiérase su uso los domingos y en las fiestas

Concluye la letra d) diciendo «La Plegaria Eucarística cuarta tiene un prefacio inconmutable y presenta un sumario más completo de la historia de la salvación. Puede emplearse cuando la Misa carece de prefacio propio y en los domingos del Tiempo Ordinario

El problema de esta norma, es que se limita a sugerir en vez de regular, haciéndola inútil como tal, es más, esto se evidencia en que la gran mayoría de los sacerdotes, utilizan de forma casi exclusiva la Plegaria Eucarística II, aludiendo a que es la más corta y la que utiliza menos tiempo, ignorando que la plegaria eucarística es justo lo más importante de la Misa, pues es aquí donde se produce la transubstanciación de las especies transformándose el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Lo anterior resulta desconcertante considerando que la IGMR recomienda las plegarias eucarísticas I y III, y con ciertas limitaciones la IV para los domingos y otros días, y que la Plegaria Eucarística II que es recomendada para días de semana es usada como el estándar.

Esto ha de cambiar, debería establecerse claramente que la Plegaria Eucarística I es la recomendada, pues recordemos lo que dijo sobre ella el Concilio de Trento el cual la describe como la oración perfecta y libre de errores diciendo «Si alguien dice, que el Canon de la Misa contiene errores, y que ha de ser derogada; sea anatema.[1]»

Por su parte, debería establecerse que la Plegaria Eucarística II sólo puede ser utilizada los días de semana, prohibiéndose definitivamente su utilización en domingos o solemnidades. A su vez, sería bueno que se le prohíba su uso a obispos en cualquier Misa a la que asistan fieles, incluso durante los días de semana para dar un tono más “Pontifical” a sus Misas, recuperando las distinciones que existían entre presbítero y obispo antes de la reforma [2].

Deberían mantenerse las limitaciones a las plegarias III y IV, y hacerse más estrictas.

Es importante regular este aspecto, pues nunca en la historia del rito romano se había tenido más de una plegaria eucarística, esta anomalía ha producido que el patrimonio de la Iglesia occidental (el Canon Romano) se haya visto remplazado por una imitación de una plegaria eucarística la cual no tan sólo viene de oriente, sino que (como se mencionó con anterioridad) probablemente nunca fue utilizada en la vida real.

Por su parte, las Iglesias del rito oriental las cuales sí tienen la costumbre de utilizar múltiples plegarias eucarísticas, tampoco lo dejan al libre arbitrio de sus sacerdotes, en todas está regulado expresamente; veamos algunos ejemplos, no siendo esta lista taxativa de todos los ritos:

Primero, respecto de las Iglesias del rito griego, estas usan de forma estándar la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo; esta liturgia se utiliza todos los domingos y días de semana del año litúrgico, a menos que esté estipulado expresamente que ha de usarse otra, como sería el caso de la Divina Liturgia de San Basilio Magno la cual es utilizada tan sólo 10 veces en todo el año, siendo estas instancias las siguientes: Los cinco domingos de la «Gran Cuaresma», Jueves Santo, Sábado Santo, en las vísperas de Navidad y la Teofanía (6 de enero) y la fiesta de San Basilio Magno (1 de enero) [3].

Esta última liturgia se caracteriza por contener oraciones y ceremonias más extensas, especialmente su anáfora, siendo estas aproximadamente un 30% más extensas que las contenidas en la de San Juan Crisóstomo; es de notar que las Iglesias del rito griego, no abolieron la Divina Liturgia de San Basilio, la cual era su “original” cuando se introdujo la de San Juan Crisóstomo, sino que la relegaron a los días más importantes, ¿podría ser esto también una enseñanza para nosotros? ¿Exigir que en ciertos días sólo se pueda utilizar la Plegaria Eucarística I debido a su antigüedad y extensión?

Por su parte los coptos utilizan tres liturgias, la de San Basilio Magno, la de San Gregorio Nacianceno, y la de San Cirilo I de Alejandría; conforme a este rito la elección tampoco es libre, la Divina Liturgia de San Basilio Magno constituye la regla general siendo utilizada en la mayor parte del año, respecto de la Divina Liturgia de San Gregorio Nacianceno esta se utiliza en la medianoche de Navidad, Teofanía y Pascua de Resurrección; esta liturgia se caracteriza por ser profundamente cristocéntrica, es este el motivo por el cual se reserva a las denominadas «fiestas del Señor», por último la de San Cirilo, la más extensa de las tres, reserva su uso sólo a la Gran Cuaresma.

A su vez, las Iglesias del rito siríaco en su expresión oriental, utilizan tres anáforas, la mítica anáfora de Addai y Mari, la cual se alega puede tener su origen en el siglo III convirtiéndose así en la anáfora más antigua aun en uso [4], la anáfora de Teodoro de Mopsuestia y por último la de Nestorio. Conforme a este rito, la anáfora de Addai y Mari constituye la regla general, utilizándose a menos que se exprese que otra ha de reemplazarla; respecto de la anáfora de Teodoro de Mopsuestia, esta se utiliza desde el primer domingo del Tiempo de la Anunciación (equivalente a Adviento) hasta el Domingo de Ramos; por último, la de Nestorio se usa cinco días al año, en Epifanía, la fiesta de San Juan Bautista, la Conmemoración de los Padres Griegos, el Miércoles de Ayuno de los Ninivitas y en Jueves Santo.

Habiéndose visto lo anterior, se deduce que la Iglesia en su madurez litúrgica actual [5] establece criterios estrictos para determinar qué plegaria eucarística ha de utilizarse, siendo la libertad del rito romano actual una anomalía en comparación a los ritos del oriente.

Pero, por otro lado, como se mencionó antes, la existencia misma de múltiples plegarias eucarísticas en el rito romano también es una anomalía, pues sabemos que este rito ha tenido siempre sólo una, el famoso Canon Romano, el cual debido a su exclusividad llegó a ser simplemente llamado Canon Missæ (el Canon de la Misa) en los libros litúrgicos previos a la reforma postconciliar.

Esta exclusividad no demuestra una “pobreza litúrgica” en comparación a los ritos del oriente, sino una legítima diferencia en la forma de ser de los ritos, pues como es sabido el rito romano siempre se ha caracterizado por ser sobrio en comparación a los ritos del Oriente o a los difuntos ritos galicanos de Occidente, por ende, el introducirle múltiples plegarias eucarísticas no es más que una contaminación del rito [6].

Además ¿cuál es el problema con tener una sola plegaria eucarística? Existen ritos diferentes al romano los cuales también tienen una sola anáfora; en el oriente por ejemplo encontramos al rito armenio el cual sólo utiliza la Divina Liturgia de San Gregorio el Iluminador [7]. Por su parte los demás ritos de Occidente como el ambrosiano, propio de Milán, y los casi difuntos visigodo [8], propio de la actual España y el bracarense, propio del actual Portugal también utilizan sólo una plegaria eucarística, por ejemplo, y sin entrar en mucho detalle, el rito ambrosiano utiliza el Canon Romano con leves modificaciones; el rito visigodo utiliza una anáfora la cual varia algunas de sus partes según el día del año pero mantiene la misma estructura, siendo esta la siguiente: La illatio equivalente al prefacio romano la cual es variable, el sanctus que es fijo, el post sanctus que es variable, el pridie que es fijo y el post pridie que es variable, dentro de todo, estas partes variables no son a criterio del sacerdote, siendo el mismo Misal [9] quien ordena cuál texto debe utilizarse para cada día del año. Por último, conforme al rito de Braga, se utiliza sólo una plegaria eucarística, el Canon Romano, con mínimas modificaciones.

A la luz de lo expuesto, resulta evidente que el sistema vigente conforme al Missale Romanum de Pablo VI constituye una anomalía histórica y litúrgica sin precedentes. El análisis comparado demuestra que la Iglesia, nunca concibió la anáfora como un texto sujeto a la conveniencia, la prisa o el gusto personal del celebrante [10]. 

Tanto los ritos orientales, como los occidentales establecen normas imperativas para la utilización de la anáfora, respecto de los orientales, mediante una estricta sumisión al calendario y al tiempo litúrgico, y respecto de los occidentales (así como también el armenio, que pese a ser oriental sigue la misma lógica que los occidentales), mediante una anáfora fija, en algunos casos invariable, como en los ritos romano, ambrosiano o bracarense, y en otros variable como en el visigodo; pero en todo caso la plegaria eucarística consiste en un elemento normado y superior al arbitrio individual.

La laxitud del artículo 365 de la Instrucción General del Misal Romano, al limitarse a ofrecer sugerencias en lugar de prescripciones, ha provocado un empobrecimiento innegable en la praxis contemporánea, permitiendo la aborrecible práctica generalizada de utilizar la Plegaria Eucarística II como el estándar diario y dominical en desmedro de las demás, las cuales poseen más mérito que esta.

Por consiguiente, se hace urgente una revisión de la legislación litúrgica actual, en la forma ya indicada. Las directrices de la IGMR deben transmutar de meras recomendaciones a normas de carácter obligatorio [11]. 

Solo mediante una regulación restrictiva, análoga a la que sabiamente conservan las Iglesias orientales, el rito romano podrá escapar del desorden y la mediocridad que actualmente lo corroe.

Por último, recordemos que la Plegaria Eucarística II no es la anáfora de Hipólito, como se ha demostrado, por ende, el defenderla en virtud de su supuesta antigüedad es un sinsentido, y si la comparamos con las otras tres plegarias eucarísticas del Misal es teológicamente pobre y escueta, no es más que una consagración “express”. 

No olvidemos que uno de sus autores se refirió a ella como un «espécimen distorsionado» el cual contiene «increíbles debilidades»; el mismo Bouyer decía sobre ella que «la revisión que tarde o temprano será inevitable» [12], por ende, y considerando que hasta uno de sus creadores consideraba que la materia necesitaba de reforma, la Iglesia haría muy bien en limitar su uso o inclusive derogarla [13].

Podría decirse que la lección es no hacer reformas a la liturgia basándose en evidencia arqueológica incompleta, pues puede pasar, como en este caso, que en un futuro se demuestre que todo, absolutamente todo, era una mentira; y pensar que Duchesne a principios del siglo XX afirmaba con total certeza que «No hay nada que nos impida el atribuirlo a la época del propio Hipólito [14].»

V.- APÉNDICE:

1.- Texto latino de la anáfora de Hipólito:

Quicumque factus fuerit episcopus, omnes ei os offerant pacis, salutantes eum quia dignus effectus est. Ei vero offerant diaconi oblationem, et ipse, imponens manus in eam cum omni presbyterio, dicat gratias agens:

[I] 

Dominus vobiscum.

Et omnes dicant: Et cum spiritu tuo.

Sursum corda.

Habemus ad Dominum.

Gratias agamus Domino.

Dignum et iustum est.

Et sic iam prosequatur:

[II]

Gratias tibi referimus, Deus, per dilectum puerum tuum Iesum Christum, quem in ultimis temporibus misisti nobis salvatorem et redemptorem et angelum voluntatis tuae, qui est Verbum tuum inseparabile, per quem omnia fecisti et quem, in beneplacito tuo, misisti de caelo in matricem virginis, quique in utero conceptus incamatus est et filius tuus ostensus est, ex Spiritu Sancto et virgine natus.

[III]

Qui voluntatem tuam complens et populum sanctum tibi adquirens extendit manus cum pateretur ut a passione liberaret eos qui in te crediderunt. Qui cum traderetur voluntariae passioni, ut mortem solveret et vincula diaboli dirumperet et infernum calcaret et iustos ad lucem duceret et terminum figeret et resurrectionem manifestaret, accipiens panem gratias tibi agens dixit: Accipite, manducate, hoc est corpus meum quod pro vobis confringitur. Similiter et calicem dicens: Hic est sanguis meus qui pro vobis effunditur. Quando hoc facitis, in meam commemorationem hoc facite.

[IV]

Memores igitur mortis et resurrectionis eius, offerimus tibi hunc panem et calicem, gratias tibi agentes quia nos dignos habuisti adstare coram te et tibi ut sacerdotes ministrare.

[V]

Et petimus ut mittas Spiritum Sanctum tuum in oblationem Sanctae Ecclesiae. In unum eos congregans des omnibus qui percipiunt ex sanctis (ita ex eis percipere) ut repleantur Spiritu Sancto ad confirmationem eorum fidei in veritate

[VI]

ut te laudemus et glorificemus per puerum tuum Iesum Christum, per quem tibi gloria et honor Patri et Filio cum Sancto Spiritu in sancta Ecclesia et nunc et in saecula saeculorum.

Notas

1 Concilio de Trento, Sesión XXII, Canon VI.

2 Con esto obviamente me refiero a las distinciones que hace el rito romano tradicional entre Missa Lecta, Cantata, Solemnis y Pontificalis. A día de hoy muchos obispos celebran la Misa de forma casi idéntica a un sacerdote; en el rito tradicional hasta la Missa Lecta (Misa Rezada) del obispo tiene notable diferencias respecto de la del sacerdote, por ejemplo que el obispo sólo se pone el manípulo después que los acólitos terminen de rezar el Confiteor, mientras que el sacerdote ya lo tiene puesto desde antes de salir de la sacristía; en los ritos nuevos los obispos ni siquiera tienen el decoro de usar la dalmática debajo de la casulla en las solemnidades pese a que el artículo 56 del Ceremonial de los Obispos así lo establece diciendo: «Pero es conveniente que, en la celebración solemne, según la antigua costumbre, debajo de la casulla vista la dalmática».

3 Por razones obvias no hacemos mención de la Divina Liturgia de los Dones Presentificados, al no contener anáfora, pero en todo caso, esta sólo puede utilizarse en los días de semana de la Gran Cuaresma y los primeros tres días de Semana Santa, y no cuando el sacerdote estime conveniente.

4 Michael Uwe Lang, The Roman Mass: From Early Christian Origins to Tridentine Reform. (Cambridge University Press, 29 de septiembre de 2022), capítulo 3, Kindle.

5 Recordemos que los ritos a medida que pasan los siglos se solidifican, entonces cosas que antes no estaban bien reguladas ahora sí lo están.

6 Sería el inverso de la «latinización» que tanto aborrecen los orientales.

7 Es interesante mencionar que el rito armenio en la antigüedad tenía diez anáforas, pero el rito evolucionó en favor de la exclusividad de una por sobre las otras; esto también se ha visto en otros ritos, aunque en menor medida, por ejemplo, los griegos desde hace siglos ya no utilizan la Divina Liturgia de San Jacobo.

8 Actualmente sólo sobrevive en la denominada capilla mozárabe de la Catedral de Toledo, por obra del cardenal Francisco Jiménez de Cisneros.

9 Missale omnium Offerentium.

10 Incluso en los primeros siglos, donde todavía no estaban escritas todas las oraciones y estas se transmitían de forma oral, al sacerdote no se le dejaba elegir las oraciones libremente, sino que, si optaba por variar, cosa que en aquellos tiempos se permitía, estas debían seguir cierta estructura y contenido. Véase la nota al pie N°30.

11 Con esto nos referimos a que la norma devengue en una norma imperativa propiamente tal, esto es, aquellas que simplemente ordenan algo.

12 Véase la nota al pie N°49.

13 Al igual que las plegarias eucarísticas para Misas con niños, que sin duda han de ser derogadas.

14 Louis Duchesne, Christian Worship: Its origin and evolution, a study of the Latin Liturgy up to the time of Charlemagne, trad. M. L. McClure (Londres: Society for Promoting Christian Knowledge, 1910), 524.

21 comentarios en “Plegaria Eucarística II. Historia de una estafa (Conclusión)

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Parece que el autor también registra que, de hecho, el uso de la plegaria II conduce a la hipotrofia de la parte más importante de la Eucaristía. En un colegio que conozco se la usa días de semana para celebrar en un recreo y que los estudiantes puedan asistir a Misa. Me pregunto si no sería mejor que celebraran Misa y usaran el recreo para el rito de la Comunión sin Misa.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Según me parece haber leído, el papa actual no ha utilizado en ninguna misa pública, la plegaria I. Si eso hace el papa, canonista qué se puede esperar de la multitud de obispos que no son liturgistas, ni canonistas, con títulos en pastoral.

  3. Avatar de pleasanttaleb609ea819e pleasanttaleb609ea819e

    Lo que, a mi modo de ver, tienen en común los fieles vinculados a la Misa según el rito tridentino y aquellos que, aun participando en el Novus Ordo, desearían una mayor compostura en las celebraciones, es sobre todo el deseo de una mayor y más auténtica sacralidad de la liturgia.
    La participación en la Misa debería ser una experiencia de inmersión en la sacralidad de Dios y en su Misterio. Los gestos mesurados, compuestos y solemnes del celebrante, el canto gregoriano, el incienso, los ornamentos, las luces más tenues y recogidas: todos estos elementos pueden contribuir a crear ese espacio de silencio y de asombro en el que el hombre percibe que se encuentra ante algo que lo supera infinitamente.
    También la Comunión de rodillas y en la boca puede ayudar a expresar y a suscitar en los fieles ese sentido de adoración y de santo temor ante la inmensidad del Misterio eucarístico.
    Del mismo modo, creo que la homilía debería ser esencial. El exceso de palabras corre, en efecto, el riesgo de transformar la acción litúrgica en una especie de mitin y de desplazar, casi imperceptiblemente, el centro de la atención de Dios al celebrante.
    También el uso del latín, precisamente porque no es una lengua de uso corriente, puede contribuir a sustraer la liturgia de la dimensión ordinaria de la comunicación cotidiana y a conferirle una mayor solemnidad.
    En fin, quizá ya estamos cansados de Misas que se parecen a reuniones de ancianos, a veces estrafalarias y singulares, intercaladas con el soliloquio de un sacerdote.
    En este contexto, sin embargo, no creo que el problema sea la Plegaria eucarística II ni su brevedad. Al contrario, precisamente la brevedad, sobre todo para los jóvenes de nuestro tiempo, puede ser un elemento positivo: una celebración esencial y recogida deja menos espacio para la distracción, siempre que todo lo que sucede conduzca realmente al Misterio.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Pero lo que usted está sugiriendo es…¡catolicismo!

      ¿Dónde queda el aggiornamento?

      ¿Y el ecumenismo?

      ¡Y del protestantismo, ni le digo!

      ¿No será usted un revisionista?

      Todavía rezará usted el rosario y hará adoración eucarística…

      ¿Se da usted cuenta que da mal ejemplo?

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Lo que, a mi modo de ver, tienen en común los fieles vinculados a la Misa según el rito tridentino y aquellos que, aun participando en el Novus Ordo, desearían una mayor compostura en las celebraciones, es sobre todo el deseo de una mayor y más auténtica sacralidad de la liturgia.

    La participación en la Misa debería ser una experiencia de inmersión en la sacralidad de Dios y en su Misterio. Los gestos mesurados, compuestos y solemnes del celebrante, el canto gregoriano, el incienso, los ornamentos, las luces más tenues y recogidas: todos estos elementos pueden contribuir a crear ese espacio de silencio y de asombro en el que el hombre percibe que se encuentra ante algo que lo supera infinitamente.

    También la Comunión de rodillas y en la boca puede ayudar a expresar y a suscitar en los fieles ese sentido de adoración y de santo temor ante la inmensidad del Misterio eucarístico.

    Del mismo modo, creo que la homilía debería ser esencial. El exceso de palabras corre, en efecto, el riesgo de transformar la acción litúrgica en una especie de mitin y de desplazar, casi imperceptiblemente, el centro de la atención de Dios al celebrante.

    También el uso del latín, precisamente porque no es una lengua de uso corriente, puede contribuir a sustraer la liturgia de la dimensión ordinaria de la comunicación cotidiana y a conferirle una mayor solemnidad.

    En fin, quizá ya estamos cansados de Misas que se parecen a reuniones de ancianos, a veces estrafalarias y singulares, intercaladas con el soliloquio de un sacerdote.

    En este contexto, sin embargo, no creo que el problema sea la Plegaria eucarística II ni su brevedad. Al contrario, precisamente la brevedad, sobre todo para los jóvenes de nuestro tiempo, puede ser un elemento positivo: una celebración esencial y recogida deja menos espacio para la distracción, siempre que todo lo que sucede conduzca realmente al Misterio.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Hay un error en el texto, el rito hispano no mozarabe no tiene una sola plegaria eucarística sino una casi para cada misa del año. Así la illatio (prefacio), post sanctus (plegaria eucarística propiamente dicha) y post pridie (epiclesis) cambian continuamente y son parte del propio de cada misa.

    Es el rito con mayor riqueza de plegarias y donde se muestra la profundidad espiritual y teológica de los santos padres hispanos, a veces hasta sus vicios de barroquismo.

    Eck

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      ¿Rito hispano no mozárabe ?

      En todo caso será «rito hispano sí mozárabe».

      En la red lo interpretan de otra manera; más bien una sola plegaria eucarística con pequeñas variaciones según la fiesta del día.

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    El autor del artículo propone, en prieta síntesis, ahondar el problema y no en una posible solución. Mantener las opciones libres para el celebrante, es consagrar la alternatividad como principio rector de un rito supuestamente «unificado», al cual pueda denominarse «rito latino». Es decir, declarar ritual la variabilidad y capricho del celebrante -algo bien lejos de la objetividad característica del rito latino. El problema es esta variabilidad y, en último análisis, los ritos prefabricados en 1970, después de la insidiosa «preparación» de la feligresía para instalarla en el cambio y la variabilidad perpetuas a través del Misal de 1965, al cual muchos creyeron (creímos…) la adecuación litúrgica del Concilio Vaticano II, definitiva.

    Lo que propone el autor, a mi modesto entender, es propagar el problema al infinito, deshacerse de la eucología latina para enancarse a un sistema de perpetuo cambio que desdibuje constantemente el sentido estable y objetivo de la Liturgia como obra divina y, en cuanto tal, participante de aquella perfección, sencillez y simplicidad divina, que tan perfectamente ofrecía el vetus ordo. La innovación permanente como opuesta a la estabilidad e inmovilidad de Dios.

    El problema está en la multiplicidad ritual de 1970, en su perpetuo afán de innovación y en su alejamiento de la teología católica de la Eucaristía.

    Así lo veo yo.

  7. Avatar de janus1870 janus1870

    A su vez, las Iglesias del rito siríaco en su expresión oriental, utilizan tres anáforas, la mítica anáfora de Addai y Mari, la cual se alega puede tener su origen en el siglo III convirtiéndose así en la anáfora más antigua aun en uso…

    Si nos quejamos de la «pobreza» de la Plegaria Eucarística II, qué decir entonces de esa mítica anáfora de Addai y Mari, que en su forma original no contiene la narración de la Institución, es decir, lo que nosotros entendemos por las palabras de consagración.

    Por eso la Santa Sede emitió unas «Orientaciones para la admisión a la eucaristía entre la Iglesia Caldea y la Iglesia Asiria de Oriente«. Un documento muy interesante, especialmente en lo que se refiere a la validez de aquella anáfora:

    «La cuestión principal para la Iglesia Católica al acceder a esta petición se relacionaba con la validez de la Eucaristía celebrada con la Anáfora de Addai y Mari, una de las tres anáforas utilizadas tradicionalmente por la Iglesia Asiria de Oriente. La Anáfora de Addai y Mari es notable porque, desde tiempos inmemoriales, se ha utilizado sin la recitación del relato de la Institución. Dado que la Iglesia Católica considera las palabras de la Institución eucarística como una parte constitutiva y, por tanto, indispensable de la anáfora o plegaria eucarística, se llevó a cabo un estudio largo y minucioso de la Anáfora de Addai y Mari desde una perspectiva histórica, litúrgica y teológica; al finalizar dicho estudio, el 17 de enero de 2001, la Congregación para la Doctrina de la Fe concluyó que esta anáfora puede considerarse válida. Su Santidad el Papa Juan Pablo II aprobó esta decisión. Esta conclusión se basa en tres argumentos principales. En primer lugar, la Anáfora de Addai y Mari es una de las anáforas más antiguas, que se remonta a la época de la Iglesia primitiva; fue compuesta y utilizada con la clara intención de celebrar la Eucaristía en plena continuidad con la Última Cena y conforme a la intención de la Iglesia; su validez nunca fue cuestionada oficialmente, ni en el Oriente cristiano ni en el Occidente cristiano. En segundo lugar, la Iglesia Católica reconoce a la Iglesia Asiria de Oriente como una verdadera Iglesia particular, fundada en la fe ortodoxa y en la sucesión apostólica. La Iglesia Asiria de Oriente ha conservado también la plena fe eucarística en la presencia de nuestro Señor bajo las especies de pan y vino y en el carácter sacrificial de la Eucaristía. Así pues, en la Iglesia Asiria de Oriente —aunque no esté en plena comunión con la Iglesia Católica— se encuentran «verdaderos sacramentos y, sobre todo, en virtud de la sucesión apostólica, el sacerdocio y la Eucaristía» (U.R., n. 15). Por último, las palabras de la Institución eucarística están efectivamente presentes en la Anáfora de Addai y Mari, no de forma narrativa coherente y *ad litteram*, sino más bien de manera eucológica dispersa; es decir, integradas en sucesivas oraciones de acción de gracias, alabanza e intercesión.»

    Para meditar y abrir un poco algunas mentes.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Lo importante es si hay alguna palabra de consagración que convierta el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo. Tiene que haber también la intención.

      Porque si no, la anáfora de Addai y Mari no vale a efectos católicos, por mucha sucesión apostólica que haya o antigüedad que tenga.

      Las oraciones de gracias, alabanza e intercesión, por si solas, no valen.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Dejando de lado el mérito o demérito que puedan tener las conclusiones del documento «Orientaciones para la admisión a la eucaristía entre la Iglesia Caldea y la Iglesia Asiria de Oriente« en lo que hace al análisis de la liturgia «asiria», del hecho que las fuentes que nos llegan de la «Plegaria de Addai y Mari» carezcan de un relato conciso y narrativo de las palabras de la institución no hay que concluir rápidamente que dicha plegaria eucarística originalmente careciera de él.
      Hay mucha tela que cortar al respecto.

      -malleus

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Don Wanderer, usted dice que «En mi opinión, la cuestión se explica por la disciplina del arcano. Las palabras de la consagración no se escribían, pero el sacerdote las recitaba de memoria»

        Pero si es tan antigua esa plegaria, lo esperable es que se hubiera trasmitido oralmente y esto sobre todo entre los clérigos. Era lo propio de la época o lo más usado. En el «seminario» los estudiantes habrán aprendido a recitar la plegaria y a estudiarla usando la memoria más que el documento escrito.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    Extraordinaria investigación, felicitaciones al autor. Cuán fascinante es la cantidad de plegarias y ritos existentes, me han dado ganas de investigarlas a todas.

    En cuanto a la Plegaria II, tan habitual en nuestra Misa diaria, qué decepción ha sido conocer su procedencia y sus «flaquezas». Sin dudas esta serie de 3 publicaciones ha sido muy instructiva.

    Respecto a lo de imponer la Plegaria I a los Obispos, me ha causado gracia, hacerles «trabajar» más de lo que ya se fatigan día a día! (Un poco de humor). Bendiciones en Cristo.

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