La reforma de la Semana Santa: el Domingo de Ramos

El siguiente artículo, redactado en base a un trabajo del P. Stefano Caruso, fue publicado en este blog el 9 de abril de 2018. Detalla los cambios realizados a las ceremonias tradicionales del Domingo de Ramos.

1. Innovación: Uso del color rojo para la procesión y morado para la misa.

Práctica tradicional anterior a la reforma: uso del morado tanto para la procesión como para la misa.

Justificación de la Comisión: “… se podría restituir el rojo primitivo usado durante el medioevo para esta solemne procesión. El color rojo recuerda la púrpura real… y de esta manera la procesión se distinguiría como un elemento sui generis” (Archivio della Congregazione dei Santi, fondo Sacra Congregatio Rituum, Annotazione intorno alla riforma della liturgia della Domenica delle Palme, p. 9. Todas las citas de textos de la Comisión que siguen a continuación proceden de este mismo documento.

Objeción: No se trata de negar que el color rojo pueda ser signo de la púrpura real aunque habría que probar que, efectivamente, se usaba durante el Medioevo en ese sentido, pero resulta llamativo el modo de proceder y el motivo por el cual se buscan razones sui generis y se decide que el rojo deba tener en este día una simbología determinada racionalmente, según el capricho o la fantasía de los liturgistas. De hecho, en el rito romano, el rojo es el color del martirio o del Espíritu Santo, y en el rito ambrosiano, que se usa el Domingo de Ramos, se lo hace para indicar la sangre de la Pasión y no la realeza. En el rito parisino se usaba el negro. Este cambio no habría que atribuirlo a una práctica atestiguada sino a la idea caprichosa de un “pastoral profesor de seminario suizo” (L. Gromier, Semaine Sainte Restaurée, in Opus Dei (1962), n. 2, p. 3).

2. CambioAbolición de las planetas (o casullas) plegadas y consecuentemente del estolón o stola largior.

Práctica tradicional anterior a la reforma: Uso de la planeta plegada y del estolón, y de la planeta enrollada en bandolera por parte del diácono durante el canto del Evangelio.

Era esta una práctica de las más antiguas del Rito Romano que había sobrevivido hasta entonces, y que nunca se había osado cambiar por la veneración que implicaba, por lo extraordinario de los ritos de Semana Santa y por el extremo dolor de la Iglesia durante estos días. Por otro otro lado, no se explica que la misma Comisión que introducía del color rojo porque era una práctica medieval, aboliera otra práctica medieval por ser, justamente, medieval. 

3. Innovación: Bendición de los ramos cara al pueblo y a dando la espalda a la cruz y al altar y, en algunos casos, al Santísimo.

Práctica tradicional anterior a la reforma: Los ramos se bendecían en el altar, del lado de la epístola, luego de una lectura, un gradual, un evangelio y, sobre todo, de un Prefacio con el Sanctus que introducía las oraciones de bendición. 

Con el objetivo de lograr la participación de los fieles, se introduce la idea de las celebraciones litúrgicas cara al pueblo y de espaldas a Dios. Se inventa una mesa, que se coloca entre el altar y el comulgatorio, con los ministros versus populum, con lo cual se introduce un nuevo concepto del espacio litúrgico y de la orientación de la oración. 

4. Cambio: Supresión del prefacio con las palabras relativas a la autoridad de Cristo sobre los reinos y su autoridad sobre este mundo. 

Práctica tradicional anterior a la reforma: El rito romano preveía en ocasión de los grandes momentos litúrgicos como la consagración de los óleos o la ordenación sacerdotal, el canto de un prefacio como un modo particularmente solemne de dirigirse a Dios. También para la bendición de los ramos estaba previsto un prefacio que describía el orden divino de la Creación y su sumisión a Dios Padre, sumisión de lo creado que era advertencia a los reyes y gobernantes acerca de su propia sumisión a Dios:

Tibi enim serviunt creaturae tuae: quia te solum auctorem et Deum cognoscunt et omnis factura tua te collaudat, et benedicunt te sancti tui. Quia illud magnum Unigeniti tui nomen coram regibus et potestatibus huius saeculi libera voce confitentur. «Porque tus criaturas te sirven, pues solo a ti reconocen como Creador y Dios, y todas tus obras te alaban, y tus santos te bendicen. Porque confiesan libremente ante los reyes y poderes de este mundo el gran nombre de tu Hijo Unigénito»

El texto revela en pocas líneas la base teológica que fundamenta el deber que tienen los gobernantes temporales de someterse a Cristo Rey.

La asombrosa justificación de la Comisión para este cambio es la siguiente:

Teniendo en cuenta la poca coherencia de estos prefacios, su larga extensión y, en algunos casos, la pobreza de pensamiento, su pérdida no parece relevante (C. Braga, op. cit., p. 306). 

5. Cambio: Supresión de las oraciones de la bendición de los ramos sobre el significado y beneficio de los sacramentales, y sobre el poder que tienen contra el demonio. 

Práctica tradicional anterior a la reforma: Las antiguas oraciones recordaban el rol de los sacramentales, los cuales poseen un poder efectivo (ex opere operantis Ecclesiae) contra el demonio.

La Comisión consideró que estas oraciones eran “ampulosas…, con toda las características de la erudición típica de la época carolingia”. Se ve que aunque los reformadores están de acuerdo con respecto a la antigüedad de los textos, no los consideran de su gusto porque

“es muy débil la relación directa de la ceremonia con la experiencia de la vida cristiana, o sea el significado litúrgico pastoral de la procesión como homenaje a Cristo Rey.

Nadie puede entender la razón de tal “débil relación”. 

La “experiencia de la vida cristiana concreta” de los fieles es poco más adelante completamente despreciada por la misma Comisión que considera que

“estas piadosas costumbres [los ramos bendecidos], aún justificadas teológicamente, puede degenerar como de hecho se degeneran, en supersticiones”.

Más allá del tono racionalista apenas disimulado, hay que tener en cuanta que las antiguas oraciones fueron deliberadamente sustituidas por nuevas fórmulas según lo dicen expresamente los autores. Es decir, las antiguas oraciones no gustaban porque expresaban de un modo demasiado marcado la eficacia de los sacramentales y, por tanto, se inventan otras nuevas. 


6. Innovación: cruz procesional no velada, aún cuando la cruz del altar permanece velada.

Práctica tradicional anterior a la reforma: La cruz del altar permanece velada como así también la cruz procesional, a la cual se ata un ramo bendecido, como una referencia a la cruz gloriosa y a la Pasión vencedora del Señor.

El motivo de este invento se nos escapa completamente. Más que un eventual significado místico, parece más bien el fruto de las prisas que tenían los redactores debido a las presiones de los episcopados.

7. Cambio: Eliminación de los golpes con la cruz a la puerta de la iglesia que permanecía cerrada. 

Práctica tradicional anterior a la reforma: La procesión se reunía delante de la puerta cerrada de la iglesia. Un diálogo cantado entre un coro de cantores en el exterior se alternaba con otro que estaba dentro del templo. Luego se procedía a la apertura de las puertas, la que ocurría después de haberla golpeado con la parte baja del asta de la cruz procesional. 

Este rito simbolizaba la resistencia inicial del pueblo judío y el ingreso triunfal de Cristo en Jerusalén, pero también la cruz vencedora de Cristo que abre las puertas del cuelo y que es causa de nuestra resurrección: “hebraeorum pueri resurrectionem vitae pronuntiantes”.

8. Innovación: Una oración que se recita al final de la procesión, en el centro del altar cara al pueblo. 

Práctica tradicional anterior a la reforma: La procesión terminaba normalmente y luego se iniciaba la misa con las oraciones al pie del altar como de costumbre. 

La oración introducida aparece como una pegatina al rito en razón de su naturaleza arbitraria: “A fin de dar a la procesión un elemento preciso de conclusión, hemos pensando en proponer un particular Oremus”, dice la Comisión. 

El mismo padre Braga confesaba cándidamente cincuenta años después que el invento de esta oración no había sido feliz:

“El elemento que desentona un poco en el nuevo Ordo es que la oración conclusiva de la procesión que rompe la unidad de la celebración” (C.Braga, op. cit., p. 25).

9. Cambio: Se elimina la distinción entre la Pasión y Evangelio. Además, en la Pasión se elimina la frase final. 

Práctica tradicional anterior a la reforma: El canto de la Pasión era distinto del canto del Evangelio, que llegaba hasta Mateo 27, 66. 

La Pasión había tenido siempre un estilo narrativo, como un momento distinto al Evangelio. Era cantada por tres voces distintas luego de la lectura del Evangelio, el que era cantado solamente por el diácono con un tono diferente, con el uso del incienso pero sin cirios. La reforma confunde los dos aspectos; Pasión y Evangelio son amalgamados en un único canto sin ahorrarse vistosos recortes del inicio hasta el final. De esta manera, se termina por privar a la misa y al diácono del canto del Evangelio que resulta formalmente suprimido. 

10. Cambio: Eliminación del pasaje evangélico que conecta la institución de la eucaristía con la Pasión de Cristo (Mt. 26, 1-36).

Práctica tradicional anterior a la reforma: La Pasión era precedida por la lectura de la institución de la eucaristía revelando de ese modo el vínculo íntimo, esencial y teológico de ambos pasajes.

Este cambio es desconcertante. Según lo que aparece en los archivos de la Comisión, se había decidido no hacer ningún cambio con respecto a la lectura de la Pasión ya que era una institución antiquísima. Sin embargo, no se sabe cómo ni por qué, la narración de la Última Cena fue eliminada. Parece difícil pensar que el único motivo haya sido una cuestión de tiempo, para no hacer tan larga la lectura, sobre todo cuando se considera la relevancia del pasaje. Hasta ese momento, la tradición había querido que en la narración de la Pasión de los Sinópticos tuviera siempre incluida la institución de la eucaristía que, con la separación sacramental del Cuerpo y la Sangre de Cristo, es el anuncio de la Pasión. La reforma amputa un pasaje fundamental de la Escritura que es vínculo de consecuencialidad entre la Última Cena, sacrificio del Viernes Santo y Eucaristía. 

El pasaje de la institución de la eucaristía será también eliminado del Martes y el Miércoles Santos, con el extraordinario resultado que ¡permanecerá ausente de todo el ciclo litúrgico! Es decir, luego de la reforma de la Semana Santa por parte de Pío XII, en ningún momento del año se leía el evangelio de la institución de la eucaristía. 
Esto fu consecuencia de un cambio hecho a las apuradas que desbalanceó una obra plurisecular

7 comentarios en “La reforma de la Semana Santa: el Domingo de Ramos

  1. Avatar de bravelyirondb5447ee72 bravelyirondb5447ee72

    Es curioso que la FSSPX celebra con los ritos reformados y no los anteriores. La verdad es que son muy feos. Yo creo que la perdida más grande de esta reforma es la misa de presantificados del viernes santo. Los ortodoxos conservamos la Divina Liturgia de los Dones Presantificados, atribuida al Papa San Gregorio el Dialoguista (o san Gregorio Magno como lo llaman los latinos), se reza en los días de semana durante la cuaresma, generalmente los viernes o los miércoles, con dones consagrados el domingo. Es de una belleza tremenda el rito.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    a propósito del valor que se le puede dar a las costumbres inmemoriales, al menos acá en Chile, en la capilla de la Fsspx, se bendicen los ramos en el altar, de espalda a los fieles y se mantiene lo de los golpes con la cruz antes de la entrada de la procesión a la Iglesia.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Recuerdo haber leído que en la época colonial en localidades poco pobladas y remotas (en el siglo XVII toda el territorio español en Argentina era poco poblado y remoto) muchas veces la gente pasaba meses sin curas que den misas, hasta que llegara un cura itinerante, y que del mismo modo muchas parejas de juntaban de hecho, y cuando visitaba un cura ahí se casaban.

    La misa en ese tipo de circunstancias debía ser algo más simple.

    1. Es que aquí no se trata de la misa, sino de las ceremonias de Semana Santa. La misa, en las zonas que usted menciona, era siempre la misa baja, la más simple de todas y la única que podían celebrar los pobres sacerdotes itinerantes.
      Y esto ocurría hasta no hace mucho.

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Es importante echar luz sobre la pobreza intelectual de la reforma litúrgica. Gracias wanderer, realmente es importante subrayar a los «nenes caprichosos» que primero eligen algo por medieval (sin demostrar que lo sean) y luego rechazan otra cosa por el mismo motivo. ¿Son imbéciles? No, simplemente unos livianos. Pero como dicen vemos su pecado permanece.

    Vale para los defensores a ultranza de la reforma litúrgica hoy. Abajo la hipocresía: digan «me gusta mas así, un cocoliche caprichoso», que eso es lo honesto.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Madre mía… La de gente que se necesitba entre acólitos, coro, subdiaca, diaca, asistente, pertiguero, prioste, mayordomo, y consiliarios, para hacer todo eso.

    Algo así solo se puede hacer en una sociedad cristiana, hoy a duras penas pueden muchas parroquias rurarles celebrar un triudo digno incluso poniendose minimalistas.

    1. No exagere, que tampoco se necesitaba tanto. Todas las ceremonias se adaptan a los ministros que tenían. Además, las parroquias tenían varios sacerdotes que hacían las veces de diáconos y de subdiáconos. En cuanto a «asistente, pertiguero, prioste, mayordomo, y consiliarios», no sé de dónde saca que eran necesarios.
      Las ceremonias de Semana Santa -la del Jueves y Viernes- no se solían hacer en las zonas rurales o pueblos pequeños, al menos en el siglo XIX y primera mitad del XX. No son días de precepto.
      Se reemplazaban por ejercicios de piedad: Vía Crucis, Procesión del Encuentro, Sermón de Soledad, etc. En mi opinión, eran más «populares», le «llegaban más a la gente» y le resultaba mucho más cómodo y fácil al sacerdote.

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