Progresismo, fracaso y despotismo

por Demóstenes

Durante las últimas décadas todos hemos podido notar el crecimiento del progresismo dentro de la estructura eclesial argentina, a punto tal de convertirse en dominante. Los representantes de la ideología progresista manejan la gran mayoría de los resortes de poder eclesiástico. Sin embargo, el triunfo en la lucha por el dominio ha coincidido con su pérdida de iniciativa intelectual. 

De un modo u otro, la principal bandera del modernismo/progresismo cristiano siempre fue el éxito apostólico. Según ellos, los conservadores/tradicionales son culpables de una crisis en la Iglesia, originada en la falta de adaptación al hombre moderno. Los progresistas vendrían a solucionar esta escisión, acercando la religión al hombre actual, quien, según su versión, se habría alejado, entre otras cosas, por la rigidez moral, el latín, la complejidad escolástica y la pompa eclesiástica. Por el contrario, la flexibilidad moral, el lenguaje llano en idioma vernáculo, la omisión de ciertas verdades incómodas y la cercanía a los pobres y jóvenes, atraerían nuevamente a las masas. Con pastores, que no fueran doctores ni príncipes, se lograría revertir la situación. 

Sin embargo, luego de bastante tiempo conduciendo muchas estructuras eclesiales, los resultados no fueron los previstos. Los pobres han optado por los evangélicos y la adhesión juvenil se ha ido disipando. El mensaje progresista cristiano ha perdido el atractivo de la novedad y cada vez cuesta más reciclarlo con terminología nueva. La descristianización ha seguido su curso y los descendientes de los jóvenes revolucionarios eclesiales de los años 60 y 70, en su gran mayoría, se han apartado de la fe. Para colmo de males, luego de las purgas episcopales, ya no pueden culpar a “sectores minoritarios, pero poderosos”, ni responsabilizar a gestiones que han finalizado hace muchos años. La tremenda caída de la cantidad de seminaristas, por ejemplo, no puede ser atribuida a conservadores nostálgicos.

Su propuesta actual, en los hechos, incluye una liturgia anacrónica (con música y estética de hace algunas décadas) y una jerga eclesiástica desvinculada de la realidad e incomprensible para quienes no sean iniciados. Jerga que incluye palabras en griego como kerygma, kénosis o kairos (obviamente el latín está excluido) y que precisa continuas explicaciones para comprender su sentido. Ningún ser humano (moderno o antiguo) puede entender, sin aclaración previa, el significado de expresiones como “los desafíos de la sinodalidad”, “la radicalidad de la metanoia”, “la experiencia de comunión” o frases similares. 

Adicionalmente, el progresismo va siendo desgastado por un fenómeno que suele acompañar a quienes tienen puestos de autoridad, cual es la revelación de sus incongruencias. El sobredimensionamiento de la autenticidad de hace algunos años, contenía una crítica implícita a la hipocresía. En esa oportunidad, el blanco eran los conservadores, continuamente atacados por supuestos cristianos auténticos. Sin embargo, el tiempo ha cambiado la situación. Los antiguos jóvenes llegaron a posiciones de autoridad y sus deficiencias están quedando en evidencia. Son autócratas que pregonan la sinodalidad y el diálogo; jerarcas que viven como ricos, aunque prediquen la pobreza; déspotas que deciden sin miramientos, pese a que declaman la misericordia; críticos del clericalismo que viven enrostrando su carácter sacerdotal; y un largo etcétera. 

Mientras los mass media tuvieron el casi monopolio de la comunicación, podían esconder o minimizar los vicios de sus aliados eclesiásticos progresistas. Pero los nuevos comunicadores de internet han cambiado la situación. Las falencias curiales progresistas han llegado al gran público y los católicos más informados van engrosando la fila de lectores de portales de derecha. 

En lógica gramsciana, la jerarquía progresista actual ostenta una coacción desprovista de legitimidad. Ejerce el poder, pero no conduce. Y para sostener su posición, va empleando herramientas clásicas de gobiernos dictatoriales. 

Naturalmente, como todo gobierno despótico usa el instrumento de la dosificación del castigo, con su consiguiente miedo y angustia. Todos los que están dentro de la estructura eclesiástica deben saber que están al alcance de un comisariamiento, de una sanción sin juicio previo, de un traslado que incomoda, de una supresión de apostolado, etc. 

Este ejercicio se ve agravado, por cuanto el poder es ejercido sobre una base cuantitativa decreciente, casi reduciéndose a aquellos en cuya conciencia todavía pesa de modo especial la orden emitida por una autoridad religiosa. Es que, dada la mengua de la fe en la sociedad, es lógico que el poder de los eclesiásticos progresistas con poca ortodoxia que parasitar, disminuya de modo natural. La propia impotencia apostólica va reduciendo la Iglesia y su influencia. El resultado es impensado hace algunos años en los países otrora católicos: respecto de la sociedad en general (sobre todo entre los jóvenes) la Iglesia ya se ha convertido en irrelevante. Cada vez tiene menos ascendiente sobre el hombre común. Casi nadie decide su voto por una carta pastoral, despide o nombra un empleado a causa de un llamado eclesiástico o ingresa a un partido político por consejo de un sacerdote. Por eso, el ejercicio del poder lo concentran en los pocos que todavía se encuentran bajo su égida. Principalmente, los pobres clérigos que tienen que sufrir el despotismo de los supuestos dialogantes.

Otro método es el engaño, tratando de hacer creer a la gente sencilla que la realidad es de otra manera. A la acostumbrada manipulación de cifras, se ha agregado una última herramienta: la sinodalidad. Término que permite un uso gatopardista clerical, que intenta disfrazar con aire democrático, decisiones que todos saben autocráticas. 

También se emplea la propaganda histórica, mediante la desfiguración, el ocultamiento o el sobredimensionamiento de los hechos pasados. Todo lo que huela a Iglesia “constantiniana” es denigrado. Por el contrario, se viven alabando las ventajas de ciertas decisiones recientes. 

En el uso hipócrita del poder de la jerarquía progresista habría que incluir la arbitrariedad que se manifiesta en su doble vara. Cuando se trata de grupos de derecha, el criterio a aplicar es la obediencia. La orden, más o menos formal, y generalmente sin fundamento verdadero, debe ser acatada. Felizmente para ellos, se trata por lo general de gente acostumbrada a obedecer y a no rebelarse públicamente (contrariamente a los clérigos tercermundistas de los años 60/70). Lo cual no significa que estas imposiciones carezcan de costo político. Como se dijo más arriba, la pérdida del monopolio informativo tiene como efecto que las decisiones arbitrarias tomen estado público, con la consiguiente pérdida de prestigio de la jerarquía, ya que, a priori, la autoridad eclesial es de ejercicio blando. 

Por el contario, cuando en la izquierda hay abusos litúrgicos, herejías o escándalos morales, el criterio cambia. La misericordia y el diálogo son los parámetros para estas situaciones. Aquí todo es comprensión y disculpa, mientras se acusa de fariseísmo a los que hicieron públicos los errores. La impresión que queda es que para cierta jerarquía el verdadero problema consistiría en la publicidad de los hechos contrarios a la doctrina o a la moral. Más aún, parece que desearían que se fueran naturalizando ciertas transgresiones mediante su repetición discreta y, en algunos años, las mismas fueran vistas como normales. El permisivismo pastoral, muchas veces deriva en posterior modificación disciplinar o pseudo cambio doctrinal.

En síntesis, el doble rasero es evidente. Para la izquierda, pluralismo y libertad; para la derecha, unidad. Para la izquierda, misericordia y comprensión; para la derecha, justicia y mano dura. Para la izquierda, diálogo; para la derecha, obediencia. 

Triste final el de la generación rebelde, convertida en represora hipócrita de jóvenes disidentes del orden progresista.

Conclusión

Ni eficacia en el apostolado, ni comprensibilidad por el hombre de hoy, ni pobreza evangélica, ni misericordia, ni autenticidad, ni madurez laical, ni fin del clericalismo. Al progresismo se le han caído las banderas. Sólo le va quedando el poder y su ejercicio brutal. Pese al daño hecho y al fracaso patente, quienes detentan el poder no parecen retroceder en su error. Hasta ahora prefieren morir matando. 

Lo deseable sería que, en lugar de continuar tozudamente con estructuras mentales estériles, vuelvan a la fe de siempre, que cada día coincide más con lo que busca la juventud. No tiene sentido perseguir jóvenes que quieren servir a Dios sin los estereotipos de una generación que desperdició su oportunidad. Se corre el riesgo de actuar contra lo que Dios quiere, olvidando el sabio consejo de Gamaliel. Como se repetía en una frase de moda hace algún tiempo: “no se puede detener la primavera”.

27 comentarios en “Progresismo, fracaso y despotismo

  1. Avatar de creativelypirateb7b6e88bb6 creativelypirateb7b6e88bb6

    Adaptando las canciones de Bob Dylan con los Salmos , en vaqueros en el altar del colegio , cosegui obtener siempre la mejor nota en religion…años 70…Soy abuela y solamente voy a misas Novus Ordo si estoy muy lejos de una Misa Tradicional. Bueno…por si puede ser esperanzador! Deo Gratias

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    si….gracias…. me sacó las palabras de la boca. yo pondría mucho énfasis en lo que viene: vemos seminarios diezmados al punto de que ningún obispo tiene la valentía de dar públicamente informes sobre ingreso y egresos, abandonos e indultos en sus seminarios y diócesis… Los actuales seminaristas argentos colmado de afeminados, doble vida, grandes limitaciones intelectuales, psicológicas y morales… empezando por sus formadores mediocres para abajo. Tremenda realidad constatar de donde salen los actuales y futuros sacerdotes ….. tristísimo y denigrante…. Oremos…..

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Caminante
    Tengo un borrador titulado «rockeros en el geriátrico» que nunca concluiré pero empieza así:

    Hace unas semanas tomó la comunión una prima de mi esposa en la parroquia de San Francisco y era necesario estar presentes. ¿Ir, no ir? Con todo el lío que se ha armado teníamos muy pocas ganas, pero fuimos, y no nos hicieron ningún drama.

    Quedé muy impresionado con el profesionalismo del coro: se nota que están muy bien aceitados y practicados. Hacían arreglos y melodías dobles que un improvisado jamás podría lograr. Y me llamó la atención la multitud de instrumentos: guitarra eléctrica, batería, pandereta, aplausos y armónica. Me remontó directamente a mi niñez en los años 90 y al primer disco de música que me regalaron cuando cumplí 9 años: el disco “1” de los Beatles con sus grandes éxitos. Armónica, pandereta y aplausos.

    Le pedí a la inteligencia artificial que, a partir de la lista de instrumentos, estime de qué año era esa banda. Analizó el uso. Guitarra eléctrica y batería: desde los 50 a la actualidad, pandereta: típica de los 60, armónica: fines de los 50 y toda la década del 60, aplausos: elemento rítmico en los 60 y 70. Conclusión “combinación emblemática del rock y el pop de mediados o fines de los años 60, quizá estirándose hasta principios de los 70. Si luego estas características aparecen en una banda moderna, suele ser como revival u homenaje retro”. Me recomendaba comparar con Bob Dylan, The Beatles, The Rolling Stones y The Birds. La banda tocó muy bien, profesionalmente, incluso engancharon fantásticamente el canto del saludo de la Paz con el Cordero de Dios. Pero sí: en 2025 la mejor manera de calificar la música de una Primera Comunión es “60s revival”.

    De hecho el domingo anterior había ido a misa a Trinidad y se cantaba un hitazo de Bob Dylan con la letra cambiada:

    Por este mundo que Cristo nos da

    Hacemos la ofrenda del pan

    El pan de nuestro trabajo sin fin

    El vino de nuestro cantar

    Traigo ante Tí nuestra justa inquietud

    Amar la justicia y la paz…

    Me sorprendió, después de tanto tiempo, escuchar esta versión de Dylan. Cuando le dieron el Premio Nobel de la literatura, el novelista Irvine Welsh dijo que era “un premio de nostalgia mal concebido, arrancado de las próstatas rancias de unos hippies seniles y balbuceantes”, refiriéndose a los miembros de la Academia Sueca. Es la nostalgia de un mundo que no existe más. Le consulté a un primo de mi esposa que estudia en la Católica: no ubica quién es Bob Dylan. Alguien más preguntó: “¿se llama como el perro de Alberto Fernández?”. Por eso hay que ampliar la mirada y ver a los boomers en su panorama: sus ídolos juveniles están muriendo, ellos mismos están jubilados o jubilándose, y ven que sus sucesores no van a continuar su legado. El rock terminó. El punk no existe más. La mejor banda de rock de San Juan toca en primeras comuniones. Pero esta música es prácticamente obligatoria. Ay del que se atreva a cumplir lo que manda el Concilio Vaticano II sobre la música litúrgica: todos a tragarse el rock and roll.

    En este comentario me voy a concentrar en las obras de Cesáreo Gabaráin: ésta “Saber que vendrás”, pero también otros hitazos suyos como Pescador de hombres, Una espiga dorada por el sol, Juntos como hermanos, Vienen con Alegría, Iglesia Peregrina (“Todos unidos formando un sólo cuerpo”), etc. En paralelo con su obra de composición musical, Gabaráin tuvo una prolífica carrera como depredador sexual en distintos colegios de varones. La primera víctima cayó en sus garras el mismo año de su ordenación (1959) y cultivó sus depravaciones hasta que fue expulsado de los Hermanos Maristas en 1978. Dos años después la diócesis de Madrid le dio cobijo como capellán de otro colegio de varones, esta vez, de salesianos. Cuenta con por lo menos 17 víctimas.

    ¿Cómo la Iglesia permite que se sigan cantando sus canciones? Es que son pegadizas, dicen: hay que separar la obra del artista. Pero inevitablemente la obra está marcada por el artista…

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Malachi Martin, en su excelente obra “Los Jesuitas”, resume en dos características lo que provoco el Vat II, 1-un huracán que derribo todo lo que era familiar a las personas, y 2-la euforia.

      Recordaba que a nivel musical hubo algunas cosas de calidad entre nosotros, Osvaldo Catena, que tuvo el mérito de musicalizar los Salmos, y al menos se cantaba con la Palabra de Dios y pero también algunas canciones como “Canción del Testigo” de J.C. Constable SJ, en la que se apreciaba ya la “adveniente” ideología

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Recién me almuerzo lo de Gabaráin. Es importante el dato, aunque para rechazarlo bastaba con decir que sus obras son inanes, relamidas, somníferas, cursis, ridículas, simplonas, intrascendentes. En resumen, feas.

      Sorprende la diferencia de procedimiento con respecto a Rupnik, donde la trillada tontería de separar la obra del artista se decidió dejar de lado. Lo que pasa es que se trata de otra época mediática: en tiempos de Gabaráin, esas cosillas no trascendían, de manera tal que el «impacto» en la gente en los términos de una reacción y una exigencia de cancelación, no iba a ser como el que tiene hoy el muchacho Rupnik.

      De todos modos, la discusión de si hay que considerar al artista a la hora de juzgar su obra, deriva en debates interminables que generalmente tienen como efecto el dejar las cosas tal como están. Mejor sería admitir que hay obras que simplemente son espantosas, lo que hace materia de juicio suficiente como para reciclarlas y darles un destino más útil.

  4. Avatar de Desconocido Messerschmidt

    El análisis del artículo es totalmente acertado. En realidad el despotismo del progresismo, que en sus orígenes pretendió ser antiautoritario, se da no solamente en la Iglesia, sino en todos los ámbitos. Yo recuerdo que en la universidad los profesores más tiránicos e intolerantes que tuve, hoy ya jubiladísimos, eran gente que de joven había comulgado con la ideología de las revueltas del 68.

    En el artículo hay, sin embargo, un uso de los términos “derecha” e “izquierda” que me irrita. En primer lugar se trata de conceptos muy dudosos, ambiguos, insoportablemente relativos e imposibles de definir seriamente. Hoy en día, tras dos siglos de uso y abuso, son cascarones vacíos de contenido, muletillas gastadas, anacrónicos lugares comunes… Lo que más me molesta es que se presente a todo adversario del progresismo como necesariamente derechista. Soy contrario al progresismo y en muchos aspectos tradicionalista (en otros no, porque no toda tradición es necesariamente buena, hay también malas tradiciones), pero me niego a que por eso se me clasifique como de derecha. Ni de derecha ni de izquierda. Identificar la tradición católica con la derecha es desvirtuarla, corromperla e instrumentalizarla políticamente: la derecha es una falacia política igual que la izquierda. La verdad que heredamos de la tradición es algo mucho más noble y alto que la derecha o la izquierda.  

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Sr:

    Lo que realmente mueve a los progresistas, su esencia, no es sino la envidia. Y la envidia es odio. Si no se entiende esto, no se entiende nada. Esta gente destila mucha inquina, mucha ira.

    El otro día publicaron ustedes un artículo sobre el Opus Dei. Donde soy yo, cuando no hay camas en los hospitales públicos, nos derivan a la Clínica Universitaria, la clínica del Opus. Y es una bendición. Por el trato exquisito, profundamente humano. Todo está cuidado hasta el mínimo detalle : la comida casera, equilibrada ; la finura y feminidad de las enfermeras; el silencio que reina en todas partes y es tan necesario para recuperar la salud; la gran profesionalidad y competencia de los médicos…. En una palabra, se vive, se materializa, el espíritu del evangelio, la solicitud maternal de la Virgen. La humildad, la caridad, están en la atmósfera, se respiran. Los profesionales tienen el máximo tacto a la hora de comunicarse con el paciente. Hacen todo lo posible para que mejore. Le transmiten siempre esperanza, optimismo…

    Yo no sé nada de carismas, ni pertenezco al Opus Dei. Pero no puedo sino reconocer y valorar su labor meritoria y profundamente cristiana. Cuando vuelves al hospital público, todo resulta vulgar, zafio. Las enfermeras no son nada femeninas. Los médicos son a veces fríos, niegan al enfermo toda esperanza. Y no es verdad, porque con cariño, con solicitud y cuidado, una persona siempre puede mejorar.

    Es triste, pero cuando estamos ingresados en la Clínica Universitaria, hay familiares que, por estar allí, no vienen a visitarnos. Son progres, de izquierdas… Es triste que el odio al Opus sea mayor que el aprecio a la familia. El odio es, en el fondo, envidia.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      El odio y la envidia no se identifican, señor. Aunque eventualmente puedan ir de la mano.

      Y me alegro que en la Clínica Universitaria sea todo muy humano, pero que el árbol no nos tape el bosque.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        no se juzgan las intenciones, sino las acciones, importante distinción. por cierto, como dice el refran, que el camino al infierno esta lleno de buenas intenciones.

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    No se ha aprendido nada, no ha habido arrepentimiento, ni «propósito de enmiemda», todos sabemos lo que fue La Rioja para la guerrilla catolico-montonera, copio este comunicado de la Diócesis de Cruz del Eje de hoy:

    «Podrán callar la voz de este sacerdote. Podrán callar la voz del obispo, pero nunca podrán callar la voz del Evangelio» (Carlos de Dios Murias)

    Beatificado el 27 de abril de 2019

    Bendición de una imagen para la veneración de los fieles en la Parroquia de San Carlos Minas; lugar que lo vio rezar, compartir y animar la vida de otros jóvenes
    Que interceda por nuestros jóvenes de hoy

  7. Avatar de Ludovicus Ludovicus

    No hay mejor figura del mal que el progresismo. El progresismo es un tremendo parásito metafísico que vive del ataque a todos los bienes acumulados por la Iglesia en estos dos milenios. En sí, no tiene entidad ni contenido, es una pura privación. Su manifestación final es la negación de Dios.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    Lo saludo en este día solemne de la Inmaculada Concepción y agradezco su blog.
    Entiendo que las cuestiones de “derechas” constituyen, en realidad, la visión del progresismo para hacer funcional su dialéctica.
    Sin embargo, cabe preguntarse si estamos ante el final del progresismo. Creo que no, por una sola razón que, sin caer en el conspiracionismo, se funda en el poder real que subyace a este desastre. Ese poder ha pergeñado llegar hasta donde llegó, dejando supuesto el fondo preternatural de estos títeres del poder terrenal.
    Por tal motivo, no considero que sea fácil que liberen su presa, luego de tantos esfuerzos y de más de un siglo en el que han permanecido al acecho.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      A propósito de este comentario, me siento feliz de añadir dos cosas: primero, la palabra divina sobre la Mujer que atraviesa de cabo a rabo las Sagradas Escrituras: «y Ella te aplastará la cabeza», hasta el cap. XII del libro del Apocalipsis. Y segundo, glosar lo dicho con la promesa de Fátima, singularmente destacable para el día de hoy: «Al final, mi Inmaculado corazón triunfará».

      Nadie debe ser temerario con respecto a su destino eterno, ni por devoción individual ni por adscripción a cualquier grupúsculo de selectos. Lo que sí es posible, es afirmar con seguridad que toda esta densa niebla infernal va a ser tarde o temprano dispersada. Dicho esto, que Dios nos conceda la gracia de la conversión y la perseverancia final.

      G. Marivs

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Y, sí. Estoy predestinado a ser un semi-molinista. No me alcanza para llegar a serlo completamente. Lo que sí, recuerdo que aquella vez me tocó discutir con uno que estaba predestinado a ser un completo pedante. ¿Será usted? Gracias por considerarme digno de perder su tiempo conmigo, si acaso tuvo elección.

        G. Marivs

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      aunque el progresismo eclesial no quiera soltar el poder, sus representantes teológicos-clericales están muertos (como hans kung) o su edad promedio es de 65 a 80 años, con unos cuantos jovenes que se pueden contar con los dedos de una mano. por ende el progresismo eclesial se aproxima a su ocaso final que sera muy probablemente dentro de 20 años. en contraste las generaciones jovenes de curas son cada vez mas conservadores y absolutamente distantes de ese progresismo eclesial de los 60s y 70s.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        No se equivoque. El conservador no está tan distante del progresismo como pareciera sugerirlo el hecho de que vaya con sotana y junte las manos palma a palma durante la misa. Se ha discutido mucho en este blog al respecto.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        no estamos hablando de curas conservadores, sino de jovenes curas conservadores que no les interesa el progresismo de los 60s y 70s ya que no vivieron esa epoca, por ende su mentalidad es otra.

      3. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Incluidos los dizque «tradicionalistas», que muchas veces no son más que «viejoconservadores», pues lo que ellos llaman y tienen por «tradición» no es más que el status quo -envenenado- del mundo occidental de la primera mitad del siglo XX (con el detalle de las veleidades modernas, como la Coca-Cola, el rock y la IA).

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Wanderer

    Durante muchas décadas, el Vaticano ha tenido una regla: la «ambigüedad». Desde el Vaticano II, existe una tendencia a complacer al mundo.

    Recientemente, un cardenal dijo: «Ninguna religión tiene la verdad»; un cardenal!

    El anterior Obispo de Roma destituyo al Obispo de San Luis, este celebró un servicio ecuménico en la catedral. Había un judío y un musulmán presentes, y cuando dio la bendición -se bendice en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo-, es decir, por la Santísima Trinidad – el bendijo en el Nombre del Padre y el Espíritu Santo-, para “no ofender” a los presentes, es obispo, pero ya es apóstata. Eso sí, vació el seminario y realizo una “purga” ideológica previa a través de religiosos traídos de Buenos Aires para ese propósito.

    La mayoría de los obispos actuales en Argentina fueron nombrados por el anterior Obispo de Roma, unos peores que otros, sin la preparación adecuada, ni una sólida formación intelectual, educados con una pésima teología, influenciada por el marxismo. Alguna vez tuvimos buenos obispos. Si ese es el nivel de los Obispos que esperar del de los sacerdotes. Los seminarios están vacíos, tanto en el clero como en las congregaciones religiosas. La Compañía de Jesús lleva mucho tiempo en caída libre, y el actual “General” es lo peor que le pudo haber pasado.

  10. Avatar de Desconocido Anónimo

    Hay una cuestión de fondo que es la hipertrofia del poder episcopal. La última ocurrencia de sus ideologos es la restricción del derecho natural de asociación dentro de la Iglesia (lo ha dicho recientemente en España recientemente el «ínclito» Jordi Bertomeu). Ya sabemos que ese derecho de asociación se va a consentir de modo diferente según los gustos del obispo de turno.

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