Una crítica al texto del cardenal Roche

por Luisella Scrosati

De muchos acontecimientos que suceden y que a menudo nos contrariamos, no siempre entendemos las razones. No siempre, pero a veces sí. Como en el caso del providencial cambio de programa que debía discutir, durante el reciente consistorio, cuatro puntos (evangelización, sinodalidad, Curia romana y liturgia) y que, en cambio, se redujo a la mitad, conservando solo los dos primeros, en detrimento de la liturgia.

Sí, porque si las cosas no hubieran sido así, habrían tenido el triste espectáculo de la lectura de la intervención del prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el cardenal Arthur Roche. El contenido de su informe, en inglés e italiano, ha sido dado a conocer por Diane Montagna, en su página web, y manifiesta con bastante claridad, para quien conozca, aunque sea a grandes rasgos, la cuestión relacionada con la reforma litúrgica, desde Sacrosanctum concilium hasta Traditionis custodes, la parcialidad de la intervención.

En esencia, Su Eminencia nos habla de la importancia de la unidad del rito romano, tan querida ya por san Pío V, de quien cita la bula Quo primum, una unidad que, en el fondo, se ve minada por aquellos que desearían una mayor libertad para recurrir a los libros litúrgicos anteriores a la reforma; y así «el uso de los libros litúrgicos que el concilio quiso reformar ha sido, desde san Juan Pablo II hasta Francisco, una concesión que no preveía en modo alguno su promoción». Roche nos explica luego, citando nada menos que a Benedicto XVI, que la Tradición no es transmisión de cosas muertas, sino un río vivo que siempre nos conecta con los orígenes; y nos recuerda, recurriendo a Sacrosanctum concilium, que la custodia de la Tradición y el progreso legítimo no deben excluirse mutuamente. Este equilibrio se habría logrado con la Reforma, elaborada, según nos explica el Concilio, sobre la base de «una cuidadosa investigación teológica, histórica y pastoral» (SC 23).

Comencemos precisamente por esta última cita, que es bastante curiosa, porque utiliza un documento anterior a la realización de la reforma litúrgica como garante de la idoneidad de la reforma posterior. El problema es que SC deseaba tal precisión, pero no confirmaba que las cosas se hubieran hecho como se deseaba, simplemente porque el documento es anterior a la reforma, no posterior. Y, de hecho, basta con seguir leyendo el mismo párrafo para darse cuenta de que la reforma, tal y como se llevó a cabo, no siguió en absoluto los criterios del concilio. De hecho, los Padres conciliares habían recomendado no introducir «innovaciones, salvo cuando lo requiera una utilidad verdadera y comprobada para la Iglesia, y con la advertencia de que las nuevas formas surjan orgánicamente, de alguna manera, de las ya existentes». ¿Puede Roche afirmar que la demolición y constitución ex novo de los ritos del ofertorio ha seguido este doble criterio? ¿O que lo hayan observado la sustitución casi completa de las perícopas del Leccionario, la reelaboración del 90 % de las oraciones, la mutilación del calendario litúrgico en su ciclo temporal, la sustitución casi total del Rituale romanum y del Pontificale romanum? Evidentemente no. Por eso el cardenal, que sin embargo ha hecho referencia al § 23 de SC dos veces en pocas líneas, se ha cuidado mucho de no citar también este pasaje.

De este modo, demuestra que no ha comprendido en absoluto —y que no quiere hacer ningún esfuerzo en esta dirección de comprensión— las razones que llevan a cientos de miles de fieles, en número cada vez mayor, que habitualmente han asistido y asisten a la liturgia reformada, a buscar el rito antiguo. Sin haber leído probablemente nunca SC, estos fieles dan testimonio de que algunas reformas han traicionado la organicidad del desarrollo litúrgico, robando a los fieles tesoros inestimables que les han sido sustraídos sin ninguna necesidad real y, por el contrario, imponiendo desde arriba «invenciones» que brotan de una supuesta erudición académica, a menudo infundada (pensemos en la orientación «hacia el pueblo»), pero ciertamente no del desarrollo orgánico.

La selectividad partidista de Roche es aún más evidente en su referencia a Benedicto XVI, de quien cita una audiencia general (26 de abril de 2006) sobre el sentido de la Tradición, pero omite mencionar el documento clave sobre la liturgia de su pontificado, es decir, Summorum pontificum, junto con la carta a los obispos que acompañaba al Motu Proprio.

En estos documentos, Su Eminencia habría encontrado dos principios importantes que contradicen su línea. El primero: si bien es cierto que la unidad del rito romano es importante, no lo es menos la «reconciliación interna en el seno de la Iglesia» que el papa Ratzinger no solo deseaba, sino por la que trabajaba concretamente, y que, en cambio, se ha resquebrajado evidentemente con Traditionis custodes. El segundo: el antiguo rito romano no es simplemente algo que hay que tolerar —conceder y no promover, escribe el cardenal—, sino un patrimonio sagrado que hay que custodiar y estimar: «Lo que para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros sigue siendo sagrado y grande, y no puede ser prohibido de repente por completo o, incluso, juzgado perjudicial. Nos hace bien a todos conservar las riquezas que han crecido en la fe y en la oración de la Iglesia, y darles el lugar que les corresponde».

¿Qué decir de la referencia a la Quo primumEsta bula es un texto abusado en varios frentes: por un lado, se invoca para descalificar cualquier tipo de reforma posterior y la legitimidad del nuevo misal, basándose en la orden de San Pío V de no añadir, quitar ni cambiar nada del misal promulgado en 1570; por otro lado, como le gusta hacer a Roche, se esgrime con el fin de mostrar la legitimidad de la «mano dura» para evitar la fragmentación dentro del único rito romano. En ambos casos, se trata de una tergiversación. Si bien es cierto que ningún pontífice puede vincular a los futuros sucesores de Pedro a su propia norma litúrgica, también es cierto que ningún pontífice ha recibido la autoridad para alterar la tradición litúrgica.

Cuando se observa la obra de reforma llevada a cabo por San Pío V, se puede observar que no tenía en mente crear un nuevo misal rehaciendo sustancialmente partes del ordinario, del propio, del leccionario y del antifonario, sino purificar las celebraciones litúrgicas de adiciones arbitrarias que se habían introducido en tiempos recientes. Por ejemplo, el Kyrie y el Gloria in excelsis fueron purgados de los numerosos y variados tropos que interpolaban y sobrecargaban el texto; se redujeron (quizás demasiado drásticamente) las secuencias, que ocupaban ya todas las fiestas y conmemoraciones litúrgicas; se regularon algunos ritos que se celebraban de diferentes maneras; se redujo el santoral, para no sobrecargar el ciclo temporal del año litúrgico, que prácticamente no se modificó. También fueron mínimas las modificaciones introducidas en el Leccionario, las oraciones y las antífonas.

Son pocos indicios, pero permiten comprender que la unidad que buscaba San Pío V en su reforma no se logró mediante un retorno a una supuesta «liturgia de los orígenes» que solo vivía en la erudición de algunos académicos, pisoteando siglos de desarrollo orgánico, sino mediante la purificación de textos y ritos que habían surgido en épocas más recientes, no compartidos de manera uniforme, o ritos litúrgicos que no podían demostrar un arraigo de al menos dos siglos. Por lo tanto, el cardenal Roche debería manejar con extrema prudencia la referencia a san Pío V, porque, siguiendo esos principios, sería el nuevo misal el que tendría serias dificultades, no el antiguo.

La intervención que el cardenal Roche debería haber leído en el Consistorio es la manifestación de una tendencia muy preocupante en boga en la Curia romana; él, al igual que su colega al frente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, ama revolver entre los textos del Magisterio, seleccionando de manera parcial solo lo que le conviene y silenciando cuidadosamente lo que le resulta incómodo. «Honesto es aquel que cambia su pensamiento para ajustarlo a la verdad. Deshonesto es aquel que cambia la verdad para ajustarla a su pensamiento», dice un antiguo proverbio. Podría ser un buen criterio para la reforma de la Curia que se discutirá en el próximo consistorio.

Fuente: La Nuova Bussula Quotidiana

26 comentarios en “Una crítica al texto del cardenal Roche

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Después de todo, Dios sigue escribiendo derecho en renglones torcidos. Se votó para ver qué temas se trataban, no se incluyó la cuestión litúrgica, y como el que se mueve no sale en la foto o como en este caso, sale torcido. Vuelve a comprobarse la veracidad de lo dicho por santa Teresa, la paciencia todo lo alcanza. Roche se impacientó. Y ahí está el resultado

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Vetus Ordo, Novus Ordo. En Argentina, el 67% de la población se declara católico. Pero un 10%, más o menos, de los argentinos va a misa. De ese 10%, el 95% no tiene idea ni del Vetus ni del Novus. Los de la tercera edad se acuerdan de «la misa en latín».

    De ese mismo 10%, pocos saben que dice el Sexto Mandamiento, pero la mayoría piensa que tener relaciones fuera del matrimonio no es algo necesariamente malo. La mayoría del 67% que se declara católica no es arriana, es unitaria. No tienen idea de Socino, pero creen que Jesús era un gran hombre muy santo, como San Francisco de Asís.

    La mayoría piensa que «los curas tendrían que poder casarse».

    Quizás comentar largo y tendido sobre Vetus y Novus está fuera de lugar, ante realidades más importantes.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      «Quizás comentar largo y tendido sobre Vetus y Novus esté fuera de lugar ante realidades más importantes»
      ¿Tendrá, acaso, usted el virus “progre”? Porque así llegamos a donde estamos: con su forma de considerar la fe, saltando la doctrina y la tradición, y queriendo arreglar la moral de la gente. Algo que la historia nos ha mostrado: el gran horror que causaron los puritanos (y los que siguen causando en sus distintas vertientes).
      Sepa que el hombre es un ser caído y que de los pecados, incluso de la carne, tiene redención, si se convierte, claro está. La gracia divina no le faltará, seguramente.
      En cambio, el tema de la fe —mandato divino de conservarla— es justamente la raíz de la moral. ¿Quiere que la gente cumpla el sexto mandamiento? Pues entonces, conserve la fe de sus padres y verá cómo, además de creyentes, serán castos.
      El problema radica en que nos han adulterado la fe, la han ridiculizado, se burlan de ella… ¡Todo da igual!
      Fraternalmente,
      Fabio.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Yo también lo ví, muchas veces. En la capilla de la casa de mis padres, la rezó varias navidades. Creo que una vez la rezó públicamente en Regina Martyrum.

      Hilbert

  2. Avatar de Ottaviani Alfredo Ottaviani Alfredo

    Bergoglio y los bergogliano estàn muriendo. No dejan sucesion. Los Rochè´s, los Truchos y demàs, estàn solo provisionalmente, con sus aires de autoritarimos y de inquisicion ultraizquierda. Por lo pronto el engorro de los temas sensuales ya nos los quitamos de encima y el Vaticano vuelve a oler de oraciones, de suplicas y de peticiones tan necesrias ante Dios, nuestro Sr. y Salvador. Cayò el muro de Berlìn hace años y muriò el ultimo adalid de la Teologìa del Pueblo, enterrado en Santa Maria, la Mayor, lejos de los otros Papas, suficientemente lejos.

  3. Avatar de Don Pelayo Don Pelayo

    Al estimado comentarista anónimo de las 13:07. La inclinación de la cabeza al nombre de Jesús, ya en el misal de 1962, no está indicado hacerlo hacia la cruz. La enorme mayoría sigue haciéndolo por inercia, ya que la reforma de Juan XXIII duró tres años, y lo que vino después fue una catástrofe atrás de otra.
    Y todos los que aprendieron la misa la aprendieron de los «antiguos» que seguían con su costumbre. Pero no está normado que sea hacia la cruz en el misal de 1962.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Los liturgistas de la época decían que la inclinación debía ser hacia el Misal, como cuando se lee el Evangelio. Pero era sólo una opinión porque, como menciona el anterior comentarista, el Misal de 1962 indica que se debe hacer la inclinación sin aclarar hacia dónde.

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    A mi me parece que otro aspecto de la cuestión litúrgica es que alguien con autoridad delimite en qué consiste realmente el novus ordo porque de hecho en la práctica cada uno lo celebra como le da la gana. De hecho el novus ordo está tan desprotegido como perseguida la Misa tradicional. O más. De esto no se habla casi nunca. El proceso de imposición de la comunión en la mano es un ejemplo elocuente de este triunfo de la anarquía litúrgica y del triunfo de la desobediencia que impuso «por obediencia» a toda la Iglesia su modo de actuar en algo tan importante.

    Gastón

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Me parece —quizás alguien pueda corregirme— que las mismas rúbricas litúrgicas (más aún con las traducciones) dan lugar a cierta libertad que, por lo que se ve, abre la puerta a la creatividad. Lo cual, in nuce, muestra que el NO está averiado.
      Puedo equivocarme, pero lo que se observa es que no hay dos Misas iguales… ni siquiera si uno mira a los mismos papas posteriores a la reforma de Bugnini. Por ejemplo, Juan Pablo I, en la consagración, al elevar la hostia la giraba de un lado a otro. Eso no lo he visto en Benedicto, por ejemplo.
      En fin, puedo equivocarme.
      Fraternalmente,
      Fabio.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Y no termina allí el problema. Aunque las rubricas fueran claras, todo el contexto celebrativo está también ahora fuera de lugar. Pongamos un caso concreto: La leve inclinación de cabeza al nombre de Jesucristo en las oraciones que dice el sacerdote. Se supone que esta inclinación se hace siempre hacia la cruz. Pues bien, ¿Dónde está la cruz? Puede estar en el centro del altar, o «en un lugar cercano». ¿Dónde está el sacerdote? Puede estar en el centro del altar, detrás del altar, delante del altar, en la sede.. ¿de cara hacia donde?, ¿a cualquiera de los puntos cardinales tal vez?

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Que curioso! el «tradicional» Héctor Aguer hacía lo mismo con la Hostia consagrada, y cuando celebraba ad orientem en algunas parroquias, después de la elevación se daba vuelta con la Hostia elevada para que la ves la feligresía (aunque ya la habían visto cuando la elevo en la consagración)

        Y aún así, es el obispo que mejor celebraba la Misa nueva en Argentina.

        Lobo de Cryn

      3. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado Lobo:
        ¿Usted vio al P. Alfredo Sáenz celebrando la Misa tradicional? No. El tema es que, desde Meinvielle en adelante —deberíamos hacer algún “pero” con Aguer, pero me lo reservo—, estos buenos y sabios sacerdotes no tuvieron la hecatombe inaudita que, en cierta manera y afortunadamente, podemos constatar ahora nosotros con todo lo más pútrido que deja esta reforma litúrgica.
        ¡Eso es lo bueno para nosotros! Poder estar experimentando el nihilismo total de este ápeiron o engendro que nada tiene que ver con la tradición multisecular de la liturgia perenne católica.
        Es cuestión de tiempo. Recemos y esperemos…
        Fraternalmente,
        Fabio.

      4. Avatar de Desconocido Anónimo

        encima esa supuesta creatividad, tampoco es tal. La mayoría de los celebrantes terminan haciendo las mismas cosas, por ejemplo cambiar el término Omnipotente por Bueno o cosas así.

        lo mismo sucede con los cantos, se dicen innovadores y siguen con los mismos temas de los 70, solo conocen el acompañamiento con guitarra y son incapaces de adecuarlos a cada tiempo litúrgico, las mismas canciones para celebrar la navidad o acompañar la celebración de la Pasión.

        Privan a la gente de un gran tesoro.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Sorprende comprobar la intransigencia contra la celebración de la liturgia Vetus Ordo y la transigencia, casi absoluta, con los abusos litúrgicos del Novus Ordo. Es como si no importase el culto a Dios. Es muy difícil encontrar un templo donde el Novus Ordo se celebre rectamente. Muy dificil. En mi entorno les puedo poner ejemplos de sacerdotes que alteran hasta la fórmula de la consagración, por no hablar que se inventan el resto de los misa.

      Si la misma energía que invierten en restringir el Vetus Ordo, las dedicasen a encauzar la penosa realidad del Novus Ordo, otro gallo cantaría.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Coincido, en las misas a las que asisto, con frecuencia tras el saludo «en el nombre del Padre….» Los sacerdotes se sacan una prehomilía y leen las intenciones de salud, de descanso eterno, de en aniversario de fallecimiento, o de cumpleaños (sic) así como por viajes y operaciones una lista de 40 o 50 nombres con dos apellidos. Que luego repiten en las peticiones universales y luego en la anamnesis. Y los que bendicen por Dios todomisericordioso o Dios que nos ama y múltiples fórmulas más. Alguna vez he tenido la suerte que el sacerdote lee las intenciones antes del saludo y no las vuelve a repetir, lo cual es un alivio, pero son pocos los casos.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me viene a la mente, al ver la foto del cardenal impecablemente vestido, lo que relata De Mattei en su libro acerca de los modernistas: después de la condena de San Pío X, debían permanecer dentro de la Iglesia vistiendo sus impecables sotanas para pasar desapercibidos.
    Fabio.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Wanderer, ¿ha visto las cartas de Mons. Areas Rifan acerca de su audiencia con el Papa? me han parecido de lo más interesantes en términos de lo que dice que León le preguntó y sus respuestas. Me da la pauta de que si León está inclinado hacia alguna solución, es más en la dirección de Summorum Pontificum que en la de la creación de un guetto tradicionalista. Pareciera que le importa sobre todo la integración en las diócesis. Quisiera saber qué opina usted.

      exveteranova

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