No me da tiempo a comentar en todos los artículos, pero más o menos los voy leyendo conjuntamente con los comentarios.
Quizás el formato de blog se queda muy escuálido para trazar el origen esencial de la decadencia actual que tenemos, pero es el único formato que queda. Por eso, a veces, se van publicando y comentando cosas y me da la sensación de que nos quedamos en el hecho concreto sin enraizar con lo esencial.
Tenemos un problema doctrinal desde hace mucho, mucho tiempo. No llama la atención ver en textos de hace uno o dos siglos, apostillamientos del tipo «pero en los tiempos actuales» para justificar lo que parecen pequeños cambios. El desarrollo occidental, cultural y tecnológico y su filosofía, se ha ido separando cada vez más del evangelio y la Iglesia no ha tenido una respuesta clara para esto. Es más, el proceso ha venido siendo una serie de ciclos donde, en muchos cambios, la Iglesia oponía resistencia, después toleraba y finalmente asumía.
El sentido de la vida de un cristiano es un momento de prueba. Un momento donde se nos pondrá al límite, en un crisol al fuego, para ver lo que hay de oro. Esto, el pensamiento actual, no lo admite, así de simple. Es diametralmente opuesto. El sentido de la vida consiste en alejarse de toda clase de problemas, sufrimientos, pruebas y elegir lo fácil, lo placentero, tener éxito humano.
A partir del S.XX, en la Iglesia ha ido ganando terreno la idea de conquistar en esta vida una santidad sin más prueba que los inconvenientes del día a día, que también pasan los paganos. La santidad de las pequeñas cosas cotidianas y de no esperar ni buscar hechos extraordinarios, del sentimentalismo, del servicio profesional bien hecho, pero bien remunerado y considerado, de la vocación religiosa pobre, pero con una vivienda del S.XX, sus comodidades, la comida garantizada y el trabajo manual prácticamente desterrado.
A esta santidad moderna se han apuntado muchos de todos los bandos. Se abren procesos de beatificación de vidas de personas piadosas (o no), entregadas a alguna causa, con fotos muy sonrientes y poco más. Nadie busca ya Teresas de Calcuta, ni mucho menos mártires de ningún tipo, menuda desgracia. Santos de copas es lo que se lleva. Simpáticos, sonrientes, sin problemas y con éxito.
Por eso vamos a ir a peor. Porque, además, no se permite discrepar en ningún foro, no para refutar las misas con Pinocho, sino para señalar que este y aquel punto disuenan de la doctrina católica por muy piadosos que parezcan. La blogosfera católica hace años fue el último brote verde, con una actividad variada en numerosas páginas. Hoy las Infocatólica, Infovaticanas y otras similares apenas admiten más punto de vista que el de sus responsables y blogueros, muy dados a utilizar los comentarios como refuerzo de sus propias posiciones y defensas desordenadas de sus grupos (Opus Dei, Neocatecumenales u otros). La censura allí de comentarios razonables y razonados es salvaje.
El último artículo del Padre Aberasturi es terrible. No solo porque mezcla errores con doctrina válida con una sutilidad muy peligrosa, sino por la doblez doctrinal que se manifiesta: un numerario del Opus Dei atacando frontalmente la doctrina que el mismo Opus Dei enseña (al menos, en su web: https://opusdei.org/es/article/tema-25-el-matrimonio/). El artículo del Padre está reforzado con casi un centenar de comentarios, curiosamente la gran mayoría de apoyo, y con el silencio del director de la web, también muy cercano, si no miembro, del Opus Dei.
Así estamos. Pasar la primera barrera, las misas absurdas no es fácil, pero en las siguientes moradas nos vamos a encontrar con peligros y dificultades mucho mayores.
Aberasturi ataca Humanae Vitae «por derecha» pensando que su posicion es ortodoxa. Necesita leer el discurso de Pío XII a las obstetras italianas de 1951, en particular el párrafo que comienza «De esta prestación positiva obligatoria pueden eximir».
Hay gente que piensa que solo porque una idea es más dura y rigorista es más católica. Quizás porque en apariencia se opone mejor y más frontalmente a los descarríos del Mundo.
Al final no hacen sino desencadenar nuevos males.
Como se ha dicho ya muy acertadamente en otro comentario, la segunda de las misas aquí mostradas tiene la intención de “halagar” a ciertas personas. Lo curioso es que el resultado de tales concesiones al gusto de la masa es contraproducente: al final la gente deja de ir a misa, como bien sabemos. Pero no es sólo esto, tales misas son también actos de adoctrinamiento ideológico, a veces más o menos subliminal, en otros casos burdamente directo. Una misa en un lugar tan profano como una cancha de fútbol es en sí misma una cosa bastante aberrante, sobre todo porque inevitablemente adopta la “estética” bárbara de tal deporte de masas y, como ética y estética no suelen ser fáciles de separar, acaba degenerando en un acto entre evangelical y peronista (pienso en el famoso cuento de Borges y Bioy Casares titulado La fiesta del monstruo). No es una misa “para el pueblo”, sino un desmán para desahogo del populacho. Lo que vemos aquí es la variante nacional argentina de un fenómeno generalizado. Al ver escenas como ésta recuerdo un texto, no sé si de Cicerón o con más probabilidad de Séneca, en el que se hablaba del fragor bárbaro de la masa en el anfiteatro durante las luchas de gladiadores. Es como si en la Roma antigua los Padres de la Iglesia hubieran celebrado misas circenses para complacer a la plebe. Tratándose de niños es una forma de pervertirlos o al menos de hacerles perder el rumbo.
Sin embargo, no sería justo echarle la culpa de estos desastres sólo a Bergoglio y a gente como él. El gusto por las misas en los estadios y por halagar a las masas sacrificando la dignidad de la liturgia viene de lejos y forma parte del modo de interpretar el Concilio Vaticano II que ha terminado por imponerse. Sin llegar, por supuesto, a los extremos de Francisco, fue Juan Pablo II quien abrió la puerta a estos desmanes, sobre todo en sus viajes. Durante su pontificado se produjo una pérdida muy fuerte del sentido de lo sacro, del misterio que nos deja perplejos, de la solemnidad, del recogimiento, del silencio… Y eso no sucedió solamente en medios progresistas. Hace unos días se hablaba aquí del Opus Dei. Ahora me viene a la memoria una anécdota de hace casi cuarenta años. En una procesión de Viernes Santo en Barcelona conocí a un sacerdote del Opus que me dijo literalmente: “en la iglesia de Montalegre tengo montado un tinglado, una adoración del Santísimo”. Respecto a la procesión se mostraba igualmente irrespetuoso. En aquel tiempo yo era joven y mediante su irreverencia este sujeto intentaba caerme simpático, creyendo que hablar así lo acercaba a mí, que era un modo de hacerse entender por la juventud, sin darse cuenta de que solamente producía repugnancia.
Fui catequista en una parroquia en Buenos Aires allá por mediados/ fines de los años 90. Fui una vez a una misa de niños que en aquella época eran en la cancha de Boca. Los chicos entraron y les encantaba estar en la Bombonera, aún los que eran de otros equipos. Durante la misa había unos feos muñecos gigantes (de esos en los que una persona mueve las manos con unos palos) que, se suponía, representaban groseramente a Jesús o alguno de sus apóstoles. Imagino que los que organizaban esos espectáculos pensaban que con eso atraían la atención de los chicos, pero ellos se la pasaban hablando sobre futbol o cualquier otra cosa.
Terminado ese triste espectáculo, pensé si no habría sido mejor haberlos llevado a la Bombonera a ver un partido del Boca de Bianchi.
Analizar el caso de las misas de los niños (al «estilo Bergoglio», obviamente) es muy interesante porque resume en sí mismo varios de los motivos de la destrucción litúrgica a la que asistimos hace décadas. Este tipo de misas es resultado de la combinación de dos principios de la liturgia moderna: «el principio de acomodación» (abusando del N°40 de Sacrosantum Concilium del Concilio Vaticano II) y el «principio de adulación«, sometiendo lo sagrado a las preferencias y gustos del grupo presente en el culto (de ahí las misas «tangueras», «sindicales», «villeras», «rockeras» e incluso»lgtb+», y podríamos seguir), constituyéndose en un signo de reverencia y rendición ante la secularización del mundo y los criterios de lo políticamente correcto». Y a esto se suman otros dos principios demoledores del culto como son el «principio de creatividad» (por el cual el sacerdote inventa oraciones al no querer someterse a las rúbricas, y mucho menos, al «rezar» en lengua vernácula, lo que le permite liberarse de la «rigidez» del latín, y la transformación del sacerdote en «animador litúrgico«, representando una función «actoral», facilitado todo esto obviamente por «el altar dado vuelta mirando al pueblo». Porque «el rito ya no dependerá de lo sagrado objetivo que se opera, sino de la eficacia de lo subjetivo que se inventa«. Estas cuatro líneas causales están notablemente aplicadas y de modo simultáneo en las misas de niños. De ahí que podamos considerar estas celebraciones como una de las prácticas más antilitúrgicas que existan y destructiva de la piedad infantil. Además, de que implica una subestimación impresionante de la psicología de los niños, quienes de algún modo «se dan cuenta» de lo raro que es ver a sus padres arrodillados en una celebración como Dios manda y de que «ahí adelante» en el altar está pasando algo extraordinario, en contraste evidente con estas parodias infantiles de misas, de la que los infantes salen huérfanos de lo sagrado y creyendo que han asistido a una especie de «fiestita de cumpleaños» con cotillón y todo.
Eso fue 2011 y venía de más atrás la cosa. Ya pasaron 15 años y todo ha empeorado. Me pregunto ( ya varios lo han hecho) : ¿La solución es política o diplomática? O bien, ¿Será barajar y dar de nuevo?
Podría ser que un papa diplomático, gris ,o como quiera llamarsele, logre una especie de transición hacia la normalidad? ..por así decirlo.
Me parece que hay momentos coyunturales en la historia ,y en la historia de la iglesia particularmente, en los cuales si no se patea el tablero no saldremos jamás. Humanamente hablando, por cierto. Cómo meros instrumentos.
¿Valdrá la pena ser cautos, comedidos, estratégicos, diplomáticos a estás alturas del partido?
Un mensaje para el Padre Rodrigo: Padre Rodrigo!!! Ánimo, amigo!!! Su vocación no vino de la jerarquía sino de Dios y sus años seguramente de buen sacerdote lo ameritan. Por lo tanto, usted sepa que la abominación de la desolación que lamentablemente usaron muchos herejes, hoy en día, sin lugar a dudas, se asienta en la Iglesia y en su jerarquía. Por tal razón, usted siga viviendo como sacerdote y escriba una carta abierta en todas las redes explicando respetuosamente por qué lo seguirá haciendo. Esto servirá a muchísimos sacerdotes que estamos luchando, como cancelados, la buena batalla. Estudie la época del arrianismo y verá cuántos casos iguales. Rezo por usted. PD: si alguno tilda su comentario de «falta de caridad» y cosas similares, es el producto irenista con el cual se funda toda esta iglesia posconciliar. Y le aseguro que no nací tradicionalista y otras yerbas ni conozco a ninguno: solo me fui dando cuenta del desastre terrible que vive hoy la Iglesia de Cristo de la cual no daré un solo segundo de mi vida por esta apostasía flagrante. Escriba una carta abierta, hombre!!! Adelante!!!!
Una aclaración por una cuestión de justicia: el motivo de la dimisión del estado clerical del P. Rodrigo no fue los audios que se filtraron. Fueron otros.
Tiene razón, don Wanderer, pero ni Rupnik, ni Zanchetta, ni Domínguez, ni Maccarone fueron reducidos al estado laical (y me estoy olvidando varios). No digo que haya que defender al padre Rodrigo Vázquez, pero sí seguir señalando que la vara es muy desigual.
Vez pasada asisti a una misa de niños, -al sur, paredón y despues-, presumo discípulos del segundo video de catequesis o mas propiamente de “adoctrinamiento “, sinodal, aquí los párvulos bailaban con un canto que hacía alusión a angeles con unas alitas que salían de los gluteos, -tiro bajo tal vez- el Credo cantaban el Credo de la misa campesina nicaragüense, presumo con el nihil obstat de “Monseñor” Daniel Ortega y Sra. Son tiempos de volver a la “catequesis familiar”, pero en “casa” como hacían los católicos japoneses, en la persecución , sin sacerdotes, mantuvieron la Fe, al igual que en regímenes comunistas, desgraciadamente no podemos confiar en la catequesis que reciben nuestros hijos en parroquia s y colegios, los padres no pueden renunciar a su “nihil obstat”. ¿A quienes estamos confiando el alma de nuestros niños?
Yo estoy en España y no sé quién es el P. Rodrigo. ¿Me podrían informar? Y, de paso, agradecer la sensatez de D. Wanderer y otros comentaristas – por desgracias no todos- que conservan el signo de apertura en las frases interrogativas.
Oremos por él Papa..
No me da tiempo a comentar en todos los artículos, pero más o menos los voy leyendo conjuntamente con los comentarios.
Quizás el formato de blog se queda muy escuálido para trazar el origen esencial de la decadencia actual que tenemos, pero es el único formato que queda. Por eso, a veces, se van publicando y comentando cosas y me da la sensación de que nos quedamos en el hecho concreto sin enraizar con lo esencial.
Tenemos un problema doctrinal desde hace mucho, mucho tiempo. No llama la atención ver en textos de hace uno o dos siglos, apostillamientos del tipo «pero en los tiempos actuales» para justificar lo que parecen pequeños cambios. El desarrollo occidental, cultural y tecnológico y su filosofía, se ha ido separando cada vez más del evangelio y la Iglesia no ha tenido una respuesta clara para esto. Es más, el proceso ha venido siendo una serie de ciclos donde, en muchos cambios, la Iglesia oponía resistencia, después toleraba y finalmente asumía.
El sentido de la vida de un cristiano es un momento de prueba. Un momento donde se nos pondrá al límite, en un crisol al fuego, para ver lo que hay de oro. Esto, el pensamiento actual, no lo admite, así de simple. Es diametralmente opuesto. El sentido de la vida consiste en alejarse de toda clase de problemas, sufrimientos, pruebas y elegir lo fácil, lo placentero, tener éxito humano.
A partir del S.XX, en la Iglesia ha ido ganando terreno la idea de conquistar en esta vida una santidad sin más prueba que los inconvenientes del día a día, que también pasan los paganos. La santidad de las pequeñas cosas cotidianas y de no esperar ni buscar hechos extraordinarios, del sentimentalismo, del servicio profesional bien hecho, pero bien remunerado y considerado, de la vocación religiosa pobre, pero con una vivienda del S.XX, sus comodidades, la comida garantizada y el trabajo manual prácticamente desterrado.
A esta santidad moderna se han apuntado muchos de todos los bandos. Se abren procesos de beatificación de vidas de personas piadosas (o no), entregadas a alguna causa, con fotos muy sonrientes y poco más. Nadie busca ya Teresas de Calcuta, ni mucho menos mártires de ningún tipo, menuda desgracia. Santos de copas es lo que se lleva. Simpáticos, sonrientes, sin problemas y con éxito.
Por eso vamos a ir a peor. Porque, además, no se permite discrepar en ningún foro, no para refutar las misas con Pinocho, sino para señalar que este y aquel punto disuenan de la doctrina católica por muy piadosos que parezcan. La blogosfera católica hace años fue el último brote verde, con una actividad variada en numerosas páginas. Hoy las Infocatólica, Infovaticanas y otras similares apenas admiten más punto de vista que el de sus responsables y blogueros, muy dados a utilizar los comentarios como refuerzo de sus propias posiciones y defensas desordenadas de sus grupos (Opus Dei, Neocatecumenales u otros). La censura allí de comentarios razonables y razonados es salvaje.
El último artículo del Padre Aberasturi es terrible. No solo porque mezcla errores con doctrina válida con una sutilidad muy peligrosa, sino por la doblez doctrinal que se manifiesta: un numerario del Opus Dei atacando frontalmente la doctrina que el mismo Opus Dei enseña (al menos, en su web: https://opusdei.org/es/article/tema-25-el-matrimonio/). El artículo del Padre está reforzado con casi un centenar de comentarios, curiosamente la gran mayoría de apoyo, y con el silencio del director de la web, también muy cercano, si no miembro, del Opus Dei.
Así estamos. Pasar la primera barrera, las misas absurdas no es fácil, pero en las siguientes moradas nos vamos a encontrar con peligros y dificultades mucho mayores.
Aberasturi ataca Humanae Vitae «por derecha» pensando que su posicion es ortodoxa. Necesita leer el discurso de Pío XII a las obstetras italianas de 1951, en particular el párrafo que comienza «De esta prestación positiva obligatoria pueden eximir».
Hay gente que piensa que solo porque una idea es más dura y rigorista es más católica. Quizás porque en apariencia se opone mejor y más frontalmente a los descarríos del Mundo.
Al final no hacen sino desencadenar nuevos males.
Como se ha dicho ya muy acertadamente en otro comentario, la segunda de las misas aquí mostradas tiene la intención de “halagar” a ciertas personas. Lo curioso es que el resultado de tales concesiones al gusto de la masa es contraproducente: al final la gente deja de ir a misa, como bien sabemos. Pero no es sólo esto, tales misas son también actos de adoctrinamiento ideológico, a veces más o menos subliminal, en otros casos burdamente directo. Una misa en un lugar tan profano como una cancha de fútbol es en sí misma una cosa bastante aberrante, sobre todo porque inevitablemente adopta la “estética” bárbara de tal deporte de masas y, como ética y estética no suelen ser fáciles de separar, acaba degenerando en un acto entre evangelical y peronista (pienso en el famoso cuento de Borges y Bioy Casares titulado La fiesta del monstruo). No es una misa “para el pueblo”, sino un desmán para desahogo del populacho. Lo que vemos aquí es la variante nacional argentina de un fenómeno generalizado. Al ver escenas como ésta recuerdo un texto, no sé si de Cicerón o con más probabilidad de Séneca, en el que se hablaba del fragor bárbaro de la masa en el anfiteatro durante las luchas de gladiadores. Es como si en la Roma antigua los Padres de la Iglesia hubieran celebrado misas circenses para complacer a la plebe. Tratándose de niños es una forma de pervertirlos o al menos de hacerles perder el rumbo.
Sin embargo, no sería justo echarle la culpa de estos desastres sólo a Bergoglio y a gente como él. El gusto por las misas en los estadios y por halagar a las masas sacrificando la dignidad de la liturgia viene de lejos y forma parte del modo de interpretar el Concilio Vaticano II que ha terminado por imponerse. Sin llegar, por supuesto, a los extremos de Francisco, fue Juan Pablo II quien abrió la puerta a estos desmanes, sobre todo en sus viajes. Durante su pontificado se produjo una pérdida muy fuerte del sentido de lo sacro, del misterio que nos deja perplejos, de la solemnidad, del recogimiento, del silencio… Y eso no sucedió solamente en medios progresistas. Hace unos días se hablaba aquí del Opus Dei. Ahora me viene a la memoria una anécdota de hace casi cuarenta años. En una procesión de Viernes Santo en Barcelona conocí a un sacerdote del Opus que me dijo literalmente: “en la iglesia de Montalegre tengo montado un tinglado, una adoración del Santísimo”. Respecto a la procesión se mostraba igualmente irrespetuoso. En aquel tiempo yo era joven y mediante su irreverencia este sujeto intentaba caerme simpático, creyendo que hablar así lo acercaba a mí, que era un modo de hacerse entender por la juventud, sin darse cuenta de que solamente producía repugnancia.
Fui catequista en una parroquia en Buenos Aires allá por mediados/ fines de los años 90. Fui una vez a una misa de niños que en aquella época eran en la cancha de Boca. Los chicos entraron y les encantaba estar en la Bombonera, aún los que eran de otros equipos. Durante la misa había unos feos muñecos gigantes (de esos en los que una persona mueve las manos con unos palos) que, se suponía, representaban groseramente a Jesús o alguno de sus apóstoles. Imagino que los que organizaban esos espectáculos pensaban que con eso atraían la atención de los chicos, pero ellos se la pasaban hablando sobre futbol o cualquier otra cosa.
Terminado ese triste espectáculo, pensé si no habría sido mejor haberlos llevado a la Bombonera a ver un partido del Boca de Bianchi.
Analizar el caso de las misas de los niños (al «estilo Bergoglio», obviamente) es muy interesante porque resume en sí mismo varios de los motivos de la destrucción litúrgica a la que asistimos hace décadas. Este tipo de misas es resultado de la combinación de dos principios de la liturgia moderna: «el principio de acomodación» (abusando del N°40 de Sacrosantum Concilium del Concilio Vaticano II) y el «principio de adulación«, sometiendo lo sagrado a las preferencias y gustos del grupo presente en el culto (de ahí las misas «tangueras», «sindicales», «villeras», «rockeras» e incluso»lgtb+», y podríamos seguir), constituyéndose en un signo de reverencia y rendición ante la secularización del mundo y los criterios de lo políticamente correcto». Y a esto se suman otros dos principios demoledores del culto como son el «principio de creatividad» (por el cual el sacerdote inventa oraciones al no querer someterse a las rúbricas, y mucho menos, al «rezar» en lengua vernácula, lo que le permite liberarse de la «rigidez» del latín, y la transformación del sacerdote en «animador litúrgico«, representando una función «actoral», facilitado todo esto obviamente por «el altar dado vuelta mirando al pueblo». Porque «el rito ya no dependerá de lo sagrado objetivo que se opera, sino de la eficacia de lo subjetivo que se inventa«. Estas cuatro líneas causales están notablemente aplicadas y de modo simultáneo en las misas de niños. De ahí que podamos considerar estas celebraciones como una de las prácticas más antilitúrgicas que existan y destructiva de la piedad infantil. Además, de que implica una subestimación impresionante de la psicología de los niños, quienes de algún modo «se dan cuenta» de lo raro que es ver a sus padres arrodillados en una celebración como Dios manda y de que «ahí adelante» en el altar está pasando algo extraordinario, en contraste evidente con estas parodias infantiles de misas, de la que los infantes salen huérfanos de lo sagrado y creyendo que han asistido a una especie de «fiestita de cumpleaños» con cotillón y todo.
Eso fue 2011 y venía de más atrás la cosa. Ya pasaron 15 años y todo ha empeorado. Me pregunto ( ya varios lo han hecho) : ¿La solución es política o diplomática? O bien, ¿Será barajar y dar de nuevo?
Podría ser que un papa diplomático, gris ,o como quiera llamarsele, logre una especie de transición hacia la normalidad? ..por así decirlo.
Me parece que hay momentos coyunturales en la historia ,y en la historia de la iglesia particularmente, en los cuales si no se patea el tablero no saldremos jamás. Humanamente hablando, por cierto. Cómo meros instrumentos.
¿Valdrá la pena ser cautos, comedidos, estratégicos, diplomáticos a estás alturas del partido?
Un mensaje para el Padre Rodrigo: Padre Rodrigo!!! Ánimo, amigo!!! Su vocación no vino de la jerarquía sino de Dios y sus años seguramente de buen sacerdote lo ameritan. Por lo tanto, usted sepa que la abominación de la desolación que lamentablemente usaron muchos herejes, hoy en día, sin lugar a dudas, se asienta en la Iglesia y en su jerarquía. Por tal razón, usted siga viviendo como sacerdote y escriba una carta abierta en todas las redes explicando respetuosamente por qué lo seguirá haciendo. Esto servirá a muchísimos sacerdotes que estamos luchando, como cancelados, la buena batalla. Estudie la época del arrianismo y verá cuántos casos iguales. Rezo por usted. PD: si alguno tilda su comentario de «falta de caridad» y cosas similares, es el producto irenista con el cual se funda toda esta iglesia posconciliar. Y le aseguro que no nací tradicionalista y otras yerbas ni conozco a ninguno: solo me fui dando cuenta del desastre terrible que vive hoy la Iglesia de Cristo de la cual no daré un solo segundo de mi vida por esta apostasía flagrante. Escriba una carta abierta, hombre!!! Adelante!!!!
Una aclaración por una cuestión de justicia: el motivo de la dimisión del estado clerical del P. Rodrigo no fue los audios que se filtraron. Fueron otros.
Tiene razón, don Wanderer, pero ni Rupnik, ni Zanchetta, ni Domínguez, ni Maccarone fueron reducidos al estado laical (y me estoy olvidando varios).
No digo que haya que defender al padre Rodrigo Vázquez, pero sí seguir señalando que la vara es muy desigual.
Vez pasada asisti a una misa de niños, -al sur, paredón y despues-, presumo discípulos del segundo video de catequesis o mas propiamente de “adoctrinamiento “, sinodal, aquí los párvulos bailaban con un canto que hacía alusión a angeles con unas alitas que salían de los gluteos, -tiro bajo tal vez- el Credo cantaban el Credo de la misa campesina nicaragüense, presumo con el nihil obstat de “Monseñor” Daniel Ortega y Sra.
Son tiempos de volver a la “catequesis familiar”, pero en “casa” como hacían los católicos japoneses, en la persecución , sin sacerdotes, mantuvieron la Fe, al igual que en regímenes comunistas, desgraciadamente no podemos confiar en la catequesis que reciben nuestros hijos en parroquia s y colegios, los padres no pueden renunciar a su “nihil obstat”. ¿A quienes estamos confiando el alma de nuestros niños?
Yo estoy en España y no sé quién es el P. Rodrigo. ¿Me podrían informar? Y, de paso, agradecer la sensatez de D. Wanderer y otros comentaristas – por desgracias no todos- que conservan el signo de apertura en las frases interrogativas.
GASTÓN