por Pedro Dabin*
4.3. Trayectoria eclesial y pastoral de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima
La proyección del catolicismo local en Paraná -durante el período estudiado- no se limitó de manera exclusiva a los espacios de formación intelectual, la producción editorial o las sociabilidades de sectores ilustrados articuladas en torno al Seminario Arquidiocesano «Nuestra Señora del Cenáculo» y la Revista Mikael. Por el contrario, la disputa por la preservación de la fe y la resistencia a la secularización se encarnó de manera capilar en la trama asociativa y cotidiana de las parroquias de barrio. Esta tensión fecunda entre la formación teórica de la fe -administrada por el centro de formación de sacerdotes- y la práctica religiosa de todos los días encontró un correlato representativo en la Parroquia Nuestra Señora de Fátima.
Erigida en 1969 en el sector oriental de la ciudad de Paraná, la parroquia constituyó un punto clave para la articulación del tejido social barrial y el acompañamiento eclesial de las familias, de modo particular durante el ejercicio presbiteral del Pbro. Roberto G. Rausch entre principios de la década de 1970 y aproximadamente 1982. La proyección pastoral de la comunidad se vio profundamente enriquecida por la trayectoria personal de su párroco. Tras desempeñarse como misionero “ad gentes” en el continente africano, el P. Rausch retornó a la Argentina para reinsertarse plenamente en la estructura diocesana. Su paso por la misión transcontinental imprimió a su posterior ministerio parroquial un sesgo de marcada austeridad, dinamismo evangelizador y proyección social directa hacia sectores medios y populares del barrio.
Desde la perspectiva de la sociología de la religión, la acción pastoral desarrollada en Fátima permite examinar cómo la “matriz Mikael” dialogaba o se reconfiguraba en el plano de la territorialidad barrial. Mientras la Revista Mikael configuraba un dispositivo discursivo de combate antimoderno y formación para el laico militante o «caballero contrarrevolucionario», la Parroquia de Fátima desplegó una eclesiología centrada en la consolidación de la vida sacramental, la asistencia espiritual y la regulación eclesial de la piedad popular. Bajo la conducción del P. Rausch, la devoción mariana se afianzó como un vector primario de cohesión socio-religiosa (Hervieu-Léger, 1999) mediante las novenas, las procesiones y las festividades patronales del mes de mayo. Lejos de una pura piedad evasiva, este encuadre devocional proporcionaba a las familias del sector una plataforma de autoafirmación identitaria y contención espiritual frente a las tensiones sociopolíticas de la época.
Paralelamente, la animación de la comunidad de Fátima funcionó como un canal de irradiación y atracción de nuevas vocaciones y fieles hacia la dispensación de los bienes espirituales custodiados por la autoridad diocesana (Weber, 1977; Bourdieu, 1971). A través de una densa red de asociaciones laicales -entre las que destacaban la Acción Católica (en sus ramas masculina y femenina), la Legión de María, los Grupos Scouts y de Guías, la Liga de Madres de Familia, el Apostolado de la Oración, CÁRITAS y la catequesis familiar en todos sus niveles- la parroquia funcionó como un auténtico núcleo de vida y comunión eclesial.
Un aspecto clave que conecta la pastoral de Fátima con el proyecto cultural del Seminario y la Revista Mikael radica en la promoción del discernimiento vocacional y la formación juvenil. La parroquia mantuvo una fluida sintonía institucional con el Seminario Arquidiocesano facilitando la interacción periódica de la juventud barrial con la vida presbiteral y el clero local. Esta convergencia pedagógica no solo nutrió las filas de los retiros ignacianos mensuales articulados por el Seminario, sino que convirtió a la Parroquia Fátima en una de las fuentes más prolíficas de vocaciones de la diócesis. De hecho, bajo la guía del P. Rausch, no solo se formaron y consolidaron numerosas familias cristianas en el seno de la comunidad parroquial, sino que alrededor de veinte jóvenes ingresaron al Seminario Arquidiocesano y un número significativo de mujeres abrazó la vida religiosa consagrada.
En síntesis, la experiencia de la Parroquia Nuestra Señora de Fátima demuestra que el proyecto de restauración y resistencia católica en Paraná de los años setenta y ochenta no se sostuvo únicamente en la trinchera teológica e intelectual de la Revista Mikael, sino en la complementariedad operativa entre el capital simbólico producido por el Seminario y la densa capilaridad pastoral del tejido parroquial barrial.
4.4. Circulación editorial y la red de comercialización de Ediciones Mikael en el circuito de la bibliografía católica
La dimensión pedagógico-cultural del Seminario no se agotó en la sola edición periódica de la revista Mikael (1973–1984), sino que se expandió estructuralmente a través del sello Ediciones Mikael. Esta plataforma editorial, teológica y académica asumió de manera explícita la carga simbólica de su denominación de origen: el vocablo hebreo Mika’el (“¿Quién como Dios?”). Desde su formulación, la empresa editorial inscribió su catálogo en una trinchera combativa y de estricta defensa de la ortodoxia doctrinal frente a las corrientes del modernismo teológico y la secularización posconciliar.
Bajo la impronta de Ediciones Mikael, el Seminario promovió la publicación y difusión de opúsculos, actas de conferencias y monografías elaboradas por los principales docentes del establecimiento y conferencistas invitados. Entre las firmas de mayor repercusión se destacaron las obras del P. Alfredo Sáenz S. J. y del filósofo Alberto Caturelli, quienes dotaron a la colección de un denso soporte teológico-político y filosófico de matriz tomista. La comercialización de estos fondos editoriales encontró un canal orgánico de distribución en la propia dinámica de los retiros espirituales mensuales para hombres. Concluido el almuerzo en el comedor del Seminario, se habilitaba la librería institucional dentro del edificio, transformando la jornada de devoción en un espacio de abastecimiento bibliográfico. Allí, los ejercitantes laicos adquirían no solo los números de la revista y los volúmenes del sello local, sino también estampas de piedad y de una rigurosa curaduría de literatura teológico filosófico nacional e internacional.
El catálogo comercializado en la librería del Seminario articulaba una compleja red de alianzas editoriales que conectaba al laicado paranaense con los principales focos del pensamiento católico (Vartorelli, 2022). Por un lado, se ofrecían publicaciones provenientes de sellos nacionales de marcada orientación político-cultural, tales como Ediciones Dictio, Cruz y Fierro, Colección Huemul y, posteriormente, Editorial Vórtice (Vartorelli, 2022, p. 8). Estas firmas -clave en la vertebración del pensamiento nacionalista argentino entre las décadas de 1960 y 1980- proveían a los lectores de obras de autores como el P. Leonardo Castellani y Hugo Wast.
Por otro lado, la formación doctrinaria del laicado y del estamento clerical se nutrió de una fluida red de importación y circulación con editoriales españolas de amplia proyección hispanoamericana (Vartorelli, 2022, pp. 6-9). La Biblioteca de Autores Cristianos (BAC) constituyó el pilar de la teología dogmática, la patrología y los manuales de moral. A su vez, el circuito se complementaba con la presencia de Ediciones Rialp -y su representativa Colección Patmos de espiritualidad- junto con la editorial EUNSA (Ediciones Universidad de Navarra). Estos sellos, sumados a las publicaciones de la Fundación Speiro y Balmes, proveyeron al entorno del Seminario de Paraná de un instrumental académico y doctrinal de alto rigor intelectual (Vartorelli, 2022, pp. 7-8). De este modo, la librería del Seminario operó como un nodo estratégico de mediación cultural, garantizando que el suministro doctrinal del laico militante estuviese sintonizado con las redes trasatlánticas de resistencia doctrinaria al mundo moderno (Vartorelli, 2022).
La tracción socio-cultural de la revista Mikael y de Ediciones Mikael se comprueba en las fuentes primarias del laicado paranaense. En una misiva dirigida al Nuncio Apostólico Ubaldo Calabresi, Ricardo Miguel Pablo Farías -dirigente sindical telefónico y referente de la Acción Católica local- atestigua cómo a partir de 1980 se articuló una red autogestionada de difusión bibliográfica en puestos de trabajo, parroquias y colegios secundarios. Este apostolado de prensa distribuía masivamente las obras de los PP. Alfredo Sáenz y Alberto Ezcurra (tales como El Santo Sacrificio de la Misa o el Vademecum del Ejercitante), percibidas por los sectores medios y trabajadores como una barrera doctrinaria frente a la secularización y la literatura marxista. Asimismo, el testimonio visibiliza la honda preocupación del laicado ante la suspensión de la revista y la salida de sus formadores en 1984-1985, proceso que conllevó una severa crisis en las vocaciones del Seminario (Farías, c. 1985).
4.4.1. El Vademecum del Ejercitante como dispositivo pedagógico
La dimensión pedagógico-espiritual de los retiros ignacianos mensuales encontró su soporte bibliográfico en materiales editados por el propio Seminario Arquidiocesano, entre los que destaca “el Vademecum” para los ejercitantes titulado Tomad, Señor, y recibid…, publicado bajo el sello Ediciones Mikael en 1981 (Sáenz, 1981). Concebido en ocasión del quincuagésimo aniversario de la encíclica Mens Nostra (1929) de Pío XI y preparado con la colaboración de seminaristas de Paraná, este texto operó como un dispositivo doctrinario y ascético para el laicado local (Pío XI, 1929; Sáenz, 1981).
En la presentación del librito, el P. Alfredo Sáenz S.J. (1981) articula la justificación teológico-social del retiro a partir del diagnóstico formulado por Pío XI (1929), identificando la «irreflexión», la disipación exterior y la codicia como las patologías centrales de la modernidad que debilitan las facultades humanas y ahogan el deseo de los bienes trascendentes. Frente a este escenario de secularización, los ejercicios de matriz ignaciana son presentados no solo como un instrumento de perfeccionamiento natural -en tanto reordenan las pasiones y fortalecen la voluntad bajo el imperio de la razón-, sino fundamentalmente como un catalizador de la formación del «hombre sobrenatural» y del apóstol militante (Pío XI, 1929; Sáenz, 1981).
La apelación explícita a la primacía del método de San Ignacio de Loyola -ponderado por el Magisterio pontificio como un código universal para la reforma de costumbres y contrapeso frente a las falacias del «naturalismo» y del «falso misticismo»- pone de manifiesto la función pedagógica del impreso que consiste en dotar al laico paranaense de una disciplina cotidiana de meditación, examen de conciencia y ordenamiento de la vida que garantizara la preservación de la ortodoxia y la perseverancia en la «batalla cultural» cotidiana (Pío XI, 1929; Sáenz, 1981).
Profesor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Doctor en Humanidades y Artes mención Ciencias de la Educación (UNR)
