Una carta de San Teodoreto de Ciro

San Teodoreto de Ciro (ca. 393 – ca. 466) fue un Padre de la Iglesia, obispo de Ciro, una pequeña ciudad de Siria. Defendió la ortodoxia nicena contra el nestorianismo y el monofisismo, participando activamente en las controversias cristológicas del Concilio de Éfeso (431) y el de Calcedonia (451), y mantuvo una fuerte controversia con San Cirilo de Alejandría.

A la muerte de este último, le escribe la siguiente carta a Domno, obispo de Antioquía. 

«Por fin, aunque tardíamente, el hombre malvado ha muerto. Pues las personas buenas y benevolentes parten de esta vida antes de tiempo, mientras que los malvados viven por muchos años. Pero a él —el miserable— el Gobernador de nuestras almas no le permitió, como hace con otros, seguir disfrutando de lo que parece ser agradable. Más bien, conociendo la maldad de este hombre, que crecía diariamente y dañaba el Cuerpo de la Iglesia, lo cortó como una especie de plaga y quitó el reproche de los hijos de Israel ( 1Cro 17, 26).

Su partida trajo alegría a los vivos, pero quizás tristeza a los muertos —y deberíamos incluso temer que, estando demasiado agobiados por su compañía, pudieran enviárnoslo de vuelta.

Por lo tanto, lloro y me lamento por el miserable, pues la noticia de su muerte no me trajo alegría pura, sino una alegría mezclada con tristeza. Me regocijo y me deleito al ver a la Iglesia liberada de tal plaga, pero me aflijo y lamento, pensando que él, pobre alma, no encontró descanso de los males, sino que murió mientras se esforzaba por otros mayores y peores.

Por lo tanto, es necesario tomar precauciones —y vuestra santidad debe ser especialmente rápida en este asunto— para ordenar a la compañía de los portadores del féretro que coloquen alguna piedra enorme y pesadísima sobre la tumba, no sea que regrese y comience una vez más a afirmar sus opiniones insanas.

Que proclame sus nuevos dogmas a aquellos en el Hades, y que predique allí día y noche tanto como le plazca. Pues no tememos que divida incluso a ellos, hablando abiertamente contra la piedad y rodeando de muerte a la naturaleza inmortal. Porque será apedreado no solo por aquellos instruidos en las cosas divinas, sino también por Nimrod, y Faraón, y Senaquerib, y cualquier otro enemigo de Dios como ellos.»

En N. Mansi, Sacrorum Conciliorum nova et amplissima collectio, vol. IX, p. 295.

31 comentarios en “Una carta de San Teodoreto de Ciro

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Que los maronitas lo veneren como santo no significa que esté formalmente canonizado. Por lo demás, Isaac de Nínive es venerado como santo por los mismos maronitas…

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        No, porque la liturgia que vale para toda la Iglesia lo sanciona: lex orandi… De lo contrario, ¿por qué se habló de canonizar a Isaac de Nínive, a quien veneran los maronitas?

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Maravilloso texto! Un bálsamo! Un adelanto de la Justicia Divina!
    Gracias Wanderer!!!

    Como decía San Leonardo Castellani: “vengarse un poquito, es más cristiano que no vengarse nada…”

    (Ya estoy escuchando un coro de plañideras que se llevan las manos a la cabeza y que no entienden un carajo de nada diciendo: qué horror, qué barbaridad! Éso no es cristiano!)

    Conclusión: si los boludos volaran, no se vería la luz del sol…

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      NiCO

      Tras conocer esta carta tan antigua empiezo muy de a poco a comprender lo que ya desde hace mucho tiempo me llama dolorosamente la atención: lo mal que suelen tratarse los sacerdotes entre sí. Si antiguamente los paganos reconocían a los cristianos por el amor con el que se trataban entre sí, en nuestros tiempos salta a la vista la vergonzosa falta de caridad entre los clérigos. Fácil es llenarse la boca y las páginas de misericordia, rápida y convenientemente se puede misericordear al hermano sacerdote u obispo sí se tiene la manija (práxis asimétrica de la misericordia franciscana y pre- franciscana, que pretende convertir al hermano misericordeado en mísero cordero) y pedir perdón por los pecados de los demás, pero qué difícil, cuánta santidad requiere ser silenciosa y verdaderamente misericordioso y amable. De jóven pensaba que, en este sentido, los consagrados la tendrían más fácil que los fieles laicos, pero mi experiencia me dice que no. Ahora veo que este asunto ya viene de muy lejos, aunque ciertamente está muy amplificado por la terrible crisis y la tecnología. NICO

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    No conozco ningún canonizado latino reciente que, frente al ya largo desbande que nace en Yalta, cantó públicamente faltaenvido con 33 de mano a los del equipo de Kaos. Por ahí Castellani, Sheen, los que me vienen muy rápido: no están en el santoral pero me dice mi asesor Pirincho que juegan todos los días al ludo con el gordo de Aquino.

    Elvis Tek

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    La carta tiene estilo, demostrando que para los cristianos no solamente está la esperanza en el paraíso, para uno, sino también existe la esperanza en el infierno para los otros. Ya que parece que la felicidad de la visión beatifica estaría incompleta sin la visión infernal. Demostrando que no concebimos la felicidad sino es por comparación.

    Jorge

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      La proposición «La existencia del mal moral irreversible – ya sea de ángeles, en quienes siempre lo es, o de seres humanos si perseveran en él hasta el fin de su vida – es necesaria para que la felicidad de la visión beatífica sea completa» es de un grado de error tan extremo que desafía descripción.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Compárese esta lamentable carta de Teodoreto de Ciro con lo que cuenta S. Gregorio de S. Benito, a la muerte de su enemigo, el sacerdote Florencio, en el libro II de sus Diálogos, cap. VIII.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Entiendo que se lo antematizó en el II Efeso pero no tanto por sus errores sino por su oposición a Cirilo y defensa de Teodoro de Mopsuestia. No sé si luego se condenó su doctrina en Constantinopla. De todas maneras no parece un heterodoxo

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Estimado anónimo, si se hubiese hecho a S. Atanasio y S. Cirilo lo mismo que se hizo con estos autores (que murieron en la paz de la Iglesia y a Teodoreto se debe gran parte de la cristologia de Calcedonia gracias a su libro «el mendigo») habrían sido condenados por eutiquianos o monofisitas.

      Además, siguiendo ese ejemplo, se podría declarar en el futuro a S. Tomás de Aquino hereje y condenar sus obras por negar la inmaculada concepción en un Concilio…

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        La «iglesia oriental», si se refiere Ud. a los ortodoxos, no es una iglesia, son varias. Y, claro, son cismáticas. Si Ud. confía en sus canonizaciones…

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        pues viendo ciertas canonizaciones muy dudosas del vaticano como la del fundador del opus dei o la del adolescente carlo acutis, las canonizaciones de la iglesia ortodoxa son mucho mas serias.

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