Crisis y soluciones falsas de la Iglesia

La semana pasada un comentarista del blog hacía un crítica respetuosa al último post de Eck. Decía que considera que ese tipo de escritos, como buena parte de los que históricamente hemos publicado en este blog, tratan temas polémicos que pueden generar confusión y división entre la “propia tropa” en momentos en que deberíamos estar más unidos que nunca.

Aunque en otros momentos he respondido a esta objeción, vale la tema retomarla porque, en efecto, podría ser el caso que el comentarista tuviera razón y que yo estuviera cometiendo un error sobre el que se me pedirá cuenta en el momento del juicio, y no tengo ganas de pasar un mal momento en esa ocasión tan trascendente.

El problema serio que yo veo entre mucha de nuestra gente es la pretensión, o la ilusión, de creer que con volver el reloj 60 o 70 años, sería suficiente para solucionar la profunda crisis por la que atraviesa la Iglesia. Es sobre esta concepción del tradismo (la expresión, que me parece muy adecuada, es de un comentador anónimo del blog) contra la que he mantenido una batalla constante desde los inicios mismos de esta página hace 19 años. Y el problema lo vieron muchos más sabios y más importantes que yo, tales como Castellani y Bouyer, por nombrar sólo a un par de ellos. 

El tradismo replica que, en tiempos de crisis como los que vivimos, es momento de “conservar lo que hemos recibido”; “conservar lo que tenemos”: serva quod habes. Pero el problema surge cuando identifican lo que tenemos o lo recibido, con lo que tenía o habría recibido un buen sacerdote en los años ’30, ’40 o ’50. Por eso, proponen atrasar el reloj, y lo hacen enseñando en sus seminarios y predicando en sus sermones lo mismo que se enseñaba y se predicaba en los dorados años de Pío XII. La cuestión es que esos años eran cualquier cosa menos dorados, y tampoco lo habían sido las décadas anteriores. Ninguna persona sensata puede suponer que en un par de años literalmente, la Iglesia pudo cambiar como cambió, y que en cuestión de meses literalmente, sacerdotes y religiosas que pensaban y actuaban de un modo determinado, comenzaran a pensar y actuar de otro modo, muchas veces totalmente opuesto al anterior. Este cambio tan abrupto en la conducta de obispos, sacerdotes y religiosas no puede explicarse, me parece a mí, simplemente como un caso de obediencia debida. Ciertamente que el ultramontanismo, exacerbado a partir del pontificado de Pío IX, fue determinante y neutralizó la resistencia, salvo casos muy puntuales. Pensemos, por ejemplo, en los diez mil sacerdotes españoles que pidieron a Pablo VI poder seguir celebrando la misa tradicional y que, negada la petición por parte del Papa Montini, volvieron todos silenciosa y resignadamente a sus parroquias a celebrar el novus ordo y, en la práctica, disolvieron la asociación que los nucleaba. Pero esta excesivamente mansa obediencia, y no sólo de los españoles sino de los clérigos de todo el mundo, no puede explicarse simplemente por una virtud más o menos corrida hacia uno de los extremos, por lo que no sería ya virtud. A sus espaldas se iba acumulando una enorme crisis, la que estaba más o menos latente, o más o menos despierta en todos los sectores de la Iglesia, pero que se mantenía disimulada aún para sus protagonistas: sólo muy pocos de ellos eran del todo conscientes de lo que se estaba gestando

Y esto que digo no es mera suposición; basta recorrer la historia y los escritos del clero, sobre todo a partir de la posguerra, y observar sus iniciativas y conductas para darse cuenta de la profundidad del calado de la crisis. Y esto lleva a una conclusión obvia: el Concilio Vaticano II no hizo más que legalizar lo que, de hecho, ya existía. La imprudencia de Juan XXIII —él dijo que fue una súbita inspiración del Espíritu Santo— al convocar a un concilio ecuménico en esas circunstancias, no hizo más que socavar la muralla de contención que impedía el desborde del caos. El Concilio, con la complicidad de unos cuantos, la anuencia de Pablo VI y la irresponsabilidad y negligencia de la enorme mayoría, desestabilizó la Iglesia que, sesenta años después, está más desequilibrada que nunca.  Pero Pablo VI no sólo entregó el manejo del Concilio a los reformistas, sino que habilitó y propició el “espíritu del Concilio” que con la velocidad de un spiritus o viento inexpugnable, capilarizó la Iglesia entera y legalizó la crisis que ya anidaba en el corazón de buena parte del clero y de los religiosos. 

Por eso mismo, la pretensión tradista sería catastrófica. Volver a los ’50, a la Iglesia preconciliar, no solamente no solucionaría nada sino que empeoraría todo. Esta es la razón por la que, desde este blog, siempre hemos cuestionado esa postura, y hemos recibido las críticas y aún las amenazas de los tradistas más ofuscados. 

Aunque es una frase hecha y remanida, no por eso deja de ser verdadera: toda crisis entraña una oportunidad. Se dice que para el cónclave de 2013 habían cuatro candidatos firmes: Scherer, Ouellet, Scola y Bergoglio. Ya sabemos qué ocurrió, y sabemos también que nada escapa a la Providencia divina. Si el elegido no hubiese sido Bergoglio, cualquiera de la otras opciones no habría hecho más que seguir ocultando la profundidad de la crisis. Francisco expuso la herida purulenta a la luz del sol: toda la Iglesia y todo el mundo pudo ver con sus propios ojos la realidad: Qualis rex, talis grex (“Como es el rey, así es el rebaño”). 

La responsabilidad de aprovechar la oportunidad de superar esta etapa crítica nos concierne a todos. A nosotros los seglares, mínimamente; a los obispos y al Papa León, en grado máximo. Yo, como simple hijo de la Iglesia hago lo que puedo y que es bastante poco: apenas puedo advertir desde esta página lo que humildemente veo: la solución no provendrá de pases mágicos como atrasar las agujas del reloj; no provendrá tampoco de romper todo y armar rancho aparte donde se pueda hacer lo que venga en gana sin que ninguna autoridad se inmiscuya; y ya sabemos porque lo experimentamos durante más de sesenta años, que la solución tampoco viene por tirar todo por la borda para “caminar por las periferias”, convertirnos en “hospital de campaña”, asistir a una boda gay o a una comedia musical de Hakuna.

¿Cuál es la solución entonces? De lo único de lo cual estoy seguro es que se trata de una solución compleja, que incluye muchos factores, y uno de ellos, y seguramente de los más importantes, es que cualquier solución deberá incluir una restauración litúrgica. No estoy abogando, por cierto, por una aniquilación lisa y llana del ordo missae de Pablo VI; en todo caso, eso podrá lograrse con el tiempo. Me refiero a que ninguna solución podrá ocurrir mientras la liturgia católica siga siendo terreno para la creatividad y fantasías de celebrantes y comunidades, convirtiendo las misas en circos estilo kiko, emausiano, hakuno o barbaridades aún peores. Mientras no se le rinda a Dios el culto verdadero -y se deje de pretender que la liturgia es una mera reunión de comunidades que «cantan y caminan»-, es ilusorio pensar en solución alguna a la crisis de la Iglesia. La salida del laberinto es por arriba.

68 comentarios en “Crisis y soluciones falsas de la Iglesia

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Con mis 75 años, siempre vividos en pertenencia y participación en la Iglesia, no puedo creer que haya quienes insisten en el relato de romantizar y mitificar la situación de la Iglesia previa al Concilio Vaticano II. Puedo entender que para algunos jóvenes valga la idealización de lo que no vivieron. Basta ver de cerca lo que ofrece la Fraternidad. Discúlpenme, pero no es algo significativo para esta época, salvo una liturgia que puede atraer a unos cuantos, si está bien celebrada y no como era usual previo al Concilio y como también suele ocurrir en las capillas de la Fraternidad ut in pluribus. El contenido de la predicación no pasa de una moralina reductiva y combatiente en la guerra intraeclesial. Yo veo que el CVII fue un intento de revitalización, que cumplió sus objetivos mientras no fue traicionado por la infidelidad de su cumplimiento. Mi experiencia es que dentro de lo que ofrece la Fraternidad no encuentro vitalidad ni profundidad. En las otras comunidades, de rito ordinario, hay de todo, incluso muchas de muy buena doctrina, vitales, apostólicas y de una liturgia muy seria. La mayoría es mediocre y hay algunas comunidades que rayan en la herejía. Es lo que veo, que he visto y veo mucho. Juan el Gris.

    1. Avatar de Lucius2002 Lucius2002

      La herejía y los herejes siempre han existido en el mundo; no era diferente en 1962, ni en 1700, ni hoy en 2026. Lo único que cambió en 1965 fue que, antes del Concilio, las herejías eran refutadas por la autoridad del Papa y de los obispos, y los herejes abiertos eran castigados y expulsados ​​de iglesias y escuelas. Después de 1965, tras el Concilio, el Papa y los obispos simplemente dejaron de ejercer su autoridad y comenzaron a aceptar herejías sin refutarlas jamás, promoviendo a herejes a puestos de liderazgo en diócesis e instituciones eclesiásticas.

      Antes, las almas de los fieles tenían garantizado el acceso a los medios de salvación independientemente. Después, se impidió el uso de gran parte de estos medios. Antes, el Papa confirmaba la fe; después, se negó a hacerlo.

      No hay misterio en esto, la disciplina y la tradición siempre han logrado vencer el orgullo de los herejes. Solo los orgullosos, que no creen en la tradición y la disciplina católicas, siguen defendiendo las novedades conciliares que ya han demostrado ser completamente propicias al error y a la perdición de las almas.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Wanderer: comparto plenamente su apreciación. La constitución Sacrosantum Concilium, sobre la sagrada liturgia, en su numeral 10, dice: «La liturgia es la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia y, al mismo tiempo, la fuente de donde mana toda su fuerza». Infortunadamente, hemos presenciado durante los últimos sesenta años la lenta pero progresiva degradación de la liturgia, convertida hoy en día, en muchos lugares, en una celebración de corte protestante y pentecostal. No es un dato menor saber que precisamente la primera constitución en ser aprobada por el concilio Vaticano II fue la Sacrosantum Concilium, con lo cual se tocaba el núcleo de la vida cristiana y de la práctica de la fe cristiana. La reforma litúrgica (por no decir desfiguración litúrgica), no respetó, en gran medida, lo que la constitución decía. Es aquí donde se puede encontrar una —si no la única— explicación de la debacle posterior al concilio, que condujo a la numerosa desbandada de sacerdotes y religiosos, y a la pérdida paulatina de la fe entre muchos bautizados.

    Benedicto XVI expuso con claridad, conocimiento teológico y profundo sentido de fe, la necesidad de una «reforma de la reforma litúrgica». Cuando esto ocurra, es decir, cuando el centro del culto cristiano vuelva a ser la adoración y alabanza a nuestro Señor Jesucristo, cuando se recupere el carácter sacrificial del rito litúrgico, la Iglesia volverá a reconocer la «fuente de donde mana toda su fuerza» y sabrá responder a lo que le pide el Señor en cada momento, circunstancia y lugar de la historia humana.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Conviertenos Señor, y nos convertiremos.

    Yo creo que la solución es tan «simple» como compleja. Pero solo viene de una verdadera conversión. De un estar «atrasados» no 30, 40 o 50 años… sino 2000 (sin arqueologismos, claro).

    La liturgia es fundamental, sí. Y quien sabe qué vueltas y que cambios. Lo fundamental es dejar actuar al Espíritu Santo, al Paráclito, no al falso espíritu que reinó tras el CVII (y está claro que ya se movía antes).

    Él es el único que puede reformar la Iglesia con absoluta coherencia y novedad (lo nuevo y lo antiguo). Así que como siempre lo que estamos faltos es de fe.

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Voy a hacer mi pequeña aportación. La realidad eclesial antes del CVII no era ni mucho menos perfecta. Sin hablar de una crisis vocacional se observaba en algunas regiones españolas especialmente católicas como en Navarra una reducción del número de seminaristas desde principios de 1900. Si la culpa fuese del CVII podríamos pensar que las Iglesias ortodoxas que no tuvieron su “CVII” estarían en una situación mucho mejor, lo cual no es verdad. Las comunidades ortodoxas han sufrido el mismo fenómeno de envejecimiento y huida de los fieles. El luteranismo y el anglicanismo padecieron “su CVII” en el siglo XIX cuando empezaron a separar los altares de los muros. Todo ello venía del metodismo y del naciente movimiento evangélico. Digamos que el catolicismo siguió un movimiento que se había iniciado en el siglo XIX y que los propios protestantes habían iniciado y que ellos mismos habían aplicado con el objetivo de atraer a más fieles.

    Otro elemento importante a tener en cuenta y que es de raíz protestante es la obsesión por los asuntos de bragueta y por imponer a los fieles una vida monacal. Los laicos no son “mini-monjes” ni “mini-monjas”, su estatuto es diferente y así debe comprenderse.

    Para continuar el púlpito no debe convertirse en el “reñiderum” como lo llamaban los obreros y los campesinos asturianos antes del CVII. Eso ha sido otro defecto que aquejaba una parte de la Iglesia tradicional. Muchas veces uno iba a la Iglesia a que le riñesen. Se llamaba a eso «león en el púlpito y cordero en el confesionario».

    Por último, el clericalismo que también ha sido criticado en este blog y por autores tradis como Peter Kwasniewski:  https://www.lifesitenews.com/blogs/what-clericalism-really-looks-like/

    De parte católico tradicional.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      «Otro elemento importante a tener en cuenta y que es de raíz protestante es la obsesión por los asuntos de bragueta y por imponer a los fieles una vida monacal. Los laicos no son “mini-monjes” ni “mini-monjas”, su estatuto es diferente y así debe comprenderse.»

      Alguien puede ayudarme y decirme cómo puedo tatuarme este mensaje? Chapó. A ver si algunos se enteran. Muerte al mojigatismo.

      Cisneros

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Cisneros: yo le puede asegurar que de «pitología» se hablaba mucho en un grupo neoconservador que Francisco hizo cerrar. Conozco bien la cosa desde adentro. El fundador era el primero que lo ponía en práctica (sic). El resto que quedó siguió haciendo moral «pitológica», no sé si me entiende especialmente los que hacían de dirección espiritual que terminaban tocando (con suerte) los cabellos de las dirigidas….Bien cerrado está y espero que esos curas no se les ocurra seguir la moral pitológica de su fundador. Fraternalmente, Fabio.

    2. Estoy de acuerdo con que en el per-Vaticano II los problemas de bragueta eran, en muchos casos, los más importantes para buena parte del clero.Pero cuidado, que los seglares somos mini-monjes. Esto lo dice casi con las mismas palabras San Juan Crisóstomo: la única diferencia entre los seglares con los monjes es que se les permite el ejercicio sexual dentro del matrimonio.

    3. Avatar de Desconocido Anónimo

      «Te engañas mucho y te equivocas si crees que se exige una cosa al laico y otra al monje; pues la diferencia entre ellos radica en que uno está casado o no, mientras que en todo lo demás tienen las mismas responsabilidades… Porque todos deben alcanzar la misma altura; y lo que ha trastocado el mundo es que pensamos que solo el monje debe vivir con rigor, mientras que a los demás se les permite vivir una vida de indolencia».

      San Juan Crisóstomo

  5. Como bien dice usted, Don Wanderer, la solución a la crisis no es la marcha atrás, entre otras muchas razones porque, primeramente, en la Historia no existe tal movimiento regresivo. Cuando en algunos capítulos de nuestro pasado (doctrinales, pastorales, litúrgicos etc.) se volvió la vista a un pasado mejor, nunca fue para volver a aquel pretérito, sino para renovarse con lo bueno de lo que antes había sido un bien para la Iglesia, trayéndolo como cierto remedio capaz para el presente y el futuro. Cuando leí el otro día la carte del Abad de Solesmes al Papa León, aun adelantándome yo mismo con la reacción que imaginé tendría desde la tradición inmovilista, a la vez me alegré de que el grave problema de la Misa volviera a debatirse desde una altura digna por una digna autoridad y con un digno recurso ante el Papa. Si de entrada reconozco que no me gusta esa promiscuidad de V.O.-N.O. en un mismo Misal, después reconsidero y entiendo que la solución que Dios nos conceda – que la concederá, fírmiter credo! – llegará como llegaron otras soluciones a los bloqueos o crisis o dolencias del pasado. Y pienso en las controversias cristológicas, o la iconoclastia, o las investiduras, que sólo se dilucidaron después de muchos debates, recios combates, pseudo-arreglos y componendas, mártires y confesores, y, finalmente, una recapitulación-reformulación de la verdad de siempre en el presente de entonces…y el nuestro de ahora. Patente está que nos ha tocado vivir en el tiempo del debate y el combate, y aquel que así lo entienda también rogará al Señor que libremos bien la parte que nos toque en esta contienda, sea resistiendo, sea arremetiendo, sea estudiando, o predicando o sosteniendo a los que combaten, soportan, y buscan la gloria de Dios y el bien de las almas. No se decir si caerán mártires propiamente, pero me consta que por la Misa sí sufren muchos ‘confesores’ y quedan, muchos también, heridos y maltrechos por la causa. Tempora bona veniant!

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    Mi opinión y solo esto es lo siguiente: de acuerdo 100% que el tradismo no es solución. Tampoco creo que la aproximación obtusa de la FSSPX sea solución. Seguirá sirviendo a unos cuantos de su redil. Por más que crezcan, no llegarán a millones de millones de católicos y, de verdad, si quisieran estar en la Iglesia como cualquier bautizado, no me haría problemas. Sin embargo, me parece que lo complicado es que quieren estar en su ghetto y que consideran otros católicos gente poco o nada católica. Esta suerte de «intolerancia» me da piedra.

    Creo que, como dijo el autor, Pío XII no tuvo un papado dorado, como piensan algunos. Estos periodistas laicos de la actualidad dicen tener documentación de encubrimientos que mancillan a Pío XII y a todos los Papas posteriores, excepto Juan Pablo I, por motivos obvios. No recuerdo si Francisco. Además, para los que detestan el CVII, conviene recordar que su primer idealizador fue este Papa, el cual no lo convocó por el post guerra mundial.

    No sé si estoy de acuerdo que Juan XXIII haya sido imprudente al convocar el Concilio. Hay puntos complicados pero hablando en términos generales, el evento no fue tenebroso y no mandó nadie practicar abusos litúrgicos. Hay muchos documentos de diversos asuntos y la Iglesia no pensó solo en sí. Cierta fecha, leí los asuntos que un grupo seleccionado de obispos «tradicionales» en esta fecha había preparado para guiar la reflexión conciliar. Algo tipo unas prenotanda.

    Si la Iglesia estuviera tan linda y maravillosa, este texto que, afinal, poco a nada deseaba cambiar habría sido aprobado. Lo que pasó es que la mayoría de los obispos (quizás alejada del espíritu de los 1000 curas españoles mencionados en el texto) querían aprovechar la ocasión para realmente «aggiornar» estapeándose o no.

    A diferencia del sr. «Wanderer» no nací en el preconcilio. Todo lo que he vivido en el ambiente eclesial es post conciliar. En las Misas que asistí en muchos lugares la Liturgia siempre fue para mí el Sacrificio de la Cruz y no solo una suerte de berakká.

    El ambiente post conciliar me bautizó, confirmó, me enseñó a evangelizar a tiempo y a destiempo. Si todo en la Iglesia fuera una suerte de tradicionalismo, mi convicción es que todo sería un bodrio (perdón si hiero a alguien). Sería un cosa detenida en el tiempo, una «situación». Los padres serían vistos hieráticamente y esta actitud bastante sumisa, les trataría con guantes.

    Soy muy consciente de problemas levantados sobre kikos y muchos otros movimientos eclesiales jóvenes. Y vean que el Opus Dei fundado en el preconcilio, la TFP entre otros tienen o tenían sus problemas igual.

    Las parroquias el padre Davide P, aún constando de muchos defectos, son las que sostienen de algún modo,, la vida espiritual de quien quiera tener vida espiritual. Me parece una estupidez hablar desde la borbuja elitista sobre las parroquias. ¿Qué son 800 curas lefebvristas delante de unos 400.000 diocesanos? Defender una «situación » capillista» para toda la Iglesia es non sense. Todo lo que ha venido del post Concilio tiene luces y sombras, forjó vocaciones. El Concilio en mi entendimiento fue un dique que se abrió, una acogida en sus textos de los movimientos patrístico, mariano, litúrgico, bíblico, fue una mayor apertura a la Cristología y a la pneumatología. Dije dique porque estoy convencido que muchos obispos sentían el agua rancia. Ya no eran todos del hemisferio norte ou eurocéntricos.

    Y como era un Concilio netamente pastoral, vio florecer gran diversidad de cosas. Creo que el Magisterio ha fallado muchísimo en el discernimiento y seguimiento de todos estos grupos e iniciativas. Y todavía viendo esta suerte de «circo montado» y esta suerte tan diversa de seres humanos católicos, yo creo preferir así, con Hakuna y todo. No miento: la mayor parte de esta diversidad me irrita y aún así me hace pensar que mucha gente se perdería en el camino. No seremos los catoliquísimos de la Tradición pero quizás el Padre nos prepare un lugar en el Cielo.

    El otro escenario es considerar un muy cuadriculado catolicismo hasta los 50’s. No digo que sean malos. Solo afirmo son el formato tradicional: Congregaciones Marianas, Pías Asociaciones, Acción Católica, etc. Estandartes, fitas al cuello, banderas. Para los tiempos actuales, todo mandado a recoger. No para todos, pero con una serventia a grupejos y élites eclesiales. Luego de los 60’s todo cambió bastante. Creo ser una misericordia de Dios que estos movimentos todavía existentes hayan pasado a un segundo plano. O tercer. En muchos casos no fue el Concilio que les hizo desinflar. Ellos estaban fadados al fracaso y, quizás, al desaparecimento. Los 60s no fueron década de disciplina, amor a las tradiciones. El Occidente llevó un revolcón. Creo que el autor discordará mucho de mí, pero sin el CVII,.con todos los problemas que surgieron, la Iglesia estaría mucho más en la olla de lo que está. Yo tuve un proceso paulatino, todo dentro de la lógica post conciliar. Respecto el Vetus Ordo, fui a una sola Eucaristía en la solemnidad de Corpus Christi y salí convencido que lo rico para varios de ustedes, por más bello que sea, no me dijo nada. El Novus Ordo no es un primor, pero siempre consideré que es lo suficiente, cuando bien celebrado. Basta que el cura no quiera ser payaso.

    Ya intenté evangelizar a tanta gente de todas las edades. En casi todos los casos ya era o fue una enorme pelea llevarlas en una Misa con Novus Ordo. En el Vetus Ordo, así de plano, de início, no va nadie.

    Pido a Dios que nos ayude a solucionar los graves problemas eclesiales. No veo problema alguno que personas diferenciadas sean presentadas al Vetus Ordo. Y sí pienso que todos tenemos nuestro peregrinar, que el Novus Ordo es mucho más palatable para la sensibilidad actual. Luego se les invita al Vetus Ordo. Lo que sí sé es que esta suerte de pelea litúrgica, de reproches,.impedimentos necesita terminar. Una forma puede llevar a la otra y vice versa. Dudo que el Vetus Ordo sea para todos. Fue para todos los latinos y sin ritos particulares. No es más.

    Conclusión: O la Iglesia halla un lugar para todos los que sea posible o perderá riquezas y capacidad de tirar la red más lejos.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Me quedo sobretodo con esta frase «No seremos los catoliquísimos de la Tradición pero quizás el Padre nos prepare un lugar en el Cielo.»

      Y es que eso es lo más importante. Yo defiendo la protección y promoción de toda forma tradicional porque sirve para entroncarnos con toda la historia de la Iglesia, pero tratar las cosas como una reliquia es un error. La ley suprema de la Iglesia es la salvación de las almas y si ellos requiere facilitar la comprensión justo es hacerlo. Ahora bien, entiendo perfectamente también los argumentos del tradicionalismo y que la liturgia no es para los hombres sino para Dios. Bueno, ahí tenemos que trabajar todos y saber encontrar el punto de respeto y valor de la misa en su forma antigua y las necesidades de hoy

      Lo más importante es vivir según la fe de la Iglesia y salvarse.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Protesto por la denominación de «talibán» dirigida a Don Davide Pagliarani. Es injusta y, además, es un disparate. No sabe Vd quién es Don Davide y qué es un talibán.

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    creo que la crisis es producto de la perdida de fe de la gente…que es parte del mundo actual …con el positivismo la psicologia el feminismo el confort la revisión historica los abusos sexuales el comportamiento del clero la new age, y tantas mas cosas la gente dejo de creer…mas en la religion y algo menos en Dios…y la iglesia saco de escena al infierno

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    Un nuevo problema que nada tiene que ver con la Misa tradicional pero que también es resultado de la «crisis y soluciones falsas de la Iglesia» y amenaza convertirse en otra tormenta de proporciones considerables, es la convocatoria reciente del Papa a los presidentes de todas las Conferencias episcopales del mundo a reunirse en Roma en octubre para revisar la Exhortación Amoris Letizia que permite comulgar a los divorciados vueltos a casar.

    En su último comentario sobre la actualidad de la Iglesia el Padre Santiago Martín desarrolla el tema y advierte que, más allá de la discusión que genere el debate entre los obispos que están a favor y en contra de la comunión a los divorciados vueltos a casar, en su convocatoria a los obispos el Papa invita a la Iglesia a acompañar a la familia y los hijos en sus dificultades «superando una concepción reductiva de la norma». El Padre Martín se pregunta qué significa esa última frase que enciende todas las alarmas, porque según él, daría la impresión de que el Papa León está de acuerdo con la exhortación de Francisco de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, algo imposible de aceptar porque va en contra de lo que dijo Cristo y la Iglesia enseñó durante dos mil años.

    Fuenteovejuna

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Frases como «superando una concepción reductiva de la norma» se la puede escuchar usted a sacerdotes profundamente ortodoxos que jamás darían la comunión a un fornicario público y es que es verdad, hay que superar una concepción legalista o moralista de los Mandamientos. No me parece algo como para alarmarse. Ahora bien, si comprendo que cuando algo así viene de instancias romanas todos temblamos pensando en lo que podría llegar a justificarse con eso. La culpa, como casi siempre, es de Francisco.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Me pregunto quién será realmente este León XIV… Parece que me estoy desilusionando. En fin, siempre uno vive de esperanzas, pero están los textos bíblicos, y la realidad cada día cuaja más y más con ellos. Vivamos fieles a lo de siempre, porque —como bien hizo Don Marcel— aquí nadie defeccionó de Roma: fue Roma la que defeccionó de sí misma. Y sin embargo permanecen las palabras de Nuestro Señor: “et portae inferi non praevalebunt adversus eam.” Pius.

      1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Un cisma es una defección. Ergo no es cierto eso de «nadie defeccionó de Roma».

        Los mismos textos de «Don Marcel» lo acusan: primero tenía realmente esperanza y confianza en la Providencia… al final tomó la providencia en sus manos (la usurpó) y obró un acto cismático. Si eso no es defección…

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Preguntas que me surgen: cuando se dice que Roma defeccionó de sí misma, ¿se intenta decir que los Pontífices post conciliares son apóstatas? Si lo son, hay que conclurir que no serían auténticamente pontífices ¿verdad?

        Vengo de oir a un sacerdote tradi decir que, porque León XIV habló del sacerdocio universal de los fieles pero no aclaró explícitamente la distinción jerárquica con el sacerdocio ministerial, entonces hay que «conjeturar» (cito la palabra precisa) que León XIV está defendiendo la misma doctrina de Lutero (y que por ello es sumamente necesario ordenar obispos, lógicamente). Yo no entiendo por qué no dicen directamente que la Sede está vacante y a otra cosa. Y si no quieren afirmar que la Sede está vacante, que critiquen todo lo que quieran las ambivalencias de los documentos y declaraciones pontificios (como hacemos todos), pero «conjeturar» apostasías de Roma me parece, cuanto menos, presuntuoso.

        El Profesor de Worms.

      3. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        No, Janus, Roma no es la Iglesia.

        Pero Roma es la Sede de Pedro.

        Es tan malo creer que la Iglesia se resume en el Papa, como creer que el Papa es un accesorio de la Iglesia.

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    La gran crisis, uno de cuyos comienzos fue el «movimiento litúrgico alemán» – excelentes comienzos, muy mal enmcaminado – fue causada también por la insuficiente formación al Sacerdocio: El empecinamiento por la enseñanza casi exclusivamente neo-escolástica – burdo reduccionismo del auténtico «tomismo de santo Tomás» -, como en un laboratorio, encapsulados, sin incorporar la fatiga de ver la realidad (no me refiero a lo ontológico!) sino al movimiento cada vez más acelerado y cambiante que tomaba el pensamiento filosófico y teológico (de algunos pocos pero que ejercieron mucha influencia en el desarrollo del Con.Vat.II) contemporáneos y la actividad humana en general. Lo demás, son sólo consecuencias. En la Iglesia actual hay muy pocos pensadores, pocos maestros. Nos regaló el Señor al Papa Benedicto XVI también para que constatemos esa falta y lo que debería ser un formador en la Iglesia.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Una típica objeción montiniana, es decir de G.B. Montini antes de ser elegido como Pontífice. Qué iban a hacer en los seminarios, poblados mayoritariamente de campesinos? Hacerles leer en masa las Sources Chrétiennes? A duras penas aprendían sus manuales. No todo sacerdote está llamado a ser teólogo, sino a ser santo y a ejercer dignamente su ministerio. Así como es loable salir de cierto tradicionalismo que no ve los problemas más allá de sus narices, tampoco hay que caer en los prejuicios y slogans con los que nos inundaron los neo-modernistas durante décadas.

      1. Avatar de Desconocido Messerschmidt

        El hecho de que las objeciones planteadas, que son muy razonables y acertadas, sean “montinianas” no tiene en sí nada de malo. El problema no es coincidir con Montini en el diagnóstico, el problema fueron las soluciones equivocadas que impuso Montini y que nos han traído hasta aquí. El diagnóstico no era malo, pero el remedio fue peor que la enfermedad. Es algo que sucede muy a menudo.

        Por otra parte, un sacerdote muy probo pero ignorante puede cometer graves errores involuntariamente. Y desde luego, cuantos más sacerdotes estén en condiciones de leer al menos algo de Sources Chrétiennes o del Corpus Christianorum, tanto mejor. Precisamente uno de los grandes males que nos aqueja es que muchos sacerdotes ni han oído hablar de esas fuentes.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Otra vez más, Señor Messer —no sé quién es, pero coincido con sus opiniones— especialmente respecto de esos neoconservadores que, aun siendo conscientes del progresismo, no abren un libro ni aunque Bouyer resucite (ups, perdón). Muchos sacramentos y más sacramentos… pero ¿y la doctrina, amigo? ¿La fe que estás inculcando? Esta es la gran aporía de tantos curas neoconservadores: cero libro, cero estudio. Dicen: “¡Hay mucho qué hacer!” ¿Hacer qué? ¿Seguir destilando una fe corroída? En el fondo hay un cierto fetichismo ideológico, fruto del desvarío de la fe. No estoy a favor de la consigna “no hay que sacramentalizar” (no me venga a correr con eso), típica de los progres —un poco ya viejitos, porque los nuevos sacramentalizan con el Gauchito Gil, la Difunta Correa y otras devociones “populares”… habría que ver si son válidos, porque he visto cada engendro—. Pero lo que importa es la verdadera fe: ¿qué es un sacramento con una fe diluida? Si no tenemos la misma fe de Jesucristo, la de siempre, el sacramento se convierte en un fetiche, sin más. Muchos de ellos llevan la mordaza en la boca y se contentan con “llevar la gracia”, lo cual no está mal; el problema es que la sirven mezclada con sopa de sulfuro. Pius.

      3. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        «Si no tenemos la misma fe de Jesucristo…» dice el Anónimo.

        Y se queja de la falta de estudio.

        Como se entere que Nuestro Señor no tenía Fe, porque tenía Visión, se cae de espaldas.

      4. Avatar de Desconocido Anónimo

        Efectivamente no todo sacerdote está destinado a ser teólogo (y filósofo ), sino, como cualquier otro cristiano, santo.

        Pero el sacerdocio es una profesión liberal, lo que implica que, como otras profesiones liberales, se ejerza «con dignidad».

        (yo añadiría también, con «profesionalidad» y perdone que aquí lo definido esté en la definición, pero todos tenemos una idea muy concreta de lo que es ser eso debido a nuestra propia actividad con la que nos ganamos el pan y a la de las personas a las que adquirimos bienes y servicios con el fruto de nuestro trabajo)

        El sacerdote tiene que administrar sacramentos, predicar y juzgar comportamientos y perdonar pecados.

        Para eso se necesita dominar un modicum de teología católica ¿no cree?

        También uno espera que, para que sea efectivo en su misión profesional, de ejemplo de vida cristiana; y para eso un mínimo de teología católica no va de más.

        Respecto a los seminarios «poblados mayoritariamente de campesinos», que podrá ser verdad (daba una educación humanística de calidad y aseguraba un futuro profesional respetado en el que incluso se podía hacer carrera), no significa absolutamente nada.

        1. porque en esa época se estudiaba en latín y los exámenes eran públicos, lo que requiere un mínimo de preparación, esfuerzo y tener las ideas claras. Es decir, que el que no valía para estudiar no entraba.
        2. yo estudié un año en un colegio provincial diocesano (adjunto a un seminario menor, con el que se compartía instalaciones y profesores) y la mayoría de mis compañeros eran «campesinos». Y le puedo asegurar que no eran idiotas.

        No sé de dónde ha sacado que «a dura penas aprendían sus manuales». Me imagino que como cualquier otro estudiante cuando egresa de la Universidad.

        Si está aprobado, será porque para la institución tiene el conocimiento necesario (recuerde en todo caso que mucho más importante que el «qué» es el «por qué» y, desgraciadamente, todavía más el «a quién»)

        En fin; me pregunto qué es eso de Sources Chrétiénnes y por qué podría ser aconsejable que un educando lo lea «en masa»

        (afortunadamente esa colección se publicaba bilingüe V.O./francés y también se enseñaba francés en los seminarios)

  10. Avatar de Desconocido Anónimo

    «Y esto lleva a una conclusión obvia: el Concilio Vaticano II no hizo más que legalizar lo que, de hecho, ya existía.» Una pregunta: la «libertad religiosa», el «ecumenismo», el «diálogo interreligioso», la eclesiología latitudinarista del «subsistit in», ¿ya existían? Las reuniones interreligiosas de Asís y la Declaración de Abu Dabi, por dar un par de ejemplos, ¿hubiesen podido darse antes del concilio?

    1. Estimado, temo decirle que todo lo que usted señala existía antes del Vaticano II. Le doy sólo un ejemplo de cada uno de ellos:
      1. ECUMENISMO. Las Conversaciones de Malinas (1921-1925), promovidas por el cardenal Mercier con conocimiento de Pío XI, fueron encuentros entre teólogos católicos y anglicanos de alto nivel, que duraron varios años y a la que se sumaron también los ortodoxos.
      2. LIBERTAD RELIGIOSA. La misma existía de hecho en países de mayoría protestante como Alemania, pero sobre todo se concreto en Estados Unidos. Pero no fue solamente una cuestión de hecho, sino teorizada antes del Concilio, principalmente por el jesuita americano John Courtney Murray (1904-1967), quien desarrolló una teología sistemática de la libertad religiosa basada precisamente en la experiencia americana. Argumentaba que la doctrina tradicional sobre las relaciones Iglesia-Estado era histórica y contingente, no dogmática, y que el modelo americano era teológicamente legítimo.
      3. DIÁLOGO INTERRELIGIOSOS. La famosa controversia de los ritos chinos (siglos XVII-XVIII), protagonizaba, cuándo no, por lo jesuitas, giró precisamente en torno a hasta dónde podía llegar esa acomodación entre la liturgia latina con las costumbre rituales chinas. Más adelante, el padre Charles de Foucauld vivía entre musulmanes con una actitud que tenía elementos de encuentro respetuoso y que luego se llamará «diálogo». Y autores como el padre Wilhelm Schmidt, estudiaba las religiones no cristianas con una seriedad que implicaba reconocerles un valor cognoscitivo.
      4. LA ECLESIOLOGÍA LATITUDINARISTA: La doctrina del «alma de la Iglesia», desarrollada por teólogos como el cardenal Billot, permitía afirmar que personas fuera de la comunión visible católica podían estar unidas a la Iglesia por un vínculo invisible, si actuaban de buena fe. Esta doctrina fue utilizada y desarrollada ampliamente, y ecos de ella pueden verse en Pío XII y su enciclica Mystici Corporis (1943) donde reconoce que quienes estaban fuera de la Iglesia visible podían tener una ordenación inconsciente hacia ella.
      En cuanto a si hubiesen existido las reuniones de Asís o la Declaración de Abu Dhabi sin el Vaticano II, me temo que los futuribles sólo los conoce Dios, y aún esto es discutido.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estudie, Wanderer, estudie…mire un poquito esto y tenga la hombría de publicarlo: «La encíclica de Pío XI, Mortalium animos del 6 de enero de 1928, que puede ser considerada el acto pontificio de mayor importancia doctrinal aparecido después de la Pascendi, cortó desde las raíces las falsas nociones de unidad de aquellos que interpretaban las palabras de Cristo “que todos sean una sola cosa (…) se hará un redil y un solo pastor” ( Jn 17,21; 10, 16) como si en estas palabras “el deseo y la oración de Jesucristo hayan quedado sin efecto”[1]  Contra el falso ecumenismo de los llamados “ pancristianos”, Pío XI afirmaba que “la reunión de los cristianos no se puede favorecer de otro modo que favoreciendo el regreso de los disidentes a la única verdadera Iglesia de Cristo, de la cual, precisamente, un día tuvieron la infeliz idea de separarse; a aquella única verdadera Iglesia de Cristo, que es visible a todos y que tal, por voluntad de su Fundador, permanecerá cual Él la fundó para la salvación de todos”. La encíclica no sólo era dirigida a las conversaciones de Malinas y al monasterio greco – cismático de Beauduin sino también al nacimiento de una “Alta Iglesia Alemana” que quería fundir en una sola iglesia ecuménica las llamadas tres grandes confesiones cristianas: protestantismo, catolicismo y la iglesia greco – ortodoxa”. No voy a citar la fuente porque usted se enfurece….Pius.

      2. Don Pius, la discusión no es sobre si fueron condenadas o no estas iniciativas. La discusión es si existían o no existían.
        Evidentemente, existían, y por más condenadas que fueron, nunca se extinguieron.

      3. Avatar de Desconocido Messerschmidt

        En realidad, las posiciones que usted menciona no son en sí mismas reprobables y de ellas hay ejemplos mucho más antiguos que los que usted cita. Ciertas afinidades con el latitudinarismo pueden hallarse, si mal no recuerdo, hasta en Clemente de Alejandría. El diálogo interreligioso es tan antiguo como el cristianismo, las disputas filosóficas con los paganos en la Antigüedad o con eruditos judíos o musulmanes en la Edad Media implicaban indudablemente un cierto grado de reconocimiento y de respeto hacia la otra religión, incluso cuando se intentaba convencer al interlocutor de sus errores, de no haber sido no habría habido discusión. Los primeros cristianos no reclamaban del estado romano otra cosa que la libertad religiosa. Los intentos de superar cismas, como el Concilio de Florencia, ¿no fueron antecedentes del ecumenismo? La cuestión está en cómo se interpreta y cómo se “gestiona” estos asuntos. Tan erróneo es comportarse como los fanatici que destrozaban templos paganos, como meter a la pachamama en la iglesia.

      4. Avatar de Desconocido Anónimo

        Mmm Wanderer ,no se si es lo mismo decir que existieron ciertos temas o controversias antes del Concilio a decir que ahora son avaladas , practicadas y oficializadas.

        Desde el siglo primero existieron controversias teológicas y morales.

        Pero está época de la iglesia, en la cual cosas condenadas son ahora legítimas, queridas y practicables me parece que no tiene parangón.

        Por otro lado una cosa no quita la otra. La iglesia ha pasado por mil tormentas, la cuestión es analizar el tenor de la presente, qué caso tiene relativizarla?

      5. Ciertamente que no es lo mismo. Pero la discusión que sostenemos es que esas corrientes existían, más allá de que fueran condenadas, que tenían muchos adherentes y que las condenas no sirvieron de nada.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Respecto a la enseñanza en Dignitatis Humanae sobre la «libertad religiosa» (que no es ante Dios sino ante el Estado), es conveniente notar que fue esa Declaración conciliar la que derogó la orden en el canon 3 del Concilio Ecuménico Letrán IV (1215) a los gobernantes católicos de exterminar a los herejes en su territorio, orden que hasta ese momento seguía estando vigente de iure, aunque su aplicación hubiese pasado a ser imposible de facto. Para deleite de los latinistas:

      «ita pro defensione fidei praestent publice iuramentum quod de terris suae iurisdictioni subiectis universos haereticos ab ecclesia denotatos bona fide pro viribus exterminare studebunt»

      Si alguien objeta que exterminare en ese canon significaba expulsar, respondo que ése era el significado en el latín clásico de Cicerón y Apuleyo, pero en el latín tardío de la Vulgata significaba destruir (Sab 16,27 y Apoc 11,18). Y claramente los obispos de 1215 no habían leido las obras de Cicerón o de Apuleyo sino la Vulgata.

      Y si alguien todavía dudase, lea la proposición condenada 33 de Exsurge Domine: «Haereticos comburi est contra voluntatem Spiritûs.»

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Claramente, «exterminare» en el tercer canon de Letrán IV significa ejecutar, aplicar pena de muerte. No se conoce ningún monarca cristiano antes o después de 1215 que haya desterrado a los herejes de su reino.

        ¿El rey de Francia desterró algún hereje al Sacro Imperio Romano o a Aragón? ¿El emperador desterró algún hereje a Dinamarca o a Polonia?

  11. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me permito añadir un ejemplo muy concreto en la línea de lo que dice Wanderer. Cuando Pablo VI publica la Humanae Vitae en 1968 la mayoría de los moralistas a los que ha consultado en la comisión están en contra de la misma. Los estudios de esa comisión son de los años anteriores. Ahora bien, los teólogos que intervinieron en la comisión obviamente no se habían ni ordenado ni doctorado el año anterior, sino que su formación había tenido lugar durante el pontificado de Pío XII, cuyas indicaciones sobre el tema no habían ni remotamente asimilado. Por lo demás, los desastres morales venían de bastante atrás, pues la caricatura de Pascal en las Provinciales tenía muchos materiales en los que apoyarse. Este ejemplo creo que es muy significativo.

    Eduardo Vadillo

  12. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

    Adhiero en su totalidad a este post. Muy necesario.

    Todo lo que sale a la luz, es luz.

    El rito es importante, importantísimo, pero por sí solo no arregla nada ni impide nada. Ya Castellani denunciaba, en pleno preconcilio, a los sacerdotes que repartían «ceremonias mágicas».

  13. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me cuesta aceptar a priori que sea algo negativo la «vuelta atrás» o que las reformas actuales están inspiradas en un «espiritu nostalgico» o de ensueño por un pasado que no se conoce.

    Creo que sobran ejemplos en la historia de las ordenes religiosas, de diocesis y de gobierno papal en donde la reforma se hizo simplemente volviendo hacia atrás.

    También sobran ejemplos de comunidades actuales cuyo método para sobrevivir la crisis es «volver hacia atrás». Y estas comunidades viven, crecen y de alguna manera son prósperas.

    Entiendo que hay una cuestión de percepción en donde nos parece exagerado, loco, imprudente o ajeno a la sociedad que alguien quiera «desvincularse» de forma tan dramática de lo que le rodea. No se si me expreso bien, pero a mi parecer esta es la idea de cuestionar los movimientos que «retroceden en el tiempo».

    Por lo que he visto, leído y experimentado, nadie es ajeno totalmente a su tiempo, y por mas reversa que se ponga, hay exposición a las ideas, modas, costumbres….por lo que naturalmente se va a dar una simbiosis o síntesis entre la reforma a lo anterior y el estado actual.

    Por otro lado, la norma de transmitir lo recibido (en lo general y en los detalles) ha sido el modus operandi de la Iglesia desde sus inicios. Por qué ahora en el s. XXI eso no es válido o hay que mirarlo con recelo?

    Tocando el tema litúrgico propiamente dicho, creo que hoy se ha dado una cuestión muy importante, quien vuelve a la liturgia antigua no lo hace desde la ignorancia de alguien de ppios. del 1900. Lo hace desde una postura conciente, imperfecta y deficiente la mayoría de las veces, pero hay una reflexión espiritual sobre los actos, las formas y el espíritu de la liturgia.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      No querer reconocer el desastre causado por el Concilio y sus secuaces es pecado de soberbia.

      No querer reparar el daño causado (aunque, sí, haya que volver hacia atrás ) es estupidez pura y simple o maldad suprema.

      En cualquier caso nada que pueda servir al culto divino, la salvación de las almas y la propia Iglesia de Cristo.

  14. Avatar de Desconocido Anónimo

    la verdad es que si usted toma en cuenta el número de conversiones (ej:EEUU), seminaristas, el tiempo de Pío XII si fue dorado. Y diría que la Iglesia desde Pío VII en adelante mejoró muchísimo respecto a lo que había.

    el cualquier caso, si es un hecho que los modernistas, condenados en 1907 y 1950 respectivamente, pasaron de esconderse a ser lo “oficial” y así que vamos desde el 48 y especialmente con Juan XXIII.

  15. Avatar de Desconocido Anónimo

    De acuerdo en los puntos generales, aunque es probable que las diferencias tiendan a ser mayores cuanto más se descienda a lo concreto.

    Sin embargo, quiero comentar un punto bastante mitificado en el mundillo tradicionalista: la Hermandad Sacerdotal Española y los «diez mil sacerdotes españoles que pidieron a Pablo VI poder seguir celebrando la misa tradicional y que, negada la petición por parte del Papa Montini, volvieron todos silenciosa y resignadamente a sus parroquias a celebrar el novus ordo».

    La Hermandad Sacerdotal Española, para empezar, tengo entendido que anduvo más cerca de los 5.000 miembros que los 10.000. En cualquier caso, los tradicionalistas extranjeros -y muchos españoles sin conocimiento directo- suelen apelar a esa petición masiva como ejemplo de resistencia a la reforma litúrgica, sin comprender realmente el contexto español y lo que fue esta Hermandad. La HSE agrupó a los sacerdotes de la Cruzada, la generación de curas que habían sido elevados en el franquismo y que se creían de verdad la doctrina rigurosa que recibieron y la aplicación práctica que recibió en la España nacional.

    Cuando soplaron los vientos de cambio, se creó esta Hermandad para resistirlos, lo cual es de suyo irreprochable. Pero el objeto de la Hermandad no era exclusiva ni principalmente litúrgico, sino que fue un grupo sacerdotal organizado de resistencia a la subversión de la Iglesia y la España nacionalcatólica. En esa medida, se opusieron de entrada a los cambios, incluidos los litúrgicos, y por eso mandaron esa petición. Pero la liturgia, en particular, les interesaba -a la mayoría de ellos- bastante poco. Esa generación, tan buena en tantas cosas, estaba realmente despreocupada sobre la cuestión, quizás por influencia de lo que en este blog alguna vez se ha llamado la perspectiva «jesuita». Lo que les preocupaba de verdad era la doctrina, su sostenimiento íntegro por la Iglesia docente y su plasmación en el derecho público.

    Mandaron esa petición por obligación y para que constara su oposición al cambio, pero si eso no derivó en un «lefebvrismo a la española» ni hubo en general resistencia notable al rito reformado es sencillamente porque a esos 5.000 sacerdotes no les preocupaba tanto la cuestión. Eventualmente se fue disgregando, en buena parte bajo la presión de los obispos, pero es un error pintar aquella Hermandad como el equivalente español de otros movimientos del tradicionalismo litúrgico, o pensar que esa solicitud refleje lo esencial de su objeto, o que lo numeroso de esa petición revele un deseo de resistencia a la reforma litúrgica tan grande como podría parecer superficialmente. De hecho, creo recordar haber leído que el Abbé de Nantes hizo alguna visita a España en los 60 pensando que era un paraíso integrista en el que podría recabar apoyos contra la reforma litúrgica, y salió decepcionado al encontrarse que en esa materia no había resistencia. Sin tener en cuenta todo esto creo que no puede entenderse el hecho de que haya habido tan poco tradicionalismo litúrgico en España hasta hace bien poco. Esa carta colectiva no refleja por sí sola el estado de los espíritus en el clero español de aquel tiempo, incluso entre los curas carcas, que haberlos los había pero el asunto litúrgico no les preocupaba tanto como para echarse al monte por ello.

    Para bien o para mal, la iglesia en España estaba en ese momento en una situación singular, y ese movimiento de resistencia al «fenómeno conciliar» no es equiparable a los tradicionalismos de otros países. La preocupación por el derecho público cristiano era bastante mayor y por la liturgia bastante menor. Lo cual creo que dice mucho de lo bueno y lo malo de la generación de la Cruzada.

    Loretar

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Eso es una opinión suya, muy respetable como tal; pero cuyo valor solo tiene si es verdad, que a efectos prácticos se resume en si puede ser probada.

      Dejémosla, pues como hipótesis o, si quiere, inspirada intuición.

      Lo cual tiene un punto, ¿no cree?

    2. Avatar de Desconocido Messerschmidt

      Considero que Loretar tiene razón en lo relativo al poco interés del clero español por la conservación del vetus ordo. Al menos desde la década de 1970 y hasta la de 1990 el clero español más conservador se preocupaba prioritariamente por otras cuestiones, sobre todo doctrinales y relacionadas con la moral sexual y la política. Hay que decir que el tradicionalismo o conservadurismo clerical español estaba muy politizado (por efecto aún de la guerra civil) y en consecuencia tenía otras prioridades que la liturgia. Por otra parte, hubo más factores que favorecieron la aceptación del novus ordo. En primer lugar, la posición totalmente hegemónica del Opus Dei en el ala conservadora de la Iglesia y de la política españolas en esos años, lo que facilitaba la aceptación del Concilio y de sus innovaciones litúrgicas. Por otro lado, la misa en lengua vernácula no ofendía al clero más franquista, que estaba muy teñido de orgullo nacionalista y que en consecuencia con toda probabilidad no tenía ningún inconveniente en emplear la “lengua patria”. Pero incluso en lo que respecta a las formas exteriores, a la “estética” litúrgica es posible que hubiera una actitud receptiva de las nuevas formas, acaso relacionada con el fomento de las artes modernas y de vanguardia que había promocionado el franquismo desde la década de 1950 (pintura abstracta, música atonal, arquitectura vanguardista, etc.) como parte de su plan de modernización del país, sobre todo desde la llegada de ministros del Opus (los famosos “tecnócratas”) al gobierno. Por otro lado, en muchas iglesias de España el novus ordo no supuso una depravación de la liturgia hasta bastante más tarde. En esos años el novus ordo habitualmente se celebraba de modo digno, y en algunos casos hasta de manera decorosísima, incluso si el celebrante era un progresista. Cierto es que hubo sacerdotes que se lanzaron a los despropósitos que ya conocemos y que después se generalizaron, pero al principio no fueron la mayoría. Me viene a la memoria uno, conservador y párroco o vicario en un barrio muy pudiente, que se adaptó a los nuevos tiempos y al que llamaban “la ametralladora”, porque despachaba una misa dominical en un cuarto de hora…

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Sólo he de decir que si en España no hubo abusos litúrgicos de fuste no se debe solamente al poco interés por la liturgia que tenían todos (esto lo demuestra que apenas tenemos literatura de espiritualidad litúrgica más allá de manualitos devotitos cuando nuestra cultura creo un rito propio completo, hazaña muy rara en la historia universal de la Iglesia), pues sus venenos se decantaron por frutos tan venenosos como la Teología de la Liberación, sino por el miedo al ridiculo que hasta hace pocos años se inculcaba con fuerza en toda la población. Como el pudor guarda la castidad, el ridiculo guardó el rito y eso sumado a la mentalidad funcionarial de la misa (producir hostias o producir reuniones) que coarta la imaginación y la busqueda de novedades, dio lugar a nuestras misa, mediocres, frias y aguadas.

        Eck

  16. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Wanderer, creo que su respuesta de hoy no va al quid de la observación del comentarista.

    Nadie niega lo que usted está señalando en el post del día de hoy. Podemos compartirlo, discutir matices en todo caso, pero nadie ha propuesto recetas mágicas y no es lo que objetaba el comentarista.

    Lo que, a mi entender, el anónimo criticaba es cierta falta de piedad en la que se puede incurrir o falta de prudencia al tratar ciertos temas con cierto desparpajo y en contextos no propicios, quizás.

    De ahí, el riesgo de pasarse de rosca, como se dice vulgarmente, en estas críticas legitimas y no quedarse en el sigo pasado o volver a esas décadas que usted dice, si no ya comenzar a criticar hacia atrás a troche y moche.

    En el artículo pasado no se volvía a los 40 o 50 si no que se fue el articulista 800 años atrás. Con ese criterio podríamos llegar hasta San Pedro o San Juan evangelista y hacer las mismas críticas.

    Insisto nuevamente, no es que no sean legitimas o validas tales críticas, lo que se objetaba es lo oportuno o el modo de hacerlo.  A mi me pareció que articulo pasado utilizó comparaciones desproporcionadas, no aplicables al caso.

    El problema de criticar a Santo Tomas, en otras ocasiones ha sido San Ignacio , es que, probablemente, debe hacerse en un contexto diferente a un blog de masiva difusión. Por una parte porque son Santos en los cuales la iglesia se ha apoyado por muchos siglos para su apostolado y su estructura doctrinal. Nos guste mas o menos, y así la Divina Providencia lo ha dispuesto. Es decir, constituyen para muchos cristianos de Occidente un objeto de piedad. Por otro lado, estas críticas, en oídos poco cautos pueden hacer que los sencillos agarren para el lado de los tomates, como también se dice vulgarmente.

    Insisto por última vez para que quede clara mi postura, no es que no se pueda hacer la crítica respetuosa (quien soy yo para juzgar o censurar?!!) ; yo estoy bastante de acuerdo con sus opiniones generalmente. La mayoría de las veces me parece atinado, pero eso no quita que uno no pueda pasarse de vuelta.

    En fin, es una reflexión de alguien que lo lee hace muchos años, no es una acusación ni nada por el estilo.

    Saludos cordiales

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      ¿Los Santos son «objetos de piedad»?

      Yo pensaba que la Iglesia canonizaba para darnos ejemplos eximios de la obra de la Gracia…

      No me di cuenta que era para tener figuritas de yeso que susciten la santulonería.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Tal vez la Iglesia canonice «para dar ejemplos eximios de la obra de la Gracia» («Doctores tiene la Iglesia», lo que traducido a román paladino: «díjolo Blas, punto redondo»); pero fuera de los campos de la gracia merecida e inmerecida podemos decir que:

        La canonización es la autorización de culto público por parte de la autoridad competente (alias, «Roma») para asegurar a los fieles que reúne los requisitos para ello y, especialmente, que el difunto no tiene nada contra la moral, la fe y las buenas costumbres (es decir, que no da mal ejemplo). A ser posible debe haber vivido con ciertos estándares de vida católica («virtudes cristianas en modo heroico»). Para ello lo ideal es hacer un procedimiento contradictorio que lo pruebe. Los mártires (esto es, los «testigos» de Cristo) no lo necesitan porque su muerte por Cristo les garantiza la gloria.

        (naturalmente nadie sabe si san X ha llegado al cielo, de ahí que se tenga que estudiar su vida y sus obras si las hay; pero, como al soldado con el valor en tiempo de paz, si pasa el proceso de canonización, «se le supone»)

        La canonización centraliza en el Romano Pontífice el poder de designar a alguien como digno de culto público, lo que es una garantía, pero también una concentración de poder en la curia pontificia.

        La canonización eleva a una persona determinada al rango de ejemplo de vida cristiana, porque si alguien como nosotros llega a serlo, también los demás podemos hacerlo (se entiende que «llegar al cielo»)

        A este respecto un santo es un «héroe» en la sociedad católica y cumple también el papel que cumplen los héroes en otras sociedades humanas.

        Para muchos creyentes (y pasa también en otras religiones, lo que supone algo etnológico) el santo es un intermediario entre el fiel y la divinidad, lo que no deja de ser una ayuda importante en el discipulado de Cristo.

        Desde el punto de vista sociológico ayuda a crear comunidad, porque confirma con alguien concreto que la Iglesia es única, especial y necesaria….etc etc etc.

        Bien, pues todo eso y más confirma que las figuritas de yeso que suscitan «santulonería», santurronería, «superstición»…son justas y necesarias y que depende de las necesidades espirituales de cada fiel usarlas o no.

      2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Venga, a vueltas con lo de buscarle el pelo al huevo o la quinta pata al gato, viene usted a buscarla sólo para tener excusa de contradecirme.
        Interprete usted como quiera, está en su derecho.
        Yo entendí diferentemente y no creo que esté descaminado.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Es que justamente en mi opinión el problema está en creer que no se puede, o peor, «no se debe» criticar a esos santos. Y precisamente el genial artículo apuntaba a eso. Son grandes santos, pero en definitiva eso: sólo santos. Son, como usted dice, objeto de piedad, pero no deben serlo de adoración. Ninguno de ellos ni ningún otro santo puede ser tomado como «vocero oficial» del Espíritu Santo al que no debe cuestionarse ni criticarse. Sólo Cristo ocupa ese lugar. Nadie más.

      Flaco favor le hace a la Iglesia el que desde la superioridad de su ilustración quiera mostrarle a los pobrecitos sencillos que no entienden ni pueden pensar por si solos que en la Iglesia hay santos perfectos, que nunca se equivocaron. Esa no es la Iglesia que muestra la Sagrada Escritura, y nunca existió ni va existir. El católico que se acerque a la Iglesia creyendo eso, bien poco va a durar al ver cómo son las cosas.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Usted no leyó bien el comentario.

        En ningun momento dice que no se puede hacer una critica a determinados aspectos de su vida y/o doctrina y tampoco dice que hay que idolatrarlos.

  17. Avatar de Desconocido Messerschmidt

    Un artículo excelente. La cuestión, sin embargo, debería ser planteada no sólo en el ámbito eclesial, católico, religioso, sino también, de modo complementario, en un contexto histórico-cultural mucho más amplio. El propio “ultramontanismo exacerbado” que acertadamente s menciona en el artículo (y que por otra parte se gesta antes de Pío IX) es un síntoma evidente de crisis, de reacción crispada ante unos problemas que no se llega a entender y ante los que la Iglesia se siente desbordada. Los acelerados y muy problemáticos cambios que provocan esta actitud vienen de fuera, de unas sociedades, de una cultura y de una civilización que con eufórico optimismo entran en la modernidad y al mismo tiempo, sin darse cuenta, en una honda crisis y cavan alegremente su propia tumba. Como la Iglesia no vive en una burbuja de cristal, sufre las consecuencias con igual violencia. Si comparamos la crisis de la Iglesia en estos días con la de un Occidente sumido en una confusión y en un caos cada vez más intrincados y terribles, veremos que corren paralelas. La crisis general contribuye a la de la Iglesia y ésta agrava la otra, es una espiral descendente.

    Los “restauracionistas” nostálgicos actúan si quisiéramos resolver los problemas de contaminación ambiental y de accidentes de tráfico decretando que a partir de la semana próxima queda prohibido circular en vehículos automóviles y que, en cambio, se permitirá el uso generalizado de los de tracción animal. Por mucho que queramos y que nos guste la idea, no podemos volver a la diligencia. A los nostálgicos les falta sentido de la historia, sin el cual no vamos a ninguna parte. Historia magistra vitae, pero si somos malos alumnos y no queremos aprender, la mejor maestra sirve de poco. Por último, es correcto el aserto de que cualquier solución deberá incluir una restauración litúrgica, pero desde luego, y eso debemos tenerlo claro, la restauración litúrgica sola no basta para enderezar el rumbo.

  18. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Wanderer, toda mi vida asisti a NO, cuando descubri la Misa de siempre, la Misa Tradicional, no fui nunca mas al NO. Habia encontrado el tesoro escondido en el campo de la tradicion catolica, que me ocultaron por mas de 50 anos.
    Mi vida cambio en todos los aspectos, DV para bien de mi alma y de mis proximos.
    Todo cambia cuando conocemos el Rito Romano de siempre, el que forjo tantos santos, entonces estudiamos su teologia, su doctrina, su moral, su historia, su filosofia, y encontramos la Verdad. Vemos toda la realidad con ojos nuevos, como el Evangelio que Jesus nos trajo, fresco, puro, eterno, sin limites de tiempo ni lugar. Esa es la tradicion catolica, no el volver a los 50, sino el vivir lo que la Iglesia siempre enseno, y transmitirlo a la siguiente generacion. Creo que eso es lo que la Fraternidad de San Pio X trata de hacer.

  19. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me parece elemental que cualquier solución pase necesariamente por la restauración de una liturgia de adoración, alabanza y reverencia hacia Dios encarnado en Jesucristo. A partir de ahí, Nuestro Señor podrá empezar a poner las cosas en su sitio a base de someterle nuestras iniciativas y esfuerzos.

  20. Avatar de Desconocido Anónimo

    Reforma de la reforma y hacer que el Novus sea lo más parecido posible al Vetus y eso ya se puede hacer ahora misma celebrando bien. El Novus solo necesita salvar la lengua vernácula (y no para absolutamente todo) y el coram populo (sabiendo que se puede ad orientem).

    Lo digo sinceramente, se va a avanzar muchísimo en la protección de la liturgia antigua si la reciente se celebra desde la óptica de la antigua y es algo que se puede perfectamente hacer ahora mismo sin cambios normativos. Canten el Kyrie, hagan la aspersión, vístanse bien, muévanse mejor, bajen deliberadamente la voz en el canon, monten bien el altar, inciensen en cuanto puedan, introduzcan cantos en latín, celebren entre semana en capillas laterales o por las fiestas de su titular para acostumbrar a la gente ad orientem, tengan solo hombres como acólitos, pongan reclinatorios, utilicen si se puede y conviene el canon romano, canten la salve en latín, si es posible reintroduzca el último evangelio en silencio, coloquen la sede en su sitio sin tapar el altar, sean en todo momento reverentes con él, aprendan los acólitos a hacer genuflexión cada vez que pase, diga la misa leyendo en un tono solemne no narrativo, formen a los lectores y que sean fijos, etc etc etc

    Se que eso no va a solucionarlo todo, pero si se avanzará mucho. Esto es tarea de cada sacerdote, perder la vergüenza y el miedo «al público» y hacer las cosas bien, que una y otra forma de distingan mínimamente en la mentalidad de los fieles. En conclusión: que los fieles no puedan percibir en la forma de celebrar que ha habido una quiebra doctrinal y que estamos en una especie de religión nueva. Eso es lo perjudicó a la Iglesia, que los fieles se lo creyeron y muchos sacerdotes también.

    Atentamente

    Cisneros

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Faltaría una opción para arreglar el ofertorio «fruto de la tierra y del trabajo de los hombres», que no admite alternativa y socava gravemente el aspecto sacrificial de la misa. Por lo menos creo que la aclamación memorial se podría omitir según la IGMR.

  21. Avatar de Desconocido Anónimo

    Está muy bien. Pero nuestra «lucha» es aquí y ahora. Creo que en oposición a ese «tradismo» que usted dice (y es real), hay una especie de utopismo. Un utopismo hacia atrás que tiene en mente una «edad dorada», real o imaginaria, donde habría existido una Iglesia perfecta. Esa suposición de características ideológicas, con toques gnósticos, es también peligrosa porque lleva al inmovilismo o, lo que es peor, a un reformismo radical (después de todo, una parte no menor de los reformistas litúrgicos se escudaron en hacer lo que ellos creían que habían hecho los primeros cristianos en sus ágapes, «modernistas disfrazados de arqueólogos» los llamó R. Knox a estos anticuaristas).

  22. Avatar de Desconocido Anónimo

    A mí me da la impresión —y lo digo después de haber leído no pocos libros— que usted exagera la situación anterior al Concilio, y ahí está el origen de su falacia. Además, es imposible querer volver atrás las agujas del reloj: eso es una abstracción absurda. En parte puede suceder, pero nunca será igual, dado el cúmulo de situaciones posteriores que se produjeron por este desastre postconciliar. Así que, nos guste o no, hay una evolución posterior respecto de lo que se daba antes del Concilio, incluso en el ámbito tradicional, corrigiendo más o menos, pero —repito— “a causa del desastre” que vino sobre la Iglesia. Estos cambios desastrosos se hicieron gracias a la jerarquía que tomó la voz cantante dentro del Concilio, con papas que se mostraron favorables a sus peticiones: un Juan XXIII que, como decía Lefebvre, tenía una mente tradicional con un corazón liberal… ¡y qué decir de Montini! En fin, no podemos llorar eternamente las cenizas de lo que se ha destruido, sino levantarnos. Tampoco estoy de acuerdo con usted en que la cuestión deba comenzar sí o sí con la liturgia, puesto que el problema es doctrinal. El rito de Pablo VI no es viable, ya que sus oraciones del Misal tienen un espíritu totalmente contrario al que tenían anteriormente: ya no hay más combate espiritual, sino un irenismo insulso, buscado adrede en pasajes bíblicos para mostrar lo amorfo que se pretendía formar en todo cristiano. Y, de hecho, lo lograron. Lo que más odia el mundo es el combate espiritual, y más todavía a nivel intraeclesial. Basta fijarse en los años de las sesiones preparatorias del Concilio: cómo el Cardenal Liénart llamó la atención a Jean Ousset por usar la palabra “contrarrevolucionario”. Un botón de muestra, nada más. Ya había confusión, pero no podemos echarle la culpa a Pío IX. Además, me parece poco lógico clamar y clamar contra el “ultramontanismo” cuando desde su blog usted buscó defender a Benedicto XVI y, en cierta manera, al papa actual. En fin, ¿no será que usted es ultramontanista in pectore? Ciertamente usted no tolera a los Pío IX, X, XI y XII porque comete un error básico: lee todo con el “diario del lunes”. Así todos opinamos, pero el trabajo de reflexión se hace mejor estudiando. Veamos si leyó el libro de De Mattei sobre León XIII (un ladrillo), pero ahí hay estudio. Hay que quemarse las cejas, amigo: no sirve quedarse anclado en dos ideas locas. Pius.

    1. Estimado Pius, yo también he leído muchos libros sobre el tema, y por eso digo lo que digo.
      En cuanto a la acusación de ultramontanismo, me parece que usted considera que defender a un Papa es ser ultramontano. Eso es un disparate, que hace sospechar acerca de la cantidad, y calidad, de los muchos libros que leyó.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        No estoy diciendo que defender a un Papa sea ser ultramontano. Los libros que leí no son tan berretas. Lo que señalo es que, por momentos, el fijismo que usted muestra con ciertos Papas le hace cerrar un ojo sobre otros. O mejor: critica la paja ajena en quienes no le resultan de su agrado y traga la viga en aquellos que le caen mejor. Veamos: ¿quién fue peor doctrinalmente, el ultramontano Pío IX o el ortodoxo Benedicto XVI? Vamos… El problema, repito, es que usted está interpretando la historia de la Iglesia de manera equivocada. Los Papas no tienen la bola de cristal. El verdadero error es leer mal la historia. Y con esto no pongo en un pedestal a Pío IX, ni tampoco a Pío XII, pero tampoco los comparo con su amado Ratzinger. Pius.

      2. Doctrinalmente, no estoy seguro quién sale ganando o perdiendo entre Pío IX y Benedicto XVI.
        Y resolver la discusión afirmando que yo leo mal la historia, pareciera ser un poco elemental.

  23. Avatar de Luis Jeme Luis Jeme

    A mi me parece muy sano, profundo y refrescante, incluso necesario, este tono crítico y analítico del Wanderer, que supera la típica esclerotización del mundo tradicionalista. Otra cosa es que a veces apure demasiado hasta cuestionar cosas buenas o necesarias, como la conveniencia de la proclamación del dogma de la infalibilidad papal y otras que ahora no recuerdo, pero que pueden estar un poco cogidas con alfileres.

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