por Raniero da Fiore
Nuestro artículo anterior, dedicado a la polémica entre León XIV y Trump, suscitó un caluroso debate en los comentarios acerca de una cuestión mucho más seria que la mera simpatía o antipatía hacia una figura política como Trump. El punto verdadero era otro: si puede o no el pensamiento católico actual reconocer en ciertos movimientos contemporáneos de la “nueva derecha internacional” una fuerza legítima de resistencia frente a la revolución disolvente de nuestro tiempo. Algunos negaban esa posibilidad casi de plano, viendo en tales movimientos una mezcla indigesta de pseudonacionalismo, protestantismo, sionismo, plutocracia y vulgaridad plebeya. Otros, sin dejar de advertir esas impurezas, insistían en que sería miope no reconocer allí una barrera efectiva —tosca, ambigua, incompleta— contra males todavía peores.
La cuestión, así planteada, no puede resolverse con reflejos sentimentales ni con consignas tácticas. Exige volver reflexivamente a una categoría más antigua, más severa y más trágica: la del katejón paulino.
En la segunda epístola a los Tesalonicenses, San Pablo habla de algo —o alguien— que “retiene” aún la plena manifestación del mysterium iniquitatis. La tradición cristiana ha visto con frecuencia en ese “obstáculo” un principio jurídico-político de tipo romano: una forma de orden, de imperio, de legalidad y de autoridad que contiene la disolución final y posterga la manifestación del Anticristo. El cardenal Newman, en sus Cuatro sermones sobre el Anticristo, afirma esto con notable claridad:
La presente organización de la sociedad y del gobierno, mientras sea representativa del poder romano, es aquello que lo retiene, y el Anticristo es aquel que surgirá cuando este obstáculo desfallezca.
Pero precisamente aquí aparece la paradoja decisiva. Si el katejón es el gran obstáculo histórico-político frente al desborde del mal, entonces debe ser también la primera gran conquista del enemigo. El Anticristo no reinará sobre la nada. No edificará su dominio sobre el puro vacío. Necesita apoderarse antes de aquello mismo que lo frena. Debe vaciar el dique y convertirlo en canal. Debe tomar el trono del obstáculo y hacerlo servir a su propia manifestación. Dicho con una fórmula deliberadamente dura: el katejón es también, potencialmente, el trono del Anticristo.
Afirmar esto no contradice la tradición: Newman vuelve a ser aquí sumamente sugestivo. En el Sermón III, al comentar el Apocalipsis y a Daniel, afirma:
la cuarta bestia de la profecía de Daniel es el Imperio romano; por lo tanto, ‘la bestia’, en la cual la mujer [Babilonia] está sentada, es ese mismo Imperio”. Y en el mismo contexto añade una frase todavía más áspera: “Indudablemente la Escritura habla de Roma como de un enemigo más inveterado de Dios y de sus santos que la misma Babilonia; habla de ella como la impureza y ruina del mundo.
En el pensamiento de Newman, por tanto, es posible que Roma sea, al mismo tiempo, obstáculo y trono del Anticristo. Aquello que retiene es también aquello que, una vez pervertido, puede convertirse en sede de una iniquidad superior. El principio romano no es solo el freno del desorden: puede ser también la forma política universal que el desorden necesita para imponerse al mundo.
Desde esta clave, la situación contemporánea se vuelve más inteligible. Si el mundo angloamericano —y singularmente los Estados Unidos— constituye hoy la principal heredera de una cierta universalidad occidental, jurídica, imperial, técnica y financiera, entonces no resulta absurdo pensar que en ese núcleo se concentre la ambigüedad propia del katejón. Allí podrían hallarse, al mismo tiempo, los últimos restos de una capacidad de contención y los primeros contornos del trono usurpado. Allí el obstáculo y la antesala podrían tocarse, tal como parecen hacerlo.
En este punto resulta sugestivo volver sobre la vieja doctrina de la translatio imperii, también mencionada en los comentarios del artículo anterior. El Imperio romano, en sentido histórico-teológico, no es solo un episodio antiguo ya cerrado, sino una forma política cuya energía atraviesa la Cristiandad y sobrevive en sus herencias nacionales. Si esto es así, entonces no parece ilegítimo conjeturar que los grandes Estados-Nación surgidos del despedazamiento de la última Roma —es decir, de la Cristiandad— puedan ser entendidos como aquellos “diez cuernos” en que se fragmenta el poder imperial postrero.
No sostengo esto como una certeza exegética. Lo propongo como hipótesis de teología de la historia. Pero una hipótesis de este tipo ilumina no pocas cosas. Entre ellas, la singularidad angloamericana. De uno de esos diez cuernos surge el último. De Inglaterra emerge Estados Unidos, no ya como mera continuación periférica, sino como radicalización de un principio político, económico y espiritual. Allí se concentra una potencia nueva: expansiva, técnica, financiera, mesiánica, universalista. Y es justamente esa potencia la que puede ser leída, a la vez, como el último estertor del katejón y como el primer resplandor del reino anticrístico.
Por eso conviene ensanchar el análisis y no reducirlo solamente al caso Trump. El fenómeno relevante es más amplio: la nueva derecha internacional. Trumpismo, populismos de derecha, soberanismos, reacciones nacionales contra el globalismo liberal, resistencias culturales a la revolución antropológica, recuperación del vocabulario de frontera, patria, orden, pueblo. Todo eso forma parte de una constelación histórica más extensa que una sola figura. Y justamente por surgir, en buena medida, dentro del ámbito de la Nueva Roma —es decir, del poder occidental contemporáneo en su centro de gravedad norteamericano— esa constelación está marcada por una ambivalencia insoslayable.
Sus defensores no se equivocan del todo. Advierten que en estos movimientos sobrevive algo real: una capacidad de resistencia, un reflejo de autoconservación de los pueblos, una defensa todavía efectiva —aunque imperfecta— de bienes concretos que el globalismo quisiera liquidar sin resto: la frontera, la diferencia sexual, la libertad de palabra, la continuidad histórica de las naciones, la mediación política entre el individuo y el poder total. En ese sentido, la nueva derecha puede comparecer como bien posible: no el bien pleno, no el orden cristiano restaurado, no la solución, pero sí un bien parcial, precario y real, digno de apoyo prudencial precisamente porque conserva algo objetivamente defendible.
Sus detractores, sin embargo, tampoco se equivocan por completo. Ven con razón el riesgo de una falsa restauración, de un cesarismo plebeyo funcional al mismo sistema que dice combatir, de una energía política que, sin romper con los supuestos más hondos del orden liberal-imperial, termine reforzándolo. Ven también la mezcla de pseudonacionalismo, poder financiero, sionismo, religión civil y oportunismo electoral que acompaña a no pocos de estos movimientos. En ese sentido, la nueva derecha puede aparecer como mal menor: no porque sea buena, sino porque acaso contribuya a evitar un mal mayor, más rápido, más nihilista y más explícitamente anticristiano.
Es aquí donde la cuestión exige una precisión mayor de la que suele concedérsele. El “bien posible” no es el bien pleno, pero sí un bien real, aunque limitado e históricamente condicionado. Es una posibilidad efectiva de conservación, restauración o defensa de algo objetivamente bueno. No se lo elige solo porque evita algo peor, sino porque contiene en sí mismo un principio positivo de orden, de justicia o de salud política. En el plano histórico-teológico que estamos comentando, el bien posible es el katejón.
Por el contrario, se llama coloquialmente “mal menor” a casi cualquier opción tolerable frente a una peor. Pero esa expresión, usada sin rigor, termina embotando la inteligencia moral. El mal menor sigue siendo un mal. Y precisamente por ser mal no puede ser querido por sí mismo, ni celebrado, ni confundido con una solución. Solo puede ser tolerado o preferido secundum quid, es decir, bajo circunstancias concretas, para evitar un mal más grave que se seguiría de otra opción. El mal menor, en cuanto mal, no se elige ni se busca: se soporta, se permite o se prefiere con tristeza, porque la alternativa es peor. En el plano histórico-teológico, el “mal menor” es el décimo cuerno, aquel que funciona como antesala y trono del Anticristo, como su umbral.
La distinción es decisiva. Confundir ambos planos produce dos errores opuestos. Quien llama bien posible a lo que solo merece tolerancia comparativa cae en idolatría política. Quien reduce a mal menor todo resto de resistencia efectiva condena la política a una pura administración de daños y se vuelve incapaz de reconocer la supervivencia de bienes concretos en medio de la ruina.
Tal vez la nueva derecha internacional deba ser pensada precisamente así: como katejón y como trono, como bien posible y como mal menor. En tanto fuerza de contención frente a la disolución progresista-globalista, puede ser bien posible. En tanto movimiento nacido y operante dentro de la misma estructura imperial que podría servir de base al dominio final, puede ser mal menor. Esa doble condición explica, mejor que muchas invectivas o entusiasmos, por qué divide también a los nuestros.
La lección, en todo caso, es clara. No se nos pide adorar el dique. Tampoco ignorarlo. No se nos pide canonizar a la nueva derecha. Tampoco demonizarla por simple pereza intelectual. Se nos pide algo más difícil: discernir si en ella actúan todavía una fuerzas de resistencia que merezcan apoyo prudencial, sin olvidar jamás que el mismo poder que hoy contiene puede mañana servir de trono.
En este punto se impone una precisión ulterior, que por ahora solo puede formularse de modo alusivo. La nueva derecha internacional conserva su reducida función de contención mientras permanece unida a la defensa real de bienes políticos concretos. Pero cuando esas mismas banderas empiezan a subordinarse simbólicamente a lealtades, prioridades y alineamientos que desbordan el bien político propio de las naciones concretas, la ambigüedad deja de ser accidental y empieza a revelar algo más profundo y preocupante. Hay ciertos entusiasmos selectivos, obediencias curiosas y alineaciones geopolíticas que permiten entender muchas cosas sin necesidad de explicitarlas. Posiblemente sea esta la clave para juzgar cuándo se ha cruzado un umbral del cual ya no hay retorno.
Esa es, en definitiva, la tragedia de nuestro tiempo. Que el último obstáculo y el primer asiento del enemigo puedan empezar a confundirse. Y que la lucidez consista, precisamente, en no dejar de distinguirlos.

Para los que desean discernir cuestiones esenciales acerca del Katejón paulino, les recuerdo que la tradición occidental no afirma que es el Imperio Romano, sino el Orden Romano, que es un concepto diferente y hasta antitético con el susodicho Imperio. Castellani es de esta partida. El Orden romano es el sistema jurídico, en sentido amplio, que caracteriza prácticamente a casi todos los estados modernos, salvo la China probablemente.
Por esto, es indiferente a la argumentación «katejoniana», si el Imperio romano existe todavía o no, o si Yankilandia podría recoger alguna ramita del laurel del Lacio que flote aún por ahí. Idea descabellada a mi modesto parecer. Dicho sea de paso, a la potencia nórdica le falta todo para ser un imperio o algo parecido; y lo primero, precisamente, es la indiferenciación racial, que tan notoria fué en la España Imperial y en el propio Imperio Romano y que, sin duda, ha sido una parte importantísima del Orden Romano.
Estoy sospechando que este Raniero da Fiore sea en realidad Peter Thiel, que haya encontrado acogida en este blog, en su estadía en Bs. As.; pues la coincidencia tesitural, en sustancia, entre este artículo y uno reciente suyo sobre el Katejón es notoria.
Alberto
¡Estimado Alberto! Me ha hecho gracia su comentario. Si no puedo ser Peter Thiel, a quien no conocía antes de los comentarios a este artículo, al menos sería bueno disponer de una ínfima parte de su fortuna. Por lo pronto, solucionaría todos los problemas típicos de un argentino como yo, de clase media y a cargo de una familia numerosa.
Saludos.
Raniero da Fiore.
El problema es que el Estado moderno actúa de intermediario entre nosotros y las Virtudes. «Con los impuestos ya ejerzo la limosna», dicen algunos, «a santo de qué debo ayudar al pobre, si ya está el Estado para eso». Esta es la auténtica usurpación del Anticristo. Y en la medida en que el Estado se interpone entre nosotros y la Caridad, el Anticristo va cumpliendo su «agenda», como dicen ahora.
La Fe en el Estado moderno.
La Esperanza en el Estado moderno.
Cuando el Estado intermedie del todo (es decir, se interponga) entre nosotros y las Virtudes, habrá cumplido su misión.
Todo aquello que se oponga a esa «agenda» es parte del katejón.
Cuando usted dice «Estado», está participando en el mismo engaño.
«Estado» no existe en la naturaleza; es un concepto abstracto. Es una convención.
Cuando decimos «Estado» en realidad queremos decir POLÍTICOS.
Porque el «Estado» no tiene ni manos, ni pies, ni boca ni cerebro.
Son los POLÍTICOS los que, llegados al control del país, hablan en nombre del «Estado», de la «Nación», del «Pueblo»…incluso del «proletariado».
Es decir, que están utilizando el concepto «Estado» lo mismo que en otro tiempo se utilizaba la palabra «Dios» para legitimizar al gobernante, tapar la boca a los idiotas y asegurarse la obediencia de todos.
Sin embargo hay dos diferencias esenciales entre un rey, incluso absoluto, y un político moderno:
El rey absoluto tenía muy poco poder, porque estaba muy limitado por la religión, la costumbre, las libertades y privilegios del lugar y de los grupos (y su confesor, porque tenía temor de Dios)…y porque su función era prácticamente la defensa del reino (hacer la guerra ). Además no podía ser muy hijo de p.vta, porque se arriesgaba a que el Pueblo le echase del trono y no pudiera pasárselo a su hijo (por eso, en la monarquía absoluta, los impuestos no subían del 10%. Un regalo para lo que los políticos nos obligan a pagarles hoy)
Sin embargo los políticos hoy día tienen muy pocos límites.
En parte porque hablan en nombre de la nación, en parte porque cada vez más tienen muchas más competencias (especialmente con el Estado del Bienestar ) y en parte porque es la oportunidad para tener más poder, influencia y dinero, con lo que, una vez en el poder intentarán perpetuarse en él por todos los medios y que no les podamos echar de la poltrona ni con agua hirviendo.
Además, si un Rey absoluto podía decir, con mucha razón, que a él le había elegido Dios (porque podía haber hecho nacer como hijo de rey a otra persona en lugar de a él )…exactamente ¿con cuántos votos llega cualquier gobierno al poder?
Porque si empezamos a descontar a todos los que no han votado, + votos nulos + los que han votado a otros partidos…resulta que el porcentaje de votos cosechados resulta que es mínimo (1/3 es un éxito enorme )…y resulta que con esa minoría llega al gobierno y…¡lo gana todo!. Incluso tiene los recursos de los que han votado a otros partidos e ideologías (esto se ve muy bien cuando las izquierdas llegan al gobierno, que utilizan el dinero de los impuestos de la oposición (ricos, católicos, pequeños empresarios…) para atacarles, robarles y asegurar sobre ellos su dominio político. Cosa muy poco democrática, a mi humilde modo de ver.
En realidad es todavía mucho peor, porque se supone que lo que vota el electorado es un programa electoral de X puntos; pero resulta que durante los 4 años que suele durar una legislatura el gobierno decide sobre muchísimos más puntos que no ha votado nadie (típicamente el aborto o la eutanasia; arruinar el país con altos impuestos y alta inflación, importar millones de musulmanes y mantenerlos con los impuestos de sus víctimas…).
¿Y qué pasa cuando ni siquiera cumplen lo que prometen?
¿Y qué podemos decir cuando el único programa electoral se reduce al eslogan:
«NO DIVIDIR EL VOTO» o «QUE NO GANE LA DERECHONA»?
Pero qué burla y befa más infectas son éstas ?
¿Por qué todos los POLÍTICOS nos tratan como idiotas?
¡Una y otra vez!, que no se cansan (ni nosotros nos cansamos de votarles, de pagarles y de sufrirles)
¡Pues porque nos tragamos entero el engaño de que ellos son el Estado, la Nación, el Pueblo y el Proletariado!
¿no merecemos ser desplumados por idiotas?
¿no merecemos el peor castigo del Código Penal por permitir a los políticos que nos hagan tanto mal a nosotros y a nuestras familias ?
¿No merecemos el gobierno con que nos oprimimos por ser crédulos, ingenuos y confiados de quienes sólo podemos esperar todo mal?
El autor cita la II Carta a los tesalonicenses donde San Pablo habla de «algo o alguien (el katejón) que aún retiene la pena manifestación del misterio de iniquidad». Y citando a Newman, deduce que ese obstáculo bien podría ser la última Roma, la Roma cristiana. Volviendo a nuestros días, da Fiore intuye que esa vieja Roma hoy podría ser EE.UU., la Nueva Roma con su defensa de fronteras, Patria, orden, pueblo, y su lucha contra el libetinaje sexual, la ideología de género y la guerra cultural.
Siguiendo con esa idea, Washington sería entonces el trono que el Anticristo quisiera ocupar para hacerse adorar como un Dios. Si la cosa pasara por ahí, más que Washington yo diría que el trono del Anticristo estaría en la Basílica de San Pedro, sede de la vieja Roma cristiana donde hoy el Papa detenta el poder espiritual, y si bien ya no tiene el poder temporal de los césares, es respetado en el concierto de naciones por su palabra autorizada como el monarca más antiguo del mundo.
En esa misma II Carta a los tesalonicenses, San Pablo también advierte que antes de la venida del Anticristo la noche de la apostasía caerá sobre la Iglesia, y visto que hoy abundan los obispos y cardenales apóstatas que treparon hasta las más altas cumbres, tal vez la Iglesia sea ese katejón que hoy, por caer en la apostasía, liberó ese «obstáculo» que anuncia la inminente aparición del Anticristo.
¿Qué tal si la guerra de Irán se prolonga y el precio del petróleo sigue aumentando sin cesar hasta provocar una crisis económica mundial que traiga violencia social, revoluciones, guerras y hambrunas por todas partes, y ante la inminencia de una guerra nuclear total que sería el fin de la especie humana aparezca un hombre genial con una propuesta inesperada que todos acepten aliviados y por traer la paz tan ansiada desde entonces sea visto como el salvador de la humanidad? Ese hombre podría ser el Anticristo y está a la vuelta de la esquina porque Trump ya no sabe qué hacer con la guerra en la que se metió sin medir las consecuencias que hoy lo arrinconaron en un callejón sin salida. Esta mañana los diarios publican que tratando de calmar a los mercados a ver si baja el petróleo, el magnate dijo que no atacará más a Irán, algo que puede envalentonar a los viejos persas para seguir hostigándolo hasta llevarlo al borde del desastre tan temido por todos…
Fuenteovejuna
Estimado, agradezco su comentario.
Sintetiza bien la idea del artículo, aunque particularmente considero que Nueva York es más Babilonia que Washington. Un detalle nomás.
En cuanto a la exégesis de que el katejon sea la Iglesia misma -interpretación que también tiene tradición de larga data- me parece que sufre un problema crucial: la Iglesia, en rigor, no puede “ser removida”. A ella está prometida la victoria sobre el Anticristo. Por tanto, tendríamos que hacer una serie de distinciones entre la “Iglesia de las promesas” y las “otras”… Podría tener algún sentido, pero se imaginará usted el inmenso problema que implica comenzar a hacer ese tipo de clasificaciones. Lo único seguro es que la “Iglesia de las promesas” tiene un Pedro y lo tendrá hasta el final. Mientras éste sea tan ambiguo y heterodoxo como hemos venido padeciendo en las últimas décadas, pero al mismo tiempo no quepa dudas de que se trata del pontífice verdadero, creo que la opción de que Roma se convierta en el trono del Anticristo todavía no es clara. Podría ser así en el caso de un cisma, si hubiese un pontífice verdadero desterrado de Roma por uno falso, pero esos son futuribles inextricables. Por ahora solo podemos afirmar que la Iglesia, en su jerarquía, contribuye indudablemente a preparar el terreno del Anticristo. Incluso siendo la “Iglesia de las promesas”.
Más abajo escribí otro comentario en este mismo sentido, que quizás pueda aportar algunos elementos extra.
Saludos cordiales.
Raniero da Fiore.
Señor da Fiore, gracias por su comentario, sólo quisiera hacer un par de reflexiones. Entiendo que hoy EE.UU. pueda ser la Nueva Roma por su defensa de los valores tradicionales ante un mundo paganizado, pero de ser así, no creo que esa defensa radique en EE.UU. sino en una persona, Donald Trump, un extraño outsider para el mundo de la política que vino a patear el tablero luego de presidentes anticristianos como Obama o el «católico» Biden. Se me ocurre que si en vez de Trump hubiera sido presidente su rival Kamala Harris, la campeona del aborto hasta el mismo momento del parto, tal vez Usted no hubiese escrito este excelente post. Creo que en EE.UU. ese fantasma pagano sigue acechando porque no sabemos si después de Trump vendrá otro como él o como Kamala Harris.
En esa línea, estoy convencido que la política y la religión siempre estuvieron íntimamente unidas pese a los esfuerzos de la Revolución Francesa por divorciarlas. Es más, creo que la Iglesia es la madre de Occidente porque la Civilización Cristiana que un día fue y ya no es, fue el sello con que la Iglesia marcó a fuego a cientos de aldeas y pueblos paganos que luego dieron origen a la Cristiandad que durante siglos fue orgullo de Europa hasta esta rebelión anticristiana que precede a la inminente aparición del Anticristo. Fruto de esa pérdida de la fe, hoy la Iglesia y el mundo viven sendas crisis terminales y no cabe duda que el hijo correrá la suerte de la madre.
En mi comentario anterior recordé la advertencia de San Pablo sobre la apostasía que caerá sobre la Iglesia antes de la venida del Anticristo. Viendo hoy incrédulos que esa pérdida de la fe es una realidad y que luego del Vatican II se acelera cada vez más, a mi juicio las cartas ya están echadas y el cisma es inevitable porque cumplida la profecía de San Pablo, esta apostasía que sufrimos constituye la desaparición del obstáculo, la entrada en escena del Anticristo y junto con él lo peor que está por venir, no sólo para la Iglesia, también para el mundo secular.
Y algo más, que Roma perderá la fe y se convertirá en la sede del Anticristo tal como anticipó San Pablo, también lo dice la profecía de La Salette, una aparición de la Virgen en 1846 reconocida por la Iglesia pese a la resistencia de muchos.
Fuenteovejuna
Si va a citar a Benson, cítelo. Sino se llama plagio.
Estimado anónimo, no sé si lo suyo es un elogio o una crítica, pero sí, no cabe duda que El Señor del Mundo de Benson es un magnífico anticipo del Anticristo que está por venir.
Fuenteovejuna
Con respecto a ltema del katéjon habría que decir en primer lugar que como todas estas cuestiones, más claras se van viendo, cuanto más se avanza en el tiempo. Y en ese sentido, con sólo observar un poco lo que se dice en los blogs Católicos tradicionalistas, al menos a mí me parece que el tema está vinculado más que a una realización política concreta o a una figura política concreta, a todo lo que permitió constituir o conformar la cultura occidental, la filosofía, el derecho, la noción de naturaleza humana etc.
Y la Teología finalmente.
En ese sentido se advierte que al día de hoy subsisten apenas fragmentos de lo que ha sido la racionalidad occidental, lo cual vuelve múy problemática o directamente casi imposible la posibilidad de discutir con cierta seriedad cualquier clase de problema.
Insisto, cualquier clase de problema.
En ese sentido se advierten novedosas y cada vez más complicadas formas de distorsión de todo lo que alguna vez pudo permitir que se pudiera al menos empezar a intercambiar alguna que otra idea, más o menos seria.
Al punto de que se corren serios riesgos de salir seriamente lastimado por el solo hecho de tener el atrevimiento o la osadía de querer simplemente decir algo.
En particular es algo que me ha sucedido siempre y habiendo sido profesor universitario de filosofía en Argentina y haber enseñado tomismo en incluso en Europa.
Es por eso que tal vez lo primero que habría que hacer para plantear la cuestión del katejon, es reflexionar sobre los más elementales principios lógicos a los que tanto se resiste y mucho más al tema central de la cuestión de la Verdad a la que se resiste hoy día mucho más que a la cuestión de la Fe religiosa.
Hoy deambulan infinidades de modalidades religiosas y todas (incluso o más aún dentro del tradicionalismo católico) muy resistentes a pasar por el tamiz de cierto rigor vinculado a cualquier principio más o menos racional que las pueda convalidar o criticar.
Al menos es eso lo que puedo advertir.
Sería interesante que los comentaristas tuvieran en cuenta el trabajo de Ratzinger en 1956 sobre el concepto de Iglesia en el Liber Regularum de Ticonio. Ticonio, calificado de donatista es, a la vez, f uente de la La ciudad de Dios agustiniana.. Como señala Ratzinger, para Ticonio no hay dos ciudades: «no hay en él una clara antítesis entre Jerusalén y Babilonia…tan característica de Agustín. Jerusalén es Babilonia, la incluye en sí misma. Ambas consituyen una sola ciudad, que tiene un lado ‘siniestro’ y otro ‘diestro’. Ticonio no desarrolló, como Agustín, una doctrina de las dos ciudades, sino de una sola ciudad con dos lados. Para aquel Ratzinger es que la Iglesia es -hasta el juicio final- a la vez Iglesia de Cristo e Iglesia del Anticristo. «De ello se sigue -continúa la cita- que el Anticristo pertenece a la Iglesia, cece en ella y con ella hasta la gran discessio, que será introducida por la revelatio defintiva».
El katéjon, a partir de Schmitt que lo coloca otra vez en el tapete, es un retardador del mal, pero por eso mismo es ambiguo, como se ha dicho en el diálogo, y participa de algún modo en él y su desorden
Personalmente, esta clase de ejercicio siempre me ha parecido algo bastante fútil. En cuanto a la nueva derecha… «Asiria no nos salvará» (Oseas, 14, 3). Me parece que muchos pusieron y aún ponen demasiada esperanza y demasiado peso en estos partidos y movimientos políticos, y eso los lleva a cegarse frente a la realidad. Véase por ejemplo, el caso de Trump. La gente en su mayoría no lo votó por «antiwokismo», sino porque les prometió trabajo y vida barata y les dio un chivo expiatorio (más o menos real, no me meto a discutir eso en particular) en los inmigrantes ilegales (vergonzoso por otra parte me parece la gente que ha querido pretender que la inmigración latinoamericana en EEUU es en modo alguno comparable por su impacto cultural y de orden público a los producidos por la inmigración islámica en Europa). Ahora bien, el movimiento provida se abrazó a esta culebra, y ¿cuál es el resultado? La desarticulación y desprestigio del movimiento provida en su asociación con un hombre extremadamente inmoral, y el recrudecimiento ya de las leyes de aborto en los estados que las tienen, mientras que se envían por correo pastillas abortivas a los estados que lo prohíben. Este fue el precio que se pagó por la derogación de Roe vs. Wade: compraron carísimo un espejito de color.
La nueva derecha no es un movimiento conservador o restauracionista: es un desborde de otros vicios que no son la lascivia (la ira, la avaricia y la soberbia). Nuestra asociación con ella nos producirá grandes males, con los que pagaremos las míseras migajas que hayamos obtenido por la alianza, y a mi modo de ver el movimiento del péndulo en la dirección opuesta va a tardar menos de un quinquenio, si el Señor no vuelve antes. Y allí veremos peores leyes de aborto y de eutanasia y de degeneración. Quizá aún se cumpla aquello que decía el cardenal George, que él moriría en su cama, su sucesor en la cárcel, y el sucesor de su sucesor linchado en la plaza pública; pero el sucesor de este juntará los pedazos de una sociedad destruida, y ayudará a la lenta reconstrucción de la civilización, como lo ha hecho la Iglesia más de una vez en su Historia.
En ese sentido, tiene más vigencia para mí aquello de Ratzinger sobre la Iglesia del año 2000: el futuro de la Iglesia lo marcarán los santos, y la Iglesia no tendrá gran influencia en los poderes del mundo: ella irá por un lado, y él por otro. Y eso no es necesariamente un mal en términos absolutos. Pero también es cierto que mi tendencia en el catolicismo ha sido siempre más hacia el comunitarismo que hacia el monarquismo. El vínculo de trono y altar no me hace vibrar ninguna cuerda.
exveteranova
El Schmitt desencantado y amargo del final reconoció la posibilidad aún del liberalismo como Katechon:
«En sus últimos años, Schmitt seguía preguntándose quién podría desempeñar el papel de Katechon en la era moderna. Dudó de todos los candidatos: la casa de Habsburgo, los jesuitas, los imperios coloniales, Hegel, Savigny, los caudillos nacionales, incluso la democracia liberal. Le reprochó a su admirado Donoso Cortés no haber sabido incorporar el arcano del Katechon a su repertorio, haciendo fracasar su teología. A veces pensaba que figuras como Franco (“el humilde katechon”) o el general polaco Pilsudski, que resistió a la invasión soviética tras la Primera Guerra Mundial, habían sido modestos katechones locales, capaces de frenar, aunque solo temporal y acotadamente, la disolución del orden. En otros momentos llegó a considerar al presidente y filósofo checo Thomas Masaryk (1850-1937), símbolo de la democracia liberal derrotada de entreguerras y fundador de la República checoslovaca, como el último katechon europeo. El suicidio provocado de su hijo, el diplomático Jan Masaryk (1886-1948), a manos de los comunistas en la tristemente célebre defenestración de Praga, le “afecta profundamente y de modo muy personal”, según confiesa en su diario.
Esa paradoja revela mucho sobre la desesperanza del Schmitt de posguerra. Incluso la democracia liberal, que había combatido con tanta dureza, podía convertirse —a falta de algo mejor— en el dique más tenue frente a la barbarie totalitaria».
De acá:
https://ideas.gaceta.es/carl-schmitt-y-el-misterio-del-katechon/
Armando W. Eimar
Sobre el fin de los tiempos, en cuya consideración se cae a veces en curiosas interpretaciones (y peregrinas elucubraciones), no hay que olvidar que a cada cual nos llegará el fin de nuestro tiempo en unos pocos años. O en menos.
Sobre el Anticristo y el katéjon, conviene leer a Santo Tomás:
https://www.academia.edu/95987961/El_Anticristo_y_el_kat%C3%A9jon_seg%C3%BAn_santo_Tom%C3%A1s_de_Aquino_su_Comentario_a_2_Tes_2
Ante la mezcla tan confusa e insolente de bien y de mal en las propuestas a disposición, me parece que hay que tener en claro que SIEMPRE se debe buscar el bien y apoyarlo, que NUNCA se debe buscar el mal ni apoyarlo. De aquí se deriva un constante discernimiento de opciones, sin JAMAS atarse a un líder de los que mezclan lo bueno y lo malo, que terminan arruinando lo bueno que proponen por lo malo que hacen o por el modo imprudente en que encaran lo bueno. Mantener la autonomía de decisión sin militar ciegamente por ninguno, salvo por Cristo (que no nos hace ciegos, sino luminosos) . Juan el Gris
Actualmente, existen diez monarquías parlamentarias reconocidas en Europa, caracterizadas por un papel principalmente representativo e institucional. Estas casas reales, muchas de ellas austeras y denominadas «en bicicleta» (especialmente las escandinavas y holandesa), mantienen un fuerte respaldo democrático en sus respectivos países.
Las diez monarquías europeas son:
Nota: A menudo se mencionan otros estados europeos con formas de jefatura de estado no dinásticas o especiales, como Andorra y la Ciudad del Vaticano, pero la lista tradicional de monarquías parlamentarias funcionales se centra en estas diez.
Es sumamente interesante el planteo que considera a esta explosion contraria a la cultura woke y dirigida a la Verdad como objetivo en el sentido Evangelico -La Verdad os hara libres- Aqui la libertad expresada en forma economica, social, religiosa, etc nos inundará de Verdad Evangélica.
Creo que hay un error respecto de la asuncion de la Libertad como vehiculo que nos lleva a la Verdad y es porque a pesar de la clarisima definicion de Leon XIII, todavia estamos confundiendo libertad con la elección entre el bien y el mal y eso no es libertad es esclavitud
Milei plantea la moral religiosa como contenedor de la Libertad, no es lo que propone Leon XIII? Lamentablemente los catolicos, sobre todos los Jerarcas y los tradicionalistas, temen la libertad, sus procesos, sus padecimientos. Ese temor los convierte en miedosos, que es justamente lo que Jesus insistio en que no debiamos ser –No tengan Miedo-
Todo el Evangelio nos habla de libertad, de propiedad privada, de esfuerzo, seguridad y protección de los bienes logrados. Esos valores deben ser valorados y cuidados por la Iglesia, no puede ser que los dones que recibimos de Dios con el merito de nuestro esfuerzo sean vituperados porque hay pobres. -a los pobres los tendrán siempre con vosotros- No esta en nuestras manos luchar contra la pobreza, debemos hacerlo contra la pereza, el ocio irresponsable, la miseria, no asistiéndola sino enfrentándolas con educación y justicia. -El que no trabaja que no coma-
En lugar del análisis de si esta postura sólida y deseable es un anticipo del Anticristo debemos de la misma manera que el socialismo coopto a la Iglesia, pudrió su Jerarquía, inundó sus seminarios y casas de formación confundiendo su función transformándola en una ONG sin liturgia, sin sacramentos, sin Doctrina, Asi los Catolicos debemos sostener esta politica que se funda en aceptar que Dios nos hace distintos, no entendemos y no debemos ser tan estupidos y soberbios de querer explicarlo. Asi és Dios lo quiere, aceptemos esa realidad, vivamosla con caridad, desarrollando nuestros talentos, orgullosos de ser Hijos de Dios, elegidos, con talentos únicos y preciosos que debemos multiplicar.
La Verdad esta a la vista, nos lleva a la libertad. La libertad nos lleva a Jesus y su Salvacion. El hombre libre y virtuoso es el modelo que se debe perseguir, para concretar esa sociedad que nunca sera perfecta hasta el fin.
Gracias por retratar tan bien lo que algunos venimos advirtiendo sobre la Nueva Derecha.
No sé cómo calificarlo, si demente o amente, si sinvergüenza o desquiciado, si confuso, confundido, confusionario o confundidor…
Lo que sí sé, es que usted predica contra el Evangelio, es decir, contra Cristo Jesús.
Bastante de acuerdo. Jesús no habló de erradicar la pobreza sino de luchar contra el pecado en uno mismo. Evidentemente, eso conlleva no colaborar en estructuras sociales injustas, pero las diferencias de resultados y méritos, también a nivel económico, no son siempre malas, siempre y cuando todos tengan suficientes medios para vivir dignamente. Tampoco en el Cielo tendrán todos la misma Gloria. Ni la tienen los ángeles. El igualitarismo no es Evangelio, sino que es ideología de izquierdas que se ha infiltrado en la Iglesia desde León XIII.
Dado que fuí uno de los promotores de la Nueva Derecha conservadora en la Argentina (ver mi libro publicado por Grupo Unión en 2021) me permito comentar que coincido con el autor de esta nota haciendo unas pequeñas correcciones (opinables). Cuando escribí ese libro, colaboré con el Partido NOS y propuse una versión argentina de la ND, aclaré varias cuestiones previas:
a) La Nueva Derecha no es una doctrina sino una alianza táctica.
b) No se mueve en el plano de la tesis (Cristiandad y ley divino-positiva) sino en el de la hipóstesis (ley natural y eso no sin confusiones).
c) El que creyera que, participando dentro del sistema democrático moderno y de la Nueva Derecha conservadora, restauraríamos la Cristiandad, la Hispanidad o la Patria, o era un ignorante o un ingenuo o un cómplice. Sobre todo con la democracia moderna, dados sus condicionamientos teológicos, filosóficos, culturales, históricos, económicos, financieros y mediáticos, que hacen imposible pretender tal cosa. Si se podía esperar en cambio (actuando según la moral católica tradicional y conociendo bien los elementos del acto bueno, los actos intrínsecamente malos, la distinción entre cooperción formal y material, el voluntario indirecto, etc.) frenar algunos males parciales (como derogar o minimizar la legalización del aborto) y conseguir algunos bienes parciales (como una mayor libertad de enseñanza). No mucho más.
d) También advertí sobre el peligro que significaba dentro de la Nueva Derecha la existencia (que entre 2019-2023 parecía «en retirada») del neconservadorismo anglo-sionista, ala derecha del globalismo frente a vertientes más patrióticas como el paleoconservadorismo en EE.UU o sectores afines al tradicionalismo católico en el mundo hispánico.
e) Si bien no descarto que con algunos referentes de la Nueva Derecha conservadora se puedan aún conseguir ciertos bienes concretos (como el proyecto de libertad educativa de LLA que, aún con limitaciones y errores, es mejor que lo que tenemos) o frenar ciertos males (como ha sucedido en la Argentina con el cambio de visión respecto del 24 de marzo o cierta limitación en las políticas de género), en líneas generales la Nueva Derecha nacional e internacional ha sido absorbida por el poder geopolítico, financiero y tecnológico de los neoconservadores, agravada ahora por la alianza con referentes peligrosos como Elon Musk, Peter Thiel o la secta Jabad Lubavitch.
f) Por eso en lo personal considero que la Nueva Derecha internacional, tal como hoy la conocemos, no es parte del Katejon aunque no sea del todo la manifestación del Anticristo: se parece a Babilonia que cae antes que la Bestia del Mar se haga con el poder absoluto sobre toda familia, tribu y nación (después de la Guerra de los Continentes según Castellani), con la ayuda de la Bestia de la Tierra, es decir, del Falso Profeta. El tecno-feudalismo del sector neoderechista de Silicon Valley probablemente se imponga durante un tiempo (pueden ver una versión algo amarillista y progre de lo que eso supondría en la docuserie 2073, hoy disponible en HBO Max), con los 22 puntos de la «República Tecnológica». Pero viendo la reacción de las izquierdas y del progresismo (desde los más moderados hasta los más radicalizados) ante el ideal de fondo de Alex Karp (fundamentalista, belicista y tecnócrata), creo que no «encaja» con la descripción del Anticristo como ecuménico, ecológico y pacifista. Tal vez se reúnan en torno a ella lo que queda de cierto fariseísmo judío, protestante y católico, que es precisamente lo que hará más atractiva la aparición del Hombre de Iniquidad, como lo explicaba también Castellani. Y la espiritualidad (que no religión stricto sensu) del Anticristo parecerá la respuesta a este fundamentalismo neocalvinista de los mercaderes de Babilonia/EE.UU-Israel. Y entonces volverá reciclada o incluso mezclada con algo del ala neoderechista, la vertiente progresista del globalismo, la de Soros, el Foro de Davos y la ONU. Porque entre ambas vertientes hay más vasos comunicantes de lo que se supone.
g) A Benedicto XVI lo dejaría como alguien para pensar lo que podría ser la restauración de la Cristiandad, si resulta que no estamos aún «ad portas» de la Parusía. No porque carezca de errores sino porque, junto a otros filósofos y teólogos, supo pensar bastante bien cómo debería ser la transición desde la Modernidad hacia una nueva Civilización Cristiana (no la de Maritain ciertamente pero tampoco la de De Maistre o la de Plinio Correa de Oliveira). Para esa posibilidad (que no se puede descartar del todo) hay que leer sí a Romano Amerio, a Meinvielle o a Klaus Gamber, pero matizando mucho los juicios con los geniales aportes de Newman, Chesterton, Belloc, Pieper, Castellani, Bouyer y Ratzinger. Sí, sí, por supuesto, sin sus errores. Pero sin perder de vista sus grandes intuiciones, consejos y propuestas.
Fernando Romero Moreno
La Gran Babilonia es destruida, concretamente incendiada, por la Bestia del Mar como el primero de sus actos al tomar el poder.
Esto es logico si entendemos el significado inmediato de la alegoría: Nero Redivivus retomando el poder con ayuda de reyes bárbaros y quemando la ciudad de Roma en venganza por su traición (si en 64 había quemado media Roma sin que tuviese «nada personal» contra ella sino meramente para limpiar el terreno para edificar su Domus Aurea, o por lo menos así lo creían muchos romanos, imaginemos lo que iba a hacer con la ciudad ahora que había un odio personal).
Tal vez el camino, me refiero al curso fáctico de los acontecimientos, no pase por una restauracion de la Cristiandad en Europa sino por una evangelización de Asia, principalmente India y China.
Interesantísimo su comentario Sr. Romero (aunque disiento de la interpretación de fenómenos sociales y políticos contemporáneos que busca identificarlos con conceptos teológicos). Me gustaría preguntarle su parecer sobre la confluencia de ciertos sectores con “sensibilidad social” dentro de la nueva derecha, por un lado, y de una izquierda “tradicionalista” a la que se da el nombre de “rojiparda”, por el otro. Por ejemplo, las tesis de Fusaro y Zhok coinciden en bastantes aspectos con las de Benoist y Duguin, mientras en Alemania la AfD tiene afinidades con la BSW.
Gracias. Esas vertientes pueden tener verdades parciales, como las que Ezcurra o Baliiña descubrieron en Guenon. Pero son muy peligrosas en lo teórico y en lo práctico. No recomendaría al católico de a pie, al rectamente formado pero que no es docto ni menos aún sabio, que se meta por esos caminos. Basta con la experiencia histórica para ver dónde terminaron los que coqueteaban sin demasiados escrupulos con el nacional-bolchevismo, el nacional-socialismo o la llamada izquierda nacional. Digase lo mismo del esoterismo tradicionalista pero tambien, en otro registro, del liberalismo conservador
FRM
Estimado Fernando. Hemos leído sus notas y seguido su pensamiento. Le agradezco el comentario. En cuanto a que la ND no sea ni katejon ni trono, sino Babilonia, acoto simplemente que Babilonia es, precisamente, el trono del Anticristo.
Saludos.
Raniero da Fiore.
Gracias. Coincido. Pero por lo visto, según el Apocalipsis, Babilonia primero es herida y luego destruida, antes del triunfo pasajero del Anticristo, cuyo trono es Babilonia al principio pero no al final de su reinado. Si no recuerdo mal es lo mismo que sostenía Castellani. Si estoy equivocado, puede corregirme con toda paz
FRM
Fernando,
Excelentes resumen, especialmente el punto f. Pienso que la ND, que globalmente no es sino el anglo sionismo, no puede ser el Anticristo ni tampoco parirlo. Sencillamente porque es hiper recalcitrante y groseramente racista para con el 95+% de la población del mundo. Ergo debe caer antes de la llegada del hombre de inquidad, como le sucede a la Gran Ramera del Apocalipsis, por Ud. apuntado. Es un katejon si se quiere, pero un katejon negativo. Tiene toda la pinta de ser el necesario «fall guy» que le permita al Anticristo tomar el control del mundo luego de algún evento catastrófico e.g. la tan deseada por algunos neo maltusianos tercera guerra mundial para reducir la población «surplus», y dejar espacio para los (auto)elegidos y su tan esperado Tercer Templo.
Dios los confundirá a ambos a su debido tiempo, y sacará bien del mal. Pero a ajustarse el cinturón mientras tanto.
El tema es más que interesante y para agarrarse a las patadas santamente. Faltó todo eso que dice la posmodernidad sobre san Pablo desde Agamben a Badiou. Casi que lo aman odian. Apenas digo esto, que el mal menor nunca puede ser algo inmoral. Y lo se hasta yo. Y coincido no se trata solo del Trompas, como dicen algunos españoles graciosamente. Muy interesante eso del que el mismo katejón puede ser un «topo».
Antes que nada convendría recordar que el katejon (que igual que Newman parece estar muy de moda), es un concepto que aparece fugacísimamente en las Escrituras, que es dificilísimo definirlo, que las interpretaciones de las que ha sido objeto a lo largo de dos milenios han sido tan variadas como contradictorias y que no existe un magisterio “oficial” al respecto. Estos factores lo hacen especialmente misterioso y apto para todo tipo de especulaciones. Tratándose de un término tan enigmático, la intepretación literal es imposible, pero no la que podríamos denominar “materialista”, “fáctica” o “historicista”; es decir, aquélla mediante la cual se pretende identificar al katejon con circunstancias e incluso instituciones o personas concretas, tanto mejor si son contemporáneas. Entrar en este tipo de discurso es un poco como jugar a las adivinanzas o como querer interpretar las profecías de Nostradamus. Aquí sí la teología se convierte, como decía Borges, en una rama de la literatura fantástica. San Agustín (De civ. Dei, XX, 19), preguntándose por el significado del katejon, afirma que los destinatarios de la epístola sabían a qué se refería San Pablo con este término y concluye que, por mucho que lo desee y se esfuerce, le resulta imposible saber de qué se trata. A continuación expone algunas teorías ajenas sobre el asunto, pero su escepticismo al respecto es evidente. No deja de ser curioso que haya exégetas que se sientan con fuerzas e imaginación suficientes para aventurar hipótesis sobre lo que el obispo de Hipona consideró un enigma impenetrable. A su manera, con ropaje jurídico-filosófico, lo intentó Carl Schmitt, en quien muy posiblemente se inspira el autor del artículo, pero sin mencionarlo, como tampoco menciona a los actual abogados del katejon, Alexander Duguin y Peter Thiel.
La curiosidad por descifrar los siempre difíciles textos apocalípticos y la tentación de hallar en ellos hechos y figuras concretas y reconocibles, es humanamente explicable. Pero precisamente la segunda Epístola a los Tesalonicenses, en la que como una exhalación aparece y desaparece el katejon, nos pone en guardia contra la impaciencia temeraria de querer ver en el presente el cumplimiento material de este tipo de profecía. Si al cabo de dos mil años algo nos enseña la historia es que toda ella es un apocalipsis, y que todo tiempo terreno es el fin de los tiempos, entre otras cosas porque se trata de textos que hablan del punto de encuentro entre el mundo y el cielo, entre las criaturas y Dios, una frontera en la que se superponen tiempo y eternidad. El tema del que hablan en realidad no es tanto el fin de los tiempos (que es lo de menos), como la “salida” de las criaturas de la dimensión temporal para entrar en la divina y eterna. Erróneamente el katejon fue identificado con Nerón o con el Imperio Romano, como recuerda San Agustín, pero sería igualmente falso ver en él a Trump, a los Estados Unidos, a la nueva derecha (tan heterogénea que no es nada) o a la vieja izquierda. El hecho mismo de creer que un sujeto, una ideología, un estado o una institución secular pueden ser la encarnación de un principio metafísico es una ingenuidad y seguramente demuestra una profunda incomprensión del sentido escatológico de las Sagradas Escrituras. Hablamos de dimensiones morales y metafísicas, no materiales y políticas: éstas son solamente la manifestación sensible y siempre cambiante de aquéllas, son sólo sus sombras, que se agrandan y se achican según la posición de la luz y según nuestro variable punto de vista.
El peligro de interpretar los textos apocalípticos como si fueran predicciones meteorológicas no es sólo un error exegético en sentido estricto, lo que ya sería suficiente. Tales pronósticos e identificaciones conducen a la confusión entre la verdad sobrenatural y la ilusión humana, entre lo intemporal y lo efímero. Y por supuesto a la manipulación política e ideológica. En este sentido tales interpretaciones pueden terminar por convertirse en instrumentos del mal para contribuir al caos y, paradójicamente, a la gran tribulación apocalíptica.
Por último es necesario señalar que el concepto de translatio imperii que se expresa en este artículo y según el cual los Estados Unidos representarían de algún modo la continuación de Roma como imperio universal, carece de fundamento. Se trata una fantasía mimética adoptada por las potencias anlosajones en su momento de auge a imitación de las restaurationes y translationes imperii encarnadas en el Imperio Romano Bizantino, en el Sacro Imperio Romano Germánico, en el Imperio Ruso (Moscú como Tercera Roma) y en la Monarquía Hispánica, pero sin la intención, ni la tradición, ni los fundamentos históricos, culturales, geográficos, jurídicos y religiosos que servían de argumento a esta pretensión en los citados imperios europeos. Los EE.UU. son desde sus inicios una república masónica y como poderío mundial una talasocracia, igual que Inglaterra, pero no un verdadero imperio en el sentido de Roma, que ha de ser siempre continental y monárquico, por sólo citar dos requisitos. Si hay alguna formación política que actualmente podría tal vez reclamar para sí, de modo muy vago e imperfecto, los conceptos de restauratio y de translatio imperii, serían la Unión Europea (en su nunca alcanzada forma ideal, pero no como lo que ha llegado a ser) o Rusia.
En mi opinión el katejon no es un ente político. Fundamento esto en que la Bestia del Apocalipsis tiene 3 sentidos principales:
Inmediato: Nero Redivivus, o sea Nerón que no había muerto en realidad sino que iba a retornar con la ayudad de reyes bárbaros. Esto está soportado por la gematria del número de la bestia en sus dos versiones: 616 (Nro Qsr) y 666 (Nron Qsr) y por la profecía de que la Gran Babilonia (Roma) iba a ser destruida por el fuego, lo cual es consistente con una venganza de parte de Nerón: si en 64 éste había quemado media Roma sin que mediara animosidad alguna sino sólo para fines de «real estate development», ¿qué haría a su regreso con la ciudad que lo había traicionado?
Mediato: la Tetrarquía Imperial a principios del siglo IV que persiguó sistemáticamente a los cristianos, comenzando con el primer edicto de 303 que prohibió sus asambleas y ordenó la destrucción de sus escrituras, libros litúrgicos y lugares de culto y culminando con el cuarto edicto de 304 que ordenó a todas las personas sin excepción ofrecer un sacrificio a los dioses bajo pena de ejecución.
Final: el Anticristo propiamente dicho, el Hombre de la Anomia de 2 Tes cap. 2.
Evidentemente el estado imperial romano 64 (Nerón) y en 303-312 (Tetrarquía) no era el katejón sino un anticristo. Por lo que no es lógico que ese estado haya pasado a ser el katejón a partir de cierto momento, por ej. 380 cuando el catolicismo pasó a ser religión oficial del imperio. Lo lógico es que el katejón haya sido siempre, desde el tiempo de San Pablo hasta ahora, el mismo ente.
En mi opinión ese ente es el Colegio Apostólico y sus sucesores en tanto realizan su ministerio de predicar e instaurar el Reino de Dios, y quitar el katejón del medio sea permitir que los sucesores de los Apostoles, comenzando por el de Pedro, no realicen más su ministerio sino que prediquen cualquier otra cosa.
Estimado Cuchillero:
Le agradecería el comentario, pero la verdad es que me sorprendió la agresividad con que ha decidido escribirlo, cuando habíamos tenido pases más caballerescos respecto al artículo anterior. Así pues, recojo su guante y le arrojo el mío: indique usted el lugar y busque sus padrinos.
Dicho esto, vamos a lo importante.
Su argumento puede sintetizarse en que «el katejon y la translatio imperii son cosas dificilísimas y por tanto usted no puede hablar de ellas». Déjeme decirle que no es un argumento. Concedo que es una temeridad tocar demasiado rápidamente cuestiones complejas que no osaron resolver quienes nos precedieron. Sin embargo, con ese criterio, después de Platón nadie debería haber escrito filosofía. Así pues, quasi nanos gigantium humeris insidentes, nos debemos a ellos para elegir los temas de estudio y sus líneas de interpretación. Y lo menos que pueden hacer los enanos, luego de reconocer la dignidad de los gigantes que los sostienen y por mera gratitud hacia ellos, es abrir los ojos y mirar, en vez de cerrarlos porque «la cosa se pone complicada». A Dios gracias, el pensamiento siempre ha gozado dentro de la tradición católica de mucha mayor libertad de la que creen algunos, así es que puede pasar de largo con sus muy conservadoras prevenciones.
En cuanto a la identificación del katejon con el orden romano, no es una idea mía, sino de Newman. Y tampoco es una idea de Newman, en rigor, sino de la tradición exegética. Pensé que, en orden a sintetizar (se trata de un artículo de 1200 palabras), bastaba la autoridad del cardenal. Parece que a usted, sin embargo, no le significa demasiado y por eso es capaz, con todo desparpajo, de llamar a su exégesis «literatura fantástica». Creo que no es necesario agregar más.
Por lo pronto, puedo decirle que esa ha sido la interpretación que escuché desde niño de grandes sacerdotes y profesores de nuestro entorno. Podrá usted estar en desacuerdo, pero al menos respétela como tradición comarcal, tradición con minúscula. Entiendo que este pensamiento común fue sintetizado y robustecido por el propio Castellani, quien dice en su Apokalypsis: «Todo esto y mucho más, que entendemos bajo el nombre de Tradición Occidental, toda la herencia de Occidente que podríamos llamar Romanidad (el “Obstáculo” al Anticristo, que dice San Pablo), a partir del Renacimiento comienza a ir al muere«. Pero claro… si considera que lo de Newman es «jugar a las adivinanzas», no creo que tenga ningún respeto por la autoridad de Castellani. Sigamos, entonces.
Empiezo por Tertuliano, cuyo pensamiento sin dudas se caracterizó por la vehemencia con la que rechazó al orden romano y los crecientes vínculos de los cristianos de su tiempo con la organización imperial. Afirma, sin embargo, al referirse al «obstáculo» paulino: «¿Qué obstáculo hay sino el estado romano, cuya caída, al ser dispersado en diez reinos, introducirá al Anticristo sobre (sus propias ruinas)?» (De resurrectione carnis, XXIV).
Sigamos con San Juan Crisóstomo. En su cuarta homilía sobre la segunda carta a los Tesalonicenses, dice: «cuando el Imperio Romano sea quitado del camino, entonces vendrá. Y naturalmente. Mientras dure el temor a este imperio, nadie se enaltecerá voluntariamente; pero cuando este se disuelva, atacará la anarquía y tratará de usurpar el gobierno tanto de los hombres como de Dios«.
Traigamos en tercer lugar al Aquinate, quien comentando en su Super II ad Tesalonicenses la exégesis patrística que vincula al katejon con Nerón afirma que no le convence, salvo que se considere a Nerón en tanto cabeza del Imperio Romano y que es éste último quien debe ser removido para manifestación del Anticristo: «Sed melius est quod referatur ad Neronem, prout est persona publica Romani imperii, donec de medio fiat, id est, tollatur Romanum imperium de hoc mundo«.
Pero me he dejado para el final al propio San Agustín, a quien usted falsea deliberadamente. Primero lo declara escéptico de esta interpretación, lo cual es atendible. Mas luego afirma, falsamente, que San Agustín nos recordó que «erróneamente el katejon fue identificado con… el Imperio Romano». Más bien es al contrario, pues el obispo de Hipona dice: «El inciso: Sabéis lo que ahora lo frena equivale a «sabéis qué es lo que lo retrasa, cuál es la causa de su demora», para que su aparición llegue a su debido tiempo. Y como dice que ellos lo saben, no lo quiso expresar claramente. Y nosotros, que ignoramos lo que ellos sabían, intentamos llegar, incluso con esfuerzo, al pensamiento del Apóstol, y no somos capaces. Máxime cuando lo que añadió oscurece todavía más el significado de todo esto. Porque ¿qué quiere decir: Esta impiedad escondida está ya en acción; apenas se quite de en medio el que por el momento lo frena, aparecerá el impío? Yo reconozco ignorar totalmente lo que quiso decir. Con todo expresaré las conjeturas de aquellos a quienes he oído o leído. Piensan algunos que tales palabras hacían referencia al Imperio romano, y que el apóstol Pablo no quiso expresarlo abiertamente para no incurrir en una acusación de calumnia, al desearle un mal al romano Imperio, dado que se esperaba fuese eterno. Las palabras: Esta impiedad escondida está ya en acción, se referirían a Nerón, cuya conducta daba la impresión de Anticristo. De ahí que no faltan quienes sospechan que él mismo resucitará y será el Anticristo. Otros llegan a pensar que ni siquiera fue muerto, sino más bien secuestrado para dar la impresión de que fue asesinado, pero que vive escondido en la plenitud de la edad que tenía cuando se lo creyó muerto, hasta que a su tiempo aparezca y sea restablecido en su trono. Pero me parece sobremanera extraña la pretensión de los que así opinan. Sin embargo, las otras palabras: Apenas se quite de en medio el que por el momento lo frena, podrían aplicarse al Imperio romano, como si dijeran: «Apenas se quite de en medio el que por el momento está en el poder», es decir, que desaparezca de en medio». Creo que queda bastante más claro con la cita completa. Si quiere se la traigo en latín. Cuando Agustín habla de una «pretensión sobremanera extraña» no se refiere a identificar el obstáculo con el Imperio Romano, cosa que acepta por tradición aunque esté poco convencido, sino a la creencia de que Nerón resucitará y será el Anticristo.
Respecto a su comentario acerca de la translatio imperii no agrego nada. Ya dije lo que pensaba en nuestro intercambio por el artículo anterior. Celebro que en ese caso usted decida finalmente bajar a la liza, saliendo de la comodísima postura de que «todo esto es muy complicado y no debemos opinar», para proponer una interpretación: que son o la Unión Europea o Rusia las herederas de la translatio imperii. Como verá, cuando uno decide arriesgar una hipótesis, se arriesga también a las posibles inconsistencias de ella. Tal es el caso de la suya. La incosistencia principal es que la esencia del concepto no está en el caracter «continental y monárquico», cosas que se ha inventado usted. Lo esencial es que se trata de imperios que concentran sobre sí mismos y de manera determinante los hilos de la historia durante la época determinada en la que perdura su hegemonía. Su gravitación mundial, es, por lo tanto, lo esencial. Y no hay duda de que ni la Unión Europea ni Rusia poseen la hegemonía en este cuarto de hora de la historia.
En cuanto a la acusación de schimittiano, la rechazo, pues no había leído lo de Schmitt hasta este momento. Tampoco conozco, más que de oídas, a los mencionados Alexander Duguin y Peter Thiel.
Así pues, me parece que lo suyo es más bien una reacción psicológica natural y entendible ante el pulular de loquillos y fantasiosos que pueden surgir de ciertas interpretaciones de los sucesos apocalípticos. Pero eso no puede conducirnos a la enormidad de rechazar toda interpretación, incluso las tradicionales. Parece ir usted sobre la senda de Umberto Eco para colocarse en la facción de los «integrados» contra los «apocalípticos». Hombre, es demasiado.
Saludos cordiales.
Raniero da Fiore.
Muy estimado Sr. da Fiore:
Lamento que se sienta usted tan herido. No creo haber empleado expresiones ofensivas o irrespetuosas. Dígame por favor cuales son y acepte mis disculpas. He expuesto mis argumentos con contundencia y una cierta frialdad, pero sin animadversión. Supuse que aquí reaccionamos todos como adultos dispuestos a discutir seriamente, sin necesidad de mecernos en lechos de rosas. Precisamente porque anteriormente dejé clara mi intención, supuse que no haría falta estar lanzándonos flores, que se podía entrar en materia y que mi intelocutor no esperaba ternuras innecesarias, que más habrían sido desdén que cortesía. En el mundo actual, tan bárbaro y colérico, existe una tendencia obsesiva a sentirse ofendido. Usted habla de caballerosidad. En el torneo los caballeros chocan sus lanzas y espadas y hasta se rompen algún hueso, lo que no significa que acabada la lid no se den la mano y puedan ser los mejores amigos. Me llama usted chuchillero. Sí, mi apellido significa eso: chuchillero, alguien que hace cuchillos (y no quien hiere con ellos aunque si hace falta puedo dar alguna estocada). Messerschmidt es mi verdadero apellido, no me escondo en el anonimato ni detrás de floridos seudónimos.
Gracias por su exposición de diversas hipótesis sobre el katejon. Todas tienen un aspecto en común: no se han realizado históricamente. Podemos aplicar el concepto de katejon a los sujetos contemporáneos que queramos, pero al hacerlo sólo estaremos especulando en vano, ya que no estamos en condiciones de saber qué o quién es, mientras no llegue el momento final que sólo Dios conoce. Pareciera que el Imperio Romano, ya bien extinto, no fue el katejon. A no ser que creamos que exactamente desde el año 476 (¿O 1453 si consideramos al Imperio de Oriente?) el Anticristo anda suelto por ahí. Existen diversas posibilidades de interpretación de la Escritura. Podemos plantear hipótesis no verificables, pero también entender al katejon en sentido metafísico. Sería ingenuo creer que la Bestia apocalíptica es un animal al que podemos llevar al zoológico y encerrar en una jaula. Igual de ingenuo es creer que se trata de tal o cual institución, persona o circunstancia concreta. Lo mismo con el katejon: siendo imposible determinar su identidad material (si es que la ha de tener) y dado que al hacerlo y equivocarnos servimos a los falsos profetas de nuestro siglo, no queda más salida que callar o entenderlo en sentido metafísico, lo que no es ilícito. Las Escrituras tienen cuatro claves de lectura, como Ud. sabe. No todo es materialmente histórico.
Con respecto a San Agustín, es claro que aquí expone una opinión ajena sin sumarse a ella: Quidam putant hoc de imperio dictum fuisse Romano, et propterea Paulum apostolum non id aperte scribere voluisse, ne calumniam videlicet incurreret, quod Romano imperio male optaverit, cum speraretur aeternum; ut hoc quod dixit: “iam enim mysterium iniquitatis operatur”, Neronem voluerit intelligi, cuius iam facta velut Antichristi videbantur.
Mientras aquí muestra su disenso de otras interpretaciones derivadas de la primera: Unde nonnuli ipsum, resurrecturum et futurum Antichristum suspicantur; alii vero nec occisum putant, sed substractum potius, ut putaretur occisus, et vivum occultari in vigore ipsius aetatis, in qua fuit, cum crederetur exstinctius, donec suo tempore reveletur et restituatur in regnum. Sed multum mihi mira est haec opinantium tanta praesumptio.
Y luego dice que sería verosímil que el Apóstol se refiriese a Roma, pero sin darlo por cierto: Illud tamen, quod ait Apostolus: “tantum qui modo tenet, donec de medio fiat” non absurde de ipso Romano imperio crediturdictum, tamquqm dictum sit: tantum qui modo imperet, donec de medio fiat, id est de medio tollatur.
Aunque él personalmente reconoce no entender el significado de la misma frase: Praesertim quia et illa, quae addidit, hunc sensum faciunt obscuriorem. Nam quid est: “iam enim mysterium iniquitatis operatur. Tantum qui modo tenet teneat, donec de medio operatur et tunc revelabitur iniquus?” Ego prorsus quid dixerit me fateor ignorare.
Y continúa hasta el final del capítulo 19 en el mismo tono, sin inclinarse por una u otra hipótesis. Sus únicas afirmaciones categóricas son precisamente las que afirman la imposibilidad de entender cabalmente el concepto de katejon: Quoniam scire illos dixit, aperte hoc dicere noluit. El ideo nos, qui nescimus quod illi sciebant, pervenire cum labore ad id, quod sensit Apostolus, cupimus nec valeamus.
Si en un caso se refería a sí mismo (ego prorsus) en este párrafo se refiere a todos (nos, qui nescimus). Hay muchos intentos exégeticos en torno al katejon, pero, aunque provengan de atoridades, no van en realidad mucho más allá de lo que proponían los intérpretes sobre los que San Agustín se muestra escéptico.
Sobre la translatio imperii es posible que me haya expresado de modo insuficiente. El Imperio Romano fue una entidad territorial continental en torno a un mar interior, estructura que coincide con lo que en geopolítica se suele denominar una “telurocracia” (creo que el concepto es de Mackinder) o poder continental, en oposición a una talasocracia (Atenas, Fenicia). Los imperios herederos de Roma, sea de jure y de facto (Bizancio), sea por pretensiones mejor o peor justificadas (el Sacro Imperio, la Monarquía Hispánica, Rusia, etc.) son potencias continentales, forman imperios compactos, en los que el dominador y los dominados acaban por fundirse en mayor o menor medida, hasta que los sometidos se convierten en ciudadanos de pleno derecho del Imperio (decreto de Caracalla), alcanzándose la unidad jurídica, cultural, religiosa, etc. Las talasocracias poseen dominios territoriales discontinuos, heterogéneos, sin nexo cultural con la metrópoli, simplemente sometidos a explotación económica o hegemonía política. Tal es el caso del mal llamado “imperio” británico, potencia hegemónica antecesora de los EE.UU. En tal sentido, un hegemón talasocrático jamás encarna una restauratio imperii, como máximo es una falsificación sucedánea. Que una restauratio imperii deba ser una monarquía no es un invento mío, como usted dice: sin césar no hay imperio, ni en la teoría ni en la praxis restauracionista desde la Edad Media hasta Napoleón. Cuando usted escribe: “lo esencial es que se trata de imperios que concentran sobre sí mismos y de manera determinante los hilos de la historia durante la época determinada en la que perdura su hegemonía. Su gravitación mundial, es, por lo tanto, lo esencial. Y no hay duda de que ni la Unión Europea ni Rusia poseen la hegemonía en este cuarto de hora de la historia» no habla de translatio imperii sino simplemente de poder fáctico, sin base en la tradición, en el derecho, en nada: simplemente fuerza bruta. Con ese criterio hasta Tamerlán habría podido ser un restaurator imperii. Y no olvide que ni el Sacro Imperio ni el Imperio Bizantino ejercieron jamás esa “gravitación mundial” que Ud. argumenta. En puridad, Roma tampoco. Jamás he afirmado que Rusia o la Unión Europea sean restaurationes o translationes imperii, sino que alguna de ellos “podría tal vez reclamar para sí, de modo muy vago e imperfecto” tal condición.
Un muy cordial saludo
Messerschmidt
Messerschmidt escribió: «Pareciera que el Imperio Romano, ya bien extinto, no fue el katejon.»
Situemosnos mentalmente en el Imperio Romano a mediados de 304, luego de que durante el año transcurrido la Tetrarquía había sancionado estos edictos:
1, 24/02/303. Prohibe a los cristianos reunirse para el culto y ordena la destrucción de sus escrituras, libros litúrgicos y lugares de culto.
2, verano 303. Ordena el arresto y prisión de todos los obispos y sacerdotes.
3, 20/11/303. Dispone que cualquier clérigo en prisión como resultado del 2do edicto puede ser puesto en libertad si hace un sacrificio a los dioses.
4, ene o feb 304. Ordena que en cada ciudad todas las personas se congreguen en un espacio público y ofrezcan un sacrificio colectivo y que quien se rehuse sea ejecutado. Se aplicó en el territorio de Maximiano (Italia, España y Africa menos Egipto y Cirenaica) hasta su abdicación en 1/5/305 y en el Este hasta el edicto de Milán en 313 y la derrota de Maximino Daza el 30/4/313 en Tzirallum.
Imaginemos que en ese momento, mediados de 304, nos acercamos a un cristiano que por haberse negado a participar en el sacrificio colectivo ha sido condenado a muerte y está esperando el momento de su ejecución y le preguntamos «¿Disculpe, en su opinión el Imperio Romano es el katejón?»
¿Y si el Katejon era la romanidad de la Iglesia Católica y ahora ese mismo sistema romano, imperial, curial, con su visión social trufada de falso pacifismo, de neomarxismo y globalismo, se está convirtiendo en trono del definitivo enemigo de Cristo?
Es una muy buena pregunta.
Por lo pronto, la Iglesia Católica es, necesariamente, algo distinto del Katejon, pues este último será «removido» por el Anticristo, mientras que la Iglesia es depositaria de la suma promesa: «las puertas del infierno no prevalecerán contra ella». Ese debería ser el punto de partida de la respuesta.
Sin embargo, Occidente, la Romanidad o como quiera que le llamemos, está inextricablemente vinculado a la Iglesia y sus destinos son necesariamente paralelos. Aunque son dos realidades distintas, la una temporal y la otra eterna, atraviesan la historia ligadas mutuamente. Es por eso que Occidente ha recibido mayores dones que el resto de los pueblos sobre la tierra, aunque se le haya negado el de la salvación eterna, que solo pertenece a la Iglesia. Pero es evidente que Dios le otorgó mayores talentos, puesto que así obra Él en su infinita sabiduría. (Incluso diría que esta es la gran piedra de escándalo para la modernidad: ¿Por qué Europa es y fue superior a las demás culturas? Las respuestas pueden ser variadas, desde negar lo evidente hasta las teorías de superioridad racial. Nosotros sabemos que la respuesta solamente la tiene Dios, en su infinita Providencia.) Pero la lógica de la historia salutis es que siempre los elegidos de Dios acaban siendo sus mayores enemigos. Ocurrió con la descendencia de Adán, que hubo de ser purificada por el Diluvio; con la descendencia de Noé, que hubo de ser dispersada en Babel; con el Pueblo Elegido, que acabó crucificando al Mesías que esperaban; y debe ocurrir finalmente con la Cristiandad, con Occidente, que ha recibido de Dios los mayores talentos. Y puesto que la Cristiandad es la Iglesia, tanto como Europa es la Fe (al decir de Bellocq), debe también la Iglesia sufrir una apostasía similar. Es por eso que Meinvielle hablaba de un papa cuasi esquizofrénico, cabeza al mismo tiempo de la «Iglesia de la propaganda» y de la «Iglesia de las promesas». Es por eso también que Santa Hildegarda de Bigen vio y pintó a la Iglesia pariendo al Anticristo. Estas paradojas, por sorprendentes que nos resulten, están contenidas en las propias Escrituras e incluso en la tradición exegética. Por gracia de Dios, en todas las épocas siempre hubo un «resto» que aseguró la conservación de la fe. No por mérito propio, sino por mérito de Dios. Que ese «resto», en este periodo específico de la historia de la salvación deba estar necesariamente unido al sucesor de Pedro, no me cabe la menor duda.
Saludos.
Raniero da Fiore.
Vaya cultura tiene Europa hoy día!. Pura degeneración, se va suicidando de a poco con el aborto, las drogas la depravación sexual. Yo no le doy 50 años más de vida, a este paso .Europa está podrida por dentro, y el cáncer que padece ya está carcomiendo sus huesos. Nada va a quedar en pie de Europa occidental. Si puede sobrevivir Europa del Este, que aún no ha llegado al nivel de perversión en que se encuentran países como Francia, Italia, Alemania, España, Inglaterra.
Lo más sugestivo de todo es la utilización que hace Peter Thiel (felizmente ¨casado¨ con un señor, dueño de Palantir y amigo de nuestro presidente) de la noción de Katejon, advirtiendo contra su ¨ inmanentización ¨y la amenaza anticrística del orden global inmanente. Contra lo cual propone la parafernalia de los sistemas de información y la IA. Una ensalada ambigua de San Pablo, su admirado Carl Schmitt, y René Girard, de quien fue discípulo en Stanford.
Muy interesante análisis.
Recuerdo estando en el extranjero una religiosa suiza, (modernista) ante el fallecimiento de Benedicto XVI, me pregunto que pensaba, le dije espontáneamente: “era el Katejon” El Padre Alfredo Sáenz SJ, en el “El Apocalipsis según Leonardo Castellani” …. “Pero antes de la manifestación del Anticristo deberá ser quitado de en medio un misterioso Obstáculo, de que habla San Pablo: «El misterio de la iniquidad ya está actuando. Tan sólo que sea quitado de en medio el que ahora le retiene, entonces se manifestará el Impío» (2 Tes 2, 7-8). ¿A qué se refiere el Apóstol? Anteriormente había predicado con tanto vigor en Tesalónica sobre el Misterio de Iniquidad, anunciando su llegada como inminente, que los tesalonicenses pensaron que lo mejor era dejarse estar, ya que el Fin del Mundo se venía encima. Entonces Pablo les escribió diciéndoles que, según lo había predicho Cristo, no se sabía ni el día ni la hora precisa, dado que todavía estaba en pie El-Que-Ataja, el Katéjon, y por ende era necesario perseverar en la arduidad de la fe. Castellani se detiene, y con razón, en este tema tan misterioso como apasionante. Hay algo que ataja o demora la aparición del Anticristo…. ¿Cuál es este enigmático Obstáculo?… Para Castellani el Imperio Romano, bautizado en Constantino, restaurado en Carlomagno, triunfante en Carlos V, fue decapitado en 1806 por el sable de un soldado victorioso que encarnaba los principios de la Revolución francesa. Francisco I de Austria habría sido el último Emperador de los Romanos. Algunos autores han pensado que el Katéjon era la misma Iglesia, cuya presencia constituía el último obstáculo para la manifestación del Anticristo. Así opina San Justino, el primer comentador del Apocalipsis, según el cual «Ecclesia de medio fiet», la Iglesia será sacada de en medio. A partir de revelaciones de Nuestra Señora, la pregunta que me inquieta es la siguiente, ¿Era Benedicto XVI el Katejon, o el Papado?. Leonardo Castellani, concluye su libro ¿Cristo vuelve o no vuelve?, con este párrafo: “Si todo esto es así, lo único que nos queda por decir es: Dios nos pille confesados. Yo no lo voy a ver, pero por las dudas me conviene mantenerme confesado”
Las conferencias de Peter Thiel sobre el Anticristo son excelentes, por ejemplo.
El problema… es que está hablando de sí mismo en tercera persona.
El Anticristo concederá a los hombres una gran cantidad de bienes concretos y legítimos, de otro modo no podría engañar a nadie, recordar que «parece el Cordero», aunque «habla como el Dragón».
El tecnofeudalismo se presenta como antiliberal, para seguir con el ejemplo… y sin embargo, ¿es realmente antiliberal, o sólo es, para tomar la imagen de Castellani, otra cabeza de la hidra que pelea con las demás cabezas?
La Gran Ramera en el Apocalipsis está «ebria de la sangre de los mártires», lo que algunos interpretan como que asume, usurpa, el testimonio de Cristo y de sus mártires, es, en un sentido, la Religión Adulterada o Paródica, revestida con los ropajes de la Religión Verdadera.
¿No es eso lo que estamos viendo, especialmente en el fenómeno «Nueva Derecha»?
«No adorarás las obras de tus manos», dice el Segundo Mandamiento. La Gran Ramera, como ciudad, la «Gran Ciudad Capitalista» de algunos intérpretes, es adorada por todos los mercaderes y marinos… los bienes concretos políticos, máximamente el Estado (la obra más grande la razón práctica), no sólo admirados sino adorados, cada uno considerando que su propia Nación es una cosa sagrada, el nacionalismo exacerbado en chauvinismo («la nación victoriosa que jamás dejó de vencer» cantan exaltados algunos)…
¡EXCELENTE!
Me gustaría saber que piensa «Wanderer» de Peter Thiel y Alex Karp con su República Tecnológica y el poder de las empresas tecnológicas sobre las desiciones en los gobiernos más poderosos como es EEUU o Inglaterra. Sobre todo se dice que la guerra de Iran es la primer guerra de Palantir.
No puedo opinar sobre lo que no conozco y, además, no me interesa.
«Ganarás el pan con el sudor de tu frente» «Creced y multiplicaos» «No codiciarás la mujer de tu prójimo, ni sus bienes». A lo largo del AT vemos que Dios premia al trabajo, estimula la familia (bendice a Abraham con una larga descendencia) y respeta a la propiedad privada. Bajo esta concepción: Familia, trabajo y propiedad privada, tenemos a un Dios de «derechas». Pero también llama a «ayudar al pobre», «no poner bozal al Buey que trilla», «tener compasión del huérfano», no explotar al «inmigrante porque forasteros fuistes», y Jesús llama a compartir con el prójimo.
En definitiva, Dios no es ni de derechas ni de izquierdas, sería de «Centro» hablando en términos «modernos», pero tampoco eso, Jesús nos diría: «Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios». Mezclar la política mundana de la humanidad con los asuntos del Alma y la espiritualidad, es como tratar de mezclar agua y aceite. Ni nueva derecha internacional, ni socialismo, todo eso es obra del hombre. Solo Dios basta.
Imponer a Dios que aclare si es de derecha o no, es extraño. La prime parte de tu argumento, la firmo, pero cuando por el hecho de «ser bueno» catalogas de izquierda es que te dejaste arrastrar por el lenguaje woke. Jesus dice -Porque te molesta que sea bueno con lo mio? y claramente nos esta diciendo que la administracion de tus bienes es tu problema, no puede ser un acto de solidaridad obligada por el estado, el monarca o cualquier poder, es voluntario, individual, aunque nos pongamos de acuerdo varios es un acto de cada uno. La izquierda intenta y siempre intento la igualdad de los seres humanos, eso es justamente lo que sabemos que Dios no hizo. Somos distintos, tenemos distintos dones, pero somos libres y elegiremos libremente cual es el mejor bien que podemos hacer, sin imposiciones y si no lo hacemos, pues es que no somos libres sino sometidos al mal que nos tienta con beneficios fugaces y pierde para nosotros la eternidad
Curiosa exégesis. Lástima que sea errada (si no herética).
Ciertamente no se trata de que «la administracion de tus bienes es tu problema, no puede ser un acto de solidaridad obligada por el estado, el monarca o cualquier poder, es voluntario, individual, aunque nos pongamos de acuerdo varios es un acto de cada uno».
Usted, con su capitalismo «cristiano», está destruyendo la gratuidad, el destino universal de los bienes, y todo lo que constituye la misericordia.
Pretende que la justicia de Dios sea como la justicia humana, cuando debería ser al revés.
Y es precisamente donde muestran la hilacha los nuevoderechistas: en el uso del dinero son absolutamente calvinistas… por no decir judíos.
«Jesus dice -Porque te molesta que sea bueno con lo mio? y claramente nos esta diciendo que la administracion de tus bienes es tu problema, no puede ser un acto de solidaridad obligada por el estado, el monarca o cualquier poder, es voluntario, individual, aunque nos pongamos de acuerdo varios es un acto de cada uno.»
El pasaje que Ud cita no fundamenta de manera alguna su conclusión, porque la legitimidad de que un particular done libremente los bienes propios afirmada por el pasaje es compatible con la legitimidad de que el Estado obligue a algunos particulares, los ricos, a aportar sus bienes para satisfacer las necesidades de los pobres.
Los pasajes que sí fundamentan su conclusión, que de hecho es correcta, son la parábola de Lázaro y el rico (Lc 16,19-31) y 1 Jn 3,17.
Respecto a la parábola, si fuese designio de Dios que el Estado satisfaga las necesidades básicas de los pobres con recursos tomados de los ricos, entonces quien debería haber ido al infierno es el gobernante de esa ciudad, no el rico.
Respecto de 1 Jn 3,17:
«Si alguno que posee bienes de la tierra ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?»
si fuese designio de Dios que el Estado satisfaga las necesidades básicas de los pobres con recursos tomados de los ricos, entonces el pasaje debería decir:
«Si un gobernante ve que algunos habitantes de su territorio poseen bienes de la tierra y otros padecen necesidad, y no toma bienes de los primeros para satisfacer las necesidades de los segundos, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?»
Es sencillo. En definitiva, «lo que retiene» no es sino la disposición divina, hasta que se complete el número de los predestinados.
Augustinus
Probablemente sea algo tan sencillo como eso. La navaja de Ockham otra vez
-José
«El ‘bien posible’ no es el bien pleno, pero sí un bien real, aunque limitado e históricamente condicionado» ¿Cuándo fue diferente? ¿ Cuándo y dónde «el bien pleno» fue realmente existente en términos de poder politico? Creo que hay una narrativa milenarista frustrada no pocas veces cuando imaginamos reinos cristianos tipo paraísos terrestres perdidos. Y desde esas idealizaciones nos condimentamos de vanidades erigiéndonos en tribunal de la historia. Los datos sensibles nos dan solo una parte de lo que percibimos, el resto lo completamos con nuestra imaginación. Pero evidentemente no poco pensamiento tradi cayó en la filósofia moderna que pasó de esta tesis al planteo de que los datos sensibles son tan mínimos, que practicamente la realidad es una invención nuestra.
Gracias por explicarlo tan bien. Que Dios nos ayude.
Voy ser muy políticamente incorrecto:
A lo largo de la historia la Iglesia ha asumido momentos como el presente en el que se plantea la cuestión de tomar un movimiento político imperfecto (como todo lo humano) como dique de males mayores. Tal es el caso de los reinos germánicos medio cristianizados (frente a la amenaza de los hunos), la protección de un emperador bizantino cesaropapismo contra el islamismo, o, a mí entender, el fascismo, la doctrina política hija de la modernidad que, salvando sus errores, más compatible es con el pensamiento católico (que va más allá de 4 autores tradicionalistas).
La Iglesia no se casa con nadie, pero sabe tratar con quien no son sus enemigos. Igual que con el fascismo italiano, hay que tratar con Trump y demás. No un apoyo incondicional pero si un debido respeto, porque lo que queda en frente es peor. Y cuando haya que señalar el error se hace con tacto.
Y remato y abro paraguas: La romanidad de Musssolini fue el Katejon de su tiempo.
el error es considerar que el katejon es un obstáculo para la llegada del anticristo, cuando la interpretación más lógica (como sostenía monseñor padovani) es que lo que dilata la venida de Cristo (ese es el katejon) sea la apostasía y el propio anticristo, que no es una persona física.
La apostasía y el Anticristo (que será un hombre personal y un cuerpo social, no una cosa u otra, sino ambas), no dilatan la Parusía. Al contrario.
El comunismo y el fascismo son dos ramas, izquierda y derecha, del hegelianismo. Citemos dos textos fundamentales del fascismo:
Carta del Lavoro (1927)
«La Nazione italiana è un organismo avente fini, vita e mezzi di azione superiori per potenza e durata a quelli degli individui divisi o raggruppati che la compongono.»
Sed contra, tras la Parusía, Resurrección Universal y Juicio Final la humanidad no estará dividida en naciones sino entre salvados y condenados, los unos en la Nueva Jerusalén y los otros en el lago de fuego. Por lo tanto ninguna nación tiene fines y vida superiores por duración a aquellos de los individuos que la componen.
Mussolini, «La dottrina del fascismo» (1932)
VII: «Antiindividualistica, la concezione fascista è per lo Stato; ed è per l’individuo in quanto esso coincide con lo Stato, coscienza e volontà universale dell’uomo nella sua esistenza storica.»
XII: «Lo Stato fascista, forma più alta e potente della personalità, è forza, ma spirituale. La quale riassume tutte le forme della vita morale e intellettuale dell’uomo. Non si può quindi limitare a semplici funzioni di ordine e tutela, come voleva il liberalismo. Non è un semplice meccanismo che limiti la sfera delle presunte libertà individuali. È forma e norma interiore, e disciplina di tutta la persona; penetra la volontà come l’intelligenza. Il suo principio, ispirazione centrale dell’umana personalità vivente nella comunità civile, scende nel profondo e si annida nel cuore dell’uomo d’azione come del pensatore, dell’artista come dello scienziato: anima dell’anima.»
Evidentemente el Estado fascista pretende usurpar el rol de Dios en la vida de las personas, en particular del Verbo y del Espíritu Santo. Entendiendo el «Santuario (naon) de Dios» de 2 Tes 2,4 como refiriendose al alma humana (y no a un futuro Tercer Templo en Jerusalén), el Estado fascista pretende «sentarse él mismo en el Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.» (2 Tes 2,4). Por lo que no era un katejón sino un anticristo.
Me da la impresión de que usted asegura que el fascismo es de derechas…
Es de izquierdas.
Su diferencia con otros partidos de izquierda (comunismo, socialismo, anarquismo…) es que el fascismo es una ideología nacionalista (ej este caso, italiana) y comunismo, socialismo y anarquismo son ideologías internacionalistas («¡Proletarios del mundo, uníos!»)
De hecho es notorio que Mussolini fue durante muchos años un militante socialista y editor del periódico socialista «Avanti!». Y que fue echado del Partido Socialista porque apoyó que Italia entrase en guerra durante la Primera Guerra Mundial, en contra de la dirección del partido, que era pacifista (porque era una guerra «burguesa», contra los intereses de los proletarios)
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