El P. Guilherme y la fe de los obispos

Hace algunos días se presentó en Buenos Aires, organizado por el arzobispado, un espectáculo de música electrónica y religión —así fue presentado— que llenó la Plaza de Mayo y calles adyacentes. Más de cien mil personas se reunieron para escuchar y bailar (y aspirar) al ritmo de la música que era “pasada” por el P. Gilherme Pixoto, un sacerdote portugués que oficia de D.J. con ese tipo de música a la que mixea con frases de la Escritura y del Papa Francisco. “Éramos pocos, y parió la Chancha”…: el arzobispado de Mendoza anunció que el espectáculo se repetirá en esas tierras cuyanas en ocasión de su fiesta patronal de Nuestra Señora del Rosario en el mes de octubre. 

No vamos a decir aquí lo obvio y lo que muchos se han encargado ya de decir. Y esos muchos no son viejos carcas o tradicionalistas sino jóvenes católicos con sentido común católico, que sufren y se desconciertan por la situación. Algunos de ellos han comenzado un blog, que recomiendo visitar, elevando peticiones a los obispos argentinos para que detengan este disparate. Pero más allá del caletre de los obispos argentinos, sobre lo cual hemos hablando abundantemente en este blog, vale la pena de hacer el ejercicio de pensar el motivo que los lleva a organizar espectáculos tan claramente opuestos al espíritu del Evangelio.

En primer lugar, no podemos dudar sin elementos concretos de su buena intención. Ellos organizan estos espectáculos a fin de apacentar su rebaño, de acercar a las almas a Cristo y a su Iglesia. Esa es la función que se les ha encomendado. Pero aquí surge entonces otra cuestión: ¿qué entienden ellos por cristianismo, por ser católicos, por evangelizar? Porque no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que la música electrónica es en sí misma incompatible con una actitud evangelizadora pues arrastra una carga semántica que distrae del mensaje sagrado. Mientras que la evangelización cristiana busca una respuesta consciente y libre de la persona ante un mensaje, el ritmo electrónico puede inducir estados de “trance” o pérdida de la conciencia individual, estados que, en esos entornos, suelen verse peligrosamente potenciados por el consumo de sustancias, por lo que acertadamente, algunos consideran que esto se acerca más a un ritual pagano o dionisiaco que a la sobriedad racional de la fe. La música electrónica es animalidad pura; sólo carne, tacto, ritmo. 

Ellos podrán aducir que el P. Gilherme incluye textos de la Biblia y del Papa Francisco, por lo que la objeción de que sin un mensaje explícito y articulado, la música se queda en una experiencia puramente sensorial o emocional, vaciada del contenido doctrinal necesario para evangelizar. Sin embargo, aunque incluyeran frases de San León Magno y de Santa María Goretti, el problema seguiría siendo el mismo: el medio no es apto para transmitir el mensaje cristiano.

A mi me cuesta creer que los obispos estén efectivamente convencidos de que quienes asisten a estos recitales, o que al menos algunos de ellos, se acercarán más a Cristo. Y pregunto, entonces, ¿qué es para ellos el cristianismo? No pretendo responder con frases hechas ni con recurso a pastores de siglos pasados vistos como ‘superados’. Respondamos como lo hicieron los Santos Padres, aquellos que recibieron la doctrina prístina de labios de los apóstoles, pastores de la iglesia primitiva a la que nuestros obispos desean acercarse. Para San Agustín, el cristianismo consiste en la pertenencia a la civitas Dei (Ciudad de Dios), definida por el amor a Dios hasta el desprecio de uno mismo, en clara oposición a la ciudad terrena, movida por el amor propio. El cristianismo es vivir bajo la tensión del ‘ya pero todavía no’; es el encuentro con la Sabiduría Encarnada del que brota una transformación radical del corazón. 

Si no queremos ser tan latinos, miremos a San Juan Crisóstomo. Él explica que el cristianismo es la manifestación de la “filantropía” de Dios. Por eso, es una terapéutica espiritual. La Iglesia es un hospital donde el hombre, herido por el pecado, es sanado por Cristo para recuperar la imagen de Dios. Y esa imagen se recupera por la inserción de los fieles en el Cuerpo Místico de Cristo a través de los sacramentos.

Insisto, nuestros obispos serán lo que serán, pero me cuesta aceptar que crean de buena fe que un recital de música electrónica puede provocar la pertenencia a la civitas Dei o el retorno a la vida sacramental de la que nos hablan los Padres. No, decididamente no. Ese tipo de espectáculos podrá producir en algunos, en el mejor de los casos, algún tipo de movimiento sensible que, como todas las emociones, durará lo que dure el transe electrónico. De allí no va a surgir la conversión del corazón porque no es el ámbito propicio para esa metamorfosis. Y lo que digo es una cuestión básica, elemental, que cualquier persona con un mínimo de experiencia pastoral o humana sabe. ¿Cómo es que no lo saben los obispos? Y si lo saben, ¿por qué lo hacen?

La respuesta más fácil sería decir que el motivo es porque tienen otra fe; porque han abandonado ya la fe católica y porque en esa nueva fe que profesan, las cosas son así: el “todos, todos, todos” de Francisco es el amuchamiento de la multitud sin conversión del corazón, sin ingreso a la civitas Dei, sin desprecio de sí mismo y de las cosas de este mundo. Pero, una vez más, resulta difícil y grave adjudicar a los obispos el abandono de la fe de los apóstoles y el liderazgo de una nueva religión hecha a la medida del mundo.

La otra respuesta que se me ocurre es que, como cualquier CEO regional, están presionados por mostrar al CEO global resultados concretos, y consideran que reunir cien mil personas para escuchar música y que, ocasionalmente, se digan frases cristianas, es un buen resultado.

Y encuentro una última respuesta que, aún cuando sea la más patética, creo que es la que más se acerca a la realidad. Los obispos saben que han perdido, y por una cuestión puramente biológica, la iglesia nacida del zonda del “espíritu del Concilio” morirá con ellos. Es cuestión de abrir los ojos y ver la realidad. El estudio The Catholic Project, de la University of America,  realizado a partir de las entrevistas de Gallup, señala que en Estados Unidos, el 84-85% de los sacerdotes jóvenes ordenados después de 2020 se describen a sí mismos como teológicamente conservadores o muy ortodoxos. Y menos del 2% se identifican como progresistas o “muy progresistas”. Y aunque el estudio se centra en clérigos ya ordenados, los datos de los últimos años muestran que la tendencia es incluso más marcada en los seminarios actuales, donde la identificación con la doctrina tradicional es casi unánime. Se trata de una tendencia irreversible, que se acentuará en este pontificado, que se extiende a Europa y ciertamente será clarísima también en Iberoamérica en los próximos años. 

Los obispos han sido derrotados y lo saben. Y entonces, como esos viejos verdes que han perdido ya casi toda su vitalidad, y la totalidad de su virilidad, se reúnen en las plazas a mirar señoritas y decirles obscenidades para recordar épocas pasadas reales o soñadas, así los obispos se deleitan en mirar masas de jóvenes reunidas a costa de música electrónica con grageas de mensaje cristiano, suspirando por lo que pudo ser y definitivamente no fue. 

Lo peor de todo es que así como las señoritas piropeadas por los ancianos se ríen de ellos y de sus aspiraciones absurdas, así también los jóvenes asistentes a esas fiestas desprecian a los obispos, al P. Gilherme y a toda su compañía, y se burlan de la ilusión frustrada desde el inicio de pretender que el cristianismo se resuelve con un recital de música electrónica. 

2 comentarios en “El P. Guilherme y la fe de los obispos

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Dios perdona el pecado pero nunca el mal gusto.

    Lo peor de todo esto no es ya que de lugar a un ambiente de pecado, sino que da VERGÜENZA AJENA. El mundo y la mayoría de gente se ríe cuando ve estos patéticos esfuerzos de «molar».

    Me gustaría insertar la imagen del Sr. Burns disfrazado de Jimbo, queriendo pasar por un alumno de la escuela. Es lo mismo. La diferencia es que este hombre se parece más a Smithers que a Burns… Ya me entienden

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Totalmente de acuerdo con el artículo.
    Además, ¿qué hace un sacerdote organizando conciertos?… planteo el debate: ¿deben dedicarse los sacerdotes a oficios seculares? ¿No faltan sacerdotes, decimos? Entonces, ¿no deberían dedicarse los sacerdotes a tareas sacerdotales y no a otras cosas, sean remuneradas o no?

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