El P. Guilherme y la fe de los obispos

Hace algunos días se presentó en Buenos Aires, organizado por el arzobispado, un espectáculo de música electrónica y religión —así fue presentado— que llenó la Plaza de Mayo y calles adyacentes. Más de cien mil personas se reunieron para escuchar y bailar (y aspirar) al ritmo de la música que era “pasada” por el P. Gilherme Pixoto, un sacerdote portugués que oficia de D.J. con ese tipo de música a la que mixea con frases de la Escritura y del Papa Francisco. “Éramos pocos, y parió la Chancha”…: el arzobispado de Mendoza anunció que el espectáculo se repetirá en esas tierras cuyanas en ocasión de su fiesta patronal de Nuestra Señora del Rosario en el mes de octubre. 

No vamos a decir aquí lo obvio y lo que muchos se han encargado ya de decir. Y esos muchos no son viejos carcas o tradicionalistas sino jóvenes católicos con sentido común católico, que sufren y se desconciertan por la situación. Algunos de ellos han comenzado un blog, que recomiendo visitar, elevando peticiones a los obispos argentinos para que detengan este disparate. Pero más allá del caletre de los obispos argentinos, sobre lo cual hemos hablando abundantemente en este blog, vale la pena de hacer el ejercicio de pensar el motivo que los lleva a organizar espectáculos tan claramente opuestos al espíritu del Evangelio.

En primer lugar, no podemos dudar sin elementos concretos de su buena intención. Ellos organizan estos espectáculos a fin de apacentar su rebaño, de acercar a las almas a Cristo y a su Iglesia. Esa es la función que se les ha encomendado. Pero aquí surge entonces otra cuestión: ¿qué entienden ellos por cristianismo, por ser católicos, por evangelizar? Porque no hay que ser muy perspicaz para darse cuenta que la música electrónica es en sí misma incompatible con una actitud evangelizadora pues arrastra una carga semántica que distrae del mensaje sagrado. Mientras que la evangelización cristiana busca una respuesta consciente y libre de la persona ante un mensaje, el ritmo electrónico puede inducir estados de “trance” o pérdida de la conciencia individual, estados que, en esos entornos, suelen verse peligrosamente potenciados por el consumo de sustancias, por lo que acertadamente, algunos consideran que esto se acerca más a un ritual pagano o dionisiaco que a la sobriedad racional de la fe. La música electrónica es animalidad pura; sólo carne, tacto, ritmo. 

Ellos podrán aducir que el P. Gilherme incluye textos de la Biblia y del Papa Francisco, por lo que la objeción de que sin un mensaje explícito y articulado, la música se queda en una experiencia puramente sensorial o emocional, vaciada del contenido doctrinal necesario para evangelizar. Sin embargo, aunque incluyeran frases de San León Magno y de Santa María Goretti, el problema seguiría siendo el mismo: el medio no es apto para transmitir el mensaje cristiano.

A mi me cuesta creer que los obispos estén efectivamente convencidos de que quienes asisten a estos recitales, o que al menos algunos de ellos, se acercarán más a Cristo. Y pregunto, entonces, ¿qué es para ellos el cristianismo? No pretendo responder con frases hechas ni con recurso a pastores de siglos pasados vistos como ‘superados’. Respondamos como lo hicieron los Santos Padres, aquellos que recibieron la doctrina prístina de labios de los apóstoles, pastores de la iglesia primitiva a la que nuestros obispos desean acercarse. Para San Agustín, el cristianismo consiste en la pertenencia a la civitas Dei (Ciudad de Dios), definida por el amor a Dios hasta el desprecio de uno mismo, en clara oposición a la ciudad terrena, movida por el amor propio. El cristianismo es vivir bajo la tensión del ‘ya pero todavía no’; es el encuentro con la Sabiduría Encarnada del que brota una transformación radical del corazón. 

Si no queremos ser tan latinos, miremos a San Juan Crisóstomo. Él explica que el cristianismo es la manifestación de la “filantropía” de Dios. Por eso, es una terapéutica espiritual. La Iglesia es un hospital donde el hombre, herido por el pecado, es sanado por Cristo para recuperar la imagen de Dios. Y esa imagen se recupera por la inserción de los fieles en el Cuerpo Místico de Cristo a través de los sacramentos.

Insisto, nuestros obispos serán lo que serán, pero me cuesta aceptar que crean de buena fe que un recital de música electrónica puede provocar la pertenencia a la civitas Dei o el retorno a la vida sacramental de la que nos hablan los Padres. No, decididamente no. Ese tipo de espectáculos podrá producir en algunos, en el mejor de los casos, algún tipo de movimiento sensible que, como todas las emociones, durará lo que dure el transe electrónico. De allí no va a surgir la conversión del corazón porque no es el ámbito propicio para esa metamorfosis. Y lo que digo es una cuestión básica, elemental, que cualquier persona con un mínimo de experiencia pastoral o humana sabe. ¿Cómo es que no lo saben los obispos? Y si lo saben, ¿por qué lo hacen?

La respuesta más fácil sería decir que el motivo es porque tienen otra fe; porque han abandonado ya la fe católica y porque en esa nueva fe que profesan, las cosas son así: el “todos, todos, todos” de Francisco es el amuchamiento de la multitud sin conversión del corazón, sin ingreso a la civitas Dei, sin desprecio de sí mismo y de las cosas de este mundo. Pero, una vez más, resulta difícil y grave adjudicar a los obispos el abandono de la fe de los apóstoles y el liderazgo de una nueva religión hecha a la medida del mundo.

La otra respuesta que se me ocurre es que, como cualquier CEO regional, están presionados por mostrar al CEO global resultados concretos, y consideran que reunir cien mil personas para escuchar música y que, ocasionalmente, se digan frases cristianas, es un buen resultado.

Y encuentro una última respuesta que, aún cuando sea la más patética, creo que es la que más se acerca a la realidad. Los obispos saben que han perdido, y por una cuestión puramente biológica, la iglesia nacida del zonda del “espíritu del Concilio” morirá con ellos. Es cuestión de abrir los ojos y ver la realidad. El estudio The Catholic Project, de la University of America,  realizado a partir de las entrevistas de Gallup, señala que en Estados Unidos, el 84-85% de los sacerdotes jóvenes ordenados después de 2020 se describen a sí mismos como teológicamente conservadores o muy ortodoxos. Y menos del 2% se identifican como progresistas o “muy progresistas”. Y aunque el estudio se centra en clérigos ya ordenados, los datos de los últimos años muestran que la tendencia es incluso más marcada en los seminarios actuales, donde la identificación con la doctrina tradicional es casi unánime. Se trata de una tendencia irreversible, que se acentuará en este pontificado, que se extiende a Europa y ciertamente será clarísima también en Iberoamérica en los próximos años. 

Los obispos han sido derrotados y lo saben. Y entonces, como esos viejos verdes que han perdido ya casi toda su vitalidad, y la totalidad de su virilidad, se reúnen en las plazas a mirar señoritas y decirles obscenidades para recordar épocas pasadas reales o soñadas, así los obispos se deleitan en mirar masas de jóvenes reunidas a costa de música electrónica con grageas de mensaje cristiano, suspirando por lo que pudo ser y definitivamente no fue. 

Lo peor de todo es que así como las señoritas piropeadas por los ancianos se ríen de ellos y de sus aspiraciones absurdas, así también los jóvenes asistentes a esas fiestas desprecian a los obispos, al P. Gilherme y a toda su compañía, y se burlan de la ilusión frustrada desde el inicio de pretender que el cristianismo se resuelve con un recital de música electrónica. 

36 comentarios en “El P. Guilherme y la fe de los obispos

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Payasada total. Y un día estuvo en una radio transmisión por streaming en la que auspiciaba una firma que presentaba artículos de pornografía y no dijo nada al respecto, más bien se lo tomó a la risa y se quedo en la transmisión. Un sinvergüenza este Señor. Y si no me creen, busquen bien porque ese vídeo está en Youtube.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    «Jóvenes católicos argentinos» no existe en Google. Firmada por alguien imposible de ser verificado y difundida por una cuenta anónima de X creada el día del concierto y que se remite a un blog anónimo creado el mismo día. La nada misma.

    Pero enfoquémonos en el contenido.

    Si Miserando llevaba a los manseros, la crítica iba a ser que por qué no se cantó el Regina Coeli a las 18 hs. Y por qué, en rigor, no habían un coro polifónico sacro o una schola de canto llano, en vez de tener que escuchar música folklórica profana.

    Si la música estaba perfecta, pero entonces por qué no hablás de [inserte temario].

    Si el temario hubiera sido abordado por García Cuerva, entonces por qué el homenaje al Papa Francisco que [lapidaria crítica magisterial y pastoral].

    Si se hacía una crítica al magisterio y la pastoral de Francisco, que por qué no se gastó la plata de Miserando y de GCBA en la restauración de los dorados de las descascaradas iglesias de Buenos Aires.

    En definitiva una expresión de rechazo a cuestiones o situaciones de la Iglesia que muchos compartimos pero que nada tenían que ver ni con la música techno ni con el homenaje a Francisco, ni con el cura DJ. En fin, el que la vio, la vio.

    Lo único que espero es que la gente que no sólo no fue sino que criticó, haya estado rezando por la gente que fue, como hicimos algunos que estuvimos. Porque nada hecho en nombre de Cristo cae en saco roto.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    La otra opción que se ve por afuera en toda la gestion «pastoral» y «formación seminarística» mostrada por estos obispos mediocres: HAN PERDIDO LA FE, … LA FE AUTÉNTICA EN EL JESUCRISTO AUTÉNTICO, CAMINO, VERDAD Y VIDA. Es aterrador pensar y constatar que es el espíritu que se vive dentro de los seminarios y las parroquias nacionales…. Lamentable… Otra fe, otra Iglesia, … otro «pastor» cpn tufo a azufre…..

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    cari…esiste un progetto musicale tutto cattolico per la Chiesa Cattolica fatto da un diacono uxorato. Si chiama Rock in Ecclesia, un album con le melodie della liturgia rifatte in chiave pop rock soft. Ho visto il concerto del diacono e non fa altro che lodare Dio e la Chiesa.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    En lugar de emprender un estudio sociológico para enfrentar la pérdida de fieles y atraer a los jóvenes los obispos argentinos deberían leer la carta que cita W. y ponerla en práctica inmeditamente. En dos años las iglesias estarían llenas y los buenos seminarios sin vacantes.

    Hace cuánto que no escuchamos sermones sobre las Postrimerías, la moral sexual, la Confesión, las condiciones para acceder a la comunión, el sano ecumenismo, el recto diálogo interreligioso, etc.

    Tienen todos esos tesoros y muchos más y se los guardan escandalosamente,… quizás por falta de fe, por respeto humano, para no ser escarchados como fachos, por ir con la corriente,… pero deberán rendir cuentas (como todos).

    Mucho me temo que muchos de estos obispos progres o mediocres habrán leído la carta por arriba y habrán pensado: otros ultraderechistas molestado.

    Dios nos ampare de los malos pastores y que se conviertan.

    Pablo Casaubon

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    No hay motivo objetivo para afirmar que la música electrónica per se es mala para el alma. La música electrónica utiliza sonidos digitales y los mezcla con un acompañamiento rítmico. Ese acompañamiento rítmico emula condiciones acústicas de la naturaleza. En todo ello no hay nada que permita despreciar de suyo ese estilo de música. Si incita emociones agudas, lo mismo hacen ciertas actividades deportivas, por ejemplo.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Estoy de acuerdo con usted. De hecho el mayoría de gente aquí ignora que existe el techno chill out que puede hacer un muy buen hilo musical en tu casa relajado para leer. Pero lo importante es si es bueno el techno de maquinote fiesta mezclado con la religión. Pues es evidente que no

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Hay motivos objetivos para cuestionar el impacto de este tipo de música. Por ejemplo, el Rock es una evolución directa del Rhythm and Blues, cimentado en rítmicas africanas. En aquellas culturas, el ritmo poseía una función utilitaria: coordinar y hacer llevaderas las tareas colectivas, como el molido de la cosecha que realizaban las mujeres al son de los tambores masculinos (existe material en video que lo registra).

      La base rítmica moderna en diversos géneros modernos busca generar patrones hipnóticos que, en cierta medida, «desconectan» la corteza prefrontal para ceder el mando a la amígdala. No es casual que los dueños de boliches pongan la música repetitiva muy fuerte; el objetivo es anular la reflexión y favorecer la vulnerabilidad emocional de los asistentes, lo que deriva, en principio, en un mayor consumo de alcohol. Esta corriente tiene una raíz clara en la psicodelia de los años 60, diseñada para exacerbar efectos sinestésicos de sustancias como el LSD («ver los sonidos»). El ejemplo clásico es Lucy in the Sky with Diamonds, cuyo título ha sido largamente interpretado como una alusión al LSD. La música electrónica no es más que una evolución técnica de esa búsqueda de alteración sensorial.

      Antiguamente, el Canto Gregoriano fue el aporte de los monjes medievales para disponer de una música que lleve a la contemplación. Los motetes siguieron esa línea, ya con técnicas más modernas, pero evitando cualquier elemento de excitación motriz. En la armonía de estas obras se rehuía del tritono (cuarta aumentada, do-fa#), cuya inestabilidad se consideraba perturbadora para el espíritu en aquel entonces (desde hace siglos que este resurso está normalizado en la música tonal). La música sacra se fue adaptando a los siglos y actualmente, creyentes, ateos y agnósticos asisten masivamente a una representación de un hito de este género como es el Requiem de Verdi, por citar sólo un ejemplo La «idea fuerza»de la música religiosa fue siempre alabar al Creador; por ello se la considera la cima de la escritura musical.

      El punto de divergencia definitivo entre la música popular y la «culta» fue la introducción de la batería a principios del siglo XX. Hoy, cualquier género popular es inconcebible sin una base rítmica de bajo y batería, lo que sentó las bases de nuestra percepción sensorial actual. Pero la pregunta de fondo es: ¿favorecen estos eventos el acercamiento de la juventud a la Iglesia? ¿Favorecen las conversiones? Los evangelistas llevan años utilizando la música como elemento motivador y, si la Iglesia busca competir en ese terreno, no deja de ser una reacción superficial al problema de base. Como decía la reciente carta de los jóvenes: ellos piden más Evangelio y más contemplación, no que la Iglesia ponga el volumen más alto.

      En los momentos en que se desarrollaba el evento en Plaza de Mayo, por casualidad acerté a transitar por la zona del Obelisco, que estaba repleta de jóvenes. Viniendo en el subte ya se veía algún therion. Ya en la calle, costaba caminar: selfies, muchachos ataviados con vestimentas femeninas… Y esto no es irónico, ruego sinceramente que estas personas se acerquen a Cristo.

      El sábado pasado visité la Catedral Metropolitana; lucía una profusa gráfica dedicada al Papa Francisco y estaba llena de turistas. Sin embargo, a diferencia del año pasado más o menos para estas fechas, esta vez no había confesiones en sábado (lo que pude recabar es que los sacerdotes estaban de vacaciones). Entonces, si uno busca un sacramento no es sencillo, pero es más fácil visitar un templo en plan turista. Se necesitan más vocaciones y trabajadores para la Viña del Señor, para que haya más curas confesando y que las iglesias permanezcan más tiempo abiertas. Porque si alguien trabaja todo el día y siente la necesidad de acercarse a la Casa del Señor después de las 20:00, lo más probable es que encuentre el templo cerrado.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Creo que una sección de «comentarios» no es el lugar para una monografía. Tampoco para catarsis. Lo bueno si breve, dos veces bueno. Digo…

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado, gracias por su respuesta a mi comentario. Le he leído con atención. No niego que el ritmo (que sea percusivo o no me parece que es indiferente) crea condiciones neurológicas, pero lo hace cualquier manifestación musical, incluso las piezas simplemente melódicas, como las nanas a los niños. Ningún estilo musical está exento de la acusación de reducir la concentración racional. De hecho, el Gregoriano también lo hace, y con frecuencia provoca efectos sedantes y antiinflamatorios. Pero no me parece leer en sus argumentos ninguna evidencia clara contra la oportunidad en toda ocasión de música electrónica en un evento religioso o evangelizador.

      3. Avatar de Desconocido Anónimo

        ​Estimado anónimo de las 10:39: le agradezco su devolución y paso a ampliar algunos conceptos.

        El uso de géneros populares en la Liturgia no se reduce a alguna melodía de Bob Dylan en el ofertorio; es una cuestión mucho más antigua. Durante el Renacimiento surgió el género polifónico del Cantus Firmus. Los compositores, al principio, utilizaban temas populares en la Misa, como ocurrió en Francia con la canción L’homme armé. Luego surgieron las Misas de Parodia, que tomaban secciones enteras de un madrigal o una chanson profanos. Esta costumbre generó fuertes tensiones con las autoridades eclesiásticas. Durante el Concilio de Trento, la Iglesia criticó el uso de melodías profanas en el templo, argumentando que los fieles a menudo reconocían la tonada popular y se distraían de la oración. Esto llevó a un retorno hacia estilos más sobrios y a la creación de misas con temas originales (misa sine nomine).

        De los comentarios se desglosan dos ideas principales: ¿Es conveniente utilizar la música electrónica en un evento de carácter espiritual? ¿Ciertos géneros populares son inocuos emocionalmente para el oyente? La primera cuestión ya fue respondida en el artículo, por lo que me concentraré en la segunda.

        ​La música electrónica suele ir de la mano de las sustancias de diseño. Hay innumerables géneros electrónicos, pero la expectativa de los oyentes es que la música «pegue». Por eso los grooves de bajo potentes que impactan literalmente sobre el pecho (el sonido, al fin y al cabo, es una variación periódica de la presión de aire). De ahí el vodka con Speed, y de ahí hacia sustancias cada vez más potentes. ​El ritmo repetitivo exacerba la producción de dopamina, que activa el sistema de recompensa de nuestro organismo para regular la conducta. El problema es que, tras un pico muy grande, los receptores del cerebro se vuelven refractarios y ahí comienza la adicción y la dependencia. Este mecanismo es el mismo que el del alcohol, el tabaco o el consumo compulsivo de Tik-Tok.

        En cambio, hay otras músicas que generan otros neurotransmisores como endorfinas y serotonina y esas son las deseables para el acompañamiento de una práctica religiosa. Y el tipo de música puede pasar a un segundo plano; cito un solo ejemplo: en 2019, en Luján, había un grupo que cantaba en la Liturgia en estilo popular, dos chicas y un muchacho que se acompañaban con guitarra; eran tan armónicos y afinados que elevaban el alma.

        ​Para cerrar la idea: la música nunca es neutra. Algunos ejemplos entre muchos. El folclore argentino tiene un gran componente de música africana. El gran etnomusicólogo Carlos Vega se encargó de invisibilizar sistemáticamente esos elementos para ponderar el folclore basado en el estilo melódico europeo. Hoy en día, esa tendencia se ha revertido. En nuestras peñas se hacen los «rezabailes» para pedir favores (la chacarera —base polirrítmica de herencia africana— La Telesita es un ejemplo claro). Los ritmos africanos tienen un carácter utilitario pero, en mayor medida, espiritual. Otro género, como el Reggae, desde Bob Marley, sirvió como vehículo para difundir la cultura Rastafari y su visión religiosa. Los ragas hindúes son ritmos utilizados a modo de rezo.

        Cada uno elige escuchar la música que desee, pero eso no quita que ellas tengan un trasfondo espiritual, la mayoría de las veces, desconocido.

      4. Avatar de impossiblyperfection1fb5b41f46 impossiblyperfection1fb5b41f46

        Por razones casi meramente geográficas, desde hace unos 35 años, con frecuencia paso por la Catedral porteña, a rezar un momento, o alguna vez a confesarme. Siempre hubo horarios de confesiones desde las 14.30 hasta las 17.30 (Hay una Misa a las 17.30), y muchas veces con 2, e incluso 3 confesionarios con cura. Desde la cuareterna no existe más.
        La última vez que vi un confesionario con sacerdote, el pobre hombre tenía una cara y aspecto físico completamente deprimidos, y con ropa muy común, que daban mucha pena.
        Varios años que ya casi ni se confiesa allí.
        Y por supuesto, la Capilla del Santísimo bloqueada, y complicado el acceso a rezar allí, con «Sacristanas» y «cuidadores» que velan porque nadie se acerque a la Sacristía para pedir confesor, y tratando al fiel como un perro sarnoso que los molesta en sus «oficios» cuyo contenido ignoran completamente.

    3. Avatar de impossiblyperfection1fb5b41f46 impossiblyperfection1fb5b41f46

      ¿ Cuántas horas por encima de las 4/5 mínimas ha estado usted sometido a esa música techno en el mismo lugar y con poco movimiento, aunque se el baile típico?
      Uno escucha 4/5 minutos y le resulta un plomo, pero no recibe una agresión a los nervios.
      Pero cambiando radicalmente el ejemplo, y yendo al argumento central de Wanderer de la «inidoneidad» del medio (música techno) para mezclar una palomita que se supone simboliza al Espíritu Santo, o alguna palabras del malhadado Bergoglio;
      ¿ Cuántas horas podría estar usted escuchando malambos, o chacareras SIN PARAR?

      No hace falta ser un profundo estudioso de la psicología y la psiquis para saber que esa música «pasada» (neologismo para diferenciar a los DJ de los músicos que ejecutan) durante 5/6/7 horas es una máquina de destruir los nervios.
      Claro, eso lleva -en la media de las fiestas techno- al consumo de drogas sintéticas y a la pérdida de una consciencia completa, aún sin ningún consumo de nada.
      Eso con volúmenes que sobrepasan largamente los 110 decibeles, cuando lo máximo permitido por las leyes laborales, con protección auditiva, es de 82 decibeles. No es casual que está lleno de adultos con hipoacusia, algunas severas, por exposición durante años a los niveles sonoros de los «boliches». ¿Desconoce este último fenómeno?

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    Entre el aborto y todas las leyes de degeneración que supimos conseguir, mas que fiestitas de DJs, Argentina necesita un Exorcismo Magno.

    Necesitamos que los obispos terminen de dormir la siesta.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    Quizás el motivo tenga que ver con su propia pobreza espiritual, que los hace estar convencidos de que no hay nada en la Iglesia que pueda resultar atractivo al hombre. Su chatura les hace creer que lo que la Iglesia ofrece ya no le interesa a nadie, y que la única forma de conseguir gente es disfrazándola de mundo.

    Ni ellos ni la mayoría de su generación cree lo que escuché de boca de Juan Pablo II en el estadio de Velez y que siempre tengo presente: «El mundo de hoy, a pesar de las apariencias, sigue teniendo hambre de Dios»

  9. Avatar de donutdope35b78100a0 donutdope35b78100a0

    Una persona en sus 50, me dice a los jóvenes «les gusta»; y ese es el problema no el «to be or not to be», sino el «me gusta o no me gusta». La «carta de los jóvenes católicos » es un mentis al «todo huele a podrido en Dinamarca» «Non in commotione Dominus” ( 1 Rs. 19, 11 ). Dios no se encuentra en la agitación.

  10. Avatar de Desconocido Anónimo

    Es una mezcla de las tres:

    • tienen otra fe (aunque ellos no se hayan dado cuenta);
    • quieren mostrar resultados al CEO (yo diría, a ellos mismos: se quieren convencer de que todavía son relevantes);
    • y saben que han perdido (es decir, se han rendido ante el mundo, reconociendo que la Iglesia se equivocó y que el mundo siempre tuvo razón. Como Hakuna y el Padre Manglano: «vivimos arrodillados ante Cristo y ante el mundo»).
  11. Avatar de Desconocido Anónimo

    …»la música se queda en una experiencia puramente sensorial o emocional, vaciada del contenido doctrinal necesario para evangelizar»…

    Totalmente.

    Pero recuerde que la mayor parte de las cosas buenas de esta vida se gozan desde la experiencia puramente sensorial o emocional. Y eso, y no la razón, es lo que realmente mueve los corazones, lo que da a la vida su color.

    Por tanto, como también ha sido práctica corriente en el catolicismo, hay toda una teología racional que equilibra con la razón lo que de otro modo sería sentimiento (no podemos vivir con el sentimiento, porque no tendríamos objetivos ni estabilidad ni podríamos aprovecharnos de la experiencia -y el hombre es siempre y ante todo cultura- )

    Es decir que, tiene que haber un equilibrio entre razón y sentimiento, porque cada uno por su cuenta no funcionan. Lo que sucede es que no puede ser igual el de un profesional (un sacerdote ) cuya función es guiar a la comunidad católica, que el de una católico sin estudios, cuyo interés está más bien en su relación personal con Dios y en la práctica diaria católica.

    Mi experiencia de haber acudido a uno de estos cultos protestantes es muy negativa; no solo porque la música alta y desagradable me impide concentrarme: es que la repetición de eslóganes, bíblicos o no, me hizo ver el peligro:

    Si estamos acostumbrados a obedecer eslóganes, ahora podrán ser estos, pero mañana bien pueden ser otros, como los de los nazis.

    Esto me recuerda también al comunismo.

    Normalmente la gente olvida que el comunismo es un sistema altamente racional. Tiene también su parte emocional.

    Todavía peor: se basa en justificar para obtener el poder lo que cualquier sociedad humana que en el mundo ha habido ha condenado porque amenaza la convivencia y la cohesión social, necesarios para que cualquier sociedad pueda funcionar: el odio, la envidia, la codicia de bienes ajenos, la mediocridad…y es eso mismo lo que le garantiza que nunca desaparezca.

    Pues bien, también el catolicismo, que se basa en unos comportamientos («experiencia») y en una teología («razón»), favorece también todo aquello que cualquier sociedad humana que en el mundo ha habido promueve para favorecer la convivencia y la cohesión social, necesarios para que el hombre florezca: -el perdón, el amor al prójimo, la responsabilidad individual…- Y esto es lo que garantiza que nunca desaparezca.

    Volviendo a esta música, como ayuda, sí. Sola, no. Y nunca con citas de Bergoglio.

  12. Avatar de Desconocido Anónimo

    A mi no me gusta nada, pero yo no sería muy crítico, siempre que se tenga en cuenta que esto es un medio -entre muchos- para un fin:

    Que ciertas generaciones de católicos, que tienen otro lenguaje, entiendan que el catolicismo forma parte de su cultura.

    Pero el catolicismo tiene ya un ritual, una teología y unas oraciones.

    Dicho esto, este tipo de conciertos ya existen en ciertas sectas protestantes, por lo que no es muy buena idea mezclar religiones, porque se corre el riesgo de que la persona se aleje de la religión verdadera y se haga de la falsa.

    Yo creo que sirve bastante bien para que los jóvenes católicos vean que son muchos y que el ser católico no es ser un bicho raro (a los jóvenes les gusta estar con otros jóvenes )

    Esto además tiene su importancia, porque de una manera o de otra, se ha extendido el dogma masónico del «laicismo» (que la religión, como pasa con los judíos, no salga de la puerta de casa); solo que lo que no se ve, «no existe» (es decir, que lo están utilizando, como en Francia, para sojuzgar a los católicos y descatolizar Francia desde el poder).

    Recuerdo en cualquier caso que el catolicismo, aunque se basa en una decisión individual, se adquiere en familia, se practica en familia y se transmite con cada nueva familia.

  13. Avatar de Pampeano Pampeano

    ¿Por qué lo hacen? a. tienen otra fe; b. mostrar resultados al CEO; c. saben que han perdido. En lo que respecta a estos pagos argentinos, descarto la tercera opción y pongo las otras dos como opciones válidas, aunque en porcentajes a discriminar, agregando que, como no se debe hacer proselitismo, no tienen la menor idea de lo que sería evangelizar, o no les interesa en tanto tenga Caritas voluntarios. No hay por acá mayoritariamente seminaristas teológicamente conservadores o muy ortodoxos, al menos en lo que conozco, que no es la totalidad, claro, solo unos pocos lugares. En EEUU el cantar parece ser otro. Nuestros obispos son en general tan vulgares, mediocres, pusilánimes, temerosos de los medios, medios pelo intelectuales, etc, que quizás piensen que juntando tantas personas en una plaza -que sólo han ido a escuchar música electrónica gratis, casualmente producida por un cura pero que da la mismo si no lo fuera- le dará mayor visibilidad a la Iglesia o algo así, lo que sería evidentemente falso. Si se ponen a regalar helados con un envoltorio que tenga mensajes de Francisco, la cola llegará hasta Tierra del Fuego y de evangelizador obviamente no tiene nada. Es la consecuencia de un clero desnortado, por todas esas causas, y quizás otras.

  14. Avatar de Desconocido Anónimo

    Ni sé nada de la música electrónica ni me interesa. Ahora bien, por razón del argumento pongámonos en la hipótesis, distinta a la de este artículo, de que no tenga de suyo nada contrario a la recta moral (suponiendo, entre otras cosas, que esa música no lleve letras perversas). Entonces me parecerá muy bien que los jóvenes católicos dediquen a esto parte de su tiempo libre como pueden dedicárselo al fútbol o a cualquier otra cosa que, estando más o menos lejos del buen gusto o de la virtud heroica, es lícita y no es caritativo criticar.

    Ahora bien, aun poniéndonos en ese supuesto, lo que aquí vemos es un clericalismo rancio que quiere engullir lo natural en lo sobrenatural (y ya se ve qué clase de idea tienen estos señores de lo sobrenatural). Aún más, busca desesperadamente hacer atractivo lo sobrenatural echándole una pátina religiosa a lo que pertenece a otro ámbito. Con esto se niega al mismo tiempo lo natural (no hay ninguna necesidad de que los sanos entretenimientos de los católicos tengan un objeto formal religioso) y lo sobrenatural (los actos de religión tienen por objeto el culto a Dios, salvación de la propia alma, etc., no la exaltación -incluso moderada y lícita- de los sentidos). Sería algo así como que los obispos empiecen a organizar partidos de fútbol en los que vamos todos disfrazados de santos y las porterías son baldaquinos. Un insulto a la religión y al fútbol, además de al sentido de la vergüenza. Por eso quiero subrayar que aquí el problema no es sólo que la música electrónica sea o deje de ser desordenada, sino que, aunque fuera el entretenimiento más inocente del mundo, los señores obispos están mezclando de mala manera lo natural y lo sobrenatural en perjuicio de ambos, porque no entienden ni lo uno ni lo otro.

    Termino con una cita de nosequé animación americana, en la que un señor decía a un «rockero cristiano»: «You’re not making Christianity better, you’re just making rock’n roll worse». Pues eso.

    Loretar

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      No desespere.

      Recuerde que también los Beatles vinieron, vencieron…y desaparecieron.

      «Sic transit gloria mundi»

      (traducción: «no somos nadie» y «quien ríe el último, ríe mejor»)

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Coincido con este comentario.

      Atraer es la consigna… Juntar gente… Justificar su mediocridad con este tipo de «eventos». En definitiva se festejan a si mismos…

  15. Avatar de Desconocido Anónimo

    Dios perdona el pecado pero nunca el mal gusto.

    Lo peor de todo esto no es ya que de lugar a un ambiente de pecado, sino que da VERGÜENZA AJENA. El mundo y la mayoría de gente se ríe cuando ve estos patéticos esfuerzos de «molar».

    Me gustaría insertar la imagen del Sr. Burns disfrazado de Jimbo, queriendo pasar por un alumno de la escuela. Es lo mismo. La diferencia es que este hombre se parece más a Smithers que a Burns… Ya me entienden

  16. Avatar de Desconocido Anónimo

    Totalmente de acuerdo con el artículo.
    Además, ¿qué hace un sacerdote organizando conciertos?… planteo el debate: ¿deben dedicarse los sacerdotes a oficios seculares? ¿No faltan sacerdotes, decimos? Entonces, ¿no deberían dedicarse los sacerdotes a tareas sacerdotales y no a otras cosas, sean remuneradas o no?

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Pienso en grandes compositores clérigos como Eslava o Perosi que trabajaron también el género profano (óperas, básicamente), pero siempre cuidando que hubiera sentido cristiano y todo fuera acorde a la moral y la doctrina católica.

      El problema es la música concreta que se ejecuta y la electrónica (que a mí me gusta bastante más de fiesta que el pachangueo o el reggaeton) no es el lugar en el que pensar ni esperar hacer presente a Dios, porque es música de fiesta, de cubatas, bailecitos y tonteo. Se puede hacer de forma sana? Si, pero difícilmente y en cualquier caso sin pretensiones de que sea nada más, porque no puede serlo. Por eso las mezclas son imposibles.

      No puedes «santificar» el perreo, por poner un ejemplo. Será malo o podrá ser bueno (lo dudo) bajo ciertas condiciones, pero desde luego no puedes sacralizarlo, lo mismo que hay elementos impuros y porosos con los que no se puede un cáliz. Pues con la música igual. Hay música que estará muy bien para lo suyo, pero no para otra cosa y si eso no lo entienden es que han perdido cualquier contacto con la realidad. Pero vamos, que esto ya viene de lejos.

      Yo he cantado Bob Dylan en el ofertorio y he escuchado Ennio Morricone en misa. Lo lamentable es que NADIE de mi edad (29) identifica a Bob Dylan ni le importa. Nunca estuvo justificado eso por lo pastoral, pero hoy menos que nunca cuando la Iglesia va 5 pasos por detrás del mundo y pretende estar a la última. No hay que andar detrás ni delante, sino por encima del mundo.

      Pero insisto,a razón de mayor peso para dejar de hacer estas cosas es la de evitar el RIDÍCULO. No hace falta hablar de lo bello que es el gregoriano (que lo es) ni nada de eso, es tan sencillo como ponerles un espejo y decir: estáis haciendo el ridículo y la gente normal, los jóvenes normales o no se descojonan de vosotros. Nadie os toma en serio, la gente se enternece al veros pensando «ay miralos, que graciososz intentando ser guays, pensando que nos vamos a olvidar de la pederastia por hacer conciertos de techno». Eso es lo que piensa la gente de estas cosas

      Cisneros

Deja un comentario