No puedo comprender todavía por qué las mujeres son tan fácilmente excomulgadas en Italia. A cada momento nos advertían: «No entre aquí…, no entre allá porque será excomulgada». ¡Pobre mujeres, cómo son despreciadas! Sin embargo, aman a Dios en número mucho mayor que los hombres, y durante la Pasión de Nuestro Señor las mujeres tuvieron más coraje que los apóstoles ya que desafiaron los insultos de los soldados y se atrevieron a enjugar el Rostro adorable de Jesús… Este es el motivo por el que Él permite que las mujeres compartan los desprecios en la tierra, pues los eligió para sí mismo».
El texto pareciera escrito por alguna de las primeras feministas católicas. No revelaré por ahora la identidad de su autora, pero resulta útil para introducir el tema sobre el que quiero hablar brevemente en este post.
Varias veces a lo largo de la historia del blog hemos hecho referencia a cierto tradicionalismo de 1950, es decir, una postura que considera como parte de la tradición de la Iglesia y, por tanto, signo necesario e indispensable de ortodoxia, prácticas o costumbres que, en realidad, provienen de hace bastante poco: algunas décadas o algunos siglos, pero que no son más que adherencias culturales. Hemos tratado ya en otras ocasiones en el blog algunos ejemplos.
La semana pasada el mundillo católico –progre y tradi– se conmocionó al enterarse del nombramiento de la nueva prefecto del Dicasterio para las Comunicaciones, Montserrat Alvarado, mujer y conservadora. A los progres les dio un soponcio, los conservadores estaban de fiesta y otros consideran un horror que una mujer ocupe un puesto en la Curia Romana. Y es aquí donde creo yo que falta el discernimiento, y el entender que hay cuestiones que son culturales y que, por tanto, responden a una época.
Yo no soy teólogo ni canonista, por lo que pido a quienes sí lo son que me corrijan si lo que digo es errado. Considero que el límite de la mujer es el Santuario, porque así lo estableció Nuestro Señor. Es decir, las mujeres no pueden recibir el sacramento del orden. Y eso implican que no pueden ejercer las funciones que le son propias, a saber, las de ser sacerdote, profeta y rey. Entonces, las mujeres, como también los varones no ordenados, no pueden celebrar los sacramentos propios del orden (eucaristía, penitencia, unción, confirmación y orden); no pueden enseñar en al ámbito litúrgico y no tienen poder de jurisdicción sobre los bautizados. Este es un principio absoluto, innegociable; ese tipo de principios que tanta alergia causa a los modernistas.
Vayamos al caso de las mujeres, y de los laicos en general, en la Curia Romana, pero veamos primero un ejemplo en las curias episcopales. En ellas, un laico -sea varón o mujer- no puede ser vicario general, porque ese cargo implica el ejercicio de la jurisdicción, pero puede ser canciller, porque este cargo no lo exige. Hagamos ahora la analogía con la Curia vaticana. Los dicasterios históricos, antes llamados «Sagradas Congregaciones», existen desde hace varios siglos. El Papa Francisco, como buen peronista, multiplicó los dicasterios y dependencias burocráticas a fin de poder ubicar en ellas a sus adeptos y serviles monigotes. Por ejemplo, hoy tenemos un dicasterio «para los laicos, la vida y la familia», otro «para el diálogo interreligioso» y hasta un dicasterio «para el desarrollo humano integral». Antes eran secretarías o dependencias menores. Y también, claro, está el dicasterio para las Comunicaciones. En estos casos, como en el de otras oficinas vaticanas, lo que debe primar para designar a su responsable, es la adhesión a la fe católica y la capacidad para ejercer el cargo, y no si posee o deja de poseer el sacramento del orden.
Debo decir que no me simpatiza para nada sor Simona Bambrilla que ejerce de prefecto del dicasterio de los religiosos, y lo hace acompañada de un pro-prefecto, el cardenal Fernández Artime, que es quien tiene el poder de jurisdicción necesario, y de ese modo se salva la situación. Pero sor Raffaella Petrini, que es la «gobernadora» del Estado vaticano no necesita jurisdicción y puede ejercer ese cargo, y creo que lo hace muy bien, mucho mejor que lo que lo harían muchos obispos. Y un caso similar es el de Montserrat Alvarado. Para presidir el dicasterio de las Comunicaciones se necesita ser católico y ser muy profesional, y ambas condiciones las posee esta mujer, y no las poseía su antecesor Paolo Ruffini, que apenas si era católico aunque era un completo inútil. Su único mérito era el de ser bergogliano empedernido. No veo entonces que puedan hacerse objeciones al nombramiento de Alvarado por el solo hecho de ser mujer.
Como decía el texto del inicio, las mujeres son injustamente despreciadas, y la experiencia nos dice que muchas funciones asociadas al varón, las han cumplido ellas mucho mejor que ellos. Recordemos, si no, a Isabel de Castilla o a Leonor de Aquitania. O a la gran Santa Teresa de Jesús, que enseñó -con sus libros- y ejerció el poder sobre sus monjas -pero no de jurisdicción-. Y viene al caso mencionar a la monja de Ávila, porque la autora del texto que abre este artículo es Santa Teresita de Liseaux, doctora de la Iglesia, y alejada de toda sospecha de herejía, feminismo y modernismo. Lo dice en su Historia de un alma, en la página 168 de la edición francesa de Cerf.

Podría decirse que es soltera…
MONTSE REVELÓ en una entrevista del 10 de marzo de 2025 que su proceso de anulación duró unos dos años y fue «un ministerio de sanación». «Creo que mucha gente piensa que el divorcio y la anulación te separan necesariamente de la Iglesia», dijo, pero son «oportunidades para dejar que Cristo sane lo que se rompió en esa relación». Alvarado calificó la anulación como «uno de los secretos mejor guardados de la Iglesia», y añadió: «Soy una gran defensora de ella». Animó a los católicos divorciados a solicitarla, diciendo: «Creo que las personas divorciadas tienen un lugar importante en la Iglesia y deberían buscar la anulación», y que a menudo no se dan cuenta «hasta que están en el otro lado de lo bien que se siente, ser abrazado de esa manera».
mmm….
Al anónimo de las 12.47
No sé si el impreciso es usted, o la nueva «dicasteria» Montse, pero son rarísimos los procesos eclesiásticos de «anulación» de un matrimonio.
Probablemente el tribunal canónico haya declarado la «nulidad» de su aparente matrimonio, y en ese caso su aparente chiste o ironía inicial, estaría muy fuera de lugar, porque esa mujer es completamente SOLTERA.
Nunca se casó, aunque haya estado de blanco, con marcha nupcial, gran fiesta, etc.
Obviamente considerando que todo el proceso canónico fue de buena fe, y correctamente resuelto.
La Iglesia no anula el matrimonio (salvo en casos rarísimos de privilegios), sino que se limita a decretar que -pese a las apariencias y formas externas- no hubo matrimonio.
Hace a la esencia de los actos jurídicos, en este caso vínculados esencialmente al Sacramento del matrimonio.
Si, por poner un ejemplo clásico actual, esta Montserrat se casó con un homosexual que la engañó respecto de esa característica, y ella dió su consentimiento viciado por el engaño, no hubo consentimiento válido, y por lo tanto no hubo matrimonio.
No sea tana soberbio, y no subestime a la Iglesia que, entre otras cuestiones, tiene 2.000 años, y usted no sabe distinguir la «nulidad» de la «anulación».
Si fuéramos maliciosos, diríamos que Montserrat Alvarado está tan casada como la mayoría de lefebvrianos.
Ella hablará de su experiencia personal.
Y seguro que habrá muchos católicos en esa situación: divorciados y sin poder rehacer su vida.
Una buena solución es estudiar si en su caso hay una anulación, porque de esa manera se vuelve a la Iglesia y a sus sacramentos.
Pero aunque suene como hipocresía (y realmente lo será ), no hay que olvidar que divorcio y anulación no son lo mismo; y que la anulación (y la nulidad) no es otra cosa que declarar que un matrimonio no ha tenido lugar porque faltan los requisitos en el momento de la celebración para que éste sea válido, sin perjudicar a los hijos si los hay.
Ya se habrá dado cuenta que los que alegan nulidad matrimonial no es precisamente para arreglar el vicio que lo invalida y casarse como Dios manda con ese mismo cónyuge, sino con otro distinto.
Y el Cardenal-Infante D. Fernando de Austria fue administrador apostólico de la diócesis de Toledo. Un administrador apostólico tiene las mismas facultades que un obispo.
Vea, en los links que proveyó, no sé si usted o el otro anónimo que mencionó esos casos, no dice «administrador apostólico», así que nada.
Y tampoco vamos a equiparar la figura actual de «administrador apostólico» con lo que se podía llamar «administrador» hace siglos.
Andrés Battistella, al menos el Cardenal de Borbón y Farnesio fue arzobispo de Toledo y de Sevilla con todas las de la ley. No fue un nombramiento honorífico ni a título de administrador. Fue Cardenal Primado de España siendo clérigo de menores.
https://cardinals.fiu.edu/bios1735-ii.htm
Ese es el link proveído por el anterior comentador que mencionó al Cardenal de Borbón y Farnesio.
¿En qué momento un «Administrator of spiritual affairs and temporal matters» de 8 años (luego 14 en el caso de Sevilla), «asistido» en su gobierno por Arzobispos titulares, se convierte en «arzobispo con todas las de la ley»?
Incluso se dice allí que no recibió ningún grado del Orden Sagrado, y renunció a todos esos títulos a los 27 años…
En fin, papelitos que se repartían a los hijitos de los reyes et al., para escándalo y confusión de la Iglesia de entonces y de ahora.
Menos mal que algunos de esos, cada tanto, se les despertaba la conciencia y renunciaban a los títulos. Lo malo es que otros hacían vida de juerga yendo por ahí disfrazados como Obispos y/o Cardenales (sí, disfrazados, igualito que los anglicanos de hoy).
¿Y cómo puede ser un laico «administrador de asuntos espirituales» de una diócesis? ¿En la práctica en qué se diferencia ese oficio del episcopado?
Anónimo, eso pregúnteselo a los que ponían esos nombres y daban esos títulos.
Qué quiere que le diga, puede que en la práctica no se diferencia casi en nada, pero igual no debía ser, de lo contrario no hubiera hecho la «estrategema» de poner un Arzobispo titular de vicario, ¿entiende?
Ponían un arzobispo titular de vicario para administrar los sacramentos porque el «administrador de asuntos espirituales» era laico o clérigo de menores y, por tanto, no podía.
Ponían un Arzobispo titular de vicario porque el laico no tenía ni ejercía efectivamente la jurisdicción eclesiástica.
Para Sacramentos nada más, bastaba con un Obispo auxiliar.
El arzobispo titular era un obispo auxiliar. Un arzobispo titular o «in partibus infidelium» no tenía jurisdicción sobre una diócesis real. Si la hubiera tenido habría dejado de ser titular para ser residencial.
Eso dígaselo a los que usaban esas tretas entonces. No cambia el hecho de que las usaron.
Don Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio, Infante de España, tuvo la mala suerte de que los hijos de su hermano mayor, Carlos III, habían nacido en Nápoles (cuando era Rey de Nápoles ) y, por lo tanto, al nacer en el extranjero, no podían reinar en España según la Pragmática Sanción de su padre Felipe V.
Si Don Luis se casaba y tenía hijos, éstos tenían preeminencia sobre los de su hermano para ser rey en España.
La solución natural era el estado eclesiástico, normal para los hijos menores y para los bastardos.
Y efectivamente fue muy bien dotado, porque los arzobispados de Toledo y Sevilla eran los más importantes de España (es decir, proporcionaban grandes rentas) y el capelo (siempre había alguno libre para poder ceder a las presiones de los reyes de la época ) le distinguía como Príncipe elector de la Iglesia.
Sin embargo se dio cuenta que eso no era para él y acabó renunciando a estos títulos para poder casarse, cosa que tras muchos esfuerzos consiguió a condición de ser morganático (para que sus hijos no pudieran reinar), de que sus hijos no llevasen su apellido y de ser desterrado a 5 leguas de la Corte.
Un hombre sencillo y de gustos exquisitos, tuvo a su servicio a gente como Paret y Alcázar, Boccherini, Goya, Ventura Rodríguez,
Off topic. Don Wander, ha salido una publicación que trata de la condena a los monjes en su Cuyo. Quizás sea oportuno para continuar la serie de placas radiográficas sobre la corpo(ratura) de la Iglesia argentina.
M.
Desde mi época universitaria me pregunto qué hace un obispo al frente del IOE ejerciendo tareas de un lic. en Admin, CPúblico o lo que sea, y no gobernando una diócesis y pastoreando un rebaño. Lo mismo aplicable a todos los puestos de la Curia que exigen una pericia profesional secular. Como el gobernorato, secretaría de Estado y decenas de puestos más, como el del Archivo Vaticano, etc.
Y ni hablar del turbio mundillo anexo de los monseñorinos que generan los curiales.
Lo positivo es que la reducción de clérigos en el mundo abre oportunidades a laicos que, dedicados por entero a una carrera profesional, son mucho mas idóneos.
Lo que sí vale mencionar es que cualquier profesional de excelencia generalmente ha pasado por las grandes corporaciones y el riesgo es terminar aplicando una mentalidad de marketing corporativo a la Iglesia, por ejemplo.
La realidad es que en innumerables experiencias en la Iglesia, cuando se han dejado detrrminados puestos a los laicos, han hecho desastres (sobre todo en lo concerniente al dinero). No es clérigos vs. laicos como si fuera boca-riber el asunto
Sobre jurisdicción a laicos tenemos el caso de la Abadesa de las Huelgas. También hubo otras.
Está perfectamente claro que las mujeres no deben estar en el santuario. Sabemos que tradicionalmente las monjas cartujas (a manera de símbolo) recibían el manípulo (en la mano derecha) y la estola en la ceremonia de la profesión solemne. Y las monjas consagradas cantaban la epístola en la Misa cartuja sin entrar en ele santuario y sin ponerse el manípulo (al igual que los monjes) y si les tocaba cantar el evangelio en maitines (porque no hubiera sacerdote) se ponían la estola al igual que los monjes.
Las abadesas del monasterio cisterciense de Santa María de Valldonzella de Barcelona parecen llevar una estola diaconal:
En fin. No vamos a hacer una regla de unas rarísimas excepciones, pero tampoco podemos dejar de conocer estos hechos históricos que ocurrieron en la historia de la Iglesia y que perduraron siglos.
Mons. Escrivá tiene un tomo importante referido a la Abadesa de las Huelgas. Si mal no recuerdo, como tesis doctoral.
Es un caso sumamente interesante y atípico, de esas excepciones que confirman la regla, pero que sin dudas ponen en jaque a más de uno con «las ideas claras».
La leí hace años.
Aprovecho que estaba refugiado en Burgos del terror rojo para hacer esa investigación.
Está publicada y también se puede conseguir en internet gratis.
Sin embargo no recuerdo que explicase por qué una monja ¡de clausura!, desde el punto de vista canónico, tuviese jurisdicción (cuasi)episcopal sobre tantas villas y aldeas (de la abadía de las Huelgas Reales y del Hospital del Rey)
(una cosa es escribir describiendo una realidad; y otra cosa muy diferente es explicar la razón de esa realidad; razón que, visto desde el lado eclesiástico, debe fundarse en el derecho eclesiástico católico. Y no olvide que esto es una tesis, esto es, que tiene que descubrir algo nuevo)
A mi, que no soy historiador, me viene por ejemplo las preguntas:
¿Tuvo algo que ver en esto la reina fundadora, Doña Leonor de Inglaterra, una Plantagenet, y su experiencia normanda?
¿Tuvo algo que ver el ser panteón real de Castilla (para que tuviese independencia de otras autoridades eclesiásticas)? Los panteones de Reyes Viejos y Reyes Nuevos de la catedral de Toledo no tienen ese privilegio; ni tampoco otras capillas reales (aunque sí jurisdicción propia dependiente del Procapellán de Palacio de la Casa Real)
Y aun así sigue abierta la pregunta, ¿por qué una mujer tiene derecho a permitir oficiar misa, confesar o predicar a un sacerdote o a incardinar sacerdotes en su abadengo? Ni siquiera un noble podía hacer eso en sus dominios (aunque sí los Maestres de las Órdenes Militares en sus señoríos)
Parece ser que el interés de Escrivá en esta abadesa, dicen, era «encontrar» una fórmula para encajar su orden religiosa en las diócesis sin tener que depender del ordinario del lugar y conservando la unidad de su organización.
A este respecto se estudió también organizaciones afines, como la jurisdicción universal que tiene el arzobispo de Toledo sobre los mozárabes, la del Obispo Prior de las Órdenes Militares sobre estos caballeros, la del Obispo Castrense sobre los miembros de las Fuerzas Armadas y, ya en Francia, la Misión de Francia, que tiene jurisdicción universal tanto en Francia como en el extranjero (ahora mismo es una prelatura personal )
Parece ser que esa independencia se realizaría con un «prelatura personal».
Escrivá no logró su deseo en vida, pero Juan Pablo II se lo concedió y Francisco se lo retiró.
(«El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor» Job, 1:21)
Propongo su lectura: LA DESVIRILZACION DE LA LITURGIA
http://rorate-caeli.blogspot.com/2013/06/the-devirilization-of-liturgy-in-novus.html
Otra buena traducción castellana del cuerpo del artículo puede verse en:
in-exspectatione.blogpost.com/martes, 6 de agosto de 2013
La tesis que siempre defendió la Iglesia (y que hoy mantiene la FSSPX) es que el sacramento del orden no conlleva automáticamente la potestad de jurisdicción, sino que ésta es concedida por el Papa. De hecho, en la Historia de la Iglesia existen numerosos casos de clérigos ordenados sólo de órdenes menores que gobernaron diócesis. Para conferir los sacramentos del orden y de la confirmación se valían de obispos auxiliares. ¿Por la misma regla de tres esa potestad de jurisdicción se puede conceder a un laico?
En efecto, el Sacramento del Orden no conlleva automáticamente la potestad de jurisdicción, pero sí otorga la aptitud para la potestad de jurisdicción, necesaria para luego ejercer la jurisdicción en acto, si le es concedida.
Sería bueno que aportara ejemplos históricos de esto que dice. Hasta donde yo sé, comete usted un error. Clérigos menores o laicos eran ELEGIDOS para sedes episcopales (incluso para la Sede de Pedro), pero eran consagrados Obispos inmediatamente. Por ejemplo el Papa San Fabián, o Focio, Patriarca de Constantinopla.
En resumen, no hay ninguna «regla de tres» por la cual se pueda conceder a un laico la potestad de jurisdicción, porque carece de la aptitud para ello (algo similar a por qué no se puede conferir el Orden Sagrado a una mujer, porque carece de la aptitud ontológica para recibirlo).
Lo que hay es que no se debe confundir potestad de jurisdicción con desempeñar funciones administrativas.
Hay varios ejemplos de nombramientos que no llegan a sucederse de consagración episcopal, y ni siquiera de ordenación sacerdotal. Fernando I de Médici fue cardenal, compaginándolo con su título ducal (https://cardinals.fiu.edu/bios1563.htm#Medici), y Juan de Medici cardenal y obispo sin ordenación. Un ejemplo más claro es el Cardenal Infante Fernando de Austria (1609-1641): https://cardinals.fiu.edu/bios1619.htm#Austria, Arzobispo de Toledo. Más de cien años después, otro hermano del rey de España, Luis de Borbón y Farnesio, fue también Cardenal y Arzobispo de Toledo y de Sevilla hasta su renuncia a la carrera eclesiástica y posterior matrimonio (https://cardinals.fiu.edu/bios1735-ii.htm)
El Cardenal Luis Antonio Jaime de Borbón y Farnesio fue arzobispo de Toledo y Sevilla. Tras renunciar a la carrera eclesiástica se casó. Si hubiera recibido las órdenes mayores no habría podido casarse porque hasta Pablo VI los clérigos de órdenes mayores que volvían al estado laical quedaban obligados al celibato.
Ejemplos de NOMBRAMIENTOS, bien lo dice, pero no de ejercicio de la jurisdicción ni de gobierno efectivo de una diócesis.
Eran nombramientos honoríficos. Que hoy para nosotros, y con razón, parecen una monstruosidad y una debilidad eclesial de la época. Vamos por partes.
Fernando I de Médici: nombrado Cardenal a los 13 años, nunca fue ordenado sacerdote y luego renunció a la carrera eclesiástica para gobernar civilmente como Gran Duque de Toscana. El cardenalato, que quede claro, no implica de suyo ninguna potestas, ni de orden ni de jurisdicción.
Cardenal Infante Fernando de Austria: Cardenal a los 10 años, tampoco recibió nunca las órdenes mayores, ni gobernó de hecho ninguno diócesis. No fue «Arzobispo de Toledo» (el mismo link proveído desmiente su afirmación).
Luis de Borbón y Farnesio: Cardenal a los 8 años, tampoco recibió ninguna orden mayor, ni fue propiamente Obispo ni Arzobispo ni nada (salvo como títulos), sino administrador.
Es decir, esos casos históricos son aberraciones de la política eclesiástica, pero no prueban que haya habido Obispos stricto sensu, con ejercicio real de potestas iurisdictionis, que no hayan recibido la plenitud del Sacramento del Orden. Lo que hubo fueron maniobras políticas, abuso de los títulos eclesiásticos para divertimento de la politiquería mundana.
La investigación histórica detallada de estos casos demuestra que todos estos personajes:
El cardenalato, por tanto, es una dignidad que puede concederse a un laico, pero el episcopado no lo es. La potestad de jurisdicción no puede delegarse en quien no tenga la capacidad ontológica para recibirla. Un cardenal laico es un alto funcionario eclesiástico, pero no es un obispo y no puede gobernar una diócesis. Estas excepciones históricas no crean una regla general. Una cosa es la potestad de jurisdicción y otra bien distinta son las meras funciones administrativas.
PD: posteriormente, la Iglesia determinó que para ser elegible Cardenal se debía pertenecer al Orden Sagrado. Pero eso no significa que haya una relación ontológica entre Cardenalato y Orden Sagrado. El Cardenalato no es un Sacramento ni una institución de derecho divino.
Nombramientos que eran sì mostruosidades, y que nos dejan como legado esto de tener obispos ordenados para todo menos que hacer lo que hacen los obispos, remediado en la forma sólo con la estratagema de la sede titular. Que desaparezca lo antes posible.
esa tesis no es anterior, como mucho,alsiglo xiv, y solo puede apoyarse en el nominalismo y en falsificaciones de documentos antiguos,como hizo Lainez sj, cuando la defendio en Trento
De resultas, que la posición «española» en Trento, que era la tradicional, no sólo hace imposible que un laico reciba la potestas iudisdictionis (cosa que es igualmente imposible con la otra posición), sino que destruye completamente la pretensión de la FSSPX de que sus Obispos no usurpan jurisdicción y no son por tanto cismáticos.
Lo que sigue sin quedar claro (no lo digo por usted sino en general) es si los prefectos de los Dicasterios romanos actuales ejercen verdadera potestas iurisdictionis en sentido estricto y no meramente una función administrativa, que se le puede parecer pero no es lo mismo; y si se puede aplicar a todos los Dicasterios, o hay diferencias sustanciales entre ellos, etc.
Francisco no multiplicó los organismos de la Curia Romana, sino, al contrario, los redujo. Por ejemplo, fusionó el Pontificio Consejo para los Laicos y el Pontificio Consejo para la Familia en el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.
No recuerdo bien si era el card. Müller quien lo señalaba en una entrevista o artículo, pero el primer problema estaría en la transformación de las congregationes romanas en dicasteria.
La idea de una congregatio es una reunión de cardenales –principalmente– y obispos que asiste al romano pontífice en el gobierno de la Iglesia, participando de su potestad magisterial y de régimen, conforme el triple munus; todos los demás integrantes cumplen un rol instrumental respecto de ella. No por casualidad, su acto más característico era la reunión o «congregación» periódica de sus miembros episcopales para tratar y determinar en los temas de su competencia. En este orden de cosas, que un laico (religioso o seglar, varón o mujer) presida una congregatio es un absurdo teológico y canónico.
No ha habido casi en la Iglesia un hombre menos colegial y respetuoso de sus hermanos obispos y de su común responsabilidad por todas las iglesias –no obstante todo el cacareo de la sinodalidad y el sin fin de comisiones pergeniadas– que el difunto Francisco de infausta memoria, un modelo arquetípico de autócrata.
Esto condice tristemente bien con la novedad de la degradación de las congregationes en dicasteria que, como lo sugiere su origen etimológico δικαστήριον, hace alusión a una estructura administrativa –originalmente judicial en Atenas–. Lo cual no carece de significación ni gravedad, porque desdibuja la conexión de las congregationes romanas –creación humana– con el triple munus –disposición divina–.
Por otra parte, que todos sean igualmente dicasteria se presta a confusión. Como si fuera de naturaleza análoga la cura de la doctrina de la fe con la promoción del desarrollo integral –sea lo que fuere que tal cosa signifique–.
[Es posible que el análisis haya sido demasiado sutil tratándose el papa Francisco de un especie de Tancredi contemporáneo, muy amigo de cambiar todo para que nada cambie.]
Quizás pueda ser conveniente volver a constituir en «congregaciones» de cardenales y obispos –presididos siempre por cardenales– aquellos órganos directamente conexos con el triple munus (v.g. doctrina de la fe, obispos, disciplina de los sacramentos etc.). En ellos será también conveniente la presencia y consejo de muchos laicos (seglares o religiosos, varones o mujeres) en muchas de ellas.
Y dejar, en cambio, el nombre y naturaleza de dicasteria a los órganos eminentemente administrativos y/o temporales (promoción del no se qué, administración del Vaticano, comunicación etc.) a los demás organismos. Los cuales muy convenientemente podrían estar presididos por laicos (también mujeres) o por diáconos.
Quizás en el futuro el papá León se mueva en esta dirección, a su debido tiempo.
Pero no soy teólogo, ni canonista, ni profeta, ni leo la mente del romano pontífice. Dios lo guíe hacia lo mejor.
Excelente!
Es cierto que el término congregación referido a estos organismos datan del siglo XVI y hacen referencia a la reunión de los cardenales y obispos miembros de esa institución. Anteriormente estos asuntos se volcaban en los consistorios y los ejecutaba la Cancillería Apostólica. Las congregaciones fueron creadas para realizar tareas administrativas aunque luego se les anexaron alguna cuestión judicial.
Sin embargo -al menos en los últimos años- el nombre «dicasterio» era genérico y se refería a los organismos de la Santa Sede fueran éstos congregaciones o pontificios consejos. Las congregaciones con tareas administrativas, los pontificios consejos para promover el apostolado de los laicos, la unidad de los cristianos, etc.
Por ejemplo, se puede leer en el Annuario Pontificio de 2001 cuando explica la historia de la Congregación de Propaganda Fide: «l’origine di questo Dicastero risale…» (pág. 1592); y cuando se refiere al Pontificio Consejo para los Laicos: «Tale Dicastero ha come competenza…» (pág. 1600).
Por lo que no sé si el problema está en ese nombre. Y tampoco entiendo que esos organismos constituyan la colegialidad entendida como concepto teológico.
Luego, que nos huela raro que una religiosa presida una reunión de cardenales y obispos puede ser. Pero si se refiere a cuestiones de la vida religiosa de la que esos cardenales y obispos -por más que haya entre ellos alguno que haya pertenecido a un instituto religioso- no tienen la menor idea y lo que van a decidir a es ejecutar lo que el Papa autorizó o llevarle un estudio al Papa para que éste decida… no sé si es aberrante.
No soy feminista, soy mujer. Muchas personas creen que ciertas posiciones que defienden son tradicionales, y en realidad son modernas o puritanas. Por ejemplo, que la mujer asuma el apellido del esposo, o que él la lleve abrazada sobre los hombros. O la exclusión de la mujer de ámbitos de gobierno. Cuando leemos a Régine Pernoud en La mujer en el tiempo de las catedrales, o al Padre Mario Petit de Murat en Estructura psicológica esencial del hombre advertimos que en la Edad media, por decir en tiempos en que brilló el cristianismo en la sociedad, había una libertad de espíritu que ahora podría rayar en liberalismo.
Seguro que sí.
Pero yo creo porque el poder estaba muy limitado por la religión, la costumbre, los privilegios de personas, ciudades, estamentos y otros poderes similares (Iglesia, nobles, ciudades «libres»). Además recuerde que la actividad los políticos estaba limitada a la defensa, asegurar la justicia y acuñar moneda (hoy el político pretende arreglarte la vida obligatoriamente con tu dinero)
Esto desaparece con la revolución francesa, en que se realiza una concentración de poder enorme en manos del político (porque «habla» en nombre de la nación ) y el político es elegido por los ciudadanos.
Entonces para que la farsa funcione y no perjudique a las oligarquías, que son quienes de verdad están detrás de los políticos, es necesario controlar a ese Pueblo que ahora vota gobierno. (Un Pueblo que, tras haber hecho la revolución, es muy peligroso y lo sabe)
¿Cómo?
Pues controlando o manipulando la información (la prensa crea opinión ) y con la masonería y su red secreta paralela.
Respecto a la situación de los hombres y las mujeres, no hay que olvidar que lo importante era la familia (porque cuida de ti desde la cuna hasta la tumba; no había «Estado del bienestar») y los ámbitos de los dos miembros de la pareja estaban muy bien definidos por la necesidad.
El hombre dirige la familia fuera de casa; la mujer dirige la familia dentro de casa.
Con una diferencia: los niños pequeños son responsabilidad directa de la madre.
Marido y mujer, por ese hecho, tienen unas obligaciones muy determinadas respecto al otro miembro de la familia y respeto a la familia.
Entiendo que la preocupación razonable de fondo es la percepción de que estos nombramientos, de suyo técnicamente aceptables, sean caballos de Troya. Por eso me parece que habría que aplicar algo semejante a lo que Ludovicus pedía la otra vez acerca de una definición más clara de qué cosas constituyen magisterio y cuáles no, y cuáles son los grados de asentimiento a una cosa y a otra: hay que definir de una vez qué es un dicasterio, y qué relación tiene con la autoridad petrina. Porque ciertamente el DDF y este Dicasterio de las Comunicaciones son dos cosas muy distintas que en principio no deberían llevar el mismo nombre.
Ahora, el tema del tradismo-conservadurismo y la mujer… se las trae. Tiene tufo de nostalgia cincuentera, pero uno se encuentra a Royo Marín en esa misma época (a quien no imagino muchos aquí tachando de progresista) afirmando que no hay problema alguno en que la mujer trabaje fuera de la casa o tenga incluso cargos públicos de autoridad, desde que las responsabilidades familiares no se vean negligenciadas. Fulton Sheen, personaje icónico del mediosiglo yankee, que tuvo sus momentos muy del momento, como cuando habla en Three To Get Married de que el marido se vuelve a encariñar con el «baby-talk» de la esposa al redescubrirlo en su hija beba… lo mismo también dice que en todo caso las profesiones vedadas a las mujeres han de ser aquellas no ajustadas a su constitución física por necesidad de fuerza extraordinaria, y similares; y que el resto de los trabajos les están abiertos, desde que se realicen al modo de la mujer y no al modo del varón. En una veta similar a la del fragmento de santa Teresita que usted cita, decía también «Para honra de la Mujer ha de decirse para siempre: una mujer fue la más cercana a la cruz el viernes santo, y la primera en llegar al sepulcro en la mañana de Pascua.»
¿De dónde viene, entonces? Tiene para mí más de Milton que de Dante, con aquello de que «Él para Dios solo, ella para Dios en él». Una extensión de la obediencia matrimonial de la esposa al esposo hacia una idea del sometimiento de la mujer al varón por inferioridad natural (propia del pensamiento griego clásico a través de su comprensión de la biología; en la Sagrada Escritura el sometimiento de la mujer es una consecuencia y castigo del pecado original). Unido a esto, además, una interpretación lo más extensiva posible de la obediencia esponsal (a toda voluntad del varón menos en el pecado, quien debe ser obedecido como si fuese Cristo) y una interpretación lo más restringida posible del «morir a sí» del esposo (digamos, morir defendiéndola en una situación dramática, darle el lugar en el bote salvavidas si se hunde el crucero y poca cosa más). Es especialmente curioso en quienes ven claramente la sed de poder y dominio en clérigos, y el modo en que sacramento y jurisdicción allí no confieren ni ciencia infusa ni inerrancia, y luego quieren ser reyes absolutos del hogar y firmes creyentes que ser el marido significa siempre tener razón. Sin duda estoy presentando los casos más extremos, pero me ha llegado a tocar discutir con alguien que sostenía que la madre no tiene ninguna autoridad sobre los hijos que no le sea delegada o derivada de la de su marido.
Parte del problema de fondo es el cacao antropológico en el que vivimos, al que no ha ayudado el apresuramiento en presentar el personalismo y la teología del cuerpo antes de que se terminaran de cocer del todo, las bastardizaciones de los mismos, y como reacción, una insistencia en modelos racionalistas o clásicos completamente desfasados de nuestro conocimiento presente del ser humano como animal.
En relación a todo esto, me gustaría saber si ha leído aquellas obritas del P. Horacio Bojorge, S.J., sobre el matrimonio, especialmente La Casa Sobre la Roca, que son tan apreciados y queridos en el mundillo tradicionalista y conservador, y de ser así, que opinión tiene de ellas. Personalmente me parece que aunque dice cosas ciertas aquí y allí, sus presupuestos antropológicos (desde el punto de vista filosófico y teológico) me resultan bastante cuestionables.
exveteranova
La autora es santa Teresita del Niño Jesús, en su Historia de un alma
Estimado Don Wanderer.
En mi parroquia la mayoría de mujeres tienen una cierta formación tradi.
Pero con el paso del tiempo el amor por Xto y la Iglesia se va a enfriando, y de pronto mujeres que se escandalizaban por la guitarra, suben a leer las lecturas y participan activamente en la Iglesia, ocupando lugar de los hombres.
Son una clase de feminismo raro, para colmo tiene algo de formación y son bastante complicadas, yo en chiste les digo que es el primer paso del Feminismo.
Las primeras feministas del mundo fueron católicas ? Esto se dio por ausencia del varón ?
Me gustaria leer comentarios que me ayuden a encontrar argumentos simples.
en Jesus.
Pd: Lo raro que en muchos casos los esposos son flematicos, melancolicos y no estan comprometidos como la mujer…
Hace unos cuantos años tuvo fuerza por un tiempo todo un discurso acerca de la «feminización» de la Iglesia, de la que se hizo eco hasta el cardenal Burke. Y yo me pregunto, ¿cómo se feminizó la Iglesia? ¿Vinieron las mujeres como enemigos desde fuera con el explícito propósito de echar a los varones, una auténtica invasión? ¿O fue más bien que las mujeres quedaron, aguantando todo dentro y fuera –cuántos marido e hijos apóstatas burlándose de la madre– y ahora se les echa la culpa de llenar un vacío? Siempre me hace acordar a aquello de Eowyn en El Señor de los Anillos: «Tus palabras dicen: eres mujer, y tu parte [en la guerra] está en la casa. Pero cuando los hombres hayan muerto con honor en la batalla, tendrás permiso para ser quemada con la casa, porque ellos ya no la necesitarán.»
En esta clase de cosas, las mujeres tienden a llenar vacíos en lugares que alegremente dejarían en manos de los varones; a menudo estos se quejan de las mujeres en el santuario, pero nunca son ellos personalmente quienes deben hacer esas tareas, sino algún otro. Ciertamente todos hemos conocido a la doña de parroquia con ambiciones, pero si algo atestigua el desinterés general de la mujer católica en «apropiarse» de las cosas del varón, es la práctica no-existencia del movimiento por la ordenación sacerdotal femenina. Sin duda que hemos visto estos años el circo de las diaconisas en Roma, pero fuera de los intereses políticos, y considerando precisamente la «feminización» de la Iglesia, no hay ni de lejos una masa crítica en ese sentido, y no la hubo ni siquiera en su momento más álgido por allá por los ochentas.
Mi consejo: ¿quiere ver menos mujeres en el santuario? Ofrézcase usted. Más de una se lo agradecerá.
exveteranova
Las primeras feministas del mundo fueron clases medias y altas, porque el dinero de sus padres les permitió recibir una educación que sólo se daba a los hombres (la educación, que estaba dirigida a una profesión, cuesta dinero y distrae de aprender las obligaciones que la sociedad espera de ella para criar y mantener su familia. Además, como eran sociedades realmente de supervivencia, en cuanto antes contribuyese a la familia, dentro de la casa o fuera, mucho mejor -una boca menos-; era también una manera de recuperar la inversión que el padre había hecho en ella al tenerla; tanto más importante porque al casarse se va a otra familia y esa inversión se pierde)
Además, recuerde que entonces para aprender, bien se tenía un tutor (ajeno a ka familia) en casa, bien tenía que trabajar en un taller (rodeado de hombres). Esto hasta el siglo XX era inmoral y peligroso.
Por eso si hubo una Artemisia Gentileschi (pintora sobre todo de REINAS) fue porque aprendió en el taller de su padre (Orazio Gentileschi) y si hubo una helenista como Ana Dacier fue porque su padre, el helenista Tanneguy Le Fèvre le enseñó latín y griego.
La famosa escritora Virginia Woolf (y su hermana Leslie Stephen) pertenecía a una familia de intelectuales con dinero que no necesitaba trabajar (tenían criadas), por lo que recibió una buena educación formal en casa.
Pero seguramente en otro tiempo con más oportunidades para las mujeres nunca hubiera sido una novelista genial, sino una trabajadora normal.
El «feminismo» viene porque ellas se dan cuenta que son iguales a sus hermanos, pero que no tienen las mismas oportunidades que ellos, ni educativas ni laborales ni sociales.
(con «laborales» hay que entender también «independencia»)
Además en un momento en que los políticos empiezan a dictar a todos cómo se ha de vivir, reclaman su derecho a votar a sus representantes (sufragismo).
El problema es que todo esto es un proceso y ellas son excepciones.
Seremos las clases medias, hijas de la industrialización y el comercio, con otras expectativas, las que exijamos otro tratamiento.
Lamentablemente ese tratamiento trae consigo que las mujeres no tengan hijos (hay una relación directa entre la educación de la mujer y el número de hijos que tiene ). Y esto es la muerte de las sociedades.
La cuestión que hay qus distinguir aquí, me parece, es la de trabajo y feminismo. Ciertamente el feminismo como movimiento político e intelectual, fue un movimiento de clases media a media alta… como casi todo movimiento intelectual. En el ámbito británico en el S. XIX en particular, fue muy afectado porque la ley británica de la cobertura (la mujer carece de todos los derechos civiles y económicos porque se funde en la persona del marido) llevaba a grandes injusticias, como la nula posesión de patria potestad sobre los hijos, el despilfarro del marido de todo lo que fuese obtenido por la mujer como herencia o salario, entre otras cosas).
En cuanto al trabajo, la idea de que la mujer «no trabaje» es uno de los tradismos cincuenteros más clásicos. En el mundo preindustrial las campesinas trabajaban los campos y cuidaban ganado; en las familias en las que el cabeza de familia tuviese un oficio como herrero o carpintero, muchas veces asistían en tareas que no fuesen de fuerza o llevaban la contabilidad y los encargos; y en las familias adineradas tenían tareas específicas de caridad parroquial, de organización de la comunidad, etc… además de las labores propias del ámbito doméstico, muy especialmente la confección de telas y vestimenta. La revolución industrial, al reducir enormemente la cantidad de personas necesarias para las labores agrícolas y crear demanda para las fábricas y la clase media ascendiente, significó que la mayoría de las mujeres pobres trabajaban en fábricas o en el servicio doméstico. Es decir, la idea de la stay at home mom es un fenómeno post industrial de las clases medias, y solo más extendido en algunos lugares como EEUU en situaciones de bonanza económica extraordinarias.
A pesar de todo esto, la gente siguió teniendo muchos hijos. El punto de quiebre es realmente la invención de anticonceptivos de alta eficacia. La gente pobre en general sigue teniendo más hijos que el promedio, a pesar de trabajar más y en trabajos más demandantes en tiempo y energía. Pareciera que en principio el factor más relevante es el tamaño relativo de la clase media, el hedonismo, y la desesperación respecto al futuro (aunque ciertamente políticas que fomenten la maternidad y la familia numerosa serían de gran ayuda. Pero eso ya es meterse en toda otra discusión). Que haya una correlación entre educación y número de hijos no significa que haya una relación causal directa entre ambos factores; es posible que el mayor nivel educativo alcanzado esté ligado al estrato socioeconómico y a través de él a estos otros factores que menciono. Siempre me ha parecido muy sospechoso el argumento, precisamente porque tiene el tufillo elitista-machista-ilustrado de que solamente un ser estúpido podría querer embarazarse o encontrar satisfacción y realización personal en los hijos y su crianza.
exveteranova
Hacia 1870 la natalidad se hunde en Inglaterra, porque era ya una sociedad prospera debido a la industrialización. De hecho era ya una sociedad de clases medias.
También se ha señalado que en el siglo IV ninguno de los senadores romanos descendían en línea directa de los senadores que conoció Augusto, en el siglo I. Todos eran de líneas colaterales.
De hecho Octavio Augusto, que vivió en la edad de oro de Roma, tuvo que emitir una serie de decretos (Leyes Julias) para forzar a los senadores a casarse y tener hijos.
Esto es lo que he dado en llamar «tradismo». Una especie de edición del American Dream de los ’50 – porque es una ilusión cargada de la estética yankee, con su Familia Ingalls, sus «tradwives», etc. – aunque, naturalmente, también cargada de los vicios propios de esa época, particularmente un cierto machismo más o menos velado – camuflado como «patriarcado» o «masculinidad virtuosa» muchas veces -, acompañado paradójicamente de una especie de feminismo de la primera ola (como sabemos, machismo y feminismo son dos caras de la misma moneda), un puritanismo hipócrita (como todo puritanismo) y una prevalencia del fariseísmo – cuyo aspecto psicológico es el narcisismo del que tanto se habla hoy.
Al leer la cita que encabeza el texto, enseguida pensé en Santa Teresa la Grande, aunque luego luego caí en la cuenta que no podía ser, pues la Santa de Ávila nunca salió de España. Y por cierto, no han faltado feministas que tomaran a la Santita de Lisieux como bandera, lo mismo que a Santa Juana de Arco. Pero eso no les quita nada de razón a ellas, claro está.
Dejo para otro momento el comentario sobre el resto del texto. Iba a hacer una (otra) comparación para demostrar que los FFSPX se pegan un tiro en el pie al criticar estas cosas, pero no es realmente el tema.
Dice el articulista:
«Para presidir el dicasterio de las Comunicaciones se necesita ser católico y ser muy profesional, y ambas condiciones las posee esta mujer.»
Podrá ser profesional en el ámbito de las comunicaciones, pero dudo que sea católico alguien que afirma que «los judíos no necesitan convertirse para ser salvados» como puede verse en el siguiente video:
https://www.youtube.com/watch?v=KLmC-AvNW60&t=304s
O sea que niega el magisterio ex-cathedra de «Cantate Domino» y está en consonancia con las directrices del informe de 2015 de la Comisión para las relaciones religiosas con los judíos. Que sea «católica» en el estilo rahneriano (en el que todo el mundo es cristiano anónimo y no necesita de los sacramentos para salvarse en tanto se tenga buena conciencia) tal vez, pero no guarda la fe de la Iglesia que se enseñó durante 19 siglos. De modo que ese calificativo de «conservadora» que se le aplica a Monserrat Alvarado no se condice con la realidad; es una «católica» modernista (si es que se puede decir que los modernistas son «católicos») que acepta a pie de juntillas los postulados del CVII en cuanto a Ecumenismo y Libertad Religiosa interpretadas heterodoxamente. Digamos que el «catolicismo» de Alvarado está lejos, por ejemplo, del catolicismo de Mons. Schneider.
Estimado, si usted va a juzgar a una persona que no es teóloga sino periodista por una afirmación hecha a vuela pluma en una entrevista, me parece demasiado estricto. «Con la misma vara que juzguéis seréis juzgado».
Lo mismo puede aplicarse a usted estimado. ¿En base a que afirma que Alvarado es católica? Si alguien no sabe el ABC de la doctrina, y peor aún, se pone a dar cátedra sobre el tema, mal puede tener ese calificativo. Pero no comparto su opinión de que Alvarado no conozca (era parte importante de EWTN News); al contrario, está instruida en la doctrina modernista y de allí, habla. El tema no es que yo soy demasiado estricto, sino que usted ha sido demasiado laxo para calificar a Alvarado de católica. Yo dí mis razones por las que considero que no lo es (o mejor dicho que es una «católica heterodoxa» si es que eso existe) pero no leí ninguna de las suyas que justifiquen lo contrario. «Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado». Y se aplica a teólogos y laicos.
Conclusión: los únicos católicos son los que están en la tradición.
Wanderer, primero no hace falta ser teólogo para no decir esa burrada.
Segundo, usted por mucho menos ha criticado duramente a papas, obispos y cardenales.
No me salga ahora con la tolerancia ahora.
Por qué de repente tiene más tolerancia con todo lo que diga o haga ahora el papá?
Ciertamente no son lo mismo, gracias a Dios . Pero de todas , forna debe usted aplicar la misma vara para criticar a ambos.
Quien está al frente de este dicasterio representa públicamente a la Iglesia ante los medios de comunicación, los cuales a su vez hacen llegar a todos, incluidos los fieles, los comunicados de la Santa Sede. Por lo tanto, es un puesto de enorme responsabilidad. Para ejercer el cargo no es necesario ser teólogo titulado, esto está claro. Sin embargo una competencia teológica sólida, al menos en conceptos fundamentales, es imprescindible. Lo insoportable es que la prefecturas de los dicasterios vaticanos sean ocupadas por diletantes que digan disparates sobre asuntos que desconocen y que, aún peor, ni siquiera sean conscientes de su propia ignorancia. La frase de esta señora es uno de esos disparates. Un católico mínimamente formado y, sobre todo, con senido común nunca dirá algo así. Ahora bien, si fuera modernista habría hecho la misma afirmación de modo muy general, sin restringirla a los judíos. No creo yo que Alvarado sea modernista, sospecho (ojalá me equivoque) que es algo bastante peor: una persona que cree o dice ser católica, pero que está impregnada de evangelicalismo y que a lo mejor ni siquiera se da cuenta de su desvarío. El sexo de la persona no tiene ninguna relevancia, el mismo error es cometido por varones y hay mujeres que no caen en ello. Desgraciadamente el evangelicalismo lleva años infiltrándose ideológicamente entre los católicos, especialmente en los EE.UU., pero no sólo. Entre conservadores y tradicionalistas se advierte a menudo una perversa y mal disimulada simpatía por el evangelicalismo, incluso por lo que respecta a sus delirios sionistas. Evidentemente estamos ante una heterodoxia especialmente nociva e insidiosa. Hay quien confunde derechismo pseudocristiano con tradición auténtica, un poco como en el pasado, cuando cualquier anticomunismo (nazi, fascista, liberal, peronista), aunque fuera aberrante, cosechaba benevolencias en ciertos sectores católicos sólo por su antimarxismo, saliendo del fuego para caer en las brasas.
Si supiera lo que es el modernismo, no acusaría de modernista tan fácilmente. El modernismo, en efecto, es algo muy serio…
No existe otro catolicismo,don Wanderer; ni muchos catolicismos. Es uno sólo. Las etiquetas son nuestras.
Ud. afirma que la Srta. Alvarado ha dicho en el video «los judíos no necesitan convertirse para ser salvados», no sé en qué se parece a «there’s this idea that all jews should become christians which obviously is wrong» Porque de primera impresión me parece correcto, TODOS los judíos, (all jews) no tienen por qué convertirse en cristiano, sino solamente aquellos a los que efectivamente llame el Señor. Y pienso inmediatamente en conversiones por decreto y en los llamados «marranos» de la España del siglo XVI
Desde luego creer o no creer en algo es un hecho totalmente involuntario; y de ahí se podrá afirmar que es el Señor quien «llama».
Antes se aprendía en el catecismo a la pregunta «¿eres cristiano ?» la respuesta: «Soy cristiano por la Gracia de Dios» (porque no se ha ganado ni merecido )
Así una persona podrá decidir estudiar la religión con interés e intención; pero si inconscientemente no cree, no podrá ser cristiano.
Además sobre eso es necesario una declaración formal y libre de quererlo ser; forzar a alguien a ser cristiano o otra cosa es un vicio de la voluntad que hace nula ab radice la declaración.
Respecto a «los marranos» de la España del siglo XVI el problema era otro, porque eran bautizados, esto es, cristianos, por lo que eran perseguidos por la Inquisición, no como judíos (la Inquisisición no tenía ninguna jurisdicción sobre los no católicos ), sino como cristianos que «judaizaban».
Esto era un problema de orden público en una sociedad cristiana, como lo es hoy mismo en una sociedad musulmana y en la época en una sociedad judía (mira lo que le pasó a Spinoza en la Ámsterdam calvinista. Y a Jesús en Jerusalén ; y si en su época Palestina no hubiera estado invadida por los romanos, el Sanedrín hubiera condenado directamente a muerte al apóstata o al hereje).
Esto nos cuesta entenderlo hoy porque somos sociedades donde el individuo es lo más importante. Esto no es así en la mayor parte del mundo y desde luego no en la Europa del siglo XVI, porque lo importante es el grupo (la familia y la sociedad). Y recuerda que el individuo dependía para su supervivencia 100% del grupo; no como hoy, que parece que el Estado del Bienestar (y las oportunidades que suministran las ciudades) cae del cielo como la lluvia, «sobre justos e injustos.
Leo que Alvarado está divorciado. Me parece incoherente en una católica conservadora e inapropiado para una prefecta de la Curia Romana.
No está divorciada. Es soltera.
El Rey Fernando el católico tenía una retahila de hijos naturales, uno de los cuales lo hizo nombrar arzobispo a corta edad.
Si Alvarado estuviera separada (y no vuelta a casar), aún con hijos, no hay pecado en ella, salvo para un protestante puritano.
Desde luego en la medida en que el sacerdocio católico sustituye al sacerdocio Aaronista para realizar el sacrificio incruento del Cordero que antes se realizaba en el Templo, pues seguro que no es licito.
En cualquier caso el dilema es un poco falso, porque no existen ni «mujeres» ni «hombres», esto es que los presuntos privilegios no son para todos, sino para los selectos que han decidido sacrificar sus vidas para ser un alter Christus; y aun así no todos ni mucho menos escalan las escaleras del poder, para lo que también hay que tener vocación, resistencia y testosterona (y seguramente unas tragaderas así de grandes)
Es muy necesario este tipo de columnas de opinión, pues ayudan grandemente a ver con claridad y equilibrio la verdad de las cosas, más allá de cualquier humano error de apreciación en que se pudiere incurrir.
Hay mucho estuco apolillado que debe caer para comprender lo más rectamente posible la Iglesia y sus dimensiones divina y humana, sin confundirlas, sin tener por oro lo que sólo es yeso, sin dogmatizar lo meramente disciplinar y sin «substancializar» lo que es accidente.
Tradismo de los 50’s es un buen nombre para este «amor al estuco». Pero probablemente en los 50′ había también un tradismo decimonónico y probablemente más de alguien, por allá por el siglo XVI, habrá concebido un modernismo tridentino (sin llamarlo así, claro está)…es una constante humana.
Añorar el pasado, sólo por el mero hecho de ser pasado, es anquilosamiento peligroso para la Fe viva, lastre para una administración eficiente y fuente de locura psicológica para ciertas almas.
Fraternalmente.
Con todo respeto, me permito disentir. El sucesor de San Pedro recibe de Cristo la jurisdicción sobre la Iglesia universal, que consiste en el triple munus docendi, sanctificandi et regendi, es decir, el triple poder de santificar, enseñar y santificar, poseídos por Cristo en virtud de la unión hipostática del Verbo divino con su naturaleza humana, unión que constituye a Jesús en sacerdote, profeta y rey, con la consiguiente triple autoridad correspondiente en materia de culto, docencia y gobierno sobre el Cuerpo Místico. Por lo tanto, el límite del rol de la mujer en la vida eclesial no se reduce al santuario, es decir, a lo relacionado con el culto divino, sino también a las funciones de gobierno y de magisterio. Ahora bien, los prefectos de los dicasterios romanos participan del poder de gobierno sobre la Iglesia universal que solamente el Vicario de Cristo posee por derecho propio. Es por esto que esa función no puede ser ejercida por mujeres, ni tampoco por laicos varones. No se trata de algo accidental en la vida de la Iglesia, susceptible de modificación según la evolución de las costumbres de cada época, es una cuestión basada en el derecho divino. La inclusión de mujeres en las funciones de gobierno es profundamente revolucionaria, pues desvirtúa la constitución divina de la Iglesia, a semejanza de lo que sucede con la “sinodalidad”…
Alejandro Sosa Laprida
Es decir que, si a un Papa más o menos loco, se le ocurriera crear un dicasterio para la Salud o para el Cultivo de Tulipanes, el jardinero o el enfermero deberían ser cardenales….
No hace falta ser muy esclarecido para entender que la sola creación de tales dicasterios consistiría en un acto ídem revolucionario, al par que absurdo.
Dígaselo a Francisco.
No hace falta ser muy esclarecido para entender que la creación de semejante dicasterio sería ídem revolucionario, al par que absurdo/esperpéntico. Digamos, a mo’ de paráfrasis del comentarista de más arriba (el que toma su nombre del galán de Eloísa) que «añorar el cambio sólo por el hecho de ser cambio, a semejanza de la antimetafísica de Heráclito, es veneno altamente tóxico para la Fe, arena movediza para el gobierno de la Iglesia y fuente de toda suerte de trastornos para el alma». Parece que las evidencias de tal tesitura, ofrecidas a manos llenas por la iglesia conciliar/sinodal con el triste cortejo de todos sus efectos, no fueran suficientes. Como Descartes, queremos vivir de la duda metódica.
Flavio Infante
Si dejara de llamarse «Dicasterio para las Comunicaciones» y como tal desaparece, y se forma una sala de prensa o algo parecido o un director de prensa o de medios… ¿también tendría que ser cardenal?
Los laicos pueden brindar asesoramiento técnico, pero no ejercer funciones de gobierno…
¿Se refiere a Bergoglio?
¿O a Calígula ?
Bueno, ya ve que hemos sobrevivido.
(y lo que no mata, engorda)
Los dicasterios romanos ciertamente no son parte de la constitución divina de la Iglesia.
Que Francisco introdujera el absurdo en el gobierno de la Iglesia no debe implicar que el absurdo se constituye en paradigma, sino que acá hay una anomalía grave a resolver, y no por la vía de la profundización en el absurdo. Al final, sus conclusiones son similares a las de los neocón, que suponen más o menos lícitos todos los caprichos del papa felizmente reinante. Credo quia absurdum.
Obviamente. Pero los prefectos de los actuales dicasterios ejercen el munus regendi delegado por el papa, y la potestad de gobierno en la Iglesia no puede ser ejercida por laicos…
En cuanto tales, está claro. La cosa es si implican una participación de jurisdicción. Y el poder de jurisdicción sí pertenece a la constitución divina de la Iglesia.
¿Y el Dicasterio para la Comunicación ejerce el munus regendi o el poder de jurisdicción?
Y no me digan que sí porque le puede decir a un cura o a un Obispo que vaya a tal o cual sala a tal horario para la conferencia de prensa, eh.
El problema, estimado Wanderer, no es de machismo o feminismo sino de conveniencia (o prudencia entendida en términos tomasianos). En este momento del mundo, introducir mujeres en ámbitos de conducción o administración de la Curia Romana es complicado y un signo o gesto contradictorio ad extra y, sobre todo, ad intra. Y este argumento es que el Ud. mismo dio hace muchos años cuando le recomendaba a un joven jamás comulgar de manos de una monja.
Me parece una desproporción enorme comparar la comunión dada por un laico o monja, a el ejercicio de un acto de gobierno. ¿Qué tiene que ver una cosa con otra?
A mí me causa bastante rechazo ese tradicionalismo tan conservador (pues irónicamente en lugar de apegarse a la verdadera tradición, pretenden tan solo traer el estado de cosas de mediados del siglo pasado).
Hablando de mujeres, debería dar a conocer Simone Weil!! Abrazo grande.
«Timeo Danaos et dona ferentes» Virgilio
Escribiendo, me pregunto si no me sucede aquello de “quien se quema con leche ve una vaca y llora”, a la táctica de los modernistas, Mons Isidro Puente Ochoa lo llama “Fox trot”, pues como en esa danza se hacen “dos pasitos adelante y un pasito para atrás”, y la -idea fija- como sus pares anglicanos, es poner mujeres en el sacramento del orden, como a las ranas que se las cocinan en agua fría, cuando nos queramos dar cuenta, ya -nos cocinaron-, como decía el anterior Obispo de Roma: “hay que iniciar procesos”, y me temo esto no es inocente.
Si vamos a tomar decisiones en base a las sospechas que se nos ocurran o de las conspiraciones que fantaseamos, quedaríamos inmovilizados.
En psicología eso que dice usted se llama «terapia de exposición y desensibilización sistemática».
Se utiliza por ejemplo para perder miedo a los perros o a las alturas.
Comparto lo que dice Santa Teresita sobre el papel de las mujeres. Pero, desde el punto de vista histórico, ¿alguien sabe a qué se refiere con eso de las excomuniones? ¿Qué excomuniones había en Italia en aquel entonces que le parecían demasiado ligeras a la Santa?
Loretar
Por el contexto, sería las excomuniones que caían a quienes violaban la clausura de monasterios. Traspasar una puerta, o ingresar al claustro, por ejemplo, podía conllevar la excomunión.
Gracias por la aclaración
Loretar
Hay algunas cosas que, siendo lícitas, no son convenientes. Las «monaguillas», por ejemplo, según los cánones que usted mismo indica, don Wanderer, serían lícitas. Cualquiera que tenga un poco de sensatez, sin embargo, dirá que no conviene que las féminas sean «acólitas».
Augustinus
No sé a qué cánones se refiere. Yo no cito ninguno. Más aún, digo que el límite de la mujer es el santuario, y una monaguilla ingresa al santuario. Por eso me parece mal.
Me refiero a «cánones» no del Derecho canónico, sino a estas normas que indica, que me parecen correctas: «las mujeres no pueden recibir el sacramento del orden. Y eso implica que no pueden ejercer las funciones que le son propias, a saber, las de ser sacerdote, profeta y rey. Entonces, las mujeres, como también los varones no ordenados, no pueden celebrar los sacramentos propios del orden (eucaristía, penitencia, unción, confirmación y orden); no pueden enseñar en al ámbito litúrgico y no tienen poder de jurisdicción sobre los bautizados».
Ahora bien, las monaguillas no infringen nada de eso que usted indica. Por más que estén ubicadas físicamente en el santuario o presbiterio, no ejercen funciones propias del sacerdote: no celebran (mejor, confeccionan) ningún sacramento propio del orden sagrado ni enseñan en el ámbito litúrgico ni ejercen jurisdicción. La prueba, por lo demás, la da usted mismo, cuando dice que tampoco los varones no ordenados pueden hacer esas cosas y bien pueden tales varones no ordenados ser acólitos. Ergo, ser acólito no está prohibido por esas normas (o «cánones») que indica. Ergo, según esos cánones podrían las féminas ser lícitamente acólitas. Pero, como decía, algunas cosas líticas no convienen. Máxime en un contexto que aboga por el «empoderamiento» non sancto de las mujeres.
Augustinus
En realidad los monaguillos corresponden de alguna manera al acolitado, que era una orden menor.
Aunque lo hacían niños tenía mucha importancia, porque las misas de siempre, en latín, estaban prohibidas hacerlas sin monaguillo (tal vez porque la misa era un diálogo sagrado y formal con el sacerdote; tal vez porque simbolizaba al pueblo, pero que tenía que responder (y en latín). Recuerde que las misas privadas siempre han estado prohibidas; por eso las misas en las capillas reales, incluidas las protestantes, eran siempre públicas.
Entonces, para poder celebrar misas sin monaguillo, era necesario obtener un permiso especial o indulto (por ejemplo cuando se hacían en misiones, por el peligro, la dificultad o la escasez ).
Las órdenes menores (cuya recepción traía consecuencias jurídicas canónicas ) fueron abolidas por Pablo VI con el documento «Ministeria Quaedam» y fueron sustituidas por los «ministerios LAICALES»; uno de estos es el acolitado.
Lo más importante no es eso, sino que muchas vocaciones sacerdotales, antes del Concilio, surgieron de antiguos monaguillos, por lo que con el tiempo habrá una presión lo suficientemente grande en número de ex-monaguillas que quieran y exijan ser sacerdotisas.
Y naturalmente para ese momento ya habrá un número importante de fieles acostumbrados a su presencia y que no se opondrá a las sacerdotisas.
Por otra parte hoy mismo hay mujeres mayores que dan la comunión (para más inri se ponen una especie de estola corta hacia atrás). Esto es una práctica habitual, por ejemplo, en el monasterio de carmelitas descalzos de Londres (41 Kensington Church Street); y que no me digan que no tienen frailes para hacer eso.
Simplemente alguien ha decidido ya lo tenemos que tragar. Solo es cuestión de tiempo y constancia.
¿Cómo cree usted que una mujer ha llegado a ser arzobispa de Canterbury, la más alta dignidad de la Iglesia de Inglaterra y presidente de honor de la Comunión Anglicana?
Pues porque primero hubo monaguillas, luego, cuando eso fue socialmente aceptado, hubo sacerdotisas; luego, cuando eso fue socialmente aceptado hubo obispas; y en cuanto esto fue socialmente aceptado, nombraron al equivalente anglicano de papisa.
Y esto a sabiendas de que provocaría un cisma en la Comunión Anglicana, porque las Provincias (el equivalente a la Conferencia Episcopal católica) africanas son muy conservadoras y no quieren ni oír hablar de sacerdotisas (ni de sodomía)
Sarah Mullally, la nueva arzobispa de Canterbury había sido antes obispa de Londres durante 8 años; y antes, durante 3 años, obispa sufragánea de Crediton.
Es más, echaron al arzobispo que había antes, Justin Welby, con la escusa de que había encubierto y de alguna manera protegido la actividad pedófila del abogado John Smyth (parece que unos 130 niños y jóvenes )