La contradicción performativa de la FSSPX

por Vigilius

«El papado no es una monarquía absolutista»

En 2024, el superior de distrito de la Fraternidad San Pío X en Alemania, Stefan Pfluger, explicó en una entrevista con el semanario católico Die Tagespost, realizada por Sebastian Ostritsch, que la Fraternidad se considera «sometida al Papa». »1 Cuando Ostritsch, a raíz de la cuestión de las ordenaciones episcopales no autorizadas, abordó «el rechazo selectivo de ciertos documentos doctrinales del Concilio Vaticano II», Pfluger respondió: «Estos son puntos en los que decimos: aquí, el Concilio Vaticano II no está en continuidad con todo el pasado de la Iglesia. El arzobispo Lefebvre dijo algo en este sentido: ¿Y si el Papa dice algo diferente de todos sus predecesores? Entonces debo decidir, y decido a favor de los predecesores». En respuesta a la pregunta de Ostritsch sobre si esta «desobediencia persistente» no indicaba «que uno no reconoce verdaderamente al Papa», Pfluger respondió: «No, porque no somos desobedientes por principio o por costumbre. Solo puedo referirme a lo que el arzobispo Lefebvre subrayó repetidamente: la obediencia está al servicio de la verdad. El oficio petrino no es una monarquía absolutista, sino un servicio a la verdad, un servicio a Cristo, un servicio a la Iglesia. Tenemos derecho a violar la obediencia al Papa solo cuando es necesario para evitar violar el servicio a Cristo y a la Iglesia».

Estas declaraciones de Pfluger reflejan la línea de razonamiento habitual de la Fraternidad San Pío X. Peter Kwasniewski ha formulado sucintamente el concepto de obediencia que guía esta visión en su importante texto La verdadera obediencia en la Iglesia2. En esencia, la cuestión es que la obediencia no es un fin en sí misma, sino que debe estar siempre relacionada con la verdad y solo bajo esta consideración se convierte en una actitud virtuosa. La FSSPX aplica este concepto de obediencia a la situación actual de la Iglesia, que, a juicio de la Fraternidad, se caracteriza por un «estado de necesidad». Es precisamente este estado de necesidad el que, en opinión de la Fraternidad, hace imperativo, en aras de la salvación de las almas como el más alto de todos los bienes eclesiásticos, consagrar obispos una vez más —aunque sea ilícitamente— quienes, a su vez, puedan ordenar sacerdotes, sin los cuales la salvación de las almas es imposible. Esta valoración ha sido reafirmada recientemente por el Superior General de la Fraternidad San Pío X, Davide Pagliarani.3

En primer lugar, estoy de acuerdo en gran medida con la valoración que hace Pagliarani de la situación en la Iglesia y, además, también estoy convencido de que la Fraternidad debería consagrar obispos sin lugar a dudas. No obstante, la FSSPX se encuentra en una contradicción performativa con la argumentación que presenta. Y es que la Fraternidad acepta el constructo papal que surgió a lo largo del segundo milenio y tomó forma formal en el Concilio Vaticano I con el documento Pastor Aeternus: el concepto de una potestas absoluta que es en sí misma no sacramental. Como he explicado en otra ocasión, considero este concepto una calamidad que compromete el corpus Christi mysticum sacramental.4 A continuación, mi preocupación se centra únicamente en la contradicción performativa que surge cuando se acepta la potestas absoluta y, sin embargo, al igual que Stefan Pfluger, se invoca la distinción entre legalidad y legitimidad —que la construcción del «papa total» hace precisamente desaparecer— para justificar la propia desobediencia hacia los papas reconocidos como tales.

Para fundamentar esta afirmación, me referiré principalmente a Pastor Aeternus, pero primero examinaré brevemente el contexto moderno de Pastor Aeternus. El concepto del papa total existe, por supuesto, desde hace mucho tiempo, remontándose al siglo XI. Sobre todo, el monje de la Alta Edad Media Augustinus Triumphus, con su Summa de potestate ecclesiastica, influyó de manera significativa en la historia del desarrollo de la comprensión del papado. Triumphus ya utiliza una frase que cabría esperar de los hiperpapalistas modernos o, durante la era Bergoglio, del cardenal Maradiaga: «En el Papa vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser». No es casualidad, sin embargo, que la Iglesia no desarrollara de manera coherente ni definiera formalmente el concepto de la primacía papal hasta el siglo XIX. La definición respondía a una necesidad creciente dentro de la Iglesia. Hay que comprender esto para entender por qué fue posible en absoluto el triunfo de la idea del «Papa total» —una idea con la que los papas premodernos solo podían soñar— y por qué muchos católicos, especialmente los conservadores, siguen hasta hoy devotos de esta idea, y tan profundamente que, cuando se trata de la historia del fracaso papal, muestran una peculiar disposición a reprimirla o incluso, aparentemente de forma paradójica, a convertirse en sedevacantistas.

La modernidad de la Iglesia moderna y su concepto del papado

Pío IX fue un ferviente antimodernista. Es significativo que se le atribuya el famoso Syllabus de los errores, anexo a la encíclica Quanta cura, así como la promoción de la teología neoescolástica, entre cuyas tareas centrales figuraba refutar los errores de la «era moderna» —principalmente a partir del siglo XVII. Sin embargo, es precisamente esta era moderna la que también moldeó, desde dentro, el pontificado del papa Ferretti y la teología papal moderna en general. La modernidad, lejos de ser un mero adversario externo al que había que hacer frente, ya influía en la propia forma de reaccionar ante ella.

Como suele ocurrir en las biografías individuales, las experiencias traumáticas también se encuentran en la cuna del mundo moderno. Me gustaría mencionar dos experiencias particularmente formativas. En primer lugar, la Peste Negra del siglo XIV, que diezmó la población de Europa y destrozó todos los mecanismos religiosos anteriores para hacer frente a las catástrofes. En segundo lugar, las guerras de religión de la Edad Moderna, en las que la religión cristiana demostró que ya no era una fuerza de integración social, sino más bien una fuerza de destrucción e inseguridad fundamental. Desde entonces, la conciencia moderna se ha caracterizado esencialmente por una búsqueda casi obsesiva de la controlabilidad del mundo, que —dado que la religión aparentemente fracasó— debe lograrse mediante el poder exclusivo de la racionalidad natural. La razón, en contraste con la religiosidad controvertida, es la autoridad que todos pueden reconocer como común a todos los seres humanos desde el principio, basando la validez de sus proposiciones ya no en una autoridad externa, sino únicamente en argumentos verificables empírica y conceptualmente.

Desde el punto de vista epistémico, el proyecto de controlabilidad requiere un «fundamentum absolutum inconcussum veritatis», y la filosofía cartesiana proporciona este fundamento. Según Descartes, el «fundamento absoluto e incuestionable de la verdad» es únicamente el yo, que es absoluto incluso en su error porque se da a sí mismo de manera incuestionable incluso en sus dudas: «cogito ergo sum» (pienso, luego existo). Con sus Meditaciones sobre la primera filosofía, la filosofía cartesiana proporciona la base teórica decisiva para las ciencias modernas y para la racionalidad emancipada de la fe, que se desatan gradualmente para hacer del mundo un lugar controlable —es decir, «seguro»— para la humanidad. Todos los grandes filósofos modernos siguen esta amplia vía. La Crítica de la razón pura de Kant se guía de manera significativa por la cuestión de cómo son posibles las matemáticas y las ciencias naturales, pues es en estas disciplinas donde el mundo incierto se vuelve controlable. La «cosa en sí» pasa a un segundo plano, inalcanzable, mientras que la mente construye el objeto por medio de sus formas a priori de intuición y conceptos. A medida que las cosas se convierten en objetos para el hombre, él mismo se convierte en el sujeto que subyace a todo y, al mismo tiempo, se opone a todo. De ahí en adelante, es capaz de controlar exhaustivamente el mundo de los objetos, porque es una construcción sistémica de sus posicionamientos intelectuales y, por lo tanto, es describible y calculable de manera fiable utilizando métodos científicos.

La «voluntad de poder» es el motivo central que define la modernidad. Más precisamente, se trata del empoderamiento de uno mismo, de la voluntad de poder. Eberhard Jüngel identifica este punto de inflexión decisivo como una adaptación específica de la famosa afirmación de Protágoras de que el hombre es la medida de todas las cosas: «Que el hombre sea la medida de todas las cosas es una afirmación que sigue siendo audaz, pero que se aventuró muy pronto. Se puede afirmar o negar. Sin embargo, que el hombre se convierta a sí mismo en la medida de todas las cosas es una afirmación que caracteriza la esencia de la era moderna. No se puede negar. Pues al convertirse a sí mismo en la medida de todas las cosas, él es el hombre moderno».5 Así, la definición del hombre propuesta por Protágoras ha sufrido un cambio fundamental. Mientras que, en la afirmación de Protágoras, el hombre se encuentra a sí mismo como la medida de todas las cosas ya en virtud de su ser, ahora —en la era moderna— constituye él mismo esta posición. Pues el empoderamiento significa que el hombre ya no se entiende a sí mismo como un ser, aunque distinguido, dentro del contexto de todos los seres, sino que se sitúa frente a ellos, de manera exclusiva y autoritaria. En el sentido antiguo, tal y como se expresa en la afirmación de Protágoras, el hombre se distinguía por su capacidad de reconocer a los seres en sus respectivas constituciones esenciales, de modo que los seres se encuentran a sí mismos —su verdad— únicamente en él. Pero de ningún modo era el hombre, en este entendimiento, quien dictaba la medida a los seres; más bien constituía, por el contrario, el locus privilegiado donde la medida que las cosas llevan dentro de sí mismas puede revelarse por primera vez. En este sentido, se entendía que los seres se encontraban en una relación fundamental a priori con el hombre, del mismo modo que el hombre se refiere al ser de los seres.

Es precisamente esta relación recíproca la que se disuelve en el proyecto de la modernidad. En el paradigma del empoderamiento humano como medida de todas las cosas, la atención se centra ahora en un poder que ya no se recibe desde fuera de sí mismo y que, por lo tanto, también ha perdido toda medida fuera de sí. La medida de las cosas solo puede ser, por tanto, el poder del sujeto que se relaciona consigo mismo. El ser ontológico de las cosas se desvanece en el poder del sujeto que se empodera a sí mismo como medida de todas las cosas, cuya voluntad de poder se convierte ahora en el ser de las cosas. Heidegger describió esto de manera brillante en su interpretación de Nietzsche.6 El poder ya no está limitado por ninguna cosa preexistente. La infinitud de un poder que se establece de manera absoluta se convierte en el sello distintivo de la nueva era.

La Iglesia contemporánea se ve también profundamente afectada por la búsqueda moderna de seguridad y certeza, así como por el principio de la voluntad de poder. Esto no carece de ironía, porque la inseguridad de la Iglesia —que exigía nuevas medidas de seguridad y control— se debía, de hecho, a la búsqueda de la seguridad absoluta de la subjetividad moderna. Esta búsqueda fue provocada por la inseguridad —una inseguridad en cuyo surgimiento la propia religión había desempeñado un papel decisivo—. El llamado «modernismo», con sus ideas liberal-autonomistas, inspiradas en la Ilustración, en parte racionalistas y en parte empiristas, ejerció una enorme presión cultural y política sobre la Iglesia. En esta situación desafiante, también la Iglesia se lanzó en busca de un «fundamentum absolutum inconcussum veritatis». Y este fundamento infalible de la verdad y la certeza de la fe se convierte en… el Papa. Se convierte, de forma análoga al yo cartesiano, en ese subjectum que subyace a la Iglesia en todos los niveles de la vida religiosa y moral y que está destinado a proporcionar orientación como un faro en la oscuridad de la nueva era del mundo. Y así como el sujeto cartesiano se relaciona con el mundo, así se relaciona el Papa con la Iglesia: ya no necesita el consentimiento de la Iglesia para sus decretos jurídicos y doctrinales; es decir, se convierte en ab-soluto. De este modo, la Iglesia moderna trató de afirmar la «roca» petrina con más fuerza que nunca y, apoyándose en este poder, de convertir la Iglesia en una fortaleza fuertemente armada e inexpugnable.

Como se ha mencionado, este Papa —en gran parte gracias a los hábiles esfuerzos propagandísticos de Pío IX y su séquito— se convirtió en objeto de devota veneración.7 A los creyentes medievales difícilmente se les habría ocurrido hablar del Papa de la manera en que lo encontramos en el himno papal de Don Luigi Orione, fallecido en 1940 y canonizado por el Papa Wojtyła: 

«Nuestro credo es el Papa, nuestra moral es el Papa, nuestra vida es el Papa, nuestro amor, nuestro corazón, nuestro propósito en la vida es el Papa; para nosotros, el Papa es Jesucristo; amar al Papa y amar a Jesús es lo mismo; escuchar al Papa y seguirlo significa escuchar a Jesucristo y seguirlo; servir al Papa significa servir a Jesucristo; dar la vida por el Papa significa dar la vida por Jesucristo».8

Esto me lleva a Pastor Aeternus, el documento en el que se define la doble primacía papal, es decir, la independencia del Papa respecto al consentimiento de la Iglesia tanto en asuntos jurisdiccionales como doctrinales. El documento, sin embargo, no consiste meramente en la formulación técnica de estas dos definiciones de primacía, sino que es más rico en cuanto que traza un impresionante retrato espiritual del Papa. Es crucial para el «Papa total» de los tiempos modernos que no sea meramente una máquina para producir ocasionales «declaraciones ex cathedra» y un frío Leviatán con poder jurisdiccional absoluto, sino que sea concebido, en un sentido mucho más profundo, como el Vicarius Christipor excelencia, a quien, como tal, le corresponde la doble primacía. Pastor Aeternus presenta al Papa como el Buen Pastor por excelencia, a quien, como leemos en el texto, se le ha concedido el «gracioso privilegio de la verdad y de una fe infalible». En Pastor Aeternus y en la teología papal moderna, se considera al Papa como aquella autoridad singularmente privilegiada por Dios, que de manera incesante y fiable mantiene «a todo el rebaño de Cristo alejado del alimento venenoso del error» y nutre a los fieles «en el pasto de la doctrina celestial». Este Pater universalis ecclesiae, coronado de luz, nunca puede verse afectado ni siquiera por la sombra de la más mínima duda o incertidumbre respecto a la fe; la Iglesia está en las mejores manos con él. En consecuencia, Pastor Aeternus afirma que «en la Sede Apostólica la religión católica se ha conservado intachable en todo momento (!), y la doctrina sagrada se ha mantenido en honor.»

Esta teología espiritual integral del papado se refleja precisamente en la obra de Louis Veuillot sobre Pío IX: «Dios está unido a él por un juramento eterno y le asiste de manera especial. Él es el hombre al que el Salvador dijo: “Yo estoy contigo”. En él, la carne mortal contiene más inmortalidad que en nosotros. Este hombre es Pedro, que nunca muere (…) Este hombre enseña, expía, libera, muere y reina llevando un nombre que no puede ser comunicado ni transmitido: Él es el Papa, el Padre».9 Es comprensible que una figura tan semejante a Cristo pueda, de hecho deba, exigir obediencia total para sí misma. La obediencia es ofrecida voluntariamente por una pasión que, ante la epifanía del Papa en la loggia, desea exclamar: «¡Contemplad el fundamentum absolutum inconcussum veritatis encarnado, el Espíritu Santo que camina sobre la tierra con una sotana blanca y una muceta, el Pater universalis, que preserva invariablemente la fe en su pureza! ¡Seguridad, certeza infalible! ¡Te amamos con todo nuestro corazón y toda nuestra alma, con todos nuestros pensamientos y todas nuestras fuerzas!».

La potestas absoluta iurisdictionis

Pasemos ahora a los dos modos concretos y objetivados jurídicamente en los que se realiza la absolutidad del Papa absoluto. En primer lugar, la primacía de jurisdicción. A través de ella, el Papa posee autoridad gobernante inmediata y universal sobre toda la Iglesia. Según Pastor Aeternus, el Papa posee, de manera «inmediata», «el primado del poder ordinario sobre todos los demás», un poder al que «los pastores y fieles de todo rito y rango —tanto individual como colectivamente— están obligados a la sumisión jerárquica y a la verdadera obediencia, no solo en las cuestiones relativas a la fe y la moral, sino también en las que se refieren a la disciplina y el gobierno de la Iglesia extendida por todo el mundo». De esa «autoridad suprema del Obispo de Roma para gobernar toda la Iglesia se deduce que tiene el derecho, en el ejercicio de su oficio, de comunicarse libremente con los pastores y los rebaños de toda la Iglesia». Estos decretos libres «nunca pueden ser impedidos legítimamente». «Y puesto que el Obispo de Roma preside a toda la Iglesia en virtud del derecho divino del Primado Apostólico, enseñamos y declaramos también que él es el juez supremo de todos los fieles, y que se puede recurrir a su juicio en todos los asuntos legales sujetos a revisión eclesiástica; pero el juicio de la Sede Apostólica, sobre cuya autoridad no hay otra mayor, no puede ser reexaminado por nadie, y a nadie se le permite juzgar su juicio».

Con estas disposiciones, el Papa avanza para convertirse en el soberano por excelencia. Se convierte en un monarca absoluto, tal y como se desarrolló paradigmáticamente para la esfera secular en la metafísica del Estado moderno absolutista, por ejemplo, por Jean Bodin o en el segundo libro del Leviatán de Thomas Hobbes. El monarca absoluto se diferencia del rey clásico en que se suprimen las limitaciones que aún caracterizan al antiguo rey. El rey clásico no solo estaba sujeto a las leyes y a las costumbres tradicionales establecidas, sino que también se veía limitado en términos de política de poder por la nobleza y los parlamentos. El Estado, por así decirlo, no le pertenecía. Al mismo tiempo, la obediencia que los súbditos debían al rey nunca se entendió como absoluta; la obediencia derivaba su propia naturaleza de su integración en un marco normativo dentro del cual se situaba el propio rey. El rey se encontraba así ante una norma que le era impuesta desde fuera y que, por lo tanto, al menos en principio, podía serle impuesta a él mismo. Al fin y al cabo, no era ab-soluto.

En la teoría moderna del Estado —y, en la realidad, en algunos Estados como Francia, Dinamarca o Noruega— esto es precisamente lo que cambió. El monarca se convirtió en el único detentador del poder soberano, situándose por encima de la ley como legislador incondicional y a menudo considerado, en términos teológicos, como el autoritario Vicarius Dei, de modo que el trono del rey se describía como el propio trono de Dios. Sin embargo, el monarca absoluto no solo posee un poder ilimitado sobre el Estado, sino que el Estado también se reconcibe como un todo que precede a sus partes y encuentra en el soberano su autorrepresentación literalmente decisiva, su cabeza, su autoconciencia. En la teoría política de Thomas Hobbes, el Estado se considera el «cuerpo» del monarca; el monarca y el Estado se funden. La famosa frase atribuida a Luis XIV, «l’État, c’est moi», es bien conocida. Como cuerpo del monarca, el Estado existe únicamente a través del monarca y en él. En consecuencia, el concepto clásico de obediencia se convierte en obediencia ciega, la sumisión incondicional a la voluntad del soberano. Si bien se sigue reconociendo la sometimiento permanente del soberano a la ley divina o a la ley natural, ya no existe ninguna posibilidad de poner en práctica este principio política o legalmente a nivel institucional. Y así, el gobernante absoluto juzga a todos, pero él mismo no es juzgado por nadie. El soberano se alinea con Dios mismo, al igual que el Estado —el cuerpo del monarca— asume un carácter absoluto frente a los individuos. En la fusión del Estado y el monarca, ha surgido un autoritarismo en el que desaparece cualquier autonomía distinta de la del soberano o del Estado.

Esta identidad entre monarca y Estado se reproduce en la relación entre el Papa y la Iglesia. Mientras que Tomás de Aquino todavía da por sentado que el Papa está normativamente vinculado a la Iglesia, el Papa moderno se convierte en ab-soluto. Es la cabeza y la encarnación del conjunto de la Iglesia, similar a un Estado, que posee su actualitas únicamente en el Papa. En contraste con la potestas sacra u ordinis de los obispos ordinarios, que estos poseen sobre sus respectivas diócesis, la potestas iurisdictionis papal es una potestas absoluta que, como ya se ha citado, puede regular directamente todos los asuntos de la Iglesia universal sin requerir consentimiento y, por lo tanto, en principio, puede prescindir de la autoridad gobernante de los obispos locales en todos los casos.

Al mismo tiempo, el Papa moderno es el soberano del derecho canónico; es simultáneamente el poder legislativo, judicial y ejecutivo. Al igual que el monarca secular, se entiende, por supuesto, que el Papa está, en principio, subordinado a la voluntad divina —el ius divinum. Sin embargo, ya no hay forma alguna de institucionalizar y poner en práctica esta subordinación. En un marco absolutista, no puede existir ningún procedimiento regido por el derecho canónico para hacer valer el ius divinum frente al soberano. Por lo tanto, por su propia naturaleza, no puede existir ningún procedimiento legalmente establecido para la destitución de un Papa. Según Pastor Aeternus, el Papa juzga a todos, pero él mismo no es juzgado por nadie. La FSSPX reconoce expresamente este principio.

Por lo tanto, hay que objetar al P. Stefan Pfluger que el Papa del Concilio Vaticano I es, de hecho, un monarca absoluto. Cumple todos los criterios para esta categorización jurídica; las disposiciones pertinentes de Pastor Aeternus no admiten otra interpretación. Pfluger no es el único que sostiene esta opinión, sin embargo. Joseph Ratzinger también ha afirmado repetidamente que el Papa no es un gobernante absoluto. Esta tesis es repetida constantemente por muchos autores conservadores —desde el cardenal Müller hasta Dom Alcuin Reid y Peter Kwasniewski10. Lo que resulta tan irritante de estas afirmaciones es que, aunque son, en mi opinión, correctas en términos de teología sistemática, evitan con sumo cuidado cualquier mención al hecho de que, según las formulaciones de Pastor Aeternus, el Papa es, por supuesto, un gobernante absoluto. Al hacerlo, estos teólogos crean la falsa impresión de que el discurso relevante sobre el Papa es meramente un producto de la imaginación de quienes lo invocan —ya sea con intención afirmativa o crítica—. Por lo tanto, si se rechaza la caracterización absolutista del Papa, hay que abordar, con honestidad intelectual, el conflicto resultante con el Concilio Vaticano I.

La potestas absoluta doctrinae

Al igual que en la esfera jurisdiccional, el Papa también posee la potestas absoluta doctrinae. Esta disposición reviste especial relevancia para la narrativa del pastor universal a imagen de Cristo, cuya fe nunca vacila y en quien todos los creyentes pueden confiar sin falta. La absolutidad doctrinal del Papa se expresa con mayor claridad en Pastor Aeternus mediante la afirmación del texto de que las proposiciones dogmáticas definidas por los papas son «ex sese» —«por sí mismas»— infalibles. Según la interpretación de Pío IX, esta frase «por sí mismas» no se refiere a la verdad, que es por su propia naturaleza «infalible». Más bien, se refiere al Papa, cuyas proposiciones doctrinales pueden reivindicar para sí mismas una veracidad infalible sin el consentimiento de la Iglesia —es decir, de manera absoluta—. Pío IX insertó el «ex sese» en el texto de dogmatización como una contramedida deliberada a la intervención del obispo Vinzenz Gasser de Brixen. Gasser quería mantener la declaración de infalibilidad prevista lo más moderada posible, argumentando que solo se requeriría una decisión papal definitiva si los obispos estuvieran irremediablemente divididos y la proclamación papal se correspondiera con la visión de la Iglesia en su conjunto. En esencia, Gasser invocaba la interpretación de la Iglesia primitiva de la primacía papal como árbitro final en las disputas teológicas que afectaban a toda la Iglesia. La famosa máxima «Roma locuta, causa finita est» proviene de esta comprensión de la Iglesia primitiva sobre el papel específico de los sucesores de Pedro.

Ahora, especialmente desde el lado conservador, a raíz del trauma de Wojtyła y Bergoglio, se está formulando algo parecido a un tratado «Sobre las limitaciones y la falibilidad del Papa». No solo se reconoce que los papas también son meramente humanos y, como tales, tienen limitaciones morales e intelectuales —que pueden incluir también fluctuaciones en la vida de fe personal y malentendidos teológicos—, sino que también se subraya que solo surgiría un auténtico problema teológico si un papa reconociera como tal una posición objetivamente herética y tratara conscientemente de manipular el depositum fidei. En cualquier caso, solo las dogmatizaciones formales son eclesiológicamente relevantes en el caso de los papas, y todos los demás pronunciamientos y textos —como sermones, declaraciones o encíclicas— solo forman parte del magisterio ordinario vinculante si se ajustan a la tradición doctrinal de la Iglesia. Según esta reciente interpretación conservadora, parece, por tanto, que el Papa, al menos en el plano doctrinal, no puede actuar de forma tan autocrática como lo hace en el plano administrativo.

Esta estrategia de limitar el alcance de los pronunciamientos papales vinculantes es, sin embargo, incompatible tanto con la concepción espiritual general del oficio papal como con la definición real de infalibilidad formulada en Pastor Aeternus. El hecho de que la autoridad doctrinal del Papa no pueda particularizarse en absoluto dentro del sistema de Pastor Aeternus ya se expresa sucintamente en una exclamación de Pío IX que antes no se consideraba auténtica, pero cuya autenticidad ha quedado demostrada desde entonces.11 Durante una disputa entre el Papa y el cardenal Guidi —quien pretendía invocar las enseñanzas de Tomás de Aquino y Roberto Belarmino en oposición a las disposiciones sobre la primacía previstas por Pío IX—, Pío IX exclamó: «¡Yo, yo soy la Tradición!». Aunque esta afirmación se hiciera en el calor de un intercambio verbal, el asunto al que se refiere no es contingente, pues Pío IX, a diferencia de muchos de sus seguidores, sabía exactamente lo que significaba en realidad su concepto del papado. Se trata, en efecto, de una «monstruosidad»12 que equivale a identificar a la Iglesia con el Papa. En esencia, el Papa Ferretti bien podría haber dicho: «Yo, yo soy la Iglesia». En vista de esta expansión del magisterio papal, Wanderer en su blog ha hablado de una «absorción de la Tradición» por parte del Papa13, lo que, según Wanderer, significa que se ha producido una identificación entre el «quod» —el contenido de la fe de la Tradición— y el «quo», la autoridad que articula esta fe—, de modo que el Magisterio no dice algo porque sea verdad, sino que es verdad porque el Magisterio lo dice.

Aun si se reduce a esto, hay que reconocer que Pío IX no pretendía en modo alguno afirmar que el Papa está por encima de la Tradición y tiene la autoridad para producir el «quod». Pastor Aeternus afirma explícitamente que al Papa no se le ha concedido el poder de inventar nuevas doctrinas. Este aspecto es, de hecho, fundamental para la correcta comprensión de la primacía de la enseñanza. La identificación del Papa con la Tradición significa, a saber, que el Papa se identifica de una manera absolutamente única con el Espíritu Santo —que es el principio divino del conocimiento de la verdad de Cristo y el spiritus rector de la Tradición— en el sentido de que el depositum fidei, es decir, la Tradición, que en principio se concibe como independiente del Papa, solo se articula e interpreta auténticamente en el Papa. La identificación de «quod» y «quo» es, por tanto, un principio hermenéutico. En este sentido, según Pastor Aeternus, a los papas se les ha «concedido el privilegio de la verdad y de una fe infalible». Como autoridad interpretativa normativa de la Tradición, investida por el Espíritu Santo, es en sí misma un elemento intrínseco de la doctrina que interpreta de manera fidedigna y se convierte en objeto de una definición dogmática por parte del propio Papa.

Las dos consecuencias decisivas son, en primer lugar, que junto a este sujeto de articulación e interpretación de la Tradición, no puede haber otros sujetos de verdad en la Iglesia que puedan seguir afirmando normativamente interpretaciones de la Tradición dentro de la Iglesia que diverjan de las del Papa. Y en segundo lugar, todas las declaraciones teológicas del Papa, en la medida en que el Papa las considere magisteriales, deben considerarse vinculantes. Aparte del Papa, solo hay opiniones teológicas privadas. Que, por ejemplo, San Roberto Belarmino tuviera alguna convicción teológica concreta es irrelevante, aunque fuera arzobispo de Capua. Las opiniones de los obispos solo son significativas «cum et sub Petro», lo que no significa otra cosa que que en sí mismas no son significativas en absoluto, mientras que la opinión del Papa es significativa en sí misma. Pío IX dejó este punto inequívocamente claro al cardenal Guidi. En consecuencia, los papas han llegado a citarse a sí mismos cada vez más como fuente principal, como demostrará una lectura atenta de los documentos papales recientes (especialmente los de Francisco). Y lo que la teología debe lograr por excelencia a la luz de la tradición identificada con el Papa es la provisión retrospectiva de argumentos para las proposiciones del magisterio papal, que, ya sean extraordinarias u ordinarias, siempre poseen una validez de verdad irresistible «ex sese».

Esta conexión puede ilustrarse con la propia definición de que las decisiones ex cathedra son infalibles en sí mismas. Puesto que el Papa no está limitado por ninguna otra autoridad en su voluntad de formular tales proposiciones «extraordinarias», podría, de hecho, elevar inmediatamente cualquiera de sus convicciones teológicas al rango de dogma formal. El hecho de que los papas no lo hayan hecho hasta ahora es meramente una circunstancia contingente y determinada subjetivamente. A efectos de aclarar el tema, la cuestión de lo que los papas hacen o no hacen de facto por cualquier motivo personal es irrelevante. Solo la cuestión de lo que pueden hacer es lógicamente relevante. Y dado que, en principio, pueden marcar de forma irresistible cualquier número de sus proposiciones teológicas con el signo de la infalibilidad, sus otras declaraciones abren efectivamente un campo de debate entre otros actores de la Iglesia hasta que puedan declarar cerrada la discusión y afirmar que su juicio tiene, en adelante, una validez incuestionable. El magisterio «extraordinario» y el «ordinario» ya no son válidamente distinguibles a la luz del poder ilimitado del Papa de definición en materia teológico-dogmática.

Aclaremos el contexto en términos prácticos: supongamos que un papa, en el marco de su enseñanza ordinaria —por ejemplo, en encíclicas y otras cartas circulares— interpreta el corpus de la Tradición de una manera que los obispos rechazan unánimemente. Entonces todos los obispos se reúnen y se oponen unánimemente a la enseñanza papal, formulando contra-textos destinados a corregir la interpretación papal. Estos textos no tienen ningún valor normativo en sí mismos. En virtud de su autoridad absoluta sobre la Iglesia, el Papa podría declarar herejes a los obispos, destituirlos de un plumazo y excomulgarles. Y este juicio del Papa, como nos enseña Pastor Aeternus, sería inatacable; el Papa juzga a todos, pero él mismo no es juzgado por nadie. Ya no existe ninguna razón teológica extrapapal que pueda dar efecto, en ningún foro vinculante, a interpretaciones del corpus de la Tradición que diverjan de las del Papa.

Hay que darse cuenta de que esto no significa otra cosa que la eliminación del Concilio como institución normativa, es decir, decisoria. Si solo el Papa puede decidir sobre la interpretación de la Tradición, el Concilio ya no puede hablar con autoridad por sí mismo; ha consentido así su propia degradación a un mero órgano de debate y asesoramiento del Papa. Esto ya es evidente en el propio texto de Pastor Aeternus, en la medida en que el Papa Ferretti aparece aquí claramente como el responsable de la decisión y habla únicamente del asentimiento de los obispos a su definición. En la literatura, la cuestión de si el Papa habría definido incluso sin el asentimiento de los Padres conciliares es objeto de un controvertido debate. Sin embargo, esto es ahora meramente una cuestión de interés histórico o psicológico, ya no de interés lógico. Porque incluso si Pío IX lo hubiera definido en contra de la voluntad de todos los obispos, su acción seguiría correspondiendo precisamente al contenido del dogma. En esencia, este acto de definición implica una autoautorización del Papa como causa sui, que se realiza en lo que afirma de sí mismo: el Papa dice «ex sese» que es «ex sese» cierto que lo que dice de sí mismo es cierto. Tal circularidad es completamente impensable en la época premoderna; en esta circularidad se refleja, en su forma más pura, el espíritu moderno de la autoafirmación de la subjetividad como medida de todas las cosas. Aunque varios obispos se retiraron antes de la definición de la primacía, la mayoría aprobó, no obstante, la autoafirmación papal. Pues creían que solo así el Papa podría ser ese fundamentum absolutum inconcussum veritatis que la asediada Iglesia moderna necesitaba que fuera.

Solo en este contexto resulta comprensible que Pío IX ya pudiera explicar en su carta Tuas libenter al obispo de Münich y Freising en 1863 que la obligación de obediencia de los teólogos no se refería en modo alguno únicamente a proposiciones dogmáticas definidas formalmente. No solo el magisterio extraordinario, sino también el ordinario de los papas —por ejemplo, en los pronunciamientos de las congregaciones romanas— forma parte de la enseñanza vinculante de la Iglesia. Esta es una deducción coherente. Si el Papa es este subjectum cartesiano en virtud de su acceso interpretativo privilegiado, guiado y protegido por Dios a la Tradición, su autoridad ya no puede describirse como limitada únicamente a las llamadas «decisiones ex cathedra».

Me gustaría repetir una vez más: por supuesto, ningún papa negaría jamás que sus declaraciones deben estar de acuerdo con el «quod». Pío IX lo afirma explícitamente en Tuas libenter: incluso las proposiciones de su magisterio ordinario deben estar «en acuerdo general y constante» con la enseñanza de la Tradición. Por lo tanto, cuando Roberto de Mattei subraya con perspicacia que «la autoridad del Papa termina donde se vuelve contra la verdad»,14 solo se puede reaccionar ante esta afirmación señalando que es una obviedad. Ningún papa ni ningún papalista en su sano juicio ha dudado jamás de esto. El quid de la cuestión, sin embargo, es que la evaluación normativa de la conformidad de las declaraciones papales con la Tradición o la verdad recae, a su vez, en la soberanía hermenéutica del propio Papa. Es decir, no existe una medida o fuente de evaluación independiente para valorar la armonía de la enseñanza del Papa con la Tradición; más bien, el hecho consumado de la enseñanza del Papa es la garantía de su armonía con la Tradición. Esto lo afirman repetida y rotundamente los defensores del (hiper)papalismo.

Con esto, una observación final sobre el sedevacantismo. En primer lugar, hay que reconocer a los sedevacantistas el mérito de haber reconocido claramente que el reduccionismo conservador descrito anteriormente —que, a la luz de los desastrosos papas de las últimas décadas, busca salvar un núcleo supuestamente aislable del concepto moderno del papado— es incompatible con la pretensión integral del constructo papal establecido en Pastor Aeternus. Si uno desea verdaderamente actuar dentro del marco del Concilio Vaticano I, debe aceptar el marco en su totalidad. Sin embargo —y este es un punto crucial—si uno acepta el sistema de Ferretti, ya no puede afirmar que los papas han perdido su cargo por herejía. Dentro del marco del papado total, que los sedevacantistas pretenden defender, el rechazo de las enseñanzas papales ya no es posible. Esta es la contradicción performativa del sedevacantismo. Que el cargo papal se pierda por herejía es el propio juicio racional de los sedevacantistas —uno que ahora afirman en contra del juicio de un papa. En la mayoría de las narrativas sedevacantistas, la sedevacancia comenzó con Roncalli o con Montini. Uno de estos papas, que inicialmente debió de ser papa, consideraba naturalmente correctas sus propias interpretaciones teológicas de la tradición —que los sedevacantistas ahora condenan—. Rechazarlas recaería exclusivamente en la jurisdicción de un papa posterior —en la medida en que tal figura pueda siquiera existir desde la perspectiva sedevacantista—.

San Pío X y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X

Me gustaría recordar a la Fraternidad un discurso de su homónimo, en el que Pío X, en un eco afín a la autoestilización del papado por parte de Pío IX, entona un himno al Papa total. Me refiero al discurso de Pío X del 18 de noviembre de 1912, dirigido a la asociación de sacerdotes Unio Apostolica. Este discurso llegó incluso a publicarse en las Acta Apostolicae Sedis. En él, Pío X expresa la opinión de que «el amor al Papa contribuye de manera maravillosa a la santificación de los sacerdotes». La razón de ello es que, en opinión del Papa, el Papa «es la cabeza bajo la cual nadie se siente tiranizado, porque representa a Dios mismo; es el Padre por excelencia, que une en sí mismo todo lo que es amoroso, tierno y divino. ¿Y cómo se debe amar al Papa? Non verbo neque lingua, sed opere et veritate. Cuando se ama a una persona, se intenta, en todo… cumplir sus deseos. (…) Y si nuestro Señor Jesucristo dijo de sí mismo: «si quis diligit me, sermonem meum servabit», entonces, para mostrar nuestro amor al Papa, es necesario obedecerle. Así pues, si se ama al Papa, no se discute sobre lo que él manda o exige, ni sobre hasta dónde debe llegar la obediencia, ni en qué asuntos se debe obedecer; si se ama al Papa… no se cuestionan sus órdenes…; no se limita el ámbito en el que puede y debe ejercer su autoridad; no se antepone la autoridad de otras personas a la del Papa, por muy eruditas que sean…». Finalmente, según Pío X: «Quien es santo no puede apartarse del Papa».15

Al igual que con el propio Cristo, según Pío X, la distinción entre legitimidad y legalidad ya no se aplica a la luminosa figura del Papa; los actos ilegales son, por su propia naturaleza, también ilegítimos. La justificación de los actos ilegales —como las consagraciones episcopales no autorizadas por el Papa— invocando un estado de necesidad eclesiástico se derrumba por sí sola, porque el propio Papa no considera este supuesto estado de necesidad como un estado de necesidad. Y su juicio es el único normativo, no solo por su autoridad jurisdiccional, sino también, por las razones epistémicas esbozadas anteriormente, en un sentido material. En otras palabras: el Papa total exige la renuncia al propio juicio, lo que el soldado de Loyola llevó a su extremo último en su Regulae ad sentiendum cum Ecclesia: «Lo que veo blanco, lo considero negro si la Iglesia jerárquica lo define como tal». Aunque esto es objetivamente una locura, es coherente dentro de un sistema absolutista. Si, por lo tanto, se acepta el sistema de Ferretti y, por ende, a todos los papas hasta la actualidad como tales, no se puede evitar aplicar también el discurso de Pío X a Jorge Bergoglio, y creer, por ejemplo, que la postura de Bergoglio sobre la cuestión del diálogo interreligioso se alinea con la de los papas Pío, simplemente porque el papa Bergoglio, como único intérprete normativo de la tradición, puede afirmar esta continuidad y esta afirmación no es rechazada por su sucesor. Sin embargo, dentro del sistema de Ferretti, hay que creerlo por la única razón de que la doctrina católica es, al fin y al cabo, invariablemente tenida en alta estima por el Papa.

A la FSSPX le gusta trabajar con la espiritualidad de Ignacio de Loyola. Por lo tanto, en relación con el discurso de Giuseppe Melchiorre Sarto, me gustaría recordar una afirmación de Loyola sobre la obediencia, que se encuentra en las Constituciones de la Orden y que, a su vez, refleja perfectamente el absolutismo moderno. Según Ignacio, todo aquel que vive en obediencia debe «dejarse llevar y guiar por el superior como si fuera un cadáver que puede ser llevado a cualquier parte y tratado de cualquier manera, o como el bastón de un anciano que sirve donde y para el fin que el hombre desee utilizarlo». En el marco de la teología papal tal y como se expone en Pastor Aeternus, el Papa es el superior eclesiástico supremo. Hay que obedecer incondicionalmente a este intérprete único de la Tradición y «Padre por excelencia, que une en sí mismo todo lo que es divino»; lógicamente, no puede ser de otra manera. Y obedecerle, según Pío X, significa amarle, y tal amor contribuye de manera maravillosa a la santificación de los sacerdotes.

Ahora bien, no parece que el valiente Superior de Distrito de Stuttgart, que sin duda se esfuerza fervientemente por su propia santificación y al mismo tiempo se ve a sí mismo «como sometido al Papa», se esté preparando para dejarse llevar y guiar por el Papa Prevost «como si fuera un cadáver». Pfluger habla explícitamente de ser obediente al Papa solo caso por caso, dependiendo de su propio juicio teológico. ¿Es esto coherente a la luz de los presupuestos teológicos de la FSSPX respecto al papado?

Fundamentalmente, me pregunto: ¿Qué se deduce de todo esto para la FSSPX? Sua quemque incohaerentia perdit.16

110 comentarios en “La contradicción performativa de la FSSPX

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Reconozco que leí hasta la mitad. Para entender bien a este Virgilius, me tocaría leer todo un par de veces. Es muy leído y de gran cultura eclesial. Lamentablemente, textos tan largos me chuponean la energía y me canso. Entiendo que todo lo que escribió gira alrededor de mostrar que la FSSPX se contradice al aceptar algún postulado anterior al siglo XX y no ser coherente con ello en su modo de actuar teniendo en cuenta las palabras de un cura responsable por uno de sus distritos.

    Yo quiero decir que en mi pobre teología que todo el texto (incluso lo que no leí) puede ser asertivo e importante. En mi caso, me parece secundario cuando hablamos del aspecto de la comunión. Es la clave máxima de lectura para mí.

    Si considero las ramas más «alejadas» de Roma, las Iglesias orientales católicas en comunión con la madre de todas las Iglesias, ellas estuvieron en unión, se alejaron en 1054 y regresaron, pasando por todas las tormentas incluso el tan disputado CVII. Poseen Divinas Liturgias en otro formato y lenguas, tienen sus obispos eleitos y sagrados en forma sinodal episcopal y el Santo Padre tiene el poder de veto o aprobación y casi siempre lo aprueba, hasta donde sé. Por lo tanto, hasta los orientales, tienen un punto de contacto directo con la parte latina: el Papa. Y me suena lógico que así sea.

    Soy una persona que nació totalmente en el contexto del CVII. Fui creado en una parroquia «modernista» según el vocabulario algo agresivo de muchos en Internet. Jamás oí críticas hacia el Vetus Ordo. La RCC existía pero no tenía mucho peso y no había TL. Al leer al Virgilius e toda esta cosa de Papa total, ab soluto, etc. lo entendí perfectamente. Pero varias cosas que mencionó estar en los documentos eclesiales, jamás oí en una homilía. El Papa, cuando mencionado, sí era una figura destacada, referencial, al que en última instancia se debía obediencia en caso de que batiera el martillo en asuntos, digamos, ejecutivos. Los documentos que he leído, casi todos post CVII, lo hice con apertura pero jamás como algo que tenía que tragarme por entero. Cito un ejemplo: que Juan Pablo II haya dicho que la ordenación sacerdotal femenina era asunto cerrado y punto en OS jamás pesó en mí como argumento, precisamente porque todo lo que escribe ahí no es absoluto. Tampoco estoy afirmando que soy a favor de sacerdotisas. Solo deseo decir que en pobre mente siempre hice de este modo: Escritura y Tradición no se discuten bien como declaraciones ex cathedra, que entiendo haber sido usada en dos dogmas marianos y nada más. De resto, como la misma Iglesia enseña, los documentos tienen pesos magisteriales diversos. El mismo documento de la vocación del teólogo de la CDF reconoce que en última de las últimas instancias, si el teólogo no logra estar conforme a lo que dice la Iglesia, él tiene el derecho a respetar su conciencia. De modo que, jamás vi al Papa como un función de servicio que gobierna mi vida entera como católico en la línea del Papa total.

    Puedo entender y discordar, por lo tanto, que la Fraternidad quiera sagrar más obispos. Si en su última instancia es su consciencia comunitaria quien dicta, puedo comprenderlo a la luz del documento de la vocación del teólogo.

    Mi discordancia en últimas de las últimas instancias poco tiene que ver con el Papa en sí mismo sino cuánto al papel en la comunión que la FSSPX está otorgando al Papa. No es un primaz de honor al que se le informa. Y más allá de su jurisdicción universal, el punto de comunión con NADA visible y tangible en el orbe católico es mi gran punto.

    La FSSPX no es una Iglesia sui iuris ni desea serlo. No es una Prelatura y pudo serlo, pero alega problema de conciencia para estar en comunión plena y jurídica con el resto. Si me permiten ser simplón qué es la FSSPX? Un arbolito con 2 obispos (yendo hacia 6) con unos 900 padres, no sé cuantos diáconos. Y este arbolito tiene en su familia espiritual comunidades de monjas, laicos consagrados, laicos adheridos a la FSSPX y frecuentadores. A qué está ligado este grupo de gente? A nadie. Naturalmente, argumentarán que al Papa y a la Iglesia. Pero es falsa una relación de una sola parte. Puedo afirmar que te amo, que contigo estoy pero si nunca estoy, ¿estoy?

    No estoy en la doctrina completa, no celebro en el Novus Ordo, celebro en el Vetus pero el Novus me repugna, llamo a mis hermanos en el bautismo: herejes o posibles herejes, modernistas, etc. Digo que estoy con el Papa pero no le obedezco cuando dice algo que considero errado. No tuve buena relación con el Dicasterio de la CDF en Ecclesia Dei, tengo mi propio tribunal matrimonial sin ligación diocesana o con la Rota Romana, ordené todos mis presbíteros aún cuando estaba prohibido de hacerlo, no me disolví cuando un obispo con jurisdicción me mandó hacerlo, no respeté el acuerdo con Ratzinger en el 88, si deseo que un obispo mío celebre sacramentos en una diócesis, a veces le digo al titular del local y muchas veces, paso por en cima.

    Mi organización, al menos, la presente, tiene un sacerdote como SG, dos obispos y otros padres en su Consejo General. Estos 2 obispos sin jurisdicción y gobierno vuelan por el mundo con un escopo todavía mayor que lo que fue el Opus Dei. La forma de actuar de la FSSPX es la misma que la de una Iglesia ortodoxa autocéfala, salvo que no tiene un Patriarca y un Santo Sínodo. Pero Iglesias ortodoxas, por más hipócritamente que afirmen ser territoriales y que atienden sus miembros fuera del territorio como apostolado, todos sabemos que se valen del ad extra para evangelizar afuera de sus muros y crecer. La FSSPX tiene una actuación que pensándolo mejor, es más que una Prelatura o una suerte de Iglesia ortodoxa. Desde el punto de vista de la comunión, la FSSPX es y cada vez un un suerte de quiste. El área de actuación de la Iglesia es el mundo; el de la FSSPX, ibid. Actúa como una Iglesia autocéfala con un padre a la cabeza que decreta sagración episcopal NO deseada ni aprobada por NADIE, excepto por ellos y sus admiradores.

    En suma, desde el punto de vista de la comunión y mi texto fue en otra línea de la Virgilius, el Papa como referencia de comunión importa, pero la FSSPX no tiene comunión con ningún estamento eclesial. Su obediencia a la tal Roma eterna, Papa eterno o Iglesia triunfante, purgante y militante (ellos, para los más radicales) no es a nadie concreto que no ellos mismos.

    En mi entender, hasta el Papa y su mandato o no es desvío de enfoque. Se manda que sea porque así hacen todas las comunidades diocesanas o religiosas cuando sus candidatos son epíscopos. Pero lo que deseo que quede claro, es que este quiste crece dentro (ya que no fue expelido) pero crece sin querer tener cualquier vínculo visible, no quiere ser tocado, interferido e, incluso, ser pasible de ser extirpado como jesuítas, Sodalicio, Miles Christi,…

    ¿Dónde rayos está la comunión? El Papa total es secundario en este caso.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Andrés, ¿Dónde radica la autoridad del CVII en su conjunto si se puede legítimamente asentir a ciertas doctrinas y disentir de otras? Lo de Benedicto XVI y el IBP demuestra que no es necesario adherir al CVII para ser católico. Si yo no firmo, tal como no quiere hacer la FSSPX, sigo siendo católico. Pues disentir con «venía» de la autoridad o sin ella no cambia la naturaleza del disenso.

    Lo de los obispos es otra cosa.

    Hilbert

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      ¿Dónde radica la autoridad del CVII en su conjunto si se puede legítimamente asentir a ciertas doctrinas y disentir de otras?

      Pues igual que los demás Concilios, como se han dado ejemplos en los comentarios aquí y en otras oportunidades.

      El problema de la FSSPX no es que «no firme» esa «adhesión al CVII», sino que se monta un cisma con jerarquía paralela, con la excusa de los errores del Concilio y el supuesto «estado de necesidad», confundido con la crisis (que es real). Además que no admite ninguna interpretación «según la Tradición» del CVII. Lo de Benedicto XVI y el IBP demuestra que hay diversos grados de doctrina, cosa que ya se sabía, y que exigen diverso grado de aceptación, nada nuevo, como sabrá usted.

      Tan ridículo es hablar de «adhesión al CVII» así simplistamente, como de rechazo.

      Pues disentir con «venia» de la autoridad o sin ella no cambia la naturaleza del disenso.

      Claro que cambia. Que no lo vea me preocupa un poco.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado Andrés, sin embargo la razón que aduce León XIV para no recibirlos, al menos la única vez que habló del tema, es la autoridad del CVII y que ellos no lo «aceptan» y que hay que seguir adelante (lo que me recuerda el chiste que dice que ayer estábamos al borde del precipicio y hoy con orgullo podemos decir que hemos dado un paso al frente…).

        Y sin embargo, hay otros que no lo aceptan, como llevo dicho, y eso no pareciera ser un problema. De tal modo que la venía de la autoridad puede darse.

        El camino Sinodal alemán, por caso, ¿no contraviene el CVII y todos o casi todos los concilios anteriores? Pues pareciera que tiene una venía para hacerlo pues, «sigue adelante» sin ninguna condena. Es decir, avanza de hecho.

        En cuanto a las «excomuniones». Si fueron levantadas en el pasado, nada impide que lo sean en el futuro. Los arzobispos de Canterbury estaban excomulgados, hoy las obispillas son recibidas con honores y hasta imparten bendiciones en San Pedro.

        Nada de eso parece inquietar a León XIV.

        Por lo demás, lo del nombramiento de obispos es, según parece, no más que una pulseada de poder. Bastaría que algún día la FSSPX tenga un poder semejante al de China, para que se le conceda lo que a aquella.

        ¿Será que el tiempo es mayor que el espacio como gustaba decir el felizmente muerto Francisco?

        Cordialmente

        Hulbert

      2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        sin embargo la razón que aduce León XIV para no recibirlos, al menos la única vez que habló del tema, es la autoridad del CVII y que ellos no lo «aceptan» y que hay que seguir adelante

        A ver, que el Papa León nunca habló de por qué no recibe en audiencia a la FSSPX. Ni tampoco dijo «la autoridad del CVII» así literalmente. Y lo de «seguir adelante» se refiere a que la Iglesia no puede hacer nada más, si hay un grupo que quiere separarse, como la FSSPX. Ya se les ofrecieron todas las instancias de diálogo, desde 1988 e incluso antes, y siempre han rechazado.

        Y sin embargo, hay otros que no lo aceptan…

        De vueltas a la falacia tu quoque… Estimado, una cuestión básica esto: lo que hagan los demás, de errores, no me da derecho a nada. ¿Tan difícil de aceptar? No somos niñitos malcriados. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.

        En cuanto a las «excomuniones». Si fueron levantadas en el pasado, nada impide que lo sean en el futuro. Los arzobispos de Canterbury estaban excomulgados, hoy las obispillas son recibidas con honores y hasta imparten bendiciones en San Pedro.

        Usted sabe perfectamente que los anglicanos siguen fuera de la Iglesia, y desde el Vaticano se recordó claramente que no se reconoce la validez de las ordenaciones anglicanas.

        En fin, ya hemos hablado de estas cosas antes, yo lo que no entiendo es por qué los defensores de la FSSPX vuelven a lo mismo una y otra vez.

        Aquí las palabras de León XIV, para que quede claro qué sí dijo y qué no dijo:

        «Estoy considerando hacer otro llamamiento y decir «no hagan esto, intentemos vivir la comunión de la Iglesia». Pero es su elección. Debemos darnos cuenta de lo que significa para ellos y para la Iglesia. Ciertamente, la división entre los cristianos es un punto doloroso. Sin embargo, se niegan a aceptar algunos elementos fundamentales de la Iglesia, empezando por varios puntos del Concilio Vaticano II. Si toman esa decisión, lo siento. Pero debemos seguir adelante».

        Está claro que no reduce la cuestión al «Concilio Vaticano II» y ni siquiera sugiere que el tal Concilio es un totum que todos deben aceptar indiscriminadamente. Pero dice «empezando por algunos puntos del CVII», cuando antes dijo «se niegan a aceptar algunos elementos fundamentales de la Iglesia». Un poco de comprensión lectora no estaría mal.

        Como se ha dicho ya muchas veces, la FSSPX tiene una eclesiología herética, y eso no depende del CVII. De resultas, ni siquiera son «tradicionalistas» salvo en un sentido equívoco.

      3. Avatar de LGrimaldi LGrimaldi

        Quienes encuentran más fácil ordenar mujeres son los diversos obispos y cardenales liberales que defienden abiertamente sobre este tema dentro del marco sinodal aprobado por Francisco y León XIV.

        En cuanto a Williamson, su expulsión fue solo administrativa, como ocurre también entre jesuitas, dominicos y franciscanos. Esto no significa que dejara de ser católico, pues lo que define el catolicismo es la fe y los sacramentos innegociables, no meras leyes administrativas mutables.

        Pero a las personas con una mentalidad positivista, mundana y difamatoria les cuesta comprender la riqueza del catolicismo.

      4. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Claro, la comunión jerárquica con el Sumo Pontífice, expresada y vehiculizada por la unidad canónica, es una mera «ley administrativa»…
        Menuda pérdida de tiempo que se echaron los Papas y Doctores que se ocuparon de la ley canónica…

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      No caiga en la trampa.

      El problema real no es exactamente el CVII, sino los decretos que lo desarrollaron.

      Recuerde que la santa misa de siempre y en latín fue declarada expresamente por el Concilio que se dejase tal y como estaba.

      Fue Montini y basándose únicamente en su autoridad pontificia (lo dice él así y está en youtube porque lo dice ante las cámaras ) quien desobedeciendo al Concilio ordena la nueva misa («banquete eucarístico») y en lengua vulgar.

      Esta primera «eucaristía» protestantizante tuvo lugar en la iglesia de Ognissanti de Roma el 7 de marzo de 1965 oficiada por este precursor de Bergoglio.

      1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Tomar nota que la FSSPX empezó con esa «eucaristía protestantizante», y no fue sino más tarde que Lefebvre dejó el «Misal híbrido» de 1965 para retrotraerse al Misal de Juan XXIII del ’62.

        Digo, por si alguien olvida cómo fueron las cosas.

    3. Avatar de Desconocido Anónimo

      Que no Andrés, que no. Que si menciono lo que hacen los demás no es porque ellos lo hagan y yo quiera hacer lo mismo. Es por lo que les dejan hacer. Que no es tan difícil un poquito de comprensión lectora como pide usted. El problema no es que haya herejes, el problema es que Roma (y el Papa es Roma) los invite y los reciba y los anime en su «ministerio», como con la obispilla. O que profundice en el camino Sinodal. ¿Me explico? ¿Por qué negar a unos lo que se concede a otros? Si son justas las razones para recibir a la obispilla, no recibir a Viganó ni a Pagliarani es una enormidad. A la obispilla los honores, a Viganó/Pagliarani, ni justicia.

      ¿Acaso habrá algún designio en esa conducta? Porque a pesar del diálogo tan proclamado, no tengo duda alguna que la obispilla reconoce menos el primado de Pedro que Viganó y Pagliarani.

      Y tampoco dudo de la más que luterana eclesiología del camino sinodal, o del comunismo dogmático de los obispos del PC Chino.

      Sin embargo para aquellos no hay excomuniones, hay acogida, apoyo, envión.

      Me importa lo que hace Roma con los herejes y cismáticos, no lo que éstos hacen con Roma.

      Y, hasta ahora, sabemos de las condenas al luteranismo y al comunismo y a las doctrinas conciliaristas del camino sinodal, las que no impiden su recepción y entusiasta apoyo, pero no hay ninguna condena doctrinal contra presuntas herejías de la FSSPX (más allá de que puedan incurrir en contradicciones e independientemente de que nos gusten más o menos sus posturas).

      Pareciera que lo que molesta es que se niegan al aggiornamento, se niegan a «seguir adelante».

      En buena hora.

      Lo de los obispos, es otra discusión.

      Cordialmente.

      Hilbert

      1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        ¿Por qué negar a unos lo que se concede a otros?

        Cuando hayan pasado un par de siglos, los dirigentes de la entonces (si existe) FSSPX serán recibidos con los mismos «honores» que la obispilla anglicana.

        Entonces tendrá lo que usted tanto desea.

        A lo mejor incluso haya una obispilla lefebvriana, que a fin de cuentas, se empieza por el cisma y se acaba en la herejía (pregunte a los veterocatólicos para mayores referencias).

        Me importa lo que hace Roma con los herejes y cismáticos, no lo que éstos hacen con Roma.

        Pues muy mal, importa todo o no importa nada.

        Y por cierto, hablando de «doble vara», ¿cómo anda el caso Williamson? Porque la FSSPX lo expulsó por actuar del mismo modo que ahora la FSSPX actúa con el Papa… y Williamson dio las mismas justificaciones que ahora da la FSSPX.

        Consejos vendo, para mí no tengo…

    4. Avatar de Desconocido Anónimo

      Caro Andrés. Sigue sin entender. ¿No ve que no estoy tanto defendiendo a los «lefebvrianos» cuánto defendiendo a la Iglesia de quienes la atacan? (Me causa gracia que crea que soy Lefebvriano por el sólo hecho de coincidir con ellos sólo circunstancialmente en algunas de sus ideas. Es que a mí no me importan las «camisetas», me importa la verdad, la digan Lefebvre o Montini.

      Creo que ni usted ni nadie han demostrado aún que los «lefebvrianos» hayan actuado contra el derecho divino. Pues si así fuera los Papas no podrían haberles levantado sus penas. Esas burradas si las hizo Francisco con Amoris Laetitia, pretendiendo abrogar varios mandamientos de un plumazo. Resuelva ud. ese dilema, en lo que le deseo suerte. O tal vez esté usted conforme con ello. Es curioso que gran parte de la Iglesia (la africana por ejemplo) no lo está y tampoco lo está con Fiducia supplicans. ¿Están ellos también en cisma y contra el derecho divino?

      Ahora, si se puede disentir con el Vaticano II, como demuestra el caso del IBP, y con Amoris Laetitia y Fiducia Supplicans como lo hace toda la conferencia episcopal.africana, si se puede acordar como hizo China con Parolín, y nada de ello afecta el derecho divino, si se puede ser obispa y ser recibida con honores, si se puede recorrer el camino Sinodal protestante alemán y no suponer ello la mas mínima sanción explíqueme usted por qué no hay lugar para la FSSPX en la Iglesia en la que caben todas esa enormidades y sobre todo explíqueme por qué todos los que le mencioné pueden disentir y no puede hacerlo la FSSPX.

      Yo me sé la respuesta y no soy ni por asomo lefebvriano como usted supone , pero me gustaría saber cómo lo explica sin romper el principio de no contradicción (y aprovecho para recordarle que la obediencia ciega e irracional, es un pecado como demostró entre nosotros Castellani).

      Y eso no tiene nada que ver con la cuestión de los obispos, que, le recuerdo, siempre dejé fuera de la ecuación.

      Cordialmente,

      Hilbert

      1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Creo que ni usted ni nadie han demostrado aún que los «lefebvrianos» hayan actuado contra el derecho divino.

        ¿Cómo puede decir eso cuando se ha demostrado repetidamente que el asunto de las consagraciones episcopales deriva del derecho divino?

        Todo su comentario es una enorme petición de principio, y además patea la pelota fuera, se va por la tangente, mezcla peras con bananas, y cánones con rábanos.

        ¿Pretende una respuesta o un tomo 500 páginas sobre todas esas preguntas al vuelo que hace?

        Y eso no tiene nada que ver con la cuestión de los obispos, que, le recuerdo, siempre dejé fuera de la ecuación.

        Me parece una tomadura de pelo que diga eso, qué quiere.

  3. Avatar de Desconocido Messerschmidt

    He leído con placer el artículo de Vigilius. He seguido con mucho interés la discusión al respecto. Sin embargo, cuando ésta parece estar llegando a su fin, tengo una sensación de hastío y de vacío difícil de explicar. Tantas palabras, elucubraciones y erudición ¿adónde nos llevan? Si considero lo dicho tanto por los comentaristas como por el autor tengo la impresión de que nos alejamos cada vez más de lo que es la enseñanza de Cristo para caer en una vana soberbia teológica. No me excluyo de tal pecado. Las citas de Pío IX y Pío X sobre la preeminencia del Papa, confrontadas con los Evangelios, son espeluznantes. Sé que me dirán que Pastor Aeternus es una constitución dogmática y por lo tanto “vinculante” para todo creyente. Formalmente sí. Pero si confrontamos la actitud del pontífice por lo que respecta a su ministerio y la doctrina evangélica, hallamos una contradicción insoportable: el Papa no imita a Cristo en su sacrificio y su humillación, sino que enaltece su cargo de modo casi luciferino. Es trágico el modo en que este tipo de actitud proporciona argumentos a toda clase de herejes y enemigos de la fe. En sí esta actitud es la prueba no de la infalibilidad papal, sino de la falibilidad de todo hombre por el simple hecho de serlo. Insoportable también es el aserto de San Ignacio de que “lo que veo blanco, lo considero negro si la Iglesia jerárquica lo define como tal”, que en definitiva significaría delegar la propia responsabilidad moral en otro, un otro que por muy cabeza de la Iglesia que sea, no deja de ser un mortal. En el caso de Francisco han quedado patentes los límites de la infalibilidad y de la autoridad papales, si es que no estaban suficientemente claros desde siempre. Personalmente me es imposible no pensar como Chesterton que «en la iglesia uno se saca el sombrero pero no la cabeza», lo que significa asumir el riesgo moral y también la posibilidad del mérito, que desaparece si obro bien sin discernimiento, simplemente por obediencia a un superior. Al delegar nuestra responsabilidad última en otro, aunque sea el Papa, nos engañamos a nosotros mismos y en cierto modo actuamos como el mal siervo en la parábola de los talentos. La obediencia no es virtud si es ciega, pues siendo ciega puede llevar a cometer iniquidades. Ejemplos no faltan… Por otra parte, si caemos en la veneración enfermiza de un mortal (Pío X: “el amor al Papa contribuye de manera maravillosa a la santificación de los sacerdotes” y nótese que el adjetivo “maravillosa” suena casi a “mágica”, con todo lo que ello significa) estamos adorando a un becerro de oro. En este contexto, creo que los problemas de y con la FSSPX son una minucia. El problema es mucho más profundo, viene de mucho más lejos que del CVII y está mucho más arraigado de lo que solemos creer. Probablemente es parte de la gran prueba que significa toda existencia terrena, incluída la de la Iglesia. Estoy convencido de que los males que nos aquejan tienen en última instancia un significado providencial. El pontificado de Francisco nos ha mostrado, sospecho, hasta qué punto el papado tiene unos límites y hasta dónde es infalible y o falible. Esto es un regalo de la Providencia. Hace un momento leí algo de San Buenaventura que parecemos olvidar una y otra vez. Conviene recordarlo, es como la luz de un faro en medio de la oscuridad:

     Gratia autem Spiritus Sancti non est nisi in homine grato; gratus autem esse non potest, nisi agnoscat suam indigentiam. Indigentia autem triplex est: virtutis cogniscitivae, potestativae, amativae, quia caeci sumus, infirmi, maligni. Oportuit ergo ut homo prius agnosceret suam caecitatem, infirmitatem, malignitatem, antequam salvus fieret vel gratia ei daretur.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Brillante comentario que guardaré para tenerlo de referencia. Un soplo de viento fresco en medio de tanta discusión (que a esta altura creo es vana).

      Dios lo bendiga

      -José

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Mi estimado Andrés, parece que estamos lejos de entendernos. Y me imagino que tiene mucho que ver con las limitaciones del medio. Pero me ayudaría mucho saber si UD. se encuentra a gusto con, entre otras cosas, la evidentes contradicciones del «magisterio» del CVII con el magisterio precedente, libertad religiosa et al, o con el triunfante espíritu del Concilio, o con la aplicación de la reforma litúrgica, con el ecumenismo, el diálogo interreligioso, Asís, el beso papal del Corán, el cambio canónico de los fines del matrimonio, Abu Davi, la Pachamama, Amoris Laetitia, Fiducia Supplicans, la tolerancia cuando no abierto apoyo al clero homosexual, el encubrimiento de los abusadores, etc. y todo aquello que, poco a poco, en los últimos 60 años ha ido minando la Fe Católica, transmutándo la Iglesia en algo irreconocible.Si UD me contestase que nada de eso ha sucedido, entenderé entonces que vive UD en una realidad paralela (el mundo de Alicia en el país de las maravillas tal vez) donde todos los males son atribuibles al tradicionalismo «enrayé». Si admitiese que en todo ello hay algún problema, que éste es inédito, que los propios sumos pontífices han sido y son parte del problema (lo que a mí me parece innegable) que esa nota reviste particular gravedad y así y todo pretendiese Ud. que la situación no supone un peligro para la Iglesia, entonces no tenemos nada más que hablar, porque estaríamos perdiendo el tiempo.Son muchas y muy autorizadas las voces que vienen dando la señal de alarma. Y no todas adscriben a las posturas de la FSSPX. Pero tampoco se ensañan con ella.Y si la FSSPX actuó mal en el caso Williamson (que no lo sé) ¿Qué tiene ello que ver con la enormidad de la pena de excomunión? La expulsión de una sociedad no tiene punto de comparación con la excomunión y sus implicancias. Me extraña que no advierta la diferencia.Por otro lado…Benedicto XVI, ¿No levantó las excomuniones a los obispos de la FSSPX? Y Francisco, ¿No les confirió jurisdicción para confesar, casar, e incluso para juzgar de la nulidad de matrimonios? ¿Estuvieron mal esos papas? ¿No está siendo Ud. mas papista que ellos?Creo que lamentablemente León XIV está eligiendo mal al enemigo, con la sola finalidad de conservar el principio de autoridad. Pero es como castigar al hijo menor injustamente, sólo para mostrar poder ante el hijo mayor. Y el Titanic sigue adelante. Y los Batistellas bailan sobre la cubierta.Veremos si en su utopía, sigue existiendo en 200 años el novus ordo, y si alguien asiste a él, y a dónde los ha llevado el ecumenismo y Nosta Aetate y la canonización de la sodomía y, sobre todo, a quiénes repudiará el Señor, cuando vuelva.

      Hilbert

      1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        No es por culpa de «las limitaciones del medio».

        Es que usted no tiene memoria.

        De otro modo no me haría esas preguntas.

        Y si la FSSPX actuó mal en el caso Williamson (que no lo sé) ¿Qué tiene ello que ver con la enormidad de la pena de excomunión?

        ¿Ve qué fácil que es entenderlo? Y sin embargo, ahí van ustedes lefebvrianos echando mano del tu quoque para justificarse (a su ojos). ¡Y todavía reclaman que contra ustedes se usa una doble vara!

        Tanto aparta de la Iglesia el cisma como la herejía, esto lo dijo San Jerónimo y lo repitió León XIII.

        Lo que yo niego es que la crisis, terrible como sea, constituya para la FSSPX el «estado de necesidad» que les autorice a obrar contra el derecho divino. Simplemente porque el derecho divino no tiene excepciones.

  4. Avatar de Lucas2002 Lucas2002

    El autor simplemente no acepta la clara jerarquía dogmática del Concilio Vaticano I, es un bárbaro cuando habla de la ley y confunde deshonestamente la adhesión a dogmas/revelaciones innegociables con la obediencia (por naturaleza siempre condicionada por la verdad objetiva) en asuntos pastorales y disciplinarios que son inherentemente mutables y siempre sujetos a discusión, resistencia o revisión según sus resultados quando estos provocan crisis.

    El autor es incoherente, como todos los modernistas, al defender, cuando le conviene, la negación práctica de dogmas y principios morales infalibles, mientras exige obediencia ciega a disciplinas y prácticas pastorales falibles y siempre discutibles. Lo falible se vuelve obligatorio y lo infalible, opcional: una flagrante y autodestructiva contradicción de todos los mandamientos y la lógica. Por eso hoy hay herejes que bendicen a parejas homosexuales con impunidad y obispos que siguen haciendo lo que siempre han hecho bajo la amenaza de excomunión: una incoherencia ridícula que cada vez más justifica a la FSSPX.

    El texto busca implícitamente contradecir la fe católica y, para ello, recurre a la falacia del hombre de paja. Se trata de otro autor positivista que intenta convertir el papado en una caricatura para servir a su propio subjetivismo. El autor debe sentirse más cómodo con su incoherencia mundana porque odia la verdad católica, que lo condena. Todo por su incredulidad en la verdad objetiva.

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      ¿Es usted consciente que ese «modernista» de Vigilius, apoya a la FSSPX?

      Digo, a lo mejor resulta que la FSSPX también es modernista, aunque disfrazada.

      En cuanto a las aberraciones (innegables) que «justifican a la FSSPX»… qué le puedo decir: siempre se dijo que era mala idea intentar apagar fuego con gasolina, pero en fin…

      1. Avatar de Lucas2002 Lucas2002

        Él es tan inconsistente cuanto la mayor parte de los dichos católicos hoy, con la negligencia de la jerarquía modernista y crisis que los positivistas generan en la Iglesia desde el concilio vaticano II

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Aunque no toca directamente el tema de esta entrada, está relacionado, porque fue una solución histórica -válida-

    Hace unas semanas se recordó en este blog el genocidio masónico de la Vendée en nombre de la Libertad, la Igualdad y la Fraternidad…

    Pero pocas personas conocen ciertas consecuencias dentro de la Iglesia local.

    Resulta que efectivamente el genocidio fue horrible…y que el Papa acabó reconociendo a los sacerdotes que juraron la Constitución anticatólica en el Concordato con Napoleón.

    Es decir, que el sacrificio de los sacerdotes que se negaron a jurar la Constitución, muchos de los cuales fueron martirizados, no sirvió para nada.

    Hubo la lógica reacción, tanto en Francia como entre los franceses que se habían refugiado en el extranjero, que acabó en una Iglesia Católica paralela; solo que, como no tenía obispos que ordenasen y los sacerdotes se acabaron muriendo, estaba formada por laicos que leían los misales -en latín- en reuniones que se celebraban y se siguen celebrando en casa particulares.

    Sí; por lo visto son unos 3.000 fieles concentrados en la Vendée y las regiones que la rodean.

    Para que luego no digan que «cuando se cierra una puerta no se abre una ventana».

    1. Avatar de Desconocido Messerschmidt

      Demasiado a menudo, al leer artículos y comentarios en este blog, tengo la impresión de que la confusión entre los tradicionalistas no es menor que entre sus, digamos, “adversarios”. En este comentario leo que

       “el sacrificio de los sacerdotes que se negaron a jurar la Constitución, muchos de los cuales fueron martirizados, no sirvió para nada”

      y me pregunto qué clase de cristianismo será el de alguien que puede escribir algo como esto. Y no lo digo con acritud, sino con perplejidad y pena por la confusión y el desconocimiento de la propia religión que estas palabras revelan. Evidentemente, aquí se piensa en utilidad en el mundo, utilidad política, con la cual el martirio no tiene nada que ver. La “utilidad” del martirio es otra muy diferente. Yo creía que esto era algo que cualquier cristiano mínimamente formado era capaz de entender. Evidentemente el comentarista es alguien con una formación más que mínima, lo que no evita que caiga en un error elemental, ignorando algo que un niño de primera comunión debería saber. Lamento expresarme tan crudamente, pero no sé decirlo de modo más amable y al mismo tiempo sincero.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      El problema era mucho mayor: con ese concordato, el Papa había accedido a forzar la renuncia de todos los obispos franceses y a disolver todas las diócesis históricas, incluidas las de fundación apostólica, para reemplazarlas con nuevas divisiones administrativas diseñadas por el Emperador de los Franceses. Quienes se negaron a aceptar la medida lo hicieron porque veían su tradición oficialmente borrada por un Papa que capitulaba ante su enemigo, ahora rebautizado como «católico». Sin embargo, los obispos que apoyaban a la Petite Eglise se negaron a ordenar a otros obispos, aun cuando la doctrina del Concilio Vaticano I todavía no se había establecido: sabìan lo que significaba.

      Pensar en ellos siempre me hace reír cuando la fraternidad habla de un «estado de necesidad». Quizás por temor a la terrible libertad religiosa, cuya negación por parte de los papas del siglo XIX no tuvo otra consecuencia que justificar la masacre de católicos polacos o de los cristeros.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        No es solamente «una tradición borrada por su enemigo».

        Es que el dictador se hace con poderes exclusivamente pontificios para reconfigurar la Iglesia Católica de Francia a su gusto.

        Además estaba el problema de haber jurado una constitución que «nacionalizaba» la Iglesia de Francia (seguramente siguiendo tendencias galicanas y jansenistas, muy vivas hasta la Revolución)

        En cualquier caso el Papa, una vez libre, declaró haber sido forzado a firmar el concordato contra su voluntad y que por tanto ese vicio de la voluntad hacía al concordato nulo e inválido.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        La Constitución Civil del Clero, según Wikipedia:

        La ley sobre la constitución civil del clero votada el 12 de julio de 1790 por la Asamblea Constituyente, estaba llamada a sustituir el Concordato de 1516.

        Su objetivo era reorganizar en profundidad la Iglesia de Francia, transformando a los sacerdotes católicos parroquiales en «funcionarios públicos eclesiásticos».

        constaba, entre otras, de las siguientes medidas:

        • Se suprimen antiguas instituciones, como los cabildos catedralicios.
        • Se reestructuran las diócesis y parroquias tomando como modelo la estructura departamental. Se establecen 83 diócesis, una por departamento.
        • Los obispos y sacerdotes son elegidos por los fieles.
        • El Estado se hace cargo de la remuneración del clero.
        • Se otorgan derechos civiles a todos los religiosos, que les permitían abandonar sus cargos. Los religiosos son ahora ciudadanos como los demás, sin privilegios ni regalías.

        Con este sistema no queda sitio para el papa: sólo se relaciona con la Iglesia de Francia por medio de un obispo de nueva creación que le envía una carta como prueba de unidad de fe y de comunión en el seno de la Iglesia Católica.

        De inspiración galicana, esta constitución civil trataba de establecer la total independencia (salvo en materia doctrinal) de la Iglesia de Francia respecto al papado.

        Es decir, según entiendo yo, lo que están haciendo los políticos de la Asamblea Constituyente, es crear una iglesia nacional francesa, como lo fue la Iglesia Anglicana de Enrique VIII respecto a Inglaterra (que no era protestante, sino católica )

        Es normal entonces que la mayoría de los sacerdotes se negasen a aceptarla y por eso tantos sufrieron el martirio.

        Esta constitución fue suprimida con el concordato de Napoleón y Pío VII (1801)

      3. Avatar de Desconocido Anónimo

        Efectivamente el concordato forzado fue el de 1813, en que el Papa estaba prisionero de Napoleón en el palacio de Fontainebleau.

        Con ese concordato, donde se acordó que el Papa renunciara a sus territorios temporales y trasladase su residencia a París (Francia)

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me parece que el texto está confundiendo lo que afirma el Vaticano I con el «espíritu del Vaticano I». Llama la atención que no haya una sola referencia a las actas, especialmente a las relationes, ni a las declaraciones de los episcopados alemán y suizo, aprobadas expresamente por Pío IX, pues el resultado habría sido bastante más matizado. ¿Dónde se habla en el texto aprobado de una «potestad absoluta»? El que no se le pueda juzgar ulteriormente indica que es Suprema, pero no que es absoluta, pues si manda algo injusto es bastante claro que no obliga, y puede ser obligatorio resistirla, como enseñó Francisco de Vitoria. Respecto a que el magisterio ordinario no era infalible pero sí indiscutible, no estaría de más recordar la declaración de la Comisión bíblica de 1927 donde rectificaba el episodio del Comma ioanneum [DH 3681-3682] y añadía que en modo alguno se había querido impedir una discusión sobre el tema, aunque con moderación, luego no se trataba de algo indiscutible.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Todavìa se podrìa decir que muchos en la frate y entre los sedes defienden este espiritu del Vaticano I y non el Vaticano I en si mismo. Obviamente hasta Pio XII.

  7. Avatar de Yepes Yepes

    Mientras nos entretenemos en dar respuestas teóricas a planteamientos dogmáticos o morales estamos ignorando que la herejía es pastoral es decir que lo que en la Iglesia está haciendo daño es la praxis. Y la mala praxis ha invadido todo el cuerpo de la Iglesia. Y aunque hay amplias capas de fieles que mantienen la verdadera fe, de hecho la celebración de la misa es mayoritariamente del nuevo rito, y el nuevo rito al no tener verdadero ofertorio deja de referirse al Calvario y solamente remite a la Cena Pascual. Esto es un defecto de tal magnitud que pone en riesgo el valor sacramental de la Eucaristía. Reproduzco aquí lo escrito a este propósito en el libro ‘La Eucaristía y el Santo Sudario’ editado en Barcelona en 1952: El sacrificio de la Misa actualiza el de la Pasión y el sacramento de la Eucaristía solamente aplica los méritos de esa Pasión. Quítese a la Misa su dependencia de la Pasión y quedará reducida a palabras vacías y sin sentido.

    El sacramento pues no es lo primero; lo primero es el sacrificio, la ofrenda de su vida por parte de Cristo al Padre, sacrificio del que brota la Eucaristía. Esto solamente sería suficiente para justificar la necesidad de que la FSSPX perviva. Y sin obispos no pervivirá.

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Respeto la opinión que dice que el Novus Ordo no tiene «verdadero ofertorio».

      Pero es eso y nada más: una opinión, respetable y atendible como pueda ser.

      ¿Sabe quién reduce la Misa a palabras vacías sin sentido, también?

      Los que no son ministros legítimos de la Iglesia, porque no tienen misión.

  8. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

    Me gustaría compartir un comentario en Facebook, no mío sino de un perfil que firma como «Paco Páez», que, a mi juicio, aporta otra perspectiva sobre la «contradicción performativa» de la FSSPX:

    A menos de 20 días de las consagraciones episcopales de la FSSPX, me topé con una pregunta que puede parecer retórica, pero que en realidad toca al núcleo esencial de la cuestión: «Si hoy por ‘arte de magia’ el ministerio de la FSSPX dejará de existir, ¿La Iglesia Católica seguiría siendo capaz de transmitir íntegramente la Fe y proveer los canales ordinarios de la Gracia en sus sacramentos? ¿Los fieles en la mayoría de los territorios donde opera la FSSPX tendrían algún acceso al Depósito de la Fe y a la gracia de Dios por medio de los sacramentos?»

    Cualquier respuesta a esta pregunta tiene implicaciones ineludibles para el católico. A menudo en esta discusión se utilizan los conceptos de «estado de crisis», y «estado de necesidad» como si fueran sinónimos, como si fueran términos intercambiables. No lo son. Todo «estado de necesidad» presupone un «estado de crisis», pero no todo «estado de crisis» genera un «estado de necesidad» (mucho menos un «estado de necesidad» sobre cualquier cosa).

    En este contexto: La -crisis- tiene que ver más con el diagnóstico de la situación. La -necesidad- tiene que ver más con lo que es necesario hacer para «sobrevivir» la crisis. Es muy común encontrar entre los simpatizantes de la FSSPX, que hacen de estas 2 discusiones, 1 sola. Como si «ganando el debate» de la crisis, automáticamente se tuviera «ganado el debate de la necesidad». Un movimiento sutil, pero inválido en el debate racional, y desastroso en sus implicaciones. No es lo mismo poder diagnosticar la enfermedad, que saber como curarla y tener la capacidad para hacerlo. (Curiosamente a la mayoría de estos simpatizantes, esta distinción se les vuelve muy obvia en el tema de las vacunas, pero en el tema eclesiológico parecería que de repente se les vuelve invisible).

    Regresando al tema que nos ocupa, un estado de necesidad, que siempre presupone una crisis, debe encontrar un objeto concreto sobre el que versa dicha necesidad. Es decir, no es un comodín universal para volver lícito, todo aquello que en condiciones normales era ílicito. Sino solo aquello *necesario* , es decir *indispensable* que ha quedado impedido debido a la crisis. Por ejemplo en una -crisis- de desastre natural por inundaciones a causa de un huracán, en una ciudad, al no haber agua potable, sus pobladores podrían lícitamente ir a los supermercados a proveerse de agua potable para su supervivencia. ¿Pero qué pasaría si entre estos pobladores, viéramos salir de las puertas del supermercado a un hombre con una pantalla de tv de 40 pulgadas? ¿Diríamos que el estado de necesidad, de repente volvió licito dicho robo? Por supuesto que no, porque en este caso el acto que se hace a excusa de necesidad, no coincide con aquello que ha quedado impedido.

    Además de esta condición, como católicos sostenemos que en el orden de Derecho Divino con respecto a la Ley Divina, JAMÁS PUEDE ADMITIRSE EXCEPCIÓN alguna. Sostener lo contrario, sería implicar que los preceptos Divinos no son perfectos, y por lo tanto la Sabiduría Divina no es omnisapiente. Un absurdo insostenible para el creyente católico.

    Algunos me ha hecho la objeción de que supuestamente Santo Tomás de Aquino, admite una excepción a la ley Divina, cuando concede, que alguien en un situación crítica para alimentarse y sobrevivir, puede «robar», en clara contradicción contra el mandamiento de la ley De Dios «No robarás». Pero es es una lectura errónea de Santo Tomás de Aquino, él doctor angélico, no esta diciendo que en esas circunstancias el «robo» este bien. Sino que deja de ser «robo» por el principio fundamental del destino universal de los bienes, donde en dichas circunstancias pasan a ser de propiedad común. Por lo tanto no es un robo. Y se sostiene aquello de que la Ley Divina no admite excepciones, sin importar gravedad de las circunstancias. Además el Aquinate es muy claro en este ejemplo, en establecer como condición irrenunciable que para esto, primero debían agotarse todas las vías lícitas de obtener el alimento. No se puede tomar lo ajeno al primer impulso de hambre. Se tiene que primero incluso intentar mendigar por el alimento, antes que tomarlo sin permiso.

    Habiendo puesto estos cimientos como condiciones del Estado de Necesidad:
    1.- El acto extraordinario y de necesidad (comúnmente ílicito en situaciones normales) debe responder concreta y particularmente a aquel objeto que la crisis ha impedido.
    2.- Nunca puede violarse lo dispuesto en el Derecho Divino.

    Y es a la luz de estas condiciones irrenunciables, que la respuesta a la pregunta del inicio, obliga a aquel con inteligencia suficiente y honestidad intelectual, a seguir sus drásticas consecuencias. «Si hoy por ‘arte de magia’ el ministerio de la FSSPX dejara de existir, ¿La Iglesia Católica seguiría siendo capaz de transmitir íntegramente la Fe y proveer los canales ordinarios de la Gracia en sus sacramentos? ¿Los fieles en la mayoría de los territorios donde opera la FSSPX tendrían algún acceso al Depósito de la Fe y a la gracia de Dios por medio de los sacramentos?»

    Si la respuesta es que NO. Que los fieles, para la salvación de sus almas, NO tendrían acceso alguno al depósito de la Fe, ni a la gracia indubitable de los sacramentos. Entonces la conclusión inevitable es que La Iglesia Católica ha defeccionado contrario a las promesas de Cristo, o «en el mejor de los supuestos» para escapar de la conclusión de la defección, se podría tratar de argumentar que la verdadera Iglesia Católica se ha «trasladado» a la FSSPX. Es decir la FSSPX es la Iglesia Católica en plenitud. Pero para el lector con 3 dedos de frente, no podrá evitar detectar en esta noción una aberración eclesiológica, sobre todo en un grupo que dice en sus posturas oficiales «reconocer y sujetarse al Papa» (al menos en la teoría). ¿Cómo puede el Papa quedar «fuera» de esa verdadera Iglesia Trasladada a un grupo particular? O si se quiere decir que la Iglesia no ha defeccionado porque quedarían fieles que profesan la auténtica Fe, y ellos conformarían la Iglesia en plenitud. Entonces caeríamos en una eclesiología protestante, desencarnada de su realidad visible y jurídica fundada por Cristo. Y cuando algo pierde su composición esencial, deja de ser lo que era. Esta nueva concepción de Iglesia (que irónicamente sería una noción completamente contraria a la Tradición) no sería capaz de realizar la misión conferida por Cristo, a través de Pedro, los apóstoles y sus sucesores. Pero además, si se responde negativamente a dicha pregunta, habría que admitir desde la posición de la FSSPX que la Autoridad Legítima de Iglesia Católica, que dicen reconocer, ha sido capaz de promulgar universalmente, ritos y disciplinas en si mismos, nocivos para la Fe (Como de hecho lo sostienen). Lo cual ha quedado explícitamente anatemizado como una proposición herética en el Concilio de Trento.

    Finalmente si la respuesta a la pregunta es positiva, es decir, los fieles si podrían encontrar acceso al depósito de la Fe auténtico y a la gracias sacramental dentro de la Iglesia Católica. Entonces, aún si se acepta que -hay crisis-, se estaría negando que existe un impedimento general para acceder a la Fe y los sacramentos, con lo cual quedaría invalido «el estado de necesidad» y los «actos de excepción» para proveer la Fe y los sacramentos. Es decir, -no hay necesidad tal- que sirva como justificación para «brincarse la ilicitud» de actos concretos como la Consagración Episcopal y el ejercicio ministerial. Dado que dichos actos pretenden justificarse como medios para proveer lo que ya admitimos que no es inaccesible por vías lícitas: la Fe y los Sacramentos. Pero es que además aún en las crisis más graves y objetivas, como la que tuvieron los «católicos japoneses ocultos» que quedaron sin ministros por siglos, nos dan testimonio de que aún en esas circunstancias, les fue posible mantener la Fe, y acceder a la gracia sacramental (al menos del bautismo) y a la gracia según lo que enseña la Iglesia para estas condiciones (acto de contrición perfecta, comunión espiritual, etc).

    Además hay que decir que si bien la forma en concreto, es decir las reglas, protocolos y lineamientos oficiales, para la elección de los nuevos obispos y su «aceptación y permiso» de consagración bajo mandato pontificio son de Derecho Eclesiástico, (que puede cambiar y ha cambiado en el tiempo) El Principio Fundamental que está detrás, de que al Sucesor de Pedro le corresponde una Suprema e Inmediata Jurisdicción sobre todos los miembros de la Iglesia y todos los ministerios católicos. Es un principio de Derecho Divino que, como ya dijimos, nunca admite excepción. Esta también es una conclusión inescapable.

    ¿Con esto habría que concluir que «no hay crisis» o que «los fieles no puedan hacer nada ante la crisis»? Por supuesto que no, y si bien este es otro debate, para fines del argumento asumamos que efectivamente la Iglesia atraviesa la peor crisis de su historia, Aún en este supuesto, los fieles podrían comunicarse, denunciar los abusos, formarse en la Fe auténtica, ayudarse mutuamente, hacer comunidades de oración, y acceder a la gracia por las vías ordinarias o por vías extraordinarias que no requieren el ejercicio de un «ministerio católico sin misión canónica» y mucho menos, obispos consagrados contra la prohibición específica del Papa. ¿Creemos o no en las Promesas de Cristo? ¿Creemos o no en su asistencia sobrenatural? ¿Estamos dispuestos o no a aceptar el sufrimiento e incluso el martirio con base en esta confianza o pensamos que es mejor contravenir sus designios Divinos, para pretender resolver la crisis por nuestras propias manos? Ojalá que después de la tremenda tormenta que amenaza con hundir la barca en donde «Cristo duerme», no tengamos que recibir en nuestro juicio el terrible reproche de Nuestro Señor: «Hombres de Poca Fe».

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    Sin duda es interesante el debate teológico-teórico de los acontecimientos de la iglesia y sus controversias. Dejando de lado el aspecto polemico de criticar un dogma proclamado.

    Sin embargo me da la sensación de que, mientras varios se entretienen en internet por debatir o buscar las causas (ciertamente el trabajo intelectual es necesario) e interpretar las malas interpretaciones de la FSSPX y demas instituciones tradicionales con respecto al dogma, y analizar hasta el enriedo y el hastío cuestiones canonicas; en la practica la FSSPX ya lo entendió hace tiempo y con su actitud hace frente al absolutismo papal y utiliza el sentido comun: si el papa dice negro aunque sea blanco, no debemos obeder en eso, asi de simple. Sin tantos firuletes.

    Y además , como si fuera poco, no se queda en ese debate (que no es nuevo, viene desde el 88, aunque algunos crean estar descubriendolo) sino que atiende a miles de fieles en el mundo y misiones en lugares inhóspitos y la gente suele esta muy agradecida por la sencillez y claridad con les trasmiten el evangelio.

    En épocas como estas esto es casi oro en polvo.

    Qué pena que el ruido corra del centro el problema real.

  10. Avatar de Desconocido Anónimo

    non vedo alcuna contraddizione nel comportamento della SSPX, mentre ne vedo molta nella Chiesa sinodale. Continuo a sperare, seppur con sempre minor fiducia, in un cambiamento di rotta ad opera del nuovo Papa.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Agradezco a Vigilius por su artículo que me hace reflexionar y lo guardaré para repasarlo. Sin aspiraciones de estar a la altura del autor o de los contertulios arrimo una opinión personal:

      Estoy de acuerdo en que el concepto de Papa en Pastor Aeternus es cartesiano, es decir el «yo» del Papa se impone como medida y fundamento de todo. Ahora bien, aunque Pastor Aeternus es un punto álgido, pienso que es el resultado de un desarrollo del papado en el contexto histórico por lo menos desde Constantino, cuando las cosas del Cesar y las cosas de Dios se empezaron a mezclar malamente y los Papas quisieron ser cesares.

      Progresivamente la doctrina se ha ido poniendo al servicio del poder del Jefe. Todo el castillo de la potestad papal esta edificado sobre afirmaciones circulares, que con el tiempo fueron aumentando la absolutidad del Papado en cada giro. Soy Pedro y Jesús ruega para que mi fe no desfallezca. Luego soy el Papa y mi fe no desfallece jamás. Como mi fe no desfallece soy un monarca sobre toda la cristiandad. Como mi fe no desfallece promulgo Passtor Aeternus donde establezco que soy infalible en declaraciones doctrinales ex-catedra, luego como soy infalible en declaraciones ex-catedra también soy infalible en el magisterio ordinario y así sigo hasta que el Papa y Jesucristo terminan siendo uno y la misma cosa. Empezamos con Jesús (y francamente no parecía muy convencido) a duras penas rogando por nuestra fe, a ser como Dios.

      Lo peor de todo es que así, el Papado está atrapado en su propia red de infalibilidad impostada cuando todo el mundo ve que no solo no es infalible, sino que unos Papas se contradicen con sus predecesores y algunos directamente son un desastre doctrinal. Y así, el señor con pretensiones de infalibilidad cae en el ridículo y el descredito se traslada al cargo y a todo el cuerpo de la institución. Frente al yo cartesiano del Papa tengo que oponer mi yo cartesiano, lo que veo blanco lo considero blanco, especialmente si es un sepulcro.

      Jorge

  11. Avatar de Desconocido Anónimo

    Mi resumen sobre cada área del primado papal según Pastor Aeternus.

    En lo jurisdiccional hay potestad absoluta y punto. Se debe obedecer al Papa en todo lo que no implique quebrantar un mandamiento divino. Dado que abstenerse de consagrar obispos no implica quebrantar un mandamiento divino, no es lícito para la FSSPX ni para nadie consagrar obispos en contra de la voluntad papal.

    En lo doctrinal hay que distinguir entre Magisterio papal definitivo o ex cathedra y Magisterio ordinario. Por Magisterio papal incluyo el de los Concilios Ecuménicos, que son tales en tanto son promulgados por el Papa.

    El Magisterio ex cathedra es infalible por asistencia divina y la posibilidad teórica de una definición ex cathedra contraria a la Revelación divina nos tiene sin cuidado: de hecho jamás va a ocurrir.

    El Magisterio ordinario, en contraste, admite la posibilidad teórica y práctica de que un Papa enseñe una proposición que contradiga otra del Magisterio ordinario anterior. Ante esta posibilidad la regla indiscutible, válida no sólo para los católicos sino para cualquier ser humano, es que nadie debe sostener simultáneamente proposiciones contradictorias. Por lo tanto cada uno verá como resuelve esa situación, por ejemplo en base a:

    • la cantidad de definiciones en un sentido o en otro,
    • la jerarquía del documento contenedor (encíclica > constitución > exhortación),
    • la consistencia con la Sagrada Escritura (evaluada por uno mismo),
    • la consistencia con la realidad física (por ej. si alguien encontrara en el Denzinger que un Papa de antaño definió la historicidad del Diluvio).
    1. Avatar de alesolap alesolap

      Una pregunta: ¿conoce usted algún precedente de un papa que haya contradicho a otro en el ejercicio de su magisterio ordinario? Me refiero al período preconciliar, obviamente. Con respecto a su alusión respecto al diluvio universal, me permito informarle que su historicidad está claramente establecida en la Sagrada Escritura, punto en el que los Santos Padres coinciden de modo unánime…

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Si hay precedentes, Pio XII corrigió a Eugenio IV sobre la materia del sacramento de la ordenación; Benedicto XII corrigió a Juan XXII sobre la visión beatífica (sé que muchos me saldrán con lo de que lo dijo como doctor privado pero le expuso en una serie de sermones… ¿se puede considerar magisterio ordinario?); todos los papas desde Gregorio XIII a nuestros días contra Benedicto XIV y a muchos concilios, incluidos ecuménicos, sobre la usura y el prestamo usurario; Casos dudosos: S. Agatón y León II contra Honorio I por su postura sobre el monotelismo, Benedicto VIII corrigió a León III y anteriores sobre el uso del filioque en el credo, Gregorio VII corrigió a Alejandro III y el concilio de Mantua y a muchos de sus antecesores al afirmar como herético el rito hispano y a su vez por Urbano II y sucesores al permitirlo sin corrección alguna.

        Eck

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Querido Alejandro:

        No le van a contestar. Algunos incontinencia verbal selectiva, amén de posar de sofisticados teólogos.

        Juanito.

  12. Avatar de Desconocido Anónimo

    Sobre lo que Virgilius dice en el párrafo que comienza «Aclaremos el contexto en términos prácticos», es importante recordar que hubo una ocasión en que el Papa fue la última línea de defensa de la verdad frente a los obispos reunidos en Concilio Ecuménico: la aprobación del canon 28 del Concilio de Calcedonia.

    Lo que hace de ese canon un despropósito no es su disposición sino sus presuposiciones, pues en ellas afirma que el reconocimiento de la primacía acordada a la sede de Roma por parte de los obispos de concilios anteriores se fundamentaba en que Roma era la ciudad capital del Imperio. Esto es un disparate porque el fundamento de esa primacía era, es, y será que Roma es la sede en la que S. Pedro ejerció su ministerio apostólico hasta su martirio.

    Este canon fue rechazado en la sesion misma del Concilio por los legados papales y luego también por el Papa de ese momento, S. León Magno, cuando promulgó los otros textos del Concilio.

  13. Avatar de Desconocido Anónimo

    El párrafo que comienza con «Esta conexión puede ilustrarse» contiene un error conceptual básico, resumido en este pasaje:

    A efectos de aclarar el tema, la cuestión de lo que los papas hacen o no hacen de facto por cualquier motivo personal es irrelevante. Solo la cuestión de lo que pueden hacer es lógicamente relevante.

    Sed contra, la doctrina cristiana y la Iglesia son sistemas fácticos, no meramente formales, y en ellos lo relevante es lo fáctico, no lo potencial.

    En el plano de lo potencial es evidente que un Papa puede definir ex cathedra una proposición contraria a un dogma previamente definido por un concilio ecuménico o incluso por otro Papa precedente, pero lo relevante, y que está garantizado por la asistencia divina, es que tal definición contradictoria nunca va a ocurrir de hecho.

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Esto es verdad.

      Y habría que decir que, en realidad, teniendo en cuenta la asistencia divina (¡hecho no menor!), la posibilidad de que un Papa pueda definir ex cathedra una proposición contraria a un dogma es nula, ni siquiera es posible.

      No podemos poner entre paréntesis la realidad sobrenatural.

  14. Avatar de Desconocido Anónimo

    «El ser ontológico de las cosas se desvanece en el poder del sujeto que se empodera a sí mismo como medida de todas las cosas, cuya voluntad de poder se convierte ahora en el ser de las cosas. Heidegger describió esto de manera brillante en su interpretación de Nietzsche.6 El poder ya no está limitado por ninguna cosa preexistente. La infinitud de un poder que se establece de manera absoluta se convierte en el sello distintivo de la nueva era.»

    Desvarío que se derrumba cuando al tipo se le traba la escopeta y el yaguareté (*) se lo come.

    * O león o tigre, dependiendo del lugar del safari.

  15. Avatar de Desconocido Anónimo

    Virgilius parte de un error conceptual importante sobre el fundamento epistémico de la ciencia moderna y luego traslada ese error a su estudio del plano de la Revelación divina. Ese error es expuesto en este pasaje:

    Según Descartes, el «fundamento absoluto e incuestionable de la verdad» es únicamente el yo, que es absoluto incluso en su error porque se da a sí mismo de manera incuestionable incluso en sus dudas: «cogito ergo sum» (pienso, luego existo). Con sus Meditaciones sobre la primera filosofía, la filosofía cartesiana proporciona la base teórica decisiva para las ciencias modernas…

    En el conocimiento científico moderno el «fundamento absoluto e incuestionable de la verdad» es la observación de la realidad. Si en el desarrollo de una rama de la ciencia se trata de descubrir qué fórmula matemática describe la evolución de un fenómeno físico determinado y para ello los científicos construyeron tres fórmulas «candidatos», A, B y C, la selección de la fórmula correcta no se hace en base a criterios de elegancia matemática sino solamente en base a que los valores predichos por la fórmula para las magnitudes físicas asociadas con el fenómeno coincidan con los observados. El árbitro final es la realidad física, o material si se prefiere, no el yo.

    En el campo del conocimiento de la Revelación divina ese rol de árbitro final que la realidad física tiene en el campo del conocimiento científico lo tienen a la vez el dato revelado (en la Escritura y la Tradición Apóstólica) y la realidad física.

    En consecuencia, si un día un Papa dijese en una encíclica que la resurrección y ascensión de Jesús no fueron hechos físicos sino sólo símbolos de hechos del plano espiritual, el único efecto que esa afirmación debería tener en los católicos sería darles pie a inferir que esa persona ya no es Papa y en base a eso buscar el camino jurídico para sacarlo del Vaticano y elegir otro.

    Por el lado de la realidad física, si un día un Papa dijese que el diluvio narrado en el Génesis ocurrió realmente como dice el texto, los católicos con conocimiento de las ciencias naturales de grado medio para arriba simplemente sonreirían y descartarían ese dicho.

    1. Avatar de alesolap alesolap

      Yo no estaría tan seguro acerca de lo que usted dice sobre el diluvio universal. Por un lado, hay consenso unánime de los Padres de la Iglesia respecto a la universalidad del evento; el «consensus patrum» es un lugar teológico fundamental de la tradición, la enseñanza unánime de los Padres de la Iglesia en materia de fe y moral constituye un criterio de ortodoxia. Por el otro, Nuestro Señor mismo parece confirmarlo en Mt. 24, 37/39:

      «Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre.»

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Recordemos que el «consensus patrum» fue argumento central de la acusación en el juicio contra Galileo. El punto clave es que ni el geocentrismo ni la historicidad del diluvio son materia de fe.

        En el pasaje que Ud cita Jesús enseña que su segunda venida será como en los días de Noé según se infiere de la narración del Génesis, lo cual no implica afirmar la historicidad de esa narración. Es como si alguien dijese «les va a pasar como a Don Quijote en tal episodio».

  16. Avatar de Desconocido Anónimo

    Esto que dijo Vigilius:

    Si el Papa es este subjectum cartesiano en virtud de su acceso interpretativo privilegiado, guiado y protegido por Dios a la Tradición, su autoridad ya no puede describirse como limitada únicamente a las llamadas «decisiones ex cathedra».

    coincide en parte con el punto 14 de Humani Generis de Pío XII (1950) (énfasis mío):

    14. Ni puede afirmarse que las enseñanzas de las encíclicas no exijan de por sí nuestro asentimiento, pretextando que los Romanos Pontífices no ejercen en ellas la suprema majestad de su Magisterio.

    Pues son enseñanzas del Magisterio ordinario, para las cuales valen también aquellas palabras: El que a vosotros oye, a mí me oye[3]; y la mayor parte de las veces, lo que se propone e inculca en las Encíclicas pertenece ya —por otras razones— al patrimonio de la doctrina católica. Y si los sumos pontífices, en sus constituciones, de propósito pronuncian una sentencia en materia hasta aquí disputada, es evidente que, según la intención y voluntad de los mismos pontífices, esa cuestión ya no se puede tener como de libre discusión entre los teólogos.

    Providencialmente, este pasaje dejó abierta una vía de escape a los fieles católicos post-2013: Amoris Laetitia es una exhortación apostólica, no una encíclica ni una constitución.

    Pero Pío XII es muy claro: las enseñanzas del Magisterio papal ordinario ejercido en encíclicas y constituciones no son infalibles pero son indiscutibles y se les debe prestar asentimiento. Su diferencia práctica con las definiciones del Magisterio infalible es que pueden ser corregidas/derogadas por un subsecuente acto de Magisterio papal ordinario.

  17. Avatar de Desconocido Anónimo

    Querido Wanderer, Muchas gracias por el articulo, el planteo enlaza directo con lo que veníamos leyendo en su blog en articulos anteriores. La FSSPX acepta la Pastor Aeternus, es exactamente el punto que venismos viendo desde las consagraciones de 1988: el «estado de necesidad» no genera jurisdicción, y además lo decide quien tiene la potestad de decidirlo —y ese no es Lefebvre ni Pagliarani—. Si el propio Papa no reconoce el estado de necesidad, dentro del sistema que la FSSPX dice aceptar, el estado de necesidad no existe normativamente. El autor tiene razón en que la posición lefebvriana es performativamente contradictoria.

    Sin embargo creó, que la crítica del autor descansa sobre una premisa que el Magisterio rechaza: que Pastor Aeternus habría definido a un «monarca absoluto» al modo de Bodin o Hobbes, un subjectum cartesiano convertido en fuente de la verdad. Toda la genealogía sobre Descartes, Protágoras, la «voluntad de poder» y el l’État c’est moi es una lectura filosófica del autor, no el contenido del Concilio.

    Sin embaro es importante disitguir que una lectura Catolica sobre Pastor Aeternus define límites, no una potestad ilimitada. El propio Vaticano I afirma que el Espíritu no se prometió a los sucesores de Pedro ut nova doctrina patefacerent, sino ut sancte custodirent et fideliter exponerent la revelación recibida (DH 3070). El Papa queda vinculado a la Tradición y las Escritura, asi como las definiciones precedentes: no es un soberano que crea la norma, sino un custodio sujeto a un depósito ajeno. El autor lo admite a medias —concede que el Papa no puede «inventar doctrinas»— pero lo neutraliza enseguida al decir que la conformidad con la Tradición «recae en la soberanía hermenéutica del propio Papa».

    Es importannte aclarar ademas, que la doctrina no se lee congelada en 1870. La Nota explicativa praevia a Lumen Gentium, LG 22-23 (Papa y Colegio: numquam sine capite, pero el Colegio también sujeto de potestad suprema y plena), y de modo expreso la Declaración Mysterium Ecclesiae (CDF, 1973) y el comentario de la CDF a la profesión de fe (1998) niegan que la primacía sea absolutismo. Ratzinger, Müller o la Comisión Teológica Internacional no «evitan mencionar» Pastor Aeternus: lo leen según la hermenéutica de continuidad, que es el modo católico de interpretar un concilio. Acusarlos de deshonestidad por no conceder la lectura absolutista invierte la carga: parce que ellos leen el texto con la Tradición; el autor lo lee con Hobbes.

    Sobre los ultimos textos papales: Es verdad, y bastante documentado, que la autorreferencialidad de los documentos pontificios creció a lo largo del siglo XX y se acentuó en los últimos pontificados. Si tomamos el aparato de citas de una encíclica de León XIII y lo comparamos con una de Juan Pablo II, Benedicto XVI, pero sobre todo Francisco, el peso de las notas que remiten a magisterio pontificio previo —y al propio autor— es notoriamente mayor. Evangelii gaudium, Laudato si’ o Amoris laetitia citan abundantemente a Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto, documentos de conferencias episcopales y al propio Francisco. Eso es constatable y no hace falta forzarlo. Hay incluso una novedad estilística real en Francisco: la incorporación de conferencias episcopales como fuente citada (CELAM, episcopados nacionales), algo que rompe el patrón anterior.

    Sobre esto especialmente en la ultima enciclica de Leon XIV, hay una tendencia menor -queda mucho por ver- a apoyarse en el corpus magisterial reciente y un un retorno mas directo a los Padres, la Escritura. El dato es real como observación de estilo y merece crítica teológica seria: la autorreferencialidad creciente puede empobrecer el anclaje en las fuentes primeras y dar pie a una percepción hiperpapalista. Eso es legítimo señalarlo. Pero no prueba lo que el autor quiere que pruebe.

    Citar mucho magisterio propio o reciente es, en clave católica, expresión de vínculo con la Tradición, no su disolución; el autor confunde un hábito redaccional pobre con una mutación dogmática, y lee como soberanía lo que estructuralmente es sujeción. El gesto de citarse no convierte al Papa en fuente de la verdad: lo muestra obligado a justificarse ante un depósito que no creó. Es, una vez más, el mismo patrón del artículo —un dato observable, real, al que se le adosa una conclusión que la doctrina no autoriza.

    PD: El tema es este, el pontificado de Francisco, sin embargo sí se basaba en euna monarquia absoluta al modo de Bodin o Hobbes. De hecho, como nadie en la historia de la Iglesia promulgo tantos Motu Proprio, en tan breve tiempo. Creo hoy estamos yendo en otro camino. Recemos sigamos así.Gracias.

  18. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me parece un artículo lamentable. Pues cuestionar un dogma católico es, ciertamente, lamentable. El dogma es una verdad revelada por Dios. Si el autor de este pesado artículo es católico, ha de aceptarla. Y si la rechaza, pues no es católico. Así de sencillo.

    Véanse estas afirmaciones:

    «…constructo papal que surgió a lo largo del segundo milenio y tomó forma formal en el Concilio Vaticano I con el documento Pastor Aeternus: el concepto de una potestas absoluta que es en sí misma no sacramental. Como he explicado en otra ocasión, considero este concepto una calamidad que compromete el corpus Christi mysticum sacramental…».

    «…así como el sujeto cartesiano se relaciona con el mundo, así se relaciona el Papa con la Iglesia: ya no necesita el consentimiento de la Iglesia para sus decretos jurídicos y doctrinales…».

    «…Pastor Aeternus afirma que «en la Sede Apostólica la religión católica se ha conservado intachable en todo momento (!), y la doctrina sagrada se ha mantenido en honor»«.

    Augustinus

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Augustinus estoy en gran parte de acuerdo con usted: la Pastor Aeternus es Revelación pero Vigilius pone el dedo en la llaga en la manera en que se ha entendido esta definición, cual es su verdadero origen y cual son sus verdaderas consecuencias finales por mucho que no gusten a muchos tradicionalistas del siglo XIX…

      Por cierto, y como en la Pascendi, Pio IX contradice en la Pastor Aeternus una afirmación conciliar confirmada por pontifices y otros concilios al afirmar «en la Sede Apostólica la religión católica se ha conservado intachable en todo momento» cuando el papa Honorio I fue condenado en el Sexto Concilio Ecuménico por apoyar la herejía monotelita. Así que de intachable nada.

      Creo que es hora de volver a la sobriedad de la fe y reconocer que fieles y papas hemos inflado desmesuradamente la importancia y retórica de ese magisterio pontificio, invento nefasto ese concepto y que va contra Trento, para recuperar el sentido común católico.

      Eck

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Eck, esa afirmación de que «en la Sede Apostólica…» es perfectamente válida. Se ha de referir a lo definido por la Sede Apostólica, no a los errores que pueda decir un Papa, incluso en su magisterio llamado «no definitivo». Porque tal magisterio, cuando es erróneo, en un sentido no es magisterio: porque no enseña la verdad revelada, por más que se presente como enseñándola. Y por eso los Padres podían apelar confiados a la Sede Apostólica para dirimir una cuestión, de modo que lo que de ella emanara como definitivo lo aceptaran incondicionalmente.

        Augustinus

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Augustinus, no está de acuerdo León II en su carta ar rey Ervigio: “Y con ellos Honorio, que permitió que se manchara la inmaculada tradición apostólica que recibió de sus predecesores.” Mancha por negligencia, no por herejía como aclara: ”Con Honorio, que, como correspondía a la autoridad apostólica, no extinguió la llama de la enseñanza herética en su comienzo, sino que la avivó con su negligencia” (Enciclopedia Catolica: https://ec.aciprensa.com/wiki/Papa_Honorio_I)

        Mancha por negligencia, pero mancha al fin. Pio IX habla de religión católica, no de fe católica. Hubiese sido más correcto que se hubiera escrito: «en la Sede Apostólica la fe católica se ha conservado intachable en todo momento , y la doctrina sagrada se ha mantenido en honor» pero le pudo la retórica de exaltación del pontificado y metió una sinedoque totum pro parte de grande como una catedral.

        De este empacho retórico pontificio (da vergüenza leer a Veuillot, por otra parte hombre admirable, sobre el papado) todavía tenemos retortijones.

        Eck

      3. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado Eck

        Le consulto desde la ignorancia. ¿Cómo podemos argumentar como católicos contra el concepto de magisterio pontificio, «invento nefasto»?

      4. Avatar de Desconocido Anónimo

        Se pueden hacer retorcijones con los textos más precisos, don Eck. Cuánto más con los que no pretenden serlo o no lo son.

        La Iglesia es indefectible. Y el primado del Romano Pontífice es uno de los medios dispuestos por Dios para asegurar su indefectibilidad. En ese sentido, la Sede Apostólica mantiene siempre la religión católica.

        Pero la Sede Apostólica la ocupa un mortal, de carne y hueso, con sus miserias, que puede equivocarse. Cuando se equivoca, incluso yendo más allá que lo que se cita de Honorio, es decir, no sólo por permitir un error, sino por enseñarlo, está claro que no enseña según el carisma de infalibilidad. Ahí se puede manchar más o menos la religión católica, como hemos visto en el Pontífice de infeliz memoria que ha precedido al actual. Pero incluso en tal Pontificado se puede seguir diciendo que la Sede Apostólica mantiene siempre la religión católica (mejor que la sola fe católica, pues la indefectibilidad de la Iglesia implica más que las solas definiciones doctrinales), porque no es otra cosa que decir lo que ha definido la Pastor aeternus. Y eso, por mucho que le pese, al parecer, al autor de esta entrada, es verdadero y manet in aeternum.

  19. Avatar de Desconocido Anónimo

    Creo que la respuesta está en lo que dijo el canonista P. Grichting, cuyo análisis ha sido publicado en una entrada de este blog. El Papado es un poder absoluto, solo limitado por los principios de la fe y de la doctrina. Cuando no respeta estos principios, se extiende la desconfianza sobre su autoridad.

    Algo así ocurría con los reyes de la baja Edad Media y de principios del Antiguo Régimen: debían jurar respetar las leyes del reino. El absolutismo real fue posterior: el Estado soy yo, la ley soy yo. Salvando las distancias, ocurre algo similar en la Iglesia de hoy, y resulta que el Papa no es la ley de Dios, y no puede apartarse de la enseñanza de Nuestro Señor, de quien es solo su vicario. Y si se aparta (Pachamama, homosexuales, comunión a divorciados vueltos a casar, etc, etc, etc) los que quieren defender la tradición, para poder subsistir pueden solayar medidas disciplinarias que se toman solo con ellos (doble vara, que le dicen)

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      El «absolutismo» es una construcción cultural mitológica, porque ningún «rey absoluto» ha podido absolutear a gusto, como sí hicieron Hitler, Lenin, Stalin (en nombre del «pueblo», de la «nación» o del «proletariado»)…Tampoco pudieron comprar su poder con el Estado del Bienestar socialista pagado por otros.

      Los reyes absolutos estaban muy limitados por su propia imagen, por la religión, por las costumbres de cada territorio, por su conciencia y el temor de Dios, por los privilegios de personas, entidades y ciudades… Y de hecho los reyes tenían que litigar también para defender sus intereses privados y también perdían juicios.

      Recuerde que la revolución francesa se produce porque el rey tiene que arreglar la enorme deuda pública y necesita que la asamblea votase nuevos impuestos y que las clases privilegiadas, nobles e Iglesia, pagasen impuestos como todos. (es decir, que no tiene poder para imponerlos así como así) Lo que pasa es que los representantes se niegan, se rebelan, intentan hacer del rey un pelele suyo, como sucedió en Inglaterra, y…la mayoría acaba perdiendo su cabeza y sus tierras.

      Para quien sí eran un problema era para los oligarquías, porque el poder del rey, que no olvide que era rey de todos, no sólo de los oligarcas, también de los pobres, limitaba el poder natural que da el dinero.

      Recuerde esto:

      Lo primero que hacen los revolucionarios es asaltar y destruir la Bastilla, símbolo del «despotismo» real.

      Pero la Bastilla era la cárcel de las oligarquías, no la cárcel del pueblo.

      Por eso en el momento de la toma sólo había 9 prisioneros (uno de ellos, loco) y por eso Voltaire, cuando estuvo allí preso, cenaba con el director de la cárcel.

      Pero antes, durante, después de la revolución + con Napoleón había en París cárceles, siempre llenas con gente como usted y como yo. No por despotismo real, sino por cometer delitos.

      Y de hecho bien podían haber asaltado otras prisiones y liberar a los encarcelados. No lo hicieron.

      Todos los años, el 14 de julio, día de la toma de la Bastilla, el pueblo idiota celebra la liberación de sus amos y una vuelta más de tuerca de su propia opresión.

      Atontados con eslóganes como «libertad», «igualdad» y «fraternidad».

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado, lo que usted dice es así, los hechos fueron esos. Fue la revolución de la burguesía y de los principios impuestos por la masonería contra el rey católico, ya lo sabemos, como conocemos bien la contrerrevolución y la resistencia de la Vendée, etc. etc. Pero la teoría política se dirigía hacia el absolutismo y a que el rey ya no obrara según las leyes del reino sino que gradualmente gobernara al modo administrativo según su propia voluntad. No me voy a referir pormenorizadamente a esta cuestión que bien hay estudiado los historiadores del derecho. Solo quería decir que, salvando las distancias, el Papa no es la ley, sino que debe hacer cumplir la ley de Dios. Cosa que es bastante obvio que no está pasando (homosexuales, v.g.). Ni con el Papa, ni con la mayoría de los obispos en sus respectivas diócesis.

      2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        De acuerdo, el Papa no está «haciendo cumplir la ley» habitualmente.

        ¿Por qué entonces nos quejamos cuando sí la hace cumplir?

        Eso ni más ni menos es lo que hay con la FSSPX.

        ¡Por una vez que un Papa reciente hace cumplir la ley!

  20. Avatar de alesolap alesolap

    Lo enunciado por «Pastor Aeternus» es, obviamente, verdadero; y es normal que así sea, puesto que Pedro es la roca sobre la que reposa la Iglesia y, si dicha roca fuese falible, todo el edificio se desmoronaría. Pedro es infalible porque Cristo es infalible, es Él quien participa a Pedro y a sus sucesores su propia infalibilidad. Esta prerrogativa no debe confundirse con la impecabilidad que, obviamente, Pedro y sus sucesores no poseen, por tratarse de viadores marcados por el pecado original. Pero eso no es obstáculo alguno para que Nuestro Señor haya concedido a Pedro y a sus sucesores el privilegio de estar exentos de error en materia de fe. En efecto, Cristo rogó a su Padre para que la fe de Pedro no desfalleciera, y es importante notar que este pedido lo hizo solamente por Pedro, por lo que nadie más en la Iglesia goza de ese privilegio, a título individual. Y va de suyo que un pedido de Jesús al Padre le es automáticamente concedido.

    Esto significa que Cristo delegó en Pedro y en sus sucesores la función de guardar inalterada la fe divina en la Iglesia durante su ausencia, desde la Ascensión hasta la Parusía, encomendándole la tarea de suplantarlo en aquello que concierne a la custodia, a la proclamación y a la transmisión incólume de la doctrina revelada en materia de fe y de moral, a través de las generaciones sucesivas. Por otro lado, Cristo confirió a Pedro y a sus sucesores la misión de apacentar sus ovejas y de confirmar a sus hermanos en la fe. Apacentar el rebaño implica llevarlo a prados seguros y a pastos sanos, no a pastizales ponzoñosos, envenenados por la herejía. Y confirmar a los fieles en la fe divinamente revelada supone en Pedro la posesión íntegra de dicha fe, sin la cual no podría llevar a cabo su misión.

    La frase siguiente del documento no significa que el legítimo sucesor de San Pedro tenga la obligación moral de ser fiel al «depositum fidei» -sentido prescriptivo-, sino que él goza, por disposición divina, de inerrancia ontológica en materia de fe y moral -sentido descriptivo-:

    «Así el Espíritu Santo fue prometido a los sucesores de Pedro, no de manera que ellos pudieran, por revelación suya, dar a conocer alguna nueva doctrina, sino que, por asistencia suya, ellos pudieran guardar santamente y exponer fielmente la revelación transmitida por los Apóstoles, es decir, el depósito de la fe.»

    Ahora bien, si alguna vez apareciera un supuesto papa que dijera -Dios no lo quiera-, que las religiones son diferentes caminos que llevan a Dios, o bien que convocara a todos los cultos a reunirse para orar por la paz mundial, en ese hipotético caso, habría que cuestionar el estatuto teológico que reviste esa persona…

    Alejandro Sosa Laprida

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      «Y confirmar a los fieles en la fe divinamente revelada supone en Pedro la posesión íntegra de dicha fe, sin la cual no podría llevar a cabo su misión.»

      La asistencia divina para que los sucesores de Pedro confirmen en la fe a los fieles no implica necesariamente que cada sucesor particular va a poseer en todo momento la plenitud de la fe en ninguno de los dos sentidos: fe implícita, la decisión de creer lo revelado, o explícita, el entendimiento correcto de lo revelado.

      Por el contrario, Dios puede cumplir su promesa de asistencia sacando de este mundo a un sucesor particular antes que pueda definir como doctrina un error. Lo que puede haber sido el caso de Clemente VIII con relación a la cuestión de Auxiliis tal como había sido predicho por S. Roberto Belarmino.

      El propio Clemente VIII… cambió de actitud respecto a Belarmino, porque este último había intentado impedir que fallase la causa. El gran cardenal también estaba firmemente convencido de que el Papa, aunque podía y también quería, sin embargo, nunca promulgaría una definición. Y esto lo decía con franqueza, incluso en presencia de Clemente VIII. Pues cuando en cierta ocasión el Papa le dijo que quería fallar la disputa, Belarmino le respondió confiadamente que no lo haría. Y cuando el Papa, herido en su orgullo por esto, volvió a repetir con más fuerza que tenía la firme intención de fallar la causa, el cardenal le replicó con la misma contundencia que nunca lo conseguiría [1].

      Unas palabras muy semejantes dirigirá Belarmino al cardenal del Monte, diciéndole que Clemente VIII nunca fallaría la causa y que, si lo intentase, moriría antes de dictar sentencia. El cardenal del Monte presentó en una declaración jurada el siguiente diálogo mantenido con Belarmino:

      Estaba yo en cierta ocasión asistiendo a una misa solemne en la iglesia de San Marcelo, cuando le comenté al cardenal Belarmino, que también estaba presente, que el Papa por fin había tomado una decisión con relación a la disputa que mantenían dominicos y jesuitas. A esto Belarmino replicó: «El papa Clemente nunca fallará esa causa». Yo le pregunté: «¿Por qué no? Sin duda, puede y también quiere». Belarmino respondió: «No niego que pueda y que también quiera; sólo digo que no lo hará; y si quisiera hacerlo, antes moriría». Lo dijo con tanta convicción que me dejó asombrado, sobre todo porque entonces nadie pensaba en la muerte del Papa; pues gozaba de una salud excelente [2].

      [1] Gerhard Schneemann, Origen y desarrollo de la controversia entre el tomismo y el molinismo (1879-1880), Biblioteca Filosofía en español, Oviedo 2015

      [2] Cornelis van Riel, Beitrag zur Geschichte der Congregationes de auxiliis, Constanza 1921, p. 180. CfrDella vita di Roberto Cardinal Bellarmino, scritta dal Padre Daniello Bartoli della medesima Compagnia, libri quattro, Roma 1678, p. 433.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        No me parece muy de fiar tomar ese tipo de testimonios, tan interesados, como era el caso de Berlarmino (sobre cuya canonización impedida por Benedicto XIV y realizada bastante siglos después de su muerte no faltaron algunas sospechas). Lo mismo dijo el prepósito general de los jesuitas, Ricci, poco antes de su disolución, que pensaban que el papa no podría realizar apoyados en la supuesta infalibilidad de la aprobación a la Compañía; ya sabemos lo que hizo Clemente XIV. En las controversias de Auxiliis realmente el problema era la complejidad que había adquirido todo, y la supuesta bula con las proposiciones que se iban a condenar era algo ya muy técnico. Por otra parte, con la historia en la mano meteduras de pata como la condena del heliocentrismo como opuesto a la Escritura (por obra de Urbano VIII) resultaron bastante más graves que una mera reedición de las enseñanzas del Concilio II de Orange con formulación escolástica, que era en lo que consistía la hipotética bula de Clemente VIII.

  21. Avatar de Yepes Yepes

    La explicación de que el poder papal se ha convertido en absoluto mimentizando el absolutismo de los poderes civiles de los Reinos de la Reforma me parece muy ilustrativa porque nos lleva derechamente a la conclusión de que si el Papa es igualmente un poder absoluto estamos claramente ante otro abuso de poder igual que el de los demás poderes absolutos.

    Que al Papa no pueda juzgársele no implica que tenga poder absoluto. Aquí viene bien citar el Evangelio de San Juan cuando Cristo le contesta a Pilatos que ‘presume’ de que puede soltarle o crucificarle que ‘no tendría poder si no se le hubiera dado de arriba’. Pero a continuación añade: ‘por eso quien me ha entregado a tí tiene un pecado mayor’. Extrapolando la cita queda claro que quienes han elegido a ese Papa y le están reconociendo un poder absoluto tienen un pecado mayor. Léase si no a Santo Tomás que dice claramente que si el cisma es un pecado, la infidelidad es un pecado mayor.

  22. Avatar de theoristenthusiasticallybf2f192dfe theoristenthusiasticallybf2f192dfe

    Denso articulo, para releer mas de una vez.

    Un problema: no pude encontrar las «Notas» o «llamadas a pie de pagina» y ademas, falta la nota 1

    Gracias, como siempre por articulos que ‘valen la pena’

    Hay que releer y pensar

  23. Avatar de Desconocido Anónimo

    Usted dice: la FSSPX tenia en este Cardenal a una persona que los entendia y en el cual podian confiar. Lamentablemente la FSSPX no acepto las propuestas de 1982 y 1983, las de 1988 ni las que podrian haber surgido del dialogo siendo Papa Benedicto XVI. Con su postura actual de rechazo absoluto a Vaticano II, a la Reforma Liturgica y su insistencia en que solo es licito asistir a las Misas celebradas por la FSSPX (descartando la Liturgia tradicional de instituciones tradicionalistas en plena comunion con Roma, la de los sacerdotes biritualistas y el Novus Ordo celebrado de modo digno) parecen decir, aunque lo nieguen, que «Extra FSSPX nulla salus».

    El problema no es qué “entendía” Ratzinger, sino qué fe profesaba. En el libro de Tissier de Mallerais puede verse con claridad cuál era la fe de Ratzinger cuando dialoga personalmente con Mons. Lefebvre sobre cuestiones directamente vinculadas con la materia tratada en Quas primas de Pío XI, encíclica que, al clausurarse el Vaticano II, no tenía aún treinta años de antigüedad.

    A mi modo de ver, el rechazo actual al Vaticano II se debe a que, con el paso del tiempo, fueron apareciendo los frutos de una interpretación de los documentos conciliares que —salvo raras excepciones, algo que debería ser impropio del magisterio— resultó deficiente. En consecuencia, los mismos textos muestran una forma insuficiente de expresar la fe de siempre y la tradición. Por eso no todo pudo advertirse “desde el vamos”, sino que se hizo evidente recién en su aplicación e interpretación posteriores. Basta leer el magisterio que siguió al Concilio.

    En cuanto a la licitud de asistir a las misas celebradas fuera de la Fraternidad, no me queda claro que esa sea la posición de Pagliarini; quizá sí de algún sacerdote aislado dentro de la FSSPX. En cambio, observe usted cuántos fuera del ámbito tradicionalista consideran “lícito” asistir a la Misa de la Fraternidad.

    Fraternalmente, Fabio.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Mi planteo no se refiere a la teologia personal de Ratzinger sino al minimo que se exigía a la FSSPX, en mi opinión no dificil de aceptar. Respecto de las Misas fuera de la FSSPX propias del Novus Ordo lo he leido en sus páginas oficiales. El resto a personas vinculadas a esta institución. No digo que haya sido siempre la postura de la FSSPX.Tampoco tengo animadversion personal a ella.

      Cordiales saludos

      Fernando Romero Moreno

    2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Tan lícito como asistir a una Divina Liturgia de los Ortodoxos, vamos.

      ¿Pretende que creamos que «la fe que profesaba» Ratzinger se puede ver «con claridad» en un libro escrito por un obispo lefebvrista?

      ¿Y qué hay de la fe de Lefebvre? Sobre eso han dado testimonio algunos que fueron de la primera hora de la FSSPX, pero que no aceptaron el camino del cisma… ah, claro, pero a esos los desprecian como traidores y por tanto hacen oídos sordos.

    3. Avatar de Desconocido Anónimo

      Sin ánimo de polemizar sino sólo de probar algo de lo que dije en mis comentarios anteriores:

      Que las comunidades que celebran exclusivamente el Rito Romano tradicional pero que están en plena comunión con Roma (Fraternidad San Pedro, Cristo Rey Sumo Sacerdote, Buen Pastor…) han pactado con la herejía y por tanto es pecado participar de sus celebraciones… (Fuente de la FSSPX: https://fsspx-sudamerica.org/es/que-debemos-pensar-la-fraternidad-san-pedro-31625)

      Cordiales saludos

      Fernando Romero Moreno

  24. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

    Pues a mí me dio la impresión de que el interesante texto de Vigilius se podría resumir, imperfecta pero válidamente, en una llamada a la FSSPX a dejar de jugar a las escondidas y definir si son sedevacantistas (y cismáticos por tanto) o no (y entonces acatar las órdenes legítimas del Papa, por ejemplo NO consagrar Obispos).

    Valioso análisis, más allá de todo.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Pero dice el autor de este mal artículo: «En primer lugar, estoy de acuerdo en gran medida con la valoración que hace Pagliarani de la situación en la Iglesia y, además, también estoy convencido de que la Fraternidad debería consagrar obispos sin lugar a dudas».

      Igual, ni caso. La mediocre erudición del artículo está puesta al servicio de la sinrazón de cuestionar lo definido dogmáticamente por la Iglesia. Como si apareciera un tipo y dijera que la inmaculada concepción de la Virgen es cuestionable por esto y esto otro y lo de más allá. Anathema sit al que tal cosa dijere.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      “En primer lugar, estoy de acuerdo en gran medida con la valoración que hace Pagliarani de la situación en la Iglesia y, además, también estoy convencido de que la Fraternidad debería consagrar obispos sin lugar a dudas’

      una de dos, Andrés Battistella, eres tonto o malo.

    3. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Wanderer no me ha publicado mis respuestas a mis insultadores (porque es lo único que hacen), tal vez para que queden en evidencia solitos en su mala fe.

      Así sea.

      Como decía Forrest Gump (vamos con una de nerds): «Tonto es el que hace tonterías».

      No soy yo el que se tira de cabeza a un cisma.

  25. Avatar de Desconocido Anónimo

    Vigilius va desgranando brillantes pero larguísimas reflexiones que se podrían resumir en pocas palabras. El dice «estoy convencido de que la Fraternidad debería nombrar obispos sin lugar a dudas», pero agrega que su argumentación encierra una «contradicción performativa». Por un lado apoya al «Papa total» e infalible de la encíclica Pastor Aeternus, pero enseguida advierte que, como dijo Monseñor Lefebvre, «la obediencia debe estar al servicio de la verdad». Dicho de otro modo, si lo que el Papa ordena colisiona con la verdad, entonces entra a jugar el «estado de necesidad» que justifica la desobediencia. Algo así como lo de la gata de Doña Flora. Los argentinos me entienden…

    De algún modo comparto la tesis de Vigilius, la Iglesia se encuentra en un laberinto sin salida. Monseñor Schneider, un obispo de ideas claras que enseña la recta doctrina, también dice que la Fraternidad defiende la Iglesia de siempre y el Papa debería aceptar los obispos que nombre. ¿Pero qué pasaría entonces? ¿Acaso aceptar eso no sería una carta blanca para que los alemanes herejes nombren también otros obispos herejes sin autorización? Porque si el Papa acepta a los obispos de la FSSPX, ¿por qué no aceptaría los obispos que nombren los alemanes o los que nombre cualquier otro obispo del mundo que una mañana se levante de la cama con una idea brillante?

    Desgraciadamente, todo esto confirma una vez más mis viejas sospechas de que estamos a las puertas de un cisma inevitable. Que Dios tenga piedad de nosotros porque el castigo será sin ejemplo…

    Fuenteovejuna

  26. Avatar de Desconocido Anónimo

    Muy interesante nota, aunque coincido con Loretar en que «Pastor Aeternus» es vinculante en conciencia para todo fiel bautiado en sus cuatro puntos. No obstante ello, fue el mismo Magisterio posterior el que dio un valo distinto al Magisterio Extraordinario y al Ordinario y luego, dentro del segundo, al Magisterio Ordinario y Universal (infalible) del Magisterio ordinario no definitivo (no infalible, pero que requiere un obsequio religioso de la inteligencia y de la voluntad, externo e interno), asunto que ha dado grandes dolores de cabeza a muchos. No obstante, pareciera que si una doctrina de suyo no definitiva no es clara, debe interpretarse a la luz de la Tradicion y si es claramente erronea, debe rechazarse. Pero fue precisamente Ratzinger quien, tanto en sus cartas con Mons. Lefebvre (1982 y 1983), en el Acuerdo propuesto en 1988, en su nota doctrinal sobre la Carta Apostolica «Ad tuendam fidem» (1998), en su discurso como Papa del 22-XII-2005 como en su famosa expresion acerca de que el Papa no es un monarca absoluto, quien ayudo a matizar el tema, como pide Loretar. Por poner un ejemplo, en las cartas a Mons. Lefebvre, dice Ratzinger a proposito de la Reforma Liturgica y del Concilio Vaticano II que: «El Santo Padre nombrará lo antes posible un Visitador Apostólico para la Fraternidad San Pío X si usted acepta firmar una declaración con la forma siguiente (…) 1. Yo, Marcel Lefebvre, declaro que me adhiero con religioso respeto a la totalidad de la doctrina del Concilio Vaticano II, es decir, de la doctrina «en la medida en que la misma se entiende a la luz de la santa Tradición y sobre la base del constante Magisterio de la Iglesia misma» (cf. Juan Pablo II, Discurso al Sacro Colegio, 5 de noviembre de 1979, AAS LXXI [1979/15], pg. 1452). Esta sumisión religiosa tiene en cuenta la calificación teológica de cada uno de los documentos, establecida por el propio Concilio (Notificación realizada en la 123ª Congregación General, el 16 de noviembre de 1964). 2. Yo, Marcel Lefebvre, reconozco que el Misal Romano establecido por el Soberano Pontífice Pablo VI para la Iglesia universal ha sido promulgado por la legítima autoridad de la Santa Sede, a la que corresponde el derecho de legislar en materia litúrgica en la Iglesia y, en virtud de ese mismo hecho, es legítimo y católico. Por esta razón, no he negado ni negaré que las misas celebradas fielmente según el nuevo Ordo son válidas y no querría insinuar de ningún modo que sean heréticas o blasfemas, ni tengo la intención de afirmar que deban ser evitadas por los católicos. Estos dos párrafos han sido cuidadosamente estudiados por la Sede Apostólica y no son susceptibles de modificación. En cambio, usted podría añadir, a título personal, un suplemento, cuyo contenido podría ser el siguiente:
    In conscientia obligatum me sentio addere, applicationem concretam renovationis liturgicæ graves ponere quæstiones, quæ supremæ etiam auctoritatis sollicitam curam provocare debent. Quare novam revisionem librorum liturgicorum pro futuro ab hac ipsa auctoritate desidero
    . Traducción:
    Me siento obligado en conciencia a añadir que la aplicación concreta de la reforma litúrgica plantea graves cuestiones, las cuales deben provocar una diligente solicitud por parte de la autoridad suprema. Por ello, deseo que dicha autoridad realice en el futuro una nueva revisión de los libros litúrgicos. Si lo desea, puede modificar este último párrafo, sujeto naturalmente a que su formulación sea aceptada por el Santo Padre. Con el consentimiento del Santo Padre, le puedo decir de nuevo que [respecto de la Liturgia renovada] no se excluye a priori cualquier crítica de los libros litúrgicos y que incluso es posible manifestar el deseo de una nueva revisión, de la misma forma que el movimiento litúrgico anterior al concilio pudo desear y preparar la reforma. Pero todo eso a condición de que la crítica no impida ni destruya la obediencia y no ponga en discusión la legitimidad de la liturgia de la Iglesia (23 de diciembre de 1982)». Y en la carta de 1983, le dice: «Sobre este punto [doctrina del Concilio Vaticano II], resulta también válido un comentario realizado anteriormente (sobre Liturgia):  los autores privados, incluso si fueron peritos del concilio (como el P. Congar o el P. Murray, que usted cita) no son la autoridad encargada de la interpretación. Sólo es auténtica y autoritativa la interpretación dada por el Magisterio, el cual es de esa forma el intérprete de sus propios textos, ya que los textos conciliares no son los escritos de un experto u otro ni de quienes hayan contribuido a su desarrollo, sino documentos del Magisterio (…) Si alguna expresión le causa dificultades insuperables, puede plantear esas dificultades: las palabras en sí mismas no son un absoluto, pero su contenido es indispensable.(Carta del 20 de junio de 1983)». En sentido similar se pronunciara Ratinger en 1987 cuando conteste las 39 dubias presentadas por Mons. Lefebvre en 1985. Las criticas sanas son atendibles, el rechazo absoluto a Vaticano II no. Ni obediencia ciega ni desobediencia.

    Estoy convencido con Michael Davies (defensor de Mons. Lefebvre, aunque sin adherir a las ordenaciones episcopales de 1988, y amigo de Ratzinger) que la FSSPX tenia en este Cardenal a una persona que los entendia y en el cual podian confiar. Lamentablemente la FSSPX no acepto las propuestas de 1982 y 1983, las de 1988 ni las que podrian haber surgido del dialogo siendo Papa Benedicto XVI. Con su postura actual de rechazo absoluto a Vaticano II, a la Reforma Liturgica y su insistencia en que solo es licito asistir a las Misas celebradas por la FSSPX (descartando la Liturgia tradicional de instituciones tradicionalistas en plena comunion con Roma, la de los sacerdotes biritualistas y el Novus Ordo celebrado de modo digno) parecen decir, aunque lo nieguen, que «Extra FSSPX nulla salus». Dificil solucionar las cosas de ese modo, aunque yo soy el primero en querer que Leon XIV les de mandato pontificio para ordenar Obispos y en coincidir en el gravisimo estado de necesidad en el cual se encuentra la Iglesia, lo que sin embargo no parece ser una causal eximente para ordenar Obispos contra la Voluntad del Papa.

    Fernando Romero Moreno

    P.D: perdon por las faltas de ortografia pero tengo un problema con el teclado que por el momento no puedo solucionar.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Coincido en que aunque yo (que no soy nadie) o León XIV (que es el Papa), querramos que la FSSPX tenga mandato pontificio para ordenar Obispos (por ahora León XIV no lo quiere), eso no cambiaría en nada su postura actual respecto de Vaticano II, la hermenéutica de la continuidad y demás. Pero lo digo sobre todo por los fieles que asisten a las Capillas y Prioratos de la FSSPX, dado el caos que de hecho hay en la Iglesia. De lo contrario pueden caer objetivamente en cisma (si seguimos la opinión de los canonistas que consideran que no se trata de ordenaciones episcopales sin mandato pontificio sino contra la Voluntad del Papa y que no admiten causa eximente) o si sólo es un acto cismático (no cisma stricto sensu) empeorar la situación actual en la cual según algunos es ilícito asistir a las Misas de la FSSPX y según otros es lícito pero bajo muy estrictas condiciones. Y la verdad es que hay lugares donde no hay Misa Tradicional celebrada por sacerdotes en comunión plena con Roma ni sacerdotes que celebren de modo digno y devoto el Novus Ordo, predicando además la Fe de siempre. El Papa podría otorgar mandato Pontificio, aclarando que la situación canónica y doctrinal irregular persiste. Es verdad que existe oposición entre la opinión (con Lumen Gentium) de quienes sostienen que no se puede ordenar obispos sin que adquieran a la vez el poder de orden y el de jurisdicción frente a la doctrina defendida por la FSSPX de que ambos poderes son, en cierto sentido, independientes. Pero no sé si eso es un obstáculo insalvable

        Fernando Romero Moreno

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Eso mismo que dice hace absurdo su planteo. Pues implicaría avalar lo que es inadmisible y que usted mismo mencionó, como su desprecio de toda liturgia fuera de la misma FSSPX. No sólo León XIV no les dará el mandatum, sino que no debe hacerlo. Y querer que se les dé el mandatum manteniéndose la FSSPX en su posición no es para nada favorable a la Iglesia. De los que asisten al culto lefebvrista de hecho varios son ya cismáticos.

  27. Avatar de Desconocido Anónimo

    Mascando un poco el artículo y la respuesta de Loretar –y considerando que todos somos hijos de nuestro tiempo…

    Tengo la impresión de que desde ciertos sectores tradicionalistas se mira a la hermenéutica de la continuidad ratzingeriana como un intento patético y cobarde de evadirse de la realidad pretendiendo que la «obvia ruptura» que representa el VII puede y debe leerse en el contexto de todo lo anterior. Y lo que la lectura del artículo me deja es que si uno interpretase así el VI, debería o bien entenderlo como una ruptura de la misma manera, y por tanto trasladar su escepticismo sedevacantista hasta Pío IX… o simplemente aplicarle una hermenéutica de la continuidad. Que es lo que en el fondo hace la Frate.

    Entiendo que menos que negar las definiciones dogmáticas del VI, se trata de o haya que señalar cómo se aplica una lectura a estas que luego se niega a aplicar con la misma justicia a los documentos del VII. O de cómo se da por entendido que cierto lenguaje es claramente retórico en unos, pero se da una negativa en redondo a que pueda realmente serlo en los otros.

    En el tema de la interpretación, porque somos hijos de nuestro tiempo, todos somos en cierta medida hijos de Gadamer, para bien y para mal.

    exveteranova

  28. Avatar de Desconocido Anónimo

    No no no no nooooo!!!! La estupidez no puede llegar a tanto. Me niego a aceptar que le debamos obediencia ciega a un papa que sostenga la validez de un círculo cuadrado. Todo este desvarío parte de pretender certezas absolutas donde no puede haberlas. Todo individuo, por más papa que sea está sometido a la ley del pecado original. Como tal puede pervertirse, y entregarse a los diversos tipos de concupiscencias que nos acechan en cuanto seres humanos. Ejemplos de esta realidad sobran en la historia de la Iglesia, por no recurrir al ejemplo más cercano a nosotros… Por lo tanto, el papado está muy bien siempre y cuando se mantenga fiel a la Tradición y no se dedique a inventar teologías creativas que nieguen el Catecismo y el Evangelio. “Sea pues vuestro modo de hablar: si si, no no. Todo lo demás viene del maligno” Y también: “Si me amáis, cumpliréis mis mandamientos…”

  29. Avatar de Desconocido Anónimo

    Resumen:

    Los católicos, a lo largo de los siglos, han dado al Papa una consideración excepcional, que en la práctica se traduce en «auctoritas». Esto es totalmente natural e incluso necesario.

    Pero, ¿qué pasa cuando ese imperator ordena rezar en dirección a la Meca 5 veces al día ?

    Porque algo muy parecido a eso es lo que ha pasado

    (Allahu Akbar!)

  30. Avatar de Luis Jeme Luis Jeme

    La frase de Benedicto XVI afirmando que el Papa no es un monarca absoluto se refiere a las cuestiones de la Fe, es decir, que no puede dictar por sí mismo lo que no es parte de la Revelación. Ningún Papa ha pretendido que cualquier opinión suya pueda ser elevada a magisterio infalible; de hecho, nunca ha ocurrido.

    Se objeta que nadie puede estar por encima del Papa, ¿pero quién si no tendría que estarlo, si el propio Cristo dió a San Pedro su Autoridad de forma específica y separada del resto de Apóstoles? («Sobre esta roca edificaré mi Iglesia y sobre ella no prevalecerán las puertas del infierno…», «..apacienta a mis ovejas…» ) ¿Acaso tendrían que ser los Obispos los que supervisaran al Papa? ¿Estos tienen más garantía que él? Por encima del Papa está Dios y su Providencia. No se puede desconfiar tanto de Dios como para temer que un Papa vaya a elevar a magisterio infalible algo contrario a la Revelación. El Concilio Vaticano I define dogmáticamente la autoridad papal, pero ya estaba definida o reafirmada antes con palabras similares, cuando no exactamente iguales, en otros anteriores, como el cuarto ecuménico de Constantinopla, el segundo de Lyon o el de Trento. No sé cómo se puede defender la Tradición y a la vez ponerle objeciones.

    El problema de la autoridad petrina no ha sido el exceso de autoridad en los últimos tiempos, sino precisamente lo contrario. El mismo Concilio Vaticano II lo cocinaron los Obispos del norte y centro europeos, que arrollaron a Roma. Juan Pablo II y Benedicto XVI intentaron encauzar el rumbo y no pudieron, precisamente, por la falta de libertad en el ejercicio de autoridad.

    1. Avatar de luckykingdom6f7d075c39 luckykingdom6f7d075c39

      Estimado Luis Jeme,

      Su comentario lo considero, el más centrado, porque aplica simplemente el sentido. El problema actual es PRECISAMENTE la falta de autoridad desde Juan XXIII, y no, precisamente el autoritarismo que puedan ejercer los papas.

      Se puede atacar o defender de manera detallada PASTOR AETERNUS, pero el sentido común de todos los papas hasta Pío XII, hacen inútiles tales argumentos (es mi muy humilde opinión).

      Atentamente,

      J.R. Salazar, México.

      PD: En ningún momento dudo de los argumentos de Vigilius, a quien considero uno de los mejores, en los temas que nos interesan a quienes amamos la única tradición que existe.

  31. Avatar de Desconocido Anónimo

    Gracias a Vigilus por su trabajo, le ha echado muchas horas. Sin embargo, sin querer ser ofensivo, creo que no sirve para nada si no afronta la cuestión de cara: es verdadera la definición real de infalibilidad formulada en Pastor Aeternus? Está mal formulada? Es imperfecta? Es falsa? Cómo entenderla? Como entender el papado?

    Pido perdón de antemano por pretender tener una seguridad en el conocimiento de una realidad que la Iglesia nos presenta como dogma, porque según Vigilius parece que hay un problema en la búsqueda de razones y explicaciones definitivas que den seguridad. En eso hay que decir que se parece mucho a Francisco a quien le encantaba soñar juntos y reunir realidades diversas en la escucha y el diálogo donde alcanzar la verdad es lo de menos, lo importante es el proceso, como si no existieran verdades absolutas y cognoscibles…

    De verdad no quiero ofender, pero francamente creo que se siembra una sombra de duda (duda más que razonable) sobre la Infalibilidad papal pero que no queda ni un poco resuelta en el artículo. El problema que veo es que o bien no se dice lo que se piensa o bien no hay respuesta para el callejón intelectual sin salida. Por otra parte, igual que hay una idealización tradi de la Iglesia pre CVII, parece que haya una idealización de la edad media como si los contrapesos y fueros, funcionarán perfectamente.

    En conclusión. Valoro el artículo, está muy bien construido y escrito, estoy de acuerdo en su posición ante la FSSPX, pero al final crea el problema de cuestionar los límites de un dogma sin decirnos cuales son esos límites y creo que sin tener una tesis mínima, no puede iniciarse un cuestionamiento así.

    Atentamente

    CISNEROS

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Yo creo que la cuestión de la infalibilidad se explica de las fuentes que la justifican y, especialmente, de la famosa declaración de San Agustín: «Roma locuta causa finita».

      «Causa» era y es una palabra técnico-jurídica que significa litis, litigio, un problema entre dos o más personas que se lleva ante un juez para que decida en derecho.

      Ante la decisión de un juez se puede apelar a una instancia superior, pero como excepción. Y después no hay nada más.

      Esto es para dar seguridad jurídica y evitar injusticias impidiendo que se aplique la ley apelando una y otra vez hasta encontrar la decisión requerida o para evitar que se aplique la sentencia, invalidando así la ley.

      Volviendo a la Roma (pontificia), en algún momento alguien tiene que decidir sobre un problema que se plantee (en este caso, teológico). Especialmente en una sociedad que es religiosa (ideológica), porque las decisiones teológicas, como todo, tienen consecuencias; y esas consecuencias pueden ser perjudiciales o al menos no previstas.

      En una Europa cristiana organizada en diócesis y con múltiples organismos autónomos (ej. monasterios, universidades ), ¿qué autoridad supranacional, que esté por encima de obispos, reyes y universidades puede resolver sobre un problema teológico?

      Pues el Papa, naturalmente.

      Esto significa que puede decir lo que le dé la gana (y destruir así su prestigio y autoridad)?

      No; esto significa que tiene que decidir de acuerdo a la doctrina aceptada, para lo que ya tiene teólogos de calidad para sugerirle la mejor decisión.

      Esto a su vez aumentará su autoridad todavía más.

      (por cierto, que la Rota romana sirve de tribunal de segunda instancia para las decisiones de los tribunales diocesanos )

      ¿Eso significa que un Vicario de Cristo s.j. pueda decir «¿quién soy yo para juzgar?»

      «¡Doctores tiene la Iglesia !».

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Concuerdo como usted, pienso yo que es así y que esa interpretación concuerda con el dogma tal y como ya está formulado, por eso no entiendo que Vigilius ataque la formulación, cuando es obvio que la culpa del hiperpapalismo no la tiene el dogma de la Infalibilidad, sino la praxis de la Iglesia. En general, no quiero tumbar todo el trabajo del artículo pero, casi me parece una «pérdida de tiempo» darle tantas vueltas, buscar explicaciones filosóficas y causas en la historia a un fenómeno que a mí me parece sencillo: la realidad del Dogma es que el Papa de Roma está asistido especialmente por el Espíritu Santo, lo que hace que no pueda errar en materia de Fe. Punto. Todo lo demás del Papa total no pienso que sea consecuencia de ese dogma, sino de la praxis de los eclesiásticos y los propios Papas que han trasladado esa Infalibilidad a lo humano. Y ya está. Entonces creo que toda la reflexión epistemológica sobra. Las cosas son mucho más fáciles de lo que parecen. Y de verdad, no entiendo esa idealización de los siglos medievales. Es hasta pueril comparar siglos.

        CISNEROS

  32. Avatar de Desconocido Anónimo

    La afirmación de San Ignacio «Lo que veo blanco, lo considero negro si la Iglesia jerárquica lo define como tal» no se sostiene. Porque si alguien está dispuesto a tener por errónea su percepción visual del color de un objeto, ¿por qué debería tener por correcta su percepción visual o auditiva de la definición de la Iglesia jerárquica?

    Hilando MUY fino, el único caso en que esta duda selectiva es válida es el de un daltónico, que percibe mal los colores pero bien las formas y por lo tanto lee bien los caracteres escritos. Menciono este caso sólo para destacar la insostenibilidad de la afirmación de S. Ignacio.

    En relación con esto recuerdo haber leido hace unos años en un sitio de la FSSPX, en respuesta a una pregunta sobre su posición acerca del heliocentrismo, que la FSSPX lo aceptaba porque lo habían autorizado o aceptado los Papas desde principios del siglo XIX.

    En este tema vale una extensión de lo dicho antes, pasando de la percepción sensorial directa al entendimiento científico basado en observaciones más razón. En el siglo XXI para sostener que la tierra gira alrededor del sol, que el sol gira alrededor del centro de la Vía Láctea, que el universo tiene 13.800 millones de años y la tierra 4.600 millones, o que el antecesor común patrilineal más reciente de todos los seres humanos que hoy habitan la tierra vivió hace ca. 300.000 años, basta la evidencia científica, sin que los fieles católicos necesiten que el Papa autorice o acepte estas nociones. Si un Papa negara cualquiera de ellas el problema lo tendría él, no los fieles.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      .. «La afirmación de San Ignacio «Lo que veo blanco, lo considero negro si la Iglesia jerárquica lo define como tal» SÍ se sostiene»…

      Eso se llama OBEDIENCIA y es una virtud.

      (para más aclaración, ver el blog Tomás de Aquino org: artículo: La virtud de la obediencia en Santo Tomás, su naturaleza volitiva e intelectual; P. Carlos Pereira IVE)

      Lo que pasa es que no es lo mismo ser obediente en un camino espiritual, especialmente cuando uno es profeso en un convento, que cuando uno es padre de familia y trabaja en una compañía: Precisamente tiene que utilizar su criterio y realmente le pagan para ello.. Aun así en estos casos, siempre puede vivir la obediencia en cosas espirituales bajo la responsabilidad de su director espiritual.

      Por cierto, que a los atletas de élite se les exige -y ellos mismos esperan- obedecer «como un niño» a su entrenador, si esperan obtener resultados.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        OK, entonces si la orden fue verbal Ud dudaría del buen funcionamiento de su sentido de la vista pero estaría seguro del buen funcionamiento de su sentido de la audición. Muy coherente.

        Mi posición: que mi percepción visual es correcta es un hecho y un don de Dios. Como hecho lo reconozco como parte de mi actitud de vivir en la verdad, y como don de Dios Le doy gracias por él. Y por ser hecho y don de Dios, no reconozco a hombre alguno autoridad para ordenarme negarlo, ni en la teoría ni en la práctica.

        La obediencia de un atleta de elite a su entrenador no tiene nada que ver con este tema.

    2. Avatar de legendaryc82163cba3 legendaryc82163cba3

      En primer lugar, considero que es desacreditar a San Ignacio el interpretar su regla de modo tan burdo. San Ignacio no dice «si la iglesia determina que es negro lo que ES blanco» sino “si la iglesia determina que es negro lo que YO VEO blanco». Y es diferente, porque en cuestiones prudenciales uno puede creer o ver o considerar de un modo que resulta erróneo o inconveniente porque no se conocen todas las variables. La obediencia se practica justamente sobre lo prudencial, no sobre lo indiscutible ni sobre lo evidente. Cuántas veces en la vida uno habría tomado decisiones erradas si hubiera tenido que decidir sobre cuestiones ajenas a su potestad. Lo hemos visto en el trabajo, y en la vida, cuando a veces hemos disentido sobre decisiones de nuestros superiores o de nuestros padres y a la larga comprobamos que tenían razón.En segundo lugar, es llamativo leer a tantos que saben lo que el papa debería hacer o decir, o lo que debería haber hecho. ¿Cómo pueden suponer que saben lo que otro debe hacer? ¿Acaso la infalibilidad que cuestionan en el Papa la han recibido ellos? Porque hay quienes están seguros de acertar siempre. Impresionante la confianza en el propio juicio.Y, aunque simpatizo con la fraternidad, considero extremosa su creencia en que tienen la responsabilidad de mantener la Tradición… ¿Una Tradición milenaria a cargo de un grupo de hace unos días? Me viene a la memoria el episodio de las hijas de Lot, que se consideraron el resto de la humanidad y se autorresponsabilizaron de su conservación… por último, hay que recordar siempre que Dios dirige la historia con su Providencia y nada se le escapa. La pervivencia de la Iglesia católica no depende de uno de sus grupos o congregaciones. Depende de Dios. Y “Omnia cooperantur in bonum…» si se obra con espíritu de humildad.

  33. Avatar de Desconocido Anónimo

    Lo lei la semana pasada cuando salio publicado el articulo.

    Primeramente me parecio un super rebuscado argumento que , es interesante , pero por momento se enrieda en la linea argumentativa y creo que lleva mas allá el análisis que el problema en si.

    Por otro lado la FSSPX , como toda la iglesia, aceptó el dogma ( no tiene ni tenemos opcion) y todo lo que trajo consigo . Ahora bien, tuvo el gran valor de marcar en la practica y la teoria el límite a la hipertrofia en lo que esto derivó.

    Por ende, veo que termina siendo ella misma (providencialmente) quien expone estos excesos.

    Coincido con la opinion personal del articulista de los primeros parrafos.

    La situación de la inglesia es sumanente grave y exepcional.

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      tuvo el gran valor de marcar en la practica y la teoria el límite a la hipertrofia en lo que esto derivó.

      Venga, no nos va a querer hacer creer que la FSSPX es adalid en eso. ¡Faltaba más!

      Me imagino que dentro de la estructura (de jerarquía paralela) de la FSSPX, también se practica esa «parresía» teórica y práctica de ponerle límites a la hipertrofia… o tal vez no, ¿eh?

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Cuanta violencia contra la fraternidad! si argumentos reales solo con enojo. Basta ver su obra en el mundo y mal que le pese, el hecho objetivo mas alla de cualquier argumento, de haber salvado la misa y el sacerdocio y con eso la fe entera. Mil palabras puede decir usted pero no tiene ni la forma ni la autoridad de salvar la fe simplemente porque no puede consagrar ni confesar….Los otros grupos que intentan guardar la fe viven a expensas de la fraternidad que fuerte y claro habla de lo que pasa mientras los otros, con buenas o o malas intenciones (no vamos a juzgar), están calladitos y obedientes en la catacumba…

        La Iglesia entera debería pedir perdón a la Fraternidad y agradecerle su lucha por las almas. Es una obra de la Iglesia y se nota en como la Providencia la protege en cada paso. Traditio es la prueba de lo que ocupa la Fraternidad, salvar almas, honrar a Dios y amar la misa.

        Escucharlo me da pena, porque usted hace daño porque no puede ni por asomo llevar a cabo la obra de restaruración porque esta compete a los hombres de la Iglesia.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Creo que Batistella es sacerdote. Más pena da su odio a la FSSPX

        No habrá otros problemas en la Iglesia que merezcan más su aversión?

      3. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Otro partidario de «L’Eglise, c’est la Fraternité».

        Disculpe usted, pero la obra de la FSSPX es igual que la de cualquier protestante, ¿en qué sentido? En el sentido de que no son ministros legítimos del Evangelio, nadie los ha enviado, por tanto en sentido estricto no obran ninguna misión.

        ¿Que el Espíritu sopla donde quiere y aquello de «Dios escribe recto con renglones torcidos»? Eso está en Su Divina Potestad. Pero no es virtud ni mérito de los hombres, y menos de los que actúan contra la unidad de la Iglesia, es decir contra el vínculo de la Caridad.

        ¿Qué es eso de quejarse de la «violencia contra la fraternidad»? La FSSPX vive de insultar y despreciar a los odiosos «modernistas», que los encuentras hasta debajo de las piedras… basta ya de victimismos.

  34. Avatar de Frater Abelardus Frater Abelardus

    La cuestión es si podemos realmente afirmar que el concepto de Papa en Pastor Aeternus es cartesiano.

    El autor parece afirmar repetidamente tal tesis. Pero al mismo tiempo cita precisiones del propio Pío IX que darían por tierra con ella.

    El tema no es baladí por cuanto la razón central del artículo es demostrar la contradicción performativa de la FSSPX, la cual podría afirmarse sólo si, a la vez, pudiéramos sostener la existencia de un espíritu cartesiano en Pastor Aeternus.

    Fraternalmente.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      La definición de la potestad papal en Pastor Aeternus tiene dos partes, la de jurisdicción y la doctrinal.

      Que la potestad de jurisdicción es absoluta no se discute: las órdenes del Papa deben ser obedecidas mientras no impliquen quebrantar un mandamiento divino. Así, cuando Alejandro VI ordenó a Savonarola, que denunciaba la corrupción en la corte pontificia, que dejase de predicar, Savonarola debió obedecer porque abstenerse de predicar no implicaba quebrantar un mandamiento divino. Y cuando León XIV ordena a la FSSPX que no consagre obispos la FSSPX debe obedecer porque abstenerse de consagrar obispos no implica quebrantar un mandamiento divino.

      Esta es la razón por la que la FSSPX está en contradicción performativa. El tema de la potestad doctrinal del Papa no interviene.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Recuerde que Savonarola, como fraile profeso de la Orden de Predicadores, estaba sujeto al voto de obediencia. Y el superior de su superior jerárquico era el Papa.

        En cualquier caso, el trasfondo de la historia de Savonarola era el poder de los Medicis sobre la ciudad de Florencia.

        Al final ganaron los Médicis a Savonarola por goleada.

        Recibió por tanto el castigo de los perdedores. Como suele pasar.

  35. Avatar de Desconocido Anónimo

    ¿Vigilius acepta o no acepta las definiciones dogmáticas aprobadas en el Concilio Vaticano I? Con lo que se lee en este artículo yo entiendo que no, pero no quiero difamar. Debería posicionarse claramente en este punto, para que sepamos si es católico o no. Aceptado el dogma, a partir de ahí sí que hay mucho que discutir y matizar. Pero no me parecen aceptables ataques como este a un Concilio Ecuménico.

    Además de que no me parece que entienda bien la teología papal del Vaticano I. La Relatio de Gasser y la interpretación oficial que hizo Pío IX en respuesta a los obispos suizos y alemanes son mucho más «colegiales» de lo que este artículo da a entender.

    Loretar

    1. Avatar de delectablydriven3798a59723 delectablydriven3798a59723

      A Loretar: und alcohlico puede ser de la opinión que el alcohol es malo a la salud. Yo creo que aquí no importa lo que piense Virgilius, ya que el explaya sus argumentos.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        A delectabl…: Sí que importa lo que piense Virgilius, por varias razones. Para empezar, que sólo si formula claramente sus conclusiones podemos saber a qué atenernos. Para seguir, que en teología el argumento principal es el de autoridad, con lo que es necesario saber qué autoridades acepta cada uno para argumentar. Si el consenso de los teólogos de la Contrarreforma o las definiciones del CVI y el CVII Virgilius no los va a considerar más que maquinaciones del «Papa total», habría que plantear otra línea argumental que apele a autoridades anteriores a esas supuestas corrupciones absolutistas.

        Loretar

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Ahora resulta que para ser católico hay que adherir al CVII, para seguir adelante. Sin embargo, Benedicto XVI aprobó los estatutos del Instituto del Buen Pastor, según los cuales sus miembros están obligados a…cuestionarlo filialmente.

        Parece que bastaría afiliarse a ese instituto para estar exceptuado de la ley general de la Iglesia.

        ¿Dónde hay que firmar?

        Hilbert

      2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Hilbert, no haga un hombre de paja.

        Lo que se pide es adherir a ciertas doctrinas del CVII, lo cual supone también (cosa que al parecer Mons. Schneider no discierne) aceptar las enseñanzas de los demás Concilios, porque eso está en el CVII.

        A la FSSPX se le ofreció una fórmula de adhesión como la del Instituto del Buen Pastor… y no quiso.

        Así que no tienen derecho a patalear.

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