Los obispos argentinos están preocupados

Los obispos argentinos están preocupados y nerviosos. Y razón tienen para estarlo porque todo se les está yendo de las manos y no dan pie con bola. El único gancho que tienen en Roma es… Tucho Fernández (algunos dicen que es quien maneja a la Conferencia Episcopal), personaje completamente desprestigiado y con el futuro marcado. Ya no pueden ir a Santa Marta a llorar porque tal cura hace esto, o tales religiosos hacen lo otro, como hacían con frecuencia, sabiendo que el asunto lo arreglaba un llamadito telefónico de Francisco a la persona adecuada. Están solos y no tienen herramientas para gestionar su orfandad, y no las tienen porque Quod natura non dat, mitra non praestat. Es esta la consecuencia lógica de la política que implementó Bergoglio en la selección episcopal de varios países, como Argentina, España e Italia. Como dijimos muchas veces, el criterio fue la mediocridad y el servilismo; la amistad o el capricho del pontífice. El ejemplo reciente del cardenal Cristóbal López Romero, púrpura otorgada por el único mérito de ser amigo del pontífice que conocía bien la pata de la que rengueaba el salesiano, es suficientemente elocuente: hace diez días le saltaron cinco denuncias de comportamientos sexuales inadecuados con mujeres adultas.

Para que quienes reclaman ‘información chequeada’ no se impacienten ni echen mano de sus circulares, veamos algunos casos de lo que vengo diciendo. El blog muy bien informado Silere non possum, daba cuenta la semana pasada del mismo problema en Italia, donde buena parte de la estructura eclesial, comenzando por el vicariato de Roma, corría el riesgo de paralizarse porque quienes están al frente son personas no idóneas, puestas allí por simpatías personales o por caprichos secretos. Y el autor da el caso del cardenal Marcello Semeraro y del dicasterio que tiene a cargo (Causa de los Santos) que está, de hecho, paralizado. Y el problema se repite en muchos oficinas y diócesis, tanto dentro como fuera de los muros leoninos. El carácter vitalicio del episcopado, unido al hecho de que muchos de estos hombres fueron nombrados obispos o cardenales a una edad relativamente temprana, hace muy difícil destituirlos de sus cargos sin tener que buscarles después un nuevo destino. Y a menudo el problema es precisamente este: no se sabe dónde aparcarlos sin correr el riesgo de que sigan causando daño.

Veamos un caso en particular, el del cardenal Mauro Gambetti, arcipreste de la basílica de San Pedro. Era un fraile franciscano, custodio de la basílica de Asis. El 3 de octubre de 2020, el Papa Francisco hizo una visita a esa basílica, se encontró con el custodio y, sorpresivamente, dos semanas después, el 20 de octubre, anunció un consistorio extraordinario en el que creó cardenal a Gambetti: de fraile a cardenal. Y enseguida lo nombró arcipreste de la basílica vaticana. ¿Cuáles fueron los motivos de la elección? Fácil adivinarlos: un metejón, un enamoramiento súbito e incomprensible. Como era de esperar, los problemas comenzaron a aflorar enseguida: conflictos con los canónigos y con los empleados de la Fabricca; nombramientos de amigos y familiares, iniciativas descabelladas, como la construcción de un restaurante de lujo en la terraza de la basílica, etc. Fue él, por ejemplo, quien exigió que los canónigos dejaran de cantar el oficio en latín y lo hicieran en italiano, o el que prohibió las misas privadas en los altares laterales de la basílica, obligando a todos los sacerdotes visitantes a concelebrar en el altar de la Cátedra. Pues bien, Niwa Limbu, corresponsal de AdVaticanum y siempre muy bien informado, comenta en un artículo publicado ayer que Gambetti será transferido a la arquidiócesis de Chietti que, aún siendo una sede metropolitana, nunca fue sede cardenalicia. Se trata de una clara capitis diminutio. [Debería tomar nota Tucho Fernández y quedarse calladito; se está viendo que a a León no le tiembla la mano y podría terminar de arzobispo de Salta, como algunos aventuraban hace un tiempo]. Según el imperdible artículo de Edgar Beltrán en The Pillar, quien probablemente suceda a Gambetti será el cardenal Rolandas Makrickas, arcipreste de Santa María la Mayor, lo cual es una muy buena noticia.

Mons. Michele Di Tolve, rector del seminario de la diócesis de Roma, que se resistía a abandonar su puesto, fue finalmente forzado a aceptar la sede de una diócesis pequeña y remota, aún cuando habían llegado a monseñor Edgar Peña Parra, nuncio apostólico en Italia, varias cartas de diócesis que imploraban que no fuera nombrado allí, prometiendo dar batalla en caso de que fuera enviado allí como obispo. Lo mismo está ocurriendo con Renato Tarantelli, vicegerente del vicariato de Roma, a quien a falta de mejor solución, el Papa León debió limitarlo en sus funciones y crear el cargo de «moderador»; es decir, lo esterilizó. Este es el caso de muchos otros obispos nombrados por Francisco, a menudo cuando aún eran muy jóvenes, y a quienes hoy no se sabe dónde ubicar sin exponer a otras comunidades eclesiales a graves consecuencias.

La situación en Argentina es la misma pero al cuadrado. La incapacidad de los obispos es pasmosa; la torpeza de sus decisiones no pueden explicarse. Veamos un par de ejemplos recientes. Vista la total falta de gravitación de la Iglesia en la escena pública del país, el presidente de la Conferencia Episcopal, Mons. Marcelo Colombo, no tuvo mejor idea para remediar la situación que elaborar una ronda de diálogo con los actores políticos. Por supuesto, cualquier persona sensata sabe que del juego de la ronda no sale más que una foto, en el mejor de los casos. Pero lo que más asombra es que eligió reunirse y fotografiarse con los dirigentes sindicales de la CGT y de la CTA, que son los que poseen la peor imagen pública. La noticia, por supuesto, pasó totalmente desapercibida, porque a nadie le interesa lo que hacen los obispos y mucho menos si lo hacen con uno de los grupos más corruptos del ámbito político del país. Luego siguieron reuniones con diputados e intendentes, que tampoco tuvieron otra repercusión mediática más que el autobombo de AICA, la agencia de noticias del episcopado. Y allí mismo aclaran, para nuestro alivio, que «las reuniones se desarrollaron en un clima de cordialidad y apertura, con el propósito de favorecer el encuentro y el entendimiento entre los diversos actores de la sociedad. En ese sentido, se buscó consolidar espacios de intercambio que permitan tender puentes y generar instancias de cooperación frente a los desafíos actuales». Resulta pasmoso constatar que todavía hay alguien que escribe semejante cháchara en los tiempos que corren. Parece un párrafo sacado de algún periódico de provincia de la década de 1980, o de una versión gratuita de IA. Palabras sueltas al viento, de existencia vana e inútil, como la de los obispos que las pronuncian y redactan.

Otro ejemplo: en la homilía del Te Deum celebrado el último 9 de julio en presencia del presidente de la Nación y de los más altos funcionarios del gobierno, el arzobispo de Buenos Aires hizo, como era de esperar, un discurso político. Nadie puede suponer que Mons. García Cuerva sea capaz de levantar un poquito el vuelo; no pretendemos que sea un San Ambrosio frente a Teodosio; un Teodulfo de Orleans frente a Carlomagno o un Santo Tomás Becket frente a Enrique II. No; nos conformamos con mucho menos. Pero nos cuesta admitir que el obispo más importante del país, aunque no sea cardenal, deba recurrir a una frase de Lionel Messi (!) para captar mínimamente el efímero interés de la prensa y exponer sus trilladas e insustanciales ideas.

Este es el nivel de los obispos que lideran la Iglesia en Argentina. Nadie puede sorprenderse, entonces, que pase lo que pasa. Y lo que pasa puede medirse a través de estadísticas obtenidas luego de estudios científicos, el más reciente de ellos publicado hace apenas unas pocas semanas. Allí vemos que en nuestro país sólo el 57.7% de sus habitantes se considera católico. En 1960, ese porcentaje era del 90%. ¿Qué pasó en el medio? Arrasó la primavera conciliar, lo sabemos, pero también pasó el huracán Francisco. Recuerdo que cuando Bergoglio fue elegido al solio petrino, muchos eclesiásticos se ilusionaban con que eso implicaría un renacimiento de la vida católica en Argentina. Los número, fríos y crueles, indican que durante su pontificado -en sólo doce años-, el porcentaje de católicos descendió en un 15%; esto es, 6.600.000 católicos menos. Y esto no son suposiciones mías; es información chequeada, de esa que reclaman los obispos. Peor aún, esta iglesia de juvenilia y de payasadas, ha producido como fruto que sólo el 44% de los jóvenes de entre 16 y 29 años se consideren católicos. ¡Éxito rotundo de la pastoral juvenil progresista del episcopado argentino! [Si algún lector del blog es de Laprida, provincia de Buenos Aires y diócesis de Azul, haría una obra de caridad comentándole estas estadísticas al P. Rafael Díaz, párroco de San Joaquín y Santa Ana, para que no se moleste en hacer de payaso setentoso en sus misas dominicales: no sirve de nada, y esos niños a los que él cree divertir, dejarán la Iglesia apenas entren en la adolescencia pues la considerarán muy poco seria].

Acerquemos la lupa. En el fin de semana largo del 25 de mayo, la Conferencia Episcopal Argentina organizó en Córdoba un encuentro nacional de jóvenes misioneros; es decir, buscaron congregar a los jóvenes que asisten a grupos parroquiales de todo el país. Y se involucraron directamente los obispos. En el tal encuentro había más de diez prelados y varias decenas de sacerdotes. Pues bien, según los organizadores, lograron reunir a dos mil jóvenes; cálculos más realistas provenientes del ámbito católico cordobés, hablan de mil seiscientos. Para tomar dimensiones de la catástrofe -los obispos decían estar muy satisfechos por la convocatoria- basta mirar el número de jóvenes que asiste anualmente a la peregrinación Nuestra Señora de la Cristiandad a Luján, organizada sin ningún aparato eclesiástico ni organización territorial, sin medios económicos propios y con la hostilidad clara de los obispos, buena parte del clero y, curiosamente, también de la FSSPX. Y sin embargo, la peregrinación tradicionalista del año pasado reunió a dos mil doscientos jóvenes. ¿Cómo explicarán nuestros pastores este fenómeno?

Se explica fácilmente, pero el problema es que jamás lo admitirán. Preferirán morir antes que reconocer que su propuesta de religión ha sido un rotundo fracaso, y que son las propuestas más clásicas o tradicionales las que en la actualidad convocan a jóvenes y no tan jovenes. Es cuestión de darse una vuelta por seminarios y noviciados. ¿Cuáles están más poblados? Invariablemente los más clásicos. Pongo un solo ejemplo: las Pequeñas Obreras de los Sagrados Corazones es una pequeña congregación religiosa de origen italiano dedicada al apostolado rural, cuya humildad se demuestra hasta en la paupérrima página web que las anuncia. En Argentina, tienen una presencia muy discreta en un lugar difícil: Chaco. No son tradicionalistas ni mucho menos. De hecho, yo las conocí por un video viral de los últimos días en el que aparecen alentando con cantos religiosos a la selección argentina de fútbol. Investigué un poco y descubrí que son clásicas: llevan hábito religioso en serio, con cofias que le cubren todo el pelo; tiene vida de piedad y trabajo apostólico católico y no meramente sociológico. Y tienen vocaciones, en nuestro país y en el mundo; y un buen número de jóvenes normales deseosas de entregarse a Dios y de dar a conocer el evangelio.

Esta realidad -que las congregaciones, los seminarios y los grupos laicales más clásicos y tradicionales se llenan mientras que el resto se vacía- aterroriza a los obispos, y son capaces de cualquier cosa para negarla; en Argentina hemos sido testigos de persecuciones y crueldades innombrables. Hace algunas semanas, los colegios religiosos de la arquidiócesis de Buenos Aires recibieron una curiosa encuesta que inquiría hasta el más ínfimo detalle acerca de sus capellanes. Consultada la Vicaría de Educación por tan extraña medida, allí comentaron que en el arzobispado habría cundido la alarma al saberse que, en algún colegio de monjas de los muchos que hay, un sacerdote había celebrado la misa ‘de espaldas y en latín’ —el novus ordo, con toda probabilidad—, cosa perfectamente lícita y que no exige pedir permiso a nadie. El problema no es el latín ni la misa tradicional; el problema es que saben que, en si esas «novedades» comienzan a expandirse en los colegios y parroquias porteñas, serán imparables.

Y como si todo este panorama no fuera ya complicado para los obispos, el Papa León XIV viajará nuestro país para noviembre, tal como anunciamos hace dos meses en este blog. Se estima que el día 9 de ese mes estará en Buenos Aires y visitará también Córdoba. Varios obispos ya han hecho saber a sus allegados que se trata de un hombre institucional y que, por tanto, todo será muy ordenado y cuidado, y no podrán hacer los carnavales litúrgicos y populistas a los que están acostumbrados. Y tiemblan, porque el viaje apostólico puede ser un fracaso, como fue el de Francisco a Chile. Intentarán canalizar los discursos y gestos hacia la cuestión social y, con la ayuda de la prensa, buscarán que sea una crítica lo más severa posible al gobierno de Milei. La cuestión es saber si el Papa León les daré el gusto. Él tiene en claro que su viaje es apostólico, es decir, direccionado a confirmar a sus hermanos en la fe. El problema, claro, es que la fe sus hermanos obispos es más que dudosa.

Si el artículo de The Pillar que mencionamos más arriba acierta en sus pronósticos, luego del verano veremos cambios importantes en la Curia vaticana. Si Mons. Erik Varden es ubicado con un alto puesto allí -algunos fantasean con que sea el nuevo prefecto del dicasterio de Culto Divino-, sería un signo más que elocuente sobre la nueva dirección del viento, y nuestros obispos criollos, por las buenas o por las malas, tendrán que tomar nota de ello.

21 comentarios en “Los obispos argentinos están preocupados

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Lo peligroso es moverse por el gusto y no por la inteligencia. El día que ud, Wanderer, supere al hombre estético, habrá dado un paso importante digno de todos sus estudios.

    Eva Agria

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Una alumna de secundario donde doy clases me comento que en un viajecito a Inglaterra tuvo que ir a misa en una iglesia llena de gente, donde el cura estaba de espaldas y se cantaba en latín. No supo dar mas detalles ni se los pedi, solo le pregunté como había sido su experiencia y me respondió con aire de lamento: «A mí me gusto, y aca no hay cosas así para ir». Le respondí que se lo dijera a un obispo cuando se lo cruzara en su parroquia, donde toca la guitarra. Como seguro no lo hizo, yo le transmito al monseñor que pase a leer por acá.

    1. No entiendo qué intenta decirnos al mentar el texto bíblico.
      Estoy tentado en pesar de que su razonamiento es: «No les gustan las consagraciones episcopales sin mandato pontificio, y no les gustan tampoco los obispos que tienen». Si así fuera, su pensamiento es muy peligroso.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    La vicepresidente de la nación tuvo un encuentro a puertas cerradas con Colombo hace unos meses. La conversación giró en torno al caso Adorni y los «desmanes del gobierno nacional» según cita el Arzobispo en cuestión, de la boca de Villaruel.

    A Colombo le duele que el gobierno no le dé espacio. Su motivación de gobierno eclesial es netamente sociopolítica. Basta con acercarse a cualquier sacerdote mendocino para escuchar esto y, de paso sea dicho, alguna que otra cosa sobre el descontento que genera allí el saber que no le da la más mínima importancia a la catequesis, la liturgia o la evangelización.

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Perdón pero es lo que quieren: una iglesia chiquita y sólo para ellos.

    Comportamientos repulsivos como recibir a los sindicatos no pueden tener otro objetivo que acelerar la salida de fieles. Lo mismo que perseguir cualquier iniciativa que muestre algún grado éxito. Es para garantizar la reducción.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Así es. No es incompetencia: es malicia. No solo en Argentina, sino en todo el mundo.

      Están convencidos de que es mejor no tener fieles que tener fieles «clásicos». Lo que les molestia no es que la parte de la Iglesia más afín a ellos se vaya reduciendo. Lo que les molesta es que las propuestas más clásicas vayan aumentando.

      Para ellos es más importante «que la Iglesia se adapte al mundo» (han hecho de ello el leit-motiv de su vida y el centro de su identidad) que que la Iglesia prospere. Ponen al mundo por encima de la Iglesia. Si la iglesia quedara reducida a un puñado de fieles como ellos, no podrían estar más contentos.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    A mí también me cayó muy mal que un arzobispo tenga que citar al pobre Messi para llamar la atención.

    Este tipo de obispos y curas están desesperados por mostrarse parecidos a la gente. ¿Realmente piensan que la gente convertirá su vida por esas cosas?

    Otro caso similar el sacerdote que hizo campaña para que se toquen las campanas de las iglesias por un eventual triunfo. ¿Nadie le dijo que las campanas de una Iglesias son bendecidas para uso religioso?

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      “Sueño con el pasado que añoro
      El tiempo viejo que lloro
      Y que nunca volverá”

      Cuesta abajo, tango (Le Pera y Gardel, 1934)

      Veo la visita a Francia del Obispo de Roma, contempla una visita a la ¿UNESCO?,

      Vez pasada fue recibido en Roma S.E.R. Monseñor Pedro Martinez Perea, ¿le devolverían la Diócesis de S.L. que atrabiliariamente le arrebataron?; no! Un buen pastor querido por sus ovejas, con vocaciones, la comunión se recibia en la boca, ello era suficiente razon para cancelarlo.

      Con respecto a la próxima visita a Argentina, quiero pensar que no trae una birreta para algun “no cardenal”

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me sorprendió sobremanera ver ayer al Obispo de San Luis, Mons. Barba (de quien descubrí su insólito «logo» episcopal que preside la Catedral), en la misa que se transmite desde la capilla del obispado, cantando el ordinario en latín de la Misa de Angelis, acompañado por hermanas del Instituto Mater Dei. Monseñor explicó que lo hacía para que los fieles conozcan también el canto en latín, que solo se escucha a veces en la catedral en las «misas pontificales». Ya el domingo anterior habían participado las mismas hermanas en el coro, según los dichos del obispo, para integrar a todos los grupos en la diócesis. Interesante empezar a ver estas cosas.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Se me ocurre organizar un Congreso sobre Comunión en la Boca. Estimo que el obispo estará muy contento de prestarnos buenas instalaciones, participar él mismo, y sacarse unas fotos con nosotros.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Wanderer, quizás no es el lugar, pero quiero en parte responder al Anónimo de 20 de julio de 2026 a las 18:00 (el del «congreso»), y en parte plantearle a usted el siguiente tema: no podemos seguir pensando que nuestra realidad pasa o no pasa por si se recibe la comunión de esta forma o la otra.

        El centro de la fe no está en un signo. Y hay gente como él que parece tener una obsesión con uno y siempre el mismo signo.

        En mi opinión este parte del problema del día de hoy: no levantamos la cabeza ni el nivel de las discusiones. Y pasa lo mismo con muchísimos fieles que se creen que cantan «música litúrgica» porque suenan en la misa cantos populares españoles del siglo XX, y son felices con ello, y se creen «tradicionales» porque además suenan en un teclado/órgano, cuando no tienen nada que ver ni con la acción litúrgica ni con el día de la misa.

        Deberíamos reflexionar acerca de esto, porque lo accidental debe sostenerse por lo esencial. Sursum Corda.

  7. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

    Parece un párrafo sacado de algún periódico de provincia de la década de 1980, o de una versión gratuita de IA.

    Wanderer, no sea tan duro… con la IA. Le va a dar un susto a Peter Thiel…

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    En España ha habido unos cuantos malos nombramientos, pero el resultado final es mucho más manejable. Quizás ha sido suerte con los nuncios, quizás el arraigo de la cultura eclesial neocon ofrecía una base más difícil de sustiruir… También hay casos de Arzobispos progres, como el de Pamplona, que son liberales «coherentes» y dejan hacer lo que les dé la gana al clero conservador y tradi. Y en Madrid hay apostolados de línea tradicional, conservadora, neocon, etc. demasiado arraigados para cargárselos sin más. Aunque la idea de tener a Cobo 15 años más da miedo. Pero creo que el resultado final del último Pontificado ha sido soportable y podrá mejorarse la situación en los próximos años.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      hopefully. The Spanish members of the Dicastery for Bishops (or almost all of them, for that matter) are quite liberal, but the nuncio is thought to be moderately conservative. It will be very interesting to see the next man to arrive in Barcelona.

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