En el corazón de Recoleta hay una librería de viejo. Está en calle Montevideo, a un paso de la plaza Vicente López. Inusual. A este tipo de negocios tendemos a ubicarlos en avenida Corrientes. Pero, como el entorno, esta es una librería de viejo aristocrática, de las de antes, en las que se encuentran libros de segunda mano y no saldos de editoriales fracasadas o quebradas. Atiende sólo por la tarde, la puerta está siempre cerrada y su dueño invariablemente sentado detrás de un escritorio, fumando su pipa y con cara de pocos amigos. Si uno se anima, después de verlo a través de la vidriera, deberá tocar el timbre. Él se acercará, abrirá la puerta y preguntará que queremos. Yo le dije que me interesaban biografías, libros de teología y de historia. Me dijo que literatura estaba en las estanterías que estaba viendo, y que el resto estaba en el sótano, al que podía descender si quería. Supongo que intuyó que me gustaban los libros y por eso me franqueó el paso a la zona reservada del santuario.
Claro que franquear el paso es un mero decir, pues uno debe caminar a través de un sendero estrecho, bordeado de parvas de libros que impiden acercarse a las baldas. Y en ellas no hay sólo libros; también se amontonan bustos de bronce y de mármol, medallas, ceniceros, pipas, pequeños cuadros y retratos; en fin, todo aquello que cualquier persona lectora va amontonando a lo largo de su vida en los anaqueles de sus libreros y que, cuando muere, sus herederos miran como rimeros de objetos sucios e inservibles, y venden junto a los libros y los muebles al postor que más rápido asegure desocupar el espacio.
Cuando descendí a las profundidades de la cripta, encontré allí varios libros a los que no pude resistirme, y salí con diez de ellos. Aún cuando había hecho promesa solemne de no comprar nada porque tengo ya una lista interminable de libros por leer y porque el espacio de mi biblioteca se está agotando. Uno de esos diez es el libro sobre el que quiero hablar en esta breve entrada.
Se titula Jesuita éramos los de antes. Impresiones de un novicio de los años ’50. El autor es Jorge González Manent y está editado por Dunken en 2012. El autor escribe una suerte de memorias del descubrimiento de su vocación en 1955, cuando tenía veinte años, su ingreso a la Compañía y su vida como novicio jesuita, un año en Uruguay y otro en Córdoba. Me enteré que luego hizo su juniorado en Santiago de Chile, su etapa de maestrillo en Santa Fe junto a Jorge Bergoglio, y poco después, luego de diez años y antes de ser ordenado sacerdote, decidió dejar la Compañía. Eran los revueltos años del posconcilio, y seguramente hizo bien. Me dice Google que se dedicó a la publicidad y a escribir libros infantiles sobre temas religiosos, que se casó y tuvo tres hijos. Si aún habita este eon, espero que siga recibiendo la bendición de Dios, y si ya partió para el siguiente, que ese mismo Dios le conceda el descanso eterno.
El libro se estructura en párrafos breves en los que narra sus memorias, de no más de media página cada uno, intercalados con textos tomados de diversas fuentes: el Martirologio, las Constituciones de la Compañía, la biografía de San Ignacio, oraciones, etc. Este método infla el volumen del libro pero facilita su redacción y lo hace más sencillo de leer.
Hay que advertir, como hace el entonces cardenal Bergoglio en la contratapa, que la memoria suele hacerle burla a la historia. Es que las memorias escritas cincuenta años después de ocurridos los hechos no son de fiar, porque la imaginación suplirá muchos olvidos y muchos juicios del adulto de hoy si atribuirán al muchachito de ayer.
El libro está ligeramente escorado a tratar cuestiones contra sextum, lo que se entiende por la juventud de los protagonistas y porque son temas que ayudan a la venta, aunque me temo que éste no haya sido un éxito editorial. Aún así, es un libro cuya lectura que me ha causado placer, y reflexión.
Me llamó la atención que el autor, más allá de ser un convencido progresista, no escribe el libro con amargura y resentimiento. Más bien lo contrario; lo narra como un periodo especialmente gozoso de su vida. Y hay que tener que cuenta que las rutinas diarias que llevaban los novicios en esos años eran duras, muy duras, incluso con penitencias corporales diarias bastante crueles.
Está casi de más comparar porque es obvio el nivel de educación que tenían los jóvenes clérigos en los ’50, cuando sus clases y conversaciones eran en latín. En la actualidad, creo que son pocos los seminarios donde aún se enseñan al menos los rudimentos de esa lengua. Y por cierto, no se reducía a una cuestión de lenguas. La formación durante el noviciado, antes de comenzar la filosofía, incluía otras varias disciplinas. Incluso, hasta les enseñaban a comer y a comportarse socialmente, habilidades que vendrían muy bien a muchos clérigos y obispos de la actualidad.
Una mirada más crítica, recabada tanto de las memorias propiamente dichas de González Manent como de los muchos textos que incluye de las constituciones, reglas y costumbrarios de la Compañía, permite cerciorarse de lo que ya sabemos: el sistemático proceso pensado y probado de aniquilamiento (o deconstrucción) de la personalidad de los novicios y los refinados mecanismos para generar en ellos una nueva, capaz de obedecer perinde ac cadaver. Y tengamos en cuenta que la mayoría de las congregaciones que nacieron después de los jesuitas tomaron a éstos como modelo y adoptaron las mismas técnicas. Yo estoy tentado a decir que me parecen crueles y monstruosas, pero no olvido que muchos santos las vivieron y las aplicaron. Y yo no soy santo, por lo que debo bajar la cabeza y admitir que ellos sabrían lo que hacían. Lo que no puedo dejar de observar es que estas herramientas, en manos de hombres virtuosos, podían aptas para obtener jóvenes virtuosos. Pero cuando quienes las aplicaban no lo eran, podían dar lugar a cualquier atrocidad. Se comprenden fácilmente, entonces, los casos de abuso sexual o de otro tipo que asolaban y asolan a la Iglesia.
Llama la atención también el modo de relacionarse y el secretismo que tenían los novicios entre ellos. Por ejemplo, me resultó curioso que cuando uno decidía dejar el noviciado, o era invitado a hacerlo por su superiores, debía irse en secreto, sin decirle a nadie. Sus compañeros se enteraban a la mañana siguiente que Fulano había salido, y no había ninguna explicación al respecto. Esto indica el altísimo grado de frialdad y distancia que existe en la «vida comunitaria» de los religiosos. ¿Hasta dónde es comunitaria, unidos todos por la caridad? Ciertamente, era imposible y hasta mal visto, formar amistades. Cada uno era una individualidad que se relacionaba ocasionalmente con otras individualidades, pero entre ellos no existía un afecto genuino o una verdadera amistad cristiana; perinde ac cadaver, casi como cadáveres. Estoy tentado de darle la razón a Voltaire que decía que «los frailes entran sin conocerse, viven sin amarse y mueren sin llorarse».
Por último, señalo dos párrafos. En el primero dice el autor:
Será por mis antecedentes de químico interpretados como que fuera un hombre ciencia o no sé por qué pero el padre Mullin [maestro de novicios en Uruguay y, luego, obispo de Minas] me ofreció para leer El fenómeno humano. Yo no había oído hablar de Teilhard de Chardin. Menos iba a saber que estaba prohibido. Fue un deslumbrante descubrimiento. Después seguí con El medio divino y todo lo demás.
¿Qué ocurría diez años más tarde? Teilhard de Chardin y todo el progresismo pasaron de ser unos desconocidos aún para sus hermanos en religión, a ser los grandes popes y maestros de la nueva religión inaugurada por el Concilio.
Otro párrafo:
Voy a la capilla para preparar el altar de la misa. Oh sorpresa: me encuentro en el altar donde celebra el buen Joaquín una hostia grande, la que consumen los sacerdotes. La gran duda es si estará consagrada o no. Imposible saberlo por ningún tipo de análisis. Qué hago. Le aviso a Ignacio. Él se queda haciendo guardia junto al pan misterioso mientras yo voy a consultar al maestro. No sé qué elucubración hace y llega a la conclusión de que no, no está consagrada, y la metemos en la cajita con las demás. Pero, ¿y si estaba?
Vuelta la misma pregunta. ¿Cómo es posible que la reacción frente a situaciones como la relatada era habitual para cualquier católico y, pocas décadas después, la Sagrada Eucaristía pudiera ser tocada por cualquiera, tratada como un recuerdo o un símbolo, y profanada cotidianamente por sacerdotes y laicos? Repito, ¿cómo es posible que cambios de esta magnitud se hayan producido en tan poco tiempo? Para mi, esto sigue siendo un gran misterio. Yo no soy dado a apariciones, revelaciones ni intervenciones preternaturales, pero no me extrañaría que este fenómeno, que contradice la lentitud de todos los procesos históricos, se haya debido a la intervención directa y misteriosa de aquél a quien San Pablo llama «arconte de la potestad del aire».

Esa regla en la orden no parece impedirles la práctica de compadrazgos e intercambio de favores a los jesuitas que hacen carrera dentro de la Curia hasta arriba
No me imagino a los Apóstoles sin tener amistad entre ellos, como si fueran desconocidos indiferentes entre sí («amaos los unos a los otros como Yo os he amado»). Al final, la falta de Doctrina viene de la falta de Caridad. Lo mismo ocurre con Jesús Sacramento: como dice San Juan, quien no ama al prójimo a quien puede ver no ama a Dios a quien no ve.
Indiferencia es una cosa y falta de amistad otra. Y lo que uno se imagina o no, también es otra cosa.
Anonimo 15:21
Me parece muy claro a qué me refería con «imaginar» cuando hablaba de los Apóstoles. Si usted se los imagina como en un noviciado jesuita, tiene un problema de «imaginación» y de simple comprensión lectora del Evangelio.
La falta impuesta de amistad entre hermanos que viven en comunidad lleva a la indiferencia, aunque externamente se actúe correctamente (de hecho en muchos casos es al contrario). Es muy habitual en ciertos ambientes disociar la Fe de la Caridad y los afectos más elementales. De ahí que surjan personas asociales y con patologías que las convierten en disfuncionales. De esos polvos vienen esos lodos.
¿Es que se va a seguir hablando del malvado Bergoglio después de muerto y enterrado?
¡Vaya manera de amargar la cena a los demás!
Si ese malvado ha tenido la clemencia de Dios, ahora estará salvo. Si no, estará con Satanás castigando a todos los diablos.
Pero a nosotros, ¿qué ?
Bergoglio vuelve amigo.
Volverá, no lo dude.
De hecho nunca se ha ido:
El tapado que nos endilgó, los obispos que impuso y las instituciones que creó o cambió le han hecho inmortal.
¡Castigo de Dios!; no lo dude.
Pero sin embargo nos quedamos con algo mucho más importante:
Ahora sabemos cual es su teología, de qué van los jesuitas y cuáles son las consecuencias.
Ya no vamos de ingenuos, ni de santurrones ni de principiantes.
No dude que no nos temblará la mano cuando debamos defendernos a nosotros y nuestros hijos.
Con la ayuda de Dios.
Cualquier católico sabe que, ante la duda, la hostia debe ser puesta en agua hasta que se disuelva.
Respecto a la dinámica de la vida religiosa, la biblioteca está muy dividida pero favorece la posición de no cultivar amistades personales con los hermanos de religión. Y aquí uno confía más en en la experiencia de la Iglesia que en proposiciones teológicas o psicológicas. Eso no significa la anulación de la dimensión humana y afectiva sino el crecimiento de un auténtica amistad con Jesús y por ende de hermandad con los demás en Él.
En el siglo IV, la «experiencia de la Iglesia», a juzgar tan solo por el lugar que pesaba más en la biblioteca, sugería que el arrianismo era la verdad cristológica. No seamos tan estrechos. La fe de Nicea era una «proposición teológica» más. Poco bien hubieran hecho los santos de seguir su consejo. Y eso que no estaba el negocio editorial de los jesuitas.
¿Está usted diciendo que tenemos que reconvertirnos en arrianos porque la verdadera fe es arriana?
Bueno algo así arqueologizante hicieron los del Concilio para justificar la protestantización forzosa y el nacionalismo de los germanos.
Pero no sé a donde nos puede llevar eso (¿a la sinagoga ?)
Si cristiano significa ser discípulo de Cristo, o al menos eso decían los viejos catecismos, ¿no sería mejor concentrarse en el discipulado y la oración y dejarse de bizantinismos?
Estoy de acuerdo en que hay que fomentar la hermandad en Cristo, y también de que es muy necesaria la prudencia. Las preguntas que creo necesarias hacer en esto son: ¿Qué significa que la biblioteca está dividida? Ciertamente entre los padres había de los de un lado y de los del otro, seguro. Y más tarde junto con las advertencias más severas, amistades como la de santo Tomás y san Alberto, y más allá, como las de santa Catalina y el beato Raimundo, o san Francisco de Sales y santa Juana de Chantal (que si más de uno viese el modo y tono con que se escribían a veces, hasta se escandalizaría un poquito). La otra pregunta es ¿a qué nos referimos con experiencia de la Iglesia? el boom de los institutos de vida religiosa en el siglo XIX, la mayoría de los cuales se apoyaron para su construcción y desarrollo en modelos jesuitas –al igual que muchos seminarios– distorsionan mucho nuestra idea de la vida religiosa en general y de los detalles en particular. Si comparásemos, por ejemplo, las constituciones primitivas de la Orden de Predicadores con las de alguno de estos institutos de orientación apostólica, sin duda veríamos diferencias llamativas. No se trata de despreciar ninguna costumbre particular, sino de intentar pensarlas un poquito más allá del «por algo será»; entiendo que justamente el pienso de esta clase es una de las cosas propias de este blog.
exveteranova
Convengamos que la Iglesia pre revolución francesa tampoco era ejemplar: la alta curia tenia prebendas de nobleza y vivían del Estado del Rey Sol muy bien acomodados, cual casta. Los sucesos siempre ocurren por algo. Jesús decía a sus discípulos «de ir con lo puesto» pero eso nunca les ha gustado a los Obispos barrigones.
No, señor mío.
Ni la «alta curia» (sic) tenía prebendas de nobleza, ni vivían del Estado ¿del Rey Sol?
¿Los sucesos (¿revolución?) siempre ocurren por algo ?
La realidad es que si los Estados europeos han sido católicos (y luego algunos protestantes) ha sido porque las clases altas han sido cristianas y también porque sus miembros han formado parte de la la estructura clerical de la Iglesia. Y no todos han formado parte de la «alta curia» ni mucho menos. No ha sido raro que, viviendo en las facilidades de estos Estados confesionales, quisiesen vivir un compromiso de fe más estricto y abandonen su posición y privilegios para intentar ser santos.
Así, ya que menciona al Rey Sol (una persona con muchos menos poderes que Macron), el sucesor de Luis XIV, Luis XV, tuvo una hija, Luisa María de Francia, que profesó en el carmelo descalzo de San Denís con el nombre de Teresa de San Agustín (hoy es Venerable)
Por otra parte, el que el catolicismo sea religión de Estado hace que los poderosos tengan una responsabilidad y respeto por los pobres, cosa que no existe en ninguna otra civilización o cultura. Eso impide, por ejemplo que sean masacrados, cosa que sí ha pasado en otras culturas.
Ser religioso o sacerdote en el Antiguo Régimen era un modo de vida, como cualquier otro, que obligaba a ciertas obligaciones particulares, como otros modos de vida tienen otras. Unos las cumplirán mejor y otros, peor; pero todos saben, incluidos los fieles, cuál es el ideal religioso y a qué penas eternas se condenan si no lo cumplen. Precisamente la orden religiosa/convento está para facilitar estos modos de vida y para dar fe ante el pueblo, que no es idiota.
Si por «sucesos» usted se refiere a la Revolución Francesa, esta no tiene nada que ver con la Iglesia, sino por la desastrosa política financiera del Reino, fruto de casi un siglo de guerras constantes y de un sistema muy ineficiente de bonos del Estado (seguramente por la prohibición de la Iglesia de los préstamos, que calificaba de usura ) y por políticas liberales de los ilustrados («guerras de las harinas»), que producen hambre.
Al contrario; precisamente porque la Iglesia tiene institucionalizada la caridad, sus instituciones aliviaron morir de hambre a muchísimas familias.
Respecto a esos obispos «barrigones» (¿por qué no «príncipes», que lo eran?, por muy mundanos que sean y pocas ganas tengan de vivir en sus diócesis (obligación tras el Concilio de Trento) ), ellos saben y todos saben que forman parte de una institución con unos fines determinados. Lo normal pues es que apoyen a los que desean que sus diócesis funcionen como Dios manda; no es un problema de gustos o disgustos.
El galante, frondista y mundano Cardenal de Retz, Juan Francisco Pablo de Gondi, Arzobispo de París, protegió a su preceptor, San Vicente de Paul y le ayudó con las fundaciones de las Hijas de la Caridad, cuyas constituciones aprueba.
estando de acuerdo con usted en su mensaje, la ingente cantidad de curas, abades y hasta obispos que se descararon y cooperaron con la revolución, ilustrados, constitucionales, juramentados, filósofos teistas y hasta jacobinos es bastante sorprendente y da mucho que pensar sobre la formación y coherencia de una parte nada despreciable del clero francés de la época.
nachet
De los 160 obispos franceses, entre 4 y 7 juraron la Constitución Civil del Clero (los obispos de Autun, Lydda, Langres y San Papoul)
Respecto a los sacerdotes, juraron entre el 45-55% (entre 35.000 y 45.000) (más en las ciudades que en el campo)
Respecto a los monjes y frailes, sus ordenes fueron suprimidas, sus monasterios y conventos fueron cerrados e incautados y sus miembros echados a la calle y dispersados.
Me imagino que a favor de jurar la Constitución Civil del Clero tuvo mucha influencia el jansenismo (una especie de protestantismo) y el galicanismo (una especie de nacionalismo) antirromano.
Los mártires de la revolución francesa son 17 santos y 426 beatos.
Entre ellos están las carmelitas de Conpiegne y 3 obispos.
Quedan abiertas más causas, como los 143 sacerdotes martirizados por ahogamiento en el río Loire.
Puede haber un total de unos 2000 mártires.
Se pregunta el blogger qué habrá causado la debacle posconciliar.
Además de todas las causas conocidas, se me ocurre una causa psicológica: la Iglesia Católica, como era poderosa, inspiraba seguridad a sus miembros.
Y, si lo que más te interesa es el poder, el prestigio, la autoridad, la influencia social… la Iglesia era el lugar para vos. Ese es el fariseísmo que denuncia Castellani.
Pero desde la Revolución Francesa, la Iglesia fue perdiendo cada vez más poder temporal, hasta el momento en el que se derrumbó uno de los últimos pilares que sostenían este gigantesco castillo de naipes: la liturgia.
Y todo se vino abajo de repente, porque estaba hueco por dentro.
La Liturgia no es lo más importante de la Iglesia, pero al cambiar eso, tan sagrado, los católicos se dieron cuenta de que no era todo tan firme como parecía: y la crisis golpeó fuerte.
Es una intuición, quizás otros ya lo han explicado mejor, o quizás sirva para hacer pensar a alguien más inteligente; yo llego hasta acá.
Muy interesante es para pensarlo en serio.
Alguna vez pensé algo similar. Mi padre me comentaba todo lo que ocurrió en el post-concilio, y como muchos sacerdotes y religiosas colgaban los hábitos, etc. Y yo me preguntaba si eso no fue positivo en un aspecto: la podredumbre salía y no se quedaba dentro. Hoy por hoy, resulta bastante fácil identificar al buen sacerdote y al malo.
Siempre me pregunté la razón del éxodo de curas y consagrados en el post concilio. Se supone que la vida clerical se había desacartonado y en términos generales la tenían más fácil y amigable. Entonces ¿por qué?
Juan
¿Se refiere a si viste sotana y reza en latín?
Juan, ¿usted se pregunta por qué ?
Pues porque «lo que no cuesta no se aprecia».
¿Le parece poca razón ?
¿Usted por qué cree que hay personas que pasan el fin de semana escalando picos en vez de ver la televisión tumbados en el sofá?; ¿será que no saben que hay ascensores y helicópteros?; ¿no necesitarán aggiornarse?
Por cierto, que los clubes más exclusivos son los que tienen mayores peticiones de ingreso. Lo cual es ridículo pudiendo uno ir a cualquier club vacío a beber y bailar sin ser molestado por nadie; ¡y encima la entrada será gratis!
la liturgia, con la celebración del Santo Sacrificio de la Misa, SÍ ES LO MÁS IMPORTANTE de la iglesia católica. Por serlo, fue donde se dirigieron los ataques, y deformándola, se consumó la debacle posterior. El diablo es muy astuto, sabía bien dónde debía perforar la muralla.
(Respuesta al anónimo del 30 de julio de 2026 a las 10:51)
Tiene razón: la Liturgia es lo más importante, porque el Santísimo Sacramento es el Cuerpo de Cristo.
Pero no es lo único.
Había una liturgia sagrada y solemne, pero faltaba Caridad; y eso es fariseísmo: sepulcros blanqueados, o, como la imagen que puse en mi primer comentario, «un castillo imponente por fuera y corroído por dentro, que se derrumbó al caer el último pilar que lo sostenía».
Si tengo un tesoro en mi casa, pero no tengo fuerzas para defenderlo, vendrá otro más fuerte y me lo quitará.
No soy teólogo, así que pido perdón por la pobreza de mis imágenes; pero sospecho que son bastante certeras.
Me temo más bien que llegó el tiempo de la higuera maldita de Marcos 11, después de años de higuera estéril, dónde el cuidador ha cavado y abonado, sin fruto. Al llegar al punto en que se aprueban las modificaciones a la liturgia, esta, a pesar de su importancia, en la mente de los prelados ya estaba venida a menos, y por eso se atreven a tocarla, y por lo mismo, pregunta el Señor, si habrá fe sobre la tierra, cuando vuelva.
La Iglesia Católica, como tal, nunca ha tenido «poder temporal».
Lo que si ha habido son Estados eclesiásticos, normalmente pequeños, en que el señor fue un obispo o un abad. Eso se podrá extender a dominios feudales en que ciertos monasterios tenían feudos y el abad ejercía sus obligaciones y derechos feudales.
El poder de la Iglesia ha venido por ser fundada por Cristo, por ser necesaria para salvarse y porque ordena la sociedad enseñando el bien y el mal y legitimando la autoridad civil. Es decir, que es un poder espiritual y que no es de este mundo.
La causa psicológica de los altos eclesiásticos es la doble creencia de que como Cristo la fundó tiene que ser eterna y porque los que deciden creen que el pueblo tienen la misma concepción de la religión (utilitaria) que el ellos (más espiritual).
Cuando ambas cosas fallan todo se hunde.
Además me llama la atención de que no se mencione nunca el ataque continuo de las clases altas, especialmente los ilustrados. Esto que, unido a la obra de Darwin y Feuerbach es lo que termina de desprestigiar al cristianismo en las clases dirigentes y que además será la base de donde Marx y Engels edificaran su obra revolucionaria.
Con la Revolución francesa hay una enorme concentración de poder civil y religioso en el político y a través de él, en las oligarquías.
Es el abandono de las clases altas y no de las bajas + el poder de los no cristianos (libertad de cultos, laicidad…) lo que ha causado la caída de la Iglesia, que es competidora y enemiga.
Respecto a las clases «proletarias», lo que quieren es vivir mejor, aunque sea robando a los «ricos» (pero para ser propietarios, no para que el Estado sea el propietario y el político tenga todavía más poder).
Recuerde también que el hombre es un ser social y JERÁRQUICO:
Estamos biológicamente programados para obedecer al de arriba…y a copiarle.
Es decir, los «pobres» no quieren ser pobres, ni ser ni guna opción preferencial ni oler a oveja, sino ser ricos. E intentarán copiar al que manda; si es cristiano, para ser cristiano; si es ateo, para ser ateo; si es vicioso, para ser viciosos.
Respecto a posibles «culpabilidades» de la Iglesia, recuerde no solo su inmensa labor asistencial ANTES de la revolución, cosa que no ha existido en ninguna otra cultura o religión; es que tras la revolución se fundan un montón de congregaciones dedicadas a la caridad, a la educación y a la sanidad para ayudar a los pobres. Estas congregaciones llegan hasta casi hoy mismo que, con el Estado del Bienestar (justicia social controlada por los políticos a cambio del voto), son innecesarias.
Referente a su éxito social, no tiene más que ver el odio con que los revolucionarios martirizaron a sus miembros, por ejemplo en la España de la Segunda República Masónica. Porque con su trabajo y sacrificio rompen la justificación revolucionaria de «opresión al obrero».
Si encima la Iglesia, que ya no tiene protección y es enemiga, quita todo lo sagrado (liturgia, sacerdocio, ritos) y quita el valor de la muerte, del purgatorio y del juicio final, pues evidentemente se suicida por hacerse totalmente innecesaria.
Si usted piensa que apoyando a los revolucionarios la Iglesia va a recuperar a los «pobres», está muy equivocado. Para los revolucionarios (comunistas, marxistas culturales, socialistas, anarquistas, masones…) la Iglesia es y será siempre la enemiga. Colaborar con ellos sólo sirve para legitimarles ante los cristianos y perder más fieles todavía.
Yo, más que poderosa, diría que la Iglesia tenía un prestigio enorme.
En primer lugar porque, siendo sociedades cristianas, los que formaban parte de los líderes del cristianismo y tenían los poderes de perdonar los pecados y ayudar a la salvación eran efectivamente los sacerdotes.
Luego porque eran personas que habían estudiado una carrera, cuando un tercio de la población era analfabeta y otro tercio solo tenía las primeras letras.
Incluso podríamos añadir que eran las personas que estaban entre todas las clases sociales y a través de ellos se podía acceder a las clases dirigentes y obtener favores.
Entonces, sí; seguro que para aquellos sacerdotes que venían de clases bajas, ser sacerdote era una profesión liberal respetable y respetada.
En España se decía «o Iglesia, o mar o Casa Real» como medios para prosperar en la vida. Y de hecho en el siglo XIX la Iglesia y la milicia eran lo que daban oportunidades de ascenso y estabilidad.
También se decía «cura de misa y olla», pero por lo menos, ya había llegado.
Parece que todo esto ya ha desaparecido.
Encuentro muy oportuno que los mayores en años hagamos memoria de las distorsiones, de estrechez o inhumanidad y de mal o anticristianismo, que se vivían a las puertas del Concilio Vaticano II. Ese contexto explica, no justifica, el desborde. Al carecer de sano discernimiento, en vez de leer los textos del Concilio con sus riquísimas notas, se los leyó bajo la guía de los maestros del secularismo o se los abandonó y se tomo por válido un «espíritu» que no era el de la Magna Asamblea. En los textos con sus notas está la superación de la ambivalencia que pueda encontrarse en algunas líneas (como ha pasado tantas veces en la historia de elaboraciones colegiadas). Sinceramente considero que un catolicismo tal cual era a fines de los 50′ hoy sería muy ajeno a lo general de la vida contemporánea. Lamento que, por culpa del mal espíritu, no sea hoy todo lo significativo y fecundo que debe ser. Juan el Gris
…¿»Como ha pasado tantas veces en la historia de elaboraciones colegiadas»?
Eso es una opinión.
Pero recuerde que la Versión Autorizada o Biblia del Rey Jaime fue traducida y redactada colegiadamente por 47 especialistas agrupados en 6 comités. Se considera como la maestra de la lengua inglesa y ha ejercido una profunda influencia en el inglés y la literatura de los pueblos anglófonos.
Es decir, que no necesariamente las elaboraciones colegiadas deben ser un problema.
Los Padres Conciliares votaron un texto. Punto.
Respecto a las notas de los textos, las interpretaciones llamadas AUTÉNTICAS no tienen ningún valor jurídico (precisamente porque no han sido votadas por el legislador).
Además se sabe que los progresistas utilizaron los decretos de aplicación de las decisiones de Concilio para imponer al mundo católico su opinión torticera de la teología. Con esto de las notas es todavía peor, porque ¿quién puede asegurar que eso fue la decisión de los Padres Conciliares?. ¡Nadie!. Y de hecho no las fueron.
Y sin embargo usted los recomienda para «superar las ambivalencias que pueda encontrarse (o no) en algunas líneas»…
Por cierto, que en las instrucciones para la comisión de la Biblia del Rey Jaime, se estableció que las notas marginales estaban prohibidas, excepto para aquellas palabras griegas o hebreas que no tuviesen una traducción directa al inglés o que resultase oscura.
Antes del Concilio, a los clérigos se les educaba para ser amigos de todos y de nadie en particular. Las amistades particulares estaban mal vistas. No solo en la Compañía de Jesús.
Los contextos son importantes. Una cosa es que un sacerdote diocesano se empeñe en ser padre y amigo entre los fieles bajo su cuidado, sin preferencias vergonzantes; al final del día, esas relaciones seguirán siendo personales. Otra cosa es cuando la Carta a Fray Juan (atribuída a santo Tomás) aconseja evitar la excesiva familiaridad, porque esta conduce al desprecio y a atrasos en el estudio. Se habla de exceso y se refiere al modo en que se pierde el tiempo en chanzas, murmuraciones, chimentos y pavadas cuando se pasa mucho tiempo de cháchara con alguien. Y otra cosa distinta es la prohibición de la amistad particular, que tiende a asociarse con un pegoteo cuasi romántico (o sin el cuasi) entre dos personas, y que se ve como fuertemente asociado a lo afectivo-sexual. Ej. reglamentos salesianos de 1877, sobre los hermanos coadjutores:
La cuestión es que al final del día, para evitar apegos desordenados, se prohibían todas las amistades; el que es amigo de todos es al final amigo realmente de nadie. Quizá de afuera suene muy bonito eso de que los hermanos en religión no sean amigos más que con la caridad general de los compañeros de trabajo o los comparroquianos de los laicos porque el corazón es todo para el Señor… sin duda muy apropiado para el monje que pasa sus días entre el trabajo y la oración… pero, ¿para el que tiene que dedicarse a labores apostólicas, a la enfermería, a la dirección espiritual, a la educación, tareas de suyo muy demandantes a nivel psicológico y espiritual? ¿Que no pueda tener una amistad real al menos con quienes comparte convento? Es un peso y una tensión muy grande sobre quienes, especialmente si entraron en religión de muy jovencitos, ya tienen de suyo una afectividad inmadura. Y esto no es hippiesmo simple; piénsese si no en la importancia que tuvo la amistad en la vida personal y religiosa de Newman y del movimiento tractariano.
Como decía en otro comentario, prohibir toda amistad a los efectos de evitar los apegos desordenados puede ser una medida muy eficiente cuando un maestro de novicios tiene que hacerse cargo de 15, 20 o más de ellos por tanda, pero luego no es de sorprender que la naturaleza de quienes no viven vida de monjes en este régimen acaben o bien en personalidades psicopáticas o bien dominados por obsesiones romántica y sexualmente perversas (o haciendo caso omiso de la regla, y perdiendo todo sentido de lo que es esencial y lo que es circunstancial en la vida religiosa; lo cual explica muchos de los despelotes en la vida religiosa inmediatamente después del psotconcilio).
(Entiéndase que hago este comentario como reflexión o elaboración, y no como crítica específicamente de lo que dice usted.)
exveteranova
Don Wanderer:
Le agradezco que haya publicado mi comentario, que fue antecedente de esta entrada, al menos desde el punto de vista del argumento que usted desarrolla. En Infovaticana no tuve la misma suerte: aunque inicialmente me lo publicaron, luego lo eliminaron. Supongo —aunque es solo una conjetura— que fue por el final de mi intervención, donde me refería a las derivas funestas del posconcilio también «hacia las derechas».
He leído tanto su artículo como los comentarios que suscitó. Después de haber convivido durante muchos años con Roberto y de haber conocido el Instituto desde sus comienzos, puedo afirmar que su caso reviste características muy particulares y que, por más que les pese a quienes permanecieron tras su destitución, terminó haciendo inevitable la desaparición definitiva del Instituto.
La particularidad radica en que fue el propio fundador quien introdujo, desde el inicio, el escándalo en su vida personal. Pero ese no fue el único problema. También imprimió al Instituto un régimen de disciplina excesivamente rígido, de cuño marcadamente «robesperriano», aunque él insistiera en presentarlo como de inspiración ignaciana. Ese modo de entender la vida religiosa terminó impregnándolo todo y afectó, muy especialmente, a la espiritualidad, que constituye el verdadero fuste sobre el que se sostiene toda obra espiritual.
Quienes desconozcan los abusos que cometió pueden consultar en Internet El fariseo de Dios (Scribd) y otro libro escrito por Elena Rossi. Allí encontrarán testimonios de primera mano. El primero es una recopilación de entradas de un antiguo blog, donde distintas personas escribían cuando Roberto aún era superior general; posteriormente se realizó una selección de esos textos, privilegiando aquellos que el compilador consideró más verosímiles. El segundo reúne testimonios internos, junto con material que utilizaban los propios religiosos tanto para su formación como para el discernimiento de presuntas vocaciones.
Cada uno podrá sacar sus propias conclusiones sobre ambas obras, pero, por el momento, es la documentación disponible. Quizá en el futuro salgan a la luz nuevos testimonios.
Con todo, creo que, como dice el refrán, «el abuso no quita el uso». No comparto el sobrenaturalismo con el que algunos comentaristas explican el modo en que los santos llegaron a ser tales. Pero tampoco adhiero al extremo opuesto: una disciplina de corte filomilitarista como método de formación para sacerdotes y religiosos. Precisamente en el difícil equilibrio entre ambos extremos reside uno de los mayores desafíos para quien tenga la responsabilidad de formar.
Volviendo al caso de Roberto, el problema es que, siendo él el fundador y quien imprimió el carácter propio del Instituto, terminó difundiendo, como una gota de aceite que se expande sobre el agua, su modus vivendi entre los primeros religiosos. Me consta que estos no hicieron suyas sus desviaciones morales; sin embargo, lamentablemente no lograron desprenderse de su modus agendi. Es más, carecieron de los medios necesarios para hacerlo, y las consecuencias continuaron siendo desastrosas.
En lugar de recibir la ayuda que necesitaban —y sobre cuya disposición para aceptarla tampoco me atrevería a asegurar nada—, esa ayuda nunca llegó. De ese modo terminaron siendo, en cierta medida, víctimas de quien fue también, aunque no sepamos exactamente en qué medida, uno de los artífices de la concepción que Roberto terminó encarnando: me refiero al entonces padre Jorge, luego Francisco, quien finalmente se convirtió en su verdugo.
Aunque hoy no mantengo relación con ninguno de ellos, les deseo sinceramente lo mejor en sus vidas y que puedan servir fielmente a la causa de nuestra Madre la Iglesia en las diócesis donde actualmente se encuentren incardinados.
In Domino,
Un lector de su blog.
En este artículo de Clarín aparece una foto de los tres Jorges juntos:
“A Bergoglio le decíamos ‘Carucha’, tenía un rostro muy angelical”
https://www.clarin.com/ciudades/san_miguel-papa_francisco-bergoglio_0_r1mbmFtvQe.html
Ciertamente después de todo lo visto en el postconcilio a muchos les sonará feo esto, pero la vida religiosa en la Iglesia necesitaba desesperadamente una reforma, exactamente por cosas como las que aparecen en estas memorias y que son de lo más comunes en testimonios de esta clase. Uno de los mejores ejemplos es Historia de una Monja (1959), que adapta las memorias de una ex-religiosa holandesa. Una de las cosas que muestra con mucha claridad es el modo en que en congregaciones decimonónicas de «vida mixta» se había instalado más bien el pretender que las religiosas cumpliesen las obligaciones propias de una vida activa con trabajo profesional como enfermeras o maestras ADEMÁS de las de la vida monástica, con sus ayunos, madrugones, coro, estricta regla de silencio, prohibición total de la amistad particular, olvido total de la vida pasada, etc. En varios casos, además, los hábitos, más o menos bellos, pero complejos, requerían la dedicación de una significativa cantidad de tiempo diario dedicado al planchado y almidonado de baberos, velos y enaguas…
Cuando uno empieza a contar la cantidad y variedad de las presiones y exigencias de suyo no demasiado necesarias (sino lo contrario muchas veces) que se vivían, no llama para nada la atención la forma explosiva en que la vida religiosa pasó al otro extremo del despelote, y por qué ha resultado tan difícil (donde ha sido posible) una vuelta al cauce de la oración, la regla, las costumbres y el hábito. Los últimos criados en la vieja escuela son muchas veces intensamente paranoides acerca de estas cosas. Tengo un conocido que se encuentra en formación en uno de estos institutos decimonónicos decadentes, y una de las cosas que me ha contado es la desazón de hermanos muy mayores las veces que ha manifestado su deseo de llevar vestimenta clerical e incluso la sotana. «¡Pero nosotros peleamos tanto precisamente para liberarnos de esas ataduras!»
El tema de la salida vergonzante en la noche u otro momento «discreto» y con prohibición de decir nada a nadie, por cierto, siguió y sigue siendo práctica bastante común en varios institutos, especialmente los de perfil conservador. Al parecer la idea de fondo es que el impacto de una «deserción» admitida y mostrada pueda tener un efecto dominó en el resto de los novicios (como he hablado ya alguna vez, esto es más pronunciado en la vida religiosa femenina, en la que se sigue pretendiendo que las postulantes y novicias son chiquillas de 14 años y no mujeres en sus 20s). Algo semejante sucede con la prohibición de la «amistad particular»; el sentido es generalmente prevenir la formación de relaciones románticas homoeróticas entre los religiosos, especialmente en ambientes donde un maestro de novicios difícilmente pueda tener el ojo en todos, si tiene 15-20 o más de quienes hacerse cargo. En ambos casos, lo mismo que con otras costumbres similares, puede ser que haya un elemento de «destrucción» de la personalidad para «reconstruirla», al modo militar, pero también lamentablemente se obedecía a criterios de eficiencia en la formación en masa. Mucho más fácil reprimir afectivamente y poner barreras duras y altas al relacionamiento entre los religiosos, que ayudar a cada cual a madurar afectivamente. Lamentablemente, la naturaleza se venga, y efectivamente, como usted dice, muchos de los abusos sexuales y afines tienen buena parte de su raíz en personalidades infantilizadas y pervertidas por una formación opresiva y deficiente.
Los santos son santos por la gracia de Dios y no por las reglas. No hay que confundir la sana y heroica pobreza, castidad y mortificación propias de toda la tradición de la vida monástica y religiosa, con las neurosis y conveniencias de las diferentes épocas. Que san Chárbel, monje, no mirase a las mujeres nunca es una cosa; que san Luis Gonzaga nunca mirase a la cara a su madre, y esto (verdadero o no) se ofreciese como ejemplo y parangón de castidad a imitar en muchachitos jóvenes es otra muy distinta. A veces en mis momentos más cínicos me pregunto si la anecdotilla no resultaba más dañina no solo para los pobres escrupulosos, sino para meterle ideas a un pobre inocente que jamás se le hubiesen pasado por la cabeza de otro modo. Pero en tiempos victorianos la obsesión neurótica con la pureza era el pan de cada día. Y así con tantas otras cosas.
exveteranova
¿»Los santos son santos por la gracia de Dios y no por las reglas»?
¿Quiere usted decir, «salvación por la fe», como los herejes calvinistas?
¡Naturalmente que necesitados de la gracia de Dios!
Pero ¿no cree que la decisión, la voluntad y los hechos del interesado no importan?
Importan y mucho, De hecho por eso el Salvador se molestó en enseñar el camino y firmar enviados de Su gracia. No por Él, que no lo necesita, sino por nosotros.
Las reglas son un método para ordenar la vida a ese fin; las reglas de una orden religiosa o congregación sirven también para ordenar la vida comunitaria de modo que los individuos que la integran cumplan mejor sus intereses, que es su salvación primero y la vida concentrada en la oración y prácticas devotas.
Evidentemente las reglas no don infalibles, pero ayudan.
Como por otra parte el llevar y cumplir un horario ayuda a la persona a ser más efectiva.
Me parece que para llegar a la conclusión de que hablo como calvinista a partir de lo que dije, usted necesita leerme de bastante mala fe. Pero fíjese: si la Ley de Moisés, que es divina en origen, no puede salvar sin la gracia, como enseña san Pablo… ¿cómo va a salvar una regla, que, mejor o peor, es creación humana? No es la regla la que hace a los santos, sino la iniciativa de la gracia de Dios y la respuesta de las personas. Entiéndase: lo que decía lo decía en respuesta a la idea de que si los santos vivieron bajo ciertas reglas, eso de algún modo es criterio para decidir si son buenas o no. Más bien el criterio para decidir si una regla (y entiéndase aquí por regla no solo la regla de san Agustín, o la de san Benito, o la de san Columbano, sino todo el conjunto de las normativas que rigen la vida religiosa de los diferentes institutos) es buena o no, es la medida en la que esta tiende a fomentar y nutrir las virtudes y la vida espiritual. Y esto a través de un análisis serio. Por falta de seriedad luego pasan cosas como aquel detallito del cuarto voto de los legionarios de Cristo y la «prohibición de la delación», que según era para fomento de la caridad, pero resulta que era una manganeta de un degenerado sinvergüenza para tapar sus inmoralidades. Sin llegar a esos extremos, muchas veces las constituciones y las costumbres empiezan a recoger cosas secundarias, o cuya naturaleza real es puramente pragmática o circunstancial, o útil en el contexto de la que se la sacó pero no en otro, etc. Y el legalismo y el deseo de regular todo tan propio de la modernidad y de la era victoriana terminó creando mares de reglas de entre las cuales no se discriminaba entre unas cosas y otras. Díficil, cuando hay que reformar, si te han entrenado para tratar con tanta seriedad la obligatoriedad del oficio como que los calzoncillos tienen que ser de lana y no de otra cosa, que al final no sepas qué tiene que quedar y qué puede ser dejado de lado.
Ciertamente en ningún lado dije que las normas fuesen irrelevantes o innecesarias. Si vamos a conversar, tratemos de hablar con lo que dice el otro y no con lo que nos gustaría acribillar a tiros como blanco fácil.
exveteranova
Historia de una monja, libro que poseo y película que vi hace muchos años NO es una biografía, sino una novela basada, sí, en la historia personal de una monja belga. No es por tanto un documento probatorio de nada, aunque sí que se puede utilizar para ver problemas que puede haber en situaciones similares en esa época.
Lo que recuerdo de esa película, además de Audrey Hepburn, fue los problemas que tenía una monja enferma en un dispensario pagado por el gobierno que tenía que vivir su vida religiosa primero y su profesión de enfermera después, lo que no siempre era posible, parece (¡y el médico era agnóstico !)
Pero esto es un falso problema, porque todo el mundo, gobierno, orden y hospital saben muy bien cuales son las obligaciones contractuales de unos y otros. Ella además viviría en un convento con otras hermanas en la misma situación.
¿Para qué cree usted que existe el tiempo de noviciado?
Durante ese tiempo, que es de entrenamiento en la vida espiritual de la orden, tanto el postulante como la orden (en las órdenes monásticas también el resto de los miembros de la casa) deciden y votan si ese/a aspirante puede continuar al siguiente paso hacia ser miembro pleno de la orden o mo. Lo cual es muy razonable.
También sucede que en algún momento decida que eso no es lo suyo y se marche. Es libre.
En este caso en cuestión, la monja se contagia de tuberculosis en el Congo y tiene que volver a Bélgica.
El problema real, parece, es que los alemanes invadieron Bélgica (Segunda Guerra Mundial) y mataron a su padre. Ella les cogió entonces un odio tal que sintió que no podía seguir una vocación religiosa que le exigía perdonar. Y se fue.
Referente a los vestidos, eso formaba parte de la época, además de que vestir el hábito y cumplir la regla eran considerados como ayudas para la salvación.
(y si no, ¿qué son si no la correa de los agustinos y el escapulario del Carmen?. Y seguro que funcionan)
En concreto recuerdo también un documental inglés sobre el hundimiento del Titanic, en que señalaba cómo una enfermera, al darse cuenta del choque, se viste perfectamente sin prisa pero sin pausa con el uniforme reglamentario antes de salir para ayudar, porque eso era así. Seguramente para las enfermeras británicas de entonces, el primer deber es llevar el uniforme con corrección. Y para asegurarse que cada una cumple con su trabajo, la enfermera jefe tiene la primera y última palabra.
Como en todas partes cuecen habas, resulta que el número de pacientes que mueren en los hospitales británicos hoy es inusualmente alto. (debido a la suciedad en los quirófanos). Pues bien, la prensa achaca esto a que ya no hay enfermeras jefes con mando en plaza, sino que la disciplina es compartida («democrática») y por tanto ineficiente.
En fin, que cada uno ve lo que quiere ver.
De acuerdo que es una historia novelada, pero se trata de una novelización hecha por una persona que convivió íntimamente por muchos años con la protagonista de los hechos. Hay algo de licencia poética, pero no estamos hablando de una vida novelada de Napoleón escrita por un cubano hace cinco años. Tanto en la película como en la novela, la salida de la vida religiosa fue motivada efectivamente por el asesinato de su padre y el odio a los nazis.
Estas discusiones muchas veces me hacen acordar a aquellas señoras de parroquia escandalizadas porque el párroco se había comprado un microondas. Un atentado violento a la pobreza y simplicidad de la vida clerical, les parecía a ellas. Sin conocer las experiencias que haya tenido usted (que a lo mejor justamente supo tener experiencia de vida religiosa, de primera mano o cercana), a menudo pasa algo similar con la imagen que los laicos podemos tener de los religiosos y de la vida religiosa. Como es un estado de perfección, y no es el nuestro, caemos fácil en la tendencia de demandar una conformidad, no con el sentido común y las buenas prácticas, sino con la imagen idealizada de lo que nos parece bello y confortante a nosotros. Para aquellas doñas de parroquia era la idea de que un electrodoméstico moderno que ahorra tiempo y facilita la vida de una persona muy ocupada no correspondía con su estética del sacerdote cocinando en un tachito sobre una garrafita de 3 kilos. Solo que nos pasa que como nosotros tendemos a pensarlo en la dirección opuesta, no nos damos cuenta de que es la misma clase de cosa que la bergogleada sentimental del maletín negro y el fiat 500.
La historia, al menos la película, presenta a la protagonista rodeada de otras religiosas que viven todo esto de maneras diferentes: la compañera de noviciado que nunca podía sujetarse al silencio estricto e ignorar a las otras religiosas cuando las veía, que abandona antes de terminar el noviciado; la religiosa que ofrece su vida en sacrificio por la conversión de uno de los nativos, y su plegaria es escuchada; las superioras severas, y también la superiora para la cual la vida en la casa madre es un descanso y no un confinamiento. Y así sucesivamente. De hecho, el médico agnóstico que usted menciona no se dedica a atacar la vida religiosa. Simplemente señala cosas que le resultan incongruentes en la hermana Lucas. Ella es una excelente trabajadora en el quirófano, pero como religiosa, vive tensa y a contrapelo, cosa que no sucede con otras religiosas.
La película no es un pasquín propagandista anticlerical; pero sí plantea preguntas con lo que muestra que es necesario hacerse sin hacer los cortes simplistas que hace usted. No se trata de un conflicto de obligaciones contractuales, sino preguntarse, por ejemplo, si tiene sentido que se le prohíba a una religiosa enfermera hablar con sus pacientes o con sus colegas seglares. Y preguntarse eso es preguntarse qué es una religiosa y qué la distingue de una monja. Del mismo modo, el tema del noviciado que usted dice poco tiene que ver con que una determinada costumbre o norma de vida sea razonable o no.
Vea, por ejemplo, las dominicas de la anunciata, que eran a su fundación beatas (es decir, una forma de religiosa que no tenía obligación de coro). Como las constituciones disponían que ninguna tuviese vestimenta propia, para fomentar la pobreza y el desprendimiento, sus hábitos eran todos muy grandes y bolsudos, para que cualquier túnica, velo y escapulario que se tomase de la lavandería sirviese a más o menos cualquier hermana. Todo muy bonito en teoría, pero ciertamente poco práctico para la vida diaria de una mujer que de ser laica dista poco y que dedica su vida a trabajar en colegios de niñas, enseñando lo mismo que limpiando. Y aquí vamos con el otro extremo del hábito del que hablaba: usted no me puede comparar el escapulario o el cinto con las varias capas de enaguas y tocados almidonados complejísimos más o menos comunes en el siglo XIX. Hablemos con seriedad. Si usted tuviese que levantarse a las 4am para cantar el oficio, tener meditación y misa, y luego limpiar de arriba a abajo un colegio, dar 6-7 horas de clases, y repita esa clase de agenda hasta la tardecita… imagine que arriba de eso tuviese que dedicar tiempo todos los días a lavar, planchar y almidonar 3 camisas y 2 pantalones día por medio, y agarrárselos con mucho arte y alfileres todas las mañanas y pasarse el día atento de que no se le desarmen. Hay que pensar las prioridades en serio y no simplemente apilar cosas y «que se manejen porque es un estado de perfección». Las icónicas cofias de las vicentinas son estéticamente muy bellas, y en su origen existían precisamente para distinguir a estas, las primeras religiosas, de las monjas, por la ausencia del velo y un estilo de cobertura más semejante al de las mujeres del siglo. Ciertamente no era ya ese el contexto de sentido en 1890, mucho menos aún en 1950. Esto no significa que los hábitos no sirvan para nada o que tuviesen que ser descartados, sino que había que pensar y repensar de quién era el hábito y para qué era el hábito. Y esa reflexión no se hizo. El hábito me puede ayudar a la pobreza, al desprendimiento, al recuerdo de mi propio estado de consagración. Sin duda. Pero quizá la cofia con los mil pliegues de las hermanas teresianas no es necesaria. Quizá sea hasta incluso contraproducente.
Ya con lo de la enfermera del Titanic no termino de entender cuál es su argumento. Ciertamente es un poco tirado de los pelos comparar el Titanic y los quirófanos de la NHS. ¿Quiere decir que salvó más vidas la enfermera del Titanic por vestirse despacio? ¿Cómo se relaciona esto con lo de la enfermera jefe o nurse? (que, por otra parte, si no existe más en Inglaterra, sin duda existe por estos lares). Me deja la sensación de que su argumento aquí también es fundamentalmente estético, una especie de onda de asociación mental libre en la que hay una relación causal entre un uniforme de enfermera del 900s y el sentido de la autoridad y la jerarquía, y una asociación mental aún más libre de que de alguna manera sucediese lo mismo con los hábitos y la vida religiosa, con la cofia como una especie de totem. Quizá exagero. Como digo, no entiendo de qué va todo eso en su comentario.
exveteranova
Je. Buena respuesta. Pero pasarse la noche almidonando me parece un poco absurdo… no lo podían hacer de día?
Es curioso cómo usted hace de una experiencia personal una ley general.
La gran mayoría de las personas que profesaron en una orden religiosa no se marcharon. Y lo mismo va por la congregación belga de esa monja (Hermanas de la Caridad de Jesús y María).
Las obras de teatro y de cine necesitan de una estructura para no aburrir ni dispersar la atención; y para ello hay técnicas precisas y probadas. De hecho si no hay conflicto, no hay acción y no hay película.
Tampoco considera usted que el director, el polaco de fe judía Fred Zinnemann, haya entendido bien cosas católicas ajenas a su religión -como a nosotros nos pueda parecer extrañas cosas de la suya-. De hecho, si las costumbres de las ordenes religiosas de antes del Concilio nos parecen extrañas, ¿qué no le pasará a un no católico ?
Si se refiere a «después de los votos perpetuos», sí. Si se refiere antes de ellos, lo opuesto (las causas por las cuales el común de la gente piensa lo contrario son varias y muy interesantes, pero no quiero irme de tema). En cualquier caso la impresión que me queda es que usted no está conversando o discutiendo conmigo, sino con un blanco fácil que usted se está imaginando; me hace acordar a cuando tantos institutos neocones respondían a críticas y denuncias de quienes habían salido con «dicen todo eso porque son unos calumniadores resentidos». Oh. Ups. ¡Resulta que al final la mayoría de ellos decían la verdad!
Lo que no estoy diciendo: «todo en la vida religiosa estaba mal, la vida religiosa es en sí misma mala y un instrumento de opresión, vivimos en tiempos iluminados en los que entendemos que todas esas prácticas bárbaras y supersticiosas del silencio y la mortificación y los hábitos han sido superadas,»
Lo que estoy diciendo: «como en toda institución, especialmente en las circunstancias de la modernidad y la modernidad tardía, se fueron acumulando a lo largo del tiempo modos de hacer de diverso grado de valor y utilidad. El fijismo y el legalismo asfixiantes propios del siglo XIX llevaron a tratar lo nuevo y lo viejo, lo permanente y lo circunstancial, lo esencial y lo accesorio, de igual manera. Además, la mera costumbre no garantiza la bondad, oportunidad o eficacia de dichos modos de hacer para todo tiempo y lugar. Entender la crisis de la vida religiosa pasa también por pensar de qué modo la praxis preconciliar fue un caldo de cultivo para los desmanes postconciliares, del mismo modo que se ha hecho en este blog respecto a tantas otras cosas, por ejemplo, la formación filosófica y teológica de los clérigos.»
La historia de una monja tiene valor precisamente por ser un ejemplo, un punto de partida concreto desde el cual pensar. Hacer una lectura de lo allí presentado desde la perspectiva de «como la protagonista abandonó la vida religiosa y el director de la película es judío (¡horror!) entonces la historia tiene que ser toda propaganda anticatólica y nada de lo que se presente o diga allí puede ser verdadero» me parece bastante infantil. El adagio de santo Tomás, «omne verum ad quodcumque dicatur, a Spiritu Sancto est» aún aplica. Pero requiere ponerle pienso y oración a las cosas, en lugar de tomar posturas de barra brava.
exveteranova
..»las dominicas de la anunciata, que eran a su fundación beatas»…
Las beatas en España desaparecen en en siglo XVII, porque son integradas en otras órdenes religiosas, como la franciscana.
La razón fue controlar comunidades autónomas de mujeres sin disciplina eclesiástica clara + la comodidad para ellas de pertenecer a organizaciones que les pueden suministrar servicios espirituales, legales etc
A parte existieron hasta hace muy poco beaterios en Bélgica, también antes Holanda y Alemania. Geográficamente no bajaron de París, donde tuvieron 2 casas. Es por ejemplo el famoso begijnhof de Ámsterdam.
Las dominicas de la Anunciata son terciarias dominicas, como las famosas dominicas de Nashville y muchas otras.
Varias órdenes religiosas, como la benedictina, tienen una orden de varones (la orden «primera», porque fue la primera que se fundó), otra de mujeres (la «segunda», porque se fundó después de la de varones); viven en clausura. Y otra para laicos que quieran participar de esa espiritualidad viviendo en el mundo (la «tercera»). La orden tercera más famosa es la de los franciscanos; y de hecho algunos papas fueron terciarios franciscanos, como León XIII y Juan XXIII. Usted misma puede ser terciaria si así lo desea.
De esta figura salieron congregaciones de personas que, ejerciendo su vocación fuera del claustro estaban conectadas con la orden religiosa «primera»; como el caso de las dominicas de la Anunciata, fundadas para dar educación y evangelizar a niñas pobres. De hecho fueron fundadas por un dominico (primera orden). Hoy se dice que estas congregaciones forman la «familia de la orden X».
Respecto al hábito, normalmente era algo simple que no se confundiera con las monjas (de cláusula), seguramente para no escandalizar. El hábito de las Hijas de la Caridad, por mencionar al más famoso por su toca almidonada, estaba basado en la ropa de las campesinas de la zona de París en el siglo XVII, que es donde se fundaron (Las Hijas de la Caridad no son terciarias, sino que forman una sociedad de vida apostólica ( no tienen votos) )
Estas organizaciones religiosas ejercieron una actividad excepcional en el campo de la asistencia, la caridad, la enseñanza, el cuidado de ancianos…etc de los más pobres. Hoy no nos damos cuenta porque vivimos en sociedades ricas y con Estado del Bienestar; pero hasta hace muy poco esto no fue así.
Si usted tuviese que levantarse a las 4 am para cantar el oficio, tener meditación y misa, y luego limpiar de arriba a abajo un colegio, dar 6-7 horas de clases, y repita esa clase de agenda hasta la tardecita… imagine que arriba de eso tuviese que dedicar tiempo todos
dedicar tiempo todos los días a lavar, planchar y almidonar 3 camisas y 2 pantalones día por medio, y agarrárselos con mucho arte y alfileres todas las mañanas y pasarse el día atento de que no se le desarmen…
Habrá ordenes religiosas que se levanten a las 4 am para cantar el oficio (tienen siesta pm), pero no necesariamente una congregación religiosa. Dependerá de las constituciones.
…»limpiar de arriba a bajo un colegio».
No lo dudo, pero ¿por qué limpiarlo de madrugada?
¿No será mejor, más cómodo y más higiénico limpiarlo después de que los alumnos, por la tarde, vuelvan a casa?
«dedicar tiempo todos los días a lavar, planchar, alminodar…»
No sé si usted sabe que las comunidades religiosas, precisamente porque son comunidades y para que cada miembro pueda cumplir con sus obligaciones religiosas, tienen oficios; oficios necesarios para que la casa funcione racionalmente.
Por ejemplo tienen alguien que cocine, alguien que se ocupe del ropero/sastrería, alguien que se ocupe del jardín y del huerto, alguien que se ocupe de la enfermería, alguien que se ocupe de la portería, alguien que lave, almidone y planche, alguien que haga de sacristán…
Según la orden, esto lo han hecho bien legos (hoy hermanos cooperadores), los mismos miembros o bien también se puede contratar a alguien de fuera.
Lo importante es la vida espiritual que puede facilitar vivir en una casa religiosa y someterse a una regla; el resto es accesorio.
Pero también cumplir con exactitud y caridad el oficio que a uno le toque es un ejercicio de espiritualidad. Por eso la gran Santa Teresa decía que «Dios anda entre los pucheros». El famoso carmelita descalzo el hermano lego Lorenzo de la Resurrección (Práctica de la presencia de Dios) fue cocinero, mandadero, zapatero de su convento parisino…el franciscano lego San Pascal Baylón fue portero, refitolero, limosnero…
Respecto a los hábitos, que eran obligatorios, no como hoy tras el Concilio, por lo menos los de las órdenes religiosas traían beneficios espirituales. Llevarlos era un privilegio. Hay muchos personajes históricos que se hicieron enterrar con un hábito religioso; por ejemplo la reina Isabel la Católica fue enterrada a petición suya con el hábito franciscano.
Es curioso, se cierra el noviciado en la Quinta del Niño Dios en Carlos Paz (hoy parroquia, y hasta dio su nombre a una marca de alfajores), y casi durante cuatro años no hubo noviciado, ni ingresaron novicios, se reunirían «pre novicios» una vez por Semana en una casa que habia sido noviciado de religiosas en San Miguel, y se «abrebavan» leyendo el novedoso «Catecismo Holandes», el P. Estrella SJ actuaba como «maestro sustituto» mientras se formaba el «definitivo» en España, se aconsejaba a los precandidatos dirigirse solo con SJ de la «nueva horneada», daba pena estos muchachos; habia vocaciones, andaban como «harina que no se amasa y pan que no se vende» ninguno de ellos siguió Ya casi en 1972, apareció el «nuevo» Maestro de Novicios» : J.M.B. tratando de volver a juntar las «ovejitas» que disperso la tormenta. Si se observa los jesuitas de esos años se podrá observar que hay una «franja» etarea que falta
La cita textual de Borges es la siguiente:
«el padre Bergoglio es una persona inteligente y sensata; con él se puede hablar de cualquier tema: de filosofía, de teología, de política. “Pero hay algo que me alarma un poco; he observado que tiene tantas dudas como yo. Lo cual no sé si está bien en un religioso. Mi madre se hubiera horrorizado de una cosa así. “Pero quizá no es tan raro si tenemos en cuenta que se trata de un jesuita. Claro, esa gente es históricamente transgresora y hasta tienen sentido del humor, además de manejar conceptos que en algunos casos difieren de las otras congregaciones de la Iglesia”.»
Interesante. ¿Tiene la fuente?
… Con el jesuita, que es ingeniero químico y muy buen lector, nos entendemos mejor; él enseña literatura y ha incluido mis textos en sus clases, lo cual me parece un poco exagerado. Yo trato de disuadirlo y le repito que lo mío no tiene ningún valor, que son una sarta de borradores, pero no me hace caso… Dejando de lado este detalle, el padre Bergoglio es una persona inteligente y sensata; con él se puede hablar de cualquier tema: de filosofía, de teología, de política. Pero hay algo que me alarma un poco; he observado que tiene tantas dudas como yo. Lo cual no sé si está bien en un religioso. Mi madre se hubiera horrorizado de una cosa así. Pero quizá no es tan raro si tenemos en cuenta que se trata de un jesuita. Claro, esa gente es históricamente transgresora y hasta tiene sentido del humor, además de manejar conceptos que en algunos casos difieren de las otras congregaciones de la Iglesia.»
— Jorge Luis Borges (conversación con Roberto Alifano, 1979)
Recordado en INFOBAE por el propio Alifano en setiembre de 2022:
https://www.infobae.com/opinion/2022/09/17/borges-y-bergoglio-cronica-de-una-entranable-amistad/
Jorge González Manent, a quien conocí personalmente, murió no hace tanto. Per misericordiam Dei, requiescat in pace.
Que Dios le conceda el descanso eterno.
《Me dice Google que se dedicó a la publicidad》
No es el único caso de un ex jesuita que se transforma en publicista. Al final le dieron la razón a Trotsky.
Estuve en un seminario de una orden religiosa y no tuve para nada la experiencia de falta de comunidad, fraternidad, humanidad.
Mas bien todo lo contrario.
Me alegro mucho por usted!
Pues conozco de primera mano el caso de un profeso en una Orden antigua que, ya decida la cuestión de su salida de la Orden, le dijo al superior que avisara a la comunidad, para que no hubiera más secretismo al respecto, y este, como lo manifestaron sus gritos, no lo tomó, lo que se dice, muy a bien, sino todo lo contrario…
¿El novicio Bergoglio también tendría ese celo sano por la Eucaristía en esos días?
Según relatan sus compañeros, sí que lo tenía, y se burlaban de él porque ponía caras de extasis cuando volvía de comulgar. Lo cuenta Gonzalez Manent en el libro.
Y, en cambio, Borges cuenta que era amigo de Bergoglio en su juventud. Dice que le sorprendía la falta de fe de este jesuita (que se parecía a la de Borges, pero que consideraba extraña para un clérigo).
En algún punto entre el noviciado y sus primeros años como jesuita, Bergoglio perdió la fe.
Eso es muy fácil, y muy grave, decirlo. ¿Cómo lo puede comprobar?
Estimado elwanderer. Le pongo el pasaje completo. Yo recordaba solo la idea principal, pero lo busqué por Internet. https://www.infobae.com/opinion/2022/09/17/borges-y-bergoglio-cronica-de-una-entranable-amistad/
Lo hubiera resumido y quitando algunas partes accesorias, pero quiero ser lo más transparente posible. Es un artículo de Infobae (que no es un medio tradicionalista) y escrito por Roberto Alifano, amigo de Borges.
“Qué rara y desconcertante suele ser a veces la gente de Dios, Alifano. Hay dos curas que me visitan bastante seguido y nada tienen que ver entre ellos. Uno lo heredé de mi madre, que era muy devota; me refiero al padre Guillermo. Otro es Jorge, un jesuita que es químico. Nos une una gran amistad.
“Guillermo viene casi todas las semanas. No sé cómo sacármelo de encima; insiste en convertirme y no puede admitir que haya un credo agnóstico por el que yo me inclino. ‘Es hora de que termines con tus dudas, Georgie, y creas definitivamente en Dios’ —me sermonea con exagerada confianza—. El domingo te vendré a buscar para ir a misa; luego almorzaremos con los hermanos de mi congregación y, por la tarde, te llevaré a un estadio de fútbol para que compartas la emoción con esa gente.
“Ahora, ¿a usted no le parece extraño que este cura no entienda que yo soy ciego y que por mi falta de fe no tengo ningún interés en ir a misa, ni tampoco en comer con otros colegas de él? Con uno me es suficiente.
“Con el jesuita, que es ingeniero químico y muy buen lector, nos entendemos mejor; él enseña literatura y ha incluido mis textos en sus clases, lo cual me parece un poco exagerado.
“Dejando de lado este detalle, el padre Bergoglio es una persona inteligente y sensata; con él se puede hablar de cualquier tema: de filosofía, de teología, de política.
“Pero hay algo que me alarma un poco; he observado que tiene tantas dudas como yo. Lo cual no sé si está bien en un religioso. Mi madre se hubiera horrorizado de una cosa así.
“Pero quizá no es tan raro si tenemos en cuenta que se trata de un jesuita. Claro, esa gente es históricamente transgresora y hasta tienen sentido del humor, además de manejar conceptos que en algunos casos difieren de las otras congregaciones de la Iglesia”.
Aquí ve a Borges calificándose a sí mismo como un descreído y un agnóstico y diciendo que Bergoglio tiene tantas dudas como él y que su madre se hubiera horrorizado de una cosa así. Coincidirá conmigo que está muy lejos el Bergoglio que se arrobaba con la Eucaristía. Obviamente mi comentario era una anotación, creo que «perder la fe» es un resumen bastante adecuado, sin tener que citar todo el pasaje.
Un fuerte abrazo, amigo Wanderer. Como usted, solo busco la verdad.
Muchas gracias.
Ciertamente, Bergoglio cambió, y para mal. De lo que no estoy seguro es que ese cambio haya sido una pérdida de fe. No sé hasta dónde podemos tomar la palabra de Borges como definitiva en una cuestión tan grave.
Arrobarse con la eucaristía parece sacado del ejercicio espiritual jesuita de la contemplación imaginativa (o mas precisamente autosugestionarse) hay que exacerbar lo emocional en un esfuerzo para hacer que ocurra.
Al anónimo de las 15:17. Me parece bastante injusto reducir a la «autosugestión» la meditación jesuita. En el método ignaciano, la aplicación de los sentidos es sólo el comienzo de la meditación, y en principio se deben aplicar todas las potencias: memoria, intelecto y voluntad. Por lo demás, no es justo ni presentar la espiritualidad jesuita tan solo como «autosugestión», ni pretender que la «autosugestión», en todos los sentidos posibles de la palabra, sea algo necesariamente malo. En la oración constantemente traemos a la mente imágenes y realidades, como las escenas de la Pasión, para provocar en nosotros una moción interna. También en la liturgia usamos palabras y gestos (por mi culpa, no soy digno, golpe al pecho, etc.) con el fin de inspirarnos internamente lo que externamente significan.
En cualquier caso, los santos han presentado muchos y muy diversos métodos de oración, y nadie está obligado a usar el ignaciano. Al que no le guste le basta con no hacerse jesuita.
En realidad, amigo elwanderer, parece que es mi destino ser polémico, porque, de verdad, hice los comentarios de la SSPX y supe que eran polémicos. Así, que no me soprendió la polémica.
Pero Dios es testigo que el comentario sobre Borges no tenía intención polémica. Sólo recordaba haberlo leído, lo recordaba y lo comenté como algo que recordaba.
En realidad, ¿qué importa teológicamente que Bergoglio se desviara en los 60, los 70, los 80, los 90 o en los 2000?
Una vez que fue Papa, las evidencias que había perdido la fe fueron abrumadoras. No tengo espacio para ponerlas todas, pero el PDF Denzinger-Bergoglio, que circula por Internet, detalla las contradiciones entre declaraciones y actuaciones del papa Francisco con documentos anteriores del Magisterio. Solo llega hasta 2017 y son unas 2000 páginas. Para un estudio más completo y más académico, consultar «The Disastrous Pontificate «de Dominic J. Grigio. Demoledor.
Podríamos hablar de las mil veces que se opuso al proselitismo (enmendando las palabras de Jesús), como Amoris Laetitita contradice las palabras de Jesús sobre la monogamia y el adulterio, como permitió que la diosa Pachamama y un falo gigante se adoraran en el Vaticano, además hizo una moneda conmemorativa de la Pachamama (contradiciendo el primer mandamiento), las bendiciones a parejas homosexuales (uno de sus temas favoritos: «ellos son las joyas de la corona», «¿quién soy yo para juzgar?»), habló de que la diversidad de las religiones es querida por Dios y un largo etcétera (no repito lo que dijo sobre el nacimiento de Jesús en un sermón que me leyó un sacerdote Novus Ordo porque me parece demasiado blasfemo para repetirlo).
Alguien puede aceptar incluso que Bergoglio podría estar en lo cierto con todas estas declaraciones. Lo que no se puede aceptar es que creyera en la fe católica, cuando no paraba de contradicir sus principios más básicos. Uno puede creer lo que quiera pero no puede dejar de creer en la Ley de la No Contradicción. De la misma manera que un soltero casado o un círculo cuadrado son imposibles, no se puede hacer compatible «Nadie va al Padre sino es por mi» (Jesús) con «mi Dios no es mejor que tu dios» (Bergoglio).
Realmente esto no se puede discutir si uno se atiene a la lógica. Es como decir que alguien está soltero y casado a la vez. ¿Por qué se discute pues? ¿Por qué es tan polémico? Porque el hombre no es un animal lógico sino emocional. Que un Papa contradiga la doctrina católica produce una disonancia cognitiva que duele a la gente por motivos obvios. A mi personalmente me ha dolido y me duele mucho.
Entonces la gente intenta reducir ese dolor, violando la lógica más básica «No, la Pachamama era la Virgen María (con rasgos indígenas y trigo en los cabellos) . Cuando alguien tiró las pachamamas al río Tiber y Francisco se disculpó porque «alguien había tirado las pachamamas», en realidad, cuando decía «pachamama» no se refería a la diosa, sino a la Virgen María» (esto lo he escuchado yo en un canal de Youtube: mi mente es demasiado limitada para inventarme algo tan absurdo). No hay más ciego que el que no quiere ver.
Esto no tiene sentido lógico, sino emocional, porque calma el dolor. Lo malo es que, mientras nos engañamos a nosotros mismos, no hacemos algo para ayudar a solucionar los problemas. Escondemos la cabeza bajo tierra como el avestruz, mientras la barca de Pedro va a la deriva. Siguiente parada: el Sínodo.
Cuando leí el libro de Verbisky sobre Bergoglio me llamó mucho la atención los detalles de que tuvo una especie de fase tradicionalista en los años 70s. Volvió a usar sotana, usaba la estola cruzada y hasta hizo uso del juramento antimodernista! Cosa de no creer al verlo como Papa…
No todo lo que pasò a los santos es bueno porque pasò, y la influencia de la educacion jesuita sobre la iglesia – como educador de profesion que es lo que soy – creo que tenga mucha responsabilidad en nuestros fallos y decadencia como iglesia: uno podrìa sospechar que el individualismo moderno explotò de allì… Sin equivocarse mucho. Pero soy de otra orden y pude leer lo que se recomendava para los novicio en mi «familia». Hacendolo comprendì como la decadencia estaba preparada desde mucho, con metodos que alumbravan la falta de comprension del por qué en la edad media, cuando se reformò la vida monastica, se quisiera terminar con eso de niños y chicos en el monasterio. Todavìa en el siglo pasado se utilizaban metodos que uno se expecta puedan crear sobre todo o hombres que tienen miedo al mundo exterior, o hombres listos para sumergirse en ello al primer vistazo de la apertura. El concilio fue esa abertura y de hecho es lo que pasò. Todo en relaciòn con los seminarios de Trento, que querìan «proteger las vocaciones en la edad màs subjeta al pecado» y fallecieron tremendamente en el defender la iglesia por hombres que no tuvieron tiempo para ser hombres de verdad, y muchas veces permanecieron pequeños curas. Muy obedientes por supuesto.
…¿»Hombres que no tuvieron tiempo para ser hombres de verdad»?…
Usted hablará de su propia experiencia y en cualquier caso es una opinión.
«excita tu compunciòn pensando a los pecados del hombre viejo que eras, quando pasabas el tiempo jugando con la pelota y no pensando a tu señor». Eso escribìan para formar chicos de 16 años, que muchas veces vivian en convento desde los 12 o menos. Por cierto que no era todo y no siempre saliò mal, pero una tonterìa peligrosa se queda. A veces esto tipo de pensamiento finalizaba en abusos verdaderos de los cuales tengo testimonios. A veces salian hombres verdaderamente inmaduros, que se quedavan en el ambiente de los niños y se convertìan en abusantes, en el sentido sexual tambièn. En todo eso San Bernardo ya decìa que no habìa que permitir chicos en el.monasterios. Casi hace un milenio ahora.