
Un breve comentario sobre el encuentro de ayer en el Vaticano entre el Papa León XIV y la Sra. Sarah Mullaly, de profesión enfermera y autopercibida como arzobispo de Canterbury, y ataviada como tal.
Me parece que se le está dando demasiada importancia a un hecho que no la tiene. Es verdad que nos repugna porque es grotesco: una mujer disfrazada de obispo que es recibida por el Sumo Pontífice y que se pasea por algunas iglesias romanas dando la bendición.
Pero más allá de la sensación de asco que produce, seamos racionales:
- Desde los años 1960, con Pablo VI, los Papas han recibido a los arzobispos de Canterbury.
- Han tenido para con ellos conductas mucho más graves aunque no tan grotescas quizás, como la de ayer, tal como puede verse en las fotografías: Pablo VI le regaló y puso el anillo episcopal a Michael Ramsey; Juan Pablo II dio la bendición conjuntamente con George Carey; Benedicto XVI se abrazó con Rowan Williams y Francisco recibió personalmente la bendición de Justin Welby.
- En todos los casos enumerados se trata de un Papa que recibe a un laico que pretende ser arzobispo, y no lo es. En el caso de Papa León, lo que cambia es que en vez de ser un laico es una laica. La gravedad, en todo caso, es exactamente la misma.
- Hay conductas idiotas, como la del arzobispo Flavio Pace que se hace la señal de la cruz mientras la Sra. Mullaly imita una bendición. Peor fue lo que hicieron Juan Pablo II y Francisco, según el testimonio fotográfico. Por otro lado, de obispos idiotas está llena la Iglesia.
- Admito, ademas de lo repugnante y grotesco del acto, dos agravantes: la Sra. Mullaly no es reconocida en su cargo por dos terceras partes de la iglesia anglicana, por lo que resulta extraño que simule hacerlo la iglesia romana. Y en segundo lugar, el hecho produce escándalo en los fieles, y ahora mucho más que antes cuando no había redes sociales y las fotos vergonzosas de Pablo VI o Juan Pablo II la veía muy poca gente.
Más allá de esto, me parece que el tema no da para más.
Nihil novum quizá no sea suficiente alivio, pero creo que la existencia del ordinariato para anglo católicos verá la situación con cierta perplejidad. Bienvenidos, por ello, al catolicismo.
No coincido. Lo grave, o trágico, es que esto haya pasado por primera vez, seguramente. Pero también que se perpetúe está ridiculez en el tiempo. Lo cual da nuestra el estado de postración crónico que parece padecer la jerarquía eclesiástica y una crisis que no ve la luz del túnel.
Que usted, o todos nosotros, nos hayamos anestesiado y hayamos pedido el poder de asombro y escándalo no le quita gravedad a los hechos.
Desde las consecuencias canónicas que bien apunto en estos días Schneider ( que por supuesto no tendrán ningún efecto) ,hasta las consecuencias espirituales para los fieles de todo el mundo y particularmente de Inglaterra que verán con tristeza que sus mártires de la reforma parecen haber muerto en vano.
Pobres de aquellos católicos ( ayer anglicanos) que alla por los noventa vieron en estos escándalos de su religión antigua , la gota que colmaba el vaso y les hacia darse cuenta de la falsedad, y finalmente, convertirse. Qué frustración deben sentir.
Qué diría el Cardenal Newman si hoy estuviera vivo. Con lo que le costó ( en el amplio sentido) su conversión.
Usted tiene razón en todo lo que dice. Lo que yo digo es que esto viene sucediendo desde hace 50 años.
Y ni siquiera parece que sean sin más laicos. Se trata de bautizados, suponemos, sí, pero separados visiblemente de la única Iglesia de Cristo, la Católica. En cuanto a la comunión de fe, ¿pueden estar en ignorancia invencible?; pero, precisamente, ahí corresponde que los pastores católicos los evangelicen y les prediquen la verdad. En cuanto a comunión jerárquica, es claro que no están en ella, pues son cismáticos, al menos materialmente. O sea, un mero laico hijo de vecina parece que debería ser recibido por el Papa con más honores…
Augustinus
Coincido con el artículo. Aunque a nadie le importa, obviamente.
Saludos
O sea, cómo ya estamos acostumbrados, había que subir la dosis
Me pregunto si puede ser una aplicación de la ventana de Overtone, visto desde la progresía. Una mujer ataviada como arzobispo, que bendice en la cripta de San Pedro. Un Cardenal que recibe esa bendición y un Pontifice que la reconoce como en su cargo. Sabemos que teologicamente no hay chance para el sacerdocio femenino, pero la imagen se instala. Hoy puede resultar grotesco, pero su eventual repetición puede ir disminuyendo en intensidad, hasta hacerla «normal».