El grotesco P. Guilherme Pixoto no merece, creo yo, demasiado espacio ni reflexiones. La diócesis de Rouan, en Francia, acaba de cancelar el recital que iba a brindar en esa ciudad con motivo de la festividad de Santa Juana de Arco (¿Hará lo mismo Mons. Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza, que lo ha invitado para la patronal de Nuestra Señora del Rosario?). Sin embargo, el post de la semana pasada que dediqué a él y a los obispos argentinos estuvo mal argumentado y desbalanceado y, por eso lógicamente dio lugar a interpretaciones erróneas. En efecto, muchos lectores se llevaron la impresión de que yo postulaba que la conversión a Cristo se da en ámbito de la razón, completamente desligado de la dimensión emocional, que es sobre la cual actúa, por ejemplo, la música. Y ciertamente no es así. El lema que el cardenal Newman eligió cuando fue creado cardenal es: Cor ad cor loquitur, y no Ratio ad rationem loquitur. El cardenal sugiere que la verdadera comunicación no ocurre de cerebro a cerebro (intercambio de datos), sino de núcleo a núcleo. La verdad no solo se “entiende”, también se “siente” como algo real que transforma la vida.
La música electrónica en sí misma puede ser más o menos apta para transmitir el mensaje cristiano; no incursiono en ese tema porque no lo conozco, aunque el ambiente en el que habitualmente suena esa música evidentemente no es muy cristiano. Pero las reservas que podamos tener con ese tipo de música no puede llevarnos a condenar a todo tipo de música como vehículo de evangelización. El libro IX de las Confesiones es un ejemplo notable de la compresión universal de la música como poseedora de un poder casi milagroso para calmar, curar, persuadir, unificar y enseñar, no a través de la razón, sino a través de la deleitación y del amor, o incluso, del terror, de la valentía, de la piedad o devoción, que inspira en aquellos que la escuchan o la cantan. Estos poderes son atribuidos parcialmente a la receptividad del alma de un ritmo, modo o armonía particular, como observa San Agustín siguiendo a Platón:
Soy consciente que nuestras mentes son movidas más profundamente a devoción por aquellas santas palabras cuando son cantadas, e inflaman más ardientemente nuestra piedad, que si no fueran cantadas. Me doy cuenta que todas las variadas emociones del espíritu humano responden de un modo más propio a ellas mismas en el caso de una sola voz y de una canción, que despierta una secreta afinidad
Pero esto se debe fundamentalmente al hecho que la música fue pensada para mediar o encarnar su fuente divina.
Recordando el día de su bautismo, el gran Agustín escribe:
¡Cuánto lloré también oyendo esas suaves armonías (suaue sonantis) que para alabanza vuestra se cantaban en la iglesia, cuyo suave acento me conmovía fuertemente y me excitaba a devoción y ternura! Aquellas voces se insinuaban por mis oídos y llevaban hasta mi corazón vuestras verdades, que causaban en mí tan fervorosos afectos de piedad, que me hacían derramar copiosas lágrimas, con las cuales me hallaba bien y contento (Confesiones 9.6.14).
Tenemos aquí un esquema: música suave, conocimiento afectivo, culto. El lenguaje (“derramar”, “destilar”, “rebalsar”) evoca el movimiento del aceite o del agua, quizás el óleo y el aguas sacramentales del bautismo. Ciertamente, es notable que el único misterio que Agustín describe como sacramental en este libro no es el bautismo o la liturgia de Milán, sino la música, que él experimenta como la portadora sensible de la realidad espiritual.
Para nosotros, hispánicos, puede resultarnos particularmente interesante otro ejemplo del poder de la música como agente divino que obra la conversión. El relato de Severo, obispo de Menorca en el siglo IV, acerca de cómo los judíos de la isla fueron guiados en su proceso de conversión a la fe cristiana es muy revelador (Severus of Minorca, On the Conversion of the Jews, ed. y trad. Scott Bradbury, Oxford: OUP, 1996). Y se debe en gran medida al modo en el cual fueron obligados a hacerlo. Lo que sucedió en Menorca durante ocho días luego de la llegada de las reliquias de San Esteban, en 418, un poco antes del comienzo de la cuaresma, fue propiamente un “asalto melifluo” a los sentidos: los judíos de la isla fueron efectivamente asaltados físicamente para convertirse, pero a través de lo que Severo creyó que era un trabajo milagroso de la gracia divina sobre sus sentidos corporales: su vista, oído, gusto, tacto y olfato.
En dos puntos significativos del tratado, los salmos son cantados con lo que Severo describe como una “asombrosa dulzura” (mira suauitate psallentes) o una “maravillosa dulzura” (mira iucunditate decantabat). El primer caso ocurre cuando Teodoro, el jefe de la Sinagoga, sueña que es advertido por un hombre de que no entre a la sinagoga porque allí dentro hay un León. Cuando se asoma, se encuentra no con un león, sino simplemente con la vista o, más importante todavía, con el sonido de monjes cristianos cantando los salmos con “asombrosa dulzura”. La reacción de Teodoro en un primer momento puede parecer extraña: es vencido por un “terror grande y moral”, e inmediatamente, huye asustado. ¿Qué es lo que está ocurriendo? Severo explica que el encuentro de Teodoro con el melifluo canto de los monjes fue para él, un no creyente, un encuentro terrorífico con el León. Enseguida queda claro que el León al que se hace referencia es el León de la tribu de Judá, la raíz de David (Ap. 5.5), en otras palabras, Cristo. Por lo tanto, el dulce canto de los salmos conduce a la presencia de Cristo que, para un no creyente, es objeto de terror, una especie de terror de lo bello de Rilke:
Porque la belleza no es otra cosa que el comienzo del terror que apenas somos capaces de soportar, y nos sorprende, porque serenamente desdeña destruirnos (Duino Elegies, 1).
En un segundo momento, no se describe el canto de los salmos por monjes cristianos sino el canto de los salmos por parte de los judíos. Este episodio es interesante por varias razones. En primer lugar, el salmo es descrito por Severo como “un himno a Cristo” cantado “en abundancia de gozo” por los cristianos que se acercan en procesión a la sinagoga para participar de un debate. Y en segundo lugar, “la maravillosa dulzura” del canto de los judíos, a medida que ellos se unen al canto de los cristianos es un claro eco de la “asombrosa dulzura” propia de las melodías de los monjes.
¿Qué es lo que está ocurriendo? Como hemos visto, y como los milagros que se sucedieron luego asociados con el gustar y con el oler dulzuras claramente confirman, “dulzura” es la clave que utiliza Severo para expresar la presencia de Dios, de Cristo y del Espíritu Santo, que obra a fin de llevar a la conversión a los judíos reticentes, porque quizás la contribución meliflua de los judíos en el canto de los salmos es también un indicador del incipiente trabajo de Dios para conducirlos a la total participación como cristianos. Desde los inicios, el canto fue usado por los primeros cristianos como una metáfora para señalar las relaciones armoniosas y como medio para alcanzar la unidad, ya sea dentro del alma individual como entre las personas.
Los milagros melifluos abundan, pero las mujeres de Menorca eran más duras. Es asombroso ver cómo mientras los varones, uno por uno, se convertían, son las mujeres las que resisten hasta un amargo final. Los “oídos sordos” de la última en convertirse, la mujer del hermano de Teodoro, Inocencia, que se convirtió solamente luego de un bombardeo de oraciones e himnos. Como escribe Severo, tomando nuevamente una imagen del Génesis, “Nuestro ejército endulzó hasta la tercera hora un combate de oraciones e himnos contra Amalec, el enemigo de nuestro líder Jesús” (Ex. 17:8-17; 27.5). Alternar oraciones y salmos es, por cierto, una característica común de la salmodia monástica, practicada desde muy temprano en los ejercicios ascéticos de quienes habitaban en las ciudades, seguido por los Padres del Desierto y por las comunidades occidentales como la de Marsella, descrita por Casiano. En el tratado de Severo, la música es descrita como uno de los medios a través de los cuales Dios actúa a fin de torcer, quebrar y golpear a las almas que se le resisten y, una vez subyugadas, sanarlas y rehacerlas. Esto es experimentado como maravillosa y asombrosamente dulce. La presencia de lo divino puede también ocasionar el deleite o el terror, o más bien, deleite y terror. Esta dulzura, en efecto, es maravillosa, una suerte de milagro, y esto se debe a la presencia de Dios cantando o, en el caso de los incrédulos, rugiendo. Es muy dulce, es bello, e inspira en aquello que no la aceptan una terrorífica urgencia de huir. Pero para Severo, esta huída, como la huída de los israelita de Egipto, es más bien hacia y no un escape, de la conversión.
¿Qué podemos descubrir, entonces, sobre la naturaleza y la presencia de la música en la antigüedad tardía cristiana a partir de este tratado? Esta dulzura es la presencia de Dios, que obra milagros en aquellos que la escuchan. Es parte del asalto multi-sensorial de Dios sobre los sentidos a fin de convertir hacia sí mismo a las personas, y es a la vez melifluo y terrorífico. Esto aparece en el canto de los salmos o himnos; en la iglesia y en las calles, por los monjes o por lo laicos, cristianos o judíos. Junto con la oración, puede vencer a la voluntad más resistente, es una expresión de la armonía del alma y puede unificar a aquellos los cantan.
Música meliflua, es decir, suave y dulce como la miel; dulzura asombrosa que produce el don de lágrimas y, finalmente, la conversión. Salmos, himnos, oraciones… en última instancia, el oficio divino, el opus Dei, cantando en la Iglesia desde sus mismos inicios como vehículo de conversión. ¿Alguien puede pensar, en buena fe, que la música del P. Guilherme tiene algo que ver con todo esto? En Buenos Aires, hace casi cien años, tuvo lugar una concentración que sí produjo miles de conversiones. Fue la noche del 11 de octubre de 1934, con ocasión del Congreso Eucarístico Internacional, donde se reunieron 400.000 hombres a lo largo de la Avenida de Mayo, para confesarse y comulgar. Es un hecho histórico, cuya descripción puede leerse en tres ensayos de Hugo Wast y en la mala novela pero buen testimonio de Manuel Gálvez La noche llega a su fin. Lo del P. Guilherme, cobijado por arzobispo de Buenos Aires, es otra cosa. No convirtió a nadie; quizás todo lo contrario. Y si no es así, le pido a algún Severo de Buenos Aires nos narre en un breve tratado los prodigios de conversión ocurridos en el recital de hace algunos días.

Realmente los sentimientos y emociones provocan en nosotros con sus manifestaciones corporeas, la verosimilitud de estar inmersos directamente en Reino, en los brazos o en la presencia de Dios, es una experiencia única, plena de toda plenitud. Es lo que generalmente ocurre con un Retiro Espiritual, con jornadas, con musica, pinturas, cursos, etc.
Creo que todo el tema actual se refiere a qu con toda la importancia que le damos a lo que aprehendemos por los sentidos y la emociones, nos confundimos con un mundo de urgencias, que hoy siente a Dios, siente amor, siente compromiso y luego deja de sentir y todo se derrumba, la relacion con Dios, con el matrimonio, con los trabajos o proyectos, etc.
No esta mal sentir, pero si fundar en el nuestra vida, nuestro futuro, la eternidad.
Además, que sintamos o no, lloremos o no, Dios sigue alli y nosotros seguimos siendo sus hijos y como tales hemos de CREER que su Gracia, convierte, revela, sustenta la Fe. Ella es la que nos ayuda en nuestra reconciliacion con Dios, es la que nos admite en los Sacramentos, Ella es Salvacion. No es el cura meloso y musiquero, no es la popular musica guitarrera o peor de bombitos de dudosa teologia que se canta en los templos Catolicos
No tengamos miedo, confiemos en la Providencia y la Gracia Regalada por el Espiritu Santo, todo será mejor que lo que imaginamos, la bestia ya fue vencida, sabemos eso, conocemos el resultado final, -dios nos ama y esta con nosotros, que no entendamos como se manifestara esa Gloria, es problema nuestro, pidamos la Gracia y ella nos ayudara. Pero discutir acerca de un DJ y que un obispo lo contrate con dinero de los fieles o del gbno que cobra impuestos, es una de esas inexplicables cosas que estan en manos de Dios, NO PODEMOS ENTENDERLAS
A mediados de los 70 fallecía, aun joven, un brillante biblista redentorista, apasionado por el Evangelio de Juan, y por la música de Johann Sebastián Bach. (Pasion que me transmitió) Recuerdo haberle oido decir que Bach era un hombre de oración, oraba y luego componía, es decir su “armonía interna”, la convertía en “armonía externa” en su música. Tengo una especial “devoción “ por Chartres. Una catedral no es solo un lugar de culto, sino también, en cierto modo, un gigantesco instrumento musical. Sus imponentes dimensiones, la vertiginosa altura de sus bóvedas y la naturaleza misma de los materiales empleados —principalmente piedra en bruto, que absorbe poco sonido— contribuyen a crear un entorno sonoro único, caracterizado por una larga reverberación. Este fenómeno, en el que el sonido persiste y se fusiona consigo mismo tras su emisión, es una de las características acústicas distintivas de las catedrales. Como en muchas catedrales, el sonido que se escucha allí se describe como «música petrificada», donde la geometría sagrada influye en la sonoridad. Las columnas difunden el sonido de manera uniforme por Las columnas difunden el sonido de manera uniforme por todo el espacio. Es curioso la “nueva”Notre Dame ha perdido algo de su encanto previo “la patina de la vejez” , una francesa decia “demasiado nueva para mi gusto”, en vez de un organista un “organillero” que brindaba estridencias con un órgano que fue hecho para otra música.
Me permito recomendar Il vespro della Beata Vergine de Monteverdi y la Petite messe solennelle de Rossini (mejor la versión original para piano y armonio que el arreglo para orquesta).
Son dos obras religiosas «»»»heterodoxas»»» para lo que se considera normal en la música sacra y aún así elevan muy dulcemente los corazones. Se puede reflexionar acerca de sonidos (no géneros) que sin ser los habituales o más apropiados pueden ser muy bellos y dignos para las cosas de Dios. Está claro que el problema no es el techno en si mismo, sino el género de techno del cura Gileherme.
Para quien tenga curiosidad sobre techno bueno escuchen «RECONDITE – LEVO – IFFY». No tiene nada que ver y me parece hasta cierto punto, muy abierto a lo espiritual.
Cisneros
¡¿Y ahora carga contra la luz divina participada en nosotros que es la razón?!
«…dicendum quod nobilior modus est provocandi homines ad devotionem per doctrinam et praedicationem quam per cantum«, como bien dice Santo Tomás (S. Th., II-II, q. 91, a. 2, ad 3).
Por lo demás, hay que seguir leyendo las sublimes Confesiones y meditar lo que dice S. Agustín en el libro X sobre los distintos sentidos…
Augustinus
Quién ha cargado CONTRA la razón?
Me parece que nadie. A releer.
Fraternalmente.