Una mente brillante: el cardenal Tucho Fernández (I)

Ya hicimos referencia en el blog a las palabras del Papa León en su primera encíclica cuando nos dijo: “Les agradezco también por lo que dan a conocer de lo que no funciona en la Iglesia…”. Y por eso mismo quisiera prevenir al Santo Padre que una de las cosas que no funciona en la Iglesia es el cardenal prefecto del dicasterio para la Doctrina de la Fe. No le estamos dando una novedad. Sin duda él ya sabe que Víctor Manuel Fernández tenía —suponemos que en el pasado— una fuerte inclinación a escribir libros pornográficos, que luego ocultaba en su curriculum vitae, tal como denunciamos en este blog. Y que en su altísimo cargo de prefecto, ha procurado sembrar el escándalo, la duda y la confusion, como así también, volens nolens, ha logrado bombardear las avanzadas relaciones ecuménicas que mantenía la iglesia romana con la iglesia copta. No sé cómo se las arreglará el pontífice para cumplir la promesa que le hizo a Tawadros II, papa de la iglesia copta el pasado 15 de mayo, acerca de que la iglesia católica no bendecirá parejas homosexuales, si tiene a un tiro de piedra del palacio apostólico la “casita” en la que habita el cardenal Fernandez.

Pero todo esto ya lo sabe el Papa León. Lo que probablemente no conozca son las grandes aspiraciones teológicas que tiene su prefecto, y a eso quiero dedicar este post. Fernández publicó un artículo titulado “Romanos 9-11. Gracia y predestinación” , en la revista Teología [65 (1995), 5-]. Pueden leerlo aquí. Como lo expresa el título, la investigación trata sobre la predestinación, que Fernández considera una de las “cruces más pesadas para la teología” porque, es claro, él no acepta que exista una predestinación divina sino que afirma que todos los hombres se salvarán. Es decir, el infierno está vacío. Una suerte de un origenismo tardío y devaluado. 

En una primera lectura a vuelo de pájaro, me llamó la atención el segundo párrafo del artículo en el que dice:

“Luego de analizar el tema del “endurecimiento” en el Antiguo Testamento, consideraremos particularmente el texto de Romanos 9-11, sumamente importante en la elaboración de la doctrina patrística y escolástica sobre la predestinación. De hecho, creo que una exégesis adecuada de este texto permite relativizar la base misma a partir de la cual se elaboraron doctrinas cuestionables”. (p. 5).

Y me llamó la atención porque el teólogo de Alcira Gigena comienza de entrada afirmando que las doctrinas sobre la predestinación elaboradas por los Padres de la Iglesia y por los grandes maestros medievales son “cuestionables”. “¡Vaya confianza que tiene en su propio saber!”, me dije. Pero eso no era nada. Al finalizar la conclusión de su largo trabajo, el entonces P. Tucho, escribe: 

“Confío firmemente en que todos se salvarán; confianza que no se basa en un deseo, ni en mi compasión por los hombres, sino en lo que sé de Dios y en sus planes concretos gracias a su Revelación”.

Entendí entonces que, más allá de lo que podían decir los Padres y Doctores, la sabiduría teológica del prefecto de Doctrina de la Fe se fundamenta en lo que él sabe de Dios, de quien conoce también sus planes concretos. ¡Y nosotros que pensábamos que la revelación había terminado con la muerte del último apóstol! 

Me parecieron tan delirantes estas afirmaciones de apertura y cierre del artículo, que decidí estudiarlo con alguna profundidad, con el ánimo filial de hacer un servicio al Santo Padre para mostrarle lo que no está funcionando en la Iglesia que él gobierna.

La primera parte del trabajo, que es muy extensa, se dedica a rastrear y discutir el tema de la predestinación en las Escrituras, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Yo no soy biblista ni conozco esas cuestiones por lo que las dejo de lado. Sin embargo, tengo cierta competencia en el ámbito de los autores patrísticos y medievales, que el cardenal Fernandez trata a partir de la página 20, y sobre ellos centraré mi crítica. 

1. La lectura de san Agustín es caricaturesca

Fernández escribe que «el conflicto de Agustín con el pelagianismo estimuló su inteligencia para dejar firmemente asegurada la verdad de la libre iniciativa divina en nuestra salvación, verdad que distingue a nuestra fe cristiana en su misma esencia. Aunque también es cierto que el enfrentamiento con el pelagianismo lo llevó a acentos y expresiones que, fuera de su contexto polémico, requieren una revisión» (p. 22). Esta formulación, más allá de la pretensión de pretender “revisar” a San Agustín, es relativamente moderada, pero en el conjunto del artículo Agustín aparece sistemáticamente como el origen de las «doctrinas cuestionables» anunciadas en la introducción, y su doctrina es presentada como que «no ofrecía una visión completa y armoniosa sobre Dios, el hombre y la experiencia cristiana» (p. 25).

El problema es que esta caracterización no distingue entre los distintos períodos del pensamiento agustiniano. Agustín mismo, en las Retractationes, revisó su posición anterior —más próxima a la lectura de la fe como inicio autónomo del hombre— para afirmar la gratuidad absoluta incluso del inicio de la fe. Esta revisión no es una anomalía polémica sino una profundización teológica que el propio Tomás de Aquino asume como doctrina común, como el artículo reconoce de pasada al citar la Summa Theologiae II-IIae., 10, 1 (p. 23). Ignorar esta coherencia interna del desarrollo de San Agustín y de Santo Tomas es simplificar gravemente.

Más aún: Fernández menciona que

la rigidez de su pensamiento y el empecinamiento contra Juliano llevaron a Agustín a afirmar que los niños muertos sin bautismo se condenan, en último término, porque Dios no quiso de antemano su salvación (p. 23)

y cita Contra Iulianum y De fide, spe et caritate. San Agustín vendría siendo el proto rígido sobre los que nos advertía el Papa Francisco. Es históricamente exacto lo que dice el cardenal, pero el problema es que inmediatamente después señala que «San Buenaventura rechaza explícitamente esta doctrina de Agustín» (Breviloquium, III, V, postremo), usando este rechazo como argumento contra Agustín sin advertir que el propio Buenaventura no abandona el marco agustiniano-franciscano de la gratuidad absoluta de la gracia, sino que lo matiza en un punto periférico. Se usa a un escolástico para desautorizar a un Padre de la Iglesia cuya doctrina sobre la gracia fue en lo esencial confirmada por el concilio de Orange (529) y asumida por Trento.

2. El tratamiento del II Concilio de Orange es selectivo

Fernández dedica una sección importante al II Concilio de Orange (529), y su exposición del contenido es en general correcta: el concilio de Orange afirma que nada humano puede ser previo o merecedor de la gracia, que la gracia misma provoca la súplica, el deseo y el inicio de la fe (Dz 176-179), y que «nadie se salva sino por la gratuita misericordia de Dios» (Dz 192, 181).

Sin embargo, el artículo concluye su exposición sobre este sínodo señalando que 

el concilio habla de la predestinación, pero sólo para negar que algunos hayan sido predestinados al mal, y condenando con fuerza esa afirmación. Además, en lugar de hablar de una predestinación de algunos a la salvación, prefiere decir solamente la verdad segura que es el eje del tema de la predestinación: que Dios es el que nos inspira primero sin que preceda algún merecimiento bueno de nuestra parte (p. 29, comentando Dz 200).

Esto es correcto como descripción, pero su uso argumental es sesgado. El Concilio de Orange condena la predestinación al mal, pero no resuelve — ni pretende resolver — la cuestión de si hay predestinados a la salvación en número limitado. El canon que Fernández cita como «síntesis de la doctrina de Orange» (canon 25, Dz 198) afirma: «Amar a Dios es en absoluto un don de Dios. El mismo que, sin ser amado, nos ama, nos otorgó que le amáramos”. Este canon afirma la gratuidad de la gracia, no la salvación universal. Fernández lo usa como si el silencio de los padres de Orange sobre la predestinación positiva equivaliera a negarla, lo que es una conclusio e silentio, procedimiento argumentativo que consiste en inferir algo a partir del silencio de una fuente o autoridad sobre un determinado asunto, pero como como cualquier teólogo sabe, es del todo inadmisible en teología dogmática.

Además, Orange no fue un concilio ecuménico sino provincial, y su autoridad dogmática procede de su confirmación por el papa Bonifacio II. Esta confirmación papal aprobó sus cánones sobre la gracia pero no resolvió las cuestiones ulteriores sobre la predestinación que serían objeto de debate en los siglos siguientes. Presentar al sínodo de Orange como si zanjara la cuestión en el sentido favorable a la tesis del autor es una petición de principio elemental y grotesca.

3. El Concilio de Valence es tratado de manera tendenciosa

El tratamiento del III Concilio de Valence (855) es, a mi entender, uno de los puntos más débiles del artículo. Fernández señala varios «aportes positivos» del concilio, pero dedica la mayor parte del análisis a intentar desautorizarlo por razones contextuales e históricas.

El argumento principal es el siguiente: 

Los padres del concilio de Valence condenaron al concilio de Quiersy, pero luego anularon esta condenación en Langres (859), y celebraron con los de Quiersy el segundo concilio de Toul (Thysey) en el año 860. Esto, junto con su interpretación de Romanos 9 que contradice al Indiculus, invita a considerar con sumo cuidado las afirmaciones conflictivas de Valence sobre la predestinación (p. 32).

Hay aquí una confusión entre la historia de las controversias conciliares y el valor doctrinal de las definiciones. Que Valence y Quiersy alcanzaran un acuerdo posterior no invalida retroactivamente el contenido doctrinal de Valence, del mismo modo que los acuerdos ecuménicos modernos no invalidan las definiciones dogmáticas anteriores. El argumento ad eventum historicum no tiene peso dogmático.

Más problemático es el modo en que Fernández trata el punto doctrinal central de Valence: la afirmación de que 

en la elección de los que han de salvarse, la misericordia de Dios precede al buen merecimiento, pero en la condenación de los que han de perecer el merecimiento malo precede al justo juicio de Dios (Dz 322). 

Fernández no refuta este principio sino que intenta reinterpretarlo diciendo que «Valence no se refiere a una ‘predestinación de la pena’ propiamente dicha. Sólo mantiene el lenguaje de predestinación, muy en boga en su siglo […] pero en realidad refiere esas expresiones a la presciencia divina de las penas» (p. 32). Pero Dz 322 no dice «presciencia de la pena» sino «praescientia praedestinationis«, lo que es una noción técnicamente precisa. La reinterpretación de Fernández no está apoyada en el texto sino impuesta sobre él para hacerlo compatible con la tesis del artículo.

El artículo reconoce que Valence «ha influido poderosamente en la teología posterior» (p. 32), lo que es una implícita concesión de su importancia, pero no extrae de ello ninguna consecuencia metodológica: un texto que ha formado parte del pensamiento magisterial durante siglos no puede ser marginado mediante argumentos puramente histórico-contextuales.

4. La presentación de Santo Tomás es internamente contradictoria

Este es quizás el problema más grave del artículo, porque Santo Tomás es invocado con gran frecuencia y en sentidos que se contradicen entre sí.

Primer caso: la predestinación anterior a los méritos previstos. Fernández reconoce que Tomás afirma la predestinación ante praevisa merita (la elección divina no se funda en méritos previstos), y que esto fue luego presentado como «gracia eficaz por sí misma y la predestinación anterior a los méritos previstos» en la controversia de auxiliis (p. 33). Pero en lugar de analizar esta doctrina en sus propios términos, Fernández se limita a señalar que los molinistas la consideraban «un sutil calvinismo» y que el Magisterio no condenó la postura tomista, sin tomar partido. Esta equidistancia artificial desdibuja la posición real de Tomás, que en Summa Theologiae I, 23, 5, ad 3 afirma explícitamente: la razón de la predestinación de unos y reprobación de otros no debe buscarse en los méritos o deméritos previstos… sino en la voluntad divina. 

Fernández no cita esta parte de la Suma, que es directamente relevante para su argumento.

Segundo caso: la gracia eficaz y la infalibilidad de la predestinación. Fernández escribe correctamente que para Tomás «la predestinación a la salvación no puede ser imposibilitada por las creaturas (Summa Th., I, 23, 8, ad 3). Porque la predestinación a la salvación no es una simple presciencia, como en el caso de los condenados, ya que es un querer infalible que predetermina efectivamente el resultado final de la predestinación» (p. 32). Esta es una descripción fiel de la doctrina tomista. Pero es difícilmente compatible con la conclusión del artículo, según la cual «es muy probable que todos se salven» (p. 47-48), porque si la predestinación es un querer infalible que predetermina el resultado final, la cuestión de cuántos son los predestinados no puede resolverse apelando a la «probabilidad» sino que depende del número de los que Dios quiere infaliblemente salvar, lo cual es para Tomás un misterio impenetrable (Summa Th., I, 23, 7).

Tercer caso: la negación de la gracia eficaz por el solo pecado original. Fernández cita la Summa Theologiae II-IIae., 2, 5, ad 2, donde Tomás enseña que Dios puede negar la gracia eficaz necesaria para la salvación sólo por el pecado original, «como enseña Agustín» (p. 35). Esto está directamente en tensión con la tesis de la «muy probable» salvación universal, pero el artículo no resuelve esta tensión: simplemente continúa el argumento como si no existiera. La mención se hace de pasada, en un contexto de «evolución» histórica, y se neutraliza señalando que en el siglo XIII ya no se afirma que los niños sin bautismo sufran las penas del infierno, lo cual es un desplazamiento temático que no responde a la dificultad doctrinal planteada.

Cuarto caso: el uso de la Contra Gentiles III, 161. Fernández cita este texto de Tomás para sostener que Dios puede actuar «praeter ordinem rebus inditum» en el momento de la muerte, concediendo la gracia a quien había opuesto impedimentos (p. 33), lo cual serviría de base para la esperanza de la salvación universal en el instante final. Pero este texto de Tomás está siendo usado fuera de su contexto: en la Contra Gentiles III, 161, Tomás habla de milagros en sentido general, no de una doctrina sistemática sobre la gracia final universal. Extrapolarlo a una teoría de la «seducción final» de Dios sobre todos los hombres —noción que aparece en la conclusión del artículo (p. 47)— es una aplicación excesiva que el texto no sostiene.

5. La conclusión del artículo del cardenal Fernández es más que problemática para con el Magisterio que él está encargado de custodiar

La conclusión del artículo afirma, como ya vimos: 

Confío firmemente en que todos se salvarán; confianza que no se basa en un deseo, ni en mi compasión por los hombres, sino en lo que sé de Dios y de sus planes concretos gracias a su Revelación (p. 49).

Esta afirmación, por su rotundidad, va más allá de lo que el Magisterio autoriza. Considérense los textos pertinentes:

El Concilio de Trento enseña: 

nadie, mientras vive en esta mortalidad, debe hasta tal punto presumir del oculto misterio de la divina predestinación, que asiente como cierto que se halla indudablemente en el número de los predestinados (Dz 805). 

Si esto vale para la propia salvación individual, con mayor razón vale para una afirmación sobre la salvación de todos.

El mismo concilio de Trento condena: «Si alguno dijere que el hombre renacido y justificado está obligado a creer de fe que ciertamente está en el número de los predestinados, sea anatema» (Dz 825). La «firmísima confianza» de Fernández sobre la salvación de todos tiene una estructura análoga a la posición que Trento rechaza: trasladar al dominio de la fe una certeza que pertenece al misterio insondable de la libertad divina.

El Catecismo de la Iglesia Católica, que el propio artículo cita, enseña: 

Dios no predestina a nadie a ir al infierno; para que esto suceda es necesaria una aversión voluntaria de Dios (un pecado mortal) y persistir en ella hasta el final (CEC, 1037). 

Este texto niega la predestinación positiva al infierno, no la posibilidad real de la condenación. El mismo Catecismo enseña, en el número 1035: 

Las afirmaciones de la Sagrada Escritura y las enseñanzas de la Iglesia sobre el infierno son un llamamiento a la responsabilidad con la que el hombre debe usar su libertad en relación a su destino eterno, 

y en el número 1861 habla del pecado mortal como aquello que 

entraña la pérdida de la caridad y la privación de la gracia santificante, es decir, del estado de gracia. Si no es rescatado por el arrepentimiento y el perdón de Dios, causa la exclusión del reino de Cristo y la muerte eterna del infierno.

Fernández cita el CEC 1037 pero silencia el CEC 1035 y 1861, lo que es una lectura selectiva del mismo documento que invoca como autoridad.

Es relevante también señalar que la Congregación para la Doctrina de la Fe, en la carta Spe Salvi commentaria (en relación con la encíclica de Benedicto XVI de 2007), así como el propio Benedicto XVI en Spe Salvi n. 45-47, distinguen cuidadosamente entre la esperanza de que todos se salven —que es lícita y aun recomendable— y la certeza o probabilidad firme de que todos se salvarán —que excede lo que la fe permite afirmar—. Fernández no hace esta distinción con suficiente nitidez. Hans Urs von Balthasar, en ¿Qué podemos esperar? (1986), elaboró precisamente esta distinción para evitar los excesos en ambas direcciones: ni afirmar que algunos se condenan con certeza, ni afirmar que es muy probable que nadie se condene. La posición de Fernández va más allá de la de Balthasar.

6. Confusión entre teología sistemática y espiritualidad

Este problema es visible en varios momentos del artículo, pero se hace especialmente patente en la sección final (pp. 45-49). Fernández pasa sin transición de afirmaciones dogmáticas —»es muy probable que todos se salven»— a consideraciones espirituales como: «las motivaciones fundamentales para agradar a Dios no son del orden del temor, sino que provienen en primer lugar del descubrimiento de un amor desbordante» (p. 45), o la cita final de la colecta del Adviento y la oración sobre las ofrendas de Cuaresma (p. 49).

Esta mezcla no es en sí misma ilegítima — la teología y la espiritualidad no son compartimentos estancos, lo hemos dicho muchas veces en este blog — pero en el contexto de un artículo que pretende hacer exégesis técnica y reconstrucción doctrinal, el recurso a la espiritualidad funciona como dispositivo retórico para dar aceptabilidad pastoral a conclusiones que no han sido suficientemente fundadas en el plano dogmático. Es significativo que el propio artículo reconozca implícitamente esta limitación cuando escribe: «Doy por supuesta la reflexión hecha hasta ahora sobre los datos positivos, que permiten a cada uno sacar sus propias conclusiones de acuerdo al punto de vista desde el cual enfoque el tema» (p. 45). Esta renuncia a la conclusión dogmática definitiva contrasta con la rotundidad de la afirmación final: «Confío firmemente en que todos se salvarán… en lo que sé de Dios y de sus planes concretos gracias a su Revelación» (p. 49).

7. El argumento de la misericordia como virtud máxima no es conclusivo

Fernández cita repetidamente Summa Theologiae II-IIae., 30, 4, donde Tomás afirma que la misericordia es la máxima virtud en Dios, para sugerir que en el plan divino la misericordia prevalecerá sobre la justicia en el destino final de los hombres. Esta es una de las columnas argumentales del artículo.

Pero el mismo texto de Tomás que se cita tiene un contexto preciso que el artículo ignora. En Summa Theologiae II-IIae., 30, 4, Tomás está respondiendo a la objeción de que la justicia parece más excelente que la misericordia. Su respuesta es que la misericordia es superior porque supera a la justicia añadiendo la gratuidad del don, pero esto no significa que la misericordia anule la justicia. En el artículo 3 del mismo lugar, Tomás afirma: «Dios actúa misericordiosamente no cuando obra contra su justicia, sino cuando hace algo por encima de lo que la justicia exige… por eso la misericordia no suprime la justicia sino que en cierto modo es la plenitud de la justicia.» Y en Summa Theologiae I, 21, 3 y 4, Tomás enseña que tanto la misericordia como la justicia se manifiestan en todas las obras de Dios, pero de modo diferente: en algunas obras predomina la misericordia, en otras la justicia.

La consecuencia que Fernández extrae — que la misericordia «vencerá» en el destino de todos los hombres — no está en Tomás. Lo que está en Tomás es que Dios actúa siempre justamente, y cuando su justicia podría exigir la condenación, su misericordia puede ir más allá; pero Tomás nunca afirma que su misericordia necesariamente vaya siempre más allá en todos los casos individuales. En Summa Theologiae I, 23, 3 y 5, Tomás es explícito: Dios reprueba a algunos, no por odio hacia ellos, sino en orden a la manifestación de su justicia, de modo análogo a como el artesano hace vasos de diferente uso. Fernández no cita estos artículos, que son centrales para la doctrina tomista de la reprobación.

Además, la afirmación de que Oseas 11, 8-9 —»porque es Dios, no hombre»— muestra que Dios no actúa «según los esquemas humanos» (p. 46) es exegéticamente correcta pero teológicamente insuficiente como argumento para la salvación universal. El texto de Oseas expresa la compasión de Dios sobre Israel en un contexto histórico concreto de amenaza de castigo, no una doctrina escatológica sobre el destino final de todos los individuos.

En síntesis, el artículo selecciona y reencuadra las fuentes — patrísticas, escolásticas y magisteriales — de modo que todas convergen hacia una conclusión previamente determinada, silenciando o minimizando los textos que apuntan en dirección contraria. La «lectura de conjunto» que Fernández reivindica para Romanos 9-11 no se aplica con igual rigor a las fuentes teológicas y dogmáticas que invoca. 

La cuestión no sería muy grave si el autor fuera un teólogo cualquiera que, en un momento de inicios de su carrera, publicó un articulo deficiente en un revista de cuarta categoría, y lo digo porque Teología, la revista de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina, no figura en los indizadores relevantes del ámbito científico y académico. El problema es que el autor es el prefecto del dicasterio de Doctrina de la Fe que se encarga, justamente, de custodiar y proteger la integridad de la fe católica, y no parece que se haya desdicho de lo afirmado en el artículo de marras. Literalmente, es poner al lobo a cuidar a las ovejas.

El Papa León, estoy seguro, no sacará del Vaticano al cardenal Fernández antes de que finalice su periodo. Es su estilo, y como tal lo respeto. Sin embargo, por el bien de las almas y de la Iglesia, debería limitarlo y acotarle todas y cada una de las funciones que le corresponden poniéndole, por ejemplo, una suerte de “comisario político”. ¿Lo hará? No estoy muy seguro. 

50 comentarios en “Una mente brillante: el cardenal Tucho Fernández (I)

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Andres…Profeso y abrazo íntegramente la verdad de la fe católica, tal como fue «recibida por los Apóstoles de labios del mismo Cristo, o transmitida como de mano en mano por los mismos Apóstoles bajo la inspiración del Espíritu Santo», y luego conservada fielmente y transmitida hasta nosotros en una sucesión ininterrumpida dentro de la Iglesia católica, a través de la predicación de los Papas y de los obispos, los escritos de los Padres de la Iglesia y de los teólogos, y las definiciones de los santos concilios.

    Recibo firmemente todas y cada una de las verdades que la Iglesia infalible ha propuesto como divinamente reveladas y necesarias para la salvación, ya sea por las definiciones de su Magisterio solemne, ya por la unanimidad de su Magisterio ordinario y universal. Recibo asimismo todo cuanto pertenece a la doctrina católica por razón de una conexión necesaria con el depósito revelado, y tengo por ciertas aquellas verdades que la Iglesia ha enseñado constantemente para custodiar dicho depósito contra los errores.

    Rechazo, por consiguiente, todos los errores contrarios a esta fe, especialmente los del liberalismo, el indiferentismo, el modernismo, el ecumenismo y el laicismo, condenados por los Papas Pío IX, León XIII, san Pío X, Pío XI y Pío XII. En efecto, estos errores oscurecen la doctrina revelada, adulteran la Tradición, desfiguran la sagrada liturgia, corrompen las costumbres, debilitan el espíritu misionero y socavan el orden social cristiano, con grave detrimento de la salvación de las almas.

    Profeso esta fe y rechazo todos los errores que le son contrarios, porque deseo permanecer fielmente sometido a la Santa Iglesia católica, apostólica y romana, Maestra de verdad, así como al Romano Pontífice, Vicario de Cristo, en adhesión a la Roma eterna, que ha recibido la misión de guardar santamente y exponer fielmente el depósito revelado hasta el fin de los siglos.

    Añado que, en la confusión presente, ya no basta con recordar algunas verdades aisladas. Se ha vuelto indispensable poner plenamente de manifiesto todo el conjunto de la doctrina católica, en su coherencia sobrenatural y en su luminosa armonía, sin omitir ningún dogma, sin disminuir verdad alguna y sin sustituir la fe recibida por un lenguaje equívoco o mutilado que, so pretexto de ecumenismo o de adaptación al mundo, desfigura esta doctrina con una audacia cada vez mayor.

    La misma caridad exige profesar esta doctrina con claridad, paciencia y fortaleza, para gloria de Dios, honor de la Iglesia y salvación de las almas.

    Esto es la fraternidad….PD: que haya algunos de estos curas cerca cuando te llegue la hora…

  2. Avatar de Álvaro Fernández Álvaro Fernández

    Una vez más, queda demostrado que -más allá de las buenas intenciones que pueda tener- el pobre Cardenal Fernández es incompetente para el cargo que ocupa.

    Me pregunto qué piensa Fernández del infierno. Para él, ¿existe o no existe? ¿Acaso no afirma su existencia el mismo Cristo en la Sagrada Escritura?

    Y si existe, ¿tiene sentido que esté vacío? ¿O sólo cumple la función de «Cuco» para asustar a los hombres y hacer que se porten bien?

    No sé si en alguno de sus artículos Don Tucho lo menciona. Pero sería interesante saber que piensa de este asunto.

    1. Avatar de alesolap alesolap

      Con todo respeto, permítame decirle que el archivo no deja mucho margen de duda respecto a la naturaleza de las intenciones que animan al Cardenal «Tucho» en el desempeño de sus funciones nada menos que como… ¡Prefecto del Santo Oficio! (You can’t make this stuff up!). Y esto, no sólo a causa de su manifiesta incompetencia para el cargo, sino, principalmente, en razón de su heterodoxia visceral. Podría brindar infinidad de ejemplos para demostrarlo, pero creo que con estos basta ampliamente:

      https://gloria.tv/post/6tx9HLuPetx9BsbjkSt2Hc9rR

      https://gloria.tv/post/N3VmAdMVGcoT4yJhVNnRk2egB

      https://gloria.tv/post/4DfejpEVjHjfDpWRzEBtWqFSQ

  3. Avatar de alesolap alesolap

    El fundamento de la “salvación universal” se halla en Gaudium et Spes 22:

    “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, en cierto modo, con todo hombre.”

    Esta noción ha sido ampliamente desarrollada por JPII, veamos algunas citas en donde aborda la cuestión:

    I. “Cristo Señor ha indicado estos caminos sobre todo cuando -como enseña el Concilio- mediante la encarnación el Hijo de Dios se ha unido en cierto modo a todo hombre. […] Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre –todo hombre sin excepción alguna– ha sido redimido por Cristo, porque con el hombre –cada hombre sin excepción alguna– se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello.”Redemptor Hominis n. 13/14.

    II. “[…] debemos […] manifestar al mundo nuestra unidad […] en la revelación de la dimensión divina y humana […] de la Redención, en la lucha con perseverancia incansable en favor de esta dignidad que todo hombre ha alcanzado,  […] que es la dignidad de la gracia de adopción divina.” Idem, n. 11.

    III. “Nace el Redentor del hombre. Con Él nace la humanidad nueva. Y con Él nace la Iglesia […] A la Iglesia, por su misión primordial, nacida con Cristo nacido, y recibida de Él con mandato solemne, incumbe defender la dignidad del hombre: de cada hombre -como he escrito en mi primera Encíclica-. Porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno se ha unido Cristo, para siempre, por medio de este misterio.” Discurso a la curia romana, 22-12-1979, n. 3.

    IV. “Cristo […] nos conoce con el conocimiento y con la ciencia más interior, con el mismo conocimiento con que Él, Hijo, conoce y abraza al Padre y, en el Padre, abraza la verdad infinita y el amor. Y, mediante la participación en esta verdad y en este amor, Él hace nuevamente de nosotros, en Sí mismo, los hijos de su Eterno Padre; obtiene, de una vez para siempre, la salvación del hombre: de cada uno de los hombres y de todos, de aquellos que nadie arrebatará de su mano… En efecto, ¿quién podría arrebatarlos?”  Homilía del 27-04-1980, n. 5.

    V. “[…] como el Concilio Vaticano II recuerda, [el hombre] es la única criatura que Dios ha querido por sí misma y sobre la cual tiene su proyecto, es decir, la participación en la salvación eterna. No se trata del hombre abstracto, sino del hombre real, concreto e histórico: se trata de cada hombre, porque a cada uno llega el misterio de la redención, y con cada uno se ha unido Cristo para siempre a través de este misterio.” Centesimus Annus n. 5.

    VI. “En el hecho de la Redención está la salvación de todos, porque cada uno ha sido comprendido en el misterio de la Redención y con cada uno Cristo se ha unido, para siempre, por medio de este misterio.” Redemptoris Missio n. 4.

    VII. “Este rayo de la noche de Navidad […] es la chispa de luz más profunda de la humanidad a quien Dios ha visitado, esta humanidad acogida de nuevo y asumida por Dios mismo […] La naturaleza humana asumida místicamente por el Hijo de Dios en cada uno de nosotros, que hemos sido adoptados en la nueva unión con el Padre. La irradiación de este misterio se expande lejos, muy lejos; alcanza también aquellas partes o esferas de la existencia de los hombres en las que todo pensamiento acerca de Dios […] parece estar ausente.” Audiencia general, 27-12-1978, n. 1.

    VIII. “La Eucaristía: el Sacramento de la Alianza del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, de la Alianza que es eterna. Esta es la Alianza que abarca a todos. Esta Sangre llega a todos y salva a todos.” Homilía, 06-06-1985, n. 7.

    Alejandro Sosa Laprida

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      ¿Es criticable ese numeral de Gaudium et spes? Pues el Card. Tomás de Vío, Cayetano, parece que no tendría problema alguno en admitirlo. En efecto, dice así en su Comentario a la Summa Theologiae, III, q. 1, a. 1, VII:

      «Hic procul dubio est summus modus quo summum bonum communicare se potest creaturae: non est enim intelligibilis maior modus quo possit communicari Deus creaturae.

      Hoc autem modo Deum communicasse se creaturae, et non solum creaturae tali, ex hoc quod incarnatus est, ex eo patet quod incarnatio est elevatio totius universi in divinam personam. Nam si pure spiritualis natura, ut est angelica, assumpta fuisset, creatura corporea elevata non fuisset. Et similiter, si caelestis natura fuisset assumpta, sensitiva vegetativaque creatura non fuisset huius elevationis particeps. Et similiter, si solam corpoream quamcumque naturam, aut vegetativam, aut sensitivam assumpsisset, intellectualis natura elevata non fuisset. Assumendo autem naturam humanam, quod significatur per incarnationem, totius universi natura elevata est ad divinam personam. Ita quod Deus vere creaturae absolute se summo modo communicavit, quia toti universo se summo modo communicavit, dum incarnatus est…».

      Augustinus

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Pero Cristo Jesús dice otra cosa muy distinta…

      Entre otras cosas, por ejemplo, cuenta la parábola de la cizaña que al explicarla (S. Mateo 4: 37), dijo:

      …»El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. 38 El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo. 39 El enemigo que la sembró es el diablo; la siega es el fin del siglo; y los segadores son los ángeles. 40 De manera que como se arranca la cizaña, y se quema en el fuego, así será en el fin de este siglo. 41 Enviará el Hijo del Hombre a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que sirven de tropiezo, y a los que hacen iniquidad, 42 y los echarán en el horno de fuego; allí será el lloro y el crujir de dientes. 43 Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos para oír, oiga».

      Referente a esos Papas buenistas, pero mal intencionados, habrá que recordarles que:

      «donde hay Patrón no manda marinero».

    3. Avatar de alesolap alesolap

      Añado seguidamente unas edificantes declaraciones de Francisco sobre la salvación universal:

      1. “El Señor a todos, a todos nos ha redimido con la sangre de Cristo: a todos, no solo a los católicos. ¡A todos! ‘‘Padre, ¿y los ateos?’’. A ellos también. ¡A todos! ¡Y esta sangre nos hace hijos de Dios de primera clase! ¡Hemos sido creados hijos a imagen de Dios y la sangre de Cristo nos ha redimido a todos!”[1] 

      2. “Dios es luz que ilumina las tinieblas y que aunque no las disuelva hay una chispa de esa luz divina dentro de nosotros. En la carta que le escribí recuerdo haberle dicho que aunque nuestra especie termine, no terminará la luz de Dios que en ese punto invadirá todas las almas y será todo en todos”.[2]                                         

      3. “El Paraíso, más que de un lugar, se trata de un estado del alma, en el cual nuestras expectativas más profundas serán cumplidas de manera superabundante y nuestro ser, como criaturas y como hijos de Dios, alcanzará la plena maduración. ¡Seremos finalmente revestidos de la alegría, de la paz y del amor de Dios en modo completo, sin más ningún límite, y estaremos cara a cara con Él! ¡Es bello pensar esto! Pensar en el cielo. Todos nosotros nos encontraremos allí. Todos, todos, allí, todos”.[3] 

      4. “En virtud de la comunión de los santos, de esta unión, cada miembro de la Iglesia está unido a mí de forma profunda (…) y esta unión es tan fuerte que no puede romperse ni siquiera por la muerte. (…) en Cristo nadie puede nunca separarnos verdaderamente de aquellos que amamos porque la unión es una unión existencial, una unión fuerte que está en nuestra misma naturaleza; (…) ‘Padre, pensemos en aquellos que han renegado de la fe, que son apóstatas, que son los perseguidores de la Iglesia, que han renegado su bautismo: ¿también estos están en casa?’. Sí, también estos, también los blasfemos, todos. Somos hermanos: esta es la comunión de los santos. La comunión de los santos mantiene unida la comunidad de los creyentes en la tierra y en el Cielo.”[4]

      5. “El don es el amor de Dios, un Dios que no puede separarse de nosotros. Esa es la impotencia de Dios. Nosotros decimos: ‘¡Dios es poderoso, lo puede todo!’ Menos una cosa: ¡separarse de nosotros! En el Evangelio esa imagen de Jesús que llora sobre Jerusalén, nos hace comprender algo de este amor. ¡Jesús ha llorado! Ha llorado sobre Jerusalén y en ese llanto está toda la impotencia de Dios: su incapacidad de no amar, de separarse de nosotros. […] El más malo, el más blasfemador es amado por Dios, con una ternura de padre, de papá. […]  Dios llora por los malvados, que hacen tantas cosas feas, tanto mal a la humanidad. Espera, no condena, llora. ¿Por qué? ¡Porque ama!”[5]

      6. Carlotta: – “¡Hola, Papa Francisco! Cuando recibimos el Bautismo nos convertimos en hijos de Dios, y quienes no están bautizados, ¿no son hijos de Dios?” – Papa Francisco: “Quédate ahí. ¿Cómo te llamas?” – Carlotta: “Carlotta.” Papa Francisco: “Carlotta. Dime, Carlotta, te vuelvo a preguntar: ¿qué piensas? ¿Las personas que no están bautizadas son hijos de Dios o no lo son? ¿Qué te dice tu corazón?” – Carlotta: “Sí.” – Papa Francisco: “Ella respondió bien, ¡tiene un instinto cristiano! Todos somos hijos de Dios. Todos, todos. ¿Incluso los no bautizados? Sí. ¿Incluso los que creen en otras religiones, distantes, que tienen ídolos? Sí, son hijos de Dios. (…) Todos, todos son hijos de Dios, todos.”[6]

      [1] Homilía en Santa Marta el 22 de mayo de 2013: http://www.news.va/es/news/hacer-el-bien-es-un-principio-que-nos-une-a-todos

      [2] Pasemos por alto la inimaginable herejía según la cual un día la especie humana acabará por extinguirse, como las otras, idea completamente delirante y en total contradicción con la revelación divina. Puede comprobarse que Francisco no recurre a circunloquios, sus dichos son de una claridad resplandeciente y no se necesita de una hermenéutica enrevesada para desentrañar su sentido: «hay una chispa de esa luz divina dentro de cada uno de nosotros» y un día esa luz «invadirá todas las almas y será todo en todos.» Se colige de esta doctrina gnóstica que la salvación tiene un alcance universal, que nadie se condena ni corre el riesgo de ir al infierno. Francisco, a falta de profesar la fe católica, es coherente con sus ideas, puesto que: ¿cómo podría concebirse la condenación eterna, la cual implica una separación irreversible con respecto a Dios y a los bienaventurados, en una lógica panteísta, en la que, por definición, nada puede sustraerse a la única substancia divina y de la cual toda dualidad se encuentra excluida (creador-creatura, gracia-naturaleza, cielo-infierno, etc.)? – Entrevista con Eugenio Scalfari el 24 de septiembre de 2013,  publicado el 1 de octubre en La Repubblica Cf. p. 10:

      https://www.aciprensa.com/entrevistapapalarepubblica.pdf

      La traducción oficial castellana, defectuosa, fue modificada en base al texto original italiano: “Osservo dal canto mio che Dio è luce che illumina le tenebre anche se non le dissolve e una scintilla di quella luce divina è dentro ciascuno di noi. Nella lettera che le scrissi ricordo d’averle detto che anche la nostra specie finirà ma non finirà la luce di Dio che a quel punto invaderà tutte le anime e tutto sarà in tutti.”

      http://www.repubblica.it/cultura/2013/10/01/news/papa_francesco_a_scalfari_cos_cambier_la_chiesa-67630792/

      http://www.repubblica.it/cultura/2013/10/01/news/papa_francesco_a_scalfari_cos_cambier_la_chiesa-67630792/

      [3] Audiencia general del 26 de noviembre de 2014:

      http://es.radiovaticana.va/news/2014/11/26/el_para%C3%ADso_no_es_un_lugar_sino_un_%E2%80%9Cestado%E2%80%9D,_dijo_el_papa/1112461

      [4] Audiencia general, 02/02/2022: https://www.vatican.va/content/francesco/es/audiences/2022/documents/20220202-udienza-generale.html

      [5] L’Osservatore Romano en lengua española número 45, viernes 6 de noviembre de 2015. Resumen del sermón:http://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2015/documents/papa-francesco-cotidie_20151029_gallina-polluelos.html

      [6] https://www.vatican.va/content/francesco/it/homilies/2018/documents/papa-francesco_20180415_omelia-visitapastorale-sanpaolodellacroce.html#Encuentro_con_los_niños

    4. Avatar de Desconocido Anónimo

      Ya, pero qué significa exactamente “El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido, EN CIERTO MODO, con todo hombre.” Me surgen preguntas, esa unión es indisoluble o se rompe con el pecado? Esa unión requiere una aceptación por el hombre? Cual es el grado de eficacia de esa unión? Es suficiente por si misma para salvar al hombre independientemente de cualquier otra consideración? En cierto modo es lo mismo que en modo cierto? Si esa unión es para siempre, significa que alguien en el infierno sigue unido al Hijo? Yo pensaba que la condición de salvación era que el que crea y se bautice se salvará, pero el que no crea se condenará Mt 16:16. Diría que con ideas de hombres me quieren cambiar la ley de Dios…

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Que el infierno existe y está lleno es algo incuestionable. Está revelado que hay un número inmenso de criaturas angélicas que rechazaron la gracia y se condenaron. Afirmar que no hay, en cambio, criatura humana que pueda condenarse, es dejar por mentiroso a Jesucristo, que habla con toda claridad sobre el Juicio Final. La cuestión no es por tanto si hay o no hay infierno, ni si está o no está vacío. La cuestión es cómo explicar la libertad y la «predestinación».

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      No hay nada que explicar, porque estamos hablando desde la experiencia de los hombres; pero Dios juega en otra división. Es como si quisiéramos entender a Dios desde la realidad tridimensional, cuando él, precisamente porque es Dios, está al mismo tiempo en una realidad multidimensional y en ninguna.

      El problema entre «libertad» y «predestinación», yo, que no sé nada de teología, lo veo así:

      Cualquier persona es libre de elegir el bien, y salvarse; y de elegir el mal y condenarse.

      Ahora bien, Dios «sabe» desde el principio del mundo quién se salva y quién se condena (porque Él es omnisciente)

      ¿Eso significa que hay predestinación?

      No; eso significa que «Alguien» tiene omnisciencia; eso es todo.

      El resto de su creación lo sabrá el día del Juicio.

      (de hecho, en la experiencia humana, lo que no se sabe es como si no existiese)

      La distinción es importante porque alguien puede creer que está condenado (predestinado) o salvado (predestinado) y no hacer o dejar de hacer lo que Dios ordena y la Santa Iglesia Romana enseña para salvarse.

      Además, aunque hubiera predestinación, el cumplimiento de lo que Dios ordena es beneficioso en si para el hombre (aunque finalmente se condene) y la sociedad en que viva.

  5. Avatar de Desconocido Messerschmidt

    En realidad la tríada formada por la predestinación, la gracia y el libre albedrío presenta problemas insolubles para la razón humana. El concepto mismo de predestinación plantea algunas dificultades, pues implica una sucesión temporal, un antes y un después. Ahora bien, Dios existe fuera del tiempo, para Él no hay prefijos como pre-, post- o simul-, Su eternidad los cancela. Nosotros vivimos en el tiempo, que como demostró San Agustín en el libro XI de las Confesiones no es absoluto ni uniforme, pero Dios está por encima de esa dimensión. Si los Padres de la Iglesia y en especial San Agustín prestaron tanta atención a estas materias fue por amarga necesidad, forzados por las interpretaciones aberrantes que surgían a su alrededor y daban lugar a doctrinas heréticas. En la escolástica medieval el deslumbrante redescubrimiento del aristotelismo, combinado con el deseo de enlazar con las doctrinas patrísticas llevó a ocuparse otra vez de lo mismo. Los cismas protestantes reavivaron el interés por el tema. Sin embargo, la disputa de auxiliis demostró la imposibilidad de seguir adelante y de llegar a certezas totales y acabó en un callejón sin salida plagado de discusiones estériles. Lo único que nos queda, creo, es postrarnos ante el misterio y reconocer nuestros límites. A este respecto recuerdo la famosa leyenda apócrifa sobre San Agustín, referida a la Trinidad, pero que también podría aplicarse a la predestinación, la gracia y el libre albedrío:

    «Fertur de eo, quod cum librum de Trinitate compilare cogitasset, transiens juxta litus, vidit puerum, qui foveam parvam in litore fecerat, et cochlea aquam de mari haustam in foveam mittebat. Et cum Augustinus puerum interrogasset, quid faceret: respondit puer, quod mare disposuerat cochlea exsiccare, et in foveam illam mittere. Cumque hoc Augustinus impossibile esse diceret, et simplicitatem pueri rideret: puer ille ei dixit quod possibilius sibi esset hoc perficere, quam Augustino minimam partem mysteriorum Trinitatis in libro suo explicare, assimilans foveam codici, mare Trinitati, cochleam intellectui Augustini: quo dicto puer disparuit. Augustinus autem ex hoc se humiliavit, et librum de Trinitate, oratione præmissa, utcumque potuit, compilavit.»

    Hace poco tuvimos aquí una discusión sobre el katejon, en la que también surgieron especulaciones, a mi juicio improcedentes (pero por supuesto puedo equivocarme) sobre conceptos para nosotros inalcanzables. Respecto al cardenal Fernández, da la impresión de que este hombre tiene una especial habilidad para meterse en berenjenales teológicos de los que después no parece saber salir, como cuando, con razón pero sin necesidad, abordó el asunto de la “corredentora”. Eso de que su convicción “no se basa en un deseo, ni en mi compasión por los hombres, sino en lo que sé de Dios y en sus planes concretos gracias a su Revelación” no deja de ser una ingenuidad. Hay que decir que no es el único ni el primer teólogo que hace afirmaciones digamos “audaces”, apoyándose en una lectura voluntarista e imaginativa de las Escrituras. No cabe duda de que Dios nos ha revelado unas cuantas cosas, pero sólo las imprescindibles, y no siempre de modo explícito e inequívoco (¿para qué querríamos teólogos si así fuera?). Y esto es algo que jamás deberíamos olvidar.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Sensato comentario, Messerschmidt.

      Hace años me impactó un texto que ya no está en línea, por lo que sé. En él un profesor de filosofía especializado en lógica, cercano a posiciones conservadoras/nacionalistas pero esceptico en religión, decía sobre el tema:

      «El Cisma Posible dentro de la Contrarreforma
      La metafísica judeocristiana afirma una triple operación de Dios ad extra, fuera de sí: Dios crea el mundo de la nada (creatio), lo conserva continuamente en el ser (conservatio) y además concurre causalmente con la acción de la creatura (concursus). Desde esta perspectiva no sólo todo efecto E tiene una causa C: también la causación de C sobre E deberá ser un efecto de una causa de orden superior. Para que el fuego queme, debe estar también actuando Dios sobre el fuego; y supuesto que Dios concurra con la causación, el efecto no puede frustrarse. 

      Tal noción de causalidad, aunque apta para algunas finalidades teológicas, ( 2 ) complica otras, se vuelve enigmática en el ámbito filosófico e induce en la modernidad a sistemas de causalidad debilitada o apariencial, como en Malebranche y Leibniz. 

      La polémica de los siglos XVI-XVII entre dominicos y jesuitas se centra en la interpretación filosófica del concurso y su consecuencias para la cuestión teológica de auxiliis, sobre la predestinación del hombre por la gracia divina. Son los dominicos encabezados por Domingo Bañez, no los jesuitas, quienes están defendiendo una estricta forma de predeterminación (concurso previo con “praemotio physica”, o sea empujón de fuerza ajena y superior), en cercanía de los luteranos. Son los jesuitas, principalmente Ludovico de Molina y secundariamente Francisco Suárez, quienes defienden un concurso simultáneo, negando que todo lo que se mueve se mueva por otro y dejando un espacio a la autodeterminación, a la causalidad libre – por lo que los dominicos los acusan de pelagianos. ( 3 ) La vigencia de esa problemática en toda la sociedad de la época se comprueba hasta en obras teatrales como El Condenado por Desconfiado de Tirso de Molina. A principios del s. XVII la Iglesia se encuentra al borde de un nuevo cisma – en 1611 el Papa Paulo V opta por prohibir la discusión. El úcase papal significa la partida de defunción de la teología escolástica, la síntesis de Aristóteles y Agustín desembocaba en el absurdo. «

      Después transcribe una cita de la Summa («S. Th. I, q. 23, a. 5, ad 3. Probablemente se trata de la réplica más extensa de la Summa, lo cual da un indicio de la importancia asignada a la objeción», dice) y comenta:

      «Tomás de Aquino enseña aquí que Dios predestina a un hombre y reprueba a otro, sólo por manifestar su misericordia en el uno y su justicia en el otro, sin que haya razón alguna para ello más que su puro y simple arbitrio — justo como una “fuerza ajena y superior” al hombre (…). Bueno, puede resultar incómodo, pero así es la teología católica, al menos de Agustín a Tomás. La metáfora que Tomás elige no puede subrayar más drásticamente la total pasividad del sujeto humano: éste es como uno de los ladrillos, Dios como el albañil, que puede decidir colocarlo en esta o en aquella parte de la pared, según le venga en gana. El hombre es un mero instrumento en manos de Dios. (…)».

      Armando E. Scaramuzzas

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Lea el libro citado de Garrigou-Lagrange y verá algún error en su comentario.

      Apócrifa, sí, y no parece que sea conforme con la mente del autor de De Trinitate.

      Fides quaerens intellectum…: la labor teológica no es motivada únicamente por la impugnación del error.

      1. Avatar de Desconocido Messerschmidt

        Muchas gracias por la recomendación. En ningún momento he pretendido que la la labor teológica estuviera motivada únicamente por la impugnación del error, precisamente expresé que las dificultades que presenta la Revelación justifican el que haya teólogos. Que la leyenda sea apócrifa y que tal vez no refleje el pensamiento del santo me parece algo secundario. Lo que importa es la reflexión que expresa. No creo que sea perjudicial reconocer la propia impotencia ante la grandeza insondable de ciertas cuestiones. Muy peligroso en cambio sería dejarse llevar por una excesiva confianza en el propio entendimiento y acabar cayendo en una soberbia intelectual luciferina. Un cordial saludo

        Messerschmidt

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    El tema de la Predestinación a la Teología es como el tema de la Causalidad a la Física. Hay que cavar muy profundo en la naturaleza de la realidad y el tiempo para saber qué es lo que está pasando en el universo. Si las mejores mentes se debaten entre mil teorías, qué hace tucho tratando de decir algo en este campo? pues eso, el ridículo.

    Jorge

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    Que quiere que le diga, don Wander. De momento Fernández haga una ponencia en la próxima asamblea de cardenales. A mí eso no me parece relevarlo al ostracismo sino todo lo contrario…

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Aqui esta la duda de Wanderer en la oracion final del artuiculo.

      De aqui tambien que no entiendo eso de respetar «su estilo», como si fuera el jefe de una pyme o de una ONG. Hay situaciones que exceden lo político o lo institucional, como les gusta decir. Es el jefe de la Iglesia Catolica. Y el personaje en cuestion no está en un puesto menor, si no en uno de la mayor importancia.

      Es poco creible que el papa no conoza sus antecedentes y lo tolere hasta que cumpla el tiempo de su cargo. Son patrañas.

      Esta a las claras que Leon lo confirma en su cargo. Es más, no se lo ha limitado en absolutamente nada, al contrario.

      Perdón por olvidar comentar sobre el grueso del artículo, que es muy bueno, pero es inevitable.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    Una egregia obra sobre el tema: La predestinación de los santos y la gracia, de Réginald Garrigou-Lagrange.

    Llama la atención cómo se deja de lado olímpicamente la consideración de los ángeles al pretender que el infierno está vacío, como si no constara con certeza que hay un buen número de ellos ya condenados.

    Augustinus

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Pues León XIV acaba de dar una nueva muestra de confianza en Tucho Fernández. Le ha encargado que introduzca uno de los cuatro grandes debates en el próximo consistorio cardenalicio, «la cultura del poder y la civilización del amor». Por cierto, los cuatro cardenales encargados fueron creados por Francisco y pertenecen al ala progre del colegio cardenalicio.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Negar la existencia del infierno (o lo que es lo mismo, afirmar que «está vacío») es contradecir abiertamente a las Sagradas Escrituras, por ejemplo cuando se menciona lo de separar la paja del trigo, la muerte segunda en el lago de fuego y azufre, la necesidad de la expiación de los pecados, las abominaciones de condenación eterna o la Salvación solo por medio de nuestro Señor Jesucristo. Si el infierno está vacío, entonces ¿Que importa pecar? ¿Para qué cumplir los 10 mandamientos? ¿Y para qué es necesario alcanzar la Salvación de nuestro Señor, si todos somos salvos sin importar qué hagamos?.

      Este es el nivel de nuestro Prefecto. Ni siquiera es una cuestión de profunda hermenéutica o de teología avanzada o de poseer la sabiduría de Salomón: alcanza con un buen catecismo y con leer la Biblia, que es nuestra principal fuente de revelación divina, y de tener temor a Dios, que es el principal proverbio. El demonio, que es astuto engañador, nos hace creer que el infierno y la condenación eterna no existen, para perdición eterna de nuestras Almas.

      La supuesta visión (o revelación según el) de Tucho sobre este tema, no solo es herética, sino que es muy peligrosa y encima lo predica desde un cargo de profunda importancia doctrinal dentro de la Iglesia. Con esta lógica se entienden todas las abominaciones que sufrimos a diario en la Iglesia. «Ciegos, guías de ciegos», «Pastores hipócritas, porque cierran el Reino de los Cielos a los hombres; ni ellos entran ni dejan entrar a los que lo intentan» diría el Señor.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Hay dos posiciones que pueden describirse con la afirmación «el infierno está vacío»: el universalismo y el aniquilacionismo.

        En el universalismo todas las almas son al final salvadas.

        En el aniquilacionismo los condenados van al infierno pero allí no sufren un tormento eterno sino que son aniquilados, o sea dejan de existir al cabo de un tiempo finito. O sea el fuego del infierno sí es eterno pero el tiempo durante el cual un alma que ha sido arrojada a ese fuego continúa existiendo no lo es. En este caso la afirmación de que «el infierno está vacío» describe el estado final de cosas, cuando las almas de los condenados ya han dejado de existir.

        Recuerdo haber leido que Scalfari había entendido a partir de sus conversaciones con Francisco que éste sostenía el aniquilacionismo, no el universalismo.

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    «Tienen coronita», se decía cuando éramos chicos.

    En efecto, el clero, el alto clero al igual que casi todo párroco al que nos podamos cruzar, puede sostener cualquier barbaridad sin que ninguna autoridad los condene formalmente y, por ello, no son más que herejes materiales.

    Sólo porque tienen coronita, no son herejes formales.

    Así pasa con casi todos, pues el modernismo es herejía y materialmente es difícil encontrar uno que no haya caído en sus garras, sin embargo…

    Pero claro, si son juez y parte …

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Mas allá de aquella “herejía onírica” Cuando se le preguntó cómo imagina el infierno y si realmente cree que Dios perdona a todos los que se lo piden, JMB respondió: “Esto no es un dogma, es sólo mi pensamiento: me gusta pensar que el infierno está vacío”. Espero que lo sea.”, tal vez ello me explica “la fuente” del mismo

      Alberto Caturelli, en “La Iglesia católica y las catacumbas” -El Dios de Robinson -que es el Dios de Bonhoeffer y de Freud- nos hace saber que podemos vivir sin Dios al menos sin la hipótesis de Dios (HD, 72). De este modo es possible concluir que nada es verdad si lo dicho se funda en aquel “Dios” en quien nos hicieron creer en nuestra infancia; “la verdad es que toda esta manera de pensar es errónea, y que si un Ser así existiera, no sería sino el mismo Diablo-

      Para el eminente teólogo (Schilleebeckx hay una asimetría entre las nociones de cielo e infierno. En verdad sólo existe el cielo; si hipotéticamente “existieran hombres malvados, en el sentido de definitivamente malvados, su muerte física sería el final de su existencia (¿!). Existe sólo el cielo”. Para Schilleebeckx “no puede existir un infierno que sea el reverso de la alegría eterna del reino de Dios”; aun admitiendo que haya hombres que opten por el mal, “el infierno no existe” (p. 101). En cuanto al purgatorio, es sólo el instante de purificación o catarsis del primer encuentro con Dios (p. 103). Estas afirmaciones reñidas totalmente con la ortodoxia católica suponen una tesis sobre el pecado original. Para el eminente teólogo el pecado preexiste a nuestra voluntad y el Adán genesíaco “no es una persona histórica: es la humanidad entera” (p. 106). Pero… claro… “las nuevas teorías sobre el pecado original fueron condenadas por Roma. Ahora se prefiere callar”

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Pienso exactamente lo mismo, estimado Anónimo. No creo que haya ninguna herramienta eficaz (humanamente hablando) que tengamos los fieles para frenar el estropicio doctrinal, moral y litúrgico que cotidianamente contemplamos por parte de cardenales, obispos y sacerdotes. Recitarle el CIC al sacerdote, escribirle al obispo, apelar a Roma… quis custodiet ipsos custodes?

      Todo abuso progre es perdonado, cuando no directamente festejado por «espontáneo y auténtico». Todo indicio de fidelidad a la tradición es perseguido por elitista, rigorista o incluso separatista.

      La obediencia se dificulta mucho si a cada rato te están mojando la oreja impunemente.

      En fin, ven Señor y no tardes.

      El Profesor de Worms.

  10. Avatar de Augusto del Río Augusto del Río

    El delicado prefecto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe repite estos errores, omisiones y ambigüedades en su libro «síntesis» La gracia y la vida entera – dimensiones de la amistad con Dios, Herder, Barcelona, 2003.

  11. Excelente artículo! El Tucho lo leyó pero no lo entendió. Debe estudiar aun mucha Teologia para ello. Y además, creo que no tiene capacidad para interpretar textos, solo selecciona los que pueden confirmar sus delirios. No cursó Hermeneutica, definitivamente.

    Pero esta encantado con la ilustración. Ya hizo una gigantografia para su living, en su «casita en los jardines vaticanos».

  12. Avatar de Desconocido Anónimo

    Wanderer, muchas gracias por tomarse el trabajo de escribir un artículo de tan buen nivel. Antes de pasar a comentar el tema en sí, noto que el interés del Prefecto sobre este tema da pie a inferir que es muy probable que el comentarista «Dicasterio.» (con el punto final) en el hilo de discusión bajo un artículo de Daniel Iglesias en febrero en su blog en Infocatolica [1] haya sido el Prefecto mismo.

    Pasando al tema en sí, es importante dejar claro que la posición molinista entendida en sentido amplio, esto es incluyendo la tesis de William Most en la que la reprobacion es post praevisa DEmerita y la elección es a todos los no reprobados, no afirma ni sugiere el universalismo.

    Aclarado esto, quiero compartir mi alegría como «mostiano» cuando, al leer el texto completo de Dz 322, noté que que el concilio de Valence afirmó explícitamente la posición de Most, en el texto resaltado en la cita siguiente [2]:

    628 Dz 322 Can 3. Mas también sobre la predestinación de Dios plugo y fielmente place, según la autoridad apostólica que dice: ¿Es que no tiene poder el alfarero del barro para hacer de la misma masa un vaso para honor y otro para ignominia? (Rm 9,21), pasaje en que añade inmediatamente: Y si queriendo Dios manifestar su ira y dar a conocer su poder soportó con mucha paciencia los vasos de ira adaptados o preparados para la ruina, para manifestar las riquezas de su gracia sobre los vasos de misericordia que preparó para la gloria (Rm 9,22 s): confiadamente confesamos la predestinación de los elegidos para la vida, y la predestinación de los impíos para la muerte; sin embargo, en la elección de los que han de salvarse, la misericordia de Dios precede al buen merecimiento; en la condenación, empero, de los que han de perecer, el merecimiento malo precede al justo juicio de Dios. «Mas por la predestinación, Dios sólo estableció lo que El mismo había de hacer o por gratuita misericordia o por justo juicio» (3), según la Escritura que dice: El que hizo cuanto había de ser (Is 45,11; LXX); en los malos, empero, supo de antemano su malicia, porque de ellos viene, pero no la predestinó, porque no viene de El.

    629 La pena que sigue al mal merecimiento, como Dios que todo lo prevé, ésa sí la supo y predestinó, porque justo es Aquel en quien, como dice San Agustín (4), tan fija está la sentencia sobre todas las cosas, como cierta su presciencia. Aquí viene bien ciertamente el dicho del sabio: Preparados están para los petulantes los juicios y los martillos que golpean a los cuerpos de los necios (Pr 19,29). Sobre esta inmovilidad de la presciencia de la predestinación de Dios, por la que en El lo futuro ya es un hecho, también se entiende bien lo que se dice en el Eclesiastés: Conocí que todas las obras que hizo Dios perseveran para siempre. No podemos añadir ni quitar a lo que hizo Dios para ser temido (Qo 3,14). Pero que hayan sido algunos predestinados al mal por el poder divino, es decir, como si no pudieran ser otra cosa, no sólo no lo creemos, sino que si hay algunos que quieran creer tamaño mal, contra ellos, como el Sínodo de Orange, decimos anatema con toda detestación [v. 200].

    [1] https://www.infocatolica.com/blog/razones.php/2602010110-predestinacion-del-padre-will

    [2] https://www.clerus.org/bibliaclerusonline/es/ffg.htm#bg3

  13. Avatar de Desconocido Anónimo

    Semejante artículo para hablar de alguien como Tucho es como usar un cañón para dispararle a un mosquito. Cualquier cristiano con una pizca de corazón, espiritualidad y entendimiento ya siente por sí mismo la clase de pecador que es este hombre, sin necesidad de tanto argumento. Por supuesto: merece piedad y misericordia como todo ser humano, pero no el ocupar semejante cargo en este Dicasterio, y menos por amiguismo y complicidad política con el anterior Papa. Entiendo que estos documentos -fundados desde la lógica y la razón de la Doctrina- son necesarios para alcanzar esos fríos corazones de los «doctores de la Ley» de nuestros tiempos, que todo lo justifican para su propia conveniencia. Bendiciones en Cristo.

  14. Avatar de Claudio Claudio

    Se propone una paradoja. Es lógico que no mande a Tucho a la casa. Éstas son las típicas bombas tiempo que dejó Francisco.
    Y parece lógico que no haga cambios drásticos a lo que Francisco dejó encaminado.
    Pero… sigue la política de Francisco al dejarlo a Tucho, a concederle una audiencia privada a sor Lucía Caram, en no recibir a Viganò y otras yerbas. Pero no pareció seguirlo en su juicio sobre la FSSPX.

    La propuesta es lógica. Que siga Tucho, pero limitado. Un poco como estuvo Ottaviani con Pablo VI. Pero eso exige dos circunstancias:
    1. Ottaviani era una persona de bien y no iba a enfrentar al Santo Padre.
    2. Pablo VI estaba interesado y rodeado de gente interesada en el rumbo que quería darle a la Iglesia.
    Esperemos que le ponga interés en limitar a Tucho.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Realmente es contradictorio que Tucho piense en excomulgar, siendo alguien que cree que el infierno está vacío. Sería como gastar pólvora en chimangos. Pero tan contradictorio, como decir que la fsspx inventó un estado de necesidad caprichoso, cuando la Doctrina de fe está en manos de este personaje pornoteólogo.

        Brazuquita

      2. Avatar de Claudio Claudio

        Me parece que sí tiene lógica una excomunión para Tucho, porque él cree solamente en pertenecer a la comunidad en esta tierra. Es más, no importa si la comunidad está unida en Cristo o en lo que sea, pero pertenecer a ella es lo que cuenta.

      3. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        No tiene ninguna importancia el valor que tengan las excomuniones para Tucho, porque él no es la Iglesia.

        A ver si maduramos un poco y dejamos de pataletas infantiles.

        Las excomuniones son algo terrible que debería hacer temblar a los amenazados por ellas. De hecho, despreciarlas como hacen algunos (que no nombro para que no me salgan de nuevo conque las obsesiones) es una actitud condenada por la Iglesia… ah, pero esa parte de la Tradición no la cuentan, ¿eh?

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Pues León XIV acaba de dar una nueva muestra de confianza en Tucho Fernández. Le ha encargado que introduzca uno de los cuatro grandes debates en el próximo consistorio cardenalicio, «la cultura del poder y la civilización del amor». Por cierto, los cuatro cardenales encargados fueron creados por Francisco y pertenecen al ala progre del colegio cardenalicio.

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