Una mente brillante: el cardenal Tucho Fernández (II)

por Carlos Daniel Lasa*

  1. Introducción

El 12 de mayo de 2026, en la Pontificia Universidad Urbaniana, el actual Prefecto del Dicasterio de Doctrina de la Fe ofreció una conferencia de apertura titulada “Piedras miliares de la teología contextual hoy”.

En dicha ocasión, el cardenal Fernández se ocupó, entre otras cosas, de criticar la posición que su antecesor Joseph Ratzinger expresó en su “Notificación sobre las obras de Jon Sobrino S.J.”. A su entender, es equivocada la afirmación del cardenal Ratzinger cuando afirma que la fe de la Iglesia es el único lugar teológico. Recuerda Fernández que, apenas publicado ese documento, él mismo se ocupó de criticarlo señalando dicho error, el cual estaría excluyendo otros puntos de partida en la reflexión teológica. Sin embargo, expresa el mismo Fernández, dichos puntos de partida no serían alternativos a la revelación divina sino solo complementarios, si bien no dejan de interpelar “desde el inicio” toda reflexión.

No obstante, a medida que avanza la disertación en la Urbaniana, su posición cambia radicalmente. En efecto, de lugar complementario, la vida del pueblo de Dios pasa a ser un lugar teológico alternativo a la revelación divina contenida en la Tradición y en la Sagrada Escritura. El mismo cardenal Fernández lo expresa sin ambages: 

A veces hace falta un loco, perdidamente enamorado de su tierra y de su gente, capaz de separar el Evangelio de algunas cáscaras culturales que se le han ido pegando y que no son parte esencial de su mensaje, y de releerlo a la luz de lo que vive hoy su pueblo. Entonces llega a provocar lo que llamaríamos no solo un ‘acontecimiento espiritual’, sino también un ‘acontecimiento cultural y lingüístico’ que permita al pueblo sentirse plenamente expresado en la propuesta del Evangelio.

Pero da el paso decisivo cuando, citando al Papa Francisco, afirma que, en realidad, la vida del pueblo de Dios es el único lugar teológico.

Ahora bien, hacer teología de este modo, ¿sería lo específico de la teología latinoamericana y no de otras teologías a las que hace referencia el Prelado, como son, por ejemplo, la romana o la nordeuropea? ¿O, más bien, sería lo propio de toda teología en tanto la teología debiera ser la expresión de la vida del Pueblo de Dios?

La respuesta no puede ser más que esta: el punto de partida asumido por la teología latinoamericana es el camino propio de toda teología en tanto teología: toda teología debe ser la expresión de la vivencia que el Pueblo de Dios tiene de la divinidad, de la muerte, del sentido de la vida, etc.

En realidad, desde esta perspectiva, toda teología debe ser expresión de un contexto, de la situación cambiante y dinámica de un pueblo, cuya vivencia primaria de lo real se expresa de una manera diversa a la de otros pueblos. Así, entonces, el contenido de la teología es esencialmente variable. Expresa el mismo prefecto: 

Es en definitiva el Evangelio que, escrito en una cultura de la antigüedad, ahora adquiere otra ‘carne’ en ritos populares, imágenes veneradas, aforismos y costumbres, reflexiones, formas de vivir la fe, en músicas.

Nos preguntamos, pues, ¿cómo llegó el cardenal prefecto a afirmar tamaña tesis?, ¿qué filosofía se esconde detrás de esta nueva forma de hacer “teología?

2. La filosofía que anima la nueva “teología” contextual

Esta “teología” que propone el cardenal Fernández, evidentemente, está rechazando una forma de hacer teología que, aparentemente, resulta abstracta, universal, que desconoce la peculiaridad de la vida de los pueblos. Tanto para el cardenal como para el modernismo católico, resulta imprescindible abandonar de modo definitivo una filosofía del ser, que piensa que hay constantes en la trama intrínseca de lo real. Su propuesta es abrazar una filosofía de carácter esencialmente dinámico. Solo de esta manera, la “fe católica” será capaz de enarbolar, sostener y defender un pensamiento que le tiene alergia a toda permanencia, a toda universalidad, a toda realidad que posea núcleos invariables.

Para alcanzar este objetivo nada mejor que asumir una filosofía hermenéutica que navega por las inestables aguas del devenir histórico. Para esta filosofía, el acto primero del alma humana no es ver (teoría), no es conocer la esencia del ente corpóreo (lo universal). En el principio de todo se encuentra una vivencia, una situación en la que el hombre está inmerso. De allí que una auténtica “teología contextual” deba ser capaz de interpretar (no de conocer) las multifacéticas maneras en la que se expresa toda vivencia originaria.

Esta filosofía propone, contrariamente a la visión metafísica, no la existencia de un orden absolutamente objetivo (al que libertad humana debería adecuarse), sino un nuevo criterio de universalidad cuyo punto de partida se sitúa en la experiencia de los distintos pueblos. Este nuevo locus theologicus debe abandonar la universalidad del saber (considerada demasiado “impersonal”) y debe desechar los principios necesarios. En su lugar, podrá abrazar una universalidad auténtica como resultado de una coincidencia histórica que proviene del encuentro entre los pueblos y de un lenguaje común a las naciones. Se trata de un proceso originado en la facticidad histórica y que converge, de modo simultáneo, tanto hacia la identidad de cada pueblo como a la universalidad consensuada.

Esta universalidad, como podemos advertir, es una universalidad que se hace, en construcción, dinámica, cuyos contenidos nunca pueden ser inamovibles. El vivir tiene una marcada prioridad sobre el pensar y es la fuente de la que debe nutrirse éste: el pensar tiene como tarea fundamental interpretar lo vivido. Se debe evitar partir de un orden eterno de las cosas, o de los datos revelados por Dios. 

3. La “teología contextual”

El cardenal Fernández aboga por hacer teología desde los presupuestos referidos precedentemente, pues exige poner la “oreja” en la vivencia de un pueblo. Desde allí, se podrá leer e interpretar el contenido “sapiencial” a partir del cual significar a Dios, al hombre y al mundo. Precisamente, desde este contenido debe ser leído el Evangelio. En realidad, el contenido del Evangelio es también el producto de un contenido sapiencial más, formulado por la interpretación de la vivencia del Pueblo de Dios en los tiempos de Jesús.

Siguiendo las expresiones del mismo cardenal que custodia la recta doctrina católica, el contenido del Evangelio estaría en consonancia con la “carne” que asumió ese momento. Pero es una carne que en nuestro tiempo exige una profunda interpretación que la ponga en sintonía con la vivencia del actual Pueblo de Dios.

Una teología que pretenda formular un intellectus fidei desde una metafísica del ser es una teología descarnada, abstracta, situada al margen de la historia. Como diría el Papa Francisco, no se trata de importar “desde fuera una racionalidad ajena a la gente” (Evangelii gaudium, 232). El pueblo solo entiende aquello que vive, no un contenido revelado que le es completamente ajeno en tanto expresión de la vivencia de otro pueblo (el pueblo judío, por ejemplo). Un contenido que es distante en el tiempo y en el modo de comportarse con la divinidad, con los demás hombres y con el mundo. Si queremos una verdadera inculturación, la Iglesia debe presentar un mensaje que sea la expresión misma de la experiencia de cada pueblo. Solo así el pueblo se identificará con la fe católica cuyo contenido llegará a ser totalmente uno con el contenido de su propia práctica.

Uno de los más destacados cultores de esta pseudoteología del pueblo, el P. Juan Carlos Scannone, se hace una pregunta (a nuestro juicio, retórica), la cual pone de manifiesto su honestidad intelectual. Scannone señala que el pensamiento latinoamericano no ha dado respuesta a un interrogante capital, el que consiste en preguntarse acerca de la posibilidad de poder conciliar el decir (que tiene como horizonte el estar), por un lado, con la comprensión cristiana de la trascendencia de Dios, la creación, la historia de la salvación y la universalidad del pueblo de Dios en medio de los pueblos, por el otro. [Nuevo punto de partida en la filosofía latinoamericana, Guadalupe, Buenos Aires 1990, 36. Ver, además, Carlos Daniel Lasa. “Teología del pueblo”: ¿teología o ideología? En Anales de Teología, revista de Teología de la Universidad Católica de la Santísima Trinidad, Concepción Chile, 19.2, 2017, pp. 221-249].

Obviamente que la respuesta es absolutamente negativa.

4. Una nueva Iglesia

Nuestra tesis es que el intento del Papa Francisco fue el de refundar la Iglesia católica. Y refundarla exigía quitar aquel elemento que era el verdadero katejon: la metafísica del ser. A nuestro juicio, esta posición es la esencia del denominado “modernismo católico” y que tiene, a lo largo del tiempo, diversos cultores.

Quitada la filosofía del ser puede operarse la fluidificación del contenido de la revelación y, de esta manera, hacerla accesible a cualquier mentalidad de cualquier época. De acuerdo con la perspectiva del cardenal Fernández, ya no se trata de determinar cuál filosofía es la más apta para comprender la fe sin llegar a corromperla. El propósito es dar un nuevo contenido a la fe “católica”, que sea esencialmente variable, para poder adaptarse a los distintos modos de pensar y actuar de cada pueblo.

Consideramos que recuperar y preservar la fe auténtica deberían ser dos de los deberes principales del Obispo de Roma. Precisamente, estamos esperando esto del Papa León XIV.

Y un signo claro en esa dirección sería cambiar, lo más pronto posible, al prefecto del dicasterio de Doctrina de la Fe, al que Francisco nombró para sentar estas bases de la refundación de la Iglesia católica.

La exposición de Fernández que hemos mencionado y comentado en este artículo es suficiente prueba de un hombre cuya mentalidad, esencialmente modernista, quiere convertir a la Iglesia de Cristo en una pseudoiglesia. Una Iglesia que se hace mundo, y que permite que la historia absorba por completo al Dios eterno, Creador y Salvador.

Este nuevo cristianismo se parece bastante a las diversas caras que Benito Mussolini, refiriéndose al camaleónico fascismo, describió en estos términos: 

Nosotros no creemos en los programas dogmáticos… Nosotros nos permitimos el lujo de ser aristócratas y demócratas, conservadores y progresistas, reaccionarios y revolucionarios, legalistas y no legalistas, según las circunstancias de tiempo, de lugar, de ambiente (Mussolini, B. (1934) Scritti e discorsi. Milano: Hoelpi, vol. II.).

Quiera Dios que el Papa León XIV interrumpa este intento de refundar la Iglesia de Cristo, a la vez que ponga todas sus fuerzas en recuperar la verdadera esencia de la Iglesia católica. Una Iglesia que no desdeñe la auténtica tradición ya que la misma no equivale a inmovilismo, sino a la continuidad y profundización en su despliegue.

De este modo nos eximirá de expresar aquello que dijera San Policarpo de Esmirna, según nos narra San Ireneo de Lyon, en una carta dirigida a un cristiano que había abandonado la fe y se ocupaba de difundir errores, le expresaba: 

“Esto no era lo que nos enseñaba nuestro venerable maestro San Policarpo. (…) Y te puedo jurar que, si San Policarpo oyera las herejías que ahora están diciendo algunos, se taparía los oídos y repetiría aquella frase que acostumbraba a decir: ‘Dios mío, ¿por qué me has hecho vivir hasta hoy para oír semejantes horrores? ´”.

* Carlos Daniel Lasa es Doctor en Filosofía por la Universidad Católica de Córdoba e Investigador del Conicet. Ha sido decano de la Facultad de Ciencias Humanas en la Universidad Nacional de Villa María. Además, fue profesor de filosofía en esa misma casa de estudios y en las universidades católicas de Córdoba y Salta.

43 comentarios en “Una mente brillante: el cardenal Tucho Fernández (II)

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Qué inmensa suerte tuvimos los que siendo muy chicos fuimos introducidos por pacientes maestros en la Filosofía del Ser, quedando temprana y definitivamente inmunizados contra estas imbecilidades que en definitiva son siempre la misma, con semánticas diferentes.

    AVISTADOR DE CHIMANGOS.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Quien va a la Iglesia lo hace para encontrarse con Dios, escuchar su Palabra Santa y revelada, aprender doctrina, elevarse un rato de la podredumbre social cotidiana y de lo mundano, y alcanzar la Salvación de Jesús.

    Esta especie de «nueva Iglesia» fraterna, humanistica, social, políticamente correcta y aggiornada a la cultura local en curso (como muy bien explica el artículo) es la responsable del fracaso estrepitoso de la Iglesia actual, y de las Parroquias cada vez más vacías. Para hacer sociales, escuchar homilías donde se debaten problemáticas mundanas o consignas políticas, o se hablan auténticas pavadas, o juegan a ser simpáticos, para eso me junto con amigos o me quedo en casa.

    Espero que este intento de «refundar la Iglesia» (o más bien, refundirla) termine de una buena vez. No pido regresar al tradicionalismo, pero al menos una Iglesia que nos eleve espiritualmente, que hable de Dios, de Jesús, que imparta la verdadera doctrina canónica aunque sea políticamente incorrecta a estos tiempos y a esta sociedad anatema y descarriada. Que haga valer y cumplir la Palabra de Dios, le duela a quien le duela. Que sea auténtica, fiel a su historia, incolumne a estos tiempos, y el Verbo divino hará el resto. Solo eso pido, y los Templos volverán a estar llenos.

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Así que…»el pensamiento latinoamericano no ha dado respuesta a un interrogante capital, el que consiste en preguntarse acerca de la posibilidad de poder conciliar el decir (que tiene como horizonte el estar), por un lado, con la comprensión cristiana de la trascendencia de Dios, la creación, la historia de la salvación y la universalidad del pueblo de Dios en medio de los pueblos, por el otro»…

    ¿Es que ningún teólogo latinoamericano puede «decir» nada de la trascendencia de Dios (?)?; ¿de la creación?; ¿de la historia de la salvación?; ¿de la universalidad del pueblo de Dios en medio de los pueblos?…

    Pero ¿esto es algo natural o sobrevenido?

    Al menos les habrán dado algún punto en los exámenes solo por firmar la hoja; ¡Qué menos !

    No sé, no sé…, pero la teología de la liberación y todas sus secuelas parecen que atontan más de la cuenta.

    Ite ad Thomam!; así unos podrán «decir» algo con inteligencia y utilidad y otros nos podremos sentir más seguros con los que nos han de guiar.

    Pero ya advierto que sin hacer codos ¡no funciona!

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Es difícil no recordar aquí la famosa frase de Erich Przywara de que la analogia entis constituye el “ritmo fundamental” del catolicismo.

    Curiosamente, el gran adversario protestante de esa tesis, Karl Barth, la llamó “la invención del Anticristo”, precisamente porque comprendía que sobre ella descansaba toda la arquitectura de la teología católica. Si uno acepta ese diagnóstico (invirtiendo su valoración), podría decirse que la analogia entis funciona efectivamente como un katechon filosófico: aquello que protege de la disolución del dogma en la pura historia o en la sola experiencia.

  5. Avatar de Desconocido Messerschmidt

    En realidad, aquí hay una especie de traslación o confusión (intencionada) de contenidos semánticos. El “pueblo” en la acepción peronista del término es una cosa y el “pueblo de Dios” es otra muy diferente (no creo que haga falta explicar por qué). Fernández, Francisco, etc. probablemente sólo han interiorizado la acepción peronista del término y la proyectan sobre el concepto de “pueblo de Dios”. Es un poco lo mismo que les sucede a los evangelicales sionistas, que confusamente identifican al Estado de Israel con el Israel veterotestamentario. La naturaleza en alguna medida polisémica del vocablo “pueblo” facilita estas translaciones aberrantes.

    Lo interesante del caso es la relación entre este fenómeno y el que, si mal no recuerdo, estudiaba ampliamente el mismo profesor Lasa en otros escritos: el hecho de que el peronismo emplea formas pararreligiosas hasta llegar a ser vivido por sus adeptos como una (pseudo)religión. Perón y Eva son para sus seguidores algo así como un Osiris y una Isis, el 17 de octubre es su mito fundacional, la revolución libertadora y el exilio una especie de descenso a los infiernos, etc., pero todo de pacotilla, como en la mitología satírica de las operetas de Offenbach. Así, partiendo de la “religión” peronista la “teología del pueblo” hace una lectura aberrante del cristianismo: de la pseudoreligión peronista surge un pseudocristianismo igualmente peronista (lo que tiene antecedentes en el rosismo y su “religión federal”).

    En la Argentina existe la posibilidad de desenmascarar esta farsa, el argentino, si no es peronista, puede estar vacunado contra estos delirios. Lo grave es que en el resto del mundo, y en especial en Iberoamérica, no hay “anticuerpos” que defiendan de esta infección. El total desconocimiento del peronismo dificulta la comprensión del mal y la detección de sus raíces.

    Otro aspecto que me parece interesante es la propuesta de “separar el Evangelio de algunas cáscaras culturales que se le han ido pegando y que no son parte esencial de su mensaje” y al mismo tiempo esperar que adquiera “otra ‘carne’ en ritos populares, imágenes veneradas, aforismos y costumbres, reflexiones, formas de vivir la fe, en músicas.Aparte de que eso de la “carne” suena folklóricamente argentino (parece que el hombre estuviera pensando en un asado de tira), la contradicción es grotesca. Primero quitamos adherencias culturales superfluas y luego, cuando tenemos un cristianismo depurado, le pegamos otras que nos gustan más. Pareciera que a esta “doctrina” le resbala eso de que “no hay judío ni gentil, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer”, a lo que podríamos añadir “ni antiguo ni moderno”, sin temor a equivocarnos demasiado. Su cristianismo es una religión arrabalera y canyengue, y antes arrabalera y canyengue que cristiana. Me vienen a la memoria unas palabras de Emilce Cuda sobre Francisco: “Es la palabra profética de Francisco. Palabra que huele a oveja y a militancia. Palabra que es nostalgia tanguera por un paraíso perdido con mezcla de alegría futbolera por una esperanza escatológica, etc.”. Sólo faltan orquesta de D’Arienzo y la voz de Tita Merello, cantando que Francisco fue un papa milonguero, guapo y compadrón.

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    El contenido, el vocabulario, el método de razonar… todo hace que el escrito de Fernández sea tan mediocre y que de vergüenza ajena. Ni un principiante estudiante de Teología se atrevería a tal cosa. Cómo pudo este señor llegar a ocupar esa función en la Iglesia? Cómo tiene incluso el descaro de pretender responder desprestigiando, al Cardenal Ratzinger? Sólo puede entenderse haciendo referencia a quien lo nombró ahí – también como vendetta contra Ratzinger! Es todo tan despreciable.
    El Papa León, con sus tiempos y su sabiduría, y ayudado por fieles buenos y capaces, como se nota que los tiene, irá poniendo las cosas en su lugar. En este caso, tendrá que aguantarlo 2 años más, tal vez, para no crear un conflicto (innecesario, porque él gobierna!) Sólo un poco de paciencia.
    Oremus pro Pontifice nostro!

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Vaya mono con metralleta ¿entiende algo de metafísica, el prefecto, sabe acaso que existe? No me cabe que es la avanzadilla del anticristo. Dios nos coja confesados, aunque¿serán válidos los sacramentos administrados por tantos modernistas? ¿Tienen intención de hacer lo que la Iglesia hace? O es diferente su intención? Y en cuyo caso qué hacer?

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    Vergonzoso la prolusion de Fernandez! Una defensa superficial y berreta, de una pseudo teología que se inventaron Sobrino, Scanonne, Francisco y tantos otros pseudo teólogos de la mal llamada Latinoamérica. Admiro el esfuerzo del gran Profesor Lasa para contestarle al increíble Prefecto, que Francisco nos legó. Esfuerzo que creo, vale la pena.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    La UCA en Rosario, con un «Tuchista» fiel exponente de esta pseudoteología populista que tiene como Director del área religiosa, devenido en psicólogo de poca monta…. no es más que una maquinaria de egresados ignorantes del auténtico Magisterio de la Iglesia. Quién le pone el cascabel al gato??

  9. Avatar de mariaverdeolivo4 mariaverdeolivo4

    » Quiera Dios que el Papa León XIV interrumpa este intento de refundar la Iglesia de Cristo, a la vez que ponga todas sus fuerzas en recuperar la verdadera esencia de la Iglesia católica. Una Iglesia que no desdeñe la auténtica tradición ya que la misma no equivale a inmovilismo, sino a la continuidad y profundización en su despliegue. »

    !!! AMÉN !!!

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Estimada Mariaverdeolivo: Dios puede todo, y si la Iglesia renace en su fe, será por Él. Pero, según mi parecer, el Papa León XIV, tiene dos líneas de ataque: una dura y provocativa conn Tucho Fernández y varios cardenales , y otra blanda y dialogante con él mismo a la cabeza. Es una táctica, muy usada en política. Nos deja creer que él es más bueno y conservador y los progres son los que lo rodean. Pero es todo lo mismo, sólo que interpretan diferentes papeles.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Esa «táctica muy usada en política», es evidentemente la que usted también usa en su mirada sobre las «dos líneas de ataque» del Papa. Es decir, parece que su observación parte de los mismos presupuestos con los que dice no estar de acuerdo. Permítame decirle que esa desconfianza inicial es infundada. Primero, porque no puede asegurar eso del Papa, es sólo una suposición, puramente subjetiva, sin fundamentum in re.. Segundo, porque no son los criterios adecuados, ni teológicos teóricos ni teológicos pastorales, para interpretar el ministerio petrino. Lo correcto es la mirada de Fe (no fideísta) razonable, a la luz de las Escrituras, el Dogma y el Magisterio.

      2. Avatar de Desconocido Anónimo

        Así es, es una táctica muy usada en política. Todas las acciones cuestionables se adjudican al «entorno» del líder, eso permite hacer las cosas malas preservando su figura de toda responsabilidad, te dicen: «No es él, lo que pasa es que el entorno que lo rodea…»

        Jorge

  10. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado doctor Lasa:

    Excelente la entrada que acaba de publicar El Wanderer. La leí con mucho interés. Confieso que me resulta llamativo que León haya decidido mantener en su cargo al Tucho Fernández. Imagino que existirán razones de gobierno eclesial, aunque no termino de comprender esa decisión. También me pregunto si no habrá, al menos en algunos puntos, cierta sintonía de enfoque entre ambos.

    A propósito de esto, me gustaría comentar un tema que creo veo de enorme interés: la reciente controversia entre el vicepresidente de los EEUU, Vance, y el papa León en torno al ordo amoris de san Agustín y su aplicación a la cuestión migratoria.

    Según entiendo, Vance apeló a la tradición agustiniana y tomista para sostener que la caridad posee un orden objetivo: el amor comienza por Dios, y, respecto del prójimo, existen deberes especiales hacia quienes nos son más próximos -la familia, los vecinos, la comunidad y la propia nación-, sin que ello implique negar el deber de amar a todos los hombres.

    En cambio, diversas declaraciones atribuidas a León XIV parecen cuestionar esa interpretación, insistiendo en que el amor cristiano no puede entenderse según un esquema jerárquico que relegue a unos en favor de otros, especialmente cuando se trata de los migrantes y de quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad.

    Mi pregunta es si realmente existe una contradicción doctrinal entre ambas posiciones o si, por el contrario, la diferencia radica únicamente en la aplicación prudencial de los principios de la caridad a la política migratoria. Dicho de otro modo: ¿qué enseñan realmente san Agustín y santo Tomás acerca del ordo amoris y del ordo caritatis? Me parece que la tradición clásica respalda la tesis de Vance, y no la de León. Pero es solo mi impresión inicial por lo que he estudiado.

    Creo que sería un tema apasionante para un análisis filosófico y teológico de fondo.

    Felicidades nuevamente por el texto

  11. Avatar de Ludovicus Ludovicus

    Estos tipos rechazan la universalidad y analogía del ser, producto de abstrusas metafísicas de hombres blancos europeos. Rechazan por tanto los primeros principios y el método deductivo. Postulan una teología inductiva, que sería la ideaa de Dios, arrancada de la vivencia concreta y el sentido común de cada pueblo, absolutamente singular, unívoca y poliédrica con otras ¨tradiciones religiosas¨. Realmente este modernismo es la cloaca de las herejías, junto con los errores filosóficos del nominalismo en adelante. Recomiendo la lectura de Ad Theologiam Promovendam del inefable Bergoglio, texto inequívocamente escrito por Tucho. Ahí está todo.

    1. Avatar de Pampeano Pampeano

      Lo más grave de todo esto don Ludovicus es que el objetivo es todo lo relacionado con el sexo. Si mañana aparece un pueblo, en determinado momento histórico, cuyo ‘acontecimiento cultural‘ es deshacerse de cardenales sudamericanos mediante eutanasia involuntaria u obligatoria, llevando el argumento hasta sus últimas consecuencias, no creo que estén muy de acuerdo. Ahora, si de sexo se trata…

  12. Avatar de Desconocido Anónimo

    HORACIO BOJORGE CERVETTI S.j.

    C reo haber aportado a esta discusión contra el ne-modernismo en mi libro «Teologías deicidas. El pensamiento de Juan Luis Segundo S.J. en su contexto» Ediciones Encuentro, Madrid, 2000, 380 páginas. Reeditado en USA por Editorial Fe y Razón, de Uruguay en 2011 y en Argentina por Comunidades Apostólicas, San Pablo Apóstol en 2018. El M.R.P.G. Peter Hans Kolvenbach S.J. Superior General de la Compañía de Jesús aprobó la publicación de la obra en su primera edición, en estos términos: «Sería oportuno que usted publicara su evaluación de la obra del P. Segundo, participando así en el diálogo teológico y contribuyendo a la formación de la mentalidad de los cirisitianos y, en particular, de los miemboros de la Compañía. Sería quizás auna plicación de los análisis que hace en su obra «En mi sed me dieron vinagre, la Civilización de la Acedia» que acabo de recibir».

  13. Avatar de Desconocido Anónimo

    Impresiona mucho que quienes más hablan de la «teología del pueblo» viven pensando teorías e ideas abstractas muy alejadas de la fe sencilla de las personas comunes. Son ellos los «curas de escritorio». Menos mal que los fieles comunes no los lee ni los leerá nunca!

    En mi diócesis, esos curas que dan tantas lecciones sobre «el pueblo» son los que no están nunca en sus parroquias, suspenden celebraciones todo el tiempo y faltan sistemáticamente!

  14. Avatar de Desconocido Anónimo

    Tendrá el yosapa éste disfrazado de cardenal el nivel de alemán suficiente como para entender y criticar a quien fue tal vez el mayir teólogo del siglo XX? En la Edad Media el pueblo al que apela ya lo hubiera arrojado al Tíber ,después de la injuria que promovió contra Nuestra Madre para seguir gozando de las mieles del mundo.Ni hablar del desquicio de su perturbado caletre que pare escritos porno bajo la excusa de aggiornamiento. Hasta cuándo tendremos que soportarlo?

  15. Avatar de Desconocido Anónimo

    En resumen: Vox populi vox Dei. Pero, acá lo importante es ver el porqué de este cambio en la doctrina que viene desarrollándose dentro de la Iglesia hace mas de cien años y ahora termina de dar sus frutos con Francisco, León y el escriba Tucho.

    La organización exterior de la Iglesia tiene que convertirse en un instrumento versátil para interpretar y transmitir el vox populi. Pero, y aquí está la trampa, un vox populi mentiroso, porque en realidad es el vox de las élites que baja al populi por los medios de comunicación. Ahí va incluida la política de género (criticada suavemente, pero promovida en todos los gestos públicos al igual que la homosexualidad) La inmigración promovida desde las mismas esferas también debe ser justificada por la religión. Si se quiere vacunar a todo el mundo, el que no se vacuna será declarado un pecador. El cambio climático y la política ecológica, etc. La jerarquía sabe que tienen que ser útiles a estas políticas o serán barridos, ya sea por los casos de pedofilia o por la corrupción en el manejo del dinero, sus privilegios dependen de esto.

    Por supuesto, se disimula con referencias superficialmente cristianas a la pobreza, a la guerra, etc., y se mantiene cierta apariencia exterior de fe (esto lo consigue mejor León que Francisco) lo que tranquiliza a esa minoría que esta incómoda, para que esa incomodidad no se vuelva insoportable y se marchen. Se mantiene una liturgia que también es funcional, donde el centro es el sermón del sacerdote que sirve al correcto lavado de cabeza del personal. Se mantiene todo lo que sea acción social que da influencia política y fueros.

    Lo único que queda del cristianismo es la ortodoxia y algunos grupúsculos en occidente. Y ya se sabe que la obsesión de la Europa anticristiana siempre ha sido destruir a la ortodoxa Rusia (Eso lo estamos viendo ahora en directo, pero viene desde Napoleón por lo menos) Al final va a tener razón Dostoyevski y va a resultar que el Katejón era Rusia.

    Jorge

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      «La Nueva Roma (Rusia) es el núcleo del Imperio euroasiático, el antídoto tradicionalista contra la hegemonía unipolar y el liberalismo occidental.» (DUGUIN, Alexander La Cuarta Teoría Política) ¿ Lo suyo va por acá, no? El veteroperonismo buscando por Eurasia…

  16. Avatar de alesolap alesolap

    Muy bien explicado. Visiblemente, la teología del Cardenal “Tucho” es modernismo puro. Y la “sinodalidad” es la herramienta adoptada para llevar a cabo el proyecto modernista de desnaturalización de la Iglesia desde el interior, a través de una hermenéutica “historicista” del Evangelio (junto con el “ecumenismo” y el “diálogo interreligioso”). Ahora bien, León XIV es un entusiasta promotor de esta particular eclesiología “sinodal” promovida por Francisco. Cito un pasaje de su reciente encíclica Magnifica Humanitas:

    “El Magisterio social del Papa Francisco se desarrolla en la línea de Gaudium et Spes, que invita a contemplar la historia partiendo de las heridas y las esperanzas de las personas y a ponerlas en diálogo con el Evangelio. Esta orientación se pone de manifiesto con especial claridad en Evangelii Gaudium, donde se afirma que el anuncio cristiano tiene una dimensión social intrínseca y hace referencia a una Iglesia capaz de escuchar el clamor de los pobres, de los migrantes y de las víctimas de las nuevas formas de esclavitud. En esta perspectiva se inscribe también la insistencia de Francisco en una Iglesia sinodal, una Iglesia en la que se “camina juntos”, que busca leer los signos de los tiempos a la luz del Evangelio y se deja evangelizar por los pobres con quienes comparte la historia.” N. 42.

    Con todo respeto, me permito disentir respecto a lo expresado sobre la “refundación” de la Iglesia, que el autor pareciera atribuir exclusivamente a Francisco. Su sucesor, en cambio, hace remontar el hecho al CVII. Cito el mismo documento de León XIV:

    “El Concilio Vaticano II marcó un punto de inflexión en la forma en que la Iglesia se entiende a sí misma en el mundo contemporáneo. En la Constitución pastoral Gaudium et Spes nos presentó la imagen de una Iglesia cercana a la humanidad, comprometida con el mundo y dedicada a reflexionar no a partir de esquemas abstractos, sino de la realidad concreta de las situaciones históricas.” N. 34.

    Y, en su momento, el Cardenal Wojtyla sostuvo exactamente lo mismo:

    “A este Dios confiesa el trapense o el camaldulense en su vida de silencio. A Él se dirige el beduino en el desierto, cuando llega la hora de la oración. Y tal vez también el budista que, concentrado en su contemplación purifica su pensamiento preparando el camino hacia el nirvana. (…) La Iglesia del Dios viviente congrega a todos los hombres que, en cualquier forma, toman parte de esta maravillosa trascendencia del espíritu humano. Y todos ellos saben que nadie logrará colmar sus deseos más profundos. La manifestación de esta trascendencia de la persona humana la constituye la oración de fe, pero en ocasiones también el profundo silencio. Este silencio, que a veces parece separar al hombre de Dios, es no obstante un acto especial de la unión vital entre Dios y el espíritu humano. La Iglesia de nuestro tiempo se ha hecho particularmente consciente de esta verdad y, por ello, a su luz, ha logrado redefinir, en el Concilio Vaticano II, su propia naturaleza.” (Karol Wojtyla, prédica del retiro de Cuaresma de 1976 a Pablo VI y a la Curia Romana en el Vaticano, publicado en el libro “Signo de contradicción”, BAC, Madrid, 1978, p. 24).

    Alejandro Sosa Laprida

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      El budismo es ateo, por lo que no podrá dirigirse hacia ningún dios común, que no reconoce.

      El budismo es la práctica de unos ejercicios para liberarse del sufrimiento.

      De hecho si el budismo es tan popular entre los judíos estadounidenses es precisamente porque es una religión sin dios (esto es, no tienen que «convertirse») y no necesitan dejar de ser judíos,

  17. Avatar de Desconocido Anónimo

    Hay un punto que el estructuralista y antidiacrónico Prof. Carlos Daniel no destaca. No rechazo su filosofía del ser —aclaro—, pero hay un punto que me parece que deja sin explotar. En lugar de hacer una dialéctica del tipo ser vs. devenir, verdad absoluta vs. relativismo o esencia vs. tiempo, se puede tomar la propia premisa populista del Card. Fernández y utilizarla contra él mismo. Esto es una forma antigua de ganar discusiones y no es otra cosa más que reducir a una contradicción la postura del adversario. Me parece más eficaz que la dialéctica positiva del Profesor Lasa.

    Dice el Cardenal sobre el Evangelio: «releerlo a la luz de lo que vive hoy su pueblo«. Pues bien. El problema aquí está en el uso demagógico que hace de «pueblo», ya que él naturalmente se refiere a un objeto sin forma, sin circunscripción y artificialmente producido después del Vaticano II, a la fuerza y desde arriba, a través de la ideología liberacionista. En otras palabras, una invención de los curas. Un producto más del acostumbrado clericalismo. En cambio, no se refiere al pueblo profundamente católico de tradición hispánica, criolla y netamente tridentina que los iluminadores de América meridional lograron hacer brotar.

    De hecho, al Card. Fernández habría que recordarle que fue precisamente ese «pueblo» el que reaccionó últimamente a su ataque a los títulos marianos muy populares de corredentora y medianera de todas las gracias. Pero él no ve esto, o elige no verlo, porque no piensa en el pueblo católico realmente existente sino en su imagen mental sesgada. En definitiva, cuando habla de «pueblo», Víctor Manuel no hace otra cosa más que producir un artificio retórico para legitimarse a sí mismo en calidad de presunto intérprete. Actúa como un perfecto «prostates tou demou», sin un demos real como referente directo de su atribución preicamental. En su voz no está la voz del pueblo, sino la voz de un supuesto hermeneuta de un inexistente pueblo. Su teología no le interesa a absolutamente nadie. No da qué hablar, no es estudiada con seriedad, no es tenida en serio, no convoca ni atrae. Además de un engorro intelectual, es también un fracaso erótico: no seduce a nadie. El Cardenal es profundamente repulsivo estéticamente. Su discurso resulta ridículo y grosero, no tiene caladura en ninguna comunidad cristiana. Los únicos que la replican son unos elitistas estudiantes de una elitista universidad que han tenido la desgracia de ser alumnos suyos. Los que mayormente nos hacemos eco de sus palabras somos sus críticos. Fernándes debería agradecernos a sus adversarios porque somos los únicos que le damos algún grado de entidad.

    Pero vamos al plato fuerte, en el que la teología del pueblo se encuentra con la filosofía del ser del Prof. Lasa. Resulta que la teología del pueblo cristiano no es otra que la fe en molde tridentino que estuvo activa en América con los evangelizadores. Y ese molde tridentino se valió de la «filosofía del ser» para poder expresarse en palabras. Por lo tanto, si este demagogo delicado tuviera más delicadeza intelectual que afectiva, debería admitir finalmente que el pueblo lo lleva a Trento, es decir a la fe de la Iglesia expresada en términos latinos del siglo XVI. O sea, a la negación rotunda de sus planteamientos historicistas. De modo que, por una vía historicista, se termina negando al propio historicismo. Con lo cual, su propuesta termina careciendo completamente de razón de ser excepto la voluntad del Cardenal de anular la validez de la doctrina de la Iglesia en su formulación latina clásica. Sería más honesto y respetable si admitiera abiertamente su delirio de grandeza (o bien su intentona de justificar posibles motivos ocultos e inconfesables). Tampoco nadie le prestaría atención, pero por lo menos no caería en la ridiculez evidentemente falsaria de hacerle creer a los pocos que lo escuchan que está queriendo hablar en nombre de un pueblo que solo existe en su mente.

    Es un pobre pelafustán que habrá de pasar rápidamente sin pena ni gloria.

    —Alguien.

  18. Avatar de Pampeano Pampeano

    «…capaz de separar el Evangelio de algunas cáscaras culturales que se le han ido pegando y que no son parte esencial de su mensaje, y de releerlo a la luz de lo que vive hoy su pueblo. Entonces llega a provocar lo que llamaríamos no solo un ‘acontecimiento espiritual’, sino también un ‘acontecimiento cultural y lingüístico’ que permita al pueblo sentirse plenamente expresado en la propuesta del Evangelio».

    Bajando esto a la calle: a) ¿quién decide lo que constituye “su pueblo”, yo u otros?; b) ¿quién hace la “relectura”, yo u otros?; c) ¿quién decide lo que es “cáscara cultural”, yo u otros?; d) ¿quién decide lo que es “parte esencial” del Evangelio y que no?; e) ¿no es esto simplemente el “libre examen” protestante individualista o bajando línea autoritaria es Fernández y sus pares (otros) el que nos va a explicar como sentirnos plenamente expresados, según su idea de acontecimiento cultural?; f) ¿sentirse plenamente expresado no significa simplemente voy a hacer lo que me plazca y buscar algo en el Evangelio que siquiera tangencialmente me de la razón?. Bajado entonces a la calle es libre examen individual -yo busco como sentirme expresado- o lavado de cerebro comunitario -o comunista- si son otros los que dicen para donde ir. En definitiva, herejía pura y dura. No es teología, aunque le pongan el adjetivo de contextual, es ideología.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Efectivamente querido Pampeano. Lo único que hace con tanto biribiri el tipejo es justificar su lugar de poder con vano palabrerío y pretender mandar, que es ni más ni menos la esencia de cualquier ideología.
      Ya fue dicho de una vez y para siempre: «Defende me gladio, defendam te verbo». Falsos doctores parasitando al «pueblo» que dicen interpretar o «hermeneuticar» amparados por la espada o el dinero. Pobre desgraciado.

  19. Avatar de inquisitivelydetective04df0092df inquisitivelydetective04df0092df

    Indudablemente el cardenal Fernández abreva filosóficamente en la cloaca dialéctica del marxismo que se expande a través de la trasnochada teología de la liberación, y cuan un nuevo Gramsci se encarga de diseminarla en el ambiente pseudo cultural-teológico y pastoral en el que lamentablemente se mueve sin ni siquiera tener la mitad de la altura sociológica y política que caracterizó a este personaje nefasto del partido comunista italiano.

    Fernández es la peor herencia que dejo el pontificado anterior y el heredero de esa revolución teológica y filosófica que tan bien describe el autor del artículo. Su infatigable constancia en tratar de instaurar la misma en el verdadero Pueblo de Dios (no el de Gustavo Gutierrez, Boff, Scannone y otros del mismo pelaje), sino en la auténtica grey católica, debe ser combatida a toda costa con las nobles armas de la filosofía perenne y de la teología ortodoxa y desenmascararla en cuanta ocasión se presente.

    A.G

    1. Avatar de ejcanevari ejcanevari

      No es lo mismo la teología de la liberación que la teología del pueblo -más allá de que la del pueblo podría considerarse una rama muy independiente de la de la liberación-. Por ejemplo, Saconne no piensa igual que Boff y Gutierrez a pesar de que se adulaban mutuamente.

      1. Avatar de ejcanevari ejcanevari

        Si, es peronismo telógico. Originalmente Scanonne identificaba si idea de pueblo de Dios -solamente sostenible desde la ideología- con el pueblo peronista. Después que los muchachos empezaron a los tiros no le gustó mucho su interpretación y se abrió un poco a lo latinoamericano, pero sin abandonar nunca la idea de comunidad organizada, propia del peronismo, en la que el líder y su pueblo, sin cuestiones legalistas de por medio, elaboran una completa unidad, tanto política como religiosa, acompañados, por ejemplo, con pastores proféticos. También hace hincapié en el respeto de la idiosincrasia cultural argentina y latinoamericana, que prefiere las mediaciones personales y no las formales, lo que explicaría al caudillo como institución viva, sobresaliendo en nuestra historia sobre la constitución escrita. Creo que mas claro, agua. Aunque me resulta muy complejo. Eso que escribí son unas notas que saqué de un artículo que hablaba sobre Scanonne y la teología del pueblo, era muy claro, pero lamentablemente -entre mudanzas- lo perdí.

  20. Avatar de Desconocido Anónimo

    Muchisimas gracias Dr Lasa. Esta pseudoteologia es la que predomina en los seminarios argentinos, colegios «católicos», Carreras terciarias de Ciencias Sagradas, los centros de catequesis en todas las diócesis y en todos los intentos de «deformacion permanente para laicos» promovidos por la CEA. Frente a todo esto, cabe (amparados por el Código de Derecho Canonnico) denunciar (a dónde?) el envenenamiento de las almas en nuestras familias??? Qué alternativas tenemos además de formar grupos de formacion en las catacumbas…, fuera del entorno parroquial pernicioso…. GRACIAS!!

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Es increible el grado de fe que hay que tener en Dios Nuestro Señor que permite un mal tan grande sentado en Roma a escasos metros de Pedro en pos de la purificación de sus creaturas.
      No tenemos el Prefecto bueno, tampoco el que queremos ni el que necesitamos, sino el que merecemos.

      Ven, Señor Jesús.

  21. Avatar de Desconocido Anónimo

    Gracias al dr Lasa por este artículo. Mis recuerdos de los profesores de la UCA seleccionados por Tucho y de estudiantes del seminario de Devoto (seminaristas y seglares) dejan un sabor a que primero imaginaban a cuál conclusión querían llegar y luego acomodaban todos los conceptos (casi nunca con definiciones precisas) para llegar allí. El mismísimo Jon Sobrino también lo hace en lo poco que lo leí.

    Si llamo «rojo» al pasto y «verde» al fuego entonces bajo ciertas circunstancias podemos decir que el pasto es rojo. Y dicho así habría que reevaluar si Santo Tomás de Aquino no habrá sido un bobo.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      “Oppositum per diametrum”

      Excelente análisis del Dr Carlos Daniel Lasa.

      ¿No habrá un maquiavélico trabajo de zapa del Card Fernandez, a favor de la SSSPX, de modo de resaltar su ortodoxia católica? ¿no será un tradicionalista solapado?, si ese es el caso, debo admitir el éxito de su propósito, pero mi fuero interior me dice -estas viendo muchos film de contraespionaje-; ¡ esto solo es necedad!

Deja un comentario