El laicado católico de Paraná y la revista Mikael (1973-1985) II/5

Seminario Arquidiocesano de Paraná

por Pedro Dabin*

4. Semiología de la resistencia, el imaginario plástico y los consumos literarios en la reconfiguración del laico militante

Dentro del orden discursivo y del repertorio pedagógico-cultural articulado por la revista Mikael, la interpelación al laicado trascendió la sola exégesis teológica para desplegarse sobre una cuidada dimensión estética y simbólica. La publicación operó como un dispositivo de configuración de la sensibilidad antimoderna (Foucault, 1992; Vartorelli, 2022), orientado a dotar al lector de un imaginario combativo frente a las dinámicas de secularización y descomposición cultural (Hervieu-Léger, 1999). En este esquema, el combate espiritual (Vartorelli, 2022) se tradujo visual y literariamente en la proyección de un ideal de militancia cristiana cuyo modelo arquetípico oscilaba entre el contemplativo en la acción y el defensor de la Civitas Dei, llamado a actuar como un agente calificado e incisivo en la esfera pública.

Un pilar fundamental de esta estrategia pedagógico-visual fue la edición y distribución de láminas e iconografía religiosa, difundidas mediante estampas de devoción, láminas A4 e ilustraciones a página completa intercaladas en la revista (Vartorelli, 2022, pp. 4-5).

Esta producción cumplió un doble propósito: sacralizar el espacio doméstico del fiel y educar su mirada en los cánones del arte sacro tradicional, en oposición a la abstracción y desacralización de la estética moderna (García Mahíques, 2009; Vartorelli, 2022, pp. 4-5). La curaduría abarcó reproducciones del Renacimiento y Barroco europeo -con énfasis en el Siglo de Oro español- junto a referentes del arte sacro del siglo XX de marcada filiación tradicionalista. Así, la comercialización de grabados y obras de figuras como Giotto, Durero o Ballester Peña evidencia la intención de moldear no solamente el intelecto, sino también la afectividad y la devoción cotidiana en hogares y parroquias.

En la plástica clásica y barroca, las láminas privilegiaron representaciones del Arcángel San Miguel, la Inmaculada Concepción y las alegorías de la Iglesia militante. Para ello, la publicación abrevó en la pintura del Renacimiento tardío y del Siglo de Oro español (siglos XVI y XVII), representada por figuras como El Greco, Diego Velázquez, Francisco de Zurbarán y Bartolomé Esteban Murillo, cuyos lenguajes visuales condensaban la estética combativa de la Contrarreforma. La impronta heroica, el claroscuro y la tensión dramática propia de estas obras proveyeron el soporte figurativo para el imaginario de la “cruzada cultural” (Plaza Kutzbach, 2018). 

Esta iconografía combativa se complementó de forma orgánica con un denso programa de consumos literarios. La revista promovió la lectura de obras de la literatura épico-fantástica y apologética, destacando la narrativa de autores británicos como J.R.R. Tolkien (2012) y C.S. Lewis (2005) (Vartorelli, 2022, pp. 11-12). Lejos de ser leídas como simple entretenimiento evasivo, las creaciones de la Middle-earth o las Narnia Chronicles fueron resemantizadas pedagógicamente como alegorías de la lucha entre el Bien y el Mal, el sentido de la fidelidad caballerosa y el valor del sacrificio en tiempos de desolación (Vartorelli, 2022, pp. 11-12). Junto a esta literatura imaginativa, el menú de lecturas incluyó el ensayo crítico y la novelística antimoderna de figuras como Hugo Wast (1935) y G. K. Chesterton (2008) (Vartorelli, 2022, pp. 11-12), proporcionando al laico paranaense una matriz de inteligibilidad donde el arte, la literatura y la imagen plástica convergían para legitimarlo como un soldado de la Fe en la contienda cultural y espiritual de su tiempo.

4.1. Sociabilidad eclesial y espacios de formación mediante los retiros ignacianos

Las redes de sociabilidad urbano-eclesial construidas en Paraná encontraron uno de sus mecanismos más eficaces de cohesión identitaria, formación doctrinaria y preservación espiritual en la práctica de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola. Iniciados e impulsados de forma continua desde 1972, estos ejercicios fueron predicados por destacados sacerdotes de la época, como los padres Alberto Torres Pardo, Jorge Grasset, Alberto Ezcurra y Alfredo Sáenz, constituyendo una propuesta espiritual destinada tanto a varones como a mujeres. Lejos de reducirse a meras prácticas de piedad individual, estas jornadas articularon un denso tejido social que conectó al clero, a las organizaciones laicales y a las familias de la comunidad local en un período signado por la agitación política y las reconfiguraciones eclesiales posconciliares.

Durante el episcopado de Monseñor Adolfo Servando Tortolo y el posterior inicio del gobierno pastoral de Monseñor Esteban Estanislao Karlic como arzobispo coadjutor, el Seminario Arquidiocesano “Nuestra Señora del Cenáculo” se consolidó como el principal centro de animación pastoral de la diócesis y epicentro operativo de esta dinámica. El sostén de este dispositivo descansó en la articulación entre una Comisión de Retiros interna del Seminario y una comisión laical presidida por don Alfredo Pignolo e integrada por don Jorge Guillermo Torres y don Ricardo Miguel Pablo Farías, entre otros. Esta estructura organizativa no solo promovió las tandas anuales de Ejercicios Ignacianos, sino que, con el objetivo de dar continuidad a la vivencia espiritual, implementó con el tiempo los llamados “retiros de perseverancia”. Estos encuentros mensuales se celebraban en el Seminario el primer domingo de cada mes, desde las 9:00 hasta las 17:00 horas, concluyendo con la Santa Misa.

La convocatoria para estos retiros -espacios de jornadas de silencio, meditación bíblica, examen de conciencia, formación teológico-moral y atención sacramental- se encauzaba a través de las ramas de la Acción Católica Argentina, la Liga de Padres de Familia y los Cursillos de Cristiandad. Asimismo, la dinámica operaba mediante una rigurosa separación de sexos. Mientras los varones se congregaban en el Seminario, las mujeres asistían un domingo diferente al antiguo Pensionado Santa María (actual UCA-Paraná), bajo la organización de una comisión de señoritas. Hacia 1980-1982, esta estructura de perseverancia mensual se extendió formalmente a las mujeres.

En su conjunto, los ejercicios ignacianos y los retiros de perseverancia en el Seminario y el Pensionado Santa María funcionaron como espacios de contención espiritual y, simultáneamente, de consolidación doctrinaria. La dirección espiritual -centrada en la piedad interior, la práctica sacramental y la centralidad de la familia- ofreció a las clases medias y elites locales un marco conceptual para interpretar la crisis social y sostener la batalla cultural antimoderna desde el ámbito cotidiano y profesional. Hacia 1983 y 1984, con la reorganización de la pastoral diocesana impulsada por Monseñor Karlic, la práctica de los retiros mensuales inició una etapa de reestructuración, cerrando un ciclo en el que estas instancias actuaron como el principal catalizador del compromiso laical en la capital entrerriana.

4.2 Centralidad eucarística e impronta doctrinaria en la Parroquia San Miguel

A partir de la década de 1970, la Parroquia San Miguel Arcángel de Paraná transformó de manera sustancial su dinámica pastoral y comunitaria. El 7 de julio de 1977 marcó un hito fundamental con la inauguración de la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua, un espacio que instauró una cadena ininterrumpida de oración sostenida de forma orgánica por turnos de laicos durante todo el año. Esta modalidad difería profundamente de las prácticas tradicionales y puntuales de exposición del Santísimo Sacramento, posicionando al templo como un centro pionero a nivel provincial y nacional, así como en un modelo de referencia para otras diócesis sudamericanas.

En un contexto histórico atravesado por la complejidad sociopolítica de los años setenta y las crisis socioeconómicas de los ochenta en la Argentina, el oratorio emergió como un espacio clave de contención comunitaria y refugio espiritual. La permanencia de esta dinámica hasta la actualidad subraya el rol protagónico del laicado en el sostenimiento de la vida litúrgica del templo. Asimismo, la parroquia se consolidó como un núcleo de vivencia sacramental y formación doctrinal para los fieles ligados al Seminario Arquidiocesano, atraídos por la disponibilidad casi constante del sacramento de la Reconciliación y por la difusión cultural en el vestíbulo del templo, donde se comercializaban publicaciones como la revista Mikael, textos de su sello editorial e iconografía religiosa.

El 29 de septiembre de 1978, en el marco de la Festividad Patronal de San Miguel -patrono de la parroquia y de la provincia de Entre Ríos-, el presbítero Alberto Ezcurra Uriburu, por entonces formador del seminario, pronunció una homilía que constituye un testimonio conceptual de primer orden para comprender la espiritualidad y la teología del catolicismo local. Esta alocución articula una rigurosa meditación que entrelaza la angelología dogmática con una teología de la historia de impronta marcadamente militante (Formación Católica Hoy, 2021).

Las palabras pronunciadas por Ezcurra configuran su estructura a partir de la narrativa teológica sobre la prueba primordial de los ángeles, confrontando la soberbia de Lucifer y su negativa a servir con la respuesta de perfecta fidelidad y humildad del Arcángel San Miguel. El núcleo conceptual de la meditación se asienta en el valor etimológico y teológico del nombre hebreo Mī-kā-’Ēl (“¿Quién como Dios?”), presentado no solo como un clamor de combate litúrgico, sino como un principio metafísico innegociable que afirma la trascendencia y soberanía absoluta de Dios frente a la pretensión de autosuficiencia de la criatura.

A partir de esta premisa, el P. Ezcurra retoma la tradición agustiniana de las “dos ciudades” para proyectar la contienda angélica sobre el devenir de la historia humana. En esta interpretación, la secularización del orden social, el rechazo a la ley divina y la apostasía representan la continuidad temporal de la rebelión primigenia. En contraposición, la fidelidad doctrinal y el testimonio íntegro del creyente encarnan la resistencia de la Ciudad de Dios, transformando la historia en un escenario de permanente confrontación escatológica entre la verdad divina y los errores del mundo.

Dentro de esta economía de la salvación, la figura de San Miguel Arcángel es presentada bajo una triple dimensión tutelar: como Príncipe de la Milicia Celestial que defiende a los fieles, como guardián del celo por la gloria de Dios frente al relativismo doctrinal, y como protector e intercesor supremo de la Iglesia en los períodos de mayor aflicción o crisis espiritual.

Finalmente, la oratoria del Padre Ezcurra traslada estas nociones dogmáticas al plano de la práctica cotidiana de los fieles. La meditación concluye con un marcado imperativo ético que exige a los fieles presentes rechazar la tibieza espiritual y la autonomía moral absoluta, exhortando al laicado a asumir un compromiso de obediencia, perseverancia sacramental y celo por la fe. De esta manera, la advocación patronal no se limitó a un mero culto devocional, sino que operó como un modelo arquetípico de resistencia espiritual y formación doctrinaria para el laicado local.

*Profesor en Filosofía y Ciencias de la Educación. Doctor en Humanidades y Artes mención Ciencias de la Educación (UNR).

2 comentarios en “El laicado católico de Paraná y la revista Mikael (1973-1985) II/5”

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    ¿Acaso no puede el autor tener piedad y presentar su interesante investigación de un modo clásico, humano o como se guste llamar, sin toda esa jerga academicista que no sólo hace difícil la lectura, sino que la alarga innecesariamente? Gracias.

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