Quienes defendemos la tradición litúrgica de la Iglesia y la integridad del Depósito de la Fe, tenemos una pronunciada tendencia a la amargura lo cual lleva, indefectiblemente, a estar en permanente actividad defensiva ante sospechas reales o ficticias. Y hay razones de sobra para que esto sea así. Sin embargo, la amargura, o la tristeza …