Semana Bergoglio. Sus regalos a la iglesia argentina: el caso del arzobispo de Buenos Aires

Uno de los legados más penosos del pontificado de Francisco fueron los obispos que dejó a la Iglesia y, en el caso de Argentina, su compulsión por elegirlos entre sacerdotes carentes de las mínimas e imprescindibles cualidades. Y digo compulsión porque Francisco nombró 67 obispos en Argentina a lo largo de su pontificado, en razón de casi 6 por año. El Papa León ha nombrado sólo 1 en el primer año de su ministerio. 

Pero el problema no es la cantidad sino la calidad, es decir, el criterio de selección. Ya hicimos referencia aquí anteriormente que al menos en tres ocasiones Francisco preconizó obispos en Argentina, estos aceptaron el nombramiento y recibieron las debidas felicitaciones pero, semanas después, renunciaron a la consagración: cadáveres en el armario fue el motivo que se comentó, como lo fue también el caso del fallido obispo indonesio Pascalis Syukur: fue elegido cardenal por Bergoglio en 2024, aceptó gozoso la designación, recibió el obsequio de fieles y autoridades, pero pocos días después renunció. Luego supimos que mantendría una relación amorosa con una mujer con la que había tenido dos hijos. El Papa León aceptó hace pocos meses su dimisión como obispo diocesano.

Todo parece indicar que Francisco nombraba obispos a sacerdotes que le caían simpáticos o con los que tenía alguna afinidad, salteándose los procedimientos habituales de selección a través de las nunciaturas. El caso más patente, como decimos, es el de Argentina, en cuyo episcopado detectamos una serie de curiosidades. Por ejemplo, todos los jesuitas que en los años 80 constituían el grupo de los bergoglianos enfrentados al P. Víctor Zorzín, provincial de la Compañía impuesto por el prepósito general Hans Kolvenbach, ahora son obispos. Otra: durante los años en que Bergoglio fue provincial y luego rector del Colegio Máximo, se preocupó de que la mayor cantidad posibles de congregaciones religiosas mandaran a estudiar allí al menos a un candidato. Éstos, una vez ordenados, eran “corresponsales” oficiosos (espías, dicen algunos) de Bergoglio en sus respectivas instituciones. Pues bien, muchos de ellos son actualmente obispos. Y aunque el procedimiento de nombrar obispos por simpatías, amistades o afectos sea muy medieval, no deja de ser muy peligroso. Y las consecuencias de tener malos pastores no las soportamos solamente los fieles y sacerdotes, sino que el mismo Francisco tuvo que beber en varias ocasiones de su propia medicina.

Veamos un caso particular: Mons. Jorge García Cuerva. Nacido en 1968, fue elegido obispo auxiliar de Lomas de Zamora en 2017, luego trasladado a la sede de Río Gallegos, en la Patagonia austral y, finalmente, a Buenos Aires en 2023. Si bien desarrolló parte de su labor pastoral como sacerdote en una villa miseria, no fue propiamente un “cura villero”; éstos son mucho mejores. Sin embargo, García Cuerva se preocupaba por aparecer como un cura con olor, mucho olor, a oveja. Una autopercepción que no perdía ocasión de publicitar. Incluso, como el mismo Papa Francisco, recibía signos sobrenaturales. Se sabe que el pontífice era muy devoto de Santa Teresita del Niño Jesús y decía que cuando la santa le concedía una gracia, le enviaba antes una rosa blanca. Claro que en todos los casos el único testigo del presente floral era Bergoglio y era él quien lo daba a conocer. Jorge García Cuerva no quiso quedarse atrás, y él mismo le relató a un periodista que recibió un signo de la Virgen por el que le daba a conocer su beneplácito por el nombramiento espiritual. Pero este caso no fue una rosa, ni siquiera un agua de nieve o una flor de retama: fue una hoja de repollo morado.

Resulta cuanto menos curioso que el Papa Francisco haya elegido obispo a un sacerdote cuya ordenación, según cuentan el clero de San Isidro, le habría sido diferida por su obispo —evitaremos detallar las razones—, se presentaba como peronista, celebraba misas militantes y trababa estrecha amistad con los jerarcas peronistas más corruptos y defensores de los peores causas —la legalización del aborto, por ejemplo— como es el caso de Malena Galmarini, con quien vemos en la foto abrazado y haciendo la V propia del peronismo. Además, en 2014 fue protagonista de un escándalo para muchos fieles ya que bautizó en la iglesia del Santísimo Sacramento (la más paqueta y elegante de Buenos Aires) a los hijos de un conocidísimo travesti, Florencia de la V, “casado” con otro hombre. No resultó extraño entonces que en 2021, un sacerdote salesiano de su diócesis “casara” con pompa y circunstancias —asistieron a la ceremonia religiosa las altas autoridades de la provincia encabezadas por el gobernador— a un travesti con un señor no travestido. Si bien Mons. García Cuerva dijo que no lo había autorizado, el episodio nunca quedó claro y el sacerdote recibió apenas una advertencia. En fin, Mons. García Cuerva no tenía los diplomas necesarios para acceder a la que entonces era la sede primada de Argentina. ¿Por qué entonces fue elegido por Francisco?

Hubo, claro, una intencionalidad política, como la había en cualquier gesto o decisión del pontífice. Al año siguiente de su nominación, había elecciones presidenciales en Argentina y el candidato peronista sería Sergio Massa, esposo de Galmarini y amigo personal de García Cuerva. Era un regalito de Bergoglio a sus amigos peronistas y un modo de obstaculizar la llegada de otro candidato. Por cierto, la estrategia no le funcionó.

Pero la razón más importante fue otra. En julio de 2022, el Vaticano finalizó una auditoría económica en la arquidiócesis de Buenos Aires en la que, por cuestiones bastante vidriosas, reprendía al arzobispo cardenal Mario Poli y a varios sacerdotes por la venta de un inmueble. Por supuesto, el informe contaba con la anuencia del Papa Francisco. Fue publicado en los medios nacionales generándose un mayúsculo escándalo como era previsible y, lo más grave es que las acusaciones vaticanas eran infundadas. Pocos días después, el cardenal Poli publicó una carta en apoyo a los sacerdotes difamados por el Vaticano de Francisco, y 250 sacerdotes de la arquidiócesis escribieron otra carta en apoyo a esos mismos sacerdotes, atestiguando su honestidad y buena fe. Como cualquiera podía suponer, esto enfureció al pontífice romano que no tardó, siguiendo a Juan Domingo Perón, en “hacer tronar el escarmiento”. Apenas 5 meses después de cumplir los 75 años, desbancó al cardenal Mario Poli de la sede porteña y nombró a su sucesor en la persona del entonces obispo de Río Gallegos, Mons. Jorge García Cuerva. La jugada fue interpretada como la venganza pontificia contra el arzobispo humillado y contra el clero porteño que lo había desafiado con la carta.

El candidato natural para suceder a Poli era Mons. Carlos Azpiroz Costa, O.P., que había sido maestro de la Orden de Predicadores y era —y es—, arzobispo de Bahía Blanca. Se trata de una persona formada y equilibrada que tenía todos los pergaminos para el puesto. García Cuerva, por su parte, no sólo no era querido por el clero porteño sino que en muchos ámbitos era detestado. Esto Francisco lo sabía y esta fue entonces su venganza: ponerles de arzobispo a quien causaría irritación permanente en el clero. Lo que no esperaba es que, poco tiempo después del nombramiento, suscitaría irritación también en él.  

Se sabe que Francisco, pocos meses después del fatídico nombramiento, se arrepintió de su designación. Así lo hizo saber a sus adláteres según manifestaron fuentes vaticanas. Más aún, las mismas fuente aseguran que todo hacía suponer que Mons. García Cuerva iba a correr la misma suerte que su amigo Mons. Gabriel Mestre, nombrado arzobispo de La Plata en 2023 y obligado a renunciar menos de un año después. Sin embargo, la muerte sorprendió a Bergoglio antes de ejecutar el escarmiento. 

Todo estaba preparado. En el segundo semestre de 2024 había enviado una extensa carta a Mons. Jorge García Cuerva en la que le detallaba sus desacuerdos con las medidas que venía tomando a pesar de que juntos habían acordado otras. No se trataba, por supuesto, de cuestiones menores como la ortodoxia en la doctrina o en la moral. Se trataba de cosas realmente importantes como la notoria avidez de García Cuerva por el dinero. 

Parte del desacuerdo era la duplicidad del arzobispo. Mientras decía públicamente que 

“el trabajo es un gran ordenador social, el trabajo dignifica a las personas”, y pedía a San Cayetano por “todos los trabajadores de nuestra Patria, por todos, porque como Iglesia, valoramos todas las formas de trabajo: el empleo formal, los emprendimientos familiares, la economía popular, el reciclado, las changas”

despedía a más de 130 empleados del arzobispado porteño.

Poco después, dispuso el cierre de la Casa del Clero, de calle Paraguay y Rodríguez Peña, en la que residían sacerdotes que literalmente no tenían donde vivir, y algunos de ellos ancianos o enfermos, cediendo el enorme edificio en comodato al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Raro, muy raro…

“Somos custodios de los discapacitados y de todos los enfermos”,

decía el arzobispo.

No le gustó tampoco al Papa las obras que Mons. García Cuerva emprendió en el palacio arzobispal. Por ejemplo, la reparación del tercer piso donde anteriormente habían vivido Bergoglio y el Cardenal Poli. Y, peor aún, la obra debió hacerse nuevamente porque no había quedado del agrado del señor arzobispo. Y pesar de los nuevos arreglos, Mons. García Cuerva siguió disgustado por lo que mandó a arreglar un palacete italiano de principios del siglo XX en la calle Baldomero Fernández Moreno 2383 del barrio de Flores, para establecer allí su residencia. El Papa Francisco, en la carta a la que hacemos referencia, le expresó su malestar por tales dispendios y le indicó que debía residir en la Curia, sita en Av. Rivadavia 415, tal como lo habían hecho sus predecesores. 

En 2024 falleció el P. Dinko Krpan, capellán de la misión rusa católica de rito bizantino en Buenos Aires, la que tenía sus celebraciones dominicales en una pequeña capilla ubicada en un elegante petit hotel de la calle Güemes 2967 del barrio de Palermo. Hasta allí llegaron también las garras episcopales de García Cuerva pues ordenó cerrar la misión, clausurar la capilla e impedir que sacerdotes de rito bizantino (o romano) puedan celebrar allí la Divina Liturgia. No sería extraño que dentro de poco el petit hotel sea vendido por el arzobispado.

Todas estas decisiones de Mons. García Cuerva explican el motivo por el cual el Papa Francisco le quitó a Buenos Aires la sede primada trasladándola a la insignificante sede de Santiago del Estero, aduciendo una insostenible razón histórica, nombrando cardenal a su arzobispo, el lazarista Vicente Bokalic que había sido su alumno en el Colegio Máximo, y dejando a García Cuerva sin el ansiado capelo púrpura.

La angurria de Mons. García Cuerva no se detuvo luego de la muerte de Francisco sino que, por el contrario, se fortaleció. Como Gran Canciller de la Pontificia Universidad Católica Argentina, decidió fundar un nuevo campus universitario, al que llamó “Zona Norte”, ubicado dentro de las instalaciones de Nordelta. No está mal la medida, pero cualquiera sabe la enorme cantidad de dinero que generará un centro universitario de prestigio en la zona que concentra a los nuevos ricos, y a los pretendientes a serlo, de todo Buenos Aires. ¿Se habría atrevido a una medida que tiene tan poco olor a oveja durante el pontificado de Francisco?

Pero el acuerdo que más ha dado que hablar, y con razón, es el referido al Luna Park. Recordemos que esta enorme e histórica sala de espectáculos ubicada en un lugar privilegiado de la ciudad de Buenos Aires, fue dejada en herencia por la viuda de su fundador y dueño a Cáritas, entidad administrada por el arzobispado de Buenos Aires, y a la congregación salesiana. El Papa Francisco había congelado la firma del proyecto de ampliación y remodelación que lo convertiría en un nuevo y moderno edificio dedicado a la realización de shows de todo tipo, sanctos y non sanctos, cargado además de la historia del legendario Luna Park.  Pero sabemos que muerto el rey… las cosas cambian. Mons. Jorge García Cuerva obtuvo la firma y autorización para las reformas de parte de León XIV en su último viaje a Roma, cuya noticia el mismo arzobispo se encargó de publicar.  “Por supuesto que ayudó a destrabar algunas de las tantas situaciones que tenemos”, dijo. 

Lo que más llamó la atención es que el Luna Park es monumento histórico nacional y está bajo el resguardo del cuidado patrimonial de la ciudad de Buenos Aires, ¿cómo fue posible entonces que el Jefe de Gobierno Jorge Macri, amigo de Jorge García Cuerva, haya autorizado las intervenciones que modificarán completamente el edificio? Algunos sacerdotes malvados de Buenos Aires sostienen que es el pago por la entrega de la Casa del Clero a la Ciudad.

Pero los desaguisados de Mons. García Cuerva no se reducen a la cuestión económica. Decíamos que el clero porteño no lo quería y no lo quiere. Él lo sabe y por ese motivo ejerce sobre sus sacerdotes un estilo autoritario y, a aquellos mayores de 45 años, los ignora o destrata, actitud que se intensifica con quienes son ancianos. El caso paradigmático es el de Mons. José Luis Mollagham, de 79 años, que fue encontrado muerto luego de 4 días en el departamento donde vivía . Iam foetet… Fueron los vecinos quienes advirtieron del hecho a la policía.

Hemos tomado un caso testigo; un obispo nombrado por Francisco sin tener las mínimas condiciones para el cargo, que no ha dejado tropelías por cometer en el ejercicio de su ministerio. Y si miramos a sus colegas del Gran Buenos Aires, veríamos que muchos de ellos poseen el mismo pedigree: peronistas militantes, miembros de alguna mafia coloreada que no nombraremos y con menos que escasa formación teológica

Que Dios tenga misericordia del alma del Papa Francisco y le perdone todos sus pecados. 

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