Biografías de Bergoglio se han escrito muchas; la mayor parte de ellas muy malas. De estilo periodístico y a vuela pluma para no perder el envión, y las ganancias, del momento, no pasan de ser anecdotarios. Es el caso, por ejemplo, de Francisco, de Elisabetta Piqué.
Como es natural, la mayoría de las biografías han sido escritas por argentinos y de entre estas, salvo dos excepciones, no hacen más que repetir la doxa establecida por el establishment. Hago excepción del libro de Ignacio Zuleta, El Papa peronista, aunque aborda la vida de Bergoglio desde una perspectiva muy concreta: su pertenencia al peronismo. Y los varios escritos de Antonio Caponnetto que, además de historiador profesional -y no un periodista- y su recurso constante a las fuentes documentales, añade su propio conocimiento del entonces arzobispo de Buenos Aires.
Si miramos a los autores europeos, hay tres biografías que son relevantes. La de Massimo Borghetti, Jorge Mario Bergoglio : Una biografía intelectual. Dialéctica y mística y Loris Zanatta, Bergoglio. Una biografía política. Este último es un muy buen libro… con los recaudos necesarios. El autor se ha documentado profusamente y no ha tenido ningún tipo de respeto humano de pintar al personaje tal cual era. Sin embargo, se trata de una biografía escrita exclusivamente desde el punto de vista político por lo que deja de lado muchos aspectos de la vida de Bergoglio que resultan fundamentales. Por otro lado, Zanatta es un liberal furibundo y eso tiñe la perspectiva de su trabajo.
Y llegamos a la biografía que quiero comentar en este post: El gran reformador. Francisco, retrato de un papa radical. El autor es Austen Ivereigh, historiador y periodista británico, profesor de historia de la Iglesia en Campion Hall -el college de los jesuitas de Oxford- y amigo personal del Papa Francisco. Aunque es una biografía incompleta -se publicó en 2015- es, hasta ahora la biografía canónica y más prestigiosa, escrita, además, por un historiador profesional y devoto de Francisco. Está muy bien documentada y señala constantemente las fuentes en las que se basa. Para redactarla, estuvo varios meses en Argentina, explorando archivos y entrevistando testigos de la vida bergogliana. Sin embargo, esto no fue suficiente para que no se colaran en su libro un buen número de errores -algunos de detalle y otros más groseros- y una ingenuidad apabullante -no podría decir si inocente o ficticia- que, por momentos, resulta enternecedora. Ivereigh ha seguido el canon que distingue a las típicas hagiografías escritas por jesuitas. Fue siguiendo, como en el cuento infantil, la señales de piedras blancas que el propio Bergoglio iba dejando en entrevistas, escritos y comentarios sabiendo que contribuirían a la construcción del mito de un papa santo.
Tal como dije, se trata de la biografía canónica, es decir, la biografía de referencia a nivel mundial de Jorge Mario Bergoglio y, por eso mismo, he creído que vale la pena tomarse el trabajo de señalar todas sus falencias o, al menos, una buena parte de ellas, a fin de que quede registro aunque más no sea en un blog.
Errores e incoherencias
- Afirma que Juan Manuel de Rosas se exilió en Inglaterra junto con su esposa. En realidad, su esposa Encarnación Ezcurra, había muerto en 1838, y el éxilio del Rosas fue en 1852. Quien lo acompañó fue su hija Manuelita. (p. 23).
- Afirma que quienes quemaron las iglesias de Buenos Aires el 16 de junio de 1955 fueron los francmasones y que quemaron también la Universidad del Salvador, de los jesuitas. Los autores de la quema fueron las hordas peronistas y la Universidad del Salvador propiamente como tal fue fundada un año después, en 1956, por lo que difícilmente pudo haber sido también quemada. (p. 41).
- Afirma que el mausoleo del Gral. José de San Martín forma parte de la catedral de Buenos Aires pues sería una de las capillas laterales. El mausoleo, aunque está adosado a la catedral y se ingresa a él a través del templo, no forma parte del mismo. (p. 42).
- En la bibliografía, lista todas las biografías de Bergoglio escritas por argentinos. Curiosamente, no aparece la de Omar Bello, la primera en ser publicada en junio de 2013. Se titula: El verdadero Francisco. Se entiende que a Ivereigh no le interesara. (p. 557).
- Da por hecho probado que el obispo Angelelli fue asesinado, sin tener en cuenta, o al menos mencionar, la incontrastable evidencia de que se trató de un accidente, como dimos cuenta en su momento aquí. (p. 159).
- Dice textualmente: «Los jesuitas contaban también con la Universidad Católica, la UCA, además de las de Córdoba y Salta. En realidad, la UCA jamás perteneció a la Compañía de Jesús sino que está ligada al episcopado argentino. (p. 168).
- Afirma que en 1983 murieron tres obispos en misteriosos accidentes de tránsito. Ese año no murió ningún obispo en accidentes. Quienes sí murieron de ese modo fue el ya mencionado Mons. Angelelli en 1976; Mons. Ponce de León, en 1977 y Mons. Devoto en 1983. Y no hay mucho misterios en sus muertes más allá de la conocida imprudencia al volante de todos ellos.
- Afirma que las misiones jesuíticas estaban ubicadas en las riberas del río ¡Guaraní!. Confunde una etnia con un río… En realidad, estaban ubicadas a la vera del Paraná. (p. 195)
- Afirma que Alfredo Astiz era una teniente del Ejército. En realidad, Astiz era teniente de fragata, perteneciente a la Armada, y no al Ejército. (p. 211).
- Afirma que Alfonsín vetó el nombramiento de Mons. Quarracino como arzobispo de Buenos Aires en virtud de los poderes que le otorgaba el Patronato. En realidad, el concordato entre el gobierno argentino y la Santa Sede por el cual se eliminó el derecho al Patronato se firmó en 1966. (p. 296).
- Afirma que mantenía contacto frecuente con su amigo el «obispos» pseudo-anglicano Tony Palmer por correo electrónico (p. 437). Sin embargo, en la p. 446 dice que no sabía usar, y que no usaba, el ordenador.
Una hagiografía de Bergoglio
Como dije más arriba, Ivereigh no escribe una biografía sino una verdadera y propia hagiografía. Veamos algunos pocos párrafos inequívocos (y risibles):
- «Bergoglio […] fue capaz de traspasar las capas escolásticas y llegar al «carisma primitivo», del siglo XVI, de los primeros jesuitas, que serían su modelo para la reforma». (p. 102).
- «Nadie había pensado que un Papa pudiera llamarse Francisco: sería algo así como adoptar el nombre de Pedro, o de Jesús. Eran únicos». (p. 125).
- «Él [Francisco] estaba restaurando lo que se había perdido: no estaba despreciando a la Iglesia ni sus doctrinas, sino buscando restablecer su significado y su propósito, que era revelar a Cristo». (p. 131).
- «[Francisco] era humilde en un mundo de fama, pecador en un mundo de autojustificación, y besaba a leprosos en un mundo obsesionado con la belleza». (p. 132).
- «Durante sus últimos años como cardenal Bergoglio había llegado a ser el icono de esa idea [un hombre para los demás], la personificación de una vida vivida en la caritas. (p. 451). [Da la impresión que Ivereigh no se preocupó de averiguar que pensaban los argentinos del cardenal Bergoglio…].
- «[Bergoglio] poseía la genialidad política de un lider carismático y el misticismo profético de un santo del desierto». (p. 475).
El relato hagiográfico no se limita a párrafos elegíacos; se extiende también a pequeños sucesos que demostrarían que estábamos en presencia de un santo a quien la Providencia le regalaba signos sobrenaturales. Veamos apenas algunas muestras:
- Bergoglio tenía desde siempre una profunda devoción por Santa Teresita de Liseaux. Y, según él, la santa le hacía llegar rosas blancas cuando le concedía alguna gracia o quería darle a conocer un signo. Relata, entonces, el biógrafo, que en la noche del primer día del cónclave que lo elegiría Papa, cuando fue a su cuarto en Santa Marta a dormir luego de las oraciones, encontró sobre su cama una rosa blanca (p. 479). Si vamos a la fuente (nota 13) descubrimos el único testigo del hecho fue el mismo Bergoglio quien se lo relató a un amigo. En otra ocasión, y luego de una jornada de oración pública por la paz en Siria, mientras paseaba por los jardines vaticanos, un jardinero le regaló una rosa blanca. Al día siguiente, Putin impidió un bombardeo estadounidense (p. 519). La fuente del hecho, una vez más, en un relato del mismo Bergoglio a un obispo (nota 40).
- Al cardenal Bergoglio no le gustaban los diáconos permanentes, pues consideraba que eran una clericalización de los laicos. Sin embargo, siendo arzobispo de Buenos Aires, ordenó a tres. ¿Por qué lo hizo? Según le contó a los elegidos: «…la Virgen María vino a mi anoche y me pidió tres diáconos para Buenos Aires». (p. 444). ¿Le habrá entregado también un escapulario como a San Simón Stock o a Sor Justina Bisqueyburu?
¿Ingenuidad, candidez o cinismo?
Hay una serie de afirmaciones en el libro de Ivereigh que el lector no sabe bien a qué atribuir por el modo tan claro con el que chocan con la evidencia. Dice en la p. 494: «Francisco se ha dedicado a desmontar el modelo centralista y monárquico del Vaticano y a crear estructuras que […] solo pueden ser descritas como «republicanas»». La realidad es, como sabe cualquier persona más o menos informada, que Francisco se caracterizó por ejercer diariamente sus prerrogativas de monarca absoluto, modicando leyes, interviniendo en juicios, salteando jerarquías e imponiendo sus caprichos. Yo mismo he escuchado referirse a él dentro de los muros vaticanos, a un importante prelado sin ninguna sospecha de ser conservador, como «el tirano felizmente reinante», y no una vez, sino varias. Y quienes durante el bergogliato habitaban el Vaticano pueden dar fe del ambiente de terror en el que se vivía, pues en cualquier momento, y sin mediar razón alguna, cualquiera podía ser despedido de su cargo por la simple voluntad del monarca. Y esto no ocurría sólo en el Vaticano. Francisco removía obispos sin mediar motivo alguno y por el sólo hecho de discrepar con él. Por ejemplo, el caso de Mons. Giovanni D’Ercole, obispo de Ascoli Piceno, obligado a renunciar por su cuestionamiento a las extremas medidas sanitarias durante el Covid, o Mons. Joseph Strickland, obispo de Tyler, destituido por criticar las medidas pro-divorciados y pro-LGTB de Francisco. Hablar de «formas republicanas» en Francisco resulta irrisorio, si no fuera más bien cínico.
En última instancia, y más allá de que la de Austen Ivereigh es merecidamente la biografía canónica de Bergoglio hasta el momento, el autor no es capaz de aceptar -quizás porque la escribió diez años antes de la muerte del protagonista- que el pontificado de Francisco fue un gran bluff.

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El libro de Massimo Borghesi (no Borghetti) exagera en cuanto a la densidad intelectual de Bergoglio y en cuanto a la vitalidad, profundidad, originalidad e influencia académica que tuvieron las personas cuyo pensamiento influyó en él. El mismo Bergoglio exageraba, por falta de academia, la importancia del pensamiento de Delia Podetti y del mismo Kusch. Como, siendo ya Papa, exageró sobre el valor de la producción de Kovadloff. Era su costumbre, de lo poco que leía hacía una montaña de sabiduría (así de Kasper (para sorpresa suya). Fin
Coincido plenamente
El libro de M. Borghesi se inscribe en el fallido intento por dar del papa Francisco una imagen de autor con nivel intelectual, cercana a la del papa Benedicto. Recuérdese que pretendieron que este último prologara una colección de (creo 11) tomitos que iban a recoger el pensamiento de Bergoglio. El papa Ratzinger declinó el ofrecimiento, con mucho fastidio de Francisco y de los operadores del asunto.
Es cierto que, en su falta de contexto por falta de vida académica, Bergoglio realizaba juicios de elogios desmesurados a textos o autores sin mayor trascendencia.
Un caso especial, donde se sumaba el afecto, es la cita de Tucho Fernández tomada de un boletín de divulgación de noticias de la UCA en su texto programático Evangelii Gaudium (nota 207) o el listado de publicaciones muy menores en el nombramiento como Prefecto de la Doctrina de la Fe. Aunque es posible que la gaffe de Evangelii Gaudium se deba a que el redactor es el mismo Fernández, que tampoco tiene roce propiamente académico y aprovechó la volada para insertarse en el Magisterio. Todavía no sabía que tendría luego hartas otras oportunidades.
La Specola hoy:
«Hay algo casi obsceno en la forma en que León XIV sigue hablando de Francisco como si el juicio de Dios ya fuera de dominio público. En el primer aniversario de la muerte de Francisco, León no pidió a los fieles que rezaran por su alma ni lo encomendó a la misericordia divina. En cambio, anunció el «nacimiento en el cielo» de «nuestro querido Francisco», e inmediatamente vinculó el futuro de la Iglesia a la continuación del programa de Francisco: alegría, misericordia, fraternidad y el resto del vocabulario posconciliar que ya ha causado tanto daño. Incluso el aniversario oficial en Santa María la Mayor se ha celebrado de color blanco.»
Bueno, Ivereigh no es el único, hoy comenta Specola la línea que baja permanentemente León XIV sobre nuestro querido Bergoglio, que está en los cielos, intercediendo por nosotros (ya le falta decir que está sentado a la diestra nomás)
Jorge
Bergoglio fue consagrado obispo en 1992 (para ser obispo auxiliar de Buenos Aires) y el arzobispo Quarracino fallece en 1998, al que efectivamente sucede al haber sido nombrado obispo coadjutor en 1998.
¿Es que desde 1992 hasta 1998 no ha vestido sotanas propias de obispo, aunque sólo sean como habito coral?
No entiendo entonces eso de la «humildad» (no dudo que no le diese importancia al vestido; pero Bergoglio no se ha comportado nunca «humildemente»)
¿Es que no debía mostrar las apariencias debidas a la catedral metropolitana y primada de Argentina ?…Porque quejas parece que no ha habido en su momento.
Luego, las propiedades personales de los obispos fallecidos siendo titulares de su sede son propiedad de sus herederos civiles (es decir, lo que señala el Código Civil) y dependerá si ha dejado testamento (o legado), que irán a quién designe, o a sus herederos abintestato, que son familiares suyos de sangre en el grado más cercano. No es el obispo entrante.
Creo recordar que antiguamente la cruz pectoral y el anillo pastoral, que eran de valor, quedaban propiedad de la catedral (probablemente porque los obispos vivían de las rentas generadas por la «mesa episcopal» -antes de las desamortizaciones-)
Entiendo entonces que las sotanas, ropa interior, peines, dientes postizos, gafas, ropa interior, restos de pastillas de jabón, champú, plumas, mecheros, libreta de ahorros, restos de medicamentos…etc de D. Antonio irían a sus herederos civiles.
¿Que sus herreros hayan querido que Bergoglio se quedase con algo antes de tirarlo a la basura?. Pues es posible.
Es típico de ciertos clérigos el legar algunos de sus objetos personales (ej el solideo) a alguna casa religiosa con la que tuviese una vinculación especial. Quarracino construyó la catedral de Avellaneda y sería normal que algo personal suyo, pero de valor eclesiástico, fuese donado a ella ej una casulla con su cifra o con su escudo)
No entiendo entonces las palabras de su hagiógrafo.
Hay que recordan de todos modos que cuando se utiliza vestuario de otra persona, un sastre tiene que adaptar las medidas al nuevo poseedor, si puede (si hay tela suficiente ), cosa que no siempre se puede. Y esto cuesta dinero.
Parece que la devoción de Ivereigh por Bergoglio le hace ver santidad en todo lo que toca, cual postulador de su causa.
Pues ¡que Dios le bendiga!
non vedo come si possa chiamare Biografia un libro che è stato pubblicato nel 2015, cioè prima che Papa Bergoglio iniziasse a compiere gli atti rivoluzionari che lo resero famoso, tipo dichiarazione congiunta di Abu Dhabi!
Aquí el impreciso es el autor del posteo. Las sotanas de los obispos también llevan vivo rojos. Las que los llevan violeta son las de los capellanes de Su Santidad, cosa que Bergoglio nunca fue, por lo que difícilmente hubiera tenido ese tipo de sotana.
Esto es lo que dice la IA de Google sobre los vivos de los obispos:
«Los vivos o ribetes de las sotanas de los obispos son de color amaranto o rubí.
Liturgia Papal +2
Aunque comúnmente se describen como «morados» debido a que la faja y el solideo de los obispos son de ese color, técnicamente los hilos, botones y ojales de la sotana (conocida como filetata o traje piano) utilizan un tono rojizo intenso o carmesí.
Liturgia Papal +1
Detalles de la vestimenta episcopal
En comparación, los Cardenales utilizan vivos de color rojo escarlata y los Capellanes de Su Santidad (monseñores) también emplean el color rubí sobre sotana negra, pero sin la esclavina (capa corta) característica de los obispos.
No es lo que dice el Ceremonial de los Obispos, que claramente determina que la sotana negra con vivos rojos es propia de obispos y cardenales. La diferencia está en la faja y el solideo.
Pues la IA se equivoca. Lo que comentó el anónimo del 23 de abril a las 10:23 hs. es correcto . Cf. Ceremonial of Bishops nn. 1203-1205; 1209 – Liturgical Press 1989.
Dos respuestas del 27 de abril, es decir de hoy, quieren desacreditar lo que la respuesta del 23 de abril dice de la diferencia del color. Basta con ver las sotanas de los obispos y de los cardenales para darse cuenta de la diferencia en los filetes y no sólo en las fajas y solideos. ¿Para qué se ponen a opinar sin saber, por Dios? ¿Con qué necesidad? Busquen en internet fotografías donde aparezcan juntos un cardenal con un obispo usando sotana. Verán la gran diferencia del colorado del cardenal y el color del obispo, en botones y filetes también. A pesar de que pueda haber alguna distancia sutil entre el tono del filete y los botones con el de la faja y solideo en el obispo, están muy cerca entre sí, y muy lejos del color del cardenal. Aquí paso un link en el que al final del artículo hay una foto en la que se ve junto al felizmente extinto penúltimo Papa a dos cardenales y dos obispos. Fíjense allí la diferencia de colores y dejen el asunto de una buena vez.
Ud ejerce el gusto de hablar por hablar. Es de no creer que se ponga a corregir a alguien por un detalle exiguo sin la correcta información y creyendo que sabe para la cátedra. Para colmo tilda de impreciso al autor del blog (que tenía razón en lo que argumentaba, a pesar del diminuto fallo en la palabra que usó para el color) y sus cuatro renglones son tan inexactos que llegan a ser cómicos por la torpeza. Más allá de sus errores en el asunto central al que Ud. quiere referirse, los relativos al color de los filetes de las sotanas y de las fajas, y que fueron bien aclarados por otro lector acudiendo a la IA (úsela en el futuro, por si acaso se le ocurre volver a opinar, aunque le recomiendo que evite el deseo de protagonismo): los Capellanes de Su Santidad son sólo el primer grado de los títulos honoríficos concedidos a algunos sacerdotes, y Ud. lo usa como si fuese dignidad única, olvidando a los Prelados de Honor (segundo grado) y a los Protonotarios Apostólicos (tercer y más alto título). Los tres merecen para el clérigo el tratamiento de Monseñor y de fajas y bordes de color en sus sotanas negras.
Una de las contradicciones de Francisco es que no le gustaban los diáconos permanentes, pues lo consideraba una clericalización del laicado. Sin embargo, abrió la discusión para admitir mujeres al diaconado (diaconisas).
No nos olvidemos de El Verdadero Francisco de Omar Bello (que pinta a Bergoglio como realmente fue al frente del Arzobispado de Buenos Aires) y The Dictator Pope: The Inside Story of the Francis Papacy de Henry J. A. Sire (publicado originalmente con el pseudónimo «Marcantonio Colonna», donde expone el verdadero carácter arbitrario, pendenciero y de «patroncito de estancia» de Francisco).