Una discusión sobre la postura de la FSSPX

por Fernando Romero Moreno

Introducción

          Con ocasión de las ordenaciones episcopales sin mandato pontificio que la FSSPX realizadas ayer 1.º de julio, han reaparecido voces de supuestos católicos formados que afirman conocer los verdaderos motivos de los seguidores de Mons. Lefebvre. Sólo por poner algunos ejemplos, dicen que los fieles vinculados a la FSSPX serían retrógrados que quieren la Misa de espaldas al pueblo por mera nostalgia del pasado; que convierten las puntillas y el velo en dogmas intocables; que se oponen al Concilio Vaticano II por antisemitismo y defensa de una monarquía católica absolutista, etc. Quienes piensen así, no esperen que ofrezca una respuesta en este artículo: no voy a detenerme en refutar semejantes falsedades o simplificaciones, menos aún en medio de la gravísima situación por la que atraviesa la Iglesia Católica. No apoyo las próximas ordenaciones episcopales; acepto el Concilio Vaticano II interpretado a la luz de la Tradición y discrepo de algunas posiciones de la FSSPX. Sin embargo, no por eso los considero “enemigos” —hoy parece que todos son hermanos separados, salvo ellos—, máxime cuando, desde hace más de sesenta años, en la Iglesia abundan cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos (algunos con cargos eclesiásticos, doctorados y cátedras en universidades pontificias) que fomentan herejías, desobediencias graves y pecados de público conocimiento sin recibir sanciones; antes bien, en muchos casos reciben felicitaciones, premios y ascensos. Basta observar lo que viene sucediendo con el Camino Sinodal Alemán.

          Dicho esto, el objeto de este breve artículo es mostrar al fiel corriente de la FSSPX o afín a la misma, que lo pedido por Roma (al menos durante los Pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI) no fue una aceptación acrítica de Vaticano II ni de la reforma litúrgica sino un mínimo razonable, que dejaba un margen amplio de interpretación acorde con la Tradición. La postura de la FSSPX contraria a este tipo de propuestas no fue constante en el tiempo. Sólo por citar un hito importante, Mons. Lefebvre había aceptado el Acuerdo de 1988 y si bien luego se retractó, no fue por motivos doctrinales sino por el aplazamiento y posible retraso de las Ordenaciones episcopales. Pero en general hay que reconocer que lo que ha impedido llegar a una solución, es el rechazo, sino constante sí relativamente habitual de la FSSPX al Concilio Vaticano II, en especial a las doctrinas sobre la naturaleza de la Iglesia Católica, la colegialidad episcopal, la libertad religiosa, el ecumenismo y la Reforma Litúrgica expresada en el Novus Ordo Missae.

La postura de la FSSPX

          Esa actitud de rechazo absoluto se dio con claridad y por primera vez en la famosa declaración de Mons. Lefebvre de 1974. Veamos:

“Nos adherimos de todo corazón y con toda nuestra alma a la Roma católica, guardiana de la fe católica y de las tradiciones necesarias para el mantenimiento de esa fe; a la Roma eterna, maestra de sabiduría y de verdad. Por el contrario, nos negamos y nos hemos negado siempre a seguir a la Roma de tendencia neomodernista y neoprotestante, que se manifestó claramente en el Concilio Vaticano II y, después del Concilio, en todas las reformas que de él surgieron. Todas estas reformas, en efecto, han contribuido y siguen contribuyendo a la demolición de la Iglesia, a la ruina del Sacerdocio, a la destrucción del Sacrificio y de los Sacramentos, a la desaparición de la vida religiosa y a la implantación de una enseñanza naturalista y teilhardiana en las universidades, seminarios y catequesis, enseñanza surgida del liberalismo y del protestantismo condenado tantas veces por el Magisterio solemne de la Iglesia (…). A la Misa nueva le corresponde catecismo nuevo, sacerdocio nuevo, seminarios nuevos, universidades nuevas e Iglesia carismática o pentecostal, todo lo cual se opone a la ortodoxia y al magisterio de siempre. Esta Reforma, por haber surgido del liberalismo y modernismo, está enteramente envenenada. Sale de la herejía y acaba en la herejía, aunque todos sus actos no sean formalmente heréticos. Es, pues, imposible para todo católico consciente y fiel adoptar esta Reforma y someterse a ella de cualquier manera que sea. La única actitud de fidelidad a la Iglesia y a la doctrina católica, en bien de nuestra salvación, es una negativa categórica a aceptar la Reforma (…) Por eso, nos atenemos con firmeza a todo lo que la Iglesia de siempre ha creído y practicado en la fe, en las costumbres, en el culto, en la enseñanza del catecismo, en la formación del sacerdote y en la institución de la Iglesia, y que ha codificado en los libros publicados antes de la influencia modernista del Concilio, a la espera de que la verdadera luz de la Tradición disipe las tinieblas que oscurecen el cielo de la Roma eterna” . 

Idéntica postura es la que tienen hoy los seguidores de Mons. Lefebvre, como puede advertirse en el siguiente texto de 2026:

Por desgracia, hay que constatar que el Concilio Vaticano II sigue siendo hoy en Roma una referencia ineludible (…) Así, incluso hoy, pese a los frutos amargos del Concilio, Roma continúa considerándolo la brújula que orienta sus pasos (…). De este modo, dado que las autoridades oficiales de la Iglesia siguen impregnadas de errores modernos, la Fraternidad San Pío X resulta más necesaria que nunca para permitir que el mayor número posible de almas se beneficie de los tesoros de la Tradición” .

          La grave crisis de la Iglesia es un diagnóstico de la FSSPX que, en líneas generales, han compartido también Papas como Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, además de católicos ortodoxos en plena comunión con la Santa Sede, aunque no afirmando que la causa principal de dicha crisis sea el Concilio Vaticano II.  A mero título ejemplificativo, recordemos unas palabras del entonces Cardenal Ratzinger pronunciadas en Chile en 1988:

Defender el Concilio Vaticano II (…) como válido y vinculante en la Iglesia, es y va a seguir siendo una necesidad. Sin embargo, exis­te una actitud de miras estrechas que aísla el Vaticano II y que ha provocado la oposición. Muchas exposiciones dan la impresión de que, después del Vaticano II, todo haya cambiado y lo anterior ya no puede tener validez, o, en el mejor de los casos, sólo la tendrá a la luz del Vaticano II. El Concilio Vaticano II no se trata como parte de la totalidad de la Tradición viva de la Iglesia, sino directamente como el fin de la Tradición y como un recomenzar enteramente de cero. La verdad es que el mismo Concilio no ha definido ningún dogma y ha querido de modo consciente expresarse en un rango más modesto, meramente como Concilio pastoral; sin embargo, mu­chos lo interpretan como si fuera casi el superdogma que quita importancia a todo lo demás. Esta impresión se refuerza especialmente por hechos que ocurren en la vida corriente. Lo que antes era considerado lo más santo –la forma transmitida por la liturgia–, de repente aparece como lo más prohibido y lo único que con seguridad debe rechazarse. No se tolera la crítica a las medidas del tiempo postconciliar; pero donde están en juego las antiguas reglas, o las grandes verdades de la fe –por ejemplo, la virginidad corporal de María, la resurrección corporal de Jesús, la inmortalidad del alma, etc.–, o bien no se reacciona en absoluto, o bien se hace sólo de forma extremadamente atenuada. Yo mismo he podido ver, cuando era profesor, cómo el mismo obispo que antes del Concilio había rechazado a un profesor irreprochable por su modo de hablar un poco tosco, no se veía capaz, después del Concilio, de rechazar a otro profesor que negaba abiertamente algunas verdades fundamentales de la fe. Todo esto lleva a muchas personas a preguntarse si la Iglesia de hoy es realmente todavía la misma de ayer, o si no será que se la han cambiado por otra sin avisarles. La única manera para hacer creíble el Vaticano II es presentarlo claramente como lo que es: una parte de la entera y única Tradición de la Iglesia y de su fe” .

¿Qué pidió Roma a la FSSPX respecto del Concilio Vaticano II y de la Reforma Litúrgica?

          La Santa Sede nunca pidió a la FSSPX una aceptación acrítica ni una obediencia ciega al Concilio Vaticano II y a la Reforma Litúrgica. Pongamos tres ejemplos:

1982 : Carta del Cardenal Ratzinger a Mons. Lefebvre:

El Santo Padre nombrará (…) un Visitador Apostólico para la Fraternidad San Pío X si usted acepta firmar una declaración con la forma siguiente (…) : 1. Yo, Marcel Lefebvre, declaro que me adhiero con religioso respeto a la totalidad de la doctrina del Concilio Vaticano II, es decir, de la doctrina «en la medida en que la misma se entiende a la luz de la santa Tradición y sobre la base del constante Magisterio de la Iglesia misma» (…).
Esta sumisión religiosa tiene en cuenta la calificación teológica de cada uno de los documentos, establecida por el propio Concilio (…). 2. Yo, Marcel Lefebvre, reconozco que el Misal Romano establecido por el Soberano Pontífice Pablo VI para la Iglesia universal ha sido promulgado por la legítima autoridad de la Santa Sede, a la que corresponde el derecho de legislar en materia litúrgica en la Iglesia y, en virtud de ese mismo hecho, es legítimo y católico. Por esta razón, no he negado ni negaré que las misas celebradas fielmente según el nuevo Ordo son válidas y no querría insinuar de ningún modo que sean heréticas o blasfemas, ni tengo la intención de afirmar que deban ser evitadas por los católicos. 

Estos dos párrafos han sido cuidadosamente estudiados por la Sede Apostólica y no son susceptibles de modificación. En cambio, usted podría añadir, a título personal, un suplemento, cuyo contenido podría ser el siguiente (…):
Me siento obligado en conciencia a añadir que la aplicación concreta de la reforma litúrgica plantea graves cuestiones, las cuales deben provocar una diligente solicitud por parte de la autoridad suprema. Por ello, deseo que dicha autoridad realice en el futuro una nueva revisión de los libros litúrgicos. Si lo desea, puede modificar este último párrafo, sujeto naturalmente a que su formulación sea aceptada por el Santo Padre” .

          La referencia a la calificación teológica de los documentos se refiere a su distinta naturaleza (no pueden equipararse, por ej. las Constituciones Dogmáticas, las Declaraciones y los Decretos) y por lo tanto al grado de  obligatoriedad de sus enseñanzas. Así lo explicó Mons. Fernando Ocáriz Braña, uno de los teólogos elegidos por Benedicto XVI para dialogar con la FSSPX:

“No todas las afirmaciones contenidas en los documentos conciliares tienen el mismo valor doctrinal y, por tanto, no todas requieren el mismo grado de asentimiento (…). Las afirmaciones del Concilio Vaticano II que recuerdan verdades de fe exigen naturalmente el asentimiento de la fe teologal, no porque hayan sido enseñadas por este Concilio, sino porque ya han sido enseñadas infaliblemente por la Iglesia, ya sea mediante un juicio solemne o por el Magisterio ordinario y universal. Del mismo modo, se requiere un asentimiento pleno y definitivo para aquellas otras doctrinas propuestas por el Concilio que ya habían sido enseñadas anteriormente mediante actos definitivos del Magisterio. Las demás enseñanzas doctrinales del Concilio requieren de los fieles un grado de adhesión denominado «obsequio religioso de la voluntad y del entendimiento». Precisamente por ser un asentimiento «religioso», no se fundamenta únicamente en motivos racionales. Esta adhesión no constituye un acto de fe, sino un acto de obediencia que no es meramente disciplinar, sino que se apoya en la confianza en la asistencia divina concedida al Magisterio y, por tanto, se sitúa «dentro de la lógica de la fe y bajo el impulso de la obediencia a la fe» (…). Esta obediencia al Magisterio de la Iglesia no limita la libertad; al contrario, es fuente de libertad. Las palabras de Cristo: «Quien a vosotros escucha, a mí me escucha» (Lc 10,16), se dirigen también a los sucesores de los Apóstoles; y escuchar a Cristo significa recibir la verdad que hace libres (cf. Jn 8,32). Los documentos del Magisterio pueden contener elementos que no son estrictamente doctrinales —como sucede en los documentos del Concilio Vaticano II—, elementos de carácter más o menos circunstancial (descripciones de situaciones sociales, sugerencias, exhortaciones, etc.). Estos aspectos deben recibirse con respeto y gratitud, pero no requieren asentimiento intelectual en sentido estricto (cf. Donum Veritatis, nn. 24-31)” .

Ocáriz Braña no comparte lo que voy a decir ahora y el Magisterio de la Iglesia también se ha negado, por el momento, a reconocerlo, pero entiendo que es de puro sentido común: si por su propia naturaleza las enseñanzas del llamado Magisterio Auténtico (diferente del Magisterio Ordinario y Universal) no son definitivas y en ciertos casos puede resultar evidente que son claramente opuestas a doctrinas ya definidas con anterioridad de modo infalible (como ha sucedido con documentos heterodoxos al estilo de Amoris Laetitia  o Fiduccia Supplicans), no sólo se puede sino que deben ser rechazadas. Es lo que hicieron católicos de recta doctrina ante documentos como los mencionados. Me refiero a referentes importantes como Ettori Gotti Tedeschi, Antonio Livi, Roberto de Mattei, José María Iraburu, Mario Caponneto, Mons. Schneider, el Cardenal Sarah o el Cardenal Zen, entre muchos otros. Claro que hay que tener cuidado en este asunto, porque en muchos casos lo que parece erróneo no lo es realidad o es una expresión ambigua, en cuyo caso lo que corresponde no es el rechazo sino la interpretación a la luz de la Tradición. Además, una interpretación laxa de esto es lo que hacen los “teólogos del disenso”, para justificar sus interpretaciones modernistas y heterodoxas del Magisterio conciliar o post-conciliar. Por lo mismo hay que dejar claro que, salvo la extrema prudencia que hay que tener al oponerse a un error del Magisterio no definitivo, tal supuesto no se da con el Magisterio que goza del carisma de la infalibilidad como las enseñanzas “ex cathedra” del Romano Pontífice, las doctrinas de los Concilios que definen dogmas o condenan herejías o las expresadas mediante el Magisterio Ordinario y Universal. 

1983, Carta del Cardenal Ratzinger a Mons. Lefebvre:

«Excelencia, el Santo Padre ha meditado cuidadosamente ante Dios su carta del día 5 del pasado mes de abril, a la luz de su responsabilidad como Pastor Supremo de la Iglesia. Después de hacerlo, me ha encargado que responda en su nombre, deber que cumplo con la presente carta (…) Con el consentimiento del Santo Padre, le puedo decir de nuevo que no se excluye a priori cualquier crítica de los libros litúrgicos y que incluso es posible manifestar el deseo de una nueva revisión, de la misma forma que el movimiento litúrgico anterior al concilio pudo desear y preparar la reforma. Pero todo eso a condición de que la crítica no impida ni destruya la obediencia y no ponga en discusión la legitimidad de la liturgia de la Iglesia (…). El Santo Padre está sorprendido de que su aceptación del Concilio interpretado según la Tradición siga siendo ambigua (…). En esto, al igual que con respecto a las cuestiones litúrgicas, hay que señalar que –en función de los diversos grados de autoridad de los textos conciliares– no se excluye la crítica de algunas de sus expresiones, realizada según las reglas generales de adhesión al Magisterio. Puede incluso expresar el deseo de que se produzca una declaración o un desarrollo explicativo sobre un punto u otro (…) Resulta también válido un comentario realizado anteriormente (…): los autores privados, incluso si fueron peritos del concilio (como el P. Congar o el P. Murray, que usted cita) no son la autoridad encargada de la interpretación. Sólo es auténtica y autoritativa la interpretación dada por el Magisterio, el cual es de esa forma el intérprete de sus propios textos, ya que los textos conciliares no son los escritos de un experto u otro ni de quienes hayan contribuido a su desarrollo, sino documentos del Magisterio (…). No se exige que renuncie usted a la totalidad de sus críticas al concilio y a la reforma litúrgica (…). Si alguna expresión le causa dificultades insuperables, puede plantear esas dificultades: las palabras en sí mismas no son un absoluto, pero su contenido es indispensable” .

1988, Protocolo de Acuerdo propuesto por la Santa Sede (parte doctrinal):

Yo, Marcel Lefebvre, Arzobispo-Obispo Emérito de Tulle, así como los miembros de la Sociedad de San Pío X fundada por mí: 1. Prometo ser siempre fiel a la Iglesia Católica y al Romano Pontífice, su Sumo Pastor, Vicario de Cristo, Sucesor del Beato Pedro en su primacía como cabeza del cuerpo episcopal.; 2. Declaramos nuestra aceptación de la doctrina contenida en el §25 de la Constitución Dogmática Lumen Gentium del Concilio Vaticano II sobre el Magisterio eclesiástico y la adhesión que le corresponde; 3. Respecto a ciertos puntos enseñados por el Concilio Vaticano II o a reformas posteriores de la liturgia y la ley, que no nos parecen fácilmente conciliables con la Tradición, nos comprometemos a mantener una actitud positiva de estudio y comunicación con la Sede Apostólica, evitando toda polémica; 4. Además, declaramos que reconocemos la validez del Sacrificio de la Misa y de los Sacramentos celebrados con la intención de hacer lo que hace la Iglesia, y de acuerdo con los ritos indicados en las ediciones típicas del Misal Romano y los Rituales de los Sacramentos promulgados por los Papas Pablo VI y Juan Pablo II; 5. Finalmente, prometemos respetar la disciplina común de la Iglesia y las leyes eclesiásticas, especialmente las contenidas en el Código de Derecho Canónico promulgado por el Papa Juan Pablo II, sin perjuicio de la disciplina especial otorgada a la Sociedad por ley particular” .

          Destaco de estos documentos, el modo de aceptación del Concilio Vaticano II y de la Reforma Litúrgica que Roma exigió a Mons. Lefebvre:

  1. La sumisión religiosa al Concilio Vaticano II tiene en cuenta la calificación teológica de cada uno de los documentos, establecida por el propio Concilio (es decir, no todos los documentos tienen el mismo valor ni el mismo grado de obligatoriedad, aunque aun los del Magisterio ordinario no definitivo o Auténtico requieran de todos los fieles un obsequio religioso de la inteligencia y de la voluntad, interno y externo).
  2. Se podrá añadir, a título personal, un suplemento (modificable, siempre que el Papa lo apruebe), que diga:
    Me siento obligado en conciencia a añadir que la aplicación concreta de la reforma litúrgica plantea graves cuestiones, las cuales deben provocar una diligente solicitud por parte de la autoridad suprema. Por ello, deseo que dicha autoridad realice en el futuro una nueva revisión de los libros litúrgicos. 
  3. No se excluye a priori cualquier crítica de los libros litúrgicos y es posible manifestar el deseo de una nueva revisión, de la misma forma que el movimiento litúrgico anterior al concilio pudo desear y preparar la reforma. Pero todo eso a condición de que la crítica no impida ni destruya la obediencia y no ponga en discusión la legitimidad de la liturgia de la Iglesia.
  4. Respecto del Concilio Vaticano II no se excluye la crítica de algunas de sus expresiones, realizada según las reglas generales de adhesión al Magisterio. Puede incluso expresarse el deseo de que se produzca una declaración o un desarrollo explicativo sobre un punto u otro (…) No se exige una renuncia a la totalidad de las críticas al Concilio y a la Reforma litúrgica (…). Si alguna expresión  causa dificultades insuperables, se pueden plantear esas dificultades, ya que las palabras en sí mismas no son un absoluto, pero su contenido es indispensable”.

          Es sabido que Mons. Lefebvre hasta 1991 y la FSSPX hasta 2026 se negaron a firmar un acuerdo con condiciones de esta naturaleza. De lo que se desprende que, aún en el caso de que existiera un Romano Pontífice de absoluta ortodoxia doctrinal, la FSSPX no cambiaría su postura ni admitiría un nuevo diálogo, mientras Roma no decida anular el Concilio Vaticano II y la Reforma litúrgica. Podrían aceptarlo si se hicieran aclaraciones pertinentes, pero al menos las que hasta ahora ha hecho la Santa Sede, no han sido aceptadas como suficientes por la FSSPX.  Por lo demás, se advierte una deriva peligrosa en esta institución, que ni siquiera admite como lícita la participación en la Liturgia celebrada en instituciones tradicionalistas que se encuentran en una situación canónica y doctrinal regular. Para que no se nos acuse de exagerar, leamos lo publicado al respecto en una página oficial de la FSSPX:

Al tener que recurrir los sacerdotes de la Fraternidad San Pedro [por analogía se aplica lo dicho aquí al resto de instituciones tradicionalistas en plena comunión con Roma] a la voluntad de un obispo del Novus Ordo para oficiar con los ritos tradicionales, están forzados a abandonar la lucha contra la nueva religión que se está instalando en la Iglesia” y aceptar “el Catecismo de la Iglesia Católica del año 1992 (…). Así pues, son católicos conciliares, y no católicos tradicionalistas. Y siendo esto así, asistir a su misa supone aceptar el compromiso en que se basan, aceptar la dirección emprendida por la Iglesia Conciliar y la consiguiente destrucción de la Fe y la Moral católicas, y aceptar, en particular, la legitimidad y ortodoxia doctrinal de la Nueva Misa y del Vaticano II. Y por esto un católico no debe asistir a sus misas” .

No hace falta aclarar que lo mismo y en mayor grado aplica a las celebraciones litúrgicas de lo que ellos despectivamente denominan sacerdotes bi-ritualistas, así como siempre han considerado pecaminoso el asistir de modo activo (no de modo “pasivo” por motivos sociales serios) a las celebraciones realizadas según la Reforma Litúrgica, aun cuando puedan considerarse válidas, lícitas y dignamente celebradas, ya que necesariamente inducen a la herejía. De lo cual parece concluirse, aunque ellos lo nieguen, que “Extra FSSPX nulla salus”.

Las aclaraciones de Roma a las doctrinas más cuestionadas por la FSSPX

          Aunque no sea tan conocido, los católicos tradicionalistas en plena comunión con Roma consideran que los problemas doctrinales originados en algunos textos complejos y/o ambiguos del Concilio Vaticano II ya fueron solucionados (total o parcialmente) durante el mismo Concilio Vaticano II o con aclaraciones posteriores. Algunos ejemplos importantes son los siguientes:

  1. La doctrina sobre la Iglesia y el ecumenismo: con la Declaración Dominus Iesus del 6 de agosto del año 2000, que reafirmó la unicidad y universalidad salvífica del misterio de Jesucristo, así como la necesidad de la Iglesia Católica para la salvación, condenando el relativismo e indiferentismo religioso, el falso ecumenismo y otros errores semejantes.
  2. La colegialidad episcopal: con la nota explicativa previa de la misma Constitución Dogmática Lumen Gentium, del 21 de noviembre de 1965, jurídicamente blindada según algunos con los cánones 330-341 del Código de Derecho Canónico de 1983. Está claro que no se puede interpretar la colegialidad episcopal contra la Tradición de la Iglesia ni contra la definición dogmática del Concilio Vaticano I sobre la suprema potestad del Romano Pontífice. De allí la primacía de jurisdicción del Papa, sea que la ejerza de modo individual o colegiado, y la advertencia contra errores como la colegialidad jurídica, la concepción democrática e igualitarista del Colegio Episcopal, etc.
  3. La libertad religiosa y las relaciones Iglesia- Estado: por la contestación de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1987) a las dubia presentadas por Mons. Lefebvre en 1985, cuyas ideas principales adquirieron carácter magisterial al ser recogidas en el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992 (n.2104-2109), en las cuales se reafirmaron las doctrinas tradicionales sobre la Realeza Social de Jesucristo, el ideal del Estado católico, la importancia de la confesionalidad substancial para que exista una formal, la misión propia de los laicos que es ordenar según Dios los asuntos temporales en función de la instauración cristiana del orden temporal, la libertad religiosa no como un derecho al error sino como una inmunidad de coacción y por lo tanto con fundamento, objeto y límites diferentes a los de la errónea libertad de cultos del liberalismo.
  4. Sobre el Novus Ordo Missae: por el Motu Proprio Summorum Pontificum de Benedicto XVI de 2007, que defendió la importancia de la Liturgia Tradicional, la libertad para celebrarla y asistir a ella, la crítica a una concepción del Novus Ordo fundada en una hermenéutica de la ruptura y el rechazo de los abusos que habitualmente se cometen en las celebraciones litúrgicas, entre otras consideraciones semejantes.
  5. Sobre la Fe católica incorporando las novedades conciliares a la luz de la Tradición: con el Catecismo de la Iglesia Católica de 1992  y el Discurso de Benedicto XVI del 22 de diciembre de 2005, conocido como el de la hermenéutica de la continuidad en la reforma, en los cuales se reafirma la continuidad en los principios universales y permanentes de la Fe católica, así como la reforma en cuestiones contingentes o fruto de un desarrollo homogéneo del dogma.

      Estas y otras aclaraciones es lo que explica la existencia de numerosas instituciones tradicionalistas sin problemas de irregularidad canónica o doctrinal como: Abadía Sainte-Madeleine de Le Barroux,  Abadía Notre Dame de Fontgombault y sus casas filiales; Administración Apostólica San Juan María Vianney,  Fraternidad Sacerdotal de San PedroFraternidad San Vicente FerrerInstituto Cristo Rey Sumo SacerdoteInstituto del Buen Pastor, entre otras. Además, Roma no ha sancionado a quienes han hecho críticas respetuosas y preguntas sensatas acerca del Concilio Vaticano II sin adherir a las ordenaciones episcopales de la FSSPX en 1988 como Klaus Gamber, Michael Davies, Romano Amerio, Louis Salleron, Jean Ousset, Bruno Gherardini, Roberto de Mattei, entre otros.

         Por todo lo expuesto y reconociendo que la ya gravísima situación que la Iglesia tenía en los años 70 se incrementó notablemente en los últimos años, no podemos sino coincidir con lo que en su momento sostuvo el gran tradicionalista católico Michael Davies cuando afirmó:

« Cuando recordamos que estamos lidiando con un enemigo sobrenatural de una astucia e inteligencia enormes, debemos estar seguros de que está dispuesto a hacer todo lo posible para dividir y destruir los grupos que han sido más eficaces en oponerse a su destrucción de la Iglesia. ¿Qué medios más eficaces podría emplear que intentar llevarlos a caer en el cisma? Fuera de la Iglesia, su defensa de la Tradición se volvería ineficaz. Una vez que estas personas han abandonado la Iglesia, aunque al igual que todos los herejes y cismáticos proclamen que ellos son la verdadera Iglesia, es evidente que solo un milagro podría hacer que comprendieran su verdadera situación».

De lo que se desprende que frente a la hermenéutica de la ruptura que hoy abunda en gran parte de la Jerarquía eclesiástica y frente a lo que Dietrich von Hildebrand denominó “el caballo de Troya en la Ciudad de Dios” , la solución no es anclarse en 1958 como si todo lo que vino después careciera de valor o evadirse en la espera de una probable pero no segura ni inmediata Parusía, sino profundizar en la hermenéutica de la continuidad en la reforma, primero para conocerla bien (en esto el apoyo intelectual de personas e instituciones tradicionalistas en plena comunión con Roma es de vital importancia) y luego para aplicarla como mejor corresponda a las distintas circunstancias de tiempo y de lugar.  

50 comentarios en “Una discusión sobre la postura de la FSSPX

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Hilbert:

    No sé qué hará mi párroco si desde Roma llegaran a decir que bendecir parejas homosexuales es obligatorio. Te diré lo que yo haría y que es coherente con lo que escribí: rechazaré esa orden por inmoral y sacrílega, escribiré a Roma para que la deroguen y si corresponde, haré pública mi postura contraria a tamaña ofensa a Dios. Es algo análogo a lo que señalé en mi artículo sobre un probable error en el Magisterio ordinario no definitivo y que copio aquí porque parece que decir que «A es A» no se entiende: «si por su propia naturaleza las enseñanzas del llamado Magisterio Auténtico (diferente del Magisterio Ordinario y Universal) no son definitivas y en ciertos casos puede resultar evidente que son claramente opuestas a doctrinas ya definidas con anterioridad de modo infalible (como ha sucedido con documentos heterodoxos al estilo de Amoris Laetitia  o Fiduccia Supplicans), no sólo se puede sino que deben ser rechazadas«. Si esto no es ser claro, pues que alguien me lo explique.

    Cordiales saludos

    Fernando RM

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Muy bueno el artículo, salvo por aquello de «los católicos tradicionalistas en plena comunión con Roma consideran que los problemas doctrinales originados en algunos textos complejos y/o ambiguos del Concilio Vaticano II ya fueron solucionados (total o parcialmente) durante el mismo Concilio Vaticano II o con aclaraciones posteriores.»

    Se han propuesto diversas fórmulas para conciliar los problemas del CVII con la doctrina tradicional, pero mientras no haya un pronunciamiento que imponga tal intepretación y proscriba las interpretaciones heterodoxas, el problema seguirá sin estar solucionado. Por ejemplo, en el tema de la Libertad Religiosa, el asunto está lejos de quedar resuelto, cuando la Respuesta a los Dubia en 1987 sigue siendo terriblemente problemática, y más aún cuando el propio Ratzinger, ya hecho BXVI, defendió la existencia de una «laicidad positiva».

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Hilbert: no se qué hará mi párroco, pero de mi parte sostengo que eso no se puede obedecer, como tampoco seguir las enseñanzas claramente erróneas del llamado Magisterio auténtico o las órdenes inmorales que llegan de Roma. Las enseñanzas ambiguas hay que interpretarlas a la luz de la Tradición y las nuevas que no contradigan ninguna verdad de Fe o de razón, aceptarlas. Respecto del Magisterio conciliar creo que las enseñanzas polémicas no son estrictamente erróneas sino ambiguas o confusas. De allí mi mención a las aclaraciones que ya se hicieron, que por supuesto no han solucionado del todo los problemas. No acepto el obediencialismo acrítico y tampoco el rechazo al Concilio Vaticano II, aunque su aceptación debe hacerse con los criterios amplios y flexibles que el entonces Cardenal Ratzinger le señaló a Mons. Lefebvre. Respecto del Magisterio post-conciliar no definitivo y de los mandatos de Roma: lo lícito se acepta, lo confuso se obedece según las reglas de la moral católica tradicional y lo ilícito se rechaza.

    Cordiales saludos

    Fernando RM

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Está muy bien el artículo del amigo Fernando. El problema es de lo que ocurre «hic et nunc», es decir, es un problema de tipo no doctrinal sino prudencial. No estamos ya en tiempos de Benedicto XVI donde se podía argumentar a favor de la «hermenéutica de la continuidad», especialmente luego del paso por el Pontificado de Francisco I y de su demolición de esta hermenéutica. Porque lo que ahora todos vemos (el Rey está desnudo) es que nada de lo que diga Roma hoy, en 2026, podrá ser seguro en unos años cuando el Papa León ya no esté. Imagínese destruir una obra como la FSSPX para someterla a la «buena voluntad» de los obispos diocesanos (que es lo que Francisco hizo hacer a todos los institutos antes llamados Ecclesia Dei… comisión especializada que ya no existe y cuyas funciones han tomado en sus manos «monos ebrios» como Tucho Fernández). Así, hoy vemos nosotros (y también lo ven los fieles de la Fraternidad), cómo los sacerdotes de S. Pedro o de Cristo Rey arreglan una iglesia destruida que les dan y a los 10 años los sacan de ahí y los mandan a un galpón. Y eso sería lo de menos, porque también tenemos casos en los que los han querido obligar a asistir a la misa crismal (novus ordo), como le pasó a los de la FSSP, o han tenido que concelebrar, como Mons. Rifan (de Campos). No nos engañemos. No estamos en 2006. Veinte años después el panorama es espantoso. Sigamos el consejo de Castellani y no nos metamos en la consciencia de nadie en materias tan espinosas como la de la obediencia ejercida por «malos superiores».

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Castellani no montó un cisma, y a pesar de su expulsión injusta y su suspensión probablemente inválida, obedeció y cargó su cruz durante años, hasta conseguir su rehabilitación.

      1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        ¿Que no hable de lo que no sé?
        ¿Y usted sí sabe, que mezcla peras con manzanas?
        Castellani se escapó de la prisión de los jesuitas, pero cuando fue expulsado y luego suspendido a divinis, no siguió como si nada, no reclamó «estado de necesidad», ni mucho menos fundó un rancho aparte.
        Usted no sabe un pepino de Castellani.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      A riesgo de sonar pedante, la hermenéutica de la continuidad no puede ser «demolida» porque no es una tesis del tenor «hay que creer ciegamente que nada ha cambiado», como si estuviésemos hablando del burdo «lo que veo negro es blanco si la sede apostólica así lo determina». Es casi un insulto atribuirle a alguien como +Ratzinger algo tan burdo. La hermenéutica no es otra cosa que, en palabras más simples, la interpretación; cómo yo entiendo lo que alguien me quiere decir, o lo que me pide que haga. Hacer una hermenéutica de la continuidad significa que al enfrentarse a documentos, pronunciamientos, prácticas, disciplinas, regulaciones, etc, etc, de la Iglesia, y esto en cualquier momento de su historia, uno ha de siempre tener en cuenta como marco todo lo que vino antes, es decir, las Escrituras y la Tradición. Toda forma de protestantismo que propone que la Iglesia Católica se distanció de la verdadera fe de la Iglesia de los primeros siglos es una hermenéutica de la ruptura. La HdC no es una tesis ad-hoc creada para lidiar con el VII o lo que haya venido después, sino la manera de interpretar la vida y desarrollo de la Iglesia de forma consistente con su indefectibilidad.

      Respecto a lo otro que dice, ya lo dijo el tango: siempre ha habido chorros, maquiavelos, estafaos… la autoridad episcopal o eclesial en general, abusando sus potestades o cometiendo gruesos errores, incluyendo al mismo romano pontífice, no es una particular anomalía de nuestros tiempos, sino un problema recurrente en la historia. Nadie nunca tuvo ningunas seguridades a futuro, y sin embargo tampoco se nos permite hacer votos solemnes bajo condicional a futuro a pesar de ello («te tomo por esposo sí y solo sí nunca te enfermas de cáncer o nunca llegues a serme infiel»).

      exveteranova

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Fernando.

    Las aclaraciones que usted enumera entre ellas la de Benedicto XVI no son suficiente para quienes ven en el CVII el origen de la actual crisis de la Iglesia. Y es por amor a la Iglesia y a la Fé que se niegan a aceptar los documentos y la deriva actual.

    Que un Papa sea mas afecto a la ortodoxia no quita que dos más lo sucedan y no lo sean, tal y como sucedió con Benedicto XVI.

    Tienen que dar un golpe de timón y pronto.

    respecto a la «santa obediencia» nueva virtud teologal, me pregunto cuantos de los que hoy son los legalistas no asistieron a misa con algún cura en grupo durante la pandemia sabiendo que los obispos en su gran mayoría lo habian prohibido públicamente?

    Y es que cuando la salud del alma esta en peligro cada cual entra a cuestionar.

    TJP

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Nada será nunca suficiente para quien tiene el ánimo de hacer lo que le da la gana.

      Santo Tomás de Aquino: «La obediencia es la mayor de las virtudes después del amor.» cf. Suma Teológica, II-II, q. 104, a. 3

      ¿El Aquinate también era un legalista?

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        AB .

        Veo que conoce las disposiciones de ánimo que impulsan las decisiones de las personas. Esa es una gran herramienta para juzgar a todas las personas sin errar nunca.

        No pocos dirían que nada será nunca suficiente cuando se defiende la Fé. Pero por supuesto solo usted sabe si están en lo cierto.

        Sto Tomás de Aquino tambien dice que ninguna autoridad humana puede exigir algo contrario a Dios o a la ley moral.

        Pero si quiere defender la «santa obediencia» citando a STdA solo para llevarme la contra, vaya usted y comulgue de pie y en la mano como piden muchos pastores.

        Tomás (por el Moro)

      2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        Ni Tomás de Aquino ni Tomás Moro.
        Usted no defiende la Fe. Usted defiende su interpretación privada.
        Dígame, si no, quién, dónde y cuándo le ha ordenado a la FSSPX algo contrario a Dios y a la ley moral.
        Y no me venga con eso de «usted conoce las disposiciones de ánimo», ni «vaya usted y comulgue de pie». Ese tipo de chicanas déjelas para los adolescentes.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Por eso escribí que las aclaraciones solucionaron los problemas total o parcialmente. Depende de cada tema. En lo personal, creo que para entender la cuestión de la libertad religiosa y las relaciones Iglesia- Estado hay que unir varias aclaraciones, que de modo aislado no resuelven el asunto. En este caso la afirmación de DH acerca de la permanencia de la doctrina tradicional + las respuestas de la CDF a Mons. Lefebvre en 1987 + el Catecismo de la Iglesia Católica+ el discurso sobre la hermenéutica de la continuidad en la reforma de Benedicto XVI y todo iluminado por las Encíclicas y documentos antiliberales de los siglos XVIII-XIX y XX, que son parte del Magisterio y a las que remite el mismo Catecismo. Aun así hay una «reforma» que, en mi opinión, no contradice sino que profundiza una verdad previa acerca de la libertad del acto de Fe, de acuerdo al desarrollo homogéno del dogma o de la doctrina, como enseñaba Newman. Escribí algo al respecto que espero poder publicar pronto. Por supuesto que es una interpretación sujeta a lo que, eventualmente, aclare el Magisterio en el futuro de modo infalible, como pidió Mons. Gherardini a Benedicto XVI. Y sujeta a refutación de quienes entiendan mejor que yo del tema. Mutatis mutandi sucede con los otros temas mencionados.

      Cordiales saludos

      Fernando RM

  6. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estimado Fernando, si las cosas son como dices, entonces, cuando mañana el obispo local mande a todos los párrocos a vestirse de payasos para rezar la misa de los niños, invocando el espíritu del Concilio, la inculturación o cualquier otra sanata líquida, ¿qué razón tendrán los párrocos para no obedecer? ¿recurrirán a la congregación de obispos? ¿apelarán a Tucho?, mientras esos recursos se sustancien, sus obispos ya los habrán dejado sin techo y comida. Y eso, que no es muy distinto de lo que ya hicieron las autoridades eclesiásticas imponiendo a sangre y fuego el novus ordo, también se lo podrían ordenar, invocando el mismo argumento de la túnica inconsútil a los pocos y valientes párrocos que celebran (como una oferta más) la misa vetus ordo. ¿qué harán párrocos y fieles? Obediencia o excomunión. Lo importante es seguir adelante. Los que aceptan las nuevas reglas, tarde o temprano se verán en la disyuntiva. Francisco no dudó en reducir al estado laical a sacerdotes por el mero hecho de criticar a algún arzobispo metropolitano (para peor, señalando verdades), ¿de qué les habrá valido aceptar la hermenéutica de la continuidad? ¿no se da cuenta que se trata sólo de una postura tendiente a conservar el poder de violentar las conciencias y doblegar la razón? ¿dónde y cómo juega esa hermenéutica en Traditiones Custodes, Amoris Laetitia o en Fiducia Supplicans? ¿acaso les importa la hermenéutica de la continuidad en el camino sinodal? Mientras tanto, mientras elucubras acerca de los grados de asentimiento, la iglesia y su altar están prendidos llamas y en cualquier momento el sagrario, desierto. Y tus hijos, o tus nietos iran a bodas gay celebradas en sus parroquias con total normalidad. Y sino los tuyos, los de la inmensa mayoría de los católicos que viven sujetos a Pedro, y que no tienen ni idea de qué es lo que dicen los textos del CVII, y nunca los leerán.

    Hilbert

    1. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      Pues sus hijos y nietos, Hilbert, por de pronto irán a parodias de matrimonios, parodias de confesiones, y Misas sacrílegas por cismáticas. Casi nada, eh.

      Si un sacerdote queda sin techo ni comida porque su Obispo hace lo que usted supone (que sucede y ha sucedido desde hace siglos, no es exclusividad de los modernistas), lo tendrá por palma de martirio y recibirá su corona de manos del Señor… no de manos de Lefebvre y sus seguidores, por cierto.

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Mi estimado Andrés, siempre haciendo suposiciones…le reitero ¿qué le hace pensar que por defender la justicia de la causa de la FSSPX (que no la de las consagraciones episcopales, sobre la que nunca dije una palabra) voy a misa a la susodicha fraternidad o comulgo en todo con ellos? Si supiera que son con-parroquiano y amigo de Fernando Romero Moreno que frecuento sus mismas amistades, que es profesor de mis hijos y un largo etc., tal vez comentaría con menos soltura. Igual no le guardo rencor.

        Quien le dice que por las mismas razones que el sacerdote desalojado y desocupado recibe su corona de manos del Señor…no la reciba también Lefebvre, pues para el caso, tan injusta puede ser la defenstración de uno como de otro.

        Cordialmente.

        Hilbert

      2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        ¿De modo que cuando usted supone está bien, pero si lo hago yo entonces es reprochable?
        Yo no sé nada del juicio particular de Lefebvre. Lo que sé es que murió excomulgado.

      3. Avatar de Desconocido Anónimo

        Justamente mis hijos para no ir a misas sacrílegas, no van al 95% de las misas novus ordo donde se comulga en la mano, caen partículas al piso y son pisoteadas por todos, donde se le da la comunión a personas en pecado mortal público y se dicen herejías al por mayor

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me parece pertinente compartir el articulo de Massimo Viglione, aparecido hoy en “Stilumcuriae”

    ¿Quién excomulga a quién? Descubre quiénes son los excomulgadores y qué hacen… Massimo Viglione

    ¿Quién excomulga a quién?

    Quienes durante décadas han celebrado liturgias en común con herejes y cismáticos;

    exaltan las «enseñanzas» luteranas y traicionan los dogmas y doctrinas católicas;

    rezan con practicantes de otras religiones, incluso con paganos;

    visitan y rezan en sinagogas y mezquitas;

    piden perdón por los supuestos pecados de los cristianos del pasado (pero nunca por los suyos propios), sin recordar jamás la enorme cantidad de mártires cristianos causados ​​por los verdaderos pecados de odio de los practicantes de otras religiones, principalmente el islam (aunque no exclusivamente), que hoy se han convertido en una molestia que se olvida;

    declaran que todas las religiones conducen a Dios, privando al Santo Sacrificio de la Cruz de Jesucristo, a su Pasión y Muerte, de todo valor salvífico;

    inventaron, mediante un concilio pastoral, un «nuevo Pentecostés» dirigido a la progresiva mutación de la Iglesia Católica, hija del único Pentecostés de la historia;

    Hoy están desestabilizando la estructura misma de la Iglesia, y con ella la del Papado (a través de los propios papas), para inventar una «iglesia sinodal» que ya no es católica, ni en doctrina ni en estructura;

    subvierten la ley natural y evangélica al conceder la comunión a pecadores públicos y a quienes propician escándalos sodomíticos (quienes son recompensados ​​precisamente por ello);

    Ahora excomulgan a quienes no dicen todo esto, no lo hacen, no son.

    Dado que llevan décadas comprendiendo a herejes y cismáticos, si los exponentes de la Tradición fueran realmente así, deberían acogerlos con alegría, como hacen con todos los demás cismáticos y herejes.

    En cambio, los excomulgan, precisamente porque no son todo esto, no lo dicen, no lo hacen.

    Y, para evitar que esto vuelva a suceder, se ven obligados a garantizar la sucesión apostólica de obispos leales al Maestro, aunque sin el permiso del siervo (la jerarquía eclesiástica actual), que ha decidido, durante décadas, servir a dos amos: Dios (cuando le va bien) y el mundo (sin falta).

    Exactamente lo contrario de lo que el Maestro ordenó (Mt 6,24).

    Que cada uno elija a quién servir y a quién seguir.

    Seguimos siendo católicos e hijos de la única Iglesia fundada por Jesucristo, fieles a Jesucristo, al Evangelio, a la Iglesia de todos los tiempos, esperando su inminente restauración interna en plena fidelidad a Pedro y Pablo y a todos los sucesores de Pedro que a su vez son fieles.

    Nuestra mente, nuestro espíritu, nuestro corazón, nuestra alma, son uno con Cristo y Pedro y con sus legítimos y fidelísimos sucesores, y, si Dios quiere, con la ayuda de María Santísima Virgen, lo serán hasta el momento de la muerte y por toda la eternidad.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      ¿Y qué pasa con los que reverencian las estatuas de Buda, besan coranes o adoran la Pachamama?

      ¿Por qué hay que besar las manos de los rabinos?

      ¿Por qué el Partido Comunista Chino tiene que ordenar obispos católicos?

    2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

      La Iglesia es quien excomulga, no los herejes infiltrados en ella, ni tampoco los hombres pecadores en ella.

      Es la Iglesia, inmaculada y santa, Esposa del Cordero. Ella es quien excomulga, aunque se valga de hombres miserables.

      Si no podemos distinguir esas realidades, ¿a qué venimos a hacernos los doctos, los sabiazos capaces de juzgar al Sumo Pontífice?

      Necios, diría Santa Catalina.

  8. Avatar de Desconocido Anónimo

    «o evadirse en la espera de una probable pero no segura ni inmediata Parusía«

    De acuerdo con todo el texto, pero esa frase creo que tiene un error (aunque me parece comprender a donde va): la Parusía es segura, no hay duda de que Cristo vuelve. Entiendo que quiere decir que no es segura la inmediatez de la Parusía.

    Tirosa Laire.

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Conozco al autor del artículo y puedo asegurar que lo que quiere decir es lo que Ud. entiende: de lo que no tenemos certeza es de la inmediatez de la Parusía; sí tenemos absoluta certeza de que ocurrirá.

      Marcellus

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Exacto, ese es el sentido de la frase. Soy bastante «castellaniano», pero como el mismo Cura Loco supo advertir, no ando detrás de cada real o supuesta aparición (que hoy abundan en YouTube), dándole más importancia a revelaciones privadas que a la Revelación Pública

      Fernando RM

  9. Avatar de Desconocido Anónimo

    Algunas observaciones, estoy sin tiempo y tengo que trabajar:
    El donatismo de la FSSPX respecto de no asistir ni siquiera a otras misas tradicionales es una barbaridad, aunque no todos sus miembros y sacerdotes lo comparten. Es una postura «oficiosa» más que oficial.
    En cuanto al largo tema del Vaticano II y su adhesión creo que no podemos dejar de citar los últimos artículos de Mons. Schneider: no se puede exigir adhesión a la ambigüedad. La obligación antes que de la FSSPX de adherir condicionadamente al Vaticano II es del Magisterio de aclarar ambigüedades y eliminar errores que están en los documentos oficiales.
    Michael Davies defendió las consagraciones de Mons. Lefebvre de 1988; por lo menos hasta 1996, me lo dijo a mí personalmente en su casa en Kent ese año. Tiene entre sus libros la famosa «Apología pro Marcel Lefebvre» de tres tomos.
    Romano Amerio fue muy crítico de las consagraciones al principio, hay una entrevista del mismo ’88 en 30 Días donde lo dice; pero con los años fue virando su posición y al morir en 1995 ya era absolutamente favorable. Participaba en los Congresos Sí Sí, No No.
    El tema es interminable, pero quería hacer estas aclaraciones.
    Esteban Dufourq

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      Impecable. Aunque no se si el rechazo al N.O. tiene que ver con el donatismo o es algo completamente nuevo, y distinto y no necesariamente heterodoxo.

      Hilbert

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Al anónimo que me pidió me explaye sobre el no-donatismo de la FSSPX, le diré que no es más que una intuición, y que la explico de la siguiente manera: la FSSPX no dice que sus misas son mejores que las del novus ordo porque ellos son santos e irreprensibles, ni que las misas del novus ordo son «inválidas» (salvo algún exabrupto no creo haber oído de ningún sacerdote miembro de la Fraternidad una afirmación tan tajante) por que los celebrantes sean pecadores, que si mal no recuerdo es la esencia de la herejía donatista que hace depender la validez del sacramento de la impecabilidad o santidad del celebrante. Más bien la objeción que plantean es que el texto del N.O. es imperfecto en cuanto a su forma ritual, por manifestar de modo insuficiente el carácter sacrificial propiciatorio de la misa. El donatismo pone el énfasis en el ministro del sacramento. La FSSPX en la forma del sacramento. No me parece sea lo mismo. Aunque, como no soy un experto, alguno de los amables lectores (tal vez mi amigo Andrés Batistella), podrán corregirme. Cordialmente,

        Hilbert

      2. Avatar de Andrés Battistella Andrés Battistella

        La FSSPX no dice meramente que «el texto del N.O. es imperfecto en cuanto a su forma ritual, por manifestar de modo insuficiente el carácter sacrificial propiciatorio de la misa», sino que postula que el Novus Ordo es una «misa bastarda» (palabras de Lefebvre) y que está envenenada y alimenta la herejía. Además, en la práctica dan a entender que la validez de los Sacramentos no está asegurada, sembrando un injustificable manto de sospecha sobre la intención de todos los sacerdotes que celebran Novus Ordo.

        Realmente no me interesa si es lo mismo o no que el donatismo, aunque en la práctica funciona casi igual.

        Lo que sí, es que no es «algo completamente nuevo, y distinto y no necesariamente heterodoxo». Es una actitud profundamente heterodoxa, que alimenta la mentalidad cismática.

        Es notorio que los clérigos lefebvristas intentan cuidarse, puertas afuera, de las expresiones más radicales de su postura. Pero no faltan testimonios.

    2. Avatar de Desconocido Anónimo

      Gracias por las aclaraciones, caro Esteban. Tengo entendido que Michael Davies nunca desertó de su defensa de Mons. Lefebvre ni dejó de cultivar, a la vez, una gran amistad con Ratzinger. Alguno cita en favor de su oposicion a las ordenaciones episcopales de 1988 su libro «I Am With You Always: The Divine Constitution and Indefectibility of the Catholic Church», pero puede ser una mala interpretación y que vos estés en lo cierto. De todos modos no es el centro del artículo. Leí a Romano Amerio y también lo que dijo Mons. Schneider. Yo insisto en que lo fundamental que había que explicar sobre algunos textos confusos del Concilio Vaticano II ya se hizo (aunque no en su totalidad), pero que ese camino ha sido desandado desde 2013. En todo caso me parece que la postura de la FSSP y otras instituciones similares es más prudente. Y que si el punto de partida para el diálogo es rechazar en su totalidad el Concilio Vaticano II y considerar necesariamente herético el Novus Ordo, es imposible una solución. Me parece que la recepción crítica y flexible ofrecida por la Santa Sede en 1982, 1983 y 1988 era el mejor camino a seguir. Está de más aclarar que no igualo a la FSSPX con el Camino Sinodal Alemán ni a Mons. Lefebvre con los modernistas. Tampoco desconozco los errores de Juan Pablo II y Ratzinger/Benedicto XVI, aunque tengo por ellos una simpatía que me consta no es compartida por la FSSPX. Creo que entre 1978-2012 hubo una buena predisposición de parte de Roma, que lamentablemente se perdió. Espero que no sea de modo definitivo. Un gran abrazo

      Fernando

    3. Avatar de Desconocido Anónimo

      Caro Esteban:

      Encontré en el archivo de Internet el último reportaje que le hicieron a Michael Davies. Allí dice que alguien que ordena obispos sin mandato pontificio cae en excomunión latae sententiae por usurpación de cargo eclesiástico. Pero que según el canonista de Una Voce existían fundadas razones para pensar que tal excomunión en el caso de Mons. Lefebvre era inválida. Así que lo dicho en ese reportaje coincide con lo que te dijo a vos. Si a Wanderer le parece, habría que quitar los nombres de Michael Davies y Romano Amerio de la lista en la que enumeré a ciertos tradicionalistas que se opusieron a las ordenaciones episcopales de 1988

      Fernando

  10. Avatar de Desconocido Anónimo

    Ay Fernando, tantas disquisiciones te descompondrán el magín. Es mucho más fácil que eso. ¿Qué hará tu párroco cuando bendecir parejas homosexuales sea obligatorio? ¿Romperá la comunión con Roma?

    No hay doctrina segura, hay tiranía líquida.

    Hilbert

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      ¿En qué momento afirmé yo que había que obedecer todo, acríticamente y sin usar la inteligencia? Si lees detenidamente el artículo, verás que digo lo contrario.

      Un cordial saludo

      Fernando

      1. Avatar de Desconocido Anónimo

        Estimado Fernando, es así, no lo afirmaste, pero tampoco respondiste que hará  tu párroco cuando bendecir parejas homosexuales sea obligatorio. La pregunta no es capciosa y tampoco apunta exclusivamente a ese caso. Es bien concreta porque hacia allá parece que vamos en ese y en muchos otros sentidos. Las fronteras siempre se van corriendo y gradualmente nos van haciendo tragar sapos. La de la FSSPX fue una, ¿cuál será la próxima? No sea cosa que lo que hoy vemos como una locura mañana nos parezca una lucidez profética.

        Cordialmente.

        Hilbert

  11. Avatar de Desconocido Anónimo

    Oye, pides no quedarse anclado en 1958, pero te quedas anclado en Benedicto. ¿Por qué no citaste a Francisco o a León? Porque todo lo que supuestamente quedo claro con Juan Pablo II y con Benecicto XVI, luego fue oscurecido por Francisco y Leon. O acaso no dijo Francisco que la pluraridad religiosa es querida por Dios? Solo por citar un ejemplo, y respecto a la colegialidad, ¿El sínodo de la sinodalidad no es explicito en ir mas allá de ese problema y pretende que los laico participen de la colegialidad? ¿Y qué me dices de las prefectas de los discasterios?

    1. Avatar de Desconocido Anónimo

      No me quedo anclado en Benedicto XVI ni creo que el Papa alemán haya sido 100% ortodoxo en su Magisterio ordinario no definitivo (tampoco como teólogo privado). Creo sí que hasta 2013, con sus más y con sus menos, y con las propias dificultades que esto supone, se intentó interpretar el Concilio Vaticano II a la luz de la Tradición, sin exigir una adhesión acrítica al mismo y a sus reformas. Es lo que Benedicto XVI llamó hermenéutica de la continuidad en la reforma, que no significa dar por supuesto de un modo voluntarista que las novedades doctrinales sí o sí son coherentes con la Tradición (por eso dije que el Magisterio respondió a las objeciones de Mons. Lefebvre pero que eso supuso en ciertos caso soluciones totales y en otros otras parciales). De hecho, los temas en debate (colegialidad episcopal, concepto de Tradición viva, libertad religiosa, relaciones Iglesia-Estado, ecumenismo, diálogo interreligioso, etc) son asuntos que deben seguir siendo estudiados hasta dar con respuestas del todo ortodoxas. Es de desear también (como pidió Mons. Gherardini) que en algún momento el Magisterio haga la interpretación ortodoxa e infalible de Vaticano II. Lo que no comparto es el rechazo absoluto al último Concilio, el decir que necesariamente el Novus Ordo es herético o que induce a la herejía o pensar que todo lo que aportaron teólogos reformistas (por caso Von Balthasar, Ratzinger, Bouyer, etc.) deba rechazarse. En tal sentido creo más positivo el espíritu a la vez tradicional y renovador de referentes como Gabriel Diaz Patri, Nicola Bux, Roberto de Mattei o el mismo Gherardini. Por otra parte, reconozco que la ortodoxia alejada de ultramontanismo o integrismo (como en los casos de Newman, Castellani o Scott Hahn) me parece más inteligente. Por cierto, no me sumo a la dialéctica de lo pre-conciliar vs lo post-conciliar. Creo que para la vida cristiana y una sana formación siguen sumando tanto Garrigou Lagrange o Santiago Ramírez como Augusto del Noce o Emilio Komar. Y si no fuera por las características que tuvo el último Pontificado, me animaría a decir que, sin aceptar como ortodoxa la Teología del Pueblo, hay aportes de algunos referentes como Methol Ferré que entiendo vale la pena tener en cuenta. De modo que no me detengo en 1958: todo lo que de verdadero he aprendido de referentes cristianos, no todos católicos, como Von Hildebrand, Pieper, C.S. Lewis, Michael Davies, Romano Amerio, Klaus Gamber, Carlos Cardona, J.B. Torello, Illanes, Pinckaers, Juan Pablo II, entre muchos otros, lo atesoro y valoro

      Fernando RM

  12. Avatar de Claudio Claudio

    Excelente análisis.

    Lástima que el Papa León ya expresó abiertamente que se debe aceptar el CVII como fundamental y Tucho hoy lanzó la excomunión extendida también para los sacerdotes de la Fraternidad.

    Y, mientras tanto, el partido comunista chino sigue nombrando obispos e instalándolos en diócesis y el cardenal Radcliffe bendice abiertamente junto a otro obispo parejas de homosexuales.

    A diferencia de lo que ocurrió en 1988 sea los fieles que los sacerdotes no parece que les asuste mucho las medidas de la Santa Sede. Los que dejan la Fraternidad lo hacen por motivos muy diversos a éstos.

    No dejemos de rezar por la unidad de la Iglesia.

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