El 1 de julio, en el seminario de Écône, Mons. Alfonso de Galarreta consagró cuatro obispos —Pascal Schreiber, Michael Goldade, Michel Poinsinet de Sivry y Marc Hanappier—, con Mons. Bernard Fellay como co-consagrante, sin mandato pontificio y contra la voluntad expresa del Papa. Menos de veinticuatro horas después, el 2 de julio, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe respondió con dos documentos firmados por el cardenal Víctor Manuel Fernández y los secretarios Armando Matteo y John J. Kennedy: un Decreto declaratorio y una Nota Explicativa (Prot. N. 99/2009). La respuesta es la más severa desde 1988: donde entonces se declararon seis excomuniones, hoy se pretende alcanzar a todo el clero de la Fraternidad —más de setecientos sacerdotes— y, por primera vez de manera expresa, a los fieles laicos que «adhieran formalmente».
Conviene decirlo desde el principio, porque en estos asuntos la claridad se paga cara: se puede —se debe— sostener a la vez que la Fraternidad ha obrado mal y que Roma ha legislado mal. La fidelidad al Romano Pontífice no consiste en aplaudir cada acto de sus dicasterios, sino en amar el oficio de Pedro lo bastante como para señalar cuándo un documento de la curia no está a la altura del derecho que dice aplicar. Esa es la posición desde la que escribo: dureza con la desobediencia de la FSSPX, y dudas fundadas sobre la extensión de la censura a los laicos.
Empecemos por lo que no admite matices. Las consagraciones de Écône fueron un acto de desobediencia grave, deliberada y anunciada. No hubo sorpresa ni malentendido: el cardenal Fernández había advertido en mayo cuáles eran los límites; el 12 de febrero recibió personalmente a don Davide Pagliarani y le ofreció un cauce de diálogo doctrinal a cambio de aplazar las ordenaciones; y a fines de junio el propio León XIV, en su carta del 29 —solemnidad de los Santos Pedro y Pablo—, suplicó a la Fraternidad que reconsiderara su decisión. La respuesta fue seguir adelante.
El invocado «estado de necesidad» no resiste el peso que se le hace cargar. Un estado de necesidad puede justificar, en rigor, la administración de sacramentos o el mantenimiento de una obra en circunstancias extremas; lo que no puede es fundar la constitución autónoma y permanente de un episcopado paralelo, elegido, consagrado y proyectado hacia el futuro al margen del único que tiene autoridad para conferir la misión canónica. Ahí está el nudo, y no en la liturgia: quien se identifica con la Fraternidad casi siempre lo hace por la Misa, pero el diferendo real con Roma nunca fue litúrgico, sino eclesiológico. Consagrar obispos para asegurar la continuación de una estructura que se juzga a sí misma capaz de discernir por encima de la comunión jerárquica es, objetivamente, el gesto que configura la ruptura. Y lo es aunque los interesados repitan —con sinceridad que no dudo— su amor al Papa y su voluntad de permanecer católicos. La historia de la Iglesia conoce ese tipo de desobediencia afectuosa; no por afectuosa deja de ser desobediencia.
Hay además un daño colateral que la Fraternidad parece no medir: cada gesto de este tipo entrega a Roma el pretexto para tratar a todo el mundo tradicional como sospechoso. La FSSPX no consagra sólo cuatro obispos; consagra también, por vía de contagio, la desconfianza sobre quienes no tienen nada que ver con la Fraternidad y sostienen la Tradición dentro de la más estricta regularidad canónica. Volveré sobre esto.
Con todo, mientras los canonistas discuten si la censura alcanza a los fieles, buena parte de la propia Fraternidad se encarga de despejar la duda. Basta asomarse a las redes sociales en estas horas para advertirlo: en no pocos no hay aflicción por saberse separados de la comunión, sino un manifiesto alborozo. La excomunión de la «Roma modernista» se exhibe como un blasón, se lleva con orgullo. Y en ese regocijo se transparenta lo que ningún decreto podría probar por sí solo: la voluntad de apartarse de Roma y de vivir en el cisma. Es, por lo demás, el elemento interno que el propio derecho reclama para hablar de adhesión formal: aquí no hace falta presumirlo, porque los interesados lo proclaman.
Aquí conviene la precisión del canonista, a quienes he consultado porque yo no lo soy. El Dicasterio no publicó un texto, sino dos, y su distinta naturaleza jurídica lo cambia todo.
El Decreto declara «a todos los efectos jurídicos» que los cinco consagrantes y consagrados han incurrido ipso facto en la excomunión latae sententiae reservada a la Sede Apostólica (cann. 1387 y 1364 § 1), y que Mons. Fellay, como co-consagrante, incurrió en la del can. 1364 § 1. Es un decreto declaratorio de censuras ya contraídas: la forma que el derecho prevé, junto con la sentencia, para declarar penas latae sententiae (cann. 1341 y 1720). Su alcance subjetivo es taxativo: seis obispos, con nombre y apellido.
La Nota Explicativa, en cambio, añade tres afirmaciones de otro orden: que los ministros de la Fraternidad «están en el cisma» y quedan sujetos a la excomunión del derecho; que los laicos que «adhieran formalmente» a ella son «cismáticos y excomulgados»; y que las confesiones y matrimonios asistidos por sus sacerdotes son inválidos. Pero una nota explicativa no es ninguno de los instrumentos con eficacia penal que el Código reconoce: no es ley, no es decreto general ejecutorio, no es precepto penal, no es sentencia ni decreto declaratorio dictado conforme al procedimiento debido. Es un acto de naturaleza expositiva. Lo que afirma sobre categorías indeterminadas de personas tiene el valor de una advertencia doctrinal, no el de una constitución o declaración de pena.
De modo que en un mismo día, con la misma firma, el Dicasterio dice dos cosas que no coinciden: el Decreto amonesta a clérigos y fieles con que incurrirían en la censura si adhieren —tiempo condicional, delito futuro y eventual—; la Nota afirma en presente que ya «están en el cisma». Cuando el instrumento con forma penal y el que no la tiene se contradicen, prevalece el primero; y, por si hiciera falta, el can. 18 ordena interpretar estrictamente toda ley que establece penas, lo que impide extender por vía de nota lo que el decreto formula como mera admonición. El propio acto jurídicamente eficaz del Dicasterio reconoce, pues, que sacerdotes y fieles todavía no han incurrido en nada.
Concentrémonos en los fieles, que es donde la novedad quiere ser más grave y donde el edificio es más frágil.
La Nota de 2026 no inventa un régimen nuevo para los laicos: se remite a la Nota explicativa del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos del 24 de agosto de 1996, la declara «todavía vigente» y la «hace propia». Ahora bien, esa remisión produce el efecto contrario al buscado, porque el documento de 1996 es restrictivo. Exige, para hablar de «adhesión formal al cisma», un doble elemento: uno interno —la voluntad propiamente cismática de anteponer la opción personal a la obediencia al Romano Pontífice— y otro externo, su traducción en actos. Y establece con todas las letras que respecto de los fieles no basta una participación ocasional en actos litúrgicos o actividades del movimiento realizada sin hacer propia la actitud de desunión; que debe atenderse ante todo a la intención de cada persona; y que las situaciones han de juzgarse caso por caso, en las sedes competentes de fuero externo e interno.
El argumento se cierra sobre sí mismo: al incorporar las condiciones de 1996, la Nota de 2026 excluye ella misma toda excomunión automática de laicos por el mero hecho de frecuentar las capillas de la Fraternidad. No hay censura latae sententiae que se contraiga en bloque: cada una supone imputabilidad plena, apreciada individualmente (cann. 1321-1325), de la que quedan eximidos la ignorancia inculpable, el error, el miedo grave o el estado de necesidad, aun putativo. Ese juicio no se ha hecho —ni puede hacerse mediante un documento general— respecto de ninguno de los cientos de miles de fieles que, de buena fe, asisten a esas capillas persuadidos de que hacen lo correcto. Añádase que la propia Nota de 1996 no es interpretación auténtica en sentido técnico —le falta la aprobación pontificia en forma específica—, sino un parecer publicado en su día en Communicationes. Se apoya, en suma, una consecuencia gravísima sobre un cimiento que el mismo texto reconoce condicionado y caso por caso.
Queda el punto que más directamente toca a los fieles: la declaración de que las confesiones y los matrimonios asistidos por sacerdotes de la Fraternidad son inválidos. Esa invalidez no derivaría de la excomunión, sino de la falta de facultad para absolver (can. 966 § 1) y del defecto de forma canónica en el matrimonio (can. 1108). Pero ambas carencias fueron suplidas en su momento por actos del Romano Pontífice: la carta apostólica Misericordia et misera (n. 12), de 2016, que concedió de modo estable la facultad de absolver válidamente, y la disposición de 2017, aprobada por Francisco, que habilitó la delegación para asistir válidamente los matrimonios.
La Nota de 2026 no menciona ninguno de esos dos actos ni contiene cláusula revocatoria alguna. Y un dicasterio no puede derogar actos del Romano Pontífice sino con aprobación pontificia en forma específica, que aquí no consta. Rige entonces el can. 21: en la duda, no se presume la revocación. Mientras el Papa no revoque expresamente aquellas concesiones, las facultades siguen vigentes y la declaración de invalidez carece de fundamento jurídico. Se ha borrado de un plumazo, y sin nombrarla, una década de praxis pontificia y a los cientos de miles de fieles que se confesaron y se casaron amparados en ella. Eso no es rigor: es descuido, y de la peor especie, porque juega con la paz de las conciencias.
Cabe una observación que muchos harán hoy en voz baja: no se recuerda que Roma haya aplicado semejante vara a otros. El Camino Sinodal alemán aprobó resoluciones abiertamente contrarias al magisterio sin que ningún obispo fuese declarado cismático ni ningún fiel excomulgado. La máxima longitud de la vara, una vez más, se reserva para cuando apunta a la Tradición. Señalarlo no es cinismo: es pedir que la justicia de la Iglesia sea una sola.
Termino donde más me importa, porque es donde se jugará la suerte de muchos que nada tienen que ver con la FSSPX.
Primero, el contagio. El clima que sigue a Traditionis custodes hará que este golpe se sienta mucho más allá de la Fraternidad. Los institutos Ecclesia Dei —la Fraternidad San Pedro, el Instituto de Cristo Rey, el del Buen Pastor—, los sacerdotes diocesanos vinculados al vetus ordo y los simples fieles apegados a la Misa tradicional corren el riesgo de que se los mire con la misma sospecha, aunque su situación canónica sea impecable. Probablemente, en las próximas semanas, escucharemos deslindes públicos y firmes de esas comunidades respecto de la Fraternidad: no por deslealtad, sino por estricta supervivencia. Y harán bien en hacerlo.
Segundo, la tentación del precedente. Que se haya escrito, aunque sea con técnica defectuosa, que un laico puede quedar excomulgado por «adhesión» a una realidad eclesial instala una categoría peligrosa. Hoy se aplica a la Fraternidad; el temor legítimo es que el molde quede disponible para otros usos. Conviene que los canonistas fieles a Roma —precisamente ellos— dejen sentado desde ahora que la excomunión de fieles exige imputabilidad individual y juicio caso por caso, no etiquetas colectivas.
Tercero, los movimientos internos. Es previsible cierto reacomodo. Algunos fieles de la Fraternidad, alarmados por la cuestión de la validez de sus sacramentos, buscarán refugio en comunidades Ecclesia Dei o en la Misa tradicional aún disponible en algunas diócesis; otros, al contrario, se endurecerán, leyendo la dureza romana como confirmación de sus tesis. La propuesta que ya circula en el entorno curial —acoger con benignidad a quienes quieran dejar la Fraternidad— apunta en esa dirección.
Cuarto, y con más esperanza que certeza, el largo plazo. La historia reciente enseña que estos actos no son irreversibles: la misma excomunión de 1988 fue remitida en 2009 por Benedicto XVI, y el expediente que hoy se usa para condenar lleva, con ironía amarga, el número de aquel gesto de misericordia (Prot. N. 99/2009). Una condena que nace jurídicamente frágil rara vez es la última palabra. Lo peor sería que la aspereza de Roma y la testarudez de Écône se alimentaran mutuamente hasta cerrar toda puerta. Ojalá que quienes amamos la Tradición dentro de la comunión —sin consagraciones ilícitas y sin excomuniones mal fundadas— seamos capaces de sostener, en medio de las dos durezas, el lugar de la fidelidad crítica: el único, me parece, en el que hoy vale la pena permanecer.

“Cientos de miles de fieles que, de buena fe, asisten a esas capillas persuadidos de que hacen lo correcto”.
Al margen de tecnicismos legales y al margen también de que el cardenal Fernández y su gente hayan vuelto a lucirse con una chapuza jurídica, esos cientos de miles de católicos adeptos de la FSSPX ¿pueden ser disculpados tan fácilmente simplemente a causa de su presunta «errónea convicción» de estar haciendo “lo correcto”? Me parece que aquí estamos cayendo en la misma doble moral que criticamos cuando señalamos la tolerancia con que se soporta los gravísimos errores de los sinodales alemanes. Me explico. Por una parte nos empeñamos en una muy rigurosa interpretación del principio extra ecclesiam nulla salus para condenar el ecumenismo. Por otra, nos mostramos muy benévolos con los que se sitúan sin ninguna duda extra ecclesiam pero que nos resultan simpáticos porque coinciden con nosotros en unos cuantos conceptos. En realidad, un musulmán, un judío, un budista o un ateo criado en tales creencias y que del cristianismo no ha recibido más que una información muy superficial y deformada, es muchísimo menos culpable que un católico bautizado y practicante que se deja llevar por unos clérigos abiertamente cismáticos. No creo que pueda aducirse ignorancia, entre otras cosas porque los seguidores laicos de la FSSPX, si mucho no me equivoco, más proceden de grupos sociales con un buen nivel educativo general que de sectores marginales y sin acceso a la cultura. Por otra parte suele tratarse de católicos bastante activos en la vida religiosa y con unos conocimientos doctrinales mayores que el católico laico “medio”. En tales circunstancias me parece difícil sostener que no saben lo que hacen o que creen ingenuamente que el clero de la FSSPX actúa correctamente. Si creemos que de verdad no están en condiciones de discernir con rectitud, significa que los consideramos idiotas sin remedio. Solicitar un juicio caso por caso para excomulgar a los miembros de este grupo (algo en la práctica imposible) me parece un subterfugio para imposibilitar su excomunión. Yendo por ese camino, algún día podríamos llegar a decir que cualquier persona de buena voluntad sólo por tenerla ya es católica.
Igualmente me parece errónea una consideración relativa a los institutos Ecclesia Dei:
Probablemente, en las próximas semanas, escucharemos deslindes públicos y firmes de esas comunidades respecto de la Fraternidad: no por deslealtad, sino por estricta supervivencia.
¿Deslealtad? ¿De qué deslealtad estamos hablando? La deslealtad presupone la obligación de ser leal a alguien o algo. ¿Qué lealtad deben esos institutos a la FSSPX? ¿Quién debe lealtad a un grupo ostensiblemente cismático? ¿Lo harán por supervivencia, es decir por oportunismo para garantizar su continuidad? ¿No sería mejor por convicción, por lealtad (aquí sí) a quien se le debe y por recto discernimiento?
Roguemos a Dios que no deje que Satanás siga confundiéndonos a todos, como parece que lo está haciendo y muy a sus anchas.
Estoy bastante de acuerdo con ud. Lo que me llama la atención es la virulencia de los periodistas, youtubers que están a favor del a FSSPX contra cualquiera que lo cuestione. Si hay adhesión a la Iglesia Católica uno esperaría un discurso sosegado y que tienda puentes con Roma, lo que yo percibo es un aumento desproporcionado de la tensiones. A rezar.
Peter A.
Yo creo que a estas alturas pocos fieles de la FSSPX la van a abandonar. Las excomuniones no son ninguna sorpresa; contaban con ellas.
No tuvo ningún sentido que el Papa pidiera a la Hermandad suspender las consagraciones un día antes, cuando la mayoría de sus fieles ya estaba en Écône. ¿Por qué no les escribió la carta mucho antes? Cualquiera diría que León XIV lo hizo solo para tener una coartada con la que justificarse.
Las advertencias e invitaciones a llegar a un acuerdo ya se habian hecho meses antes. Esto fue desobedencia premeditada por meses. Una ultima advertencia es eso, la ultima medida.
Tanto la carta del Papa como la respuesta de Econe han sido meros actos de diplomacia.
Sí claro, toda la culpa es de León XIV. ¿Cómo podía creer que la Fraternidad iba a echarles a perder la excursión a Écône a sus adeptos? ¡Por favor!
No tuvo ningún sentido que Pagliarini pidiera audiencia al Papa hace un año para después confirmar que no había acuerdo posible con Roma. La intención de ordenar obispos ya estaba tomada, el casting de candidatos ya estaba cocinado y la fecha seguramente fijada para sacar vuelos baratos en el veranito europeo.
La carta del Papa no es más que un recap para la ocasión con todo lo que vienen diciendo los últimos cinco Papas. No hay nada nuevo. La que fue y vino fue la FSSPX pero desde Lefebvre que nadie era tan explícito como Pagliarini con su carta. Decir que no hay acuerdo posible con Roma sentó el divorcio con quien, a pesar de todo lo malo, retiene la promesa de Cristo a su Esposa. Lo demás son sectas caricaturescas.
Jerónimo
«Sólo en el campo echado bajo un pino
Solo y tranquilo con mi pensamiento
Pasa un chancho y le digo : «¡ Adiós, cochino !»
Pasa un burro y le digo: «¡Adiós, jumento!»
Quizá estas bestias no me entenderán
Pero yo tengo la satisfacción
De decir vino al vino y pan al pan
Sin el peligro de ir a la prisión».
Revista Jauja Nº 36
No sé, por ahí algunos van ahora a prisión por decir vino al vino y pan al pan.
Hilbert
Es decir la doctrina de la Iglesia Católica es que todos todos todos se salvan y el infierno esta vacío, con la excepción de los miembros de la FSSPX que se condenan desde el obispo hasta la señora que limpia. No sé, hay un tufo a contradicción…
Jorge
Mucho más que un tufo. No es extrañar…. quién está detrás es Tucho
No sólo Tucho, sino también la miopía de los conservadores, jerarcas y fieles, que han hostigado y siguen hostigando a la fsspx, diciendo que no existe el tal estado de necesidad. Una miopía que raya en lo culposo. Claro, ahora se lamentan. Qué hipocresía.
Naaaaaa…
Tucho no dice que los lefe se van al infierno. No dice que se van a condenar desde los obispos hasta la señora que limpia, además de todos los fieles.
No, no.
El Tucho es tan sólo un mal burócrata que hace mal su trabajo. El NO cree en condenas ni en infiernos que ya están superados y pertenecen a otros tiempos, (y a otra Iglesia y creencias)
¿No lo ven?
Son DOS MUNDOS diferentes, que hablan idiomas diferentes y creen en cosas diferentes.
Y respecto de las (pocas) cosas en que parecen coincidir, tienen diferentes sentimientos.
No hay modo.
Tucho dice que están excomulgados, nada más. Los pone afuera de eso que el cree que es la iglesia, pero que no es como el cree.
Tucho no cree en el infierno, ni en la condenación eterna.
No puede creerlo porque es un modernista. No lo cree de ningún modo.
Ahora bien…
León XIV ¿Cree como Tucho o cree lo que creyeron siempre los católicos?
De verdad lo pregunto.
Yo diría que es mejor que nadie se apresure a condenar a estos nuevos excomulgados lefes, no sea cosa que un día tengan que tragarse sus palabras.
Y los lefes, tal vez harian bien en bajar unos cuantos cambios, y otear la historia para constatar como suelen comenzar las sectas.
Lo digo con respeto. Soy alguien que, hace ya muchos años, recibió el sacramento de la confirmación de manos de Mons. Marcel Lefebvre.
No soy miembro de la Fraternidad San Pío X.
Asisto a sus misas, recibo ahí los sacramentos y mis hijos van a su escuela.
No estoy de acuerdo con las consagraciones episcopales. Hubiera preferido mil veces la obediencia al Santo Padre.
Según el procedimiento que publicó Roma, no estoy excomulgado: frecuento la Fraternidad por motivos litúrgicos y espirituales, y no rechazo ni el Magisterio ni la autoridad del Papa. Hasta ahí, alivio.
Pero la solución que se me ofrece es una sola: acudir a un sacerdote en plena comunión «con la decisión de no frecuentar en el futuro la Fraternidad». Muy bien. Ahora la pregunta práctica, la de un padre de familia de Córdoba, Argentina: si no es en la Fraternidad, ¿dónde? Acá no hay Fraternidad San Pedro, ni Instituto de Cristo Rey, ni misa tradicional diocesana. La única misa de siempre a cientos de kilómetros a la redonda está en esa capilla que ahora debo abandonar.
Mi pregunta es, qué hago este domingo? No voy a misa ? Será que si voy me excomulgan?
¿Por qué no se deja de jugar con fuego, estimado, si tiene algo de temor de Dios y amor a su propia alma? Aléjese de la SSPX.
Renuncia a la Misa tradicional . Amar a Dios implica renuncia al propio yo. A tu «yo» le llama la Misa tradicional, pero los únicos que la dan, no son católicos sino claramente cismáticos. Jesús quiere que estés en su Iglesia, que es aquella donde está Pedro. Haz la voluntad del Señor Jesús, que es tu Dios, estate en su Iglesia, aunque la Misa que vayas no te guste.
Lo plantea como si sus opciones fueran ir a los lefes o apostatar de la fe católica. O como si viviera en Arabia Saudita sin iglesias.
El planteo es, ¿usted comprende que la liturgia de los lefes está divorciada de la liturgia de la Iglesia? ¿Que la administración de sus sacramentos es ilícita, gravemente abusiva por estar todos ellos suspendidos del ministerio sacerdotal, e incluso en algunos casos inválida por no tener jurisdicción eclesiástica? ¿Usted entiende que esos sacerdotes sostienen explícitamente que Roma perdió la fe y que no hay acuerdo posible con la Santa Sede? ¿Y que no están sujetos a ninguna autoridad apostólica?
Antes de que 1988 los católicos formados teníamos perfectamente claro que los excomulgados eran malapalabra y cuanto más lejos de ellos, mejor. Hoy pareciera que la máxima pena ya no tiene el mismo valor.
Usted haga lo que su consciencia le dicte. Pero le invito a que se tome el tiempo para reunir datos que le den un panorama conclusivo sobre la realidad y sobre cómo usted quiere vivir en la realidad.
Parece que no entendió nada de los aspectos jurídicos del artículo de Wander, comenta.
Saludos
No le dé importancia a los necios, aunque sean cardenales o monseñores, y siga su conciencia católica y el bien de sus hijos. Manténgase apegado al Misa de siempre y desdeñe los consejos azufrados de nostalgia modernista. Dios lo bendiga y lo ilumine… y recuerde: Los asistentes a la Liturgia en las capillas de la FSSPX no tienen ninguna sanción de ninguna especie. No se enrede con la «nota explicativa», que no es ley de la Iglesia.
Los que adhieren a un cisma son cismáticos, y eso es así desde el primer día de la Iglesia.
Me parece que el necio aquí es usted, que se toma las cosas a la ligera.
«Siga su conciencia», dice… y después acusa de modernismo a otros… ¿no se da cuenta?
La conciencia puede ser errada, ¿o a usted Lefebvre le ilumina directamente?
Sí y no. Las condiciones han sido explicadas, y son perfectamente comprensibles por todos, y perfectamente católicas.
Seguí yendo, no te enredes con lo de la excomunión, que tu conciencia esté tranquila, estas son cosas de hombres, Dios no está sujeto a si la Santa Sede excomulga o no a los miembros del Cuerpo Místico, cuando Jesús le da a Pedro el poder de atar o desatar se refiere a otra cosa, el anatema es para quién niega los dogmas y comete herejias, la FSSPX serán lo que serán pero no son herejes. PAX
Ah, no me diga… ¿y usted quién es para interpretar así las cosas? ¿acaso recibió usted el poder de las llaves?
El anatema es para los herejes, y para los cismáticos, y para los apóstatas. Doctrina católica básica, de toda la vida.
Usted se cree tradicionalista pero sus principios interpretativos no son mejores que los de Lutero.
Lea bien y medite el artículo que está pretendiendo comentar.
Lea …
Lea …
Piense.
Razone.
Vuelva a leer.
Vaya a su cama z dormir tranquilo.
Dado que Jesús dijo a Pedro: «Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos» (Mt 16,19), la actitud de la FSSPX implica una de dos:
Como se viene diciendo en los comentarios, los sedes son más coherentes que la FSSPX.
No soy de la fraternidad, pero asisto a sus misas y sacramentos. Mis hijos a su escuela. Ahora, la pregunta es…¿¿ estoy excomulgado ?? Cómo pase de ser un fiel que recibe sacramentos válidos y lícitos y que vive (así lo quiera siempre Dios) su Fe católica de manera activa a estar excomulgado por algo que paso a miles de kilómetros y que no tengo nada que ver. Seguro muchos nos encontramos igual. De verdad alguien me podría ayudar en esta encrucijada. ¿Qué hacer ?
No sólo a miles de kilómetros, sino hace unos siglos, un agustino metió la pata bien hasta el fondo. Si hoy uno se adhiere a lo que él hizo, pues también mete la pata hasta el fondo, sea que se encuentre en nuestras pampas australes o en la Cochinchina.
Resulta que hoy, otro agustino, volvió a meter la pata…
Para que tomen nota los que quieran adherir a los nuevos institutos Eclessia Dei que propone el Card Müller para vaciar a la FSSPX -si es que los permiten-: aceptar novus ordo y CVII en todas sus partes como si fuera dogmático:
NEW: The Vatican has published the process for “reconciliation” of priests & lay faithful from the SSPX —- Both priests & lay must sign a Profession of Faith and Declaration of Adherence Priests must be “willing to accept the Second Vatican Council and the legitimacy of the novus ordo Missae, even while remaining attached to the usus antiquior” Laity not deemed under Vatican’s censures & thus with no need to «reconcile» include: “Laypeople who have attended the Priestly Fraternity of St. Pius X solely for liturgical or spiritual reasons; Laypeople who, while aware of the tensions with the Holy See, do not reject the Magisterium or the authority of the Roman Pontiff.” “Reconciliation” process is most complicated for clerics & involves: 1. finding an Ordinary 2. writing to the Pope 3. showing certificate of ordination 4. signing the Profession & Declaration 5. having the Ordinary vouch to Holy See that he is willing to take the priest under his jurisdiction ad experimentum
Aceptar la validez del NO es lo obvio. Y en ninguna parte se dice que se debe aceptar el Vaticano II como dogmático. Más aún, el mismo cardenal Fernández dijo en febrero que el Concilio contempla diversos niveles de adhesión.
Finalmente, no habrá nuevos institutos Ecclesia Dei.
Conclusión: aprenda a leer.
Pero Wanderer
Si no habrá nuevos institutos
Y hay muchos sacerdotes de la FSSPX en Argentina. Donde no hay ningún instituto.
A dónde van a ir a parar? A diócesis sueltas?
Primero, habría que ver si hay sacerdotes de la FSSPX en Argentina deseosos de regresar a la comunión plena. Si los hubiera, según dice el documento vaticano, deben conseguirse un obispo dispuesto a recibirlos, en Argentina, en Indochina o en Vietnam, que es lo mismo.
Pero una cosa es casi segura: los institutos Ecclesia Dei actuales no mostrarán ningún intereses de ingresar a sus filas a curas ex-lefes.
Respecto de la validez de los sacramentos (confesiones y matrimonios), tengo una duda. Ud afirma que:
«Queda el punto que más directamente toca a los fieles: la declaración de que las confesiones y los matrimonios asistidos por sacerdotes de la Fraternidad son inválidos. Esa invalidez no derivaría de la excomunión, sino de la falta de facultad para absolver (can. 966 § 1) y del defecto de forma canónica en el matrimonio (can. 1108). Pero ambas carencias fueron suplidas en su momento por actos del Romano Pontífice: la carta apostólica Misericordia et misera (n. 12), de 2016, que concedió de modo estable la facultad de absolver válidamente, y la disposición de 2017, aprobada por Francisco, que habilitó la delegación para asistir válidamente los matrimonios.»
Mi duda es la siguiente. Entiendo que la invalidez, hasta el 2016, derivaba de excomunión. Me explico, al estar excomulgados por las ordenaciones de 1988, los obispos (y sus sacerdotes) no tenían jurisdicción. En tal sentido, los sacramentos dichos eran inválidos.
En el 2016, Francisco concedió la facultad. O sea, ¿les dio jurisdicción?
Y mi duda puntual: ante la comisión de nuevo delito (las consagraciones de 2026), no volvería a estarse como en la situación inicial? No perderían la jurisdicción cedida por el Papa Francisco?
El hecho de que el documento de Francisco sea superior, anula en el caso concreto la norma inferior del Tucho? No responde la norma inferior a un nuevo hecho sucedido?
Tirosa Laire
Brevemente: en 2016 no había excomunión.
Con respecto a la facultad que les dio Francisco de escuchar confesiones y casar, estaba subordinada a la autorización del obispo del lugar. Es decir, Francisco levantó la prohibición, y la jurisdicción era otorgada por el obispo del lugar que debía autorizar a la FSSPX a celebrar matrimonio y confesar. Nunca hubo una jurisdicción para la FSSPX porque necesitaría de un estado o lugar canónico dentro de la estructura de la Iglesia, y todas las propuestas de Roma fueron siempre rechazadas por la fraternidad. De hecho, es lo que les proponía el Card Fernandez: darle un lugar en la estructura de la iglesia para que tengan jurisdicción correspondiente, obviamente toda institución con posición dentro estructura de la Iglesia tiene sus derechos pero está bajo vigilancia y puede ser intervenida.
En mi opinión es correcto lo que plantea: al haber excomunión, están imposibilitados de casar y confesar, celebrar actos públicos por ejemplo las misas, ojo con este punto. Posiblemente mal explicado por Fernandez pero si te excomulgan esa pena es tu último estatus canónico. Y la jurisdicción que daban los obispos simplemente se vuelve un absurdo: voy al obispo y le digo, me acaban de excomulgar pero continuar confesando, celebrar matrimonio y celebrando misas… en fin…
Peter A.
Gracias Claudio y Peter A.
Lo dicho va en contra de lo afirmado por Wanderer (tanto aquí, como en el siguiente post), por lo que entiendo que él no comparte esta explicación. Pero a mí, sin ser canonista, me parece que es así nomás: dado un nuevo hecho, dada una nueva excomunión, los sacramentos dejan de ser válidos. Y eso me preocupa sobremanera.
Me parece muy grave la situación.
Tirosa Laire
Tombino… mi pseudónimo lo dice todo, no estoy ni en Francia o Estados Unidos, pertenezco a una arquidiócesis donde la autoridad y representante de todos los obispos del país no acepta ninguna congregación o instituto ex Ecclesia Dei, por lo que o es la FSSPX o es el progresismo. Yo sin ser muy docto lo que veo es que pierdo no solo la misa tradicional con la solemnidad que le es propia, sino también una confesión como Dios manda. De paso, aprovechando el post, agrego cómo en los tiempos de la Summorum Pontificum con la misa tradicional, en el lugar que habilitó un obispo anterior se notaban tanto las carencias del celebrante, como las doctrinales. Ahora, queda «ajo y agua» y «a llorar al campito».
Tombino, usted tiene algún problema. Ha publicado aquí tres veces su comentario y lo acaba de publicar en el blog del P. Delgado.
Contestando al wanderer que decía que tiene parte de razón el que cree que la posición sedevacantista es más coherente que la SSPX.
Como persona que asiste a la SSPX y al Novus Ordo (solo hay una misa SSPX al mes en mi país y solo descubrí la misa latina con 54 años de edad), creo que tiene razón.
Pero el problema es mucho más grave que la SSPX y lo que hacemos los católicos de buena voluntad es intentar no ver el elefante que hay en la habitación. Esto nos produce no gran cantidad de disonancia cognitiva y este tipo de posiciones incoherentes, de los que la SSPX es una, pero no la única.
Lo que tenemos aquí es más grave que lo de la Fraternidad. Es la reducción al absurdo del catolicismo. El catolicismo se basa en la verdad y en la autoridad (esto último nos separa de los protestantes, que también creen seguir la verdad). ¿Pero qué pasa cuando la autoridad se rebela contra la verdad y hace todo lo posible para destrozar la verdad? Uno solo tiene que ver las declaraciones de Francisco y León sobre que todas las religiones iguales. Todos los escándalos de Francisco no los repetiré, pero el Sínodo impulsado por León va a la destrucción del catolicismo. Y no me hagan hablar del doble rasero que se tiene con los progresistas y los tradicionales. No seguiré hablando de estos temas porque todos los conocemos.
La conclusión más lógica es que el catolicismo es falso: que bastaba con infiltrar la autoridad para acabar con la verdad. Esta contradicción se hará más clara en los años que vienen, cuando el Sínodo irá desmantelando todos los aspectos de la doctrina católica, poco a poco y con una sonrisa.
Como nuestra fe es más fuerte que nuestra lógica, nos agarramos a un clavo ardiendo y todos estamos en disonancia cognitiva y en posiciones incoherentes. Los católicos normales de base se ubican en la incoherencia cuando se sacrifican por una fe que el Papa solo dice que es una de muchas y que no hay que seguir para conseguir la salvación (esto es incoherente). Miran hacia otro lado cuando el Papa adora a la Pachamama o enmienda las palabras de Cristo en sus encíclicas. Se preocupan por el pecado y la salvación cuando el Papa se preocupa por el cambio climático. Oran «por las intenciones del Papa» cuando las intenciones del Papa es convertir al catolicismo en una rama de la religión masónica globalista.
Otros se refugian en profecías marianas que nunca se cumplen y nunca llegan para intentar conservar algo de coherencia. Otros incoherentes son la SSPX que dice que acata la autoridad del papa cuando la desobedece. Los progresistas son incoherentes cuando usan la autoridad de la Iglesia para desmantelarla (Cuando leí la carta de León que decía «con la autoridad recibida por Cristo» por poco me trago el café. Solo habla así para desmantelar la iglesia. Cuando se trata de atacar la tradición es el más tradicionalista de todos).
En teoría los sedevacantistas no son incoherentes, aunque habría que pensar que, conforme el tiempo pasa y la crisis va a más, el tiempo les va quitando evidencia. Al final, acepta tu versión de incoherencia o deja de ser católico. Señor, ten piedad de nosotros.
imnobody00, su planteo del problema da en el clavo pero no incluye un dato que da pie a la solución que permite fidelidad a Cristo y coherencia con los hechos: la infalibilidad papal alcanza solamente a las definiciones ex-cathedra. La fe católica no excluye la posibilidad de que el magisterio pontificio ordinario empiece a enseñar una combinación 90-10 u 80-20 de verdad-error. Dado que esa posibilidad se ha convertido en hecho, la respuesta es profesar la fe ortodoxa y obedecer a la autoridad legítima en lo que ordene legítimamente.
Apreciado imnobody00, me parece que basta simplemente ser católico para ser coherente, pero católico no quiere decir vivir en el espíritu del Vaticano I, que es el espíritu jesuítico que siempre ha puesto la autoridad sobre la verdad. Basta centrarse en la fe, que la tenemos en la Escritura y la Tradición, y aprovechar la gracia de los sacramentos: ya sea el syllabus, ya sea el Vaticano II no son la esencia de la fe. Los pastores de la Iglesia, ni el papa, son vicedioses, con lo cual, y parafraseando a Erasmo, si el Romano Pontífice dice que el negro es blanco simplemente no se hace ni caso. Si alguien puede emplear los recursos de los catolicísimos Carlos V o Felipe II contra estupideces pontificias que lo haga; mientras tanto se puede cerrar el grifo económico. Se reconoce que el papa tiene jurisdicción suprema, pero no absoluta, con lo cual se puede ser perfectamente católico y rechazar tonterías pontificias, sin necesidad de armar un quilombo. De hecho se puede llegar a altas cumbres de la mística, como santa Teresa, sin citar una sola línea de un papa. Pues creo que la solución va por ahí. Situar el papel del sucesor de Pedro en su verdad, no en la locura nominalista que cristalizó en el espíritu del Vaticano I y centrarse en lo esencial. No hay ninguna incoherencia, ni eso es sedevacantismo.
Pero tampoco es vivir como si no hubiera Papa. Y si el Papa dice algo en lo que tiene autoridad, pues ni caso. O, peor, hacer lo contrario. No. Eso no es católico. Algunos que quieren ser antijesuíticos se pasan más de un pueblo por el otro lado…
Por el contrario, considero que los planteamientos sobre la celebración del matrimonio no son correctos: a diferencia de lo que ocurre con la confesión, a los sacerdotes de la FSSPX (FSSPX / Hermandad San Pío X) no se les concedió la facultad de asistir matrimonios (Trauvollmacht). Más bien, se pidió a los ordinarios competentes que respondieran «generosamente» a las solicitudes correspondientes. Sin embargo, la decisión sobre la delegación de dicha facultad era y sigue siendo una competencia que corresponde al párroco local (o al obispo diocesano). Según los documentos actuales, tal delegación ya no es posible; no obstante, esto constituye un cambio en la práctica administrativa anterior, lo cual, en mi opinión, es perfectamente admisible.
Sinceramente dan risa todas las consideraciones leguleyas y doctrinales. Hace muchos años ya, (desde el infausto instante en que Jorge Mario Bergoglio llegó al trono de San Pedro) que la destrucción sistemática de la Iglesia es un hecho. Toda la predicación de Jesucristo en el Evangelio consiste en un rotundo No a la simulación y una defensa a ultranza de la conversión del corazón. Dado que la Iglesia ha sido asaltada por una banda de ladrones que se dedica a predicar exactamente lo contrario de la doctrina de la Tradición que produjo legiones de Santos y mártires a lo largo de la Historia, resulta risible que se pretenda hacer que no pasa nada y que estemos acaso en el mejor de los mundos. Es lamentable, pero no podemos simular una normalidad que no existe. Obediencia, respeto, sujeción, eclesiología, todas palabras sin sentido en el actual estado de cosas. Como decía el padre Castellani: La Iglesia es un montón de escombros. Él lo decía de la iglesia argentina. Tristemente, el diagnóstico se trasladó a la Iglesia Universal. Queda recibir los sacramentos y alinear la propia vida con las exigencias del Evangelio. Al menos, en la Fraternidad y en algunos casos que sobreviven a la debácle general, no nos incitarán a pecar de manera impenitente…
Dice Jesús: “Si me amáis cumpliréis mis mandamientos”. Lo demás queda en las manos de Dios.
Anónimo de las 12:16, antes de Bergoglio la Fraternidad desaprovechó la mano tendida de Benedicto XVI, el Papa que más ha intentado superar el desmadre del Concilio. La Fraternidad, simplemente, no quiere volver.
Dígame, ¿no fue acaso simulación lo que hizo la FSSPX en el rito de consagración episcopal, al leer un mandatum fraguado y falso? ¿no fue acaso simulación cuando prometieron obediencia al Papa León XIV, mientras obraban contra una orden explícita del mismo?
¿Qué otra cosa es, sino «incitar a pecar de manera impenitente», la prédica lefebvriana que se gloría de las excomuniones y desprecia los llamamientos del Santo Padre, alimentando el cisma en los corazones de los bautizados?
Si bien no hace a lo jurídico y formal, que -y no sé cómo expresarlo- dantesco y diabólico es, que sea un personaje como Trucho Fernandez, el que aplique esta medida.
De acuerdo con lo de dantesco y diabólico, y creo que se queda corto. Pero Tucho ocupa el cargo que ocupa, nos guste más o menos.
soy una simple fiel, simple como la belleza de los silencios que me llevo a querer la Santa Misa tradicional, la fraternidad es la unica opcion donde vivo y su sacerdote como ya no conozco: un sacerdote catolico que habla de cosas catolicas. Ahora no se nos permite ir a la misa y a la otra misa no quiero ir, xq no quiero jugar a esas incoherencias. Nose a donde nos dirijimos, pero veo claramente, a donde NO quieren que volvamos: la tradicion…que tristeza. 😦
Dantesco y diabólico… Yo más bien diría que es un diablo de teatro de títeres.
Wanderer, no se extrañe que atrás de todo esto esté también Müller, histórico enemigo de la Fraternidad (y antiguo defensor de la teología de la liberación), y que ustedes los de Eclessia Dei salgan beneficiados porque él quiere que los laicos de la FSSX se vayan a vuestros institutos, que como él mismo dice, fueron creados con ese fin.
Tendrán que aceptar in totum el CVII, y en muchas de las diócesis -en donde les permitan estar a esos institutos- deberán también asistir a la misa nueva con estos sacerdotes, porque los obligan a ser birritualistas.
También lo fue que Alejandro VI excomulgase a Savonarola. Pero supongo que nadie aquí cuestiona la validez de esa excomunión.
Menciona Ud. , don Wanderer, que la diferencia de la FSSPX con Roma siempre fue eclesiológica y no litúrgica. De acuerdo con lo primero pero no con lo segundo. La Fraternidad asegura estar en comunión con la iglesia pero asegura, mas o menos explícitamente, que los sacramentos confeccionados según el Novus Ordo son como mínimo sospechosos de inducir a la herejía, cuando no inválidos, negándose a participar, por ejemplo, de una misa nueva, por muy dignamente que ésta sea celebrada. Entonces: ¿Cómo puedo estar en comunión con alguien con quien no puedo compartir la Santa Misa? ¿Cómo sostengo la comunión si creo que todos sus sacramentos son (como mínimo) proheréticos?
Por último, y en línea con lo ya señalado sobre la diferencia eclesiológica, no puedo dejar de señalar la incoherencia de lo sucedido ayer. Se declaró como fundamento (en reemplazo del mandato pontificio) de las consagraciones episcopales que «Teniendo en cuenta que desde el CV II hasta nuestros días, las autoridades de las Iglesia están imbuidas en un espíritu contrario al de la fe y obra en contra de la santa tradición» y posteriormente los consagrandos realizaron el juramento de fidelidad y obediencia al apóstol San Pedro, al papa y a sus sucesores, es decir, a quien esta imbuido de un espíritu contrario a la Fe y obra contra la Tradición.
Por momentos, como me dijo un amigo, pienso que el más razonable -aunque errónea- la posición sedevacantista que la de la FSSPX.
Marcellus
Creo que su amigo tiene gran parte de razón.
La posición de la FSSPX es sedevacantista en los hechos (no empecemos con sedevacantismo material y no formal porque estoy harto de la hipotética distinción) Supongo que Lefebvre no se animó a declarar la sede vacante porque los fieles no estaban preparados, eso decía un ex presbítero de la FSSPX (el P. Méramo) y le creo. Con los años, y la deriva de Roma, se ha hecho mas fácil actuar en congruencia con lo que en el fondo se piensa. Creo que no faltarán muchas décadas para que la FSSPX declare la sede vacante.
Jorge
Espero ansioso la nota explicativa de Tucho que declare que todos los fieles ortodoxos orientales que adhieran formalmente al cisma están excomulgados y que sus matrimonios son inválidos…
olvidese, para Tucho, todos se salvan, del color ideológica y género que sea. No cree en las consecuencias espirituales de la excomunión. Solo lo hace para amedrentar
un hereje podrá excomulgar a alguien ? Recuerde, el infierno está vacío (Franciscus dixit)
Comentario al margen de léxico comparado entre lenguas: mientras en inglés hay términos distintos para los Ortodoxos greco-eslavos: Eastern Orthodox, y para los precalcedónicos/miafisitas (coptos, armenios, etc.): Oriental Orthodox, en español entiendo que Ortodoxos siempre apunta a los greco-eslavos.
Olvídese del inglés, la cosa es más simple: orotodoxos en sentido lato son todos los cristianos orientales no unidos a la Iglesia Católica.
Tanta historia y terminaron como Lutero.
Qui cathedram Petri, super quam fundata est ecclesia, deserit, in ecclesia se esse confidit?
Bueno, qué problema hay, si hay una estatua en honor a Lutero en el Vaticano.
Estará junto a la de la Pachamama adorada en el Vaticano durante Francisco, y anteriormente por Prevost en algún pueblo de indígenas?
Tombino… mi pseudónimo lo dice todo, no estoy ni en Francia o Estados Unidos, pertenezco a una arquidiócesis donde la autoridad y representante de todos los obispos del país no acepta ninguna congregación o instituto ex Ecclesia Dei, por lo que o es la FSSPX o es el progresismo. Yo sin ser muy docto lo que veo es que pierdo no solo la misa tradicional con la solemnidad que le es propia, sino también una confesión como Dios manda.
De paso, aprovechando el post, agrego cómo en los tiempos de la Summorum Pontificum con la misa tradicional, en el lugar que habilitó un obispo anterior se notaban tanto las carencias del celebrante, como las doctrinales.
Ahora, queda «ajo y agua» y «a llorar al campito».
Wanderer, al leer los dos documentos, sin ser canonista pero sí bastante adentrado en estas cosas, pensé lo mismo que usted y que los canonistas que consultó para redactar este artículo.
Fuerza tiene el documento DECRETO.
La NOTA EXPLICATIVA, no tiene mayor valor, ya que tiene por único fin explicar el decreto (el problema es que ni siquiera hace eso, pues dice cosas que el decreto no). Y aquí no creo que haya simple mala técnica. Hay, sospecho, una deliberada estrategia tendiente a espantar a los fieles que sin manejar estos temas, se asustarán con la sola NOTA EXPLICATIVA. Como canónicamente es inviable excomulgar a todo feligrés que reciba sacramentos de la FSSPX, a los sumo se puede apelar a esta NOTA EXPLICATIVA para asustar. A más de una asustará.
También coincido con usted en algo obvio: el Papa debería derogar los permisos de cofesiones y matrimonios de la FSSPX, que aún no han sido derogados por nadie, por lo que siguen vigentes, para que esos sacramentos puedan llegar a ser inválidos.
Por último, nunca perdamos esto de vista: lo que se ve en las redes sobre los laicos lefes, no creo que sea ni el 1 % del mundo lefe. ¿Se imagina a mi espesa, hijos, padres, primos, enterados de lo que se publica acá o en otros sitios y entrando para discutir? Ni remotamente. Yo, por ejemplo, entro aquí y a ningún otro lugar. Recién hoy entré a dos o tres lugares para enterarme mejor de las noticias del día… El que se quede con la idea de una FSSPX parecida a la web, no la conoce, sencillamente. El que haya ido a una capilla y allí escuchó algo de celo amargo y con ello cree que es una inclinación de al menos el 10 % de los fieles, tampoco la conoce. Sé delo que hablo.
Muy atte.
Lefe on Line
De acuerdo. Tucho ha excomulgado a lo far west. Si yo fuera un fiel que asiste regularmente a las misas de la Fraternidad iniciaría un proceso canónico en Roma, pidiendo ejercer el derecho a la legítima defensa, y solicitando clarificar mi hipotético estado de excomunión.
Las excomuniones latae sententiae que aplicaron a los obispos son típicas, no se pueden trasladar a los fieles que no realizaron dicha acción típica de ordenar obispos. Imaginemos que una persona recurre al aborto y queda excomulgada latae sententiae, y que otra, al saberlo, aprueba dicha. acción: no por ello queda excomulgada.
Estoy de acuerdo en que, para mayor claridad, León XIV debería derogar personalmente las concesiones de Francisco.
Pero igual entiendo que se presumen derogadas para un clero que está excomulgado.
¿O un excomulgado puede ser sujeto de ese tipo de concesiones?
(Que no son las mismas que las del principio Ecclesia suplet ni el estado de necesidad -el verdadero- que contempla el Derecho Canónico)
Don Batistella, ¿no leyó el artículo de W. y el decreto…? Los clérigos y los laicos NO ESTÁN EXCOMULGADOS
Anónimo, leí todas esas cosas y muchas más.
Los clérigos están excomulgados, como los laicos, si adhieren al cisma.
Ya hubo precisiones sobre qué significa «adherir al cisma», donde entran, por ejemplo, los terciarios lefebvristas y los que apoyen abiertamente el cisma (como todos esos desdichados que se ponen la foto de perfil «yo apoyo las consagraciones de la FSSPX» y se comportan de acuerdo a eso). Lo cual por otro lado es de sentido común.
Más de sentido común es suponer que los clérigos lefebvristas, de por sí ya suspendidos a divinis desde el mismo momento de su ordenación, adhieren al cisma, si no se pronuncian abiertamente en contra y siguen formando parte de la FSSPX, especialmente los dirigentes que decidieron obrar cismáticamente.
No es muy difícil de entender.
Y por si las dudas. Todo esto no es un invento de «Roma» para atacar a la FSSPX.
Es sencillamente la manera en que la Iglesia ha tratado siempre con los cismas y los cismáticos.
Tombino… mi pseudónimo lo dice todo, no estoy ni en Francia o Estados Unidos, pertenezco a una arquidiócesis donde la autoridad y representante de todos los obispos del país no acepta ninguna congregación o instituto ex Ecclesia Dei, por lo que o es la FSSPX o es el progresismo. Yo sin ser muy docto lo que veo es que pierdo no solo la misa tradicional con la solemnidad que le es propia, sino tambié la confesión como Dios manda. De paso, aprovechando el post, agrego que en tiempos de la Summorum Pontificum con las misa tradicional y en el lugar que habilitó un obispo anterior se notaban tanto las carencias del celebrante, como las doctrinales.
Ahora, solo queda «ajo y agua» y «a llorar al campito»…
el lugar donde vale la pena permanecer es el Corazón de Cristo, herido por las discordias de sus discípulos. «Busqué quien me consuele, y no lo hallé» (Sal. 69). ¿Seremos capaces de consolarle nosotros?
Imaginate el grado de instrusión de los lefes tal que Galarreta pontificó solemnemente en el granero desde un trono episcopal (con dosel!) cuyo privilegio le arrebata al Obispo diocesano de Sion. El nivel de disociación con la vida diocesana es monumental. Y después no me vengan con que las Misas multitudinarias celebradas bajo una lona fuera de los templos y con altares sin consagrar son un escándalo.
Me hizo particularmente gracia la lectura de un «mandato apostólico», potestad exclusiva del Sumo Pontífice, redactada por el padrecito Pagliarini haciendo las veces de notario de un obispo auxiliar de clerici vagantes. La eclesiología lefe en una cáscara de nuez.
La diócesis de Ecône se llama Sion??? Vaya vaya vaya…
CISNEROS
Si. Se llama Sion
Siempre me parece curiosa la forma en que son deslizados algunos signos, un poco sutilmente.
Claro que además de leer entre líneas, también hay que confrontarlo con las especiales circunstancias del mundo.
Por ejemplo, que el Decreto de excomunión de estos católicos esté firmado por alguien experto en literatura erótica, dice mucho de la situación, entre bizarra, trágica y cómica, en que se encuentra la Iglesia, y el mundo, como no puede ser de otra manera.
No digo que por tal inclinación del cardenal Fernández, no sea válido el Decreto.
Tampoco digo que el cardenal es, o no lo es. ¿Que quiere que le diga?
Esto no me pone en situación de sedevacantista. Pero confieso que no salgo de mi asombro y completa confusión.
Nuestro Señor nació en un Pesebre… Aquí se habrá celebrado bajo una carpa (granero?) hacía falta cobijar a 15000 fieles que tomarían la comunión
San Atanasio dijo algo así :ellos tienen las catedrales, nosotros la fe
Y San Ambrosio dijo: Ubi Petrus, ibi Ecclesia.
Si vamos a justificar posturas con frases de santos sacadas del contexto históricos, tenemos para todos los gustos.
Esto no puede ser. No podemos derretirnos embelesados ante el discurso ecuménico, promover la intercomunión, hacer declaraciones conjuntas con los «hermanos separados», etc. etc., y paralelamente fulminar excomuniones y declaraciones indiscriminadas de cisma contra varios miles de fieles que tienen una sensibilidad litúrgica distinta o que discrepan en algún punto de los textos (¡pastorales!) del último concilio. Esta excomunión es el acto más antiecuménico que ha ejecutado un Papa desde hace más de 100 años. Para que luego se nos llene la boca con el «ut unum sint».
Me apena profundamente que, ante la soberbia de la Fraternidad, Roma haya respondido con más soberbia todavía. La Historia enseña que, detrás de cada cisma que ha desgarrado la Iglesia, ha habido siempre personas en Roma que no supieron estar a la altura. Me parece a mí que es el caso también aquí. Econe no es inocente, pero hay más culpa en Roma que en Econe.
Hay que valorar que es la segunda desobediencia grave de este movimiento en su historia, por no hablar de los intentos de arreglo. Creo que no basta con valorar el último año para proporcionar la pena. A mí juicio (falible) es perfectamente proporcionada valorando en conjunto toda la historia de la Fraternidad y su actitud a lo largo de más de 40 años.
Yo no le pediría a Roma más benevolencia sino aplicar el mismo rasero a todos y ahí es donde hay que centrarse y no en la Fraternidad.
CISNEROS
Justo, amigo Cisneros.
Creo que, con independencia del alcance de la excomunión y como valoramos la adhesión de los fieles, es altamente recomendable mantenerse bien alejados de la FSSPX. No tiene ningún sentido, pienso, andar jugando a ver si bueno, si es lícito o si voy a su misa quedaré excomulgado o no etc. Veo que había que separar el trigo de la cizaña. La cizaña aún puede salvarse pero es cosa suya. Suena cruel, pero lo mejor es abandonarlos a su suerte, sin perjuicio de que puedan mantener un diálogo ecuménico con Roma algún día como con otros cismas.
Lo que pienso es que quien hasta ahora tenía simpatía por la Fraternidad y no quiere cometer la locura de tirarse con ellos por el vacío, ha de enfocarse y reivindicar de Roma no solo un espacio para la tradición, sino que se persiga con igual o mayor dureza todo aquello que pueda hacer suponer que hay un doble rasero.
CISNEROS
No se como todavía se puede ser tan soberbio para ponerse por encima de la Autoridad Apostólica. Desde cuándo un católico define su fidelidad desobedeciendo a su Obispo y más aún al Sumo Pontífice. Roma no «pretende» excomulgar a clérigos y laicos de la fraternidad, sino que los HA EXCOMULGADO. Cuando se van a enterar en la Fraternidad de que no son necesarios para la Tradición. Muchos asistimos a la Misa tradicional sin acudir a una sociedad empeñada en estar fuera de la Iglesia. Ahora se va a demostrar hasta qué punto son innecesarios porque las misas por el rito tradicional se seguirán oficiando en la diócesis que la ofrecen y en los institutos tradicionalistas. Pasará el tiempo y la fraternidad quedará como una rareza malsana sin razón de existir. En la FSSPX, especialmente los laicos, deberían dejar de pensar tanto en el derecho canónico y tanta historia que roza el snobismo, y empezar a ser sinceros consigo mismos y con Dios. Las cosas fundamentales son mucho más sencillas en la conciencia cuando se deja iluminar por el Señor.
Bien dicho Luis. Además, algo me dice que en la Fraternidad las tradiciones estilo Sant Antoni Abad y danzas del Corpus no les hacen ninguna gracia. Que les den.
CISNEROS.
Habría que ver en dónde vive usted. Yo vivo en una ciudad de 10.000,000 de habitantes y no existe Misa Tradicional fuera de la FSSPX y no aparece la FSSP ni ninguna de «ecclesia dei»
Sobre el matrimonio, la concesión de Francisco implicaba que el Ordinario concediera las licencias o facultades (https://press.vatican.va/content/salastampa/es/bollettino/pubblico/2017/04/04/ecc.html).
Dígame, Wanderer, ¿le parece que algún Ordinario las va a conceder a partir de ahora…? ¿Y los lefebvrianos, entonces, asistirán a uniones concubinarias?
He aquí la paradoja de pretender ser tradicionales fuera de la Iglesia…
Augustinus
«De modo que en un mismo día, con la misma firma, el Dicasterio dice dos cosas que no coinciden: el Decreto amonesta a clérigos y fieles con que incurrirían en la censura si adhieren —tiempo condicional, delito futuro y eventual—; la Nota afirma en presente que ya «están en el cisma». Cuando el instrumento con forma penal y el que no la tiene se contradicen, prevalece el primero; y, por si hiciera falta, el can. 18 ordena interpretar estrictamente toda ley que establece penas, lo que impide extender por vía de nota lo que el decreto formula como mera admonición. El propio acto jurídicamente eficaz del Dicasterio reconoce, pues, que sacerdotes y fieles todavía no han incurrido en nada».
Comento. No parece que sea como dice. El Decreto habla de clérigos y fieles laicos sin más: cualquiera que se adhiera, incurre en la censura. No dice que sean de la FSSPX. Es una consideración en abstracto. La Nota habla de los adherentes: los de la FSSPX que ya están en cisma en cuanto adhieren formalmente al cisma. No hay contradicción. Y no es sino substancialmente lo mismo que ya decía la Nota del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos.
Augustinus
El problema, a mi entender de lego, es qué se entiende por fieles de la FSSPX. No se trata de una pertenencia que imprime carácter o que pueda ser fácilmente discernible. Es todo vago y nebuloso, y no se puede aplicar una pena a esa categoría.
Igual hay casos que parecen claros. Los que se niegan a rajatabla a ir a cualquier Misa o acto de culto no lefebvristas, por ejemplo.
No hay pena sin culpa, el claro objeto de ello es amedrentar a quienes concurren a las capillas de la Fraternidad; es decir, convertir ese hecho en culposo y punible, pero no podían decir eso, lo que sí han hecho es sugerirlo, y una sugerencia no es suficiente para aplicar una pena.
Todo esto tiene la misma lógica de la altisonancia con la que se manejaron las cosas desde el anuncio de las consagraciones y el comunicado posterior a la reunión de Tucho y el P. Pagliarani; y así van a seguir mientras no cambien los actores.
Creo que hay varias cuestiones que distinguir. En sí mismo, que se reafirme que el Derecho canónico sigue existiendo es bueno. Que se reafirme que también vincula a los laicos también es bueno. Y es bueno no porque está no sea una ocasión tristísima , que lo es, sino porque es verdad y es lo que se sigue de la eclesiología catolica. La injusticia comparativa, por el contrario, es mala. Ahora bien, lo cierto es que hay un cisma, y desde el momento en que hay un cisma un laico puede adherirse a él, con las penas que por ello proceden, tanto como cualquier otro. En ese sentido, este Decreto y Nota tan solo repiten lo que dijo el motu propio Eclessia Dei sobre la adhesión formal, integrándolo junto con la interpretación de la Nota del 96. No creo que eso sea en sí mismo criticable, y de hecho sería deseable que JPII hubiera incluido tales aclaraciones canónicas en Eclessia Dei.
Sobre las facultades de confesar y casar, entiendo que pronto se publicará algo expreso al respecto. Tucho es tonto pero no tanto como para olvidarse de que aquellos actos de Francisco necesitan derogación específica.
Mi humilde opinión, que sé que no es la de Wanderer, es que el Papa debe actuar haciendo uso del carisma que Dios le ha dado a Pedro: enseñar con definiciones definitivas en fe y moral. La FSSPX está enrocada en la desobediencia bajo el pretexto de que estos actos del Papa son falibles. Han acumulado durante décadas argumentos teológicos para autoconvencerse de su posición. Este es un nudo gordiano que sólo puede cortarse condenando las proposiciones esenciales que justifican la desobediencia. Sobre todo, que las rúbricas del NO no son en sí mismas heréticas ni favens haeresim, y que no es pecado asistir a misa nueva. Una vez se zanje ese asunto con una definición de fide, podrá avanzar la discusión. Ya sé que Wanderer tiene mucha suspicacia ante el hiperpapalismo, pero una cosa es que no se deba abusar de la autoridad papal y otra que no pueda nunca usar el pleno de su autoridad apostólica. Creo que ha llegado la hora para ello.
Loretar
Loretar, todos queremos más claridad
Pero lo del novus ordo es ampliamente discutido a niveles altísimos fuera de la FSSPX. Que no se use la categoría favens haeresin no quita lo que los estudios dicen.
Lo que si se puede afirmar con bastante claridad es sobre el pecado de asistir a la misa nueva (pero dependerá de cuál, ya que en el 90% de las que he asistido en más de 30 diosesis no se respetan las rúbricas..en mayor o menor medida), así que tampoco tenemos un criterio objetivo.
Muy cierto.
El problema es que usted no ha comprendido wanderer que ahora que se excomulgó a todos los fieles, sacerdotes y obispos ahora sí podemos salvar nuestras almas el requisito es ser herejes o cismático de hecho o derecho.
El problema Federico, es que a los únicos que se excomulgó es a los obispos. Eso es lo que digo, o dicen los canonistas consultados, en el post.
Ya leí el post y mi respuesta es irónica. Usted afirma que nos regodeamos en ser sancionados que poco nos importa la Iglesia romana etc, etc. No niego que haya quienes sientan los hechos con liviandad como si no tuviera importancia. Pero usted hace absolutos de algo que no sabe con certeza. En los círculos que yo frecuento hay gran dolor e impotencia. Pero también hay certeza y tranquilidad. Nuestro orgullo y gozo no está en la insurrección y la desobediencia sino en creer que el legado del obispo francés es un faro en medio de la tempestad. Para usted las cosas son claras para mí también aunque en sentido opuesto.
En el post digo «buena parte de la propia Fraternidad se encarga de despejar la duda». Buena parte es un porcentaje incierto, y por eso mismo no absolutizo la situación. No son todos; son algunos, y lo sé con certeza no porque juzgo intenciones sino porque los vengo escuchando desde hace más de veinte años y porque hoy mismo los leo en sus redes sociales.
Motivo del castigo: Celebración de ordenaciones episcopales ilegítimas y sin autorización pontificia.
Implicados directos: Los obispos consagrantes y los cuatro nuevos consagrados incurren en excomunión automática.
Declaración de cisma: Los sacerdotes de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) se declaran formalmente en cisma.
Impacto en los laicos: Los fieles que se adhieran formalmente a la Fraternidad también serán considerados excomulgados.
Invalidez de sacramentos: Las confesiones administradas y los matrimonios celebrados por este grupo son declarados completamente inválidos
No sé a qué viene lo suyo. Es justamente sobre eso que trata el post.
veo claramente la mano de Dios en todo esto. El periodo 2007 hasta ahora sirvió para que gente de buena Fé, pero con error invencible, pudiese acercarse a la Fé tradicional.
El problema nunca fue sólo la misa, sino todo el sustrato seudoteologico que sirve de base a la falsa religión cuyo rito es el novus ordo.
Ahora toca podar el árbol y que gente como la que escribe este artículo, que quería mantenerse a dos aguas, se vaya, buscando los frutos de la “plena comunión”.
usted es un ejemplo de todo lo que se cuestiona.
Voy a la fraternidad, y la imprecisión teológica y doctrinal que acaba de largar nunca la escuché en los más de 5 años que asisto.
Haga un favor a la causa y llámese a silencio, no todos deben ser paladines, algunos solamente como escuderos o pajes hacen un excelente servicio
Sos bruto, con ganas