(Triste) Historia de una monja

Aunque es una nota que tiene ya varios meses, me interesa hacer algunos comentarios al respecto. Se refiere a la hoy señorita Mónica Astorga que, luego de 40 años (sí, ¡40 años!) de ser carmelita descalza y priora de su convento, dejó los hábitos y la fe. Su historia, que se relata brevemente en la nota, muestra un entretejido de errores, aún con las mejores intenciones, que sirven para la reflexión. 

1. ¿Qué hacía una monja de clausura, carmelita para más inri, ocupándose de los trans? [Utilizaré esta horrible palabra para simplificar, sin connotación alguna]. Desde los Padres del Desierto y, luego, todos los maestros de la vida espiritual, insisten una y otra vez: “Sé lo que eres”, ese es el modo de alcanzar la salvación porque es el estado y circunstancia que Dios quiso para cada uno de nosotros. Una carmelita descalza tiene una función muy concreta y definida, y la misma no es ir ayudando a los trans o a cualquier otro menesteroso. Es rezar insistente y continuamente por aquellos que sí se dedican a esa misión. 

Es muy extraño que la entonces sor Mónica no interiorizara lo que había escrito su hermana en religión, Santa Teresita del Niño Jesús, cuando reconoce que ella quisiera ser misionera e ir a anunciar a Cristo a las zonas más remotas del orbe, o ser maestra para enseñar a Cristo a los niños, o ser incluso ¡sacerdote!… y se responde: Yo soy carmelita, mi función es orar por los misioneros, por los maestros y por los sacerdotes, y culmina con su famosa afirmación: “En el corazón de la Iglesia, yo seré el amor”. Haber dejado de ser lo que se es; abandonar el propósito que inicialmente se tuvo y que, había sido confirmado por la Iglesia, fue un error gravísimo, no sólo de ella, sino también de los superiores que se lo permitieron. Y los resultados están a la vista.

2. No es un dato menor que los sucesos hayan tenido lugar en Neuquén, diócesis que es un erial desde que fue vandalizada por Mons. Jaime de Nevares, uno de los pocos obispos argentinos de izquierda y partidario de la Teología de la Liberación en los años 80. Esos son los resultados; los obispos son arché, principio del pueblo que les ha sido confiado, y esto ocurre cuando un pastor, como de Nevares, centró su episcopado en la promoción social y en la defensa de los derechos humanos. Todo fue humano, demasiado humano: su vida, su diócesis, sus monjas. 

3. Me cuesta creer que la señorita Astorga crea sinceramente lo que dice del Papa Francisco. Él, asegura, la animaba a que siguiera, pero los malvados obispos se lo impedían. Concretamente, Mons. Fernando Martín Croxatto, obispo de Neuquén, le dijo lo que cualquier persona sensata le debía decir: “Su vocación no es ayudar a los trans; su vocación, como carmelita descalza, es otra”. Y el cronista dice que el apoyo del Papa no fue suficiente, que Mons. Croxatto siguió presionando y forzó la exclaustración de la monja. Nadie en su sano juicio puede pensar que un obispo se opondría a la voluntad manifiesta de un pontífice como Francisco: hubiese sido miericordiado a la primera oportunidad. Fue esta una de las típicas jugadas del Papa porteño: decirle a cada uno lo que queria escuchar: a Croxatto: “Decile a esa monja que se deje de joder con los trans, y si no le gusta, que se vaya”. Y a Astorga: “¡Qué te hicieron! Son todos muy malos y no me hacen caso!”. 

4. Lo que más asombro me causa es cómo terminó todo: Mónica Astorga, luego de 40 años de vida religiosa, no solamente abandona el claustro sino que abandona la fe católica y se fabrica su propia religión. “Voy a misa cuando siento una necesidad fuerte de ir, pero entro después que termina de hablar el cura, porque no los puedo escuchar”, dice. Reconozco que yo también suele tener la tentación de entrar a misa luego de que el cura termina de hablar, pero me sobrepongo; pero lo de ir a misa sólo cuando “siente fuertemente” la necesidad, es una demostración clara de que no entendió nada o, en todo caso, de que entendió muy poco de lo que se trata la fe. Es decir, de que tiene otra fe.

Pareciera, incluso, que cambio su fe católica por la defensa no ya de personas vulnerables, sino de los “derechos” de las personas trans. La foto con las banderitas es muy elocuente; me informé con Claude qué significan, y esto mes respondió: Bandera de la izquierda (Progress Pride Flag / «bandera del orgullo progresivo»): es una variante de la clásica bandera arcoíris del orgullo LGBTQ+, a la que se le añadió una franja en forma de flecha con los colores celeste, rosa y blanco (de la bandera trans) y negro y marrón, para representar también a las personas trans y a las comunidades de color dentro del movimiento. Bandera de la derecha (celeste, rosa y blanco): es la bandera del orgullo transgénero, diseñada en 1999 por Monica Helms. El celeste y el rosa representan los colores tradicionalmente asociados a lo masculino y lo femenino, y la franja blanca central simboliza a quienes están en transición, tienen una identidad de género no binaria o se consideran de género neutro.

Me pregunto una vez más y no encuentro respuesta: ¿cómo una persona con 40 años de vida espiritual intensa puede terminar en semejante desorientación?

5. Finalmente, y lo más importante de todo. Muchos de nosotros, y me refiero al “espectro” conservador-tradi, podemos estar tentados de señalar a Mónica Astorga por haberse ocupado de unos “degenerados”: los trans. Y eso sería terrible, y un error mucho más grave que el cometido por la ex-monja. Son numerosas las congregaciones que fueron fundadas en la Iglesia, desde la Edad Media, con el único propósito de atender a las prostitutas. Basta recordar a Santa María Micaela Desmaisières y a Santa María Eufrasia Pelletier. Y si no se fundaron para asistir a los trans es porque en esa época no existían o, en todo caso, no sabemos si los pocos que habrían no recibían también socorro de estas buenas monjitas. Ciertamente, no se trata de darles alojamiento durante el día para que descansen de sus correrías nocturnas, las cuales no abandonan. Ciertamente, no se trata de alentar sus desorientaciones ni reivindicar sus “derechos”. No; no es eso. Se trata de ser cristiano y esto implica también ser cercano a los que sufren. “En la tarde de la vida te examinarán por el amor”, decía San Juan de la Cruz. No seremos examinados por si concurríamos a la misa tradicional en comunión plena o semi-plena; seremos examinados en el amor. Y este es el gran riesgo que corremos los tradis, y que muy bien viene señalando Eck en sus post: la falta de caridad enmascarada en fidelidad ritual

Sí; defender el rito tradicional es importante, y conocemos a muchos que dejaron su vida y su fortuna en esa empresa, y eso es un claro signo de amor. No hay duda alguna. Pero ¡cuidado!, porque podemos pensar que la salvación pasa solamente por asistir dominicalmente a la misa de siempre, y que el resto es secundario. Y eso es fariseísmo, el pecado gravísimo tan propio de los cristianos como bien lo denunciaba el P. Castellani. 

Una de las fotos que ilustra la nota, muestra a Mónica Astorga acompañando a una persona trans que, a todas luces, está agonizando. Más allá de todo lo que hemos dicho de ella, ese es un acto de caridad. Esperemos que también lo haya ayudado a bien morir, es decir, que le haya acercado un sacerdote y propiciado su arrepentimiento. No serán todos; serán más bien muy pocos los que pueden tener la vocación de acompañar a los trans, pero el resto debemos reconocer que se trata de una misión noble y compleja. ¿O es que alguien puede pensar que, porque tienen conductas contra natura no son dignos del perdón y del amor de todo buen católico? ¿O es que alguien puede pensar que la vida que llevan es de pura algarabía y que merecen todo lo que les pasa? ¿Ellos lo merecen y nosotros no, porque vamos a misa tradicional? Como si mereciéramos algo…; lo único que merece es la sangre inocente de Cristo.

Sin dejar de señalar los errores que podemos juzgar por los actos externos y públicos de Mónica Astorga, y sin meternos en su corazón, al cual sólo conoce Dios, demos ser precavidos, no sea que creamos que porque usamos filacterias y observamos el sábado, estamos ya salvados. 

11 comentarios en “(Triste) Historia de una monja

  1. Avatar de Desconocido Anónimo

    Estoy totalmente de acuerdo en esa falta de caridad latente que vivimos varios fieles y de los cuales me incluyo. Creo que el principal escollo de las más elementales muestras de caridad, que incluso vemos en personas alejadas de la fe católica, se debe a ese orgullo espiritual de vivir la fe verdadera. Y desde allí juzgar todo. Y eso es una deformación de la criatura. Si nosotros estamos ahí es por deseo de Dios, no por nuestros méritos.

    Deberían repetirnos cada vez que asistimos a Misa tradicional, como generales romanos que regresaban victoriosos, que somos mortales. O, que no es mérito nuestro, que no somos mejores. Y, que es un regalo. Sí, un regalo de Dios inmerecido que debemos acogerlo “conscientes” de nuestras manos de barro.

    El punto de partida cambia cuando vemos que realmente no somos mejores que otros, y menos de exmonjas carmelitas o de personas gravemente heridas que ven un bien en un absoluto mal como es la mutilación de su sexo. ¿Por tener esta postura la estoy aprobando? En absoluto, sigo viendo el mal, lo rechazo y aborrezco en cuanto pecado, ofensa de Dios. Pero, no aborrezco al pecador. Eso me ha costado verlo a pesar de entenderlo en la teoría, no lo vivía en la práctica, como si tuviera que demostrar a los demás y a mi mismo, que era de los suyos: degenerados, enfermos, etc.

    En cambio, Dios en su providencia, me mandó grandes humillaciones porque me amaba y quería que desistiera del camino del fariseísmo. Y después de hablarlo mucho, descubrí ese pecado oculto que tan bien se esconde que es la soberbia espiritual.

    Ahora trato de luchar (aún reconozco que no lo vencí) desde el agradecimiento del indigente. Señor, si yo conozco la Misa tradicional en esta época oscura no es por mi valía intelectual sino por tu amor a mi, por gratuidad. Y a partir de ahí debo construir mi vida espiritual.

    Leyendo las Confesiones de San Agustín, él afirma que Dios en su providencia le evitó caer en pecados muchos peores pero que en realidad él pudo haber cometido los más abyectos.

  2. Avatar de Desconocido Anónimo

    Ya decía S. Agustín que en los claustros se había encontrado todo: lo mejor de lo mejor y lo peor de lo peor.

    ¿Perdió la fe luego de dejar el hábito? Si ya desde el claustro defendía la transexualidad… En todo caso, nadie pierde la fe sin culpa.

    Las otras de Belorado también han dado un espectáculo deplorable.

    Obrad vuestra salvación con temor y temblor, como dice el Apóstol.

    Augustinus

  3. Avatar de Desconocido Anónimo

    Excelente el articulo, como siempre: claro, preciso y profundo; además, muy buen punto el del fariseísmo.

    Solo me parece que haría falta una precisión: si por «ayudar a los trans» se entiende promover y alentar sus pecados (como pareciera indicar la primera de las fotos), entonces, eso sería complicidad; pero si por «ayudar a los trans» se entiende aconsejar que dejen esas «correrías», que encaucen su vida hacia Nuestro Señor y eventualmente a bien morir, entonces, claro, eso es caridad de la más fina. Todos necesitamos convertirnos.

    Lo digo, porque en estos momentos de confusión pareciera olvidarse que se quiere al pecador pero no al pecado y, así, «ayudar» debe entenderse unívocamente.

  4. Avatar de Desconocido Anónimo

    Algunas precisiones:

    1. Sí se puede merecer… «de congruo», como decían los teólogos: por pura misericordia de Dios, pero haciendo obras buenas. Es decir, el Cielo es pura Gracia, pero también debemos cooperar con nuestra libertad.
    2. Caridad con el prójimo, estrictamente hablando, es si amamos al prójimo por amor a Dios. Si lo amamos por otros motivos es solidaridad, o filantropía. Dios lo premiará igual, pero si uno no está en Gracia de Dios, no sirve para la Salvación.
    3. Por la misma razón, «a la tarde te examinarán en el Amor», quiere decir que primero seremos examinados en el amor a Dios. Y luego, seremos examinados en el amor al prójimo. Obviamente, sin olvidar que «no se puede amar a Dios, a quien no vemos, si no amamos al prójimo, a quien vemos».
    4. Como dice usted, no señalamos a la ex-monja por haberse dedicado a la «pastoral trans», sino porque esa no es tarea para una monja (de clausura), y menos si el objetivo no es la conversión de esa gente.
    5. Último: «trans» significa que la persona se operó para parecer del sexo contrario. Por lo tanto, no creo que en el pasado puedan haber existido personas «trans». «Travesti» es un hombre vestido de mujer, por ejemplo (trans-vestido, supongo).

    Por lo demás, estoy de acuerdo en que ir a una Misa o a otra, no te hace automáticamente más santo, sino solamente más afortunado. Saber la Verdad es un don de Dios, no un motivo de vanagloria.

    Al contrario: «al que se le dio mucho se le exigirá mucho».

    1. Una precisión: creo que usted está atrasado en las noticias móviles como lo estaba yo hasta hace pocos días, pues también creía que «trans» es lo que usted menciona. Sin embargo, en el nuevo vocabulario trans es un término que se usa para describir a «las personas cuya identidad de género no coincide con el sexo que les dieron al nacer. Funciona como una palabra general para incluir diferentes formas de vivir y sentir el género». Es decir, es una suerte de género en el que entra todo, también los antiguos travestis.

  5. Avatar de Desconocido Anónimo

    Me entristece porque en nuestra Orden está el ejemplo de «La Peregrinación de Anastasio es la obra autobiográfica más conocida de fray Jerónimo Gracián (1545-1614), primer provincial de la Orden del Carmen Descalzo, publicada originalmente en 1605.» donde el padre Gerónimo le cuenta a sus hermana de sangre, cómo convertía a los «trans» vamos a decirle así. a las casacas («casacas», que llaman así a los mozos desbarbados que ellos tienen como damas para sus nefandos entretenimientos y los traen muy galanos, afeitados y olorosos, según el menester de tan mal ofició; tiénenlos con tanto resguardo y tan encerrados, como otros a sus amigas.)que eran el harén masculino que se armaban los moros con los esclavos cristianos y por supuesto después terminaban mártires de la pureza en España.

    pag 113 https://www.ehumanista.ucsb.edu/sites/default/files/sitefiles/publications/monographs/Peregrinacion%20de%20anastasio.pdf

  6. Avatar de janus1870 janus1870

    “En la tarde de la vida te examinarán por el amor”, decía San Juan de la Cruz. No seremos examinados por si concurríamos a la misa tradicional en comunión plena o semi-plena; seremos examinados en el amor. Y este es el gran riesgo que corremos los tradis, y que muy bien viene señalando Eck en sus post: la falta de caridad enmascarada en fidelidad ritual

    Coincido plenamente y celebro el sentido común que permea el posteo.

  7. Avatar de Desconocido Anónimo

    Sí carmelita descalza, pero de las reformadas por S. Juan Pablo II, Constituciones del 91. Un desastre

    Difieren de las constituciones del 90 que conservan las reglas ascéticas y el espíritu de Santa Teresa. En línea con las de Santa Maravillas de Jesús (las llamadas «maravillosas»)

    1. Avatar de ejcanevari ejcanevari

      Ya estamos echando culpas. La reforma no la hizo Juan Palo II, la hicieron los propios carmelitas, el papa la aceptó. Así como antes había aceptado las propuestas de la madre santa Maravillas de Jesús.

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