Comentario y traducción de Eck
Introducción
A veces, en medio de ese piélago de inutilidades y refritos en que se han convertido internet y la Inteligencia Artificial, encontramos joyas de gran valor. Son como el tesoro escondido en el campo o como la perla de gran precio del Evangelio, con la ventaja de la verdad, el bien y la belleza —virtudes generosas que se generan y se multiplican cuanto más se dan y se difunden—. Por eso, en esta ocasión, lo traemos aquí para darlo a conocer al mundo hispanohablante.
El artículo se centra en el gran mal de la Iglesia, y en esto tanto da que hablemos de la Iglesia Católica o de la Ortodoxa: el mal es común. Frente a la creencia de muchos, no son el modernismo o el progresismo —o su inversa, para los que profesan estos credos gemelos y fratricidas— lo que aleja a Cristo de las gentes. Es la falsedad, la hipocresía, el engaño, es… el fariseísmo que con tanta pasión y razón denunciara el P. Castellani con su vida y su obra.
Hay una creencia popular eslava, y también en muchos otros pueblos y que aparece en los Padres, de que el Anticristo, suma y compendio de los pequeños anticristos de la historia, seria una copia, un gemelo, un clon invertido de Cristo, una inversión del Salvador hasta donde fuera posible. Un simia Dei, un perverso y pervetidor de todo lo bueno para ponerlo contra Dios, el sumo Bien, y que engañará a todos los hombres por esta similitud. Culminará la abominación de la desolación en el lugar santo que no será ni una misa satánica ni una orgía pagana, sino algo peor espiritualmente: la conversión de la imagen de Dios, de la Iglesia y de las cosas santas en un ídolo en el cual adorarse y sacrificar a los hombres. Un Ídolo muerto y mortificante frente al Dios vivo y vivificante. Será el Gran Fariseo, realizador del Gran Sacrilegio.
Pues bien, a este Anti-Cristo le corresponde una Anti-Iglesia, a imagen y semejanza, a caricatura y parodia, el doble oscuro de la verdadera Iglesia, su eclipse. En este artículo se habla y se describe a esa Anti-iglesia, falsa y falseada, de como nace, se nutre, parasita y sustituye a la verdadera Iglesia en el corazón de los hombres. Este es el mayor mal y nada se hará de provecho si no se le combate desde el corazón de cada uno con caridad, verdad y fe.
Sobre la superación de la falsedad de la Iglesia
por Artiom Perlik
Cuando, después de la muerte de Stalin en 1953, los prisioneros políticos inocentes comenzaron a ser liberados de los campos soviéticos, Anna Ajmátova dijo: “Ahora la Rusia que encarcelaba y la Rusia que estaba en prisión se encontrarán y se mirarán a los ojos”.
Lo mismo ocurrió en el siglo XX, cuando los descubrimientos psicológicos revelaron que la brutalidad de la crianza parental era la culpable de muchos de los males y problemas de la vida humana. Entonces, un clamor resonó en todo el planeta: más de la mitad de la humanidad gritó de dolor, mientras que la otra mitad, la causante de ese dolor, se burló del clamor y llamó débiles a los que lloraban.
A la Iglesia se la llama madre, pero en la Tierra esta madre es una madre extremadamente inepta que inflige un trauma irreparable a sus hijos y es mucho más parecida a una madrastra.
Creyentes y clérigos de todo el mundo han denunciado abiertamente esta naturaleza traumática de la Iglesia desde la segunda mitad del siglo XX. Anteriormente, era inaceptable que los creyentes europeos y rusos hablaran de esto, y sólo voces aisladas como Archibald Cronin, la hermana Luke o Charlie Chaplin alzaban la voz en defensa de quienes habían sido perjudicados por la Iglesia. Sin embargo, en la Iglesia Ortodoxa Rusa, hablar del trauma que la Iglesia inflige a los creyentes sigue siendo tabú. Dado que la mayoría de los creyentes son quienes infligen este trauma a otros, quienes pertenecen a la Iglesia Ortodoxa Rusa simplemente no comprenden el tema, y quienes sí alzan la voz son considerados heraldos de malas noticias. Según las costumbres medievales, predominantes en la Iglesia Ortodoxa Rusa, estos mensajeros deberían haber sido ejecutados, no escuchados.
Uno de esos sacerdotes pasó una hora intentando convencerme de que no hablara de este tema, para, como él mismo dijo, no “ventilar los trapos sucios en público”. Como si quienes observaban esto desde fuera no pudieran ver que los creyentes suelen ser bichos raros y que los clérigos no se parecen a Dios. Pero este sacerdote, viviendo en el mundo cerrado de su iglesia, creía que al no hablar de ello, el tema de la omnipresente falsedad de la iglesia podría ocultarse a los de fuera, a sus feligreses y a sí mismo.
Por eso la Iglesia Ortodoxa Rusa no habla del doble oscuro de la Iglesia, aunque este doble es casi tan grande como toda la Iglesia…
Grandes santos padres como S. Juan Crisóstomo y S. Ambrosio de Milán no tuvieron miedo de denunciar la fealdad de la Iglesia de su tiempo, aun cuando esto les granjeara la hostilidad universal. Continuaron su ministerio profético de denuncia: el primero, en contra de obispos, sacerdotes y nobles, y el segundo, en contra del propio emperador. S. Gregorio el Teólogo (Magno en Occidente) también consideró justo denunciar la total fealdad de los obispos de su tiempo.
Y Nazario (Terziev), (1933 – 2011), el famoso anciano búlgaro, denunciaba fácilmente a obispos, archimandritas y sacerdotes. El anciano dijo sobre los sacerdotes que ofendían a la gente: “¡No, estos sacerdotes están fuera de lugar!” El anciano Nazario criticó abiertamente el comportamiento malo e indigno de sacerdotes y obispos, diciendo cosas como: «¡Nuestro bastardo hizo esto y aquello!», «¡El enemigo les da sabiduría, así que se jactan!», «¡Ataúdes pintados! ¡No van ellos mismos y no dejan entrar a otros al Reino de los Cielos!», «¡Un sacerdote no debería imponer cargas pesadas a la gente si no las soporta él mismo! Por ejemplo, ¡obligar a otros a ayunar, pero no ayunar él mismo!», «Un monje debe tener virtudes. Si no las tiene, entonces él mismo está hueco». Naturalmente, nombrar cada cosa directamente por su nombre propio provocó un odio frenético hacia el anciano entre los ignorantes. En la iglesia, el anciano tenía seguidores envidiosos, y sus hijos espirituales recibían apodos ofensivos, como el de «nazarenos».
Esta tradición de denunciar las deformidades eclesiásticas es bíblica, iniciada por los profetas de Israel y desarrollada por la vida y la predicación de Cristo. Sin embargo, dado que la mayoría de los creyentes viven vidas deformadas, suelen pasar por alto este aspecto de la predicación de Cristo, y quienes reprochan sus falsedades son odiados o acusados de soberbia. Curiosamente, Crisóstomo fue acusado de soberbia de forma similar.
Sergei Fudel escribe sobre esto:
«Una niña entra en la iglesia sin velo, o se queda en ella, todavía confundida, ligeramente a un lado; las mujeres «normales» se abalanzan sobre ella como halcones y la empujan fuera de la iglesia. Quizás nunca vuelva a poner un pie allí. Recuerdo que un sacerdote me dijo que la «formalización» del ateísmo de su hija tuvo lugar en la iglesia, bajo la influencia de las ancianas malvadas…».
Algunos jóvenes que llegan recientemente a la Iglesia aceptan sin pensar y con confianza todo lo que hay en ella, y luego, al recibir un golpe del doble de la Iglesia, se trastornan mortalmente, hasta el punto de volver al ateísmo…
Conocí a un joven así que, durante sus “Grandes Aguas” del cristianismo, se levantaba en secreto por la noche a rezar, colocando su único icono con una palmatoria solo por esos momentos, con el temor constante de que su padre, un ateo activo, viniera, lo viera y lo destruyera. Este joven soñaba con un monasterio en aquel entonces, y nadie le advirtió ni le aconsejó. Todo, decían, era maravilloso. Y así, cuando el calor de las tentaciones internas de la iglesia se apoderó de él, no pudo soportarlo y se fue.
El doble de la Iglesia debe ser debatido desde el principio, con claridad y sencillez, tan claramente como se menciona en el Evangelio. Conózcanlo y busquen a Cristo en la Iglesia, búsquenlo solo a Él, pues la Iglesia es solo el Cuerpo de Cristo en su humanidad, solo Su Cuerpo. Entonces recibirán un corazón sabio para discernir el bien y el mal dentro de la Iglesia, para ver que la Luz (de la Iglesia) brilla en las tinieblas, y que las tinieblas no la han comprendido.
Los ancianos S. Serafín de Sarov y S. Juan de Kronstadt advirtieron a quienes aún no estaban firmemente arraigados en la fe que no trabajaran en las iglesias ni en los círculos eclesiásticos en general. Los ancianos sabían que la gente se encontraría con el doble oscuro de la iglesia, del que los sacerdotes nunca advierten a nadie, y a menudo son cómplices de este doble oscuro, y este encuentro sería tan impactante para quienes comenzaban a abrazar el cristianismo que podrían abandonar su fe por completo.
Esto es lo que le ocurrió al escritor Jaroslav Hašek, creador de Švejk, quien de niño se vio obligado a ganarse la vida como monaguillo en monasterios católicos de Austria-Hungría y fue testigo de las falsezas de feligreses y clérigos que conducen al desencanto de la fe cuando uno aún no comprende lo que ocurre. Hašek fue testigo de la avaricia, la estupidez y la hipocresía de monjes y sacerdotes y, como resultado, perdió por completo la reverencia por las cosas sagradas: una Semana Santa, él y otro niño se quedaron en una iglesia vacía, arrodillados ante el sudario, pero cuando uno de los sacerdotes se asomó, vio al futuro escritor y a su compañero sentados en el suelo de piedra, jugando despreocupadamente con botones.
Toda la falsedad que Hašek vio en la iglesia llevó a su mente —todavía no lo bastante fuerte como para distinguir entre el bien y el mal— a rebelarse no contra la falsedad que vive en los creyentes, sino contra la verdad y el Señor mismo. Por eso sus obras están llenas de irreverencia precisamente hacia lo sagrado, y no solo hacia sus falsos portadores. Y Hašek no es el único que quedó así paralizado por lo que vio: en la iglesia terrena no se acepta en absoluto hablar de la falsedad que habita en ella, de modo que quienes llegan a sus puertas creen ir directamente al paraíso, y luego no saben qué hacer ni qué pensar cuando en ese «paraíso» se topan con víboras y monstruos.
Demasiados prefieren entonces no advertir esta falsedad y declaran, patrióticamente, que «¡la iglesia de nuestro pueblo es la más cristiana!»; pero si son golpeados con mayor dureza, entonces gritan, como gritó una amiga mía, bibliotecaria en una biblioteca eclesiástica, despedida por un lector envidioso de la iglesia: «¡La Iglesia ya no es mi madre, ni el Señor mi padre!», aunque lo que la golpeó no tenía nada que ver con la verdad.
Y, sin embargo, a pesar de todos los males que aquejan a los creyentes, a pesar de toda su falsedad y fealdad, la Iglesia, como Reino de la Trinidad, como Hogar de los santos y los justos, es lo mejor del Universo de Dios. Por lo tanto, nunca está en decadencia; de hecho, las palabras «decadencia» y «auge» son inapropiadas para describir lo que Dios nutre. Y aunque los feligreses, por regla general, viven en un estado de falsedad, el Hogar de los santos —la Iglesia—, permanece radiante, y esto puede compararse con islas enteras de desechos humanos que flotan ahora en la superficie del océano, pero en lo profundo yace la paz. Así, en las profundidades yace el encuentro con Cristo y la vida con Él.
Georges Florovsky escribe sobre este tema:
“Nuestro pensamiento teológico (y el pensamiento occidental, desde la Reforma) está infectado con la idea de decadencia e interpreta toda la historia del cristianismo a la luz de ella… La Iglesia ahora no tiene menos autoridad que en siglos pasados, y el Espíritu Santo la anima no menos que en tiempos pasados”.
Así como en Cristo era necesario ver a Dios detrás de la imagen humana, así también a menudo en su iglesia es necesario ver la verdad detrás de la aparente (y obvia) total falta de atractivo de sus participantes y ministros.
Cuando el joven Kallistos Ware se sentía atormentado por las dudas sobre su conversión a la ortodoxia, recibió una carta del archimandrita Lázaro Moore, un sacerdote ortodoxo inglés que residía en la India. En ella, el archimandrita Lázaro reflexionaba sobre la Iglesia Ortodoxa:
Con gran pesar, quisiera advertirle que su apariencia [la de la Iglesia Ortodoxa] es desesperadamente lamentable: casi no hay cooperación entre las Iglesias nacionales, nuestra riqueza espiritual es poco apreciada y utilizada, el espíritu misionero y apostólico apenas se manifiesta, se presta poca atención a la modernidad y a las necesidades de nuestro tiempo, y es difícil encontrar generosidad, heroísmo o verdadera santidad. Pero mi consejo: no se fije en lo visible…
La Iglesia, en su esencia, es el Reino de la Trinidad y la vida con Cristo, pero todo esto se revela sólo en sus profundidades, y en la superficie de este océano hay todo tipo de debilidades y deformidades humanas, como esos millones de toneladas de desechos plásticos que arrastran las olas de los océanos de nuestro planeta.
Por mucho que la tormenta perturbe
las copas de los árboles centenarios,
no puede derribarlos,
ni siquiera sacudir
el bosque protegido hasta sus raíces.
Fuente: Rusia Cristiana

Anónimo 14 de agosto a las 9,16. No es lo mismo forastero que INVASOR
Zuma
Estimado Eck, gracias por esta traducción que nos aporta. Toca un tema central a la crisis de nuestro tiempo, y aun incluso a las venideras.
Coincido con Marius en la estrechez de algunos comentaristas.
Saludos.
Raniero.
Bueno, lo que noto es que los comentaristas son como aquel que mira el dedo cuando lo que se está señalando es la luna. La verdad que es una pena, pero esto demuestra el nivel de obcecación de mucha gente. Eck nos ha propuesto una materia de reflexión profunda, bien compuesta y traducida. Se ha desperdiciado, al menos entre los comentaristas. Quienes, por cierto, además de ser comparativamente pocos respecto a otras entradas sobre «el» tema de julio, no han agregado nada ni ofrecieron relieve de ningún tipo. Ni siquiera es que sitúen el trauma que incesantemente vuelven a traer a cuento en una atmósfera espiritual. No, en lugar de ello andan peor que infantes manteniéndose en una tesitura victimista que resulta francamente insoportable: «ellos son malos, ¿por qué a nosotros nos tratan mal?». Son cabezas duras, la mera definición de la testarudez.
Queda visto que el público lector está muy venido a menos. Imagino que asistimos hace tiempo a un recambio generacional… algo que ver con lo explicado por Giovanni Sartori, quizás. No lo sé. Demasiada imagen, poca mente. Se echan de menos aquellos comentaristas que, pese a no estar de acuerdo, hilaban ideas y discutían sobre cosas más que sobre identidades. Uno aprendía y hacía de sus comentarios objeto de reflexión tanto o más que con los «post». Aquí lo que reina es una chatura tan chata como la región de la Pampa.
Mi agradecimiento al traductor y a aquellos pocos que todavía se entretienen ofreciendo algo de su arcón de los saberes en los comentarios.
G. Marivs
Es curiosa y es inevitable la comparación, viniendo este artículo del señor Eck.
Lamento volver al tema es que llama la atención como se cita y se estima a exponentes de la iglesia ortodoxa y a la misma iglesia ortodoxa siendo que son cismáticos declarados y han producido una dolorosísima ruptura en la iglesia que no se cierra desde hace mil años.
Más allá de los acercamientos y reconocimientos de distintos concilios ellos han seguido obstinadamente en su postura. Curioso, porque el señor Wanderer alguna vez critico esto a la FSSPX recientemente. Si eso no espíritu sectario y cismático, ¿qué lo será?
No quiero comparar una institución con otra, y además reconozco muchas bondades de los ritos y las iglesias de oriente (que, dicho sea de paso ,hay muchas que están en comunión con Roma), y hay muchos matices en medio, pero me llama la atención la actitud dispar al juzgar a unos y otros.
Es difícil, muchas veces, ser consecuente con lo que se piensa y lo que se dice.
Finalmente, volviendo al tema del artículo, es una opinión que podemos compartir en mayor o menor medida. Personalmente me quedo con otras interpretaciones aunque hay muchas aristas que revisten el tema “Anticristo” y esta es una, y válida.
Hay una diferencia importante. El Gran Cisma ocurrió hace casi mil años y la última vez que se intentó seriamente solucionar fue en 1439… hace quinientos años. El cisma de la Fraternidad no ha cumplido ni seis meses. Los fieles y casi toda la jerarquía ortodoxa no tienen ninguna culpa personal, han heredado el cisma y sus consecuencias y prejuicios junto al acarreo de la historia de enfrentamientos.
La Fraternidad y sus seguidores si tienen culpa personal, si han decidido actuar así con consciencia y sin los eximentes que podían tener los orientales (en el actual cisma NO hay intereses políticos fuertes, ni siglos de desencuentros e incomprensiones ni había una eclesiología consolidada). He de decir que hay un fuerte paralelismo entre las quejas de los de Lefevre y los ortodoxos con respecto a Roma.
La dureza que yo he demostrado con el artículo aludido es un intento, fallido pero necesario, de que se dieran cuenta de la enormidad de los hechos ocurridos en Ecône frente al ambiente de jolgorio y soberbia que hubo y un aviso desesperado del peligro que corren de convertirse en lo que tanto denuncian pero esto son temas que no me interesan en este artículo.
Por ello estuve tentado de eliminar las referencias a la Ortodoxia precisamente evitar que el debate se centrase en el tema de los cismas y sus paralelismos actuales porque sabía que podía ocurrir. Lo que me interesa del artículo es el «doble oscuro» que a la vez sustituye y suplanta a la verdadera iglesia y cuyo fermento tenemos todos. Intenté con el prólogo relacionarlo con el debate sobre el Anticristo, las tesis del P. Castellani y hasta las de Meinville entre la Iglesia de las promesas y la de la publicidad.
Sin embargo, no lo hice por honradez intelectual ante los lectores y por respeto a las intenciones del autor. Es lo mínimo para agradecer la luz que aporta.
Eck
para los ortodoxos, los catolicos son los cismáticos declarados.
Los lefebvrianos están tornándose a marchas forzadas en niños de cinco años mal criados que sólo saben hablar de sí mismos. Si le preguntas a uno la hora o le das los buenos días te avasalla con lo injusta que es la vida y la Iglesia con la Fraternidad. Simple narcisismo.
Ceuta : Arzobispo de Tanger
Nadie renuncia ?
lea y saque sus propias conclusiones
.
Arzobispo de Tánger pide no reducir la crisis en Ceuta a una única causa https://share.google/oPD2Hfus6dnjNzcNN
Si el Anticristo será el mono de Dios que buscará imitarlo en todo, no cabe duda que también será judío. Por algo el Secreto de La Salette profetiza que será hijo sacrílego de una monja judía y de un obispo, que nacerá con dientes y vomitará blasfemias. Más allá de eso, creo que hoy el gran tema de debate es el referido al tiempo en que nacerá el Anticristo. Más de una vez he dicho aquí que la Iglesia y el mundo viven crisis terminales, pero si bien el cisma que a mi juicio se avecina en la Iglesia es inevitable, no creo que sea ese el motivo para que la Bestia entre en escena, más bien lo veo venir por el lado de lo que le pasará al mundo. Y la hipótesis más probable sería una guerra horrorosa en Medio Oriente. Trump ya parece haber tirado la toalla porque ahora dice que no insistirá en ganar la guerra por las armas sino por el ahogo de la economía de Irán que lo obligará a firmar la paz. Aún así, si advertirmos que esta es una guerra religiosa donde tanto Irán como Israel buscan la derrota incondicional del otro, lejos de acordarse la paz la guerra parece ir en camino de agravarse al punto de que en algún momento EE.UU., Rusia y China, se verían obligados a intervenir, algo que, peligrosamente, podría desmbocar en una guerra nuclear que pondría a la humanidad al borde de la locura de su extinción total. En ese momento de pánico mundial, podría aparecer un hombre genial con una propuesta genial que dejaría a todos satisfechos y la paz tan ansiada podría convertirse en realidad. De ser así, ese hombre podría ser el Anticristo que rápidamente ganará un gran prestigio y en tan solo tres años y medio se convertiría en Amo del Mundo, a tal punto que en los siguientes tres años y medio será adorado como un dios imponiendo una dictadura feroz a la que sólo podrá ponerle fin Nuestro Señor en su Segunda Venida. Si ese fuera el futuro que nos espera, ¿Cuánto faltaría para que el inicuo entre en escena? Pues lo que falte para que la guerra de Irán obligue a las grandes potencias nucleares a intervenir. Visto el panorama al día de hoy, eso podría tardar menos de un año. Es sólo una hipótesis, claro, pero no habría que descartarla así como así porque hoy el desarrollo de los acontecimientos apunta en esa dirección. Que Dios tenga piedad porque las cartas están sobre la mesa.
Fuenteovejuna
Si no pasó en la guerra fría ni en las guerras mundiales tengo serias dudas que vaya a pasar ahora esto.
Ceuta no se rinde ?
La Iglesia Católica de Ceuta cerró la Catedral y las parroquias !
Solamente dio alberque a 20 marroquíes inmigrantes !
Otra vez la doble vara.
¿Por qué doble vara?
Ante una invasión musulmana es mejor cerrar las iglesias, porque corren peligro de ser vandalizadas o quemadas, como ya ha pasado en la península y en Francia.
Respecto a que la Iglesia diese albergue «solo» a 20 inmigrantes marroquíes, ¿qué es exactamente lo que critica?
¿Cuántas plazas libres en su albergue (?) tiene la la Iglesia Católica de Ceuta?
Por otra parte, aunque es obligación cristiana dar de comer al hambriento y de beber al sediento, eso mismo impide que los asaltantes se vuelvan a su país en cuanto tengan hambre y sed.
¿O es que usted está sugiriendo que la Iglesia Católica tiene que ayudar a los musulmanes a volver a invadir España? Destruyendo así el esfuerzo nacional de 8 siglos para echar a los invasores.
Esos inmigrantes no saben hacer nada para ganarse la vida, con lo que tienen que vivir de las ayudas sociales y ayudarán a colapsar los servicios públicos del Estado del bienestar que sirven para que los españoles pobres y los marroquíes que llegaron antes vivan con dignidad…
No entiendo lo que usted pretende, pero si tiene algún conflicto con el ejemplo de Cristo (ejemplo que no solo se limitaba a la justicia socialista; también incluía rezar y mucho), le recuerdo que sus órdenes solo obligan a sus seguidores, no a todos.
Céntrese entonces en cumplir usted con lo que cree que se ha de hacer y deje a los demás en paz, especialmente cuando se trata de su dinero y bienestar, que no le han hecho nada malo.
Los españoles ya tienen bastantes problemas como para que usted les meta en más.
La parábola de los hijos peleados
Había un hombre recto que tenía una esposa y cuatro hijos. Y era admirado por su rectitud y por el amor que reinaba en su familia.
Pero el hijo primogénito se dejó seducir por la ramera del pueblo y le molestaba la desaprobación de su padre. Hasta que consiguió que el padre conociera a la ramera, quien sedujo también al padre con sus artes amatorias.
Desde entonces, el padre repudió a la esposa, instaló a la ramera en la casa y daba el dinero de la familia a la ramera, mientras la familia pasaba estrechez y hambre. Esta corrupción del padre produjo reacciones diferentes en sus hijos.
El primogénito estaba encantado porque la corrupción del padre le permitía esconder su propia corrupción. Así que animaba al padre a que siguiera este camino.
El segundo hermano se disgustó tanto que abandonó la casa y dijo que aquello ya no era una familia y que el padre ya no era su padre. Quizás algún espíritu maligno lo había suplantado.
El tercer hermano reconocía la autoridad del padre, pero lo desobedecía en las órdenes que consideraba nefastas para la familia (como cuando le pedía reconocer la ramera como miembro de la familia).
El cuarto hermano, el menor, tenía una gran admiración al padre (derivada de su conducta antes de la corrupción) y decía que todos debían obedecer al padre, pues tenía la autoridad familiar. A los que no seguían su obediencia total al padre, los criticaba diciendo que ya no formaban parte de la familia.
Los hermanos peleaban entre ellos sobre cuál era la estrategia correcta que adoptar ante la corrupción del padre. Su pelea interna era mayor que la pelea que tenían con la ramera y con el padre. La ramera estaba satisfecha: mientras los hermanos pelearan entre ellos, no se dedicaban a solucionar el problema, corrigiendo al padre y expulsando a la ramera de la familia.
Familia = Iglesia Católica. Padre = las autoridades de la iglesia. Esposa = Doctrina (religión) católica. Ramera = Ideología (religión) progresista. Primogénito = «católicos» modernistas. Segundo hermano = sedevacantistas. Tercer hermano = Fraternidad de SSPX. Cuarto hermano = católicos que están conscientes del problema pero no pertenecen a estos grupos.
En el tercer hermano caben muchos, pero los que precisamente no caben son los sacerdotes FSSPX. Habría que inventar un quinto hermano que clausuró la puerta de su habitación con ladrillos, abrió una nueva salida a la calle, e ignoraba al Padre y a los hermanos, y se la pasaba exhortando a todos a no hablar con ellos, ni saludarlos, ni mirarlos.
Yo voy a misa de la SSPX (una vez al mes y también a Novus Ordo el resto) y no es esta la impresión que tengo. No le diré que los de la SSPX sean mejores católicos que los otros (Dios me libre) y que no haya individuos intolerantes, pero, en mi opinión, ni más ni menos que en otras partes de la Iglesia. En todos sitios, cuecen habas.
En mi opinión, estamos en un gran naufragio. No hay respuestas fáciles. La situación que hemos vivido no estaba prevista ni ha sido tratada por la Iglesia anteriormente. No hay mapa para ella y cada uno inenta salvarse como buenamente puede. Oremos para que Dios tenga misericordia de todos nosotros, los equivocados y los que tienen razón.
Sin embargo, si yo estoy equivocado y usted tiene razón, entonces no debe preocuparse. Según su opinión (que, en este caso, sería la verdad), el hermano de la FSSPX ya está fuera de la familia, el padre lo botó de la casa y ni le habla (aunque sí que habla de buen grado a cismáticos ortodoxos, protestantes, judíos, musulmanes y ateos, que le aplauden su relación con la ramera). Así que el problema de este hermano acabó, por lo que a usted respecta.
Sin embargo, entre los hermanos que se quedaron, el problema sigue existiendo y va a más. ¿Qué van a hacer para solucionarlo? ¿Pelearse hasta que solo quede uno que la ramera pueda controlar? De verdad, no nos peleemos entre nosotros. No conduce a nada, ,cuando el problema no somos nosotros. Si un padre abusa de su familia y los hermanos se pelean porque cada uno tiene una opinión de qué hacer, el problema no son los hermanos: es el padre. Esta es una táctica de los abusadores: abusan de ti y te hacen creer que tú tienes la culpa.
Voila!
A Anónimo 10 de agosto de 2026 a las 16:19
«Según su opinión (que, en este caso, sería la verdad), el hermano de la FSSPX ya está fuera de la familia, el padre lo botó de la casa y ni le habla (aunque sí que habla de buen grado a cismáticos ortodoxos, protestantes, judíos, musulmanes y ateos, que le aplauden su relación con la ramera).«
Los actuales «cismáticos ortodoxos, protestantes» no son culpables de ningún cisma, heredaron un cisma, fueron educados en él, se les enseñó que su cisma era la verdad. Los judíos, musulmanes y ateos son, simplemente, personas que no conocen a Cristo y que pueden ser malas o buenas. En todo caso tanto los cismáticos a los que usted se refiere como los ateos y los fieles de otras religiones forman parte de los no católicos a los que estamos obligados a evangelizar, a convertir, a los que debemos llevar la verdadera fe. Hablar con ellos, reconocer sus buenas cualidades (incluso aprender de ellas), intentar mantener buenas relaciones, etc. es el camino justo y necesario si se quiere cumplir en relación a ellos el deber de misión que tiene la Iglesia. No hablarles o hacerlo de modo únicamente crítico (o incluso recriminatorio o agresivo, como parecen desear algunos) sería echar a perder la labor misionera antes de empezarla, sería ser infiel a nuestras obligaciones como católicos, sería condenarlos a odiar a la Iglesia y a permanecer fuera de ella y condenarnos a nosotros mismos por tal ignominia. Y también sería una gran falta de caridad, sobre todo de caridad espiritual.
La gente de la FSSPX, sus actuales miembros y adeptos, así como sus antecesores que prepararon el terreno, han provocado activamente un cisma (o cismita). Estaban dentro de la Iglesia, formaban parte de ella, nadie los ha criado fuera de la Iglesia, nadie los ha engañado. Han desafiado a la Iglesia con el fin de que se los expulsara de ella, lo han hecho a sabiendas, porque no estaban dispuestos a soportar los sufrimientos que causa la situación actual de la Iglesia, porque no querían tomarse la molestia de sobrellevarlos con la esperanza y el propósito de contribuir a que la situación mejorase. Es más cómodo hacerse expulsar, fingirse víctima y alegrarse sin reconocerlo de estar fuera para hacer lo que a uno le dé la gana sin rendir cuentas a nadie. Es una actitud soberbia y no muy diferente de la de los ángeles caídos.
Tambien podría llamarse «parabola de la ideología». No la parabola, sino la explicación. O del «tradicionalismo obtuso»
Juancho.
Y dale con la SPX.
¿Ningún comentario, opinión, insulto, ataque de rabia o algo otra forma de expresió de bronca o lo que sea sobre el Recurso contra el decreto del Dicasterio para la Doctrina de la Fe?
Por seguir la analogia. Es como si tuvieran una empresa familiar de la cual el padre es dueño. El segundo hijo se niega a reconocer todas las decisiones directivas que ha tomado el padre desde que vive con la ramera y a todos sus nuevos empleados, incluyendo aquellas decisiones necesarias; pretende que todos obren como si vivieran en el dia anterior a la corrupcion, su unica praxis es negarse a participar.
El tercer hijo fundo una sucursal improvisada saltandose las regulaciones y leyes comerciales, pretendiendo ser parte de la misma empresa pero en la practica nunca obedece al padre porque dejo de respetarle, ademas de pedirle a sus clientes que dejen de acudir a las sucursales oficiales como si fueran competencia. Cuando le preguntan por que no se regula, responde enojado con que ascendieron al primer hijo en la jerarquia empresarial, o con que la familia empezo a convivir con tios anteriormente enemistados [ortodoxos, iglesia china, etc.]
El cuarto hijo busca cumplir sus deberes y convivir con sus hermanos. Hace lo que puede en su posicion para no involucrar a la ramera en los negocios, pero sabe que no esta en su potestad correr a nuevos empleados relacionados con ella.
Estos tres hijos hacen lo que pueden para socorrer a la esposa, a veces dentro de la propiedad y a veces afuera.
Los hijos segundo y tercero fingiran sorpresa cuando vean la herencia repartirse entre los hijos primero y cuarto por no haberse ido, y quiza una parte tambien con alguno de los tios si se reconcilia con el padre y se integran a la empresa.
Por seguir la analogia. Es como si tuvieran una empresa familiar de la cual el padre es dueño.
Ud. dice:
«El artículo se centra en el gran mal de la Iglesia, y en esto tanto da que hablemos de la Iglesia Católica o de la Ortodoxa: el mal es común. Frente a la creencia de muchos, no son el modernismo o el progresismo —o su inversa, para los que profesan estos credos gemelos y fratricidas— lo que aleja a Cristo de las gentes.»
Y ya comienza mal, estimado Eck. Porque no es lo mismo la Iglesia Católica que la Ortodoxa. La primera es la verdadera, la segunda es una hija rebelde que se separó de ella por muchos motivos serios que, supongo, usted conoce bien.
Otra cosa, cuál es la inversa del modernismo o progresismo? Según usted serían credos gemelos y fratricidas. No se entiende, podría explicarlo?
Adhiero a este pedido de aclaraciones. El comentario de Eck es harto «confucio».
Yo en este tema sigo la enseñanza del Concilio Ecuménico Florentino, bula Laetentur Caeli del 6 de julio de 1439:
«Porque el muro que dividía a las iglesias de occidente y oriente ha sido quitado de en medio, y la paz y la armonía han regresado, por medio de esa
piedra angular, Cristo, que las hizo una sola, con un vínculo fortísimo de caridad y paz que une el muro y que perpetuamente une y contiene el vínculo de la unidad; y después de una larga niebla de dolor y la oscura e ingrata oscuridad de la prolongada discordia, ha amanecido la serena luz de la unión, anhelada por todos. Que la Madre Iglesia se regocije también, que ve a sus hijos, hasta ahora enfrentados entre sí, ahora de vuelta a la unidad y la paz; y que antes lloraban amargamente por su separación, a su manera dan gracias a Dios Todopoderoso con inefable gozo por la maravillosa armonía»
El credo gemelo y fratricida es el tradismo, que no es el tradicionalismo. El tradismo y el progresismo concuerdan en sus principales fundamentos. Están de acuerdo aunque sacan conclusiones dispares: Que hubo ruptura fundante en el Vaticano II y el periodo posconciliar en doctrina y práctica.
Eck
Que buena manera de interpretar las cosas a su favor. Mas alla de lo declarado en el concilio ( que podria interpretarse como de buena volutad para la union de las iglesias) la iglesia ortoxa es pertinaz en su actitud y continua siendo obtinadamente cismatica.
Qué pena que usted no tenga las mismas cosideraciones para con otras agrupaciones que recientemente han caido en el mismo caso de «cismáticos»
Muchas gracias, Eck, ahora todo me queda claro!!!
1- Ud. toma el artículo de un ortodoxo porque según el Concilio Ecuménico Florentino, los católicos y ortodoxos tenemos en «vínculo fortísimo de caridad y paz……que contiene el vínculo de la unidad».
2- El tradismo es la contracara del progresismo porque ambos piensan que el Concilio Vaticano II produjo cambios en la doctrina y la liturgia.
3- La estructura farisaica e hipócrita que el autor ortodoxo denuncia en su iglesia ortodoxa, es, para Ud., el tradismo.
4- El Anticristo (que Ud. saca a colación porque no está en el artículo del ortodoxo) es el tradismo.
Brillante!!!!!
Anónimo de 13:19, me da igual las intenciones de los redactores de la bula: lo escrito, escrito está y esta afirmado por un Concilio Ecuménico legítimo y ratificado por un Romano Pontifice pese a quien pese, incluido a Pio XI.
No entiendo la acusación de pertinaces, herejes y cismáticos a los ortodoxos para después escandalizarse de que trate a otros cismáticos y pertinaces igual. ¿En que quedamos? Aquí empezamos con las contradicciones. Con el Oriente hay que usar dureza hasta que reconozcan que «han de sujetarse y obedecer al Vicario de Jesucristo cuando enseña o manda y gobierna» (Mortalium ánimos). Ay, amigo, con la Fraternidad cambia el cuento. Como son los nuestros y comprendemos sus razones, ya cambia la cosa. Ya lo de manda y gobierna se relativiza y se distingue.
Y no me vengan que son casos muy diferentes porque las justificaciones del cisma son en gran parte calcadas o paralelas (dogmáticas, de necesidad, litúrgicas y morales). Sólo hay dos diferencias esenciales: los ortodoxos han heredado el cisma y sus consecuencias por lo que no tienes culpa personal en gran parte y la Fraternidad no tuvo las presiones políticas, sociales y culturales que socavaron la unidad en Oriente
Eck
Anónimo de las 15:08
¿Es éste el mismo autor-telespectador que el día de las ordenaciones episcopales «apagó su televisor al ver relampaguear en Écône por miedo a blablabla», y que ahora… ¡Cita a herejes y cismáticos!? Se ve que en esta oportunidad los rayos y centellas y truenos y relámpagos y camotes astrales no llegaron a través del éter a la pantalla de su computadora personal… Vae!
Juanito.
Santo Tomás de Aquino cito al cismático Teofilacto de Ócrida en su Catena Aurea varios cientos de veces con alabanza, el donatista Ticonio fue citado como autoridad por S. Agustín y S. Beato de Liébana, Orígenes fue leido durante toda la Edad Media en las traducciones de Rufino y S. Jerónimo, Tertuliano acabo montanista pero sus escritos fueron fundamentales para teología latina, etc., etc. Sigo a estos maestros y me da igual lo que sean siempre que digan la verdad o ayuden a descubrirla.
Uno ya se está cansando del continuo victimismo y llorera de la Fraternidad y cia, más de niños mimados que de hombres de hecho y derecho. Que si el Papa no nos recibe, que si no nos tratan como a los demás, que no nos contestan nuestras cartas y manifiestos, que si Roma esto, que si Roma aquello… Por Dios santo, sed un poco consecuentes tanto con lo que pensáis como lo que hacéis y asumid las consecuencias aunque sean injustas. Prefiero mil veces la dignidad sincera y dolorida de Döllinger y los veterocatólicos o los obispos y sacerdotes de la Petit-Eglise que esto.
Poco sentimiento de temor a Dios sienten cuando nuestros Padres lo consideraban uno de los pecados más graves. Me horrorizó más el perjurio solemne de esos obispos y que nadie niega de ustedes. La excomunión y el cisma son peccata minuta con esto porque se puede salvar la conciencia pero el sacrilegio contra la verdad de Dios que es un perjurio no. Pero allá ustedes, que se escandalizan por minucias pero aceptan esto con total tranqulidad.
Eck
«Sigo a estos maestros y me da igual lo que sean siempre que digan la verdad o ayuden a descubrirla.«
Estimado Eck, gracias por esta frase, encierra mucha sabiduría y formula una posición que deberíamos seguir todos.
Al Eck del 11 DE AGOSTO DE 2026 A LAS 14:06:
¿A quién pretendéis impresionar tironeando del argumento de autoridad? Sí, tironeando de él. Jugáis hábilmente al zorro: decís después lo que debierais haber dicho en un principio… Y porque no os queda más remedio. Como alguien os dijo, oh brontófobo, arrancáis pésimamente el artículo denunciando un mal común, sin hacer distinción alguna. ¿Qué pimientos me importa a mí si los ortodoxos, lo protestantes o los cienciólogos se arrojan tomates entre ellos? Allá ellos, herejes y cismáticos, con su primigenia, con su original herida contra la Caridad de la Verdad.
Por otra parte, me imputáis un espíritu de cuerpo del que carezco. Y vais más allá -aún más-: poseéis el tensiómetro del Temor de Dios. ¡Oh, hombre magnífico! ¡Oh clarividente de las conciencias! ¡Oh, lector atento de los fenómenos celestes! Dispensad la ignorancia y el pecado del resto de los mortales.
Juani.
Anónimo de las 19:04
Estimado señor: los motivos para publicar el artículo están expuestos en su introducción. Usted me reprochó usar a cismáticos y herejes, yo he puesto ejemplos de personas cuyo saber y santidad nadie duda y junto con la regla que sigo: toda verdad procede de Dios dígala quien la diga. ¿Qué distinción quiere que haga en el texto?¿Y para qué, en qué beneficiaría a los lectores? Si hubiera quitado tres palabras, nadie se daría cuenta de donde vino ni de que iglesia procede.
Que te importa a tí si se tiran tomates, pues mucho porque, quieras o no quieras, son tus hermanos bautizados, y a Dios si le importa, mucho, tanto que mandó a su Hijo a morir por ellos (caridad). Y por otro lado porque si dicen una verdad olvidada o nueva es una luz que no podemos desperdiciar si queremos salir de la oscuridad (verdad)
Me hace gracia esa manía de denunciar el que ejercemos juicio temerario y que conocemos el interior de las consciencias. Es como los semáforos, no vale con León XIV, el Tucho, Benedicto XVI, los obispos, los modernistas, con el Opus, con el Wanderer o conmigo, ahí leña al mono y acusaciones de intenciones; con otros hay que tener un cuidado versallesco y exquisito.
Si no tienes espiritu de cuerpo ni eres de la Fraternidad y ni siquiera tienes solidaridad con ellos, sea por verles injustamente tratados o por lo que sea ¿Para que te metes en esta lid que ni te va ni te viene? Misterios de los cielos, lo veré cuando se abra el templo y dirija la vista al sol naciente.
El augur Eck
lo de quien es la iglesia verdadera y la otra una hija rebelde depende de la perspectiva catolica u ortodoxa. la moneda siempre tiene dos caras, no una sola!
Muy buena entrada.
Siguiendo con el Padre Castellani… «hay gentes que se pasan haciendo novenas al Sagrado Corazon de Jesus, pero ellas mismas no tienen corazón».
En ese sentido, me hacen bien las charlas de Juan Manuel Cotelo. Que no es liturgista, o tradicionalista, pero da en el clavo cuando dice «lo que tenemos que hacer, es amar».
Menos debate, menos reproches, menos etiquetas. «Este es un modernista». Este es un «maldito que no conoce la ley» (palabras de fariseo). «Esta es pañuelo verde». «Este es un zurdo». Es tu projimo!!!!!!!!!
Amar, y creer en Jesucristo Salvador. Y creer en la Iglesia y en la Tradicion, en los Santos, en la Patristica, y todo.
Pero amar, amar al otro, amar sin juzgar. «Amar sencillamente con «el amor humilde».
A la tarde, te examinaran en el amor.
Juancho.
Juan Manuel Cotelo, el mismo que aplaudía a «nuestros políticos» cuando la gestión y encierro del COVID …en fín,..
Zuma
El amor es también el que ha movido a los mayores crímenes, estimado Juancho. Desde el pecado de Lucifer y sus secuaces, hasta, a partir del pecado original, todas las apostasías, herejías, cismas, homicidios, fornicaciones, robos y un larguísimo etcétera. Es decir, el amor ha de ser lúcido y ser guiado por la inteligencia. Cuidado, por ello, con pasarse de románticos o de hippies.
Fecerunt itaque civitates duas amores duo…
Augustinus
Siempre coincido con usted, Juancho. Pero las pañuelo verde están más allá de mi límite.
Estimado Juancho, Nuestro Señor no tuvo empacho en sacar a latigazos a los mercaderes del templo ni en llamar homicidas, hipócritas y sepulcros blanqueados a los fariseos. Llamar abortista al abortista y modernista al modernista no es ir contra el mandamiento de amar al prójimo. Cristo nos mandó ser caritativos, no tontos, y el primer paso para combatir una enfermedad es reconocerla por su nombre.
Un texto excelente. Es confortante leer un artículo de alguien que ha entendido lo que es el Anticristo, sin dejarse llevar por tremendismos ingenuos ni engañar por las patrañas de sujetos como Peter Thiel. El autor tiene además una muy culta y sensata perspectiva histórica que lo libra de caer en milenarismos obtusos. Es muy acertada la descripción del peligro que corre el creyente ingenuo o impulsivo o de fe no muy sólida cuando descubre lo que hay tras la fachada de la Iglesia. Así le fue a Lutero cuando visitó Roma… Y no sólo es cuestión de fe, sino también, de „estómago“, pues aunque no se pierda la fe hay que ver cosas que repugnan.
La Iglesia, aunque sea una institución divina, está gestionada por hombres, no por ángeles.
Y aunque exijamos calidad/precio, por lo menos tenemos un servicio, bastante cómodo y barato, todo hay que decir, que de otra manera no tendríamos.
Si necesitásemos un médico para curar a un hijo nuestro enfermo o un piloto de avión para llegar a buen aeropuerto, naturalmente que fuesen santos sería algo bueno, pero también totalmente imprescindible.
Lo que queremos es que tengan los conocimientos y la experiencia para que nos sirvan en lo que les necesitamos.
Y también hay un valor inesperado en esos malos pastores:
Son un espejo:
recordarnos el pecado y que nosotros como ellos podemos cometer de acuerdo con nuestro estado.
Recuerde que un día tendremos que dar cuentas; no del comportamiento del vecino, sino del propio.
Muy cierto lo de que la Iglesia está gestionada por hombre y no por ángeles. Lo trágico es que sea precisamente en un lugar que debería ser tan santo como la Iglesia donde se ven tantos y tan malos ejemplos, lo que por otra parte no es raro si consideramos que precisamente corromper la Iglesia es lo más atractivo para Satán. Aunque por supuesto también en la Iglesia hay personas buenas e incluso muy santas, pero, como en todas partes, son la minoría.
No acabo de entender lo de que es «imprescindible» que un piloto o un médico sean santos. ¿Un error mecanográfico?
Lo que no me convence es lo relativo al «servicio» y la «calidad-precio». Preferiría otro tipo de concepto o de metáfora para hablar de este tema. Sí creo, como entiendo que usted también, que incluso una Iglesia en la que no falta e incluso a veces abunda el pecado tiene de modo providencial la facultad de transmitir la fe y el mensaje de Cristo
Y desde luego es muy cierto que de nuestros pecados deberemos dar cuenta y no de los ajenos, pero ello no nos impide reconocer los de otros, al menos para que, como usted muy bien dice, nos sirvan de espejo, y yo añadiría de advertencia.
Para críticas duras contra los malos católicos, el propio Jesús cuando se desahoga con quienes tiene confianza. Al Padre Pío, con lágrimas en los ojos, le dijo que los malos sacerdotes son «carniceros», y a Santa Catalina de Siena que son «demonios» y «bestias». Si incluso llegó a llamar a San Pedro «Satanás» por no querer éste que sufriera la Pasión…
De todas formas, además de las grandes maldades, lo que abunda ahora en la Iglesia, incluidos entornos aparentemente sanos, es la indiferencia; o peor aún, la frialdad. Como en el noveno círculo del Infierno de Dante.
Por aumentar la iniquidad (anomia) se enfriará la caridad.
Mateo XXIV, 12
Eck