Estimado amigo,
Agradezco el comentario que dejó ayer en el blog, que tiene el mérito de obligarme a precisar lo que dije y lo que no dije. Voy punto por punto.
1- La historia de la Iglesia no es una historia de muertes y renacimientos. Donde hoy está el Islam, un día fueron tierras católicas. No volvieron a serlo. Los ortodoxos jamás volvieron a la unión. La Europa católica estalló en pedazos y nunca se recompuso. América una vez evangelizada, empezó a perder su fe a un ritmo persistente, eso si, sin líderes ni acontecimientos sonados. Donde hubo un descenso, pudo venir después un valle o un pequeño repecho, pero jamás se volvió a la altura anterior.
Re. Yo agregaría un adverbio a su primera afirmación: “La historia de la Iglesia no siempre es una historia de muertes y renacimientos”, y así estoy de acuerdo con usted, porque no puede negar que los ejemplos que yo escribo son tan válidos como los que usted reporta. Mi argumento no era «todo lo perdido se recupera en el mismo lugar y con la misma forma». Era otro, más modesto: un aparato ideológico concreto puede agotar su legitimidad interna mucho antes de morir institucionalmente, y cuando muere, de sus ruinas surge otra cosa, con otro rostro, muchas veces más refulgente que el anterior. Por otro lado, no sé si, como usted dice, el “repecho”es tan pequeño. El resurgimiento de la Iglesia en Europa luego del siglo VII no fue ningún “pequeño repecho”.
2. No es pesimismo, es lo que toca. Nadie muere de buena salud, y está escrito que tiene que haber un caballo blanco que sale para vencer, pero también otros caballos que no son tan bonitos. El sino de la Iglesia es evangelizar al mundo entero y después ser casi aniquilada con la persecución y el martirio, que tienen muchas caras.
Re. Aquí no discrepo con el argumento; discrepo con la conclusión que usted saca de su propia premisa. Que la Iglesia esté destinada a la persecución y el martirio no es un dato que contradiga mi tesis: es exactamente el mecanismo pascual que describo. Muerte y resurrección no son una metáfora edificante, son la estructura misma del Cuerpo Místico, que muere como murió la Cabeza. Decir «va a morir» no es pesimismo ni optimismo: es simplemente la primera mitad de la frase. Lo que usted omite es la segunda.
3. El comunismo, capitalismo y otros ismos actuales están para quedarse. Surgen no tanto del «Dios no existe», sino del «Dios no importa». Enemigo mucho más sutil y peligroso. Con la URSS desapareció una dictadura comunista, pero su base ideológica, está más fuerte que nunca y además ha logrado que el capitalismo sea ahora su socio. Ha mutado en una democracia comunista mucho más amplia que la antigua URSS y sus satélites, donde el Estado tiene un dominio casi absoluto sobre el individuo.
Re. De acuerdo en el diagnóstico, en desacuerdo en la escala. Que el «Dios no importa» sea más peligroso que el «Dios no existe» lo suscribo sin matices. Pero una cosa es la mutación de una atmósfera civilizatoria post-cristiana (que en efecto no desaparece, se transforma) y otra muy distinta es la legitimidad interna de un régimen eclesiástico concreto, nacido de una generación concreta, con nombres y apellidos concretos. Que el aire que respira Occidente siga siendo indiferentista no impide que el aparato clerical boomer, ese específico, esté agotado y a punto de desaparecer por causas biológicas. Son dos relojes distintos y no corren a la misma velocidad.
4. Los progres sesenteros desaparecerán de la Iglesia, pero no sus efectos. Nos focalizamos en las apariencias más grotescas y dejamos de lado que, en Occidente, la inmensa mayoría de los sacerdotes y religiosos tienen unas seguridades materiales muy inconvenientes y muy dependientes del Estado, no de los feligreses. Tienen que someterse a unas leyes civiles asfixiantes que poco a poco se van introduciendo en todos los aspectos de la vida religiosa. No hace falta que se se derrame sangre como en siglos anteriores porque con «que con el dedo ya tocando la boca o ya la frente silencio avises o amenaces miedo» es suficiente para intimidar.
Re. Usted parte de un dato falso, y lo entiendo porque escribe desde España. Afirma que “en Occidente, la inmensa mayoría de los sacerdotes” son mantenidos por el Estado. Y es falso porque yo considero que las Américas, incluido Estados Unidos y Canadá, son también parte de Occidente, y en este enorme continente solamente en Costa Rica el Estado paga a los sacerdotes. En el resto de los países americanos, como en los asiáticos y africanos, los sacerdotes son mantenidos por los fieles, como también en países de Europa, tales como Polonia, Holanda , Francia o Irlanda. Ni hablar de los países no católicos. Además, usted mismo dice «los progres desaparecerán, pero no sus efectos», lo cual es, en rigor, una confirmación parcial de mi tesis, no una refutación: el régimen muere, la maquinaria estatal-clerical que dejó instalada tarda más en desmontarse. Es Brézhnev otra vez, solo que usted lo ve en la estructura civil y yo lo veía en la estructura eclesiástica. No son incompatibles.
5. La Iglesia está en un estado de caos, y la inmensa mayoría lo normaliza. Con caos me refiero a que hay documentos y decisiones por doquier que lo mismo van en una dirección, que en la contraria y el ingente esfuerzo por intentar explicar que, en realidad hay continuidad, unidad y armonía en lo esencial, está dando paso a una mayoritaria indiferencia. Nos damos cuenta que esto y aquello no casa, pero ya nos da igual. ¡Venga una visita Papal para ver que lo importante es aplaudir, reír y disfrutar!
Re. Esto sí me parece, con todo respeto, leído al revés. La indiferencia mayoritaria ante la incoherencia de los documentos no es signo de vitalidad del sistema de una iglesia progresista: es exactamente el síntoma de agotamiento de legitimidad que yo describo. Cuando la gente deja de intentar cuadrar el círculo y simplemente se encoge de hombros, no es porque el sistema haya ganado, es porque ya nadie —ni siquiera sus defensores— cree de verdad que haya coherencia que explicar. Eso es Brézhnev en estado puro: el relato ya no convence ni a los que lo repiten. La normalización del caos que usted describe es, en mi lectura, precisamente el desfase entre la muerte de la legitimidad y la muerte de la maquinaria del que hablo en el artículo.
En resumen, usted ve una línea que se hunde sin retorno; yo veo una espiral que baja, toca fondo y —porque así ha sido siempre, incluso cuando «esta vez es distinto»— vuelve a subir de un modo u otro. No es fe ciega en el progreso, todo lo contrario: es fe en que la promesa no depende de que nosotros la veamos cumplirse.

Ese mismo simil de perdida de legitimidad sin pérdida institucional esta detras de la necesidad del CVII. La Iglesia del futuro vivirá pero apuesto a que se parecerá poco a todo lo que hemos visto en el pasado. Y lo ser sera porque la sociedad donde se desarrolla no tiene las referencias culturales en las que nacio el catolicismo, sus padres de la iglesia y su liturgia. Aferrarse al pasado no es sino el miedo a lo desconocido, la intolerancia a la incertidumbre, la necesidad de controlar. La Iglesia del futuro estara definida por gente valiente y visionaria que, entendiendo lo fundametal e inmutable (que es poco), reconstruirán el edificio. Mentes mas cercanas a la de Ratzinger (desde joven) que a Lefevre o Burke o Sarah.
…¿»en Occidente, la inmensa mayoría de los sacerdotes” son mantenidos por el Estado»?…
Desde luego no en España.
En España, como también pasó antes en Francia, Italia, Bélgica…y antes en Inglaterra, de donde se toma la idea, cuando los políticos roban a las comunidades católicas (y no a la «Iglesia», que no es sujeto de derecho) las propiedades con las que financian su funcionamiento, lo hacen oficialmente para aumentar la riqueza del Estado (porque todos sabemos que los «frailes», pobres, son incultos, medievales, ¡intolerantes! y no pueden explotar sus valiosas propiedades como la Ciencia manda y la nación necesita)
Entonces, como en Inglaterra, Francia, Italia…los sacerdotes (y solo ellos, aunque la gran mayoría de las propiedades eclesiásticas eran de monasterios y conventos y no del clero secular ) recibirían un salario, como los funcionarios.
El segundo objetivo era que dependiesen de los políticos al controlar estos el salario del clero y las ternas de obispables para que eligiese «Roma».
Es decir que no es exactamente que el Estado les pague nada: el Estado (los políticos), hace algo parecido a un censo enfitéutico y ese «salario» sería el canon. Esto es lo que se acaba conviniendo en el Concordato.
(con las propiedades del Rey pasa lo mismo; con las de las Universidades y colegios el Estado se apropia de su funcionamiento ; lo mismo pasa con las de los hospitales. Con las tierras comunales de los municipios, no hay ninguna compensación y los pobres se quedan sin nada)
Luego viene la sangrienta Segunda República masónica y deja de cumplir el trato.
Con Franco los sacerdotes vuelven a recibir esa compensación y, con la democracia, la Iglesia, sabiendo los riesgos que corría, acuerda la «solución
Bismark » (el sistema alemán), esto es, que el fiel señale en el impreso de su declaración anual del impuesto de la renta de las personas físicas si desea que la Iglesia se pueda financiar a través de su declaración de la renta (sin ningún pago extra). Creo que en Italia hacen lo mismo. Otras confesiones religiosas pueden financiarse así también, aunque no hayan sido víctimas del robo de las desamortizaciones liberales.
Pero esto tampoco es que el Estado pague nada; simplemente es una manera de que los que no sean católicos (o los católicos que no quieran) financien el culto de la Iglesia Católica. Pero esto no viene de una concesión graciosa de los políticos, sino de las desamortizaciones.
Es más, con la excusa de la estafa del «Estado del Bienestar» (creado por Franco ) los socialistas subieron los impuestos (los españoles pagan en total 5 veces más que con Franco) principalmente para comprar votos (caciquismo político nada democrático ) y para crear una administración paralela de políticos socialistas en la administración pública.
Es decir, que los españoles ya no tienen dinero para poder mantener libremente la religión que quieran (tampoco pueden llevar libremente a sus hijos a los colegios que quieran ni pueden ir al médico que quieran): están obligados a hacer lo que los políticos quieran.
Es de justicia entonces que de alguna manera puedan ayudar a su Iglesia (con los colegios existen los colegios concertados; con las donaciones a instituciones también se puede desgravar una parte)
Naturalmente las izquierdas hablan de «privilegios», «laicismo», «espíritu republicano» etc
Tampoco los católicos saben muy bien de qué va esto y van a la defensiva.
Pero como he intentado demostrar no es ningún privilegio, porque viene de donde viene y porque otros países (¡la Alemania luterana y su Kulturkampf!) la usan.
Otra cosa distinta es que la jerarquía católica, que es quien administra ese dinero, sea todo lo católica que pueda ser. En Alemania ya se está hablando de renunciar a esto para que los progresistas no puedan seguir destruyendo la Iglesia de Cristo. Y seguramente ese será el sino español.
Error calami:
No es naturalmente «es una manera de que los que no sean católicos (o los católicos que no quieran) financien el culto de la Iglesia Católica», sino «es una manera de que los que no sean católicos (o los católicos que no quieran) NO financien el culto de la Iglesia Católica (y evitar así un punto de fricción que pueda arruinar el sistema )
Pregunten a cualquiera en Uruguay si hay algún sacerdote mantenido por el Estado! Se les pueden reír en la cara durante un buen rato. Una oficial de proyectos de Adveniat dijo una vez que la iglesia en Uruguay es más pobre que la de Haití.
Los curas diocesanos subsisten gracias a los fieles y a algún milagro de vez en cuando, supongo.
El Papa anterior contestó las dubia como lo hizo. No recuerdo ahora si fue él o el Cardenal Fernández. Y el Papa actual no cambió nada a pesar que ya hace un año que ocupa ese cargo.
Ahora bien, ni el Papa actual ni el Cardenal Fernández son viejos, por lo que no parece que un recambio generacional médianamente rápido solucione el estado de la Iglesia.
Más bien lo contrario, vemos como se renuevan tanto o más malos que los anteriores. Mi cura párroco de la infancia, ya progre, era bastante menos progre que el cura que (hoy muy joven) salió a hablar con motivo del aviso de la visita de León XIV a la Argentina. Y hay más que escuchar lo que hoy estaban replicando en la radio.
Si se va a solucionar algo o no, no lo sé, pero que hoy crece lo malo a una tasa superior que lo bueno, no hay dudas.
el papa actual tiene 71 años, y el tucho fernandez tiene 64 años, por ende en 2036 tendra 74 años! los curas progres no se van acabar, quedran algunos por ahi, pero serán numéricamente insignificantes y sin el peso eclesial de los 60s y 70s.
En el Litoral, Santa Fe, Rosario, etc… las insufribles «sesiones sinodales» concluyeron con informes de un nivel abstracto, general y etéreo con las repelentes palabras talismanes «escucha, acogida, comunion…» que no resuelven en nada las comuniones y confesiones sacrilegas en sus parroquias, sin que las ha potenciado. Una fraternidad universal de tinte masónico-humanista que no hace más que esconder bajo la alfombra la grave apostasía de TODOS los colegios católicos y la esterilidad de sus movimientos «eclesiales»…, sacerdotes de doble vida, etc… Pero no hay manera de que lo vean, lo esuchen y lo acepten…. Todos a la espera del próximo arzobispo que lo «resuelva». «Hacer como que se hace» decía un sabio prelado relegado.
Una precisión. En el Perú no existe un «sueldo estatal para los sacerdotes». Lo que existe, en algunos casos específicos previstos por el Acuerdo entre la Santa Sede y el Estado peruano, son asignaciones para determinadas personas del régimen eclesiástico (Arzobispos, obispos, vicarios generales) El propio Acuerdo señala expresamente que esas asignaciones «no tienen el carácter de sueldo ni de honorarios».
La inmensa mayoría de los sacerdotes no recibe ninguna asignación del Estado. Su sostenimiento depende de la colaboración de los fieles y del propio trabajo, pues en su inmensa mayoría ejercen de docentes en los colegios nacionales.
Sobre la muerte de lo «sinodal», vivo en una diócesis de Cuyo donde se venía dando un bombo insoportable con este tema. Seleccionaron cientos personas de todas las parroquias para integrar la casta de «los sinodales» (afortunadamente pude zafar, al principio también yo estaba en la mira) y los cargaban con reuniones y «sesiones» donde la autoridad episcopal traía un texto, los selectos reflexionaban, y quedaban aprobados. A veces era con dinámica y animadores.
A las pocas semanas o meses se reflexionaba otro texto, y así ad nauseam, siempre cosas sin sustancia, y finalmente con bombos y platillos sacaron un Documento Final. Es lo previsible: variaciones sobre el tema «escuchar las escuchas de la sinodal sinodalidad popular».
Ya está todo olvidado: las principales figuras han incluso borrado algunos posteos en sus redes sociales, la página del arzobispado sobre el tema no se puede leer, y hay que buscar mucho tiempo en internet para encontrar el Documento Final. Salió hace menos de un año y ya murió. Hasta los párrocos más entusiastas dejaron de mencionarlo.
No creo que esto responda al paralelismo soviético, donde los líderes casi desencantados le sueltan la mano al sistema cuando no da más, sino más bien es Denethor retirándose de Osgiliath. Un evento inevitable pero no deseado. La gerontocracia eclesial ha dedicado su vida entera a transformar el cristianismo en una cháchara aguada sentimental. No se van a rendir tan fácilmente.
Una de las maneras cómo los bolcheviques se esparcieron y se adueñaron de Rusia fue con la estafa de los «soviets» (soviet = consejo, asamblea, comité ).
Se puso de moda el que hubiese comités para todo, desde comité de vecinos de un condominio, hasta comité de obreros de una fábrica hasta comités de soldados en el ejército…Naturalmente esto parece de lo más democrático. Ellos decidían si había que trabajar y cuántas horas; si los soldados tenían que formar filas o atacar con independencia de las órdenes de los oficiales etc
(dudo en cualquier caso que todos tengamos el tiempo, la inclinación o los conocimientos para participar en esos sínodos, cuya mayoría además casualmente es progresista -y que no me malinterpreten: creo que cualquier persona tiene derecho a dirigir sus intereses como Dios le dé a entender; pero no los de los demás -)
Estos soviets no eran bolcheviques, aunque sí solían haber elementos bolcheviques. Sucede sin embargo que los bolcheviques eran los mejor organizados y los más despiadados, por lo que acabaron dominando estas asambleas «democráticas» (¡Ja!).
Sirvieron para engañar al Pueblo haciéndole creer en lo demócrata y populares que eran los secuaces de Lenin y Trotsky, con lo que facilitaron su golpe de Estado.
Y ¿qué pasó con estos sínodos en cuanto Lenin se hizo con Rusia (San Petersburgo y Moscú )?, pues que decretó que los objetivos sinodales habían sido alcanzados y ordenó la disolución de tales asambleas (por ser ya inútiles )
Significativamente el soviet del arsenal de Kronstadt se negó a cumplir la orden.
El lugar fue tomado al asalto y sus miles miembros asesinados.
Como no hay nada nuevo bajo el sol, el partido político español neocomunista PODEMOS vuelve a sacar los soviets con el nombre de «círculos» y se acaba apoderando de los descontentos naturales del régimen del 78.
Todo esto es para señalar la estafa de los sínodos («no hay nada nuevo bajo el sol») y qué es lo que les puede pasar cuando ya no sean útiles.
Por cierto, que los jesuitas estarán pensando en sínodos rusos; pero te aseguro que no están pensando en el Santo Sínodo Ruso (vade retro Satana!)
Porque el poder se tiene y se utiliza, pero no se comparte; mucho menos se regala.
Comparto la tesis de Wander y la comparo con lo que hizo hace unos años el P. Alfredo Saenz cuando publicó la colección: «La Nave y las tempestades». Allí, a través de la descripción de la historia de la Iglesia, quiso plasmar cómo fue resurgiendo ante cada tempestad. Creo que su idea era dar esperanza ante tanto pesimismo.
La cuestión es que cuando estamos en medio de la tempestad somos incapaces de conocer su verdadero alcance, su significado, su trascendencia. Para evaluar todos estos factores y los daños provocados debemos esperar a que pase, lo que no significa permanecer inactivos, sino evitar juicios prematuros. Dicho de otro modo, los árboles no nos dejan ver el bosque, de modo que para verlo hemos de salir de él y contemplarlo a una cierta distancia. En resumen: no cejar, tener paciencia y mantener la cabeza fría.
Estimado Wanderer:
Ha debido de producirse algún error. No he escrito el comentario que me atribuye. Leo los artículos de su blog en cuanto salen, los disfruto y los reenvío a mis contactos, pero desde hace varios meses no he escrito ningún comentario. Ruego revise qué ha podido suceder para que se respuesta llegue al destinatario correcto.
Un saludo y un abrazo en Cristo desde España (por cierto, me encuentro de vacaciones en la provincia de Ávila, a poca distancia de la ciudad homónima donde naciera y viviera Santa Teresa).
Estimado, no me refería a usted como autor del comentario. Le agradezco igualmente su gentileza.
Estimado Wanderer:
Discúlpeme. Acabo de entrar en el blog y he visto de qué se trataba. Disculpe mi torpeza y el tiempo que le he hecho perder. Dentro de unos días visitaré, como cada año, la casa natal de Santa Teresa de Jesús y le prometo encomendar el blog y a sus colaboradores a la intercesión y protección de la Santa. Así, sencillamente la Santa, es como en Ávila llamamos a nuestra patrona, que tanto bien hizo y continúa haciendo por medio de la misma herramienta que da vida a este maravilloso blog: la pluma. Un abrazo en Cristo.
José Antonio Díaz Mateos.
Se podría agregar el admirable renacimiento religioso que se dio con las Órdenes mendicantes cuando «la Iglesia estaba en ruinas». Y algo antes, el también admirable renacimiento monástico de Cluny, que nación nada menos que en el siglo de hierro. Y un poco después, el del Cister. Por mencionar algo.
Irenaeus
Las órdenes mendicantes son un fenómeno urbano; seguramente están relacionadas con el resurgimiento de las ciudades tras la «caída del imperio romano», que fue un fenómeno contrario. De ahí nace verdaderamente el renacimiento, según los historiadores (el renacimiento del siglo XII).
Es decir, que a realidades nuevas surgen necesidades nuevas y respuestas nuevas.
(Para todas las cosas hay sazón, y toda voluntad debajo del cielo, tiene su tiempo determinado. Ecl. 3.1)
En cualquier caso recuerde que el mundo no es occidente; y que en occidente no todos viven en grandes ciudades.
Además del mismo modo en que se ha producido un fenómeno de individuación en las personas, con gustos cada vez más diversos (formando por otra parte otros grupos de afines), la respuesta a sus necesidades espirituales y al cumplimiento del mandato divino de id y predicar tendrá que adaptarse a ellos, a su lenguaje y a sus modos de comunicación.
Por otra parte, si intentamos inconscientemente copiar a las élites, resulta que las élites de ayer (reyes, héroes, santos, estudiosos, literatos…) ya no son las de hoy (jugadores de futbol, cantantes, donnadies del papel cuché, influencers…)
Es decir, que hay esperanza.
(¿cómo lo están haciendo las sectas y las religiones orientales para atraer discípulos?)
¡Excelente!